Tu mayor tentación
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 10 Juegos del destino
Era sábado, habían pasado pocos días desde que Candy y Terry se enteraran que serían padres y siendo de mañana, él la observaba aún dormida con sus manitos abrazando su vientre y él no pudo evitar poner sus manos con las suyas con profunda ilusión. Tenía una alegría que no podía describir. Ahí estaba el milagro de los dos, un bebé fruto de su amor y deseo, su nueva adoración.
-Pecas, despierta. Pecas...
-Terry... hace sueño, déjame.
Sin abrir los ojos se revolvió molesta y se acomodó de lado para seguir durmiendo, pero Terry siguió molestándola. Le pellizcaba la nariz y los cachetes mientras la escuchaba refunfuñar.
-Pensé que querías llegar temprano a la hacienda y ver a Louise y la abuela para decirle del bebé...
-¡La hacienda! ¡Sí quiero! Pero es que... tengo tanto sueño...
Trató de incorporarse, pero seguía abostezando y sus ojos querían cerrarse.
-Pues... si te lavas la carita y te das un bañito se te irá el sueño, yo te hago desayuno...
-¿Me vas a bañar?
Eso no estaba en los planes de Terry, pues quería apurarse y con ella en el baño... no le sería muy fácil, pero a esa carita no podía decirle que no y menos ahora que estaba embarazada, él no le decía que no a nada. Como por lo general amanecían desnudos, ella hizo que Terry la cargara hasta el baño, era una aprovechada de primera, bueno, ya lo habían dicho, ambos estaban cortados por la misma tijera. Luego de lavarse la cara y los dientes entraron en la ducha.
-¿Cuándo se va a notar?
Preguntó Terry mientras esperaban que el agua se pusiera caliente con sus manos en el vientre de ella que estaba plano.
-En unos meses, mi amor, está chiquitito como un centavo.
-¿Y no se siente nada?
-Jajajajajaja. No, mi amor, todavía no.
Candy estaba divirtiéndose a costa de Terry y su ignorancia y él la miró serio, pero no le duró mucho la seriedad, era hermoso escucharla reir. La atrajo por las caderas y la besó dulcemente mientras el agua caía sobre ambos y conforme se besaban, ella acariciaba el pelo mojado de él.
-Te amo, enana hermosa.
Tomó el jabón y comenzó enjabonando su cuello y hombros con ternura y delicadeza y luego pasó a sus brazos, al llegar a sus manos le quitó el anillo que él le había regalado y lo colocó en la jabonera para que no lo perdiera. Humedeció nuevamente el jabón para lavar su pecho y sus senos, por la sensación ella gemiría y él inevitablente se excitaría, volviendo a tomar posesión de su boca, la cuál ella reciviría entregada y encantada, tornando el dulce beso en uno muy apasionado y ella entonces lo abrazó, necesitaba sentir su calor, pero en unos instantes él volvió a su tarea de seguir enjabonándola, haciéndolo esta vez en su vientre y ahí se tomó su tiempo y lo hizo con mucha más dulzura, repartiendo también caricias y besos.
-Me gusta mucho cuando acaricias al bebé. Es el mejor regalo que me has dado, a parte de tu amor.
Sus ojitos verdes brillaban de emoción y él se los besó, todo su rostro y también su pelo, cada día descubría que la amaba más, todo de ella, su dulzura e inocencia, él inmenso y desinterasado amor que le brindaba día con día.
-Tú me has dado el regalo más grande, mi niña preciosa, desde que naciste y aún siendo una bebé te tuve por primera vez en mis brazos, es el destino, mi amor, ahora estás aquí conmigo, tú y nuestro bebé.
Volvió acariciar su barriguita plana con la misma adoración, ambos lo hicieron, acariciaron el lugar en que se encontraba el sueño de los dos, su mágica bendición.
-Pecas... ¿crees que el bebé pueda sentirlo?
-Claro que sí, mi amor, hay unos lazos emocionales y afectivos, a parte de los de sangre que nos conectan a los tres. El bebé puede sentirse amado y deseado. Cuando esté más grandecito podrá sentir nuestro tacto e incluso escucharnos y reconocer nuestra presencia y voz. Podrá sentir mis emociones.
-Entonces me aseguraré que siempre sepa que lo amo mucho, a los dos.
Terry sabía que tenían que apurarse, pero no podía abandonar el vientre de Candy y ella tampoco deseaba que lo hiciera. Se sentía tan amada, segura e invencible cuando estaba en sus brazos, desde siempre él había sido su guardián y ella su debilidad, el mundo siempre brilló para él cuando la veía, era la muestra que aún había inocencia y pureza en el mundo y que Dios aún no perdía la esperanza en la humanidad.
-Ya lo sabe, cielo, este ha sido el bebé más deseado y será el más consentido de todos, voy a dedicarme a él con mi vida, y a los otros que vengan y por supuesto a ti.
Terry escuchaba sus palabras embelezado, todo le hacía mucha ilusión, sobre todo que ella deseara que tuvieran más, pues aunque antes de ella él nisiquiera se los hubiera planteado, ahora sin duda lo deseaba, deseaba tener niños hermosos con ella, siendo jóvenes y prósperos era el mejor momento y más sabiendo lo anhelados que serían por toda la familia.
-Candy... ¿Me prometes algo?
-Lo que tú quieras, mi vida.
Volviendo a su vientre nuevamente, esta vez casi arrodillado, le confesó su deseo e inquietud.
-Sé que puede sonar algo egoísta y tal vez absurdo, pero... quiero ser yo el único que toque y bese al bebé. No dejes que nadie más lo haga, por favor... quiero esto exclusivamente para mí.
Masajeando su barriga hizo que Candy se lo prometiera, aunque había cedido el permiso de tocarlo a su familia porque sabía que era inevitable, pero a nadie más fuera de ellos. Luego de la promesa hecha, Terry la siguió enjabonando entre caricias y besos que lo siguieron excitando y se llenó de deseos, deseos que también la invadieron a ella y dejó que él la colgara de su cintura entre risas porque el agua y el jabón los hacía resbalar, pero encontraron la manera.
-Te amo, Terry. Más que a nada en el mundo, todo lo que soy y lo que tengo será siempre tuyo, mi amor, quiero todo de ti.
Con sus palabras que venían de lo profundo de su corazón, Terry la penetró suavemente mientras la envolvía con sus labios y deslizaba sus manos moldeando toda su figura, soñando con el momento en que su vientre se redondeara y creciera tan inmenso como el amor que sentía por el ser que ahí vivía y por el cual él se levantaría cada día a enfrentar el mundo. Se movía de manera magistral provocando los gemidos que tanto amaba y lo enloquecían.
-Te amo y te deseo como a nadie más, Candy, todo lo eres tú, siempre lo fuiste y siempre lo serás, lo primero en mi vida, quiero esto siempre contigo.
El sentimiento y sensación del momento eran tan profundos que Terry alcanzó el climax rápido junto con ella y la envolvió en un abrazo que fue diferente a todos, eran tres seres fundidos en un mismo abrazo y por eso fue especial porque no habían dudas ya en ellos, su amor era verdadero e inmenso, un amor que siempre existió y que ahora florecía en toda su expresión. Terry la bañó de pies a cabeza y ella lo sorprendió haciendo lo mismo por él. Luego que terminaron de vestirse y empacar sus cosas, pues como ya se había acordado, Candy pasaría su embarazo en la hacienda como le habían prometido a Stella y a Louise y porque Terry sabía que ella estaría bien acompañada y atendida con los mimos y atenciones de ambas y eso le daba más tranquilidad a Terry que tanto la sobreprotegía.
-Mmmm... ¿Me las puedo comer todas?
Terry había hecho una playa de frutas para Candy utilizando bananas, kiwi y chinas mandarinas, hizo lo mismo para él, pero ella se antojó de ambas porciones.
-Claro que sí, pero no te me atasques mucho, no quiero que vomites.
-Eso sólo me pasa con las cosas lactosas y grasosas, con las frutas no.
Sin comentar nada más, Candy atacó ambos platos, no porque estuviera embarazada, sino porque siempre había sido glotona, de no ser por su rápido metabolismo no fuera tan esbelta. Terry sin más remedio volvió a servirse frutas para él, pero no hizo la obra de arte que había hecho para ella, no había tiempo. Tomaron jugo de naranja natural que él mismo había exprimido, no le daba nada artificial, nada que dañara a su bebé, según él.
-Mi amor, que no se te olviden los detallitos para darles la sorpresa del bebé.
Ya cuando estuvieron a punto de irse, Candy con su despiste por poco deja los detalles que había preparado para Richard, Louise y Stella, muy parecidos al que había comprado para Terry, pero cada uno era diferente, el de Richard sería una maraquita en cristal amarillo transparente, el de Louise un biberón en cristal totalmente transparente y el de Stella un imperdible también en cristal en amarillo y verde, los tres en el mismo cofre que tenía el detalle de Terry y con las plaquitas en metal indicando los apellidos del futuro bebé. Cuando ya estuvieron seguros de que no les faltaba nada se subieron a la Jeep de Terry para enmprender el trayecto a su lugar favorito, la hacienda Grandchester, lugar donde eran tan felices, donde el amor y el cariño estaban esperándolos.
-Estoy muy feliz, Terry, de verdad... no me importa lo que los demás digan o si piensen que estoy loca, pero estoy muy feliz de tener a tu bebé creciendo dentro de mí.
Luego de darle a él un beso en los labios, ella misma llevó las manos de él a su vientre, el cual fue mimado con las caricias que sólo él sabía darle. Estaban detenidos en un semáforo de luz intermitente y un policía dirigía el tránsito, así que estarían unos instantes más varados, lo que le dio tiempo a Terry de mirarla a los ojos y expresarle lo que sentía.
-Yo también estoy muy feliz, sólo Dios sabe cuánto lo deseábamos, mi amor. No tienes que preocuparte por lo que piense la gente, nuestro bebé ha sido planificado y deseado y tendrá todo el amor que un niño pueda necesitar y yo ya lo amo mucho.
Después de otro beso, al fin el policía les indicó que podían seguir su camino, ambos se incorporaron y Candy se apoderó del stereo como siempre. Durante todo el camino, Terry de vez en cuando le daba besos y nunca soltó su mano libre de la ella, excepto cuando de la nada comenzó a caer un torrencial aguacero que casi no lo dejaba ver. Después de tanto luchar con el clima y el tráfico, finalmente estuvieron en la hacienda.
-¡Terruce, Candy! Pensé que no llegarían nunca. Ya el almuerzo está por enfriarse.
-Hola, abuela. Nosotros también te extrañamos mucho.
A su sutil regaño Terry respondió con la misma ironía que había heredado de ella y la besó en ambas mejillas, adoraba a su abuela aunque no lo expresara abiertamente.
-Hola, abuela, yo sí te extrañé mucho.
-¡Candy! Estás preciosa, como siempre. Pero... ¡Que flaca estás! Terry, ¿a caso no vigilas lo que come?
-Abuela... Candy come más que la deuda externa, lo que pasa es que todo el resultado de sus atracones sólo se concentran aquí y aquí.
Terry señaló el trasero y los pechos de Candy haciendo que se avergonzara hasta la raíz del pelo y que manoteara a Terry, pero no evitó las carcajadas de la abuela y él.
-Bueno, bueno, ¿piensan quedarse en la entrada? Pasen ya.
-Papá, como le decía a la abuela, a ti también te extraños. Estamos bien, gracias por preguntar.
A pesar de la risa que provocó el comentario sarcástico de Terry también se produjo un silencio que nadie sabía cómo romper. ¿Terry había llamado a Richard papá? Todos se sorpredieron, pero estaban felices, sobre todo Richard que fue a recivirlo con un abrazo.
-Hola Richard, estás siempre muy elegante.
Ante el halago de Candy, Richard también la abrazó a ella y pellizcó sus mejillas, Candy siempre despertaba una ternura infantil en todos y Richard no era inmune a sus encantos.
-Candy... ¿a mí no me saludas? Yo te extrañé más que todos.
-¡Louise! A ti sí tenía muchas ganas de verte.
Candy corrió abrazarla efusivamente y casi se le reguinda, haciendo que la señora por poco llore de emoción por la espontánea muestra de afecto, ella y todos los demás. Stella volvió a calentar su famoso sancocho ya que a la tardanza se había enfriado y ella siempre ansiaba ver a todos sentados comiendo, en especial a Candy, pues su apetito le agradaba, verla disfrutar y hasta chuparse a veces los deditos.
-Está todo delicioso, abuela, no sabes cuánto extrañé tu comida.
-Pues si el sinvergüenza de Terry te trajera más a menudo ya estuvieras más rellenita.
Stella no podía evitarlo y todos rieron resignados, pero Terry no pudo soportar la tentación ante el comentario de su abuela.
-No te preocupes, abuela, Candy se pasará una larga temporada aquí ahora.
-¿Y eso?
Quiso saber Richard muerto de la curiosidad. Candy y Terry se miraban con complicidad y sonreían. Stella los miraba expectativa y Louise no habló, pero en pensamientos, era la única que había acertado.
-Cariño, ve a buscar los regalitos, ¿sí?
En seguida Candy fue por los tres cofrecitos que había adquirido para darles la sorpresa y se los entregó cerrados a cada uno dejándolos muy intrigados. Morían por ver la reacción de cada uno.
-¡Un bebé! ¿Desde cuándo se enteraron?
-Tranquila, abuela, hace un par de días.
Terry despejó las dudas de la abuela y las de Louise, pues por su condición no pudo captar lo que significaba el detalle, ya que al tacto no pudo percibir que era un biberón en cristal, pero cuando lo supo sus ojos se aguaron de felicidad.
-Felicidades a los dos. Es una bendición muy grande.
Un emocionado y lloroso Richard tuvo que abrazar a su hijo y nuera.
-Gracias, papá. Gracias por todo, de verdad.
Candy vio a su amor que muchas veces parecía inquebrantable llorar de emoción, abrazando a su padre y llorando como un niño, lo adoraba.
-Felicidades, Candy. Estaré encantada de cuidarte a ti y al bebé si me lo permites.
-Claro que sí, Louise, eres mi mamá.
Louise sintió una alegría tan inmensa que no pudo expresarla con sus palabras y hubiese pagado por ver la hermosa y radiente sonrisa con la que Candy lo expresó.
-Mamá... ¿a dónde vas?
-Pues a servirle más comida a Candy... ¿no ves que la pobre anda en los huesos?
-Eh... abuela, yo estoy bien así, ya no me cabe más...
-¡Tonterías! Yo no crio bebés flacos, así que a comer, vamos.
La pobre Candy miraba a todos los demás pidiendo ayuda, la comida estaba deliciosa, pero ella de verdad estaba a punto de reventar y además las náuseas siempre hacían su aparición en los momentos menos oportunos.
-Abuela... Candy ya comió bastante, deja que al menos se le bajen los dos platos que ya le serviste. No quiero que vomite otra vez.
Por fin Terry salió a su rescate, sino, hubiera tenido que atascarse otro plato. Librada de Stella y su cuchara, se fueron parando del comedor y Candy se sentó un rato en el frente con Louise dejándose consentir, mientras que Richard y Terry se reunieron a discutir unos asuntos referentes al administrador y los avances que habían hecho en ese caso.
-Ese desgraciado estaba metiéndose el dinero del impuesto de venta y uso al bolsillo. Cuando el Departamento de Hacienda vino a investigarnos pensé que nos la veríamos negras, de no haber sido porque me adelanté a investigar a ese infeliz.
Indignado y pasando sus dedos por su escritorio de cerezo, Richard le explicaba a su hijo como se fueron desenlazando las cosas respecto a ese asunto.
-Supongo que al menos despediste al hijo de puta, ¿no?
-Despedirlo fue poco, los agentes se lo llevaron detenido, sabrá Dios qué vaya a pasar con él ahora.
-Desde un principio te dije que había algo turbio en los números...
-Sí, y evidentemente no te equivocaste, pero imáginate, después de más de diez años de servicio sin haber faltado a nada... ¿quién iba a pensar en...? Bueno, también el tiempo no me alcanzaba para todo, ese no es el único negocio que tenemos... también está la carnicería y la lechera... Pero tú, hijo, me has sorprendido, los negocios corren por tus venas, eres astuto, inteligente y sagaz.
Terry le dio a su padre una sonrisa de lado, su corazón brincó de alegría ante el halago. A pesar de los pocos meses que tenía tratando a su padre, le había dado más amor, consejos, palabras de aliento que su madre durante todo el tiempo que pudo tenerla a su lado.
-Entonces ahora mismo no tenemos administrador...
-No, pero ya estamos en proceso de buscar uno, puse el anuncio en internet y en los periódicos y también recalqué los requisitos y experiencia necesaria. Esta vez seremos mucho más estrictos en cuánto a todo lo que tenga que ver con sus funciones y le haremos varias auditorías al año.
-Muy bien pensado.
-Cambiando el tema, Terry, quiero volver a felicitarte por el bebé. Es el regalo más grande que la vida te pueda dar, aprécialo y defiéndelo con tu vida. Espero que tengas muchos más. Tal vez pensarás que te lleno de consejos y obligaciones, pero... eres mi único y hijo, tarde o temprano todo lo que tengo será tuyo y más tarde de mis nietos, lamentablemente no vamos a durar para siempre por eso quiero prepararte lo mejor posible, tienes mucho más tácticas, astucia y técnicas que cualquier persona con estudios y maestrías, lo llevas de vocación. Estoy muy orgulloso de ti, me arrepiento de no haber podido formar parte de tu vida antes, todo hubiera sido muy diferente.
-Tal vez... pero en estos momentos soy muy feliz con todo lo que tengo y con lo que me espera, ya no me amargo pensando en lo que debió haber sido.
Y era cierto, Terry había cambiado mucho, seguía siendo temperamental, pero se le podía ver siempre feliz y más seguro, el amor de Candy había traspasado todas sus corazas y asperezas. Con ella a su lado poniendo el balance entre lo dulce y amargo el mundo era diferente para él. Terminada la plática, Terry fue a estar un ratito con Candy, pero al encontrarla casi sentada en el regazo de Louise mientras ésta con increíbe habilidad le hacía dos trenzas a Candy y Stella la atascaba con unas galletas que ella misma había horneado, se limitó a darle un beso ligero y decedió ir a cabalgar un rato en Romeo. Llevaba rato al galope, disfrutando de todo el paisaje y lo colorido que era el campo en verano, estaba a punto de llegar al lugar donde le había regalado el anillo a Candy hasta que el sonido de otro caballo que se acercaba lo alertó. Pudo ver en la distancia que se acercaba Julieta.
-¡Candy! ¿Qué haces montada en ese caballo? Y encima montando como una desquiciada... el bebé...
-No soy Candy, querido... lamento desilusionarte.
-¿Tú? ¿Qué diablos haces aquí? ¿No sabes que ésto es propiedad privada? Además, hasta donde yo sé, se te había prohibido estar en nuestras propiedades.
Terry furioso miró a D'laine quien sonreía descaradamente y que seguro lo había estado siguiendo, era tan desvergonzada que andaba en la yegua de Candy.
-Yo no soy muy buena para seguir órdenes, cariño, soy buena para romperlas todas.
-Mira... no estoy para tus estupideces... por favor... vine un rato a estar tranquilo y tu presencia... no me permite tener esa tranquilidad... Antes de que te lo pida de otra manera, ve y devuelve la yegua a su dueña.
La voz de Terry como siempre, vino cínica, arrogante, pausada y amenazadora. Se bajó de su caballo para que tomara un poco de agua del arroyo y esperó a que D'laine comprendiera que odiaba su presencia y se largara, pero lejos de eso, se bajó también de su caballo y se acercó a Terry.
-Me pregunto... guapo... qué pensaría la tonta de tu mujercita si te viera aquí solito conmigo... ya quítate la máscara de indiferente... sé que te atraigo.
Con mucha seguridad, la mulata se acercó a él seductoramente poniendo sus manos sobre el pecho masculino. Terry quiso estrangularla, tal vez en otro tiempo y con lo ofrecida que era la chica, él no hubiese pestañeado en hacerla suya en los matorrales, pero luego de haber conocido la pureza de un sentimiento de amor tan grande como el de Candy, esa chica sólo podía causarle repulsión. Terry atrajo a la muchacha hacia sí y la sostuvo del rostro con ambas manos en un gesto igual de seductor que la hicieron sonreir triunfante.
-Escúchame bien, querida. Tal vez mi mujer sea una niña comparada contigo, que se ve que has corrido más que un tren sin rieles, pero yo, bonita, tengo mucho más experiencia que tú y las tipitas como tú las conosco bien... sé bien cuáles son tus intenciones y te advierto que conmigo no te van a resultar. Tú eres de esas que se les echa un buen polvo y bye. A mi "mujercita", tú no le llegas ni a los tobillos y por tu propio bien... te aconsejo que tu repugnante boca no la vuelva a nombrar. Vas a conocer a un Terry que de verdad no te va gustar.
La soltó de su agarre bruscamente haciendo que tambaleara varias veces y por más que patinó y patinó, terminó cayendo en el suelo sin que Terry hiciera el más mínimo gesto de ayudarla. Furiosa, se levantó y le dirigió su mirada asesina.
-¡Eres un pendejo! Tarde o temprano te cansarás de la niñita esa. Buscarás cómo ahogar tus pasiones de hombre... me río de ti.
-Jajajajajaja. Al parecer a ti te han dejado botada muchas veces, querida. Es una lástima... Sabes... cuando un hombre encuentra lo que quiere... no mira ni busca nada en otra parte... lástima que tú no reunas esas cualidades. Ahora, quiero que pongas el trasero en la yegua y la devuelvas a quien corresponde.
Terry que estaba más que molesto, levantó a la chica y la montó de mala gana en el caballo y lo asuzó para que emprendiera el camino, siguiéndola él el mismo en su caballo. Sonreía al ver como la yegua corría como loca ante una muy furiosa e indignada D'laine que pensó que se caería.
-¡Dios! ¿Quién viene cabalgando así?
Stella, Richard, Candy y Louise se asomaron a fuera al escuchar el fuerte galope de los caballos hasta que al acercarse lo suficiente reconocieron a ambos jinetes. La cara de Candy se desfiguró por completo al ver quién acompañaba a Terry y por si fuera poco en su caballo. Cuando ya hubieron llegado a dónde estaban ellos, Candy se acercó a D'laine hecha una furia.
-¡Bájate de mi yegua!
-¿Tuya? No veo tu nombre escrito en ella.
D'laine era el colmo del descaro y la desfachatez pensaron todos. Candy miraba a Terry con una rabia que hasta él sintió miedo, sabía todo lo que estaba pasando por la mente de su pecosa y la cosa no pintaba nada bien.
-Lo vas a ver ahora escrito con tu propia sangre, perra.
La furia y los celos de Candy crecieron al máximo y más al ver que Terry no hacía nada. Jaló a la chica del caballo hasta hacerla caer y le iba a caer a golpes de no ser porque Terry la aguantó.
-¡Candy! ¿Qué crees que estás haciendo? Deja que esta mujer se vaya, no vale la pena...
-¡Tú cállate, Terry! ¿No vale la pena? Pero muy bien acompañado que venías de ella. ¿Crees que soy estúpida?
-Candy... eso no fue así, ella me siguió hasta...
Candy no lo dejó hablar y se fue a encerrarse en el cuarto dejándolo con la palabra en la boca, mientras los demás lo miraban esperando una explicación. Terry fue detrás de Candy y recibió el portazo en las narices.
-D'laine... ¿Se puede saber quién carajo te dio permiso para llevarte esa yegua? Además, dejé claro que ya no eras bienvenida aquí.
Richard nunca era soez, pero hay personas que poseen una extraña habilidad para acabar con tu pasiencia y buenas costumbres.
-Eh... lo siento, Richard, yo acacaba de acicalarla y ella me pidió montarla y se la dejé, no estaba enterado de que tenía prohibido estar aquí.
Al escuchar la pelea, Tom se acercó para dar su explicación y versión de los hechos mientras que D'laine se refugió en los brazos de él poniendo semblante de niña asustada.
-Pues ahora ya lo sabes, Tom. D'laine, si te vuelvo a ver por aquí, molestando a mi familia o utilizando cualquier cosa de nuestra propiedad, tomaré acciones legales y conoces muy bien mis influencias.
Con voz alta y firme, Richard no dijo nada más y tanto como él como su madre y esposa entraron en la casa rogando a Dios que Candy y Terry terminaran el día bien. Tom se llevó de la mano a D'laine que refunfuñaba y estaba hecha una furia.
-Pecas... abre. Déjame explicarte.
Terry tocaba la puerta de la habitación insistentemente y la llamaba, pero Candy ni contestaba ni abría.
-Candy, por favor... no seas infantil y abre.
-No quiero verte, Terrence. Puedes irte a seguir recorriendo el pueblo con la cuera esa.
-¡Candice! Déjate de tonterías y abre ya la maldita puerta si no quieres que la destroce a patadas.
-¡Hazlo!
Él estaba que ardía de coraje y para colmo Candy lo retó como si no lo conociera. Richard le dio a Terry la llave maestra para que pudiera abrir la puerta ya que sabía que era más que capaz de derribar la puerta y mucho más, como todo lo que tenía que ver con Candy.
-Tenemos que hablar. Quítate la manos de las orejas y mírame.
Candy se había tapado las orejas y cerró los ojos llenos de lágrimas para no verlo ni escucharlo, pero Terry ya estaba perdiendo los estribos con ella.
-No queremos verte, Terry. Ya estoy harta, primero Patricia y ahora la imbécil esa.
-Candy... sé cómo te sientes... yo he vivido eso contigo muchas veces, pero... ya deja las niñerías y por favor, escúchame.
Terry se había calmado un poco comprendiendo la posición de ella, pero al parecer, Candy no cedía y la pasiencia de Terry era un cristal muy frágil aunque se tratara de ella.
-No quiero escucharte nada. Si ya no quieres estar más con una niña puedes irte detrás del culo de aquella.
-¡Ya! Esa mujer apareció ahí por casualidad y si vine con ella fue para asegurarme de que...
-Ni lo sueñes, Terrence. No te creo. Y por favor, sal de aquí, ni mi bebé ni yo queremos verte.
-¡Muy bien! Voy a cumplir tu deseo entonces.
El último comentario de ella le dolió a Terry en lo más profundo e incluso a ella misma que se arrepintió casi en seguida de haber pronunciado esas duras palabras, pero ya era tarde, Terry salió de la habitación sin mirarla y cerrando la puerta bruscamente. Ella se echó a llorar amargamente. Al ver a Terry salir de la casa como alma que llevaba el diablo, todos supieron lo que debió haber pasado y mientras Richard salió detrás de su hijo para tratar de hacerlo razonar, Louise fue hacer lo mismo con Candy.
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Albert vestía uno de sus trajes de ejecutivo, se veía más guapo que nunca, si había un hombre que lucía bien la ropa formal, ese era Albert Andrew. Lo habían llamado para una reunión con respecto al ascenso que le habían ofrecido y él se sentía más que feliz, sintió que había despertado con el pie derecho. Bien era sabido que tenía que aprobar ciertos créditos universitarios adicionales primero, pero sonrió al pensar que tal vez las necesidades de la compañía tenían que adelantar ese hecho.
Entró a la elegante sala de juntas de Perfect Smile Interprices, una compañía encargada de los últimos conocimientos y equipos para ortodoncia y cirugía dental avanzada. Iba con una radiante sonrisa, la cual se apagó al ver los rostros serios de los demás miembros de la junta.
-Buenas tardes.
-Buenas tardes, Andrew. Toma asiento por favor.
Su jefe, un hombre un poco obeso y de unos cincuenta años tomó la palabra, fue tan excéptico que Albert no pudo descifrar si serían buenas o malas noticias, así que se sentó serio en el lugar indicado y no articuló palabra hasta que fuera necesario.
-La razón por la que los he reunido hoy, como todos deben imaginarse es respecto al puesto de administración gerencial, el cual no sólo se limitará a esta empresa, sino a la de las demás franquicias, dado que sería más responsabilidad y la persona en cuestión tendrá que viajar constantemente de un pueblo a otro y además tomar ciertos cursos electrónicos más avanzados, también contará con mejor sueldo y beneficios...
Albert se preguntó por qué su jefe daba tanta larga hablando de detalles que ya todos sabían, pero no interrumpió ni puso gesto de fastidio, sino que diplomaticamente centró toda su atención el emisor.
-Como sabrán, esta es una empresa que ha crecido día a día en ganancias y prestigio, lo mismo que en trabajo y demanda, así que dado que el volumen de trabajo no nos permite esperar más, hemos decidido ya contratar al nuevo administrador gerencial que ya cuenta con todos los requisitos necesarios. Señores, les presento a Neil Leagan, él es el nuevo administrador gerencial, espero que le den una cordial bienvenida.
A Albert por poco se le cae la mandíbula y todos pudieron notarlo, excepto Neil que no tenía la más mínima idea de que al rubio le hubieran prometido el puesto. Él no conocía a Albert ni había trabajado en esa empresa con anterioridad, simplemente aplicó para el puesto como cualquier otra persona. Albert le dio la mano a Neil dándole la bienvenida y su amabilidad fue genuina, estaba a punto de estallar por dentro, pero el castaño no tenía la culpa, sólo le quedó desearle suerte.
-Bueno, eso es todo, pueden retirarse, Andrew, tú no.
Cuando todos salieron, el jefe de Albert se acercó y Albert respiró profundo, no sólo había decepción en su rostro, sino también un coraje enorme y unas ganas de ahorcar al Santa Claus vestido de pingüino que tenía delante.
-Dígame, señor.
-Sé que debes sentirte algo molesto porque te había prometido el puesto a ti y créeme que eso es lo que quería, pero... las órdenes vinieron de arriba y no quisieron darte la oportunidad de completar tus requisitos... lo siento.
Su jefe de verdad lo sentía, pero él no era el dueño y habían otros líderes que estaban por encima de él, con dolor de su alma tuvo que hacer eso porque de verdad apreciaba a Albert que ya llevaba cinco años trabajando ahí.
-Harrison... ¿Me estás despidiendo?
Preguntó Albert incrédulo, pues sabía que no iban a dejar a dos administradores en la misma empresa, dado que el aumento de sueldo era precisamente porque seguiría realizando las mismas funciones de antes en adición de las nuevas que tendría ahora.
-Bueno... no exactamente... tendrás, si deseas, quedarte un tiempo con el nuevo para que le muestres el funcionamiento y ley de privacidad de contraseñas... y además se te dará el doble de liquidación y tus beneficios de seguro médico y el auto podrás usarlo por el resto del año...
Albert sencillamente no lo podía creer, de un supuesto ascenso pasó a ser despedido, su cara mostraba una furia contenida que amenazaba con estallar. Sabía que no podía alegar nada, pues de todas formas su contrato vencía en un mes, el mismo se renovaba cada año, pero este sería la excepción.
-Gracias, Harrison, es muy amable de tu parte, pero yo prefiero dedicar ese tiempo a buscar otro trabajo y terminar los créditos que me faltan. El nuevo, dado que está muy bien preparado no necesitará que yo esté detrás de él como su niñera, creo que sobrevivirán si mí.
Había cierto resentimiento en su voz, era inevitable. Se giró para marcharse, pero al nombrarlo su jefe, se volvió.
-Albert... quiero que sepas que yo no tuve nada que ver con... sabes que me gustaría que fueras tú el que...
-Harrison, entiendo. Ya no te molestes en explicarme más. Buenas tardes.
Albert se marchó de ahí con miles de sentimientos encontrados y uno de ellos era la preocupación, pues con todas las deudas que tenía gracias a la infeliz de Karen no sabía qué diablos iba hacer. Cuando se montó en su auto, lo encendió, pero antes de arrancar se quedó un rato pensativo hasta que sonó su celular.
-Hola, buenas tardes.
-Buenas tardes... ¿Albert Andrew?
-Sí, soy yo.
-Le hablo de T-mobile... es para recordarle que su plazo para renovación de contrato y equipo nuevo era hasta hoy hasta las seis de la tarde...
Lo había olvidado por completo y no sabía si atreverse a renovar el contrato de su celular al ser despedido, aunque tenía sus ahorros, siempre había sido precavido. Tenía el ánimo en el suelo, pero la voz de la chica que le hablaba y haber recordado su rostro bello y angelical se lo levantó un poco. Vio que eran las cuatro y treinta, así que...
-Disculpa, lo había olvidado... voy para allá volando, espérame por favor.
Arrancó hacia las oficinas centrales de T-mobile volando bajito. En el carro se quitó el saco y se aflojó la corbata, hasta le molestaba usar ese traje luego de lo que pasó. Suspiró y cuando se relajó, entró a la oficina, la cual por estar casi cerrando casi no había ni un alma, a excepción de los pocos empleados incluyéndola a ella.
-Señor Andrew, pensé que se había arrepentido de renovar con nosotros.
La chica le sonrió con su acostumbrada amibilidad y coqueteo natural sin ser sugerente. La tensión que había en el rostro de Albert por fin se fue a paseo.
-¿Y perderme de ser atendido por la mujer más bella de este lugar? No, yo no me tomaría ese riezgo.
Su comentario y su arrebatadora sonrisa la hicieron casi desmayarse y hasta sonrojarse por las risitas que un par de compañeros curiosos y metiches dejaron escapar.
-Me alegro que sea así, ya que yo dependo de ustedes, los clientes. Bueno, aquí están los últimos modelos que hemos recivido. Este es el Galaxy S4, el Galaxy Note 3 y este es el LG F6... los primeros dos están disponibles en blanco y negro...
Albert realmente no escuchaba lo que la chica decía porque estaba absorto mirándola y siguiendo cada movimiento que su boca hacía al hablar.
-El Note 3 es por el cual todo el mundo se está matando... aunque lo considero demasiado grande... ¿cuál te llama la atención?
Mencionó ella al ver que él nisiquiera los miraba porque sus ojos sólo estaban centrados en ella y se dio cuenta.
-Eh... pues... he tenido Galaxys y todos tienen problemas con las baterías o a la hora de recargar... Creo que me quedo con el LG.
Luego de que Albert hiciera su elección, la empleada procedió a buscar los documentos necesarios para el nuevo contrato y a procesar la información en la computadora y para luego activarle el nuevo equipo.
-Bueno, Albert, eso es todo por hoy. Que tengas buenas tardes y no te entretengo más porque estoy muerta del hambre.
Ella de verdad estaba hambrienta, pues al llegar Albert a última hora y más sus siempre intenciones de retenerla hicieron que saliera casi una hora después del horario establecido.
-Lamento haberte quitado tanto tiempo. Lo recompensaré. Te envito a cenar.
A pesar de la radiante sonrisa que él de le dedicó y que algo en él la hacía confiar, ella dudó, era tan encantador como un príncipe y eso le dio miedo.
-No te preocupes, Albert, no es necesario...
-Sí lo es, vamos no seas así. Yo te quité tu tiempo, si no me permites invitarte a comer no podré dormir con el cargo de conciencia.
Él estaba siendo insistente y eso la sorprendió. Había tratado con muchos tipos que al ver la cosa un poco difícil, simplemente se retiraban sin dar la batalla, él insistía sólo por llevarla a comer. Ya había pasado por tanta desilusión que se andaba con mucho cuidado por esos terrenos, pero había algo en su sonrisa y comportamiento, en su mirada que hacía que fuera imposible que le pusiera muchas barreras. No sabía si estaba dando otro paso en falso, pero al final...
-Está bien, Albert. Podrás dormir tranquilo esta noche.
Dado que las oficinas de T-mobile quedaban en un centro comercial, para no perder mucho tiempo y por el hambre que ambos tenían, decidieron comer en el Food Court del mall que tenía una gran variedad para elegir, tanto como comida china, criolla, Church's, Burger King, Taco Bell, KFC, entre otros. Decidieron ponerse de acuerdo para comer en el mismo sitio, así que la opción fue Taco Bell. Luego de que ordenaran y Albert pagara, en lo que salía la órden, él buscó una mesa y le dijo que sentara para él llevarle la comida.
-Te traje Pepsi... no te pregunté, lo siento...
-Tranquilo, esa es la que hubiera elegido.
Otra vez ella le dio una de sus sonrisas que lo desarmaban y procedieron a comer, pero no lo hicieron en silencio. Ella era buena para conversar de todo un poco y abundaba en los temas y mostraba interés, no era una descerebrada y eso le gustó a Albert.
-Perdona que te lo diga... pero hay muchos hombres idiotas y él fue uno de ellos.
-¿Perdón?
Ella se quedó de pronto en shock por el comentario de él y porque no entendió a que venía.
-¿Quién se divorciaría de una mujer como tú?
-¿Y tú cómo sabes eso? Ah... claro. Es obvio, supongo.
Ella se había puesto primero a la defensiva por la indiscreta observación de él y luego comprendió cómo fue que dedujo su status civil. La sombra que tenía su dedo por la ausencia del anillo que había usado por tres años y que el sol aún no terminaba de borrar.
-Estoy seguro de que no lucirás esa sombra por mucho tiempo. Eres muy bella y especial. Lo superarás.
Le sonrió con amabilidad y ella hizo lo mismo, mas agregó:
-Claro que no la luciré por mucho tiempo, porque no pienso colocarme otro anillo nunca más.
Y de pronto su rostro angelical se ensombrenció, reflejando su verdadero sentir de amargura y desilusión, a Albert le llegó, vio sus hermosos ojos cristalizarse y se arrepintió de haber mencionado ese detalle.
-Lo siento, no debí meterme donde no me llaman. De todas formas... pienso que eres muy bella, joven, inteligente... lo que un hombre con los pies en el suelo puede necesitar para ser feliz. Cuando te dije que no lucirás esa sombra en tu dedo prolongadamente no me refería a que se borrara, sino que otro lazo verdadero la cubriera. Te falló la vida una vez, pero no debes privarte ni privar al mundo de un ser tan especial. Habrá alguien dispuesto hacerte feliz.
Se preguntó de dónde había salido ese hombre, pues en su vida había visto uno igual, no sólo que fuera tan guapo y bello, sino por su simpleza y por la forma en que podía arreglarte todo el día con unas simples palabras.
-Tus palabras son muy lindas, pero... la realidad es muy diferente y yo ya no sueño con unicornios. De todas formas agradezco que me hayas levantado el ánimo, de verdad lo conseguiste, pero yo creo que estoy mejor sola, ya he dado demasiados tropezones.
-De tanto tropezar, se aprende cómo caer. Lo que vivimos fue sólo un ensayo para cuando llegara el momento, preciosa. La función a penas comienza. Estoy seguro que esos ojos preciosos que tienes volverán a brillar y no por lágrimas y tu sonrisa no será solamente amabilidad. Tienes todo para ser feliz. Ahora cuentas con mi amistad.
Él sonrió fingiendo arrogancia y ella no pudo evitar reirse, sonido que le robó el sentido a Albert y una sensación mágica que ninguno de los dos confesó los inundó.
-Es bueno saber que tengo un amigo entonces, amigo en la adversidad, amigo de verdad.
El refrán de ella no pudo ser más acertado, ambos estaban en adversidad, ella por sus sentimientos y él porque no sabía qué pasaría con su futuro, pero algo que no sabían cómo explicarse les daba un ánimo y unas esperanzas que no comprendían. Habían terminado de comer hacía rato, pero no podían desprenderse de su conversación, porque nunca, ninguno de los dos había compenetrado con alguien de esa manera, parecían comprenderse perfectamente y a pesar de que no sabían si estaba correcto, dadas las circustancias de ambos, ninguno quiso safarze de la compañía del otro.
-Ya que soy un amigo de verdad... ¿Te gustaría seguir compartiendo conmigo? Me gustaría ver ésta película...
Dado que en el mall también había un cine, había promociones por todas partes de las películas en cartelera, en el cristal de la mesa donde comían había un poster de "The Conjuring".
-Se ve buena, ¿has visto los trailers?
Esta vez fue ella la que le preguntó animada y no fue necesario que dijera que sí a la propuesta de Albert, pues ya estaba más que obvio que lo quería acompañar. Como él no había visto los trailers de la película, sino que se la habían recomendado mucho, ella en su celular se los buscó para que los viera.
-Pues vamos averiguar las tandas entonces.
Desde su celular ella lo hizo y encontró una tanda muy conveniente que empezaba en media hora, así que Albert pagó las taquillas y el pop corn con los refrescos y se fueron a verla. Ella siguió preguntándose una y mil veces qué diablos estaba haciendo con un extraño como si fueran los mejores amigos del mundo, no sabía que él batallaba exactamente con lo mismo. Ambos mandaron todos esos pensamientos al mismísimo diablo y disfrutaron de la película que les robó toda la atención desde el primer momento, aunque claro, de vez en cuando se hechaban sus miraditas cuando el otro no estaba pendiente. Cuando la película terminó eran casi las once de la noche, así que llegaría el momento de la despedida.
-Gracias por todo, Albert, no recuerdo cuándo me la pasé tan bien.
-De nada, preciosa, espero que se repita. Ah... y recuerda llamarme si lo necesitas, soy tu amigo.
Se sonrieron ambos sin decirse ni una palabra. Ella no podía ni quería entender todo lo que sentía, nisiquiera con Terry llegó a sentir las emociones que sentía con él a pesar de lo rápido y absurdo de todo. La razón era que Albert sí sentía por ella un interés genuino, ese que te lleva a querer saber y conocer más de la persona, el que no le tiene miedo al destino y a que las cosas pasen. Ese que te ve tal y como eres y quiere formar parte de tu mundo, porque todo su interés está puesto únicamente en ti. Esa era la diferencia, que él sólo la veía a ella. No era que se hubiera enamorado de Terry, el tiempo no alcanzó para tanto, de haber permanecido más tiempo a su lado, tal vez, aunque hubo un momento en el que pensó que sí, pero reconoció que no lo había llorado ni extrañado una sola noche y que nunca soñó con un futuro a su lado, así haya sido porque ninguno de los dos había querido compromisos, el corazón de Terry ya estaba comprometido hacían años y él de ella necesitaba otro corazón nuevo y comprometido con el suyo para poder sanar. El destino tenía sus mañas, había dejado todo en manos de él.
-Cuenta con eso.
Mas cuando ella fua a montarse en su carro él la detuvo nuevamente.
-Espera...
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En los brazos de la nueva mamá que Candy había adoptado, lloraba desconsoladamente, profundamente arrepentida por no haber confiado en Terry y dejar que sus celos la cegaran. Le había prometido reservarle todas las caricias y mimos para su bebé a él y en la primera oportunidad le dijo que ni ella ni su bebé querían verlo, no supo el fuerte efecto que eso tuvo en el corazón tantas veces rechazado de Terry.
-No llores más, mi niña. Eso no le hace bien a tu bebé. Terry volverá en cualquier momento... No podías esperar menos si nisiquiera le diste oportunidad de defenderse.
-Es que... vino con ella, juntos... y en mi caballo... y... no me gusta como ella lo mira mientras me desprecia abiertamente. Además... ¿Por qué tenían que estar juntos? La odio, mamá.
La pobre Candy estaba experimentando unos celos y emociones desconocidas, su sensibilidad estaba a flor de piel y si bien le daba tanta rabia ver a Terry junto a D'laine, al mismo tiempo moría de ganas porque viniera ella para que la abrazara y la hiciera olvidarse del mundo, sentimientos totalmente contradictorios.
-¿Y crees que no lo intenté? No me dejó hablarle. Me echó de la habitación y me aseguró que no quería verme, ni ella ni el bebé.
-Terry... debes comprender que ella... es casi una niña, bastante madura para su edad y te ama demasiado, porque eso cualquiera lo puede ver, pero aún está aprendiendo, todo es nuevo para ella. La presencia de D'laine no es fácil de tragar, lo sé porque lo viví con Louise y nunca me di cuanta cuánta razón tenía ella hasta que vi la verdadera cara de esa chica. Tú más que nadie sabes las malas pasadas que suelen hacernos los celos y Candy en su caso sí tiene motivos para sentir celos de ella, es una descarada de lo peor, además, hijo, ella está embarazada, sus emociones están más sensibles. Si algo he aprendido con los años es que cuando una mujer te pida que te alejes de ella es cuando más cerca te necesita.
Las palabras de Richard estaban llenas de experiencia y sabiduría y comprendía muy bien a su hijo, pues él había caminado por esas mismas calles del amor y los celos, las dudas y la pasión. Sabía que esos dos se amaban con locura y que además estaban hechos uno para el otro, eran igual de irracionales cuando se trataba del otro.
-Candy... creo que la explicación del porqué venían juntos es más que obvia...
Louise seguía acariciando sus mojadas mejillas con ternura y tratando de abrirle los ojos y porque entendía la profunda angustia que había en ellos aunque no los pudiera ver, bastaba con escuchar su voz ahogada en llanto y lo fuerte que se aferraba a sus brazos.
-No veo razón alguna para que andaran juntos. No quiero que esté con ella, así como él me prohibió estar cerca de Tom.
-Candy, tú más que nadie conoce a Terry, sabes lo posesivo que es y la manera en que te defiende, no ves la razón de que estuvieran juntos porque no la haya, sino porque no la quieres ver. ¿No te ha pasado por la mente que tal vez quería asegurarse de que te devolviera la yegua? Si él hubiese querido que no te enteraras, no te habrías enterado, se hubiera quedado con ella por los matorrales, lo que hizo fue venir para acá en seguida. Sé que eres muy joven, niña preciosa, pero debes ser sabia. A los hombres no les gusta que se les acorrale y sobre todo, querida, nunca, por nada del mundo lo excluyas de las cosas referentes al bebé, no lo amenaces con eso sabiendo cuánto ama Terry a ese bebé y a ti, es un golpe muy bajo y sobre todo inmerecido.
Las palabras de Louise le llegaron al alma a Candy y se sintió peor, volvió a llorar sin consuelo al recordar su expresión cuando le dijo aquellas palabras tan duras.
-¿Por qué no vas con ella, Terry? Te necesita mucho.
-Pues... porque ella es la que tiene que venir a mí. Ella me echó, que venga ella a buscarme.
Aunque Terry se moría por ir a buscar a Candy, también tenía su orgullo y en el fondo él tenía razón, le correspondía a ella disculparse y buscarlo. Richard movió la cabeza de lado a lado por la necedad de Terry, confirmando cada vez lo iguales que eran esos dos cabezotas, tal vez por eso se querían tanto.
-Terry...
Richard se retiró en seguida del despacho al ver llegar a Candy y les cerró la puerta. Terry se giró para poder verla de frente y su expresión que estaba dura y furiosa, de pronto desapareció, no porque ya la hubiera perdonado, según él, sino porque la vio con los ojos aguados y con el rostro que mostraba llevar mucho rato llorando, pero lo que lo desarmó por completo fue su vocesita suplicante y rota que le quebró el corazón.
-Terry... lo siento tanto, Terry, perdóname.
Ella caminó hasta dónde él estaba y lo abrazó dejando escapar su inconsolable llanto. Terry se sintió pequeño, siempre que la veía sufrir y tan destrozada, sentía que empequeñecía y que no era nadie.
Yo siento hundirme y me estremezco
si veo caer tus lágrimas
yo me arrepiento del mal que haya hecho
si veo caer tus lágrimas
Yo te consuelo, te abrazo y te beso
si veo caer tus lágrimas
y no quisiera ya nunca volver a enjugar tus lágrimas
-Ya, mi amor, está bien. Por favor... no llores.
Ahora el que suplicaba era él. Claro que la perdonaba, es más, no tenía nada que perdonarle, no cuando él también sin querer la había lastimado muchas veces y a pesar de que ella también era orgullosa, siempre se lanzaba a sus brazos sin paracaídas y sin mirar atrás.
-Es que... yo debí confiar en ti y... perdóname por decirte que el bebé no quería verte... él te quiere mucho, es que...
Su voz seguía ahogada en llanto y él pensó que no lo resistiría más, pero ella pensó que era necesario que él supiera lo arrepentida que estaba y que no había nada que deseara más que sentir sus caricas y sentirlo mimar a su bebé.
-Ya no pienses más en eso, pecosa, yo ya lo olvidé. Sabes que no debes llorar, me dijiste que él también podía ponerse triste...
Lágrimas,
el lenguaje mudo de tu pena
lágrimas,
la callada voz de tu tristeza
lágrimas,
la expresión mojada de tu alma
lágrimas,
la visible muestra de que me amas
lágrimas,
de pasiones hondas y de heridas
lágrimas,
de dolor profundo y de alegría
lágrimas,
la palabra fiel de tu amargura
lágrimas,
la verdad final que tú no ocultas
lágrimas...
Terry besó sus ojos mojados para impedir que siguiera llorando, con sus labios comenzó a borrar todo rastro de llanto y la refugió en sus brazos en donde ella debería permanecer siempre.
-Ya no... vo-voy a llorr-llorar... Y el bebé ya no es-estará tris-triste porque tú estás o-otra vez con nos-nosotros. ¿Qui-quieres aca-ca-riciarlo?
Cómo podía negarse Terry a semejante petición si eso no había por qué pedírselo y más si ella se lo preguntaba así y con la voz quebrada. Puso sus manos delicadamente sobre su vientre y se lo acarició al mismo tiempo que su frente y naríz chocaban con las de ella para luego besarla infinitamente. El despacho también contaba con un amplio y cómodo sofá, él la levantó y se sentó con ella en el regazo de forma que quedara de frente a él. En esa posición levantó su blusa para que ella siguiera disfrutando de sus caricias y besos en su vientre.
-Quiero que sepas que... que te amo como nunca en mi vida he amado nadie, puedo confesarte que te he amado más que a mi propia madre. No hay nadie más en este mundo para mí que no seas tú. Nunca voy a cambiarte por nadie, no me importa que a veces saques a relucir tus niñerías, yo las amo aunque no te lo diga, yo te amo todita como tú eres, con todos tus defectos, como me has amado tú. Yo no necesito más de lo que tú me das ni buscarlo en nadie más porque tú lo tienes todo para mí. A este bebé lo amo tanto como a ti y seguramente lo amaré todavía más. Ahora sí, Candy, nunca, nunca insinúes que no me importas porque sabes bien que eres lo único en esta vida que me ha importado y todo lo que soy capaz de hacer por ti.
-Yo voy a confiar en ti... te lo prometo... pero...también necesito que confíes en mí. Tú eres todo lo que yo tengo y todo lo que amo, tú y mi bebé que no hubiera sido posible de no ser por ti, quiero que nos tengamos confianza... no me importa que me celes, sólo quiero que los dos podamos creer en la versión del otro... yo haré mi mejor esfuerzo...
-Y yo confío en ti, mi amor, pero... no confío en ellos... no puedo evitar volverme loco de celos cada vez que los veo junto a ti, lo siento. Eso ya no tiene arreglo.
Porque él le dio una de sus sonrisas arrogantes y retorcidas que tanto amaba no le quedó más remedio que adorarlo y amarlo tal cual era y lo besó efusivamente, lo había extrañado demasiado y tuvo miedo de quedarse sin sus besos y caricias.
-Ahora, mi amor, vamos a lavarte esa carita y a que duermas un ratito. El bebé necesita descansar y tú también.
-Terry... ¿tú nos vas acompañar?
-Claro que sí, yo también estoy muy cansado.
Terry la cargó y cuando abrió la puerta para salir...
-¡Abuela!
Exclamó Candy indignada cuando la sorprendieron pegada a la puerta. Terry con ella en brazos le guiñó un ojo a su abuela y se dirigió a la habitación con Candy.
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-¿Qué hiciste qué? No puedo creerlo, Patty... ¿En qué demonios pensabas?
-¡Ya basta! No me recrimines tú también. Ni yo misma sé por qué lo hice. Estaba harta... harta de verla siempre tan feliz y en la luna con su novio perfecto y sin importarle una mierda el resto del mundo. Con su novio maravilloso y sus finas ropas y accesiorios... Estaba harta de que hasta ella consiguiera lo que yo no... ¿Por qué no puedo yo tener esa suerte?
Archie no daba crédito a todas las locuras que escuchaba. Jamás imaginó a su amiga expresarse de esa manera y mucho menos de Candy. Pero oir los detalles de hasta donde su locura había llegado lo dejó perplejo.
-Pero bueno, Patty... ¿estás escuchándote? Traicionaste la confianza de una buena amiga porque no soportaste los celos que te provocó el verla feliz... Ella que siempre se preocupa por todos... siempre fue sincera y tú... Perdóname, Patty... pero le diste una fuerte puñalada. No sé cómo pudiste.
-¿Cómo pude? Fácil. Decidí pelear por lo que deseaba y no quedarme de brazos cruzados como lo has hecho tú. Estoy segura de que con algo más de presión su novio se hubiera rendido a mis pies. O es que crees que yo no me merezco tener cosas buenas... que me amen... yo también quiero todo eso.
-Claro... y tú manera de conseguirlo era perjudicando a Candy, eso es lo más estúpido que he escuchado y más cuando tú misma me has dicho lo mucho que ama él a Candy, yo pude verlo, pretendías conquistar al novio de tu amiga perjudicándola, sabiendo que eso sólo le daría motivos de más para odiarte.
Patricia le dedicó una extraña mirada, Archie de pronto ya no la conocía. No sabía qué había pasado, pero desde que terminó su relación con Stear y descubrió que no estaba embarazada enloqueció por completo.
-¡Todos la defienden a ella! Todos se enamoran de ella como idiotas. No sé que le ven, tan flaca y sin chiste.
-Tal vez le vemos lo que no podemos ver en ti.
Archie sumamente molesto con su amiga no le importó decirle la verdad en la cara aunque por lo que había escuchado, ya no sabía si le convenía esa amistad, si traicionó a Candy de esa manera, no esperaría nada bueno de ella.
-¿Ah sí...? Pues voy a enseñarte todo lo que hay en mí y que dudo que lo veas en ella.
Estando él sentado en el sofá de su apartamento ella le brincó encima como una gata en celo sin darle tiempo a reaccionar. Se le sentó a horcajadas y comenzó a besarlo furiosa y desenfrenadamente mientras le colocaba las manos sobre sus senos.
-Patty... Patty... ¡Patty! ¿Te has vuelto loca?
Recuperando el sentido después del shock en que lo había sumido Patty, Archie se la quitó de encima de un tirón y en su rostro había sorpresa y hasta coraje.
-No vas a negarme que no te gusto ni un poco, Archie... No me niegues que te gustó que te besara y sentirme... Podemos pasarla muy bien... te lo prometo.
Volvió acercársele y esta vez le acarició provocadoramente sus partes íntimas y a pesar de todo, el cuerpo de él reaccionó y porque ella ya se encontraba bajándole los pantalones.
-¡Patricia! Detente ya. No sé qué te pasa, pero yo no pienso seguir siendo parte de esto.
Nuevamente Archie recuperó la cordura y se acomodó los pantalones, si en algún momento se hubo excitado, la mirada desquiciada y la risita cínica de Patty se lo bajó por completo. Luego se acercó a él casi llorando.
-Archie... yo me siento muy sola y... tú eres mi mejor amigo. Yo quiero que me hagas un favor...
-Como amigo, Patricia y siempre y cuando esté dentro de mis posibilidades te ayudaré...
Archie pensó que Patty sólo estaba un poco desorientada, así que decidió darle una mano y olvidar el pequeño incidente de hacía un rato. Ella volvió a acercarse a él y le habló muy cerca de sus labios muy sugerentemente y sus manos volvieron a posarse en la misma zona donde habían estado antes.
-Ayúdame a tener un bebé, Archie... por favor... ¿sí? Lo necesito mucho...
Archie se espantó a Patty de encima como si quemara y cada vez se sorprendía más, estaba tostada la pobre.
-Patricia... yo mejor me voy. Busca ayuda, sinceramente. No estás bien.
Archie se dirigió a la puerta y brincó con el sonido del embase de cristal que Patricia lanzó hacia su cabeza y que afortunadamente no tuvo puntería y se desgranó contra la puerta.
-Vas arrepentirte de haberme rechazado, imbécil.
Le gritó y Archie pudo ver como los ojos de ella se habían inyectado de un odio y una locura que aterraba, salió de ese apartamento corriendo como si lo persiguiera una bestia. Archie había ido a visitarla porque como amigos y confidentes que eran, él necesitaba desahogarse porque aún estaba afectado por lo de Candy, pero salió de su casa peor, jamás pensó descubrir lo desquiciada que estaba su amiga y mucho menos lo lejos que había llegado. Se fue cabizbajo hasta su casa y más decepcionado que nunca de la vida. Había perdido a su novia desde la adolescencia cuando una Leucemia se la arrebató hacía tres años, vivía con el recuerdo de su padre que por ser un abusivo casi le causa la muerte a su madre, la pobre a pesar de no tener más de cuarenta y cinco años residía en un hogar especial, pues los tantos golpes y las fuertes depresiones no le permitieron volver a ser la misma y sus hermanos John y Jimmy vivían en Inglaterra, nunca en la vida se había sentido tan solo y miserable. Por si fuera poco el rechazo de Candy, de quien se enamoró sin poderlo evitar y no porque fuera bella, sino por sus tantas cualidades que tanto le recordaban a Lizbeth, su fallecida novia, llegó a pensar que ella residía en el cuerpo de Candy por lo parecidas que eran sus almas, como un ángel, sólo que Candy era el ángel de alguien más y él había llegado tarde a su vida. A pesar de su profundo dolor, él siempre enfrentaba el mundo con gran valentía y tenía siempre una sonrisa y un carisma que le alegraban el día a cualquiera, no así a él mismo. Decidió ir un rato a caminar por la playa, aún era de tarde y esa era una terapia para el alma que le había enseñado Lizbeth y que él aún conservaba. Mientras caminaba sumido en sus pensamientos sintió que alguien lo agarró de espalda. No podía ser, pensó. Lo que le faltaba, que lo asaltaran. Se giró atemorizado...
-¿Archie?
-¡Hey! ¡Cuánto tiempo! Me has dado un susto de muerte!
-Lo siento. No fue mi intención. ¿Estás aquí por ella también, verdad?
Preguntó la chica con melancolía y porque además lo conocía bien. La temprana y trágica muerte de Lizbeth los había marcado a todos, en especial a ellos dos.
-A ti no puedo engañarte, Lizzette. Vengo aquí a buscar la paz que sólo ella podía darme.
-Lo sé, Lizbeth era especial. El vacío que dejó fue profundo, pero sé que ella vive en nuestros corazones, siempre fue un ángel. Para mí, la mejor hermana del mundo.
Ambos se miraron con inmensa ternura, porque sólo ellos podían saber lo que se sentía perder lo que más se amaba y vivir en absoluta soledad. Por alguna razón sintió paz al encontrarse con quien fuera su cuñada, sólo un año menor que ellos, pero que siempre había estado ahí para ambos en los momentos más difíciles.
-Creo que va a llover... si quieres puedo invitarte a un café y a que me cuentes sobre los libros que has leído, como en los viejos tiempos.
Encantada, ella se fue con un buen amigo, con la única conexión al pasado que ambos tenían, el uno al otro por el recuerdo de un amor en diferentes tipos para cada uno, pero a la misma persona. El destino volvía a jugar.
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Habían pasado dos semanas desde que Terry y Candy se hubieran mudado hasta nuevo aviso a la hacienda y Candy se veía más feliz que nunca, pues era exageradamente mimada y consentida por todos, especialmente por Terry que practicamente se había convertido en su esclavo. El entusiasmo por el bebé creció aún más cuando lo vieron en su primera ecografía y Terry mandó hacer varias fotos para mostrársela a la familia, aunque no pudieran entender nada, ese era el orgullo de los futuros padres. Candy tenía dos meses y medio, aún no se notaba, excepto lo dura que se había puesto su barriga en la parte baja y que tenía la forma de una pequeña pera. Se encontraban en la habitación luego de haber tomado una siesta, pues Candy vivía con un sueño horrible debido al embarazo y eso a ella misma le molestaba, pues se quedaba dormida viendo televisión, leyendo y cuando no se la pasaba bostezando. Ella estaba acostada boca arriba y Terry bocabajo con las manos masajeándole la barriga y dándole besos mientras disfrutaba de las caricias que ella le hacía en el pelo.
-Terry... ¿qué te gustaría tener?
-Ya te lo dije... una niña pecosita y malcriada como su mami, aunque... también había pensado en un niño guapo... que ponga a las niñas a sudar frio y...
-¡Terry! Contigo en el mundo es suficiente.
-Bueno... tú preguntaste. En verdad... quiero ambos. Es bueno un niño porque así puedo entrenarlo para que le espante a todos los imbéciles que...
-¡Terry!
Candy sólo pensaba en la pobre niña, en caso de que lo fuera, porque recordó como Terry y Anthony le hicieron la vida imposible a ella cuando se trataba de chicos y qué sería tratándose de su propia hija, se preguntó, mejor no saber, decidió finalmente.
-Ya... no te enojes... mejor dame un besito, me has ignorado todo el día.
-Claro que no... es que... tenía sueño...
-Mmmm... ¿y ahora tienes sueño...?
Pregunta por la cual Candy no pudo responder porque la boca de Terry había invadido la suya de manera salvaje mientras la fue desnudando poco a poco.
-Terry, mi amor... no tenemos tiempo... recuerda que... ahhh
-Claro que tenemos tiempo, siempre tengo tiempo para hacerle el amor a mi mujer.
-Sí, pero...ahhh... ¡Ay Dios!
Luego que Terry le hubiera levantado las piernas y se las enroscara en el cuello de él quedando él arrodillado en la cama, la embestía suavemente al mismo tiempo que con unos de sus dedos también jugaba en ese lugar secreto y placentero. Los gemidos de ella se hicieron mayores cuando el aumentó el ritmo y la velocidad y sus dedos seguían también jugueteando traviezos dentro de ella.
-Ves como sí hay tiempo, mi amor...
-Mmmm sí... ahhh... ohh ohh... ¿Qué me estás haciendo? Yo... ahhh siento que oohh ummm... ahhh...Terry... siempre lo haces tan rico... mmmm...
Ella pensaba eso, pero en esa ocación, por alguna razón todo le parecía más divino que nunca, la sensación era increíble, para los dos. Disfrutó de ver a Terry con los ojos desorbitados mientras entraba y salía de ella con rapidez y éxtasis, ella misma veía borroso por la deliciosa sensación que le causaba recivirlo en su interior.
-¿Lo hago rico, mi amor? ¿Te gusta?
Terry fue aún más fuerte, no sabía cómo era que ella siempre conseguía sacarlo de control, aún así no perdía la delicadeza y no sólo por el bebé, sino porque con ella, sin importar las circunstancias, siempre le tenía una ternura y tacto especial.
-Sí, Terry, muy rico... ahhh... ahh... me gusta... me.. ahh... fascina.
Ella misma se sostuvo de las caderas masculinas como si quisiera fundirlo más dentro de ella y lo acompañó en sus movimientos, disfrutó la sensación de que por la posición adoptada él besara sus delicados pies.
-Te amo, Candy...
Sintió debilitarse luego de haber experimentado un orgasmo ensordecedor después de haberla transportado a ella al paraíso.
-Yo también te amo, mi cielo, pero... tenemos que apurarnos.
Era viernes y como bien habían pasado dos semanas, la empresa del cual Terry era dueño y bajo la acesoría de su padre iba a dar una fiesta de casa abierta para conocer el lugar y que pudieran conocerse el personal viejo y el nuevo. Sería una actividad formal, así que Terry le había regalado a Candy un hermoso vestido rojo vino largo, strapless y ceñido que debido a que no se notaba su embarazo, podía lucirlo perfectamente, era en seda y con pedrerías doradas. Usaría unas delicadas sandalias y accesorios dorados también y su pelo lo llevaría recogido en un elegante, pero juvenil estilo dejando uno que otro flequillo suelto, cuando terminó de arreglarse se veía hermosa y dado que a pesar de ser delgada y delicada, sus curvas eran bastante protuberantes, llamaría mucho la atención, no había duda. Claro que Terry no se quedaba atrás, su traje negro de Armani y el pelo que se había cortado un poco y que lucía unas capas modernas, matador, Candy no pudo evitar suspirar. Una vez estuvieron todos listos, se fueron en la limusina que los llevaría a Grandchester-Graham & Associates. En dos horas y media estuvieron allí y el salón de actividades lucía sus mejores galas, la decoración destacaba mucho el azúl royal en las cortinas y manteles. Estaban presentes todos los ejecutivos con sus esposos y esposas o algunos solos y luciendo también muy elegantes. El banquete era exquisito, el maestro de ceremonia mantenía el ambiente muy alegre con anécdotas y chistes, a parte de que la buena música también hacía lo suyo. Entraron todos a saludar, a los viejos ya Candy los conocía, pero no conocía a los nuevos integrantes ni tampoco al que sería el nuevo administrador.
-Terrence, buenas noches.
-Buenas noches, Stear, Eliza, mucho gusto en tenerlos aquí presentes. Ella es mi mujer, Candice.
Candy se quedó muda por unos instantes. ¿Stear? ¿Será posible que sea el mismo de Patty? Esperó que no, pues tenía a su lado a una hermosa mujer que además estaba embarazada y se veían muy enamorados. Ese no podía ser el mismo Stear que describía Patty...
-Mucho gusto, Stear... y Eliza...
-Cariño, Stear Cornwell trabaja en el dealer que le provee los carros a los ejecutivos, y ella es su esposa que también espera un bebé igual que tú.
Con toda esa información Candy dedujo que a menos que en el mundo existieran coincidencias tan grandes, ese sin duda era el mismo Stear de Patty, pero no se parecía al que ella hablaba, se veía muy enamorado de su mujer y de unos modales muy correctos. Aunque conociendo a Patty... sabe Dios de qué mañas se valió para colarse en su vida, pensó Candy analizando el asunto más a fondo según la mala experiencia que tuvo con su ex-amiga.
-¿Tú también esperas? ¡Que emoción! Alguien que me comprende. ¿Qué tiempo tienes?
La emoción de Eliza era evidente y a Candy le simpatizó de inmediato, aunque se sentía un poco rara al conocer datos tan personales de su vida privada.
-Sólo dos meses, nos enteramos hace poco.
Candy contestó dulcemente y Eliza le contestó que ella tenía cuatro meses y que ambos deseaban que fuera una niña. Candy pudo percibir la gran diferencia entre Patty y Eliza, agua y aceite, había espontaneidad en las emociones y expresiones de Eliza, alguien con quien sin duda, se podía hacer una amistad.
-Buenas noches.
Una voz varonil se escuchó también llegar y saludó a todos con una gran sonrisa, a parte de que al igual que Terry, muchos cuellos femeninos casi se dislocan para mirarlo.
-¡Albert!
Candy fue a saludarlo efusivamente, pero se detuvo en seco cuando vio a su acompañante. Es muy grande el destino y Puerto Rico muy pequeño.
-Annie...
El murmuro vino de Terry, pues no pensó verla en esas circunstancias, pero le alegró verla acompañada y hasta feliz se podía decir, además de que saludó tanto a Terry como a Candy con una radiente sonrisa y era genuina, Candy lo sabía, porque ya se la había conocido antes y además con esa misma sonrisa fue que cautivó a Albert. Pero... Terry se preguntó de qué conocía Candy a Albert...
-Candy, buenas noches, te ves muy linda.
-Muchas gracias, Albert, ustedes también están muy guapos. Annie, te ves estupenda.
Todos se miraban con intriga, Albert no pensó que Annie conociera a Terry y a su mujer y Terry no pensó que Candy conociera a Albert y Annie tampoco pensó que Albert también conociera a Candy, de pronto se volvió seria, será que también Albert haya estado enamorado de ella, se preguntó, pero desechó la idea por absurda, cayendo en cuenta de que ambos iban a la universidad, cosa que luego aclararon para la tranquilidad de Terry, pues Albert notó lo serio que se puso, lo contrario de él que no le dio importancia a que Terry conociera a Annie, no le dio importancia porque vio que Annie lo conocía tanto a él como a su mujer, entonces nada raro pasaría por su mente, serían amigos, pensó. El ambiente no era incómodo a pesar de las grandes casualidades, había que reconocer que eran personas maduras y que lo que pasó pasó, además Albert y Annie eran sólo amigos todavía y no eran dos adolescentes, cada uno era conciente de que tenían su pasado y sus propias experiencias.
-Bueno, ya que al parecer todos nos conocemos, sólo me queda decirte, Candy, que él es el nuevo administrador gerencial de la empresa.
Anunció Terry para gran alegría de Candy, que le daba gusto tener cerca a una persona tan maravillosa como él, pero no lo expresó abiertamente para no despertar malos entendidos en Terry y sobre todo, no hacer pensar mal a Annie, a quien nunca pudo odiar y que a pesar de todo le sonreía sincera. Richard, Stella y Louise se encontraban en otro grupo con los ejecutivos más viejos o con amistades de antaño. Se formó un grupo muy ameno en la mesa de Candy y Terry, pues estaba compuesta por Eliza y Stear y Albert con Annie. Se hablaba de todo un poco y todo eran puras risas y chistes. Candy nunca se la había pasado tan bien, pues a pesar de que se notaban que eran peronas que no venían de barrio precisamente, no eran pretensiosos ni hipócritas. Terry de vez en cuando se ponía un poco serio pues Candy con su sexy vestido despertaba muchas miradas masculinas y algunos no sabían disimular, mientras que otros murmuraban lo jóven que era. También miraban a Annie que con su traje plateado y ceñido hasta los muslos con un pronunciado escote se veía bellísima, especialmente con su estilizado peinado y sus preciosos ojos azúles que hacían que Albert también se le metiera la seriedad. Luego de que todos allí presentes se presentaran y conocieran un poco, bailaron, bebieron y comieron, la fiesta terminó a más de media noche. Terry decidió quedarse con Candy hasta el día siguiente en el apartamento que estaba cerca de la empresa para no someter a Candy que estaba tan cansada a otro viaje de más de dos horas.
-Terry... ¿no te da ese olor...? ¡Buah!
Candy sufrió un ataque de náuseas por un mal olor que los invadió tan pronto se abrió la puerta del ascensor que se detuvo en el piso de ellos.
-Será que alguien olvidó la basura.
-¡Terry!
Candy gritó horrorizada al encontrar frente a su puerta la cara podrida de un cerdo con un cuchillo atravezado y su nombre escrito en sangre en la puerta blanca.
Continuará...
Hola niñas lindas! Espero que les haya gustado este capítulo que por fin pude terminar. Aquí pudieron ver como se relacionan todos los personajes entre sí y vivimos diferentes emociones, espero de corazón que haya sido de su agrado, sino, me lo dejan saber. Sé que las dejé en suspenso y con una escena un poco macabra, pero... no todo es color de rosas, siempre hay envidia y maldad y Candy y Terry tendrán que superar varios obstáculos, lo mismo que los demás personajes... a ver a dónde nos lleva esta loca idea.
Espero sus reviews,
Wendy
Canción de Candy y Terry: "Lágrimas" José José
*Recuerden que había mencionado en el cap. 4 que Annie trabajaba para T-Mobile y que se ofreció para ayudar a Candy cuando Terry le destrozó el celular. Al Albert necesitar un celular... fue a parar a donde ella... cosas del destino...
