#25: Labios

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Tatareando la última canción que ha escuchado en la radio abre el armario. Nunca ha sido tan coqueta como Fleur y menos como su hermana Gabrielle, pero la verdad es que a veces le sobra la ropa. Saca un vestido tras otro y los deja encima de la cama aunque luego rebusque sus pantalones favoritos. No, la tía Ginny le ha dicho que se ponga vestido y resopla al acordarse y vuelve a guardar los pantalones tatareando de nuevo.

Después de probar, descartar y dar gritos de histeria, escoge el vestido blanco que compró la semana pasada cuando salió con Ted y Lily de tiendas. Te hace buen culo, le dijo Teddy y a pesar de que el comentario le irritó, se lo llevó. Unas sandalias marrones y un pelo recogido con los rizos cayendo hacen el total del conjunto. Nada de pendientes, pulseras o collares. Nunca han ido con ella. Cuando la voz de su madre llega a la habitación, sonríe al espejo y baja las escaleras.

- Rose, ¿estás segura de que no va a aparecer el Scorpius ese?

No contesta, sólo se ríe de su padre mientras baja los escalones. Cuando llega abajo se mira de nuevo en el espejo.

- A lo más que llego con Malfoy es a prestarnos una pluma.

Media hora después, los cuatro Weasley llegan a la Madriguera. Entre besos y saludos, se van formando los grupos de siempre. Abuelos, hijos y nietos.

- Felicidades cumpleañera – Le dice Ted mientras busca el modo de abrazarla sin despeinarla -.

- ¿Castaño? ¡Ted! ¿Desde cuándo te gusta el pelo castaño?

- Desde que pega con tu pelirrojo. Es mi regalo por hacerte mayor de edad.

- ¿Sólo eso? – Pregunta Rose intentando poner cara de pena – Pues vaya

- Resulta que – y baja la voz hasta que sólo le puede escuchar Rose – todavía hay cosas que por muy mayor que seas no puedes tener.

Y antes de que pueda contestar, le da un beso en la mejilla y vuelve a felicitarla, dejando que el resto de familiares hagan lo mismo.

Durante la cena, Victoire y Lily cuchichean en voz baja, seguramente del último novio de la mayor, pues desde que Teddy y ella lo dejaron, parece que la chica arrasa; Albus, James y Hugo parecen planear algo no muy bueno; los mayores cuentan anécdotas de cuando Rose iba en pañales y los únicos dos absortos parecen ser Ted y la cumpleañera, que se miran con cara de complicidad.

A la pelirroja le gusta ver la sonrisa que pone Ted cuando los mayores se ríen y como se despeina el pelo cada vez que se aburre. Le encanta el collar de conchas que lleva desde la última vez que fue a la playa y como sus ojos quedan terriblemente bien con ese color castaño que lleva esa noche. Y los labios, ¿desde cuando Ted tiene unos labios tan apetecibles? Seguramente desde siempre, pero es ese maldito comentario de antes que impulsa a Rose a mirarle así.

Los ruidos del patio llegan hasta la vieja habitación de su padre. Todavía están los pósters de los Chudley Cannons en la pared, junto a algunas fotos con su madre y Harry en su época de estudiantes. Se sienta en la cama perfectamente hecha, permitiéndose dejar algunas arrugas y mira por la ventana, aunque sólo alcanza a ver algunas cuantas estrellas.

- ¿Ésta es la habitación de Ron? – Pregunta Ted a la vez que entra -.

- Ésta es.

Y mientras Ted mira la habitación, Rose vuelve a mirarle a él. Lleva esos vaqueros que tanto le gustan a ella y que tan bien le quedan a él. Y una camiseta negra que, maldita sea, se ajusta lo necesario como para dejar ver un cuerpo como Merlín manda.

- ¿En serio tu padre tenía esta cara?

- Un respeto, que en algo me tendré que parecer a él

- Sí, en el color de pelo – Y con su sonrisa de siempre, añade -, en el blanco de los ojos y en que los dos sois igual de patosos. La belleza te la has formado tú solita.

Rose movió la cabeza de un lado a otro, como hacía cada vez que oía comentarios de ese tipo. Se tumbó en la cama y se quedó mirando el techo amarillo.

- Y dime… ¿qué es lo que todavía no puedo tener?

- Pues… Para empezar, un hombre como yo.

La chica abrió los ojos tanto que le dolieron, y después, se atragantó de la risa. Se sentó de nuevo sobre el colchón y miró a Ted.

- Mira, aquí sale muy bien Hermione… - Comentó Ted, hasta que se dio la vuelta y miró a Rose - ¿¡Qué!?

- ¿Cómo que un hombre como tú? Puedo tener a quien quiera, cuando quiera y seguramente mejor que tú

- Por favor, si en Hogwarts las chicas me aplastaban, y seguramente también algunos chicos ahora que lo pienso. Recuerdo una vez en la que una Ravenclaw me encerró en un baño y empezó a manosearme…

- ¡Ted!

- Es verdad, todas se morían por besar mis labios. Ni siquiera tu prima Victoire las espantaba. Seguro que nunca has besado a un tío como yo.

- Ni quiero hacerlo.

Los dos se quedaron en silencio, cotilleando la habitación. Rose podía notar la mirada de Ted clavada en su nuca y las ganas que éste tenía de reírse. Pero sólo se oían los gritos del patio y daba la impresión de que quedaba poco whisky de fuego. El armario de Ron estaba lleno de trastos y rebuscando entre ellos había unos cuantos calzoncillos viejos.

Rose se dio la vuelta para enseñarle las cosas del armario a Ted, pero sólo vio esos labios acercándose y luego notó una mano en el cuello. Después, la sonrisa de siempre. Y sin saber por qué, Rose le da respuesta a esos labios, fríos, al contrario de cómo se los imaginaba y piensa que quizá sí quiere a un hombre como él.

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Flojo, vale, lo sé. No he conseguido expresar lo que quería, peeero tenía la necesidad de escribir y últimamente sólo consigo hacerlo en viñetas :S Creo que intentaré actualizar algo más.

Y bueno, todas las gracias del mundo y más a Elena (por rencor, no pongo tus numeritos BROMAA -no, en serio, no los pongo xD-)

Swanny