Espacio del autor

¡Hola nuevamente! Gracias por haber llegado hasta aquí. No pude quedarme más tiempo sin publicar, realmente quiero compartir este fanfiction con ustedes. Ojalá les guste este capítulo, a mí me ha gustado bastante, tiene de todo.

Dejen su review por favor.

Sigan leyendo por favor, ¡nos vemos al final en el espacio del autor!


[Uno de los vehículos particulares de la familia Haninozuka]

Haninozuka Mitsukuni, mejor conocido como Honey, estaba sentado frente a su amiga Kanagaki Naoko. El chico aún traía puesto las prendas que acostumbraba utilizar para entrenar, pero en cuanto recibió la llamada de la joven dejó sus ocupaciones para ir a buscarla. La había encontrado fácilmente, ya que se encontraba no muy lejos del domicilio de los Hitachiin. Lo que no le gustó es que la encontró llorando, pero prefirió guardar silencio para dejar que se calmara.

–Naoko... ¿te sientes mejor? – Le dijo después de un rato. En verdad se sentía preocupado.

Ésta última suspiró aún de forma entrecortada y asintió. Sus manos se cerraban sobre sus piernas con fuerza, intentando tranquilizarse a pesar del dolor que sentía por dentro.

–Sabes, Mitsukuni... gracias. Sé que estás ocupado, ni siquiera te cambiaste. – Dijo la chica con una pequeña risa. –Lo sien...

En ese mismo momento el rubio la abrazó fuertemente, interrumpiendo a Naoko quien no pudo decir más. Al sentir el abrazo de Mitsukuni la chica lo abrazó de igual manera dejando que sus lágrimas salieran, ambos en silencio. Para él era muy doloroso tener que verla llorar por alguien que no fuese él, era aún más complicado de lo que pudiera imaginar. Sintió que una sonrisa irónica y melancólica se formaba sobre sus labios.

–Si hay algo de lo que quieras hablarme, en cualquier momento...en donde estés...sabes que nada de eso va a importar, estaré ahí. – Murmuró pacíficamente mientras seguía abrazando a Naoko, quien seguía llorando. Mitsukuni esperó otro rato hasta que ella misma se apartó y limpió sus lágrimas cuando el auto ya casi estaba llegando a sus casas.

–Gracias, Mitsukuni. Bueno...será mejor que me vaya. Hasta luego... – Se despidió Naoko con una sonrisa mientras se bajaba del auto y volvía a su casa.

[Residencia Hitachiin]

Hitachiin Hikaru seguía mirando el lugar por el que Naoko había desaparecido hacía ya un largo rato, posiblemente una media hora. El hecho de haberla visto llorar nuevamente traía recuerdos a su memoria, aunque en esta ocasión no veía un motivo para hacerlo. Durante ese tiempo estuvo reflexionando si alguna conducta suya podría haber sido la causa, y cuando vino a su mente el incidente del estudio se sintió avergonzado y decidió preguntarle a su hermano lo que había ocurrido en su ausencia.

Se asomó al comedor, en el que Kaoru seguía comiendo como si la visita de Naoko hubiera sido sólo una mentira, aunque el tercer plato abandonado era prueba de lo contrario. Acarició su nuca nerviosamente mientras carraspeaba, haciendo que su hermano se volteara hacia él. Era tan obvio que ya sabía que se encontraba ahí.

–Kaoru... ¿pasó algo? Cuando volvía del baño me encontré con Naoko... ¿te dijo algo? – Preguntó algo ansioso el joven.

–Tal vez algo escapó de mi boca, Hikaru, no estoy del todo seguro. – Dijo mientras terminaba sus alimentos.

–No le contaste cómo me puse por haberla visto, ¿cierto? – Añadió con voz amenazante.

El menor de los gemelos rió estruendosamente, aunque se detuvo de forma brusca y sonrió.

–Claro que no, al contrario creo que lo que le dije la conmovió demasiado. – Mintió Kaoru sonriendo hacia su hermano.

Sus palabras reconfortaron a Hikaru, por lo que se sentó nuevamente en la mesa y terminó de comer. Siguieron haciendo algunas bromas y charlando como lo hacían todo el tiempo.

Hikaru, para mí eres la persona más preciada. No quiero que eso cambie nunca, y no quiero que alguien más se quede con estos momentos. Lo siento, Hikaru... tal vez me he vuelto más egoísta de lo que pensé.

[Día siguiente. Instituto Ouran, salón de clases 2-A]

Haruhi llegó al salón de clases como siempre acostumbraba, saludando a todos. Notó que ni los gemelos ni Naoko estaban presentes, así que se dirigió a su lugar y se sentó esperando a que alguno de sus amigos llegara. Volteó a ambos lados esperando que nadie la viera y de su mochila sacó un onigiri que había comprado en la tienda de conveniencia, y cuando estuvo a punto de morderlo un ruido hizo que se sobresaltara.

Los gemelos habían llegado más temprano de lo usual, y ambos se acercaron a Haruhi luego de dejar sus mochilas en sus respectivos escritorios. Ambos observaron lo que sostenía entre sus manos, y sin siquiera pedirle permiso se lo arrebataron y empezaron a comérselo.

–¿Qué hacen ustedes dos! –Dijo molesta la joven. Se sintió miserable, era lo único que traía para almorzar, las finanzas no andaban muy bien que digamos. Recargó su cabeza en su mochila y prefirió no luchar una batalla que ya estaba perdida. Recordó que tenía algo que decirle a los gemelos. – Por cierto, Kyouya-sempai dijo que no podían seguir faltando así al Host Club, y que esperaba que el incidente no se repitiera...

El simple hecho de imaginar al joven Ootori hizo que ambos chicos se estremecieran. Preferían ser abandonados en una isla desierta antes de ser martirizados por el Rey de las Sombras.

– Lo olvidaba, ¿todo bien ayer con Kanagaki-san? – Preguntó en tono amable.

Los Hitachiin alzaron los hombros al mismo tiempo y empezaron a hablar con la misma sincronía. – Claro que todo salió bien, ¿qué podría haber salido mal? Todo salió a la perfe...

Una lúgubre risa interrumpió el díalogo. Los tres Host se voltearon hacia la puerta y vieron que Naoko estaba en la puerta, con su mirada fija en sus pies aunque con esa espeluznante risa saliendo de sus labios. Rápidamente se compuso y su rostro era muy diferente al que habían visto en primera instancia: ahora su aspecto era arrogante. Caminó de forma elegante por el salón y se sentó al lado de Haruhi, ignorando por completo a Hikaru y a Kaoru.

–Buenos días, Fujioka-kun. – Dijo con una sonrisa que les recordó a su superior Kyouya. – Tengo una maravillosa noticia, por fin entendí los ejercicios de matemáticas, inclusive me atrevería a decir que nadie los entiende tan bien como ahora lo hago. – Añadió con altivez.

– ¿Ah, si? Kanagaki-san, eso me da mucho gusto. – Contestó Haruhi, un poco desconcertada por su forma de actuar.

– ¿Kanagaki entiende de matemáticas? – Comentó Kaoru con intenciones de molestarla, cosa a la que su hermano hizo segunda.

–Kaoru, creo que es una señal de que el mundo está llegando a su fin... –

Los dos esperaban una réplica, algún golpe o muestra de enojo por parte de la chica, pero ésta simplemente los ignoró y siguió su conversación con Haruhi.

– Fujioka-kun, escuché que el centro comercial abrirá una nueva tienda este fin de semana, ¿quisieras ir conmigo? – Propuso esta vez de forma un poco más amable.

Haruhi lo pensó un momento. La verdad siempre que intentaba hacer algo por su cuenta el Host Club terminaba siguiéndola y arruinando su día, y seguramente esta no sería la excepción. Miró a su amiga y no pudo negarse.

– Kanagaki, ¿estás ignorándonos? – Preguntó Hikaru sintiéndose un poco molesto. No le agradaba nada ser excluido de esa forma.

Su hermano menor lo observó del rabillo del ojo. Era obvio que le afectaba no ser tomado en cuenta para los planes de la joven, pero lo era aún más su preocupación por ser ignorado. Al parecer lo que había dicho el día anterior estaba empezando a funcionar. Internamente se alegró, aunque una parte de él se sentía culpable.

Por su parte Naoko seguía charlando con una cada vez más incómoda Haruhi, quien notaba el esfuerzo que estaba haciendo el pelirrojo por dejar de ser vetado por su amiga, la cual simplemente sonreía sin mirarlo y continuaba hablando.

– ¡Bien, haz lo que quieras! No sé por qué haces esto, como si tuvieras alguna razón para no hablarnos. – Espetó Hikaru mientras volvía a su lugar y se sentaba ruidosamente.

No tengo razón para estar molesta... ¿Eso crees, Hikaru?

Haruhi y Kaoru escucharon que algo se quebraba. Ambos miraron en dirección hacia Naoko, y comprobaron que el ruido efectivamente venía de su lugar. En sus manos sostenía un lapicero, que ahora estaba a la mitad debido a la fuerza con el que lo había tomado. Sin embargo, su rostro se veía tranquilo, cosa que hizo que Haruhi se preocupara realmente.

–¡Kanagaki-san, mira tus manos! – Se alarmó Haruhi. Tenía razón, las manos de Naoko se veían muy enrojecidas, era difícil no haberse lastimado al romper un lápiz mecánico. Le propuso llevarla a la enfermería pero se negó rotundamente.

Hikaru también estaba algo molesto ahora. No comprendía nada. El día anterior se había marchado sin decir nada, y además llorando. Ahora los ignoraba, lo ignoraba. Intentó repasar en su mente lo que había ocurrido, pero lo único que se le venía a la mente era su incursión al estudio de su madre cuando ella estaba en ropa interior. Sólo ese pensamiento bastó para que empezara a sudar, pero su orgullo era más fuerte que el rosa.

En algunos momentos de las horas siguientes Hikaru miraba de reojo a Naoko, sus manos aún se veían bastante coloridas aunque nunca escuchó ningún sonido de protesta. Inclusive intentó mandarle varios recados a través de pequeños trozos de hojas para preguntarle si le sucedía algo, pero lo único que hacía era leerlos para después guardarlos en su mochila sin contestarlos.

Me pregunto qué le sucede...tal vez tenga algún problema en su casa, pensó el pelirrojo.

Ese día tenían varias horas libres, y en cuanto su última clase hubo finalizado, la chica salió del salón tomando sus pertenencias. Haruhi tuvo un presentimiento al ver a su amiga salir del lugar, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por los gemelos.

–Haruhi, ¿sigues sin querer participar en el evento de Día de Brujas? – Le preguntaron al mismo tiempo.

–Sí, sigo sin querer. Aunque conociendo a Kyouya-sempai me obligarán a hacerlo de todas formas... Hoy tendré que preguntárselo.

Interiormente Haruhi sabía que tendría que participar de lleno. No sería la primera ni la última vez que es obligada a participar en eventos que no le interesan, todo fuera por disminuir su deuda. Los Hitachiin tomaron a Haruhi de los brazos y la arrastraron con ellos hacia la Sala de Música.

Cuando abrieron las puertas del lugar, un agradable aroma a rosas se desprendía del aire, era como si miles de pétalos destilaran su olor. Quien no se hizo esperar fue Tamaki, el cual abrazó a Haruhi con una fuerza poco racional.

–¡Haruhi! ¿Es cierto que no quieres participar con nosotros en lo del Día de Brujas? – Dijo con unas lágrimas en sus ojos azules.

La chica se sintió un tanto culpable, e intentó explicar la situación de forma amigable para no herir sus sentimientos, pero lo único que logró fue hacer que el joven principesco hiciera una típica escena de drama. Eso la hizo enfadar un poco, siempre tomaba todo de la manera más absurda y exagerada posible, pero era imposible no soltarse riendo con sus ademanes. Eso era algo que realmente le gustaba de Tamaki.

Escuchó que varias personas empezaban a discutir, cosa que la distrajo un momento. Si bien tanto los gemelos como ella misma habían hecho hasta lo imposible para que Naoko fuera al Host Club, nunca la habían convencido, pero en ese mismo instante estaba viéndola frente a sus ojos. Se encontraba sentada junto a Honey y Takashi, y parecía que Hikaru era quien estaba armando un escándalo al respecto.

–¡Ahora vienes como si nada luego de que te estuvimos rogando que vinieras! – Decía en voz alta Hikaru mientras se notaba algo agitado. Su hermano Kaoru intentaba tranquilizarlo, pero parecía que eso era imposible.

–¿Ah, si? Que yo recuerde no era lo suficientemente indicada para venir con ustedes. Además, estoy en mi derecho de venir cuando se me dé la gana, y de pasar mi tiempo con quien yo desee, Hitachiin Hikaru. – Contestó fríamente la chica mientras tomaba pequeños sorbos de té.

Honey estaba demasiado entretenido comiendo todo lo que estaba a su disposición como para poder participar en la charla, pero no por ello perdía detalle. Para él, lo que estaba pasando era como si estuviera comiendo un pastel que se regenera por sí mismo. Mori estaba alerta por si algo desagradable se presentaba, pero nunca fue costumbre suya meterse en los asuntos ajenos.

– También estás molesta por otra cosa, ¿no? Todo el día nos has estado ignorando a Kaoru y a mí. ¿Qué pretendes dejándonos de hablar, que también tengamos que disculparnos por algo que ni siquiera hemos hecho? ¿Qué es lo que tanto te molesta? ¡Anda, dilo! – Vociferó el pelirrojo, totalmente fuera de sí.

Naoko dejó su taza sobe la mesa y lo examinó. El respirar de Hikaru se había convertido en un jadeo, y apretaba violentamente sus nudillos. Eso la hizo sonreír cínicamente, le faltaba poco para descargar su enojo. La expresión de la joven fue atisbada por los demás, Takashi y Honey sabían que lo que diría a continuación seguramente resultaría hiriente para alguien, pero los gemelos, Haruhi, Tamaki e inclusive Kyouya, quien se había mantenido apartado del resto, no tenían la mínima noción de lo que estaba aconteciendo.

– Será mejor que no te inmiscuyas en mis asuntos, Hitachiin. Tú yo somos meramente compañeros de clase, espero no lo olvides. Además la compañía de Mitsukuni y Mori seguramente es más agradable que la de un par de gemelos caprichosos e infantiles. – Finalizó con desdén, sin siquiera levantar su mirada hacia Hikaru.

El muchacho sintió una punzada en su interior, las palabras de Naoko le parecían crueles, como si varios cuchillos estuvieran lastimándolo a la vez.

Entonces así es, sólo somos compañeros de clase, pero claro. Pensó Hikaru con una sonrisa.

–Tienes razón, Kanagaki. Por un momento perdí la compostura, en verdad no me interesa lo que haces. De hecho ni siquiera tú me interesas, así que si no le molesta a nadie iré a esperar a mis clientas a otro lado, ¿vienes, Kaoru? – Cuestionó a su hermano menor.

Era imposible pedir más. La tensión que se había formado entre Naoko y Hikaru era algo que Kaoru ni siquiera había pensado pasaría tan rápido. Después de todo eran lo suficientemente influenciables como para caer en una mentira tan sosa. Honey tampoco estaba disgustado, ahora empezaba a entender un poco lo que había entre manos y pensó que no aprovechar la situación sería un desperdicio.

Así pues, los hermanos fueron hacia sus respectivos sillones que les eran designados y esperaron unos momentos a que las puertas del Host se abrieran a las demás clientas. La espera, aunque de escasos minutos, pareció eterna para todos los presentes. Sólo se podía escuchar la cuchara de Honey golpear su plato cada vez que tomaba una nueva porción de sus pastelillos, algunas respiraciones cansadas y el constante tecleo de la computadora de Kyouya.

Todos se sobresaltaron cuando las puertas del Host Club se abrieron dando paso a pequeñas hordas de chicas impacientes por entrar. Tamaki corrió hacia las jóvenes, feliz de que el suplicio del silencio hubiera terminado, cosa que hizo que la Sala de Música se llenara de pequeños gritos de emoción y risillas agudas. Los grupos de estudiantes se fueron acomodando en los sillones dispuestos, para pasar tiempo con el Host de su elección.

Un grupo en especial se acercó hacia Honey y Mori. Las chicas acostumbraban pasar tiempo con los dos juntos, y cuando se sentaron junto a Naoko empezaron a hacerle preguntas que hubiera querido evitar.

–¿Tú eres Kanagaki-sempai de segundo grado cierto?

–¿Tú también crees que Honey-sempai es el más lindo?

–¡Pero Mori-sempai es más atractivo cuando lo carga!

–Honey-sempai, hoy te traje galletas que hornee yo misma.

La cabeza de Naoko empezaba a dar vueltas, todo eso era demasiado para ella. No quiso mirar a Mitsukuni o a Takashi, que aunque siempre habían sido así, nunca los había visto rodeados de una bandada de chicas gritando emocionadas por el comportamiento de cinco años del rubio y la cara hermética del castaño. Recordó la imitación que había hecho de ese tipo de personas, pero el contexto era algo diferente. Echó un vistazo a su alrededor y se levantó de su lugar caminando por la gran sala.

Empezó a inspeccionar el lugar, y se sintió en un planeta muy diferente al que se suponía estaba pisando. Todos los Host parecían salidos de una dimensión paralela, sonreían y hacían comentarios coquetos hacia sus clientas, quienes se desmayaban o se sonrojaban todo el tiempo. Inclusive Haruhi, quien en realidad era una chica, tenía su séquito de admiradoras. No le sorprendía, ya que era una persona muy amable, sea chica o sea Host.

–¡Fujioka-sama, por favor dinos cuál es tu secreto para tener unas pestañas tan largas! – Decía una de las chicas con ahínco, mirando a Haruhi como si fuera su ídolo.

Ese comentario hizo que la Host se sintiera un poco incómoda, pero sonrió galantemente y dio un consejo que hizo que su amiga Naoko tuviera que aguantar la risa.

–Simplemente intento tomar mucha agua y dormir a las horas adecuadas. Pero ustedes son mucho más hermosas de lo que son mis pestañas. – Respondió con una sonrisa sincera y radiante.

Esa respuesta es incoherente y tonta, pensó Naoko. Haruhi se las arreglaba bastante bien al charlar con las chicas, lo cual no era de admirarse, sin embargo sentía pena por ella al tener que pasar tanto tiempo rodeada de seres extraños y que fingen ser perfectos. Lo más cercano a lo que eran los integrantes del Host Club eran los videojuegos para chicas.

Del otro lado de la habitación se encontraba una puerta oscura rodeada por una aura maligna, frente a la cual habían colocado un dispositivo de seguridad para que nadie pudiera acceder a ella. Leyendo el letrero claramente decía "Club de Magia Oscura", lo que le pareció ridículo. Tal vez para el Día de Brujas no estaría tan mal, pero no podía imaginar qué tipo de estudiantes figuraban dentro de ese cuarto siniestro.

No muy lejos de ahí estaban los gemelos Hitachiin, con cuatro jovencitas que los veían embelesadas con el espectáculo que estaban ofreciendo: el amor prohibido entre hermanos. Hikaru sostenía la barbilla de Kaoru entre sus manos, y le murmuraba cosas al oído lo suficientemente audible para que sus clientas se desvanecieran de gusto.

Se ve igual de repugnante que esa puerta… pensó sintiendo un poco de disgusto. Más que sentirse inconforme con su forma de ser, sintió molestia al ver cómo se comportaban con las jóvenes, durante un par de segundos tuvo deseos de sacarlas a patadas del lugar, pero sacó esos pensamientos de su cabeza y siguió observando.

–Kaoru... estoy impaciente por llegar a la casa y empezar a jugar al doctor contigo... – Susurraba Hikaru de la forma más provocativa posible. – Sabes lo mucho que me gusta verte sin ropa…

–Pero Hikaru... creí que hoy tomarías un baño conmigo, pasamos tan buenos momentos cuando estamos bajo el agua... – Respondía inocentemente su hermano gemelo mientras se sonrojaba intentando desviar la mirada de su hermano.

El mayor de los gemelos era el que dominaba en su papel como Host, siempre se encargaba de someter a su hermano a su voluntad, aunque Kaoru siempre terminaba cediendo a sus insinuaciones frente a las chicas. Naoko observó todo de lejos, y evitó soltar una sonora carcajada dándoles la espalda, pero después de algunos minutos en los que seguían susurrándose palabras de amor, rió fuertemente mientras se apoyaba en una pared.

Entonces ese es su principal atractivo como Host, su relación incestuosa...

Unas lágrimas salieron de sus ojos y su estómago empezaba a dolerle, le resultaba imposible creer que había alguien en el mundo que sintiera atracción por eso. Las clientas de los Hitachiin empezaron a protestar molestas por la risa de Naoko.

–¿Qué cree que hace?

–¡Es grosero que se ría así de algo tan hermoso! Tan puro…

–¡Hitachiin-sama y Hitachiin-sama están destinados a estar juntos por siempre!

Ese comentario la hizo reír especialmente fuerte. En verdad los veían como unos dioses, le sorprendía saber que no veían los incontables defectos que ese par poseía. No contentas con eso, ahora inclusive las clientas de los demás Host empezaban a quejarse.

–¿Qué le sucede!

–¿Quién se cree que es?

La muchacha dejó de reír y acarició su estómago recobrando el aliento. Al observar a las chicas furiosas que la observaban se sintió un poco culpable por interrumpir su momento más esperado del día, pero la expresión avergonzada de Hikaru hacía que el dolor hubiera valido la pena. Kaoru simplemente observaba de manera descontenta a la joven, no le agradaba saber que su acto entre hermanos lo único que le producía era risa.

–Lo siento, no quería hacer eso. Por favor continúen, yo me retiraré por hoy, creo que este lugar afecta el sentido común de las personas. – Se excusó Naoko, haciendo una breve reverencia en señal de disculpa y se acercó hacia sus cosas tomándolas.

Era complicado saber si los murmullos de las clientas eran de descontento o de agrado por la partida de la compañera de clase de Haruhi Fujioka y los gemelos Hitachiin, pero Tamaki y Kyouya intercambiaron una mirada, ambos habían notado algo extraño en el panorama. La chica salió del lugar no sin antes despedirse de los miembros del Host Club, a excepción de los hermanos Hitachiin.

A medio camino se detuvo y recordó que había ido al Host Club para poder charlar con sus amigos de la infancia, aunque debido al explosivo temperamento de Hikaru las cosas habían salido de otra forma. No quiso volver, ya que eso sería retractarse, por lo que optó por dirigirse a la biblioteca.

En su camino se cruzó con el equipo deportivo de la escuela, y escuchó una serie de murmullos apremiantes hacia el capitán del equipo. Naoko siguió de largo, pero una mano tocó su hombro y se volteó para ver de quién se trataba.

–¿Se te ofrece algo? – Preguntó la joven sin titubear. El equipo de football americano era conocido por sus bromas pesadas hacia los estudiantes.

–Kanagaki-san… ¿Estás molesta por lo que escribí? – Dijo Takeshi Kuze, quién para sorpresa de la muchacha olía fuertemente a naranjas. Sabía que era un aficionado a esa fruta, pero no creyó que fuera cierto, no hasta ese momento.

–¿De qué hablas, Takeshi-san?

¡Ni siquiera me considera su superior! ¡Sabía que había sido una mala idea lo de la carta! ¡La próxima vez que vea a Togoin juro que romperé su nariz en cuatro! Si no se lo digo ahora el plan podría fracasar… Por otro lado, podría delatarnos y eso significaría una victoria para el imbécil de Ootori.

–Yo… ¿no leíste mi carta? – Tartamudeó el joven con una expresión depresiva.

Naoko empezó a atar los cabos sueltos, y recordó que Hikaru había tomado un sobre de su libreta. Había olvidado por completo ese detalle, inclusive él no había mencionado nada al respecto. No la había molestado ni había dicho nada de su contenido, lo cual significaba seguramente que también la había olvidado.

–Carta…veamos, no. – Se disculpó Naoko intentando parecer amable.

–¡Estuvo esperando todo el día en el gimnasio hasta que cerraron la escuela! – Gritó el vicepresidente del equipo tras Kuze.

–¡Te mataré! – Vociferó el capitán mientras se dirigía a su compañero, pero Naoko lo retuvo.

–Espera, ¿estás diciendo que en esa carta me ponías una hora y un lugar para verte?

–¡Esto ya no importa! Estuve esperando… pero seguramente sólo arrojaste mi carta a la basura.

Se sintió culpable, no era culpa del chico que nunca hubiera leído su contenido. Pensó en algo para hacerlo sentir mejor, seguramente quería preguntarle algo acerca de los preparativos para el último día de octubre, pero todo el salón había acordado mantener el principal atractivo en secreto, especialmente de otros grados y, según órdenes de Naoko, de los Hitachiin.

–Bueno, lo que tengas que decirme házlo ahora, creo que tengo algo de tiempo. – Respondió tranquilamente, alzando los hombros.

Takeshi Kuze se quedó pensativo un momento y su rostro fue cambiando de expresiones constantemente. Cuando a veces parecía animado al instante se convertía en un rostro de preocupación, enseguida tomaba un tono rojo pero luego se volvía pálido como la cera. Recibió una naranja en la cabeza, cortesía de otro de sus jugadores, y eso lo hizo reaccionar, aunque no de la mejor manera.

–¡Dejen de avergonzarme, sólo la quería invitar a charlar! – Les gritó a sus compañeros.

–Oh…– Naoko se sintió apenada por el chico, seguramente había sido una confesión poco común, pero ni siquiera sentía interés por él, así que intentó ser lo más suave posible. – Takeshi-san… yo… ya tengo otros planes, de momento no estoy interesada en una relación. Además, odio el football americano.

El aludido rio. –¡No hablo de ese tipo de cosas! Yo tengo muchos planes también, Kanagaki-san. Una de esas es hundir al Host Club. He escuchado de primera mano que siempre tienes conflictos con esos gemelos Hitachiin, ¿es eso cierto?

–Bueno…tal vez. – Dijo intentando no parecer interesada. No le gustaba que toda la escuela se enterara de sus problemas, mucho menos relacionados con esos dos. – Entonces sé claro, por favor.

–Tengo un plan, para el Día de Brujas. He planeado todo con mi equipo pero necesitamos de tu ayuda. Si estás interesada contáctame, seguro sabrás donde encontrarme. – Dijo de forma misteriosa, para después dar media vuelta y alejarse con su grupo de amigos.

¿Qué es lo que le sucede a ese tipo? Hundir al Host Club, realmente debe tener traumas para llegar al extremo de gastar su tiempo en esos tontos… Pensó Naoko mientras volvía a sentir lástima por el equipo de football y volvía a tomar su camino hacia la biblioteca.

[Tiempo más tarde, en la Sala de Música]

Había sido un día agotador tanto física como emocionalmente para todos los miembros del Club, y todos se encontraban tomando una taza de ese café instantáneo al que se habían vuelto adictos. Haruhi estaba recogiendo algunas cosas, como parte de su pago tenía que hacer las tareas sucias como limpiar. Cuando estaba recogiendo la vajilla de porcelana que estaba en una de las mesas de té, chocó con una de las manos de Tamaki.

Ambos no pudieron evitar sonrojarse, y rápidamente el rubio intentó poner un tema de conversación.

–Haruhi, Naoko-chan parece ser una persona muy... alegre. – Comentó sonriendo algo nervioso.

–S-sí. Aunque a veces puede ser algo...efusiva. – Rió suavemente Haruhi.

La tensión era evidente, y cuando lo tenía tan cerca la chica sentía que su corazón terminaría saliendo por su boca y terminaría en la cara de Tamaki. Eso sería asqueroso, claro, pero era complicado tener que pensar en si eso era bueno o no. Los gemelos se acercaron rápidamente a la pareja y empezaron a molestar al muchacho fingiendo haber secuestrado a su oso de peluche Kuma-chan. Inmediatamente empezó a llorar intentando recuperarlo, y estuvo forcejeando durante algunos minutos con los gemelos hasta que lo pudo atrapar.

Lo abrazó fuertemente y empezó a girar alegremente con el oso entre sus manos, perdido en una dimensión paralela en la que todo está cubierto de flores y el sol brilla con intensidad. Entonces al mismo tiempo que el líder del Host Club se regocijaba al lado de su Kuma-chan, empezaron todos a despedirse y a tomar el camino hacia sus diferentes destinos. Kyouya se apresuró en irse, ya que tenía que hacer ciertos pedidos para la actividad del Host en el día de Brujas. Por otro lado los gemelos se aprestaban a irse, siendo seguidos por Morinozuka y Honey. Tamaki veía por la ventana lo que parecía ser un bonito atardecer, al tiempo que Haruhi fingía entretenerse con una de las mesas observándolo de reojo, le gustaba verlo cuando nadie más se daba cuenta.

Cuando Kaoru abrió la puerta para poder salir, se encontró de frente con Naoko. Sintió rabia en pensar que seguramente se encontraba ahí por su hermano. El mayor de los dos tuvo un pensamiento similar, ya que se le acercó dispuesto a averiguar más acerca de su comportamiento, y estando a poca distancia suya se sorprendió al ver que la chica sonreía radiante. Ese simple gesto hizo que todo dentro de él sintiera un marcado cosquilleo, e hizo que él también correspondiera el gesto. Naoko aceró una de sus manos hacia el joven, y justo cuando Hikaru pensó que lo tomaría del brazo lo hizo a un lado empujándolo hacia su hermano y se abrió paso hacia los dos jóvenes que estaban tras él.

–¡Mitsukuni, Takashi, los estaba esperando! Estuve en la biblioteca el resto del tiempo. Lamento haber salido tan de repente, pero este lugar es demasiado…petulante y ostentoso. Bueno, no me sorprende viniendo de Tamaki-sempai, aunque en contraste hay algunos de ustedes que se ven demasiado promiscuos a comparación del resto. – Comentó con una voz dulce aunque mordaz jalando a Honey del brazo llevándolo hacia la salida empujando nuevamente a Hikaru.

El chico ahora tenía la sensación de haber sido empapado con agua helada, aunque si pudiera tomar su temperatura seguramente superaría los cuarenta grados. No le costó nada ser grosero hacia Naoko, estaba celoso. – Ten cuidado, Kaoru. Creo que no hay suficiente espacio para que pasen sin golpearnos. Tal vez ciertas personas deberían pensar en una dieta…

Su hermano gemelo rió con malicia. Está de vuelta, Hikaru está de vuelta, pensó. –Tienes razón Hikaru, tal vez aún no le ha quedado claro…

¿Aún? Se preguntó el otro con extrañeza. No recordaba haber dicho algo similar anteriormente, no que él supiera al menos. Intentó pensar en ello, pero Naoko ya se alejaba del lugar con sus dos amigos. Debido a eso no pudo ver su rostro, el cual reflejaba ira y tristeza a la vez. Para no sentirse tan culpable se dijo a sí mismo que ella se lo había buscado. Él no era el culpable de que ella le gustara, no había pedido eso y ni siquiera estaba preparado para eso.

Esto no pasó desapercibido para Mori, quien se preocupaba por la chica. A pesar de ser alguien que se caracterizaba por ser callado, había ciertas ocasiones en las que consideraba conveniente dar consejos. Prefirió sacar un tema de conversación amigable, y empezó a hablar acerca de las diferentes razas de perro. Naoko participaba animadamente en la charla, principalmente porque no sabía de qué raza era su cachorro. Mitsukuni miró hacia atrás mientras los otros dos enumeraban razas y vio que los gemelos caminaban no muy lejos de ellos. Aprovechó el momento y discretamente rodeó su cintura con uno de sus brazos.

Para Naoko esto no era incómodo, los tres acostumbraban caminar de esa manera cuando eran niños y jugaban a contar las losas del pavimento. Además, nunca había tenido la oportunidad de tener una cita, por lo que no sabía que ese tipo de cosas entre dos personas significaba algo muy distinto a la amistad. Los Hitachiin habían presenciado todo, y Kaoru lograba distinguir el enojo de su hermano, inclusive podía sentir parte de él. Tal vez todo eso se debía a su conexión como gemelos, pero aunque sabía que lo que hacía era egoísta, no podía dar marcha atrás. Temeroso de lo que pudiera suceder, jugó otra de sus cartas. Esta vez recurriría a cierta información que le había proporcionado Kyouya.

–Hikaru, creo que es evidente que tus sentimientos no son correspondidos. Sabes, escuché una historia por parte de Kyouya-sempai. Siempre investiga a todas las personas que nos frecuentan, e indagó que en el pasado Naoko se había confesado a Honey-sempai, pero éste la rechazó. Parece ser que el tiempo no ha hecho que deje de sentir algo por él, aunque por lo que veo tienen algo…especial ahora. Tal vez Honey-sempai…

–No necesitabas decírmelo, Kaoru. Desde hace rato me quedó muy claro que mis sentimientos no sirven para nada. Pero es mejor de esa forma, aprendí que la única persona que nunca me va a lastimar eres tú, Kaoru. – Dijo riendo suavemente. –No es como si hubiera sido algo serio, de todas formas.

Era complicado saber si Kaoru se sentía feliz por las palabras de su hermano o lo hacían sentir miserable. Sabía que Hikaru se sentía muy herido, pero era la única forma para él de no quedarse solo. Las relaciones siempre estaban plagadas de sufrimiento, prefería que no tuviera que pasar por algo similar, o peor. Cuanto más aman las personas más sufren, y eso era una cosa que no deseaba que Hikaru viviera.

[Dojo Morinozuka]

Takashi había insistido para invitar a sus amigos a la casa. Con un poco de ayuda podría hacer que Mitsukuni se distrajera con algunas golosinas y así aprovecharía para hablar con Naoko aunque fuera un momento. Para eso tuvo que llenar una habitación lejos de su habitación de los dulces favoritos del rubio. Era algo a lo que el chico no podía resistirse, por lo que fue sólo cuestión de segundos para perderlo completamente de vista.

–Taka-chi. – Bromeó la joven. – Es obvio que buscaste la forma de alejar al Chico Azúcar por un momento, ¿quieres hablar?

Mori asintió. Había tenido suficiente tiempo para pensar en sus palabras, así que no dudó. –Mitsukuni me contó que estabas llorando…

–Oh, eso… no era nada importante, Takashi. Es más, creo que ya lo he superado.

–¿Tiene que ver con Hikaru? – Preguntó de forma directa el muchacho.

Naoko sonrió y se quedó callada. Los segundos pasaron y su sonrisa empezaba a descomponerse, sus labios temblando y sus manos cerrando fuertemente la taza de té. La simple mención de Hikaru traía recuerdos dolorosos a los que se añadían más con lo acontecido ese día. Sus lágrimas empezaron a brotar pero no dejó que saliera, limpiándolas con la manga de su uniforme.

–Hikaru…Hikaru cree que soy poco atractiva, Takashi. No soy su tipo, no…lo soy. – Sollozaba entrecortadamente mientras su cabello caía sobre su rostro ocultándolo.

El muchacho no toleraba ver a una mujer llorar, así que procuró ser lo más suave posible, aunque intentando obtener una respuesta clara que le ayudara a entender mejor la situación.

–¿Él te lo dijo?

–No, Kaoru me lo contó cuando fui a su casa… Pensó que de esa forma me enojaría y me divertiría golpeándolo… pero no sé por qué lo único que siento es que duele, Takashi…

El castaño suspiró. Si Hikaru no se lo había dicho directamente era difícil saber si lo que su hermano menor le contó a la chica era cierto o no. Pensó que presionarla un poco haría que ella misma descubriera la razón detrás de sus lágrimas.

–Naoko, ¿te gusta?

Esa pregunta la tomó un poco desprevenida. –¿Quién?

–¿Te gusta Hikaru? – Precisó Morinozuka.

Lo pensó un momento y se sintió confundida, eso le resultaba desesperante. –No lo sé… ¿cómo se supone que voy a saber eso? Siempre me molesta, empezamos a decirnos cosas…es fastidioso. – Se quejó Naoko.

–¿Segura que es lo único que hace?

La muchacha recordó instantáneamente la vez en la que fueron a visitar todos juntos el acuario. Ese día se había visto presa de un ataque de nervios, y él había ido a buscarla. Más que eso, estuvo ahí cuando necesitó compañía. Había memorizado la sensación de sus brazos alrededor de ella. También vino a su mente la ocasión en la que lo tuvo de muy cerca y pudo observarlo detenidamente.

–Takashi…– Dijo viéndolo con una expresión perturbada. – Yo…

Honey abrió la puerta y entró con una caja de un tamaño mucho mayor al que se pensaría podría cargar. Su rostro estaba cubierto por manchas de glaseado de diferentes colores, y sin perder tiempo se sentó junto a Naoko y Mori colocando la caja al centro. No había escuchado la conversación entre ambos, por lo que sonrió mientras desvelaba el contenido de dicha caja. Claro, eran las golosinas que estaban en el otro cuarto, aunque era una porción mucho muy pequeña a comparación de la que había inicialmente.

–Pensé que era mejor traer lo que había sobrado y compartirlo con ustedes.

Takashi inhaló sintiéndose agotado. Mitsukuni tenía un don para aparecer en el momento menos adecuado. –Has comido demasiados dulces, tal vez debas llevártelos a casa para que puedas mezclar tu desayuno de mañana, dices que no te gusta lo que sirven en el comedor universitario…

–¿Heh? Pero Usa-chan y yo tenemos nuestra reserva personal para la escuela…

–¡Mitsukuni sigue comiendo así y no tendrás dientes antes de cumplir los veinte! – Rió la chica olvidándose un poco de sus problemas. La compañía de Takashi y Honey siempre hacían que se sintiera mejor, se divertía mucho. Y aunque aún sentía dolor por dentro, era capaz de reír.

Jugaron durante un momento a las cartas, con las cuales Naoko casi siempre ganaba. Por culpa de ello llegaban a molestarla acerca de su vicio, aunque por las mismas razones Takashi le había prohibido apostar. Al menos en esa ocasión se estaba divirtiendo y afortunadamente ninguno de los chicos se estaba quedando sin dinero. Varias rondas después Naoko se retiró. Mitsukuni le había propuesto llevarla a casa, sería absurdo rechazar siendo que vivían uno frente al otro, pero la joven había insistido en marcharse antes de tiempo. Tenía muchas cosas en las cuales pensar.

[Departamento Fujioka]

Haruhi estaba apurándose, pronto sería la hora en la que su padre llegaba a la casa. Sus manos estaban ocupadas formando pequeñas bolas de arroz que pensaba llevar al día siguiente a la escuela. Tenía pensado darle una a cada miembro del Host, al igual que una para Naoko. Había utilizado diversos ingredientes para que cada una tuviera el rostro de la persona para la que estaba hecha. Aunque le fue algo complicado tener que hacer a Kyouya, tuvo que utilizar pequeños trozos de berenjena para su cabello. Prefería la comida comprada, le hacía ahorrar tiempo, pero pensó que sería un buen detalle. Para hacer a Honey utilizó curry espolvoreado, aunque eso hacía que su cabello se viera extraño. Mori era sencillo de hacer, pero la bola de arroz terminó pareciendo muy feliz, mientras que los gemelos estaban hechos con zanahoria rallada. En cuanto a Naoko, tuvo que hacer tallarines para poder simularla. Tendría que compartir su almuerzo del mismo recipiente, y eso le preocupaba un poco.

La que estaba haciendo era la que le regalaría a Tamaki. El tamaño de la misma era un poco más grande que las demás, y la había rellenado de atún. Las demás tenían varios sabores, pero como no tenía suficiente dinero tuvo que reemplazar el salmón por atún. Recordó que cuando todos se habían marchado pudo quedarse un poco de tiempo a solas con el rubio. Era muy complicado establecer una conversación cuando no había nadie con ellos, aunque Tamaki se esforzaba por hablar de cosas cotidianas y sin sentido, como la nueva variación del café soluble Lescafé.

Se esmeró más que con las otras, y al final estuvo bastante satisfecha con el resultado. Imaginaba ya la reacción del chico, seguramente lloraría y haría un escándalo…o probablemente se sonrojaría como cuando ambos rozaron sus manos. Ese pensamiento hizo que se sonrojara y por consecuencia se le cayera un rodillo de madera en el pie, lo que provocó que empezara a saltar con un pie por el departamento procurando no hacer mucho ruido, después de todo ya era noche y los vecinos podrían molestarse.

Revisó su pie, afortunadamente no se había hecho más daño. Mientras empezaba a recoger todo lo que había utilizado se preguntó si el chico la veía como una mujer o como un miembro más del Host. Era complicado hacerse notar como chica, sobre todo teniendo que usar un uniforme masculino todo el tiempo. Pero conocía muy bien a Tamaki, y sabía que sin importar lo que usara, estaría ahí para protegerla.

[Segunda Residencia Suoh]

–¡Antoinette, vuelve! – Decía el rubio mientras perseguía a su mascota Antoinette. Era un juego recurrente dentro de la gran casa, y todos los empleados estaban tan contentos con Tamaki y su amabilidad que lo dejaban hacer lo que él quisiera, excepto cuando su abuela visitaba la casa.

El joven se cansó luego de una hora sin parar, y decidió tomar un baño. Tenía la costumbre de hacerlo todos los días, así que cuando estuvo en su sala de baño ya estaba el agua preparada. Al lado de la enorme bañera estaban acomodados varios objetos de plebeyos: una barra de jabón Move, un chicle con relleno líquido y varios artículos chatarra que prometían maravillas. Debido a su afición a dichos objetos escogía su tiempo libre para probarlos, quería encajar en el mundo de Haruhi a como diera lugar. Tomó la barra de jabón entre sus manos y recordó la suave mano de la chica. El jabón y su mano tenían el mismo tamaño, eran pequeños y cabían perfectamente dentro de su mano. Esto lo sabía debido a ciertas ocasiones en las que sus manos habían chocado, como esa tarde.

Se sonrojó rápidamente y la barra escapó de sus manos, cayendo al agua desapareciendo de su vista debido a la espuma que cubría la misma. Se puso a buscar a tientas la barra pero cada vez que intentaba tomarla volvía a escapársele.

Pero Haruhi es como una hija para mí… ¿o no?

Lo había discutido en varias ocasiones con Kyouya, su mejor amigo. Él le decía constantemente que tendría problemas si seguía tratando a todo el mundo como si él fuera el padre de familia. En particular habían hablado de Haruhi, y cada que el tema salía a la luz el joven Ootori no dudaba en hacerle saber que lo que sentía por la muchacha no tenía nada que ver con eso. Prefería evadir la situación, y había optado por cambiar el tema cada vez que estaba a solas con Haruhi, aunque siempre se sorprendía a sí mismo pensando en ella en los momentos del día menos esperados.

No le agradaba saber que los infernales Hitachiin estuvieran prácticamente todo el día a su lado, pero la presencia de Naoko lo reconfortaba. Aunque tenían la mala costumbre de interrumpir sus charlas, de hecho las ocasiones que podían estar a solas siempre llegaba alguien más a interrumpir. Le gustaba hablar con Haruhi…

¿Qué es lo que realmente pasa con Haruhi? Pensó el rubio sonriendo mientras lograba recuperar el resbaloso objeto del fondo de la tina de baño. Tenía pensado averiguarlo, aunque temía que descubrir la verdad pudiera cambiar su relación. Se dijo que seguramente Hikaru estaba pasando por lo mismo, tal vez le haría bien charlar con él un rato. Cerró sus ojos y lo primero que vio en su mente fue un par de ojos castaños, unos que él conocía muy bien.

[Propiedad de los Kanagaki]

Hikaru… no te entiendo.

La muchacha observaba el cielo nocturno despejado haciéndose miles de preguntas. Sobre sus rodillas tenía el cachorro que Mitsukuni le había obsequiado. Lo había nombrado Ringo, en honor a las manzanas, ese nombre también le causaba mucha gracia, ya que era el de un conocido cantante de los sesentas. Ringo dormía tranquilamente, aún era demasiado pequeño para empezar a hacer destrozos, lo cual la reconfortaba.

Sintió que un suave aire entraba por la ventana y llevaba consigo un aroma fresco, similar al de pasto recién cortado. Parte de las preguntas que tenía en su cabeza eran acerca de Hikaru, y otra parte sobre ella misma. La plática que había tenido con Takashi le había ayudado, pero recordó que no era el único que le preguntaba acerca de sus sentimientos hacia el pelirrojo. Su amiga Haruhi también lo había hecho, y Renge había mencionado algo similar mucho antes que cualquiera.

Pero… no le gusto. Se dijo con tristeza. Si se lo decía lo más seguro era que fuera rechazada, después de todo Kaoru le había mencionado lo que su hermano pensaba de ella, y el mismo Hikaru había hecho lo propio.

Eso no explica su comportamiento explosivo cuando me vio con Mitsukuni y Takashi…

Naoko solía ser intuitiva, y podía asegurar que Hikaru había actuado dominado por los celos. Eso sólo la confundía más, odiaba tener que pensar en él y en las cosas horribles que decía tan seguido. Cerró sus ojos y recordó varios momentos en los que había actuado completamente diferente. Eso implicaba que posiblemente sintiera lo mismo, pero por alguna razón hiciera parecer lo contrario…

¿Sentir lo mismo? Lo que siento, ¿cómo se llama?

Abrió sus ojos y luego de colocar a Ringo en su cama vio algo brillar debido a la luz que se filtraba por la ventana. Era una cadena, y al acercarse constató que era la que sostenía un pequeño pingüino al cierre de su mochila. Suspiró y rió suavemente mientras sus ojos se humedecían un poco. De haber descrito eso con una palabra, sería…

¿Amor, huh?...

Dulce, y amargo. Estaba enamorada de Hikaru, Hitachiin Hikaru. Uno de los Host demoníacos, compañero de su clase… una persona que siempre la hacía enojar, que… tenía una mirada que le fascinaba, un temperamento infantil, y que siempre la hacía sonreír. Era alguien que quería abrazar de improviso, que provocaba emociones extremas con unas simples palabras… pero, que a pesar de ello, amaba.

[Mansión Hitachiin]

Hikaru estaba encerrado en su habitación. Había puesto una excusa absurda para no tener que cenar, y Kaoru prefirió no molestarlo. En el piso del cuarto estaba su uniforme tirado, y varios pijamas estaban amontonados junto a la cama. El joven estaba sentado cerca de la ventana, y escuchaba música para intentar distraerse un poco. Cada vez que empezaba una canción cambiaba a la siguiente, realmente nada le gustaba en ese momento. Durante un largo rato habían ido a ofrecerle varias veces sus comidas favoritas, inclusive jarabe de maple extra, pero era como si todo lo que le gustara le hubiera decepcionado. En particular Kanagaki Naoko. Odiaba no poder dejar de pensar en ella alejándose con Honey. Hubiera querido correr tras ellos, y ahora se sentía como un perfecto cobarde. Tal vez el impacto de haber visto tales reacciones por parte de Honey, quien siempre había sido un chico dulce y desinteresado en las chicas lo había dejado un tanto desconcertado. De cualquier forma se sentía abatido, seguramente era la dulzura del rubio lo que la había hecho aceptar empezar algún tipo de relación.

Pero según Kaoru… él ya la había rechazado. Si es así, ¿por qué esperó hasta ahora para invitarla a salir? ¿Por qué ahora que yo…?

Frente a su hermano había preferido fingir que estaba bien, aunque eso era inútil. Molesto, celoso, inquieto, triste, aliviado… ¿Estaba volviéndose loco? No, de eso estaba seguro, pero si le buscaba el lado positivo no tendría que abandonar a su hermano en el Host Club… Eso representaba algo bueno.

Siguió con ese pensamiento durante un par de segundos, pero a su mente volvían las imágenes una y otra vez. En verdad había llegado a pensar que podría ser correspondido… o al menos eso quería.

¿Por qué? ¿Por qué es la segunda vez que la dejo ir? Pensó con desesperación recordando la vez que la vio llorar al estar en su propia casa. No le gustaba verla llorar, lo hacía sentir la peor persona del mundo, y más que nada deseaba saber sus motivos, protegerla de lo que fuera aún a sabiendas de sus propias limitaciones. Pero esa tarde, la vio irse. Y no pudo hacer nada para evitarlo. Sentía impotencia, y al mismo tiempo no podía impedirle nada, si eso la hacía feliz.

Si se ponía en la postura contraria no le gustaría que alguien viniese a intervenir en su relación con la chica, y seguramente Honey no se quedaría conforme viendo cómo él intentaría hacer algo al respecto. No sabía lo que sucedería a partir de ahora, por otro lado si le decía a Naoko sus sentimientos probablemente dejaría de hablarle para no tener problemas con Honey.

Supongo que ahora es demasiado tarde, ¿cierto?

Lo único que le quedaba era olvidarse de ella. Dudaba poder hacerlo, al menos en mucho tiempo. Nunca le había pasado algo así, siempre se había preocupado únicamente por él mismo y por Kaoru. No tenía la mínima idea de cómo había sucedido todo esto. Era como una cámara lenta, demasiado lenta para que pudiera soportarla. El dolor que oprimía su pecho se convirtió en pequeñas gotas que se deshacían sobre sus mejillas, y ocultó su cabeza en sus rodillas.


Espacio del autor

¡Hah! Logré escribir acerca de Haruhi. Lo siento, pero si ponía el día en la vida de Takashi hubiera sido el capítulo demasiado largo, y hubiera omitido ciertos detalles.

NO quería hacer llorar a Hikaru, pero así es el amor. Yo también sentí que se me hacía el corazón como uva pasa cuando leí lo que yo misma había escrito. Respecto a lo que dicen en sus reviews (que agradezco infinitamente), SI leo el manga de Ouran, pero creo que ya tendrá Hikaru su oportunidad de ser consolado.

¡Eso me recuerda que escribí ya una escena muy importante en la historia! Cada que la leo me emociono...

Bueno, hoy fuí a un centro que se ocupa de mascotas abandonadas. Todos los sabados iré a hacer mi servicio social durante ocho horas. Hoy tuve la fortuna de conocer a un perrito lanudo llamado Ringo, y en su honor el cachorro de Naoko se llama Ringo también. Espero poder tomarle una foto luego.

El sol estuvo terrible, no llevábamos protección y por culpa de eso (sí, hoy sucedió todo a la vez) me he enfermado. Tengo catarro, mi cara está enrojecida y mi cuerpo dolerá seguramente en unas horas. No podré caminar (no sean tan literales) y me quejaré del viento. Pero espero recuperarme pronto, sobretodo por la enorme cantidad de tarea que tengo para el lunes...

Dejen su review por favor, espero este capítulo les haya gustado.

¿Qué pasara con la comida de Haruhi? ¿Qué pasara ahora entre Naoko y Hikaru? ¿Aceptará Naoko la propuesta del Ouran Orage? Y lo más esperado: ¿Cómo demonios es un día en la vida de Takashi Morinozuka?

¡Nos vemos en el siguiente capítulo! ¡Cuiden de mí por favor!

DaemonLover