VIENTOS NOCTURNOS CAPITULO 10
El ojiclaro se sentía liviano inundado del aroma dulce del Té mezclado con la fragancia natural de la chica pelinegra, su visión era borrosa pero logró enfocar la silueta de Misao, se fijó en sus ojos verdes llenos de preocupación y expectativa, tan vividos, tan dulces, tan cristalinos. Si fuera un adolescente se hubiera abalanzado contra ella para juntar sus labios, en cambio sólo estiró la mano y logró tocar la mejilla de la chica. Su piel suave y tibia lo excitó, pero algo en él lo hacía sentirse pesado como si cargara tres toneladas de metal sobre los hombros, los movimientos eran torpes, tal vez se había pasado de sake esta última vez. No se confiaría frente a Kurosawa. Trato de enfocar la mirada en la mujer que tenía frente a él, sentía su cabeza en el regazo de la ojiverde, se sintió sorpresivamente cómodo y le sonrió. La chica le sonrió de vuelta e inclinó su cabeza para acercarse más a él, observó como en el movimiento el Kimono se le deslizaba por el hombro, expuso más su piel, le vinieron más deseos de besarle donde el kimono dejaba verla, la vio sonrojada con los labios entreabiertos, murmurando algo que no alcanzaba descifrar y sintió los ojos cerrarse nuevamente, estaba cansado.
-Misao-chan…- murmuro. Era lo último que recordaría.
Misao suspiró, eso de ser cortesana la dejaba emocionalmente exhausta, tener a un extraño tan cerca y tratarlo con tanta familiaridad se le hacía más difícil que enfrentarse al Juppongatana, aún se encontraba inclinada sobre el extranjero, le retiró la mano de su propia mejilla y al fin se enderezo, sintió del otro lado hacia la habitación contigua, cómo su Tutor se ponía de pie recargado sobre el soji. Eso le reiteró su propia confianza. Discretamente con la cabeza le hizo una seña a su Aoshi-sama para que no interviniera, estaba todo bajo control. Empezó el interrogatorio.
-Holter-san- le susurró al oído- ¿Qué te trae a Kyoto?- hizo una pregunta de prueba para asegurarse que el suero estaba funcionando y no sólo que el hombre se halla quedado dormido.
-Negocios- dijo el aludido con los ojos cerrados entre sueños.
Misao volvió a dirigir la mirada hacia la sombra de su Tutor, sabía que la estaba observando desde que él extranjero quedó dormido en su regazo, pero esta vez asintió con la cabeza confirmando a Aoshi que el suero funcionaba y procedería a hacer las preguntas más directas. El silencio de Aoshi tras el soji le confirmó que le entendía y podía proseguir, a veces se sorprendía ella misma de la manera tan enigmática con la que actuaba su cubo de hielo, pero le sorprendía mas que ella había aprendido a entenderlo. Si de misiones se trataba, se entendían perfectamente el uno al otro. Se sonrió internamente, le gustaba imaginar que eso era la definición que ella misma se daba del concepto "intimidad de pareja". Era la interacción más íntima que podía tener con su Aoshi-sama, eso y los ratos que pasaban juntos en el Templo durante la ceremonia del Té.
-Exactamente, ¿De qué negocios?, Cuéntame Holter-san- le preguntó en tono bajo con voz seductora. Tenía que pretender mantener una conversación no un interrogatorio acusador. Aun no estaba segura de lo que el hombre recordaría al despertar.
-Armas, opio, dinero… millones de yenes, Trafico de pólvora china- contestó adormilado.
-¿Cómo obtienes todo eso? Es una carga enorme, dime- le acarició la cabeza.
- Yo traigo las armas y la pólvora en embarcaciones hacia Kyoto y el resto de Japón, una parte… la otra la llevo a Europa y a mi país. Kurosawa-san es mi contacto, aquí él me da el dinero y el opio, yo le entrego las armas y la pólvora. Es un negocio redondo. Soy un buen comerciante, lo oculto bajo toneladas de figuras de porcelana y seda china, tras la fachada de comerciante de antigüedades- se sintió relajado al contacto de la chica.
-Ah ya veo- contestó Misao forzando a sonar paciente, carraspeó un poco y continuó preguntando en tono dulce- ¿Y cuál es tu negocio más próximo, aquí en Kyoto?
- Mi próxima embarcación llegara a la media noche del 29 de mayo, Kurosawa esperara el cargamento en el tercer muelle al oeste de la ciudad, es el más chico, fuera de la ruta principal-
Misao se sorprendió 29 de mayo es el día después de su supuesta desfloración. Maldición, pensaba que sería antes y mandarlos a todos a la cárcel antes de la fatídica gran noche. ¡Kuso!
-Y exactamente, ¿Cuál es el cargamento?- está vez rozó con su dedo pulgar la frente del ojiclaro, deslizándolo de la frente hacia el entrecejo del hombre.
-Mmmm 1400 rifles de alto alcance, 1600 pistolas de gran calibre, 800 toneladas de pólvora repartidas en dos barcos pequeños, ocultas entre las antigüedades de porcelana. Y a cambio recibiré 1000 toneladas de opio y un poco más del equivalente a 50,000 millones de dólares en yenes. En mi país el opio es tan caro como el oro.-
Tres mil armas y ochocientas toneladas de pólvora vienen de camino a Kyoto. Misao se alarmó un poco, con eso podrían armar a un pequeño ejército si quisieran.
-¿Qué planea hacer Kurosawa con ese cargamento?- preguntó
-Repartirlas entre las organizaciones criminales nacionales que le den mejor precio y una parte de la pólvora es para él, pretende incendiar los tres bancos principales de Japón, entre ellos el Banco Nacional que se encuentra en Kyoto, aunque no se bien los detalles. Le encanta jugar a ser antisistema, odia a la burocracia de éste país. Yo sinceramente considero que quemar todo ese dinero es un desperdicio.- finalizó.
Misao volvió la mirada sorprendida a la silueta de su tutor, este asintió entre las sombras. Por el momento era suficiente información. Y debían ser precavidos sobre el tiempo del efecto del suero.
-Ya, Ya- volvió a acariciarle la cabeza- Descansa Holter-san, debes dormir, para que cuando te levantes seas un buen chico- le palmeó la cabeza irónicamente, como si de una mascota se tratase. Ya estaba bastante cansada.
La figura de Aoshi había desaparecido detrás del soji, sin embrago estaba segura que a su entrenado oído no se le escapaba ningún detalle, lo había escuchado y memorizado todo. Y él se encargaría de pasarle el reporte a Saito cuando pudiera.
Misao suspiró. No sabía cuánto tiempo había pasado tal vez una media hora más y Holter no daba señal de querer despertar, por el contrario su facies reflejaba estar bastante cómodo. Las piernas ya se le estaban durmiendo ya era hora de despertar al bello durmiente. Movió bruscamente las piernas en señal de querer levantarse, pero el extranjero, lejos de despertar, se dio la media vuelta en su regazo, acomodándose nuevamente en ella.
-"sí que es una piedra"- pensó la chica. Resoplando. Volvió a moverse – Holter-san, Holter-san- esta vez lo sacudió del hombro.
El hombre abrió los ojos se concentró en la mirada ojiverde de la chica, enfoco la mirada y esta vez pudo verla claramente, ¿Se había quedado dormido?, pensó. Si fue así soñó con ella. Recordó las imágenes de Misao sonriéndole y recordó el tacto de su mejilla. Esta vez más consciente de sus actos, se enderezó un poco y colocó su palma sobre la mejilla izquierda de la pelinegra. Se inclinó sobre ella en un intento de besarla. Misao reaccionó instintivamente y lo tomó por la muñeca, haciéndose para atrás casi milimétricamente y girando la cara hacia el lado contrario, recibiendo el beso en la mejilla en lugar de los labios.
-"Santo Dios, este hombre no se detiene"- pensó exasperada.- Holter-san, no debe hacer eso y ya debo irme, Farath-san me ha estado llamando- mintió- Pero no podía retirarme y dejarlo dormido aquí- le sonrió falsamente- No quiero ser descortés, pero usted se quedó dormido en mis brazos, fue muy agradable cuidarlo- volvió a sonreír esta vez fingiendo inocencia- Pero se nos terminó el tiempo, recuerde, Madame Farath le hizo un favor especial, no podemos hacerla enfadar- le sentenció.
-Ya, es verdad- se rectificó el extranjero- se puso de pie y cortésmente, le extendió la mano a Misao para ayudarla, ella aceptó y toco su palma con la de él, se levantó con cuidado para no pisar el Kimono.- Misao-chan. Mis disculpas, por quedarme dormido, no es así como quería pasar el tiempo contigo.- le dijo insinuante. Ambos caminaron hacia la salida.
-No se preocupe, Holter-san- replicó con fingida timidez.- En realidad disfrute mucho su compañía, en esta casa llena de hombres hambrientos y mano sueltas, pasar un rato de tranquilidad, es más valioso para mí, ¿Entiende lo que digo?- esta vez le guiñó el ojo. Esperaba que el extranjero entendiera sutilmente que debía dejar de ser imprudente al intentar tocarla. No podía estar cerca de él y pretender que le gustaba sin que al menos el hombre respetara su espacio personal, eso le haría más fácil el trabajo.
-Entiendo- ambos salieron hacia el pasillo.- Nuevamente, me disculpo. No es mi intención importunarte.
Misao iba a contestar, pero una voz frente a ella la detuvo, haciendo que se girara hacia la dueña de la voz.
-Misao-chan, Holter-san justo estaba por preguntar por ustedes, Kurosawa-san se fue hace mucho dejó dicho que lo alcanzara en donde siempre, tuve que decirle que estaba ocupado con otra de mis cortesanas- le dijo al ojiclaro, guiñándole un ojo.
-Ah ya veo- el hombre entendió, se inclinó ante las dos mujeres a modo de despedida- Si me disculpan señoritas- tomó la mano y besó el dorso de cada una de ellas. Dejando una moneda de oro en la palma de la mujer mayor, en agradecimiento por encubrirlo. Se enderezó, se reacomodó el chaleco y el saco y caminó por los pasillos rumbo a la salida. Con una sonrisa triunfante.
Misao tragó saliva con dificultad, casi tenía la boca seca, se mojó los labios con la lengua.
-¿Sabes, chiquilla?- le dijo Farath, tomándola del brazo- Aun tienes trabajo que hacer, eres muy popular estos días- Misao no entendió el comentario.- Entra a la otra habitación, te están esperando- señaló con la cabeza para que entrara. – Desearía estar en tu lugar- le susurró a la ojiverde, mientras corría el soji.
-Madame…- iba a decir algo pero nuevamente se vio interrumpida, le preocupaba que su ahora maestra en las artes de los placeres, desconfiara de ella o peor aún sospechara de la presencia de Aoshi en la habitación, puesto que era ahí donde debía entrar.
-Shinomori-San- se refirió la castaña al ojiazul.- Aquí esta Misao- le dijo.
El asintió poniéndose de pie en su lugar tras la pequeña mesa. Misao se quedó parada sin saber qué hacer, Aoshi notó la inseguridad de la chica y con la mirada como si de mímica se tratase, le indicó que debía seguir en su papel. Misao entendió otra vez, se enorgulleció de ese oculto talento que fue desarrollando con los años al conocer más acerca de su tutor.
-Gomen, ne Shinomori-san- se inclinó desde la entrada- disculpe la demora, dijo la pelinegra.
-Entra- le dijo él en tono frío. Como si fuera la primera vez que cruzaba palabra con ella, al menos así era según la Madame. Ambos entraban en su papel bastante bien para hacer creer a quién los viera que ninguno de los dos se conocía, hasta esa noche.
-Obedece, Misao-le dijo Farath haciéndola entrar con un leve empujón. Misao trastabilló un poco pero logró enderezarse.- Si me disculpan- Farath hizo una reverencia y salió de la habitación cerrando el soji frente a ella.
Una vez a solas Misao iba a decir algo…
-Aoshi-sama…-
Pero su Tutor le hizo una seña para que se quedara callada y un ligero movimiento de cabeza a modo de negación, le impidió que continuara hablando.
-Señorita Misao, siéntese a mi lado- le dijo en tono neutro, pero la mirada decía otra cosa, Misao parpadeo, entonces observó como Aoshi le señalaba la puerta tras ella. El entrenado oído de su cubo de hielo, se había dado cuanta que estaban siendo escuchados por la propia Madame Farath. Eso le dio más curiosidad, ¿Por qué la mujer los espiaba? ¿Se habrá dado cuenta de algo? ¿Su fachada había sido descubierta? Oh no, no ahora que estaban tan cerca atrapar a Holter y Kurosawa. La chica asintió con la cabeza, en señal de comprensión. Hizo lo que Aoshi le pidió.
- Sírveme el Té, por favor- Por lo bajo parecía que era él quien le diera instrucciones de cómo comportarse con un cliente, le señaló la jarra de Té para que le sirviera. Esta lo hizo, extrañada de tener que pretender que no conocía a Aoshi, sin embargo sin defraudar a su profesionalismo, entró en actuación, entonces se relajó. "Vamos, Misao, concéntrate"
-Shinomori-San, ¿Verdad?- Aoshi Asintió con la cabeza cortésmente- Mi nombre es Misao-
-Lo sé, Madame Farath me dijo tu nombre-
-Si pero no nos habíamos presentado formalmente. Un placer conocerlo- endulzó la voz. Para que su espía pudiera escucharla, la diferencia sin embargo, se encontraba que con Aoshi a parte de fingir que no se conocían, todo lo demás era real, el tono dulce, ademanes, la sonrisa. Era el hombre de su vida de quien se trataba, no el desquiciado terrorista. Suspiró aliviada.- Me alegra que escogiera mi compañía por sobre mis demás hermanas- se alegró- Me halaga mucho estar a su servicio- finalizó
-Hai- respondió Aoshi. Haciendo un esfuerzo sobre su propia voluntad, tenía que fingir que era habido de los placeres que podía proporcionarle la protegida, que tan desfasado de la realidad estaba, que tanto podía simular y que tanto era real. Fuera de la misión, debía admitir que bajo ese contexto, Misao era bastante dominante, había aprendido bien lo que sea que la castaña le hubiese enseñado. Estaba sorprendido de su soltura y destreza, la había escuchado con Holter, pero no se imaginaba que podía hacerlo con él también. Pobre Misao, pensó, debe ser difícil para ella tener que fingir así con él. Incluso hasta vergonzoso.- No tienes que esforzarte-le dijo la verdad entre líneas- Me basta con tu compañía-
-Bien- Misao se relajó aún más. Pero no pudo evitar sonrojarse, era como una adolescente cuando estaba con Aoshi, cada palabra cada gesto, la hacía sentirse así, vulnerable, como si con una sola mano Aoshi atravesará su corazón. Sentía palpitaciones. Ojala ese "me basta con tu compañía" se lo hubiera dicho en otras circunstancias. Hubiera sido la mujer más feliz del mundo. Sonrió nuevamente, ajena también a los pensamientos del ojiazul. Le sirvió unos dulces y fijó la mirada en un rincón de la habitación, encontró con viejo Shamisen* y se le ocurrió la mejor manera de entretener a Aoshi y despistar a la intrusa.
"Lo siento, Madame" se disculpó mentalmente con la mujer mayor. No quería ser grosera pero tampoco debía de ser descubierta. Se puso de pie y se acercó al rincón de la habitación para tomar el instrumento. Regresó al lado de Aoshi y éste comprendió lo que su chiquilla iba a hacer a continuación.
-¿Sabes tocar el Shamisen?- se sorprendió el mismo de su propia pregunta, pero estaba seguro que le sorprendería más la respuesta.
-Hai- le dijo Misao acomodándose en la posición tradicional para tocar correctamente el instrumento. – Lo tocaré para usted-
Esto dejó bastante perplejo al ojiazul, ¿Cuándo había aprendido a tocarlo? Su protegida nunca dejara de sorprenderlo, aunque Misao no tenía por qué saberlo, claro está. No iba a dejarle saber que lo sorprendía día a día por la madurez con la que estaba creciendo. Pese al pensamiento agradable, su rostro se esforzó por no hacerlo notar.
-Adelante- le ordenó
Misao empezó a tocarlo y al escuchar la música, Aoshi se permitió cerrar los ojos aunque sin bajar la guardia, se dejó llevar por la melodía. Misao tenía varias virtudes, entre ellas Tocar el Shamisen, tenía que apuntarlo en la lista mental de cualidades de la chiquilla que llevaba registrando hacía tiempo en su memoria. Pasaron así un gran rato, tal vez una hora más.
Madame Farath, sonrió para sí. La música la relajo un poco. Estaba segura que entre estos dos había una conexión, sólo que aún no lograba descifrar el que. Aún tenía tiempo para descubrirlo. Se puso de pie y por fin los dejó solos.
Fin capitulo 10.
*Shamisen es un instrumento de música tradicional japonesa de tres cuerdas como una guitarra solo que más larga y de forma redonda en la base. Se toca con una cuña llamada bachi y era tradicional de las geishas. Perdón por la tardanza, estaba de vacaciones largas. Saludos a todas, chicas.
