En vista de que me está resultando imposible mantener el ritmo acelerado de actualizaciones, he decidido que al menos os iba a dar un capítulo lo suficientemente largo. Lo he ido escribiendo a lo largo de la semana y puede que lo encontréis un poco denso. He querido aprovechar para ir añadiendo información necesaria para los próximos capítulos, para que no estéis tan perdids con algunos términos… cualquier duda me preguntáis.
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Dos semanas. Durante dos semanas he sido el novio perfecto para Hermione. La he acompañado a todas sus clases, estudiamos juntos, paseamos por los terrenos que rodean al castillo y cada noche le hago el amor como si fuese la última vez que vamos a estar juntos. Apenas bebo ya su sangre, no porque no me la ofrezca sino porque no deseo que se convierta en una costumbre demasiado acusada, cada vez que lo hago sé que luego la mortifico durante todo el día siguiente para que coma lo suficiente como para recuperarse, sé que sus amigos no entienden que esté tan obsesionado con su salud y le gastan algunas bromas al respecto, aunque ellos lo achacan sobre todo a que la obligo a hacer mucho ejercicio.
Soy cariñoso con ella y muchas noches nos quedamos hasta tarde hablando frente a la chimenea de la sala común, yo reclinado en el sofá y ella tumbada sobre mí. Sus compañeros de casa ya se han acostumbrado a tenerme por ahí, no me miran continuamente ni tampoco se sobresaltan cuando me río con las bromas de Ginebra sobre nosotros. Esa chica es pura dinamita, me recuerda a sus hermanos que siempre eran la alegría de las fiestas. Ni siquiera McGonagall dice nada de que pase las noches con sus alumnos, supongo que es de la opinión de Dumbledore, aunque algo me dice que el viejo director tiene mucho que ver en esa tranquilidad.
-
Draco… - susurró
Hermione en un tono imposible de oír para alguien que no fuese yo. –
Creo que ya me siento segura como para hacerte algunas preguntas…
- ¿Cómo por ejemplo…? –
Susurré en su oído sonriente mientras me deleitaba en el brillo de
las llamas contra su cabello.
-
¿Fue muy duro para ti el que…? –
alzando la mirada para encontrarse con la mía.
-
No. – Observé la
sala, nadie nos hacía caso y hablando tan bajo tendrían que
acercarse mucho para poder oírnos – Lo
peor fue morir del modo en que lo hice, cuando me di cuenta que la
cueva estaba habitada nada menos que por un dragón, tardé dos
segundos en saber que estaba muerto… Su fuego me dio de lleno, lo
único que recuerdo fue ver sus ojos, sus fauces y la llamarada
contra mi rostro, el dolor se extendió por mi cuerpo con tanta
rapidez que llegó un momento en que fui consciente del momento en
que habían empezado a asomar algunos de mis huesos a través de la
piel. Vince y Greg fueron muy valientes al sacarme de allí…
aquella cueva podría haber sido la tumba de los tres. Lo siguiente
que recuerdo es el sonido de los corazones palpitando a mi alrededor,
el aroma de la sangre… todo era nuevo y maravilloso para mí, lo
veía con una claridad y una definición más allá de lo que jamás
pudiese llegar a imaginar, creo que estuve horas mirando el techo
porque me parecía que era lo más hermoso que había visto jamás
– Me sonreí al recordarlo –
Luego vino Lucian y entonces descubrí que era el ser más hermoso
que había pisado la tierra, su voz, la manera en que caminaba, su
olor… - cerré los
ojos para concentrarme en el recuerdo de mi sire cuando apareció en
mi dormitorio por primera vez estando yo consciente - …parecía
un ángel.
- ¿Le aprecias mucho?
– Me miró dubitativa -
¿No le reprochas que te haya convertido?
- Jamás. No me salvó
la vida, me ha dado una completamente nueva. Ahora puedo ver las
cosas de un modo completamente distinto gracias a él y sobre todo al
entrenamiento y sus enseñanzas. Para mí es mucho más importante
que un padre… ningún sire se toma tantas molestias con sus
chiquillos como él hizo conmigo, no sólo me educó para poder
convertirme en digno de su estima sino que además consiguió que
muchos más me educasen y enseñasen aquello que debía saber para
poder convertirme en lo que soy ahora. Ha vivido más de mil años y
a lo largo de ese tiempo ha forjado amistades en base a favores
prestados e incluso a partir de enemistades totalmente acérrimas, se
cobró unos cuantos de esos favores para que yo recibiese una buena
instrucción. No puedo reprocharle nada a alguien que ha dado tanto
por mí y por supuesto que le aprecio.
- ¿Cómo se lo tomaron
tus padres? Debían de estar desesperados para pedirle que hiciese
algo así. –
Preguntó mirándome con verdadera preocupación.
-
En realidad ellos creyeron que iba a morir, pensaron que a lo mejor
él podría darme unos pocos días más de vida en aquel momento o
incluso una semana. Cuando me vieron por primera vez siendo… lo que
soy. – Fruncí
ligeramente el ceño –
Sentí su rechazo y olí el miedo sobre todo. Sólo mi madre se
acercó a mí para acariciar mi mejilla… al sentir su mano temblar
como una hoja contra mi piel, ver sus ojos llenos de lágrimas, fue
muy duro. Piensa que pude ver cada lágrima nacer en sus ojos y
resbalar sobre su piel, era algo tan hermoso y al mismo tiempo tan
cargado de tristeza. Ahí estaba yo, en mi casa, al lado de mi padre
en la oscuridad y frente a la mujer que me había dado a luz, tan
duro y fuerte el uno como débil y frágil la otra. Ella no pudo
soportarlo más y se fue dejándome allí, deseando decirle tantas
cosas… Lucius sin embargo dio un paso al frente y empezó a
hablarme como si nada hubiese ocurrido, me preguntó por cómo me
sentía pero del mismo modo en que me preguntaría por los
movimientos de la bolsa de valores. Supongo que prefirió seguir
pensando que aún era el mismo.
- Pero no lo eres…
- No, no
lo soy.
- ¿Qué sientes al ser lo que eres y estar rodeado de
humanos?
- Miles de cosas. –
Suspiré sonriente –
Escucho cada conversación que tiene lugar en cientos de metros a la
redonda, percibo el aroma de la madera, de la piedra, de vuestra piel
y sobre todo de la sangre, veo cada uno de los capilares que asoman a
vuestra piel del mismo modo en que puedo distinguir cada poro de la
piedra… siento tu cuerpo de un modo absoluto contra mí, escucho tu
corazón latir y huelo tu excitación y tu miedo, adivino tus
pensamientos por los diminutos movimientos de tu rostro que para mí
se muestran con total claridad a pesar de que para el resto sean
absolutamente imperceptibles. Lo siento todo. Pero eso es más fácil
cuando estoy quieto como ahora, cuando me muevo es una tortura porque
sois lentos, frágiles y unos verdaderos insensatos.
– Me miró con curiosidad –
Soy como un león en medio de una manada de gacelas y ninguna de
ellas se ha dado cuenta de lo que soy…
- Salvo yo.
- Salvo
tú. – Sonreí
cálidamente mientras acariciaba sus labios con dulzura –
Tienes que dormir, dentro de dos días necesitarás todas tus
energías.
La tomé en brazos y subí con ella hasta el dormitorio. Dentro de dos días volvería a cazar y la llevaría conmigo para que viese que no tenía nada que temer por mí o por los que estaban a nuestro alrededor. Sabía que eso le daba miedo, supongo que espera alguna especie de carnicería… creo que voy a defraudarla a ese respecto. La dejé sobre la cama mientras me despojaba de mis ropas, ya es una costumbre para mí pasearme completamente desnudo y nadie osa ya entrar, principalmente porque son incapaces de tirar la puerta abajo ni con el esfuerzo de todos los alumnos juntos.
-
¿Realmente te gusta esto?
– Me preguntó cuando me acercaba a la cama.
-
¿A qué te refieres? –
Le pregunté confuso.
-
Ser un vampiro que finge ser humano, estar rodeado de nosotros, tener
que limitarte tanto, no poder usar libremente tus poderes, no poder
beber la sangre que quieras… no sé. – Se
encogió de hombros – A
veces tengo la impresión de que no eres realmente feliz.
-
Hermione, soy mucho más feliz de lo que te crees… -
me reí – ¿No te das
cuenta que tengo lo mejor de mi vida mortal junto con lo mejor de mi
existencia vampírica?
- Sí, claro… el sueño de tu vida:
gastar el tiempo en estudiar y disfrutar con una simple humana… -
Suspiró dándome la espalda – La
misma humana que tiene que perder el tiempo cada noche durmiendo.
-
Perdone, señorita Granger… -
tiré de ella hacia mí para que abrazarla –
Está usted hablando de la humana más inteligente, hermosa y sensual
que conozco. –
Acariciando sus brazos. -
Te aseguro que verte dormir no es perder el tiempo para mí –
besé su cuello con dulzura –
en realidad es muy interesante ver el modo en que eres capaz de
dormir tranquila a mi lado, el sonido de tu respiración y tu corazón
totalmente relajados… para mí es absorbente, a veces me duele
tener que despertarte.
- ¿Por eso casi llegamos tarde esta
mañana? – Preguntó
con una sonrisa.
-
Soy culpable. Ahora sé una humana buena y duerme.
– Haciendo que se arrebujase contra mí.
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Otra clase de pociones en la que mi caldero y el de Hermione son los únicos con el color, aroma y textura apropiados en la que Severus decide obviar nuestros esfuerzos, agradezco que no sea él quien juzgará mis EXTASIS, tampoco es que necesite esforzarme demasiado para conseguir la precisión que estas pociones requieren, pero sé que para ella es como un mazazo cada vez que él rechaza sus pociones. Al salir tomo nota mental de dirigirme a Severus para decirle que al menos intente no hacerle pagar a ella mis pecados, aunque sé que esa discusión no me llevará a ninguna parte.
Fuera aún se sienten los últimos rayos del tenue sol de otoño, tomo la cintura de Hermione y la invito a salir fuera para poder disfrutar aún de su brillo. Se abraza a sí misma en cuanto el frío de la noche que se acerca da contra su piel, la rodeo con mis brazos mas sé que no puedo darle calor de ningún tipo, mi cuerpo sólo roba el calor de mis víctimas. Pero me sonríe y de todos modos accede a dar un paseo.
Es cuando estamos a punto de llegar al lago cuando me doy cuenta que en realidad está intentando fingir que no tiene frío para complacerme. La miro unos segundos con reproche, ni siquiera lleva ropa apropiada para estar fuera, me maldigo a mí mismo por no darme cuenta de esos detalles. Cuando pongo mi abrigo sobre sus hombros recuerdo el instante en que hice eso mismo con mi chaqueta tras salvar su vida del hombre lobo. Ahora me miraba de un modo completamente diferente, en vez de curiosidad mezclada con una buena dosis de incertidumbre tenían un brillo en sus ojos que destilaba amor y entrega absoluta.
Descendí mi rostro hasta acariciar sus labios y entonces percibí la falta de sonido acercándose a nosotros, era apenas imperceptible pero estaba allí. No interrumpí nuestro beso aunque desvié parte de mi atención hacia ese punto en especial, las sombras luchaban en mi interior por salir en busca del intruso aún sabiendo que era un esfuerzo fútil. Mi mente intentaba planificar el momento del ataque para saber cómo proteger a Hermione del mismo, sin embargo el silencio se desvió hacia el castillo… Aquello sólo podía significar que quería que me confiase o que ya había estudiado que era mejor sorprendernos durante el trayecto de vuelta.
No dejé que en mi rostro o mis gestos se reflejase que estaba en guardia, volví a tomar la cintura de Hermione para regresar al castillo, nuestro paseo había sido corto pero el frío creciente era la mejor excusa para intentar devolverla a la seguridad de los muros, su varita estaba guardada en su mochila… no podía llegar a ella con facilidad. Tendría que enseñarle a llevarla en todo momento consigo, una minúscula parte de mi mente reflexionó acerca de lo extraño de que precisamente ella no la llevase siempre a mano.
Las escaleras estaban a escasos metros de distancia y una figura se recortaba en lo alto, de inmediato mi brazo liberó a Hermione, quería que pudiese correr en cuanto así se lo indicase sin tener ningún tipo de impedimento. Una mujer de constitución delgada, piel aceitunada y de larga cabellera negra curvó sus labios ligeramente en cuanto percibió ese gesto, sabía que yo me había dado cuenta de su presencia. Hermione suspiró sorprendida, supongo que la repentina rigidez de mi cuerpo no le pasó inadvertida, desvió su mirada hacia las escaleras para intentar ver qué había provocado mi reacción.
-
Tranquilo inglés. –
Dijo con una voz dulce en cuanto el silencio dejó de rodearnos. –
¿Cuándo te diste
cuenta?
- En el lago, pasaste demasiado cerca. –
Respondí aún en tensión.
-
Estaba a más de un kilómetro de distancia.
– Dijo molesta.
-
Supongo que la edad empieza a afectarte. –
Sonreí ya relajado, no iba a atacarnos. - ¿Qué
haces aquí, Isabel?
- Lucian me ha contratado. –
Respondió lacónica mientras descendía las escaleras con
lentitud.
- ¿Para
protegerme? – Su
mirada se desvió durante milésimas de segundo hacia Hermione –
Creo que soy más que capaz de encargarme de eso, Isabel. –
Respondí molesto.
- ¿Has olvidado tus modales? –
Me reprendió haciendo caso omiso de lo que le decía.
-
Lo siento, Isabel… Hermione, te presento a Isabel Al Baast, una de
mis instructoras durante el verano. Isabel, te presento a Hermione
Granger… mi novia.
- Es un placer conocerla, señorita Granger.
– La saludó cortésmente ofreciéndole la mano para estrecharla.
- Mucho gusto,
señorita Al Baast. –
Hermione pareció sorprendida al tocar a Isabel, supongo que esperaba
que su toque fuese igual de frío como el mío pero ella es diferente
a mí en muchos aspectos.
-
Vamos dentro… - dije
intentando ocultar la sonrisa –
Hermione tiene que ir a cenar y creo que tú y yo tendremos que ir a
hablar con el director.
- No es necesario, Lucian ya se ha
encargado de todo. No habrá inconveniente en que a partir de ahora
os acompañe. – Me
comunicó mientras se situaba tras nosotros de inmediato.
-
Isa, no puedes acompañarnos a todas partes…
- suspiré con los ojos en blanco – Y
si vas a hacerlo te agradecería que fueses un poco más… discreta.
– Mirándola de reojo.
-
Está bien, no echaré por tierra tu… "historia" pero no pienso
ponerme a agitar un palito para hacerme pasar por maga.
- Bruja. –
Le corrigió Hermione, aunque tuvo que añadir rápidamente una
explicación más amplia al darse cuenta de la mirada que Isabel le
lanzó – El término
correcto para referirse a una mujer del mundo mágico es bruja.
– Sonriéndole – Lo
siento, supongo que sonó mal del modo en que lo dije.
– Sonrojándose, la reacción de Isa fue inmediata: me miró con
una muy leve sonrisa en su rostro, ya sabía porqué me atraía tanto
Hermione.
- Da
igual, deja que el niño estruje su cerebro en busca de una excusa
para mi presencia. –
Se encogió de hombros. – Al
menos que haga algo.
- Ya empezamos.
Volví a rodear el talle de Hermione cariñosamente y terminamos de subir las escaleras para entrar en el castillo. Isabel me concedió el avanzar a nuestro lado cuando ya estábamos dentro del castillo, supongo que incluso ella era consciente que aquel era un lugar seguro para nosotros. Además de ser un terreno completamente inexplorado para ella y absolutamente incómodo, nunca le había gustado que realizase magia cerca de ella y siempre me estaba riñendo por confiar demasiado en ella y olvidarme de usar algo tan sencillo como los pies, las manos, los dedos. Ella me había enseñado muchas maneras de usar cada parte de mi cuerpo con distintos fines y de seguro estaba estudiando cada movimiento que hacía para luego reprocharme cada uno de mis errores, su pasatiempo favorito.
Al entrar en el comedor, como siempre, muchas miradas se centraron en nosotros mientras acompañaba a Hermione hasta su sitio en la mesa de Gryffindor, pero en esta ocasión algunas se quedaron clavadas en Isabel que seguía en la entrada. Dejé a Hermione con sus amigos y eludí todas las preguntas que Ginebra deseaba hacerme, así como esquivé a Lavender. Que salga con una Gryffindor no implica que tenga que soportar a toda la casa de manera automática. Intenté salir de nuevo del comedor para poder hablar con Isabel en privado, pero ella se quedó quieta donde estaba: jamás se iba a separar más de lo debido de su objetivo. Suspiré y le indiqué que me acompañase entonces a la mesa de Slytherin, lo cual animó considerablemente a todo el personal masculino, sobre todo a Blaise quien, para su consternación, vio cómo nos sentábamos entre Crabe y Goyle, lo más similar a un lugar tranquilo. Ellos no hicieron ademán de molestarnos.
-
¿Tu novia? –
Comentó en castellano. El idioma que ella me enseñó.
-
Sí, lo sé –
Resoplé – No le des
más vueltas a eso y dime una cosa… ¿No es un poco exagerado que
te envíe Lucian para protegerla?
- No. Está preocupado por ti,
pronto tendrás visitas non gratas y no quiere que tengas la mente
ocupada en ella. –
Me comunicó.
-
Supongo que sabía que no la confiaría a nadie más.
– Sonreí.- ¿Cuándo?
-
No estamos seguros, pero en ambos bandos se cuece algo
– Picoteó algo de comida, al menos no tendría que dar
explicaciones porque ella no comiese tampoco, le agradezco ese
detalle. – Puede que
él pueda darte más información mañana, durante la caza.
-
Vendrá con nosotros.
– Le dije mirando a Hermione – Se
lo prometí.
- No es verdad, sólo se lo habrás comentado… Os
conozco, arrancaros una promesa es como arrancaros la piel a tiras.
– Me miró – Pero
no creo que haya inconveniente, mientras cazas, él y yo cuidaremos
de ella.
- Prepárate para que te ametralle a preguntas, es muy
curiosa. – Me sonreí
divertido al imaginar a Hermione acosando a Isabel a preguntas.
-
Sabe lo que eres y está intrigada por lo que soy yo.
– La observó mientras seguía comiendo ligeros bocados.
-
Lógico, no nos parecemos en nada y eso la desconcierta.
– Expliqué - ¿Has
pensado dónde descansarás o también tengo que pensarlo por ti? –
Lanzándole una pulla.
-
No, inglés, hace tiempo que sé cuidarme solita… no necesito que
me busques cobijo –
Resopló – De todos
modos no creo que me dejes descansar mucho, ¿verdad?
- Durante el
día no hace falta que estés en guardia, nadie estaría tan loco
como para atacar este castillo y sigo creyendo que me puedo ocupar
tranquilamente de las noches por lo de ahora.
- Me da igual lo
que opines, no eres quien pagará mi factura.
– Sonriéndose un poco más ampliamente.
-
¿Draco, no nos presentas a tu amiga? –
Preguntó Blaise a nuestras espaldas, palmeándome el hombro
amistosamente.
-
Isabel, Blaise. Blaise, Isabel. –
Presenté con rapidez – Ahora
esfúmate.
- ¡Vamos, Draco…! –
Protestó de manera exagerada - ¿No
seguirás cabreado porque quise gastarle una broma a tu novia? Eso es
agua pasada… - Se
dirigió a Isabel con una sonrisa que supongo creía que era
fascinadora – Es un
poco posesivo, ¿sabes? ¿Vas a estudiar aquí?
– Le preguntó mientras se agachaba para que su rostro quedase a la
altura de ella. Definitivamente Blaise tiene ganas de morir joven.
-
No. – Respondió Isa
lacónicamente.
-
Sólo ha venido a pasar unos días, estuvo en el hospital conmigo
este verano. –
Expliqué con rapidez.
- Eres demasiado joven para ser medimaga… -
Apreció Blaise intentando ganársela con cumplidos. – Y
se te ve muy sana.
- Supongo que los médicos hicieron un buen
trabajo conmigo. –
Se dirigió a mí en castellano para preguntarme - ¿Le
tienes mucho aprecio?
-
No precisamente. ¿Te recuerdo las normas a cumplir?
- No
precisamente. Nada me impide divertirme mientras hagas imposible mi
misión.
Dejé de prestar atención a Isabel y lo que fuese que hubiese planeado para Blaise, supongo que se limitará a jugar con él, sabe perfectamente que en el caso de mi compañero de casa sólo cuentan las hormonas y el gran efecto que sobre ellas tiene nuestra presencia. Preferí concentrarme de nuevo en las conversaciones de los Gryffindor, sabiendo que de todos modos ella estaría pendiente de Hermione por muy relajado que estuviese el ambiente.
Como siempre Ronald se dedicaba a evitar a Hermione, aunque hoy le estaba costando mucho no hacerle cientos de preguntas al respecto de la hermosa mujer que me acompañaba. Ella intentaba no dirigir sus miradas más de lo habitual hacia la mesa Slytherin cuando yo estaba aquí, supongo que no deseaba llamar demasiado la atención sobre Isa, no entiende que ella es perfectamente capaz de pasar desapercibida si así lo desea, está disfrutando con la atención que todos le prestan. Ginebra ha empezado ya con su ataque, sabía que ella no podía defraudarme.
-
¿Quién demonios es esa tía?
– Preguntó curiosa. –
¿No te molesta que se siente con él?
- Son amigos, Ginny. Es
normal que se siente en la mesa de él.
– Le explicó en tono cansino.
-
¿Y qué hace aquí? No es en absoluto nada habitual que permitan
visitas de ese tipo. ¿Dónde va a dormir?
- No lo sé, a lo
mejor viene a dormir con nosotros, Draco dijo algo de hacer un trío
el otro día… -
Respondió Hermione en tono tranquilo, Ginebra la miró con una
mezcla de horror, sorpresa y estupefacción - ¡No
tengo ni idea, Ginny!
- ¡Menos mal! Si estáis pensando en un
trío quiero ser la primera en la que pienses…
- ¡Ginny! –
Saltó Harry en el acto. Ronald ya ni se inmutaba.
-
Tranquilo, Harry… sólo quiere intentar que no me importe que Draco
esté con una chica completamente desconocida. No sabe que es algo
que me da igual. Draco no va a dedicarse a seducir a otra enfrente de
mí, Ginny… - la
pelirroja le lanzó una mirada significativa. -
¡Por favor, pero si sólo hay que ver cómo le hace más caso a
Zabini que a Draco! Definitivamente tienes que empezar a aprender a
pensar mejor de las personas.
- Jamás… mi lema es "Piensa mal
y acertarás" –
Negó con la cabeza. –
No me gusta cómo se portaban cuando estaban hablando, tienen
demasiada confianza entre sí… ¿De qué se conocen?
- Déjalo,
Ginny... ¡Por favor, sólo son amigos! –
Me sonreí, notaba en la velocidad en que su corazón estaba latiendo
que en realidad estaba atormentada por algo. ¿Le preocuparía mi
familiaridad con Isa? Probablemente.
Nada más hacer ademán Hermione de levantarse, tanto Isa como yo nos levantamos. Aunque Blaise se abriese las venas no lograría que dejase de atender a su objetivo. Los tres nos dirigimos a la puerta, me hizo gracia la mirada que me dirigió Ginebra desde la mesa, le dediqué un guiño y no pude resistirme a torturar sus mentes dándole algo en lo que pensar abrazando las cinturas de ambas para salir… Superficial, pero divertido de todos modos.
Las conduje hasta una sala cercana donde pudiésemos hablar tranquilamente de todo aquello que estaba luchando por preguntar Hermione, así como ser capaz de mantener una conversación sin enigmas con Isabel. Mi novia miraba a mi maestra disimuladamente, supongo que será toda una sorpresa cuando se entere que está aquí sólo por ella.
-
Aquí podremos hablar sin ser molestados –
En cuanto entramos realicé los mismos encantamientos del dormitorio
de Hermione.
-
¿Ahora podéis explicarme algo? –
Preguntó Hermione de inmediato.
-
Cabe la posibilidad de que algunos de mi sociedad quieran solicitar
en breve que me una a ellos y Lucian ha pensado que debía encargarse
de lo que se supone es mi mayor debilidad…
- ¿Tu debilidad? –
No comprendía.
-
Tú. – Dijo Isabel
con voz tranquila.
-
¿YO? – Exclamó
asombrada.
- Isabel
ha venido para ser tu guardaespaldas.
- ¿Guardaespaldas?
– Cada vez estaba más aturdida. –
No necesito ningún guardaespaldas.
- Por un lado estoy de
acuerdo, cariño… pero reconozco que me sentiría mucho mejor si
Isabel se queda contigo cuando tenga que ir a reunirme con esos
pesados. – Suspiré
y me apoyé contra la pared – Es
una de las mejores en su especialidad y sé que nadie sería capaz de
burlarla.
- ¿Qué tienen que ver tus reuniones conmigo? ¿Por qué
soy tu punto débil? –
Preguntó buscando una respuesta a muchas más cosas que no era capaz
de preguntar.
-
Eres mi punto débil porque si alguno de los enviados no acepta mi
negativa rotunda a unirme a ellos pueden decidir forzar mi decisión
amenazándote, cabría incluso la posibilidad de que se atreviesen a
entrar en el castillo mientras mantengo una conversación con ellos
para poder raptarte y así tener un as en la manga cuando les diga
simple y llanamente que no estoy interesado.
– Le expliqué con calma - Por
eso Isabel es la más indicada para protegerte, no le confiaría tu
seguridad a nadie más, ya te dije que es la mejor en su campo y en
el mismo instante en que aceptó cuidar de ti sé que te has
convertido en su principal prioridad, por lo que nadie sería capaz
de burlarla.
- Me sobrevaloras, pequeño.
– Dijo Isabel con una sonrisa – Sabes
que cualquiera de mis compañeros de clan habría mostrado la misma
dedicación y cuidado para cuidarla, supongo que el hecho de que haya
sido tu maestra te hace pensar que soy mejor que ellos.
- No
solamente eso, Isa. Sé que Lucian no te habría elegido si no te
conociese bien y supiese que eres la más indicada para el trabajo.
– Halagándola de nuevo.
-
¿Cuál es tu especialidad? Si puedo preguntarlo… -
Dijo Hermione curiosa, como siempre.
-
Eso te lo dejo a ti, inglés.
– Se excusó sonriente.
-
Es una asesina. –
Decidí no andarme con rodeos, no merece la pena hacerlo con alguien
tan perspicaz como Hermione – Su
clan se ha ido especializando con el correr del tiempo en el arte del
asesinato… - viendo
su expresión asustada – Y
te aseguro que para ellos es todo un arte, por eso sé que con ella
estás segura si su misión es salvarte la vida, es casi un honor que
ella sea asignada para eliminar a alguien por lo dedicada que es, por
lo que poner tu vida en sus manos es como si te dejase en una cámara
acorazada… - Sonreí
– A estas alturas
eres lo más preciado para mí y no desearía perderte por culpa de
las intrigas de mi… estirpe.
- Soy una bruja mayor de edad. No
te ofendas, Isabel, pero creo que no necesito niñeras. –
Protestó - ¿Se le ha
ocurrido a Lucian que el que esté aquí puede llegar a ser un
inconveniente para que continúes con tu fachada humana?
- Como
habrás podido comprobar, ella puede disimular mucho mejor que yo que
es humana, su tacto no es tan gélido y no tiene inconveniente en
ingerir comida, cosa que yo sigo considerando un horror… -
haciendo una mueca para demostrarlo. –
De todos modos ella no va a poner en peligro nada, se limitará a
estar cerca de nosotros y muy probablemente llegue un momento en que
no seas consciente de que está aquí.
- He venido esta noche
porque necesitaba que él nos presentase, es más seguro para ti que
sepas que estoy cerca, por lo demás, no tengas miedo… -
viniendo de ella era como si Voldemort le dijese a alguien que no
tuviese miedo – No
estaré dentro del castillo la mayor parte del tiempo, me limitaré a
observarte de lejos y calcularé las posibles vías de acceso de
aquellos que intenten secuestrarte, si es que hay alguien tan
insensato. Supongo que no he de decirte que cumpliré con las mismas
normas que Draco aquí: no me alimentaré de ningún alumno y mi
palabra es más firme que la suya… -
lanzándome una mirada de reproche.
-
No pude evitarlo… lo sabes bien.
- Me fascina el modo en que
has llegado a dominar ese don de Lucian… sois capaces de encontrar
una grieta en cualquier promesa… -
reconoció con los ojos entrecerrados.
-
Supongo que porque no nos regimos por un código tan estricto como el
tuyo. – Le respondí
sonriente.
-
Además, yo se lo pedí… supongo que eso también cuenta… -
suspiró Hermione, tenía demasiada información en su cabeza y sé
que quería hacerme más preguntas pero se estaba conteniendo porque
no conocía a Isabel.
-
Será mejor que vayamos a dormir… -
Propuse acercándome a ella para volver a rodear su cintura.
-
Un momento… ¿dónde dormirás tú? –
Se dirigió a Isa que la miró con recelo – Se
supone que eres una amiga de Draco que ha venido a verle, tendrás
que fingir que duermes en algún sitio al menos esta noche, digo yo…
- mirándome a mí con
curiosidad – No puede
dormir con nosotros y sonará fatal que vaya a dormir contigo, el que
no esté por la mañana podemos arreglarlo con que está agotada del
viaje y luego incluso puede tener algún tipo de desarreglo de
horarios o lo que sea…
- No tengo inconveniente para moverme
durante el día y sí que sería perfectamente lógico que fuese a
dormir con él ya que se supone que ambos nos conocemos de la unidad
de quemados del hospital. –
Se encogió de hombros – Digamos
que fingimos que duermo en su cuarto y luego ya pensará en otra
cosa…
- No, perdona pero las implicaciones de que duermas en el
mismo dormitorio implican que él no está conmigo ya y no quiero
tener que soportar los cotilleos mañana, ya tendré suficiente con
tu presencia como para tener que estar pensando en excusas e
incendios… -
Protestó Hermione intentando encontrar una solución al embrollo,
Isa la miró con una ceja levantada sin dar crédito a las tontas
excusas que ponía mi novia.
-
Isabel, te recuerdo que esto es un colegio lleno de jovencitas
cotillas que convierten la vida de algunas personas en verdaderos
infiernos a través de los chismes… digamos que se parece a un
Eliseo sin intentos de asesinato.
– Le expliqué. –
La solución más sencilla es que ella duerma en mi dormitorio y yo
lo haga como cada noche en el tuyo, nadie puede decir que me he
acostado con las dos a la vez si estáis en habitaciones separadas
por kilómetros y en Hogwarts donde la desaparición es imposible. –
Le guiñé un ojo a Isabel – Incluso
puedo decirle a Blaise que te muestre mi antiguo dormitorio, eso le
encantará y dará credibilidad a todo esto.
- De acuerdo.
– Aceptó Hermione – Acabemos
de una vez con esta farsa, estoy deseando tirarme en cama y dormir.
– Aunque sabía perfectamente que lo que haría sería acribillarme
a preguntas.
Salimos de la sala al mismo tiempo que los alumnos empezaban a dejar el comedor, por eso no me resultó difícil encontrar a Blaise y, delante de todos, pedirle que fuese el anfitrión de Isabel en mi lugar y que la acompañase a mi antiguo dormitorio, ya que yo no iba a usarlo esa noche. No podía quedarle ninguna duda a nadie de que simplemente era mi amiga y que no había nada entre nosotros cuando ella decidió brindarle una sonrisa encantadora a Zabini mientras le agradecía que se ocupase de su bienestar. De todos modos sé que lo que realmente hará será inspeccionar el castillo durante la noche para poder encontrar todas las posibles brechas de seguridad.
Yo me fui con Hermione cogida de la cintura sin dedicar ni una sola mirada a Isabel sino que centrándome en seguir aparentando un amor incondicional por ella. Entramos en la torre y nos fuimos directos a la habitación, en cuanto se cerraron las puertas vi cómo el enfado empezaba a reflejarse en su rostro. No dijo nada todavía, se limitó a cambiarse de ropa y dejar los libros en la mesa mientras la observaba desde la puerta, esperando a que estallase.
-
¿Es tu amante? –
Preguntó al fin, sin poder aguantar más.
-
No y jamás lo ha sido. Simplemente fue mi instructora, nada más.
– Respondí sinceramente.
-
Pues te conoce muy bien… o eso parece.
– Mirándome con los brazos cruzados.
-
Nos conocemos muy bien, además somos algo parecido a amigos… todo
lo amigos que podemos ser dos vampiros.
– Sus hombros se relajaron un poco – Tampoco
es muy habitual que entre nosotros tengamos el tipo de relación que
tenemos tú y yo, Hermione. Es demasiado difícil cuando en nuestro
mundo todos están deseando acabar con la existencia de todos los
demás… Sólo conozco a dos vampiros que sientan algo parecido al
amor entre sí y te aseguro que es algo tan extraño que es lo que
menos se podría esperar de ellos. Lucian tampoco es un vampiro al
uso y sus enseñanzas tampoco me convierten en el vampiro tipo… -
Poco a poco se fue relajando – Tampoco
es algo muy habitual que un vampiro se enamore de un humano… por
muy excepcional que ésta sea… -
sonreí acercándome a ella con cautela, no quería que siguiese
enfadada. – Por eso
Lucian sabe que eres tan importante para mí, no quiere que te pierda
por culpa de ellos. –
Acaricié su mejilla con el dorso de la mano cariñosamente – Eres
lo más hermoso que hay en mi existencia y no quiero perderte por
nada del mundo –
Besándola con suavidad. Su enfado estaba totalmente erradicado en el
momento en que me rodeó con sus brazos.
-
Estás vestido… -
bromeó mientras me besaba.
-
Quise ocuparme antes de tus preguntas…
- desnudándome con su ayuda – Antes
de hacerte olvidar todo. –
Tomándola en mis brazos mientras la llevaba a la cama y le quitaba
el camisón que se había puesto en lo que había durado su enfado.
- ¿Te crees que
eres capaz de hacerme olvidar todo?
– Me retó divertida.
-
Estoy seguro de poder desviar tu atención por un tiempo hacia otras
cosas mucho más agradables –
sonreí mientras mis manos recorrían su espalda, algo que sabía que
le encantaba.
-
Draco… - suspiró
debajo de mí - ¿Puedo
pedirte algo? –
Preguntó con voz ronca.
-
Lo que quieras…. –
besando sus hombros.
-
¿Recuerdas el otro día… en la ducha…? –
Preguntó en voz baja, no dejaba de ser algo tímida incluso cuando
estábamos solos.
-
Sí… - Respondí
mientras me deleitaba con sus mejillas encarnadas.
-
¿Podríamos…? –
Deslizando un dedo por mi cuello - ¿Repetir
algo así? – Sonreí
ampliamente.
- Por
supuesto… ¿Tiene que ser en la ducha o te apetece cambiar de
escenario? –
Pregunté solícito mientras empezaba a pensar en cientos de lugares
inexplorados…
-
No sé, no tendríamos que salir de aquí necesariamente, ¿no? –
Su mirada se volvió decidida y sensual mientras se incorporaba
tumbándome en la cama.
– Sólo sería necesario recordar un poco lo que nos llevó hasta
ese punto, ¿no crees? -
Enarcó una ceja mientras descendía por mi abdomen con sus
caricias.
- Estoy
completamente de acuerdo… -
sonreí.
Sus manos y sus besos se dirigieron hacia un punto en particular de mi anatomía, pronto sus labios me rodearon totalmente y descendieron con lentitud, sus dientes me acariciaron de una manera exquisita… hasta que no fui capaz de contenerme más… Así su cabello y me incorporé para alzarla en brazos, necesitaba tomarla de inmediato sin siquiera mediar un segundo, no era capaz de aguantar la tortura a la que me estaba sometiendo… pero ella se resistió e intentó escapar entre risas consiguiendo que mi instinto de cazador se despertase. Me levanté de la cama y en cuestión de menos de un segundo la tenía contra la pared, totalmente a mi merced… mis manos recorrieron su cuerpo codiciosas, mi cuerpo la aprisionaba contra la piedra mientras me hundía en ella sin dejarle siquiera respirar con regularidad.
Sus gritos llenaron de nuevo el dormitorio y una vez más me alegré de que nadie pudiese oírla pues no pensaba parar o siquiera amordazarla con mis labios, deseaba oír cada gemido y jadeo que le provocase, escuchar mi nombre cuando irrumpía con fuerza en su interior… Me besó con voracidad e incluso mordió mi labio provocando que todo lo que sentía en ese instante se acrecentase todavía más… Fue entonces cuando tuve que apartarme de ella, no podía seguir… al sentir el deseo de beber su sangre con tanta fuerza, sabía que no me podría detener si llegaba a morderla una sola vez.
Me miró sentada en el suelo y con la vista nublada por lo que acaba de hacerle sentir… me eché hacia atrás y por un segundo cerré los ojos, oía su respiración agitada, su corazón bombeando como un loco, invitándome… llamándome. Abrí los ojos de inmediato y los clavé en ella… sudorosa, anhelante y confusa… totalmente ajena a lo que me estaba ocurriendo. Lancé un rugido de frustración, descargando parte de mi ira con un puñetazo en la roca que se deshizo en mil pedazos, y eso que me contuve… Pero fue eso lo que la sacó del trance al que la había llevado, por una vez vi el miedo en sus ojos al dirigirse a mí.
-
¿Estás bien? –
Preguntó tímidamente.
-
No.
- ¿Qué ha ocurrido?
- Que estás viva por muy poco,
Hermione… por muy poco –
suspiré levantándome del suelo. –
Tengo que salir de aquí… tengo que calmarme antes de poder estar
contigo.
- Draco… -
Se levantó igualmente, asustada… seguro que estaba empezando a
darse cuenta de lo que había estado a punto de sucederle – Si
no puedes esperar a mañana… -
me miró – Bebe mi
sangre… por favor.
- ¿Qué? –
La miré estupefacto, su miedo no era por su propia vida siquiera -
¿Estás loca?
- No,
Draco… te dije que te daba mi permiso para hacerlo si lo
necesitabas alguna vez...
- Hermione, precisamente tengo que salir
y calmarme para no tener que estar conteniéndome para desangrarte…
¿no lo entiendes? No voy a alimentarme de nadie en este estado…
¡¡Mucho menos de ti!!
Me metí en el armario y dejé que las sombras me rodeasen con rapidez antes de que a ella se le ocurriese abrir de nuevo la puerta. Una vez en el Abismo supe que no podría hacerle daño a nadie, no podría beber la sangre de nadie… los demonios me miraron… sabían que no estaba del todo bien, hubo uno que se rindió y avanzó hasta mí. Iba a averiguar de un modo muy desagradable que no estaba precisamente débil.
Sus garras rasgaron mi piel, mas no me importó, el dolor era bienvenido, porque el dolor permitía que mi mente se relajase y olvidase lo que tanto esfuerzo me había costado contener en presencia de ella. Mi puño golpeó sus fauces con furia y oí el hueso partirse, con rapidez mi rodilla impactó contra su cuerpo sintiendo cómo todos sus órganos se retorcían en su interior. Más demonios se lanzaron contra mí, sus garras laceraron mi piel y sus colmillos se hundieron en mi carne... hasta que con esfuerzo pude zafarme de todos y cada uno de ellos, no sin dejarlos doloridos y protestando. Muchos más me observaban, esperando ver alguna verdadera señal de flaqueza, no les importaban sus compañeros, sabían que estaban bien. Los miré a los ojos de brillante oscuridad, retándolos a que me atacasen de nuevo pero retrocedieron un paso y luego se marcharon dejándome solo en mitad de la nada…
El frío de las sombras me calmó lo suficiente para volver junto a ella, el haber descargado buena parte de mi frustración en los demonios también me había ayudado bastante. Para lo que no estaba preparado era para ver su rostro de dolor cuando aparecí junto a ella.
-
¡Estás herido! –
Exclamó horrorizada y se levantó para acercarse a mí.
-
No te acerques a él.
– La detuvo Isabel, debía de haberla llamado en mi ausencia. –
Si se fue es precisamente para no hacerte daño, no le ayudarías si
ahora fueses a su encuentro… y no quiero tener que empeorar sus
heridas. – Me dijo
con sorna. - ¿Qué
pasó, inglés? ¿Los demonios te dieron una buena patada en tu
perfecto culo?
- Más bien se la di yo en sus deformados culos,
gracias.
- Una ducha fría habría sido un método mejor para no
provocar que se asustase tanto. –
Me recriminó. – O
podías salir de caza antes de lo previsto, nadie te lo habría
reprochado.
- Yo sí.
– Sabía que no se refería a que de ese modo no tuviésemos esa
reunión sino al hecho de que matase a alguien o a algo. Todavía no
estaba preparado para eso y mientras pudiese evitarlo no iba a ceder
a mis peores instintos.
-
¿Estás lo suficientemente calmado?
– Me preguntó.
-
Sí, me daré una ducha… -
Miré a Hermione que estaba hecha un ovillo en el sofá –
Tranquila, cariño…
te aseguro que ya estoy bien, todo esto desaparecerá con el agua.
– sonreí mientras me metía en el baño.
-
¿De verdad está bien, Isabel?
– La oí decir tras de mí -
¿No crees que deberíamos hacer algo para curar sus heridas?
-
Está bien, dulzura… no te preocupes por él, sólo necesitaba
descargar algo de su mal genio y lo hizo con los únicos que pueden
aguantarlo.
- Pero… sigo sin entender lo que pasó…
- se quejó – Al
principio estaba perfectamente y de pronto… sus ojos estaban rojos,
me miraba de un modo extraño… no era él.
- Y no era él.
– Respondió Isabel. –
Era la Bestia que todos llevamos dentro, Hermione. La sed de sangre.
- No creo que sea tanto como para llamarlo… "bestia".
– Protestó confusa y molesta.
-
Créeme cuando te digo que todos le llamamos así. Es una Bestia que
tenemos en nuestro interior y que nos lanza a matar y beber la sangre
que está más cerca… Te aseguro que si Draco no tuviese un
autocontrol tan firme, ahora mismo estaríamos discutiendo el mejor
modo de deshacernos de tu cadáver…
- Hizo una pausa –
Además de planificar la huída.
– Dijo en un susurro que oí perfectamente a través del agua.
-
Entonces… ¿de verdad me habría matado?
– Dijo Hermione en un susurro.
-
Sí. En el momento no habría sido consciente, eso puedo
asegurártelo… pero muy probablemente después se arrepentiría con
toda su alma. –
Isabel suspiró, no le gustaba tener que contarle más de lo
necesario a Hermione –
Cuando los vampiros son jóvenes no tienen tanto control como Draco,
nos costó mucho enseñarle a controlar a la Bestia, incluso a pesar
de que él no necesita tanto el alimentarse de manera continuada como
le ocurriría a otro neófito, al estar tan cerca de Caín y ser
precisamente Lucian su creador es mucho más fácil para él
controlarse… pero de todos modos a veces la tentación puede llegar
a ser demasiado para él.
-
Lo siento, cariño… -
dije en la puerta –
Te aseguro que no era mi intención asustarte y te compensaré en
cuanto pueda… - Miré
a Isabel – Gracias,
Isa… creo que ya puedes marcharte tranquila.
- No estaré
tranquila hasta que no te hayas alimentado, Draco –
Analizándome con la mirada – Me
quedaré al otro lado de la puerta, deshaz todos los conjuros que me
impidan oírla o entrar… -
no se movió - …ahora
mismo. – Su voz era
una clara amenaza.
-
Por supuesto. – Con
un gesto cumplí su orden. – Ya
está. Ahora te rogaría que nos dejases a solas.
– Salió por la puerta sin decir nada más, aunque sabía que
estaría pendiente de todo lo que ocurriese en la habitación a
partir del momento en que la cerrase.
Hermione me miró aún aovillada en el sofá, no entendía nada de lo que pasaba aún a pesar de lo que Isabel le había explicado. Volvía a llevar el camisón, probablemente se lo puso para no recibirla desnuda. Sus ojos recorrieron mi cuerpo y con asombro pudo comprobar que todas mis heridas habían desaparecido, salvo aquellas que ella no podía ver pues estaban en mi mente… el saber que había estado a punto de acabar con su vida me atormentaba y me hacía planteármelo todo desde una perspectiva muy diferente.
-
Tendremos que dejarlo para cuando estés mejor alimentado…
- me dijo con una sonrisa – Es
gracioso, teniendo en cuenta lo mucho que te preocupas por lo que
como te has olvidado de mantenerte tú.
- No es eso, Hermione…
- suspiré sentándome
en la cama – Estaba
perfectamente, puede que un poco más sensible al olor de la sangre
pero tampoco tan mal como para perder así el control… -
Apoyé los codos en mis rodillas y hundí mi rostro en mis manos –
Lo siento mucho,
Hermione. No sabes lo mal que lo pasé… una parte de mí quería
huir con todas mis fuerzas pero la otra estaba luchando para saltar
sobre ti y beber hasta la última gota de sangre que hay en tu
cuerpo…
- La Bestia… Isabel me estaba contando algo acerca de
ello… - se levantó
- ¿Puedo acercarme sin
que te afecte? - Alcé
la cabeza y la miré. Al ver su indecisión dudé también, pero
luego asentí, en mi interior estaba mucho más tranquilo, podía
soportar su cercanía sin problema. - ¿Qué
pasó para que de pronto se activase esa parte de ti?
– Preguntó sentándose a mi lado.
-
Me mordiste.
- ¡Vaya! –
Exclamó – Lo siento
mucho, Draco… no me di cuenta… me dejé llevar y…-
la callé poniendo un dedo sobre sus labios.
-
Tú no tienes la culpa de que yo sea un vampiro sediento de tu
sangre, por lo que no tienes que disculparte de nada. –
Sonreí – Te dije que
estaba un poco más sensible de lo normal, fui un estúpido al
acceder a lo que me pediste en ese estado… tenemos que limitarnos a
perder el control sólo cuando esté bien alimentado, ¿de acuerdo?
- Ella asintió y retiré el dedo de sus labios acariciándolos en
el proceso – Me
alegró ver que estaba aquí a mi regreso.
- Me preocupé cuando
te fuiste y la llamé con un Patronus. Llegó en un suspiro y se
preocupó mucho cuando le conté lo que había ocurrido. –
Me miró y supe que intentaba controlarse para que el calor no
subiese a sus mejillas –
Obvié algunos detalles pero creo que los ha deducido ella sola.
-
Tranquila… ya te digo que me alegré cuando la vi contigo. Al menos
si hubiese necesitado que alguien me detuviese estaba ella para
hacerlo… - Me reí –
Casi me da algo cuando me ofreciste tu sangre… creí que tenías
algo de espíritu de supervivencia.
- Lo… -
comenzó a disculparse pero mi mirada lo impidió – De
acuerdo, soy una tonta sin espíritu de supervivencia… -
reconoció poniendo los ojos en blanco. –
Pero creí que te había quedado claro cuando aquella noche te seguí
y tuviste que salvarme de un hombre lobo.
- Sí, pero no querría
que se hiciese realidad lo de que la curiosidad mató al gato –
Bromeé – Mucho menos
si fuese yo quien terminase con una leona en particular… no podría
seguir existiendo si lo hiciese, Hermione.
– Dije en un tono más sombrío. –
No he matado a nadie y no quiero matarte a ti.
- No lo harás…
confío plenamente en ti, Draco. –
Esa frase hizo que mi muerto corazón diese un vuelco, era totalmente
cierto… Estaba irremediablemente enamorada de mí hasta el punto de
confiar su vida en mis manos por completo. Podía imaginar la cara de
pánico que estaría poniendo Isabel al otro lado de la puerta. –
Ya que estamos hablando… ¿te importaría aclararme algunas cosas
que no llegué a comprender antes?
- Por supuesto, cielo… lo
que quieras. – La
miré sonriente.
-
¿Por qué quieren esos vampiros que te unas a ellos?
- Porque
sería como si Dumbledore se hubiese unido a Voldemort… Soy muy
poderoso para los cánones vampíricos y se supone que soy
influenciable porque soy joven. Unos querrían que les apoyase en su
cruzada contra los otros… el caso es que son dos facciones bastante
importantes en nuestra sociedad. La Camarilla quiere lo más parecido
a una existencia pacífica entre humanos y vampiros, para ser exactos
ellos quieren existir y que los humanos no les incordien… el Sabbat
es de la opinión de que los humanos son ganado y quiere controlar el
mayor porcentaje de territorio, muchas veces no se molestan en
ocultar sus cacerías y suelen ser los responsables de la mayor parte
de los disturbios.
- Yo escogería a los primeros sin dudarlo…
- Sí, la verdad es que parecen los buenos, pero tampoco quiero
lo que ellos me ofrecen… no soy el ariete de nadie. Quiero vivir
con las normas que dicte yo, no con las que me dicten una pandilla de
viejas glorias.
- ¿Lucian no pertenece a ninguna de esas…
facciones? –
Preguntó curiosa.
-
No, él no pertenece a nadie más que a sí mismo. Aunque al
principio, aunque te parezca mentira… estuvo con el Sabbat. –
Sonreí intentando imaginarme a mi sire siendo un neófito, no era
capaz. – Bueno, la
verdad es que cuando lo convirtieron aún no se habían formado
ninguna de las dos sectas… él lo tenía un poco más fácil, sólo
existían las rencillas entre clanes o las disputas territoriales
normales entre señores de la guerra… Mi clan pertenece sobre todo
al Sabbat, son incluso lo que se podría llamar sus fundadores…
somos los más arrogantes por lo que es normal que no acepten las
restricciones y las normas de la Camarilla.
- Tú no me ves como
una vaca… ¿verdad?
– Murmuró. No pude evitar reírme.
-
Lo siento, pero todavía no me ha dado por la zoofilia, cariño. –
La abracé acercándola a mí. –
Soy un vampiro y tu sangre es la más deliciosa que he probado hasta
el momento, pero de ningún modo te veo sólo como un envoltorio. Por
eso hoy tuve que salir huyendo de ti, porque la Bestia no entiende de
sentimientos…
- Lo comprendo… Sólo una pregunta más… -
me miró curiosa - ¿Cómo
de poderoso eres para que ellos te quieran a su lado?
- Mucho. En
vez de dedicarme a negociar con ellos y darles una educada negativa
que pueden rechazar para decidir atacarte… podría simplemente
eliminarlos. Pero eso no sería posible, porque una vez eliminase a
los emisarios enviarían más, tendría que seguir matándoles hasta
que ya no quedase ninguno de ellos…
- ¿Tan malo sería?
Por un momento sopesé las consecuencias. La manera de deshacerme de ellos estaba clara, los enviaría a todos al Abismo, los demonios al fin me valorarían por mis regalos y no por ser el chiquillo de Lucian… mi poder en la oscuridad aumentaría considerablemente… podría incluso intentar acabar con Lucian y estar aún más cerca de Caín de lo que estaba ahora. Todos me temerían y ninguno se atrevería a atacarme jamás, sería el Señor Absoluto de la Oscuridad… No. No quiero eso.
- Sí, cariño… sería muy malo. – Suspiré – Ahora será mejor que duermas. Mañana iremos de caza y necesitas descansar.
La observé mientras empezaba a quedarse dormida contra mí, la sed no había desaparecido y el tenerla pegada contra mi cuerpo no me ayudaba nada en absoluto pero no quería hacerle daño, estaba concentrado en no mirar ninguna de sus arterias principales para que no fuesen una tentación demasiado fuerte. En cuanto su respiración se reguló por el sueño me levanté con cuidado, me puse un pantalón y abrí la puerta para dejar entrar a Isabel.
-
Eres masoquista… -
Me dijo en un susurro inaudible para cualquiera que no fuese
nosotros. Su mirada me atravesó con verdadera furia.
-
Tenía que tranquilizarla… -
Me disculpé, sabía que ella no lo comprendería.
-
¿A costa de empeorar todavía más tu situación? –
Me recriminó.
-
Jamás le haría daño.
– Protesté entre dientes.
-
Da igual. Vete corriendo a tu refugio, yo me quedaré con ella.
– Protestó.
-
Despiértala a las seis para ir a clase, por favor.
– Me miró con arrogancia. –
Desde que duermo con ella no pone el despertador, tampoco es para
tanto…
- Vete tranquilo, la acompañaré durante el día si es
necesario. –
Despidiéndome con un gesto.
Bajé las escaleras y salí de la torre de Gryffindor, por suerte no había nadie a esas horas, todos estaban durmiendo plácidamente en sus camas. Tengo el suficiente control como para no atacar a nadie directamente si me lo encuentro pero si intentasen siquiera acercarse a mí y que mantuviese una conversación incluso… podrían darse por muertos. Bajé por las escaleras y caminé por el pasadizo hasta llegar a mi cámara… me sorprendió encontrarme una visita sorpresa en mi biblioteca.
-
Buenas noches, cachorro.
– Me saludó Lucian con seriedad – Supongo
que vienes a ponerte algo de ropa antes de salir de caza. –
La frase dejaba a las claras que no era una suposición en absoluto
sino que era una orden en toda regla.
-
Sí, señor. –
Asentí con resignación, él tenía razón… No podía retrasarlo
más. – Estaré listo
en unos segundos.
- Perfecto.
Salimos por un pasadizo que nos condujo hasta el lateral del castillo, descendimos por los terrenos hasta el bosque. No perdí el tiempo analizando los posibles peligros, estando con Lucian él se encargaría de que no me ocurriese nada. Me lancé de cabeza hacia el lugar donde estaban los osos, ya que tenía que alimentarme no me iba a andar con rodeos. Uno de los plantígrados estaba ligeramente apartado del grupo, dormía tranquilo y no se percató de mi presencia hasta que no tenía mis colmillos clavados en su garganta. Se resistió un poco pero no podía hacer nada contra la presa de mis brazos en torno a él. Su corazón latía con fuerza y lanzaba su sangre contra mi boca que la recogía golosa… quise parar, pero mi garganta no quería dejar de recibir el placentero sosiego que le daba el líquido, me instaba a obtener más. Sentía cómo la sangre iba repartiéndose por mi cuerpo, llenándolo y curando las heridas que había recibido… dándome fuerza, calmando mi inquietud.
Dejé el cuerpo del oso sin vida en el suelo, observándolo intranquilo y apesadumbrado. Acaricié su pelaje, absorto en lo que acababa de hacer. Podría haber sido Hermione la que yaciese así, como un cascarón vacío… Miré a Lucian con pesar, él ha tomado muchas vidas a lo largo de su existencia, tanto humana como vampírica. Me dio unas palmaditas en la espalda y me cogió del brazo para alejarme de allí. Pero aún no estoy saciado, el oso no ha podido darme ni la mitad de lo que necesito. He de seguir cazando.
Volvimos a mi refugio después de que me cobrase tres lobos, dos leones y cuatro ciervos, ya estaba completamente repleto de sangre y no iba a dejar que volviese a ocurrirme esto, si tenía que cazar con mayor frecuencia, me daba igual. No dije nada a mi sire, simplemente me quité la ropa y me sumergí en el estanque. Acababa de robar diez vidas para poder mantener la mía y no acabar con la de Hermione… eran animales, pero de todos modos estaban vivos antes de que se cruzasen en mi camino.
-
Piensa que antes también comías carne, puede que no algo tan
exótico como león u oso, pero de seguro que comías ternera. –
Me dijo Lucian cuando asomé la cabeza.
-
No es lo mismo. –
Protesté entre dientes.
-
De acuerdo, lo que tú digas… como yo no tengo ningún tipo de
experiencia en este tipo de cosas, no puedo saber de lo que estoy
hablando. – Me dijo
sarcástico. –
Supongo que como ahora no es tan habitual que los jóvenes salgan de
caza con sus padres no eres capaz de ver la similitud.
– Reflexionó – Pero
te aseguro que es mucho más noble la muerte que les has concedido
que dispararles flechas o tiros, no han sufrido y se han ido en paz.
Han servido a la cadena alimenticia y seguirán haciéndolo incluso
ahora… sus restos servirán para que otros se alimenten de ellos e
incluso le podrías indicar al guardabosques que recoja sus pieles
para reutilizarlas…
- Suspiró – Ahora
será mejor que nos ocupemos de algo más importante. Dentro de una
semana es muy probable que vengan algunos emisarios de Mithras para
intentar convencerte que te unas a ellos.
- Bien. Les diré que
no y que se larguen. –
Mithras era el señor vampírico de Gran Bretaña, el más poderoso y
antiguo de todos los que vivían en la Isla, gobernaba su imperio
desde Londres. – No
tengo ningún interés en integrarme en la sociedad vampírica y lo
sabes… - Recordé de
pronto… - Gracias por
contratar a Isabel para que cuide de Hermione.
- No es nada, los
Assamitas están muy contentos conmigo estos días…
- comentó – He
contratado sus servicios para vigilar a mis sobrinas y demás
protegidos por lo que ten por seguro que en estos momentos soy su
mejor cliente.
- Pero… -
Me giré para mirarlo con asombro – ¡Eso
te costará una fortuna…!
- No te preocupes, cachorro… sólo
es dinero. –
Riéndose – Cuando
vivas tanto tiempo como yo te darás cuenta de que el dinero no es en
absoluto importante… y cuando puedes hacer inversiones por todo el
mundo, sin importarte lo que tarden en dar fruto… el dinero es lo
más fácil de conseguir.
– Dejó de estar acuclillado a mi lado y se dirigió a mi armario -
¿Por qué no te vistes
y me presentas a la dulce Hermione? Reconozco que tengo esa divertida
sensación de un padre que va a conocer a la novia de su hijo. ¿Le
has hablado de mí? ¿Crees que le caeré bien o me odiará por
convertirte en vampiro? –
Supe por el tono de su voz que hablaba en serio, supongo que vivir
tantos años hace que este tipo de cosas sean fascinantes.
Me vestí y me concentré al mismo tiempo en saber cómo estaba Hermione, aún dormía pero vi cómo Isabel se dirigía a despertarla, rogué para que fuese delicada con ella, pero sé que no va a ser tan dura y fría como lo es conmigo. Hermione es humana y no está acostumbrada a la parquedad de los de su clan. Primero le dio unas palmaditas en el hombro, luego la zarandeó con delicadeza y le regaló una sonrisa al ver que habría los ojos… ella la recibió con desconcierto, buscándome con la mirada en el dormitorio.
-
Ha tenido que irse, me pidió que te despertase para que vayas a
clase. – Le
explicó con tono dulce.
-
¿Está bien? –
Preguntó preocupada.
-
No. Lucian se encargará de que se alimente. –
Hermione la miró con pesadumbre – Ha
sido un idiota que por estar más tiempo contigo ha dejado de
alimentarse regularmente hasta llegar a un punto en que no podía
permitirse el lujo de las tentaciones, luego para intentar calmarse
se enzarzó en una pelea en la que gastó sangre y para que no te
preocupases por él gastó más sangre en curar las heridas… cuando
lo dejé contigo lo hice solamente porque sabía que no es capaz de
hacerte daño ni siquiera en ese estado, pero no podía esperar más.
Lo siento.
- De acuerdo.
– Suspiró Hermione -
¿Cada cuánto tiempo es recomendable que se alimente, Isabel? Pensé
que es lo suficientemente poderoso como para no tener que hacerlo
continuamente… -
Se dirigió al baño para ducharse.
-
Lo habitual es que si no hace ningún esfuerzo y no tiene que gastar
sangre haciendo estupideces es que con beber algo una vez al mes le
sea más que suficiente. Pero si os vais a dedicar a… bueno,
dejémoslo en que para parecer humano es mejor que se alimente una
vez a la semana, como mínimo.
- De acuerdo… me encargaré de
recordárselo. –
Dijo en un susurro, sabía que ella le oiría a través del ruido del
agua.
- ¿Estás
bien? – Preguntó
Isabel en tono preocupado.
-
Sinceramente, no. Todo esto es muy difícil para mí también. Creo
que no me había dado cuenta de las implicaciones de tener un vampiro
como novio hasta anoche. Era divertido y muy placentero dejar que me
mordiese pero… supongo que no me di cuenta de lo que realmente
podía llegar a ocurrir.
- Lo sé. Pero ten en cuenta que en esos
momentos él apenas toma nada de ti. Eso no le mantiene, tiene miedo
de provocar un grave riesgo a tu salud y por tanto se habrá limitado
a morderte para darte placer pero nada más. Es un idiota insensato.
No tienes que sentirte culpable porque la culpa es toda suya,
pequeña.
- De todos modos él siempre está pendiente de que
coma para que no desarrolle anemia y sin embargo yo no he sabido
estar pendiente de sus necesidades…
- Porque es él quien tiene
que hacerlo y no tú. Se supone que entre todos teníamos que
conseguir que fuese un poco más cabal pero se ve que no lo
conseguimos del todo.
- No ha atacado a ningún alumno, Isabel.
Anoche no me hizo daño… Creo que sí que conseguisteis algo al fin
y al cabo. –
Vistiéndose ya para bajar a desayunar.
-
De todos modos se ha comportado como un maldito principiante…
-
Te olvidas de que sólo lleva unos meses siendo vampiro, me parece
que a veces él también se olvida…
- me disculpó.
-
Sí, claro… unos meses.
– Farfulló Isabel visiblemente molesta. –
Me sentaré contigo en el desayuno.
- ¿Estás segura de que no
quieres ir a descansar?
– Preguntó Hermione preocupada – No
me pasará nada si lo haces, estaré en clase, rodeada de magos y
brujas que perfectamente podrían acabar con cualquiera que osase
intentar algo y prometo no salir fuera si no es estrictamente
necesario… hoy no tengo herbología por lo que no tendré ni que ir
a los invernaderos…
- Déjalo. No pienso separarme de ti.
– Le dijo sonriente –
Por lo menos hasta que no aparezca Lucian o Draco ya calmado, son los
únicos a los que puedo realmente confiarles tu custodia.
- Eso
suena demasiado a niñera.
– Protestó Hermione.
-
Da gracias a que no te doy de comer como a una niña pequeña… -
bromeó.
- ¿Qué
hiciste con Zabini? Si puedo preguntártelo… -
cambió de tema mientras bajaba las escaleras.
-
Nada del otro mundo… me entretuve un poco, nada más. Por suerte
estaba él cuando me mandaste ese aviso y me explicó que era un
método normal de enviar mensajes… vosotros los magos hacéis cosas
muy raritas.
- Pues eso no es nada…
- Se sonrió Hermione. –
Si vienes a clase conmigo me parece que verás de todo…
-
Realmente espero que ese cabeza hueca que tienes por novio se digne a
aparecer y así ahorrarme tener que aguantar vuestros abracadabra y
hocuspocus. –
Comentó Isabel consiguiendo que Hermione se riese.
Al saber que estaba bien, dentro de lo que cabía esperar, me vestí para reunirnos con ellas en el vestíbulo. Más de una alumna lanzó miradas invitadoras a Lucian a medida que nos mezclábamos con la marea de personas que se dirigía al comedor. En realidad no era nada anormal, Lucian aparenta unos veinticinco años, es tan alto como yo, rubio, de ojos azules y en el momento en que le crearon estaba en forma gracias al entrenamiento de caballero, supongo que para mis compañeras de colegio vernos a los dos juntos era como si estuviesen en el cielo. Aunque al menos él les correspondía con una sonrisa y yo sólo me limitaba a evitar tropezar con ellas. Nada más entrar en el comedor vi a Hermione sentada entre Isabel y Ginny, le sonreí como muda disculpa y llevé a mi sire a que se sentase conmigo a la mesa.
-
¡Cereales! Me encantan.
– Exclamó para mi asombro Lucian. -
¿Por qué no intentas comer algo, Draco?
– Me preguntó con toda la intención.
-
¿Por qué mi garganta quedó abrasada por culpa del aliento de un
dragón enfurecido? –
Le respondí con sorna recordándole la excusa que había dado a todo
el mundo para que no me viesen comer. No me sentía cómodo
intentando fingir que comía todavía. Sé que en algún momento
podré ingerir algo al menos para guardar las apariencias, pero no me
siento capaz de soportarlo… sin embargo sé que para él no hay
nada más divertido que comer. –
Come lo que quieras… -
Suspiré. Me fijé que Zabini no dejaba de girarse para mirar a
Isabel - ¿Qué te
ocurre, Blaise? – Le
pregunté.
- Nada…
¿Por qué no se sienta Isabel con nosotros? –
Me miró y entonces pareció darse cuenta de la presencia de Lucian
que estaba probando el zumo de calabaza. -
¿Quién es este?
- Lucian Deveraux, mi tutor.
– Le presenté, esto se estaba empezando a complicar… ¿Por qué
estaban tan empecinados en conocer a todo el mundo?
-
¿Tu tutor? –
Preguntó Pansy de fondo. -
¿Le ha pasado algo a tu padre o a Snape?
- No. Es mi tutor de
verano, nada más… -
¿Por qué tengo que dar tantas explicaciones a todo el mundo?
-
Dime una cosa, Draco… -
Comenzó Lucian a hablarme en francés, su lengua materna -
¿Es realmente necesario que sigas con todo esto? Podrías venir
conmigo y si quieres puedes hacer tus exámenes en otro momento… -
Con que era eso, no quiere que esté en Hogwarts e intentan por todos
los medios que me sienta incómodo para que decida irme con ellos.
-
Lo siento, Lucian… tengo que asistir a clase para poder hacer los
exámenes… - Lo miré
furioso – Y quiero
hacerlo.
- Muy bien. –
Se encogió de hombros – Era
sólo una opción.
- ¿Vas a enviarme a más… instructores para
que intenten convencerme de que este no es mi sitio?
– Le pregunté con acritud.
-
No. Isabel es la única que puede comportarse como es debido… ¿Te
imaginas aquí a Tony?
- Eso sí que sería una catástrofe…
Anthony era uno de los vampiros que me había entrenado, él podía controlar el tiempo además de ser uno de los pocos magos que había sobrevivido tras convertirlo en vampiro, el único problema es que es demasiado inestable, son muchos siglos viviendo de una manera totalmente fuera de la realidad… incluso más de los que realmente tenía… La única que lo mantenía un poco cuerdo era su esposa Julia… Aunque muchas veces más bien parecía que era él quien la mantenía a ella cuerda… Tenían una relación demasiado compleja y absorbente para ambas partes, los dos estaban completamente enamorados y nada podría separarlos… si alguien lo intentaba entonces ninguno de los dos detenía las ansias de matar del otro. Recuerdo que Lucian me contó cómo casi destrozan Londres en el siglo diecinueve porque Mithras, sin conocer la relación que los unía, intentó que cada uno matase al otro… definitivamente ese viejo Ventrue debió de aprender de su error pues nadie más lo ha vuelto a intentar.
-
¿Quién está con Draco, Isabel?
– Preguntó Hermione en la otra mesa.
-
Ese es Lucian, se moría de ganas por conocerte.
– Le respondió la aludida con una taza de café en la mano.
-
¿Cuántos años tienes, Isabel? –
Preguntó Ginebra con una sonrisa.
-
Veinte. –
Respondió lacónica, como siempre.
-
¿De qué conoces a Draco? –
Siguió con el cuestionario.
-
Del hospital. –
Ajustándose a la historia.
-
¿Os lleváis muy bien?
– No iba a dejar de hacerle preguntas hasta que obtuviese las
respuestas que deseaba. La compadezco, porque interrogar a Isabel es
toda una hazaña.
-
Si. – Lo dicho…
es habladora sólo cuando lo considera necesario.
-
¿Estuvisteis saliendo? –
Al menos la chica no se rinde.
-
No. – E Isa no
piensa dar su brazo a torcer.
-
Ginny, deja de acosarla… ya te dije que sólo eran amigos.
– Suspiró Hermione en medio de las dos.
-
Perdona, pero creo que al menos alguien debería de preocuparse
porque tu novio de repente recibe tantas visitas…
- ¿Vas a
insinuar que también estuvo liado con Lucian?
– Preguntó Hermione con malicia.
-
No sé… -
Ginebra observó a mi sire con ojo clínico, el cual le guiñó un
ojo… un gesto que era capaz de conseguir que fuese lascivo. –
Bueno… la verdad
es que yo no creo que esos dos tengan nada fuera de lo… habitual.
– Terminó diciendo –
Harry…
- ¿Sí?
– Respondió el chico mientras terminaba de desayunar.
-
Necesito que vengas conmigo ahora mismo… -
Exigió la pelirroja levantándose con rapidez y obligándolo a
seguirla.
- ¿Qué
ocurre? Aún me queda una tostada… -
Protestó.
-
Necesito que me recuerdes por qué estoy contigo… -
Le susurró furiosa consigo misma – Ya.
- Pero…
-
Harry James Potter… ¿no
necesitarás que te haga un mapa para aclarártelo?
– Sacándolo del comedor a rastras. Pobre Harry…
-
No tenías que ser tan cruel con la chica, sólo se preocupa porque
ayer Isabel estuvo sentada en el mismo lugar que tú. Quiere a
Hermione y no desea que le haga daño. –
Le recriminé a mi mentor.
-
Te aseguro que no le he hecho nada, sólo fue un simple guiño…
- me miró desconcertado. –
No estoy acostumbrado a las adolescentes, mis sobrinas son mucho más
fáciles de controlar.
- Ya.
– Me levanté – Hermione
y yo tenemos que ir a clase… vosotros dos entreteneos con lo que os
apetezca mientras tanto.
Mi no vida se está complicando por momentos. Tengo a una asesina a la que han indicado que sea la guardaespaldas de mi novia, la misma novia que empieza a tenerme miedo porque soy un vampiro… Mi mentor está en medio de cientos de jovencitas encantadoras que se mueren porque les haga caso y para colmo dentro de poco voy a tener que lidiar con varios vampiros mucho más experimentados que yo... ¿Quién dijo que la vida eterna era fácil?
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A Draco le están empezando a crecer los enanos. Tiene que ser el estudiante perfecto, el novio perfecto, el chiquillo perfecto… vamos que no creo que pueda con todo.
Puede que algunos personajes hayan quedado un poco desdibujados en este capítulo, (Hermione, por poner un ejemplo) pero al centrarme tanto en el punto de vista de Draco no puedo evitarlo, además, como os dije al principio, quería que quedasen claros unos cuantos puntos de vista por lo que utilicé a Hermione sobre todo para que preguntase aquello que no podían saber el resto de los mortales.
Estoy a vuestra entera disposición en el botón de abajo para sugerencias, críticas y demás.
Besos,
Madie.
