Título del Drabble: El comienzo de algo.
Contenido: Amistad, aunque para las mentes malpensadas, pueden suponer un ligero toque de shounen ai, eso queda de su parte. Reflexiones y ¡claro!, troleadas cancerígenas.
Personajes: Shion y Dohko con 8 años de edad, Manigoldo con 14 y Albafica con 12. Siempre he tenido la duda sobre la edad de este último, en unas páginas aparece con 20, y por ahí había leído que su edad oficial era 23 -y es por esta por la que mas me oriento...-. Detalles.
Agradecimientos: A ciertas canciones de mi repertorio que me traen mucha nostalgia... y me hacen pensar en ciertos momentos de la infancia de los santos. Por si les interesa aquí les enumero dos: Why – Ayaka (¡Ending de Final Fantasy VII Crisis Core!) y Utopia – Within Temptation (sí, por esa canción esta colección se llama así)
Comentarios: Esta semana ha sido dura por el final del semestre, y eso es decir poco. Normalmente no me suelo quejar de las cosas pero esto claramente me supera XD... ¿Saben que por donde vivo hubo un derrame petrolero que contaminó el río que nos surte de agua?, se imaginarán el desastre ambiental que ocurrió, y que evidentemente toda la ciudad tiene el agua cortada... Por esa razón hoy suspendieron las clases (cosa que agradezco enteramente porque hoy tenía que entregar algo y me estaba saliendo a las apuradas), y me tienen aquí desbordando mi estrés en sencillas palabras, en una de las tantas micro-historias que llevo en mi atrofiada cabecita. Yo no sé si será bueno, o afectará la calidad de mis fics que escriba con semejante nivel de estrés... pero de que me ayuda, me ayuda.
Reviews: Si supieras eli castillo que me sucedió algo similar, no porque pensara que Aphrodite era chica, sino que no entendía como un personaje tan afeminado tuviera semejante vocerrón, jajaja, la verdad siempre me pregunté si alguien conoció a Albafica de pequeño lo habría confundido un rato con una niña, de ahí la idea =) me alegra que te haya gustado el drabble. ¡Gracias por leer y comentar!
Gato por liebre es poco Luna xD (¿puedo llamarte así?), creo que el pobre aparte del susto se sintió "estafado"... Me alegra que te agraden estos detallitos de historias :3 y siento mucho si dejan con ganas pero por algo son drabbles. Sobre Spica... ella pronto figurará en uno de mis fics como pj secundario, pero por ahora me limitaré a tratarla aquí, llevo rato pensando en una idea sobre Hakurei y Sage en sus tiempos de juventud, la haría figurar allí. ¡Gracias por leerme y comentar x3!
Como siempre, se valen las sugerencias de personajes.
Y como siempre... Saint Seiya no me pertenece.
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Esperar. Él no estaba hecho para esperar, nunca en su vida había esperado nada y dudaba, en lo más profundo de su tierna inmadurez de infante que fuera a existir algo lo suficientemente vital para esperarlo sentado, con profunda paciencia y una escondida ansiedad camuflada de una calma de la que raras veces era dueño. Pero ahí estaba, esperando, no por un algo, su espera tenía nombre de alguien, y eso era lo mas extraño del asunto, ¿qué necesidad tenía él de esperar por alguien?
Al suspirar los mechones de su flequillo alborotado e irregular se movieron con gracia inconsciente, Shion llevaba sentado tres horas encima de los restos de una columna partida de superficie plana, con vista al pequeño intento de coliseo destinado a los aprendices de edad inferior a los diez años. Desde allí se le parecía a un feo cuenco gastado y roto, de esos que usarían los gigantes para comer alimentos líquidos, sopas aderezadas con ganado mal cocido, o incluso personas. En otro momento Shion hubiera encontrado algo de oscura gracia en lo que pasaba por su imaginación, en un momento donde no existiera esa maldita espera que lo mantenía como clavo en la madera, y el trasero aplastado bajo su peso.
¿Por qué Dohko estaba tardando tanto?, ¿cómo se atrevía ese desconsiderado a hacerlo esperar a él que tan poca paciencia tenía?, ¿estaba demente o se burlaba de él?
—Creo que mejor me voy —se escuchó decir, sin un ápice de motivación por cumplirlo. Sus palabras fueron suprimidas por el silencio y la inerte atención que ponían sus ojos terracota en la entrada de ese tazón de gigantes.
Fue cuando vio a un grupo de niños saliendo de allí que lo señalaban con la mirada, que Shion enderezó el torso preguntándose si se estaban refiriendo a él. Una de las razones por las que no prestaba atención especial a la gente del Santuario, cuando le tocaba venir con su maestro -como ese día- era porque siempre acababa despertando la entrometida curiosidad de la gente, lo cual a él le parecía estúpido: ¿por sus puntos en lugar de cejas?, ¿por su menuda estatura?, ¿o por su ceño casi siempre fruncido?. Al diablo con todos, pensó al levantarse de su asiento y por fin obedecer a su idea de irse por donde vino.
—¡Hey, tú!
Se detuvo, rodó las pupilas un milímetro, más pronto se propuso reanudar el paso quizás al pensar que el asunto no era con él, o si lo era, no ameritaba darle importancia.
—¡... amigo de Dohko!
Por fin si tuvo toda la atención del pequeño lemuriano. El muchacho que lo llamaba era bastante más alto que él, y por sus facciones, no parecía llevarle muchos años, cosa que en el fondo le provocó una pequeña punzada de envidia. Ese mismo muchacho se acercó solo unos pasos, intuyendo por la leve aura de hostilidad irradiando del niño, que lo mejor era no entrar demasiado su espacio.
—¿Dónde está Dohko? —se apuró en interrogar Shion.
—Eso íbamos a preguntarte... —el muchacho miró a sus compañeros que asintieron confundidos por la respuesta del niño de los puntos—, hace dos horas que no lo vemos desde que se fue, y dijo que volvería en un rato...
—¿Se fue? —¿Y en qué momento si no lo llegó a advertir?
—Sí, se fue con el discípulo del Patriarca.
El muchacho y sus amigos no entendieron a que se debía la expresión compuesta en el rostro del pequeño rubio: una mezcla de sorpresa, enojo y temor, todo junto. Pensaron que iba a decir algo, que iba a gritar un montón de cosas que no llegaban a imaginarse. Al final este no les dijo más que un inaudible e inesperado "gracias" antes de echarse a correr por una de las calles que daban a las áreas verdes del Santuario. Ninguno de ellos llegó a comprender que cosa pasaba por la cabeza de ese extraño niñito de los puntos, un viejo huraño prematuro.
Porque en efecto, con solo ocho años Shion podía parecerse en personalidad a uno de esos ancianos cascarrabias que te conseguías en Rodorio atendiendo las bodegas o vendiendo coles. Los motivos eran desconocidos, y si existía algo que lograba arrancarle una sonrisa de profunda satisfacción que pudiera regalarle a la vida era al momento de reparar una armadura sagrada, para él era más que una labor ancestral, era su pequeña comunión con la historia que tanto respetaba y admiraba. Su patiadero de juegos, de juegos que lo cerraban al mundo y lo transportaban a otro donde él era el observador, el analista, y el único que tenia derecho a juzgar.
Era un Dios. Un Dios solitario. Quizás hasta el día en que conoció a Dohko y sintió esa conexión donde podía intercambiar historias de distintas culturas, anécdotas y referencias que solo ambos entendían. Que sus nacionalidades fueran estrechas y la cultura que compartían algo similar, ayudó en ese feedback dejándolo encantado con la presencia del castaño.
Shion no se daba cuenta que en ese momento no buscaba a Dohko porque tuviera algo importante que compartir, o porque quisiera escuchar más historias sobre dragones que salían del agua y serpenteaban en los bosques de bambú en su tierra. Él quería su simple compañía, sin ser plenamente consciente de lo que era desear estar con alguien de forma desinteresada, para quien ha vivido recluido en la soledad de su propio universo, era un sentimiento desconocido, anónimo.
Ahora Shion buscaba a Dohko por el bosque temiendo que ese molesto bravucón hiciera de las suyas con él. ¡¿Por qué con Dohko?, ¡¿Por qué tenía que meterse donde no le importaba?, ¡¿y por qué consciente o no siempre tenía que estarlo jodiendo a él?. Cada una de esas quejas conseguían que los dientes de Shion se apretaran entre sí, formando una pared blanca terrible bajo sus pequeños y tiernos labios que eran tentación a ser mordidos por la misma frustración de no poder sentir nada por el bosque. No quería pensar que esa primera impresión de haber sentido parte de los pensamientos de Dohko en un minúsculo instante habían sido solo ideas suyas.
Sus pies se detuvieron al escuchar una especie de sarta de palabras gritadas y distorsionadas por el aire y la lejanía del sonido. Shion a pesar de eso reconoció la voz de Dohko y logró identificar el camino que debía seguir para llegar a él, orientado por la lengua natal de este saliendo apurada de su garganta. No tenía que adivinar contra quien estaba despotricando.
¿Ahora que mierda hiciste Manigoldo?
—¡Shion!
Ese era Dohko, atado con una cuerda en el retorcido tronco de un gran árbol de manzanas. Shion conocía ese árbol porque era muy visitado por ese chico que se la pasaba con el aprendiz de Crest -Kardia, se llamaba-, y algunos otros. Era bastante viejo, y sus raíces se retorcían en la tierra engañosas igual que serpientes, el tronco era grueso y firme, pero las ramas aunque robustas y altas, se sacudían con facilidad a la brisa de mediana intensidad, meciéndolas peligrosamente.
A su lado estaba Manigoldo, mordisqueando una manzana con petulante arrogancia, dedicándole una mirada de obvio desinterés.
—¡¿Qué crees que haces, Manigoldo? —reclamó—, ¡¿por qué tienes a Dohko atado?
—Paso, yo no le doy explicaciones de lo que haga a nadie, menos a un mocoso —volvió a hincarle el diente a la fruta, sin mirarlo. Shion apretó sus pequeños nudillos.
—¡No soy un mocoso!, ¡soy el aprendiz del hermano de tu maestro!, ¡merezco que me trates como igual!
A eso, Manigoldo alzó una ceja fingiendo incredulidad. Desechó la fruta al suelo y se acercó unos pasos al lemuriano, sonriendo burlón.
—Ah..., así que quieres que te trate como un igual, solo porque eres el borreguito del viejo Hakurei que, ¡vaya!, es hermano de mi maestro —la mano de este cayó encima del cráneo de Shion, y sus dedos apresaron las hebras de los cabellos con brutalidad—, ¿y crees que por eso mereces un trato de igual?, ¡no seas estúpido! —lo jaló con fuerza tumbándolo al suelo, Shion cayó apoyando sus brazos en la tierra.
—¡Ugh...! —estaba aturdido, y por mas rabia que sintiera en ese momento por el empujón, no consiguió decir más. Manigoldo le sacó el aire sin piedad pateándole el estómago.
—¡Shion!, ¡Shioooooooon!
Allá gritaba Dohko, revolviéndose en sus ataduras desesperado de ver cómo era maltratado su amigo sin poder hacer nada al respecto. Sí, Dohko era de esos niños que cuando le tomaban aprecio entero a alguien, automáticamente pasaba a ser su amigo, y eso en el futuro haría de su lazo con este fuera de siglos. Lástima que eso ahora no le diera poder para liberarse y hacer algo contra ese loco.
Porque ese Manigoldo, que no hacía otra cosa más que demostrar su superioridad frente a los demás, haciéndoles sentir insignificantes, debía estar demente para hacer eso solo por un estúpido comentario, y por desquite de quién sabe qué cosas. Dohko volvió a gritar cuando lo vio tomar a Shion del cuello de sus ropas para arrastrarlo al árbol, pensó que iba a atarlo como a él pero cambió de idea cuando se lo puso al hombro y vio que lo había dejado inconsciente.
Animal, masculló Dohko gruñendo. El miedo le cambió la expresión desafiante al ver cómo dejaba a Shion colgando peligrosamente en una de las ramas más altas. Manigoldo se bajó de un salto sin problemas, estaba lo suficientemente bien entrenado para superar la altura y adaptarse perfectamente a las irregularidades de las ramas. Dohko odiaba admitirlo, pero él solo les llevaba a ambos una ventaja abrumadora, tanto en entrenamiento como en habilidades físicas que brinda el desarrollo correcto y la edad.
—Si me preguntan los viejos les diré que quizás se perdieron en el bosque —comentó al darles la última mirada, antes de rascarse la cabeza y sonreír cínico—, mirándolo por el lado positivo, ¡es como un entrenamiento de supervivencia!, y he sido bueno en dejarlos cerca de la comida —pateó la manzana mordida con el talón hacia Dohko, a quien le pegó en el pecho y rebotó.
—¡Miserable! —escupió Dohko bullendo de rabia impotente.
Escuchó la risa de Manigoldo alejarse hasta perderla junto con su silueta. Shion fue recuperando el sentido ahora que el aire volvía a sus pulmones y su cerebro le recordaba vagamente lo que acababa de suceder y ver. Y lo que vio lo llenó de un vértigo inesperado, logró despertarse algo mareado y turbado de ver sus pies flotando en el aire a una altura considerable, que si llegaba a caerse la fractura iba a ser memorable. Shion apretó los ojos, los labios contra sus dientes mordidos fieramente, su cuerpo tenso procurando hacer balance con la rama para no caer, y en el peor de los casos, no partirla. El corazón se le paraba cuando se mecía.
—¡Shion!, ¿estás despierto?
—Sí...
—¡Descuida!, iré por ti apenas me desate... mmmghhh! —luchó contra sus ataduras inútilmente, llegaba a pensar que mientras más iba contra ellas, más se le apretaban al cuerpo.
—Dohko... ¿por qué te hizo eso Manigoldo? —le preguntó intentando olvidarse de que podía caer en cualquier momento, o era un truco mental para buscar relajarse y después pensar en cómo salir de ese enganche—, me dijeron que te habías ido con él del coliseo.
—Estaba molestando a los chicos, y decidí hacerle frente —contestó, respirando hondo y con paciencia empezó a aprovechar los lados flojos de la cuerda para darse impulso y trepar de espaldas el tronco, con la esperanza de que se aflojara el nudo. —Llegamos aquí donde supuestamente tendríamos "una pelea de hombres", pero el muy perro me tomó desprevenido haciendo trampa y como a ti me dejó inconsciente... cuando desperté estaba atado.
—Entiendo... —Shion veía lo que hacía, intuyendo su propósito pero dudando de que su amigo fuera a lograr algo—, siento no ser de ninguna ayud...
—No sientas nada Shion, yo haría lo mismo por ti... ¡aaahh! —acabó por resbalarse al terminar esa frase y caer a donde había quedad, no muy lejos de la tierra—, ¡maldición!, ¡maldito Manigoldo!, ¡maldito hijo de puta Manigoldo!
Shion ahogó un inesperado sollozo que iba a nacer en su garganta, la situación era patética y la vergüenza que sentía junto a las palabras conmovedoras de Dohko lo herían como en muchos años lo hirieron, y ese dolor le recordó vagamente porqué el mundo de las armaduras le embrujaba, sentía sin sentir y vivía sin vivir, escogiendo meticulosamente lo que quería y lo que no. Si no soltó el llanto allí fue por orgullo de no darle el puto gusto a Manigoldo de verlo así. Dohko maldecía abiertamente, Shion lo hacía en silencio mordiendo sus emociones a punto de desbordarse.
Cesaron de maldecir al escuchar que alguien venía, orientado por la curiosa sarta de maldiciones y vulgaridades que salieron de la boca de Dohko indicando con demasiada obviedad a quien les había puesto en ese apuro. Tenían allí a una persona que no conocían, pero que miraron con los ojos bien abiertos. Shion que le costó verle bien pensó al inicio que era una chica, pero al comprobar los hombros rectos, los brazos algo trabajados y su voz, no le cupo duda de que era tan hombrecito como ellos.
—¿Se encuentran bien?
Albafica sabía que esa era una pregunta retórica que podía tomarse a mal, pero se le había escapado al instante. ¿Manigoldo les había hecho eso?, no es que fuera la primera, y mucho menos la última vez que se pasara de abusivo con los otros aprendices, pero ver a esos dos niños en apuros que sabía Athena que culpa tenían le dieron a pensar que se había pasado de la raya.
—No te preocupes, ¡oye! —pidió Dohko su atención—, por favor, baja a Shion del árbol que se puede ca...
No tuvo que decirlo dos veces, el muchacho de cabellos turquesa ya se daba prisa en trepar por las retorcidas raíces y las espirales que formaba la madera del tronco. Lo hacía tan bien como Manigoldo, y ahora que lo pensaban, debía rondar más o menos su edad. A Dohko le pareció peculiar en el pequeño instante donde estuvo cerca, que ese muchacho despidiera un aroma tan dulce, como a rosas. Shion también lo pudo olisquear cuando Albafica alcanzó la rama donde su ropa estaba enganchada, y la brisa les roció con todo su candor meciendo las copas y precariamente las ramas. El sonido de una fractura puso de nervios a Shion.
—Tranquilo, ahora te bajaré, solo no te muevas... —indicó el bello jovencito, porque sí, ahora podía apreciar mejor su atractivo, aunque esto pasaba al segundo plano al ser lo primordial salvar su pellejo. Vio que extendía su mano—, tómala, creo que no llegaré hasta allí, la rama podría partirse...
Shion estiró el brazo lo mas que pudo, no llegaba ni a rozar los dedos del peliturquesa. Rabió contra sus pequeños miembrecitos.
—No... alcanzo...
—Ya... entonces no hay de otra... —Shion juró que lo iba a dejar a su suerte, que se cayera y lastimara. Dohko también observaba estirando la cabeza hacia arriba todo lo que podía rogando que ninguno de los dos saliera herido, y en especial, que el chico con fragancia a rosas pudiera salvar a su amigo. Para asombro del rubio, lo que vio no fue una mirada de disculpa, o una descarada huida, los ojos celestes del jovencito midieron los riesgos de la empresa y transmitieron resolución en sus siguientes acciones, enmarcados en cejas preocupadas, pero inclinadas hacia abajo en el ceño con decisión. —Iré por ti.
Le advirtió de nuevo que no se moviera, y así lo hizo Shion, el corazón latiendo a mil, la frente y la nuca perlada de sudor nervioso, y la garganta reseca. El jovencito se acercó con mucha cautela, aferrándose a los bordes de la rama con cuidado y habilidad felina. En la mitad del recorrido el viento volvió a mecer la copa y el sonido de quiebre fue mas profundo, Albafica no volteó atrás donde Shion veía el nacimiento del punto de ruptura. Suponía que él debía saberlo, y no accedía a mirar para no pensar ni preocuparse innecesariamente, si ya estaba tomada su decisión y no iba a volverse.
—Casi... —avisó en susurro—, ya casi estoy...
El crujir de la rama avisó el peligro inminente, Shion pudo sentir el brazo del peliturquesa rodeándole al instante, antes de que la rama del manzano terminara de ceder al peso de la gravedad, los años de podredumbre y la fuerza del viento. Todo sucedió rápido y consecutivo, el grito ahogado de Dohko, el aire cortando el descenso inevitable y su cuerpo rodeado por el ajeno. Shion solo sintió el golpe contra la persona que lo había intentado ayudar, su nariz dio de lleno con el pecho del jovencito que lo abrazaba protectoramente, y que acababa de recibir de lleno la caída apoyando todo su brazo izquierdo. La calidez de su aroma lo embargó unos instantes, era el mismo perfume que se percibía al llegar al templo del Patriarca, o más concretamente, a la doceava casa del zodíaco.
—¡Shion!, ¡y...!, ¡tú!, ¡¿están bien los dos? —los gritos de preocupación que Dohko profería lo trajeron de vuelta a la realidad.
Lentamente se fue despegando de su "salvador", cuyo impacto lo había dejado medio aturdido y medio dolido. Shion lo menos que pudo hacer por él fue ayudarle a quedar sentado y preguntar varias veces por su estado, mientras examinaba el brazo magullado.
—Estoy bien, no tengo nada fracturado —aseguró el mismo número de veces—, ¿no te hiciste daño verdad?
Shion negó con la cabeza, un poco turbado, porque en un mismo día algo preciado para él que todavía no se descubría como debía ser había sido puesto en peligro, porque Manigoldo lo hizo sentir como una basura inútil a la que podía patear -literalmente- cuantas veces quisiera. Ahora esa persona que de la nada salió, se lastimaba por querer ayudarlo teniendo la suficiente bondad de preocuparse por él después de eso. ¿Qué tenía el mundo hoy contra él?
¿Por qué su mirada en lugar de incomodarle y fastidiarle, como los otros en el Santuario, lo intimidaba y hasta avergonzaba?
—Qué bueno —se levantó, y Shion se ofreció a ayudarle, siendo lo mínimo que podía hacer por él.
Después de desatar a Dohko, los dos niños agradecieron formalmente la ayuda del extraño.
—Mi nombre es Dohko, aspirante a caballero... ¡gracias por ayudarnos!
—Yo soy Shion... y gracias, de nuevo.
—¿Shion? —parpadeó el peliturquesa—, ese nombre... ¿no eres el alumno del señor Hakurei?
Asintió, no muy acostumbrado a que la fama de su maestro en el Santuario lo volviera a él también una persona conocida.
—Ya entiendo... —suspiró pesadamente, eso extrañó al dúo—, escuché cuando venía de regreso del pueblo que el señor Hakurei y el Patriarca les están buscando, también a Manigoldo.
—¿Conoces a Manigoldo? —no pudo evitar preguntar Shion, sorprendido.
—Sí, es el discípulo del Patriarca después de todo —se encogió de hombros, con cierto pesar—, la casa de Piscis es la última y por lo tanto, es entrada directa al templo papal.
—¿Eres de Piscis? —preguntó Dohko, curioso y asombrado de conocer a alguien que viviera allí aparte del caballero que cuidaba la casa en cuestión.
—Por eso el olor a rosas —dedujo Shion, sin darse cuenta ambos de que esos comentarios lo incomodaban en el sentido de que, lo abochornaban. Sobretodo el segundo. Ya había recibido muchos elogios por ese detalle.
—Sí, bueno, eso no importa —cortó raudo, percatándose de la hora y que el sol comenzaría a ponerse pronto—, deberían ir a la sala papal para no preocupar más al Patriarca y al señor Hakurei.
Él también tenía prisa, se había demorado más de la cuenta en Rodorio, tonteando al pasearse por sus calles, disfrutando de ese pequeño momento lejos del jardín de rosas mortales, explorando. Su maestro iba a regañarlo por demorar con los sobres de especias que guardaba en los bolsillos. Shion que logró percatarse de que el joven buscaba irse, atajó con una obvia pregunta.
—Espera, no nos dijiste tu nombre —dijo, no demandante como usualmente, sino más como un recordatorio humilde. Hasta él se sorprendería después, en un par de años más, que con ese individuo jamás actuaba con dureza.
—Albafica —se presentó con una media sonrisa—, un placer conocerlos, Dohko, Shion, pero ya me tengo que retirar. Mi maestro puede molestarse.
—Antes... —Shion volvió a detenerlo, Albafica vio que se quitaba las vendas que cubrían sus pequeños antebrazos, y arrancaba parte de las del torso. Sin pedir mucho permiso, con movimientos algo tímidos e inseguros, se acercó y rodeó el brazo herido de Albafica, que lucía algo hinchado por el golpe.—Como disculpa por haber causado que te golpearas...
Fue raro, no desagradable, ni invasivo, pero si raro, extraño, agradable y desconocido, que alguien aparte de su maestro se preocupara por tratarle las heridas, los golpes, o velara un poco por su bienestar. Era tan raro como el que dedicara un momento a sonreír con verdadero agradecimiento, así fuera de manera torcida, a alguien que recién conocía.
—No te preocupes... ya nos veremos, ¡hasta luego! —se despidió apenas sabiendo que rayos decía. Al dejarlos atrás por varios pasos se preguntó porqué había dicho un ya nos veremos, sabiendo que para los moradores de Piscis, la compañía era algo utópico e imposible.
Shion también había pensado, en su mas tierna inmadurez infantil, que nunca sentiría la necesidad de esperar por alguien. En ese momento, después de que Albafica los dejara, estaba esperando a que ese "ya nos veremos" fuera una realidad, lo más pronto posible.
Shion recibió a Dohko sin esperarlo, y sentía que por él haría y esperaría lo necesario.
Albafica le había dejado una promesa en espera por ser cumplida, a él también lo esperaría.
Y aprendería a esperar, a ser paciente, a añorar la compañía, hasta que finalmente, aprendería a apreciar las memorias de su tierna niñez y vida entera.
Sin saber que el mismo pensaba en eso justamente, al cruzarse con cierto pesado camino a las escaleras de Piscis.
—Escuché que ayudaste a esos mocosos.
Albafica frunció el ceño, negó con la cabeza.
—Tú no tienes remedio...
—Oye, solo era una broma —se defendió Manigoldo queriendo parecer agradable al acercarse y tocar el hombro del aprendiz de Piscis con una mano—, no tienes que ponerte así de serio, Albita.
Ese hombro era el lado donde Albafica se había golpeado, Manigoldo advirtió la hinchazón bajo las vendas y como el cuerpo se crispaba por el dolor. Vio como se retiró del contacto para subir las escaleras.
—Una broma nada graciosa Manigoldo, Shion pudo haberse lastimado —replicó severo, sin prestarle atención a la incredulidad en la cara de Manigoldo, ¿había dicho Shion?
—¿Cómo tú...?
—Lo bajé de donde lo colgaste, y también solté a Dohko —le informó, deteniéndose para mirarlo con enojo y hastío—, cuando quieras desquitarte con la gente, antes deberías medir la consecuencia de tus actos.
—Nadie te pidió que los ayudaras a fin de cuentas —refutó el obtuso aprendiz del Patriarca, no queriendo hacerse responsable, y evitando sentir culpa de haberle causado -indirectamente- eso a quien curiosamente era el único aprendiz que aguantaba su presencia.
—No lo digo por mí, lo digo por ti.
Dicho eso Albafica se internó en Piscis, dejando al adolescente con un agrio sabor en la boca. Ya tendría que inventarse después una disculpa, aunque ahora su orgullo barato no lo dejara pensar en otra cosa que mandar al carajo a ese aprendiz de botánica.
No le agradaba la idea de que al final, Albafica acabara juntándose con esos niñitos perdedores, ¡cómo si ellos fueran mejor que él!. Así que mañana tendría que inventarse algo para desquitarse con los mocosos -sin que el botánico en cuestión lo supiera- y congraciarse con el otro.
En ese momento, Manigoldo no sabía que esa simple decisión, le estaba dando pie a un sin número de vueltas en la ruleta rusa de la vida, la suya y la de esas otras tres personas.
Era el comienzo de algo.
Y ya, le daré un descanso al cangrejo, que ya tiene mucho. ¡Hace tiempo que quería redactar sobre estos cuatro nenes juntos!, y es que amo ese cuarteto, sea o no en shounen ai/yaoi xD
¡Gracias por leer!, por favor dejen comentario - en estos días de estrés contundente me dan unos respiros y alegrías que ni se imaginan.
¡Se me cuidan mis bellos lectores! (L)
¡Hasta otra!
D. Wright.
