ni los personajes ni la historia me pertenecen
Capítulo 9
No tenía idea de cuánto estuve durmiendo, pero mi dolor de cabeza se había ido cuando desperté. Y al menos no pensaba que fuera a vomitar. Miré hacia arriba encontrando a Edward despierto mirándome.
—Hey. —habló despacio y acarició mi cabello.
—¿Dormiste? —Me estiré un poco y después me acurruqué más cerca en su pecho.
—No.
—¿Estás bien?
Él asintió gentilmente y se rió.
—He tirado todos mis jodidos trapos sucios a tus pies y tú me preguntas si yo estoy bien. —Hizo énfasis en la frase—. Y me preguntas por qué no puedo mantenerme lejos de ti. —besó mi frente.
Me senté en el sillón de rodillas y puse una pierna a cada lado de él, que estaba sobre su espalda.
—Si nosotros vamos a intentar esto, no habrá combinación del negocio con el placer para ti, de hecho no habrá más placer para ti que yo. —puntualicé la oración con mi dedo en su pecho.
—Hecho. Pero tú sabes no tengo mucha experiencia en relaciones, así que necesito que tengas paciencia conmigo.
—Paciencia, Sí. Tolerancia por engañar, No. —Le sonreí.
Edward se movió y antes de darme cuenta que estaba haciendo cambio nuestras posiciones, yo estaba sobre mi espalda y él estaba arrodillado en el sillón encima de mí, sus piernas abiertas en cada lado mío.
—Lo tienes, nada de engaños. Y solo para que estemos claros, tú me perteneces a mí ahora. Así que nadie toca tu culo tampoco.
Mi corazón se derritió con el pensamiento de pertenecerle.
—Hecho.
Edward se acostó más abajo, su cara cerca de la mía.
—¿Hemos terminado con la charla por ahora? —Asentí, su hermoso rostro muy cerca del mío fue una distracción para mi cerebro—. Bien, nena, porque he estado en este apartamento por casi un día, mientras tu dulce y pequeño culo, descansa encima de mí y mojaba mis dedos dentro de ti. Si no me entierro dentro de ti dentro de los próximos cinco minutos, no podrás caminar mañana.
Mis ojos se abrieron a esas palabras, y después entrecerraron poniéndolo a prueba a ver si estaba diciendo la verdad.
Su sonrisa era perversa y sexy.
—¿En el sillón o en la habitación nena?
Okey, él no estaba bromeando, mi estómago dio un vuelco y respiré profundo y rodé mis ojos fingiendo un sacrifico.
—Cama.
—Buena Chica. —Me levanto y me llevo al dormitorio.
Por primera vez desde que me mudé a New York, he temido ir a trabajar, Edward y yo hemos ido demasiado lejos en las últimas veinticuatro horas y odio tener que dejarlo ir. Deseo quedarme en cama y acurrucarme con el todo el fin de semana, pero no puedo decepcionar a mi banda, y el club va estar lleno el sábado en la noche, así que me forcé a levantarme y estar lista, mientras salía vestida para irme a trabajar, Edward estaba hablando por su teléfono. Veía cómo detenidamente me miraba de arriba abajo, me había puesto a propósito mi camiseta roja favorita y una falda negra muy favorecedora, con un par de zapatos de doce centímetros y una docena de cadenas de plata de diferentes tamaños.
Él tenía sus ojos puestos en mí mientras hablaba por teléfono.
—Me importa una mierda lo que cueste solo hazlo. —Colgó el teléfono y caminó hacia mí.
—¿Eso es lo que vistes para trabajar cada noche?
Jugué a la tonta.
—No, no visto el mismo conjunto en el trabajo cada noche, yo visto diferentes conjuntos tontito. —Poniendo mis manos en su pecho— ¿Todo está bien?, te oías enojado en tu llamada.
—Sí, Todo está bien, era el negocio del hotel. —Envolvió un brazo alrededor de mi cintura y tiró de mi duro—. ¿Puedes sentir esto Bella? Solo te miro en ese conjunto y ya estoy jodidamente duro de nuevo. ¿Cómo se supone que te vea ir a trabajar, sabiendo que un salón lleno de hombres borrachos podrían sentirse de la misma manera acerca de mi mujer? Joder. Su arranque de celos me excitó y ahora voy a andar por ahí toda la noche mojada y con dolor entre las piernas.
—Yo sólo deseo un hombre dulzura. —Me puse de puntillas para besarlo en la boca suavemente.
Edward insistió en dejarme en el hotel en su camino a casa. Un negro y sedoso Mercedes SUV estaba estacionado afuera cuando bajamos las escaleras, solo una mirada y supe que el carro era de Edward.
—¿Tuyo? —Miré hacia él volteando los ojos en respuesta a su sonrisa afectada.
Edward me condujo con su mano en la parte baja de mi espalda a la puerta del SUV y el chofer brincó fuera para abrirla. El conductor uniformado asintió a Edward.
—Buenas tardes Señor Cullen.
Nos bajamos fuera del hotel y esperaba que Edward me dejara y regresara a su lugar, pero le dijo al chofer que volviera por él en una hora y salió conmigo. Miré hacia él preguntándole. Mientras el me ayudaba a bajar del SUV.
—Tengo unas cuantas cosas que hacer, así que pensé por qué no matar dos pájaros con una sola piedra.
Él tomó mi mano e hicimos el camino hacia la puerta del hotel.
—¿Dos? —Pensé que quizás me había perdido algo, ¿Qué era la otra cosa?
Edward me sonrió, una malvada sonrisa pero sexy como el infierno.
—Dentro de cinco minutos caminando a través del lobby principal tomado de tu mano, el personal entero estará zumbando. Eso podría sacarte de sus límites y hacer que el equipo de seguridad haga su trabajo manteniendo un ojo sobre ti.
Me detuve en seco sobre mis pasos en medio del lobby.
—¿Así que tu estas esencialmente meando como un perro en tu territorio?
Edward apretó la mano que tenía tomada y tiró de mí contra él, envolviendo su otro brazo firmemente alrededor de mi cintura.
—Sip, ¿Eso es un problema nena?
Abrí mi boca para responder y Edward usó la oportunidad para cubrir mi boca con la suya y me besó, no fue un dulce y rápido beso. Fue uno demandante que hizo que mis rodillas se hicieran débiles y me dejara sin aliento. Su lengua exploró mi boca y lamió mis labios, deteniéndose a succionar mi lengua. Cuando rompió el beso el mantuvo su cara cerca de la mía, y yo estaba jadeando.
—Eso debió hacerlo nena —él miro alrededor, aparentemente satisfecho consigo mismo.
Miré con atención un lado del lobby y después el otro, Edward tenía razón, nosotros aparentemente teníamos la atención de todo el mundo en el lugar.
—Eres increíble.
Me besó castamente antes de dejarme ir.
—Y no lo olvides nena.
Una hora después, Edward volvió al club vacío mientras yo estaba terminado mi rutina para decir adiós.
—¿Tu casa o la mía esta noche? —dijo como si no hubiera sido una pregunta, sino que pasaríamos la noche juntos de nuevo.
—La tuya, tu baño es más grande que mi apartamento. —Sonreí.
—Volveré a media noche por ti.
—Eso no es necesario Edward, puedo tomar un taxi a tu casa.
El me beso dulcemente en los labios.
—Quiero hacerlo.
Suspiré.
—Okey.
.
.
Domingo por la mañana nos dormimos tarde y fue pronto de tarde antes de que saliéramos de la cama. Edward pidió servicio de habitación y una taza de café para mí. Nos sentamos en la mesa del comedor que podrían sentarse catorce personas y me preguntaba cuán entretenido estaba que necesitaba una mesa semejante.
—¿Haces un montón de fiestas?
—¿Aquí? No. Las únicas personas que han estado aquí son mis amigos, los que conociste en La isla, y no requieren de una mesa de comedor o alojamiento.
Su declaración despertó mi interés.
—Por lo tanto, que las quinientas o quinientas mil mujeres que has... entretenido, ¿ninguna de ellas han estado aquí? —Arrastré la palabra entretenido porque follar simplemente no parecía apropiado en la mesa del comedor.
Vi la cara de Edward y su creciente incomodidad.
—No, nunca ha habido otra mujer en mi cama Bella. Tú eres la primera mujer a la que he entretenido aquí. —Sacó la palabra entretenido al igual que yo hice, burlándose de mi elección de palabras.
Mi diosa interior estaba encantada con la noticia de que ninguna mujer había estado en su cama antes. Pero hay algo que no tenía sentido.
—Entonces, ¿dónde entretienes a las mujeres?
La mandíbula de Edward se tensó y al instante supe que no me iba a gustar la respuesta. Bajó la mirada a su plato.
—Tengo una habitación en el piso quince.
Casi me atraganté con mi café.
—¿Tienes una habitación para follar? —Mi voz era más fuerte y más condescendiente de lo que pretendía que fuera.
—Mantengo una habitación donde poder pasar la noche, es una pequeña suite y tengo algunas de mis cosas ahí abajo. Tiene una oficina también. —Su voz era controlada y me di cuenta que estaba tratando de contener su emoción y no estar a la defensiva.
—¿Tienes una oficina aquí también? —No estaba tratando de ser sarcástica, pero salió de esa manera de todos modos.
—Te dije que no estaba orgulloso de mi pasado Bella. Pero ahora estamos juntos y estás en mi cama, no en esa habitación, así que no vamos a hacer esto.
— Edward se levantó de la mesa y salió de la habitación.
Me senté por unos minutos pensando. Edward tenía razón, estaba celosa y actuaba como una mocosa. Había sido sincero conmigo desde el principio y nunca pretendí que fuera distinto de quien era. No se merecía mi juicio. Limpié la mesa y fui a pedirle disculpas.
Lo encontré en la habitación de ejercicios, corriendo a toda velocidad con los auriculares puestos. Él me miró mientras entraba, pero no aminoró el paso o se quitó los auriculares. Articulé las palabras lo siento con la boca y él asintió con la cabeza mientras corría. Él estaba chorreando del ritmo loco que llevaba, y su camisa se pegaba a su pecho jadeante, delineando cada corte de su hermoso cuerpo. Edward siguió corriendo, pero atrapó mis ojos vagando alrededor de su cuerpo. Me di cuenta de que mi admiración por su cuerpo lo había distraído, pero él parecía contento con seguir corriendo.
Me quité la camiseta grande que llevaba y me quedé allí ante él, completamente desnuda. La lujuria llenó sus ojos que vagaban por todo mi cuerpo, pero todavía no rompía el ritmo. Luego, lentamente, me arrodillé y lo miré con los ojos entornados. Eso fue todo. Pulsó parar y estuvo delante de mí, en cuestión de segundos. Le bajé los pantalones, abrí mi garganta y le di la mejor disculpa que conocía.
Domingo por la noche nos sentamos alrededor mientras leíamos los tres periódicos diferentes que le habían entregado a Edward y yo estaba en mi gloria. Se sentía tan natural y fácil, y no podía creer que sólo nos habíamos conocido hace un mes. Odiaba dejarlo, pero habíamos estado juntos desde la noche del viernes y estaba nerviosa de que fuera mucho y demasiado rápido. Además, no tenía ropa o artículos de higiene personal conmigo y yo definitivamente necesitaba mis pastillas anticonceptivas.
—Voy a tomar una ducha rápida, si no te importa, y empezar a prepararme para irme. —Se sintió incómodo decirlo, pero no estaba segura de por qué.
—¿Pero no tienes que estar en el trabajo hasta mañana por la noche? —Más una afirmación que una pregunta.
—Lo sé, pero no tengo nada de ropa o cosas aquí.
—¿Qué necesitas, enviaré a Seth para conseguir lo que necesitas.
—¿ Seth?
—Mi chofer. Le pago para estar de guardia y por lo general estoy corriendo. Le dará algo que hacer.
—Necesito ropa y ropa interior, Edward. ¿Seth va a entrar en mi apartamento y hurgar en el cajón de mi ropa interior?
—No. Tendría que romper sus dedos por tocar tu ropa interior. Pero lo puedo enviar a Barney's para recoger algunos objetos que Ángela escoja.
—¿Ángela? —¿Este hombre tiene una persona para hacer todos sus recados?
—Ella elige mi ropa. Voy a llamarla y que escoja algunas cosas para ti y Seth puede recoger las bolsas. —Lo dijo como si fuera simple y normal tener gente corriendo para buscar mi ropa interior.
—Eso es muy dulce Edward, pero solo iré a casa. Probablemente estás harto de mí de todos modos, he estado aquí todo el día y toda la noche.
Edward se quedó helado.
—¿Estás harta de estar conmigo Bella? —Por un segundo, se vio vulnerable.
—No, por supuesto que no. —Pude ver que necesitaba consuelo—. Es que sólo tengo miedo de tomar las cosas demasiado rápido. Sé que tú eres nuevo en las relaciones y no quiero presionarte demasiado rápido y asustarte.
La confianza volvió a la cara de Edward al tiempo que cogía su teléfono celular.
—Me gasté tres semanas torturarme sin ti nena. No voy a dejar que te deslices lejos ahora que te tengo.
Mi corazón se hinchó un poco más a su afirmación. Apretó un botón en su teléfono celular y la conversación había terminado. Me besó en la frente mientras salía de la habitación hablando por su teléfono.
—No, no es para mí hoy Ángela, necesito que pongas algunas cosas juntas para mi novia.
¿Su novia? Me encantó el sonido de eso.
Dos horas después, alguien llamó a la puerta.
Escuché a Edward y a Seth hablando por un minuto, pero sólo estaba vestida con una de las camisetas de Edward, así que no salí a ver lo que trajo Seth, incluso pensé que tenía curiosidad. Unos minutos más tarde Edward volvió a la sala, yo había acampado en esta área de la alfombra, con secciones de periódicos repartidos por todo el piso. Él dejó caer unas cuantas bolsas en el sofá.
—¿Qué tal si salimos a cenar esta noche?
—Eso suena muy bien. — Le hice señas a la media docena de bolsas en el sofá—. Parece que tengo algo que ponerme. —Sonreí y negué con la cabeza.
Edward se acercó a mí y llegó hasta donde estaba sentada a darme un beso en la frente. Algo en mi cuando me besó en la frente hizo que se me derritieran las entrañas.
—Por mucho que me encantaría hacer que modeles toda tu ropa nueva para mí, tengo una o dos horas de trabajo que tengo que hacer. Entonces, por qué no vas a ver si puedes encontrar algo que te gusta y yo iré a mi oficina a trabajar para que no me distraiga tu cuerpo desnudo.
—Está bien. —Maldita sea, él era lindo cuando se ponía dulce.
—Voy a traer el resto de las bolsas a la habitación y hacer espacio en el armario para que guardes tus cosas.
—¿El resto de las bolsas? —Había seis en el sofá, ¿cuántas bolsas se entregaron? ¿Y él iba a hacerme espacio en su armario? Santa Mierda.
—Le dije que enviara cualquier cosa que pudiera lucir sexy en tu pequeño culo lindo. Al parecer, ella te googleó y encontró fotos tuyas cantando y hay una gran cantidad en las que te ves sexy. —Estaba sin habla, pero no importaba, porque Edward no había terminado—. Y tenemos que hablar acerca de la seguridad de Internet, o la falta de seguridad. Cualquier loco puede averiguar dónde vives.
Umm... sí, lo hizo.
Edward no estaba bromeando cuando dijo que Ángela me había investigado.
Había por lo menos dos docenas de prendas y cada uno era algo que yo habría elegido para mí. Es decir, si yo tenía unos cincuenta mil dólares para ir en una juerga de compras locas. Había bolsas y bolsas de bellas camisas, pantalones, zapatos, sostenes, ropa interior e incluso lencería y un albornoz. Luego estaban los productos cosméticos para el cabello, y todos se encontraban en las marcas que he usado. Estaba por encima del límite, entre locura y demasiado. Dejé de mirar las etiquetas cuando encontré una caja de zapatos que fueron marcados con solamente mil seiscientos dólares.
Decidí escoger mis prendas favoritas, porque yo realmente no tenía nada que ponerme si no lo hacía, y los cosméticos y productos para el cabello. El resto estaba en un gran montón en la cama, y Edward va a tener que pedirle a Seth que los lleve de vuelta.
Edward terminó en su despacho y se puso detrás de mí, mientras me alistaba.
— Edward, hay demasiada ropa, escogí un traje para usar esta noche, pero el resto necesita ser devuelto. Aprecio que la compraras para mí, pero es demasiado.
—Nop. —Me besó en la parte superior de la frente y levantó su camisa—. Voy a tomar una ducha rápida.
¿Qué? ¿Desechó todo lo que dije en una pequeña palabra y ni siquiera iba a quedarse para hablarlo conmigo? Él realmente va a necesitar un montón de tutoría sobre cómo funcionan las relaciones.
— Edward, ¿ignoraste lo que acabo de decir?
Lo miré en el espejo detrás de mí y su cara se veía molesta.
—No ignoro lo que acabas de decir. Lo consideré y te respondí.
—¿Tu consideras que me respondiste? —¿Estaba loco?
—Sip. Dame tres buenas razones por las cuales no puedas quedártelas y cambiaré de opinión. No soy irrazonable.
Sentí como el calor subía a mi cara, ¿estaba bromeando? Ni siquiera sabía cómo responder a esa declaración. Y maldita sea, estaba en blanco por las tres buenas razones por las que no podía quedármelos.
Su rostro cambió de enojado a divertido mientras me miraba en el espejo.
—No tienes nada, ¿eh? —Una ceja se arqueó en desafío—. ¿Se ajustan?
—Sí.
—¿Te gustan?
—Sí, pero ese no es el punto.
—Así que, ¿por qué no me dices cual es el punto entonces Bella.
Su rápido disparo de preguntas me estaba molestando.
—Es demasiado Edward. Simplemente no vas por ahí comprando a tu novia de dos días cincuenta mil dólares en ropa.
—¿No lo haces?
Me di cuenta en su voz que estaba burlándose y eso sólo me puso más furiosa.
—No, no lo haces, es demasiado, demasiado pronto.
—¿Por qué?
Dios me enfurecía. Él me enfurecía porque no tenía una respuesta... No sé por qué era demasiado, y demasiado pronto, sólo lo era.
—Simplemente lo es Edward.
Fue saliendo de los pantalones que llevaba puestos mientras hablaba.
—Eso no es una respuesta Bella. Todavía no me has dado ninguna buena razón nena.
Tenía razón, yo no le había dado ninguna razón, pero eso no significa que me quedaba con la ropa. Le di mi mejor mirada enojada en el espejo y pero él ni se inmutó.
—Vamos a ver esto de otra manera Bella. ¿Sería aceptable que un nuevo novio, que gana, digamos, cien mil dólares al año, compre para su nueva novia un traje de quinientos dólares si él quisiera?
Pensé en ello. Jacob había ganado sólo un poco más que eso y supongo que no habría pensado que era demasiado si él me hubiera comprado un traje de quinientos dólares.
—Supongo que no, que sería generoso, pero yo no creo que haya sido una locura.
Edward se quitó los calzoncillos boxer y se puso detrás de mí con su glorioso cuerpo desnudo. Si no podía llegar a una respuesta inteligente antes de que él estuviera desnudo, ¿cómo diablos se suponía que iba a pensar con eso mirándome fijamente en el espejo?
—Entonces, todo es relativo nena. Sólo añade unos ceros al salario y me debería permitir añadir unos cuantos ceros a lo que gasto en la ropa de mi novia. —Y con eso, Edward se dio la vuelta y entró en el cuarto de baño. Yo no podía dejar de ver como todos los músculos de su fantástico culo tonificado se apretaba con cada zancada.
Pensé en lo que había dicho Edward mientras me vestía y me alegré por unos minutos por pensar en la conversación sin la presión del intenso interrogatorio de Edward. ¿Estaba en lo cierto, y yo nunca había salido con un hombre que gana millones de dólares, y tal vez todo era relativo? Pero todavía no me sentaba bien por alguna razón, aunque yo no le podía dar tres buenas razones para ello.
Edward salió del baño envuelto en una toalla y ¡Dios! era sexy. La toalla estaba baja y mostró su profunda V y esa ligera línea de vello que va desde su ombligo hasta ese lugar que hace que mi estómago haga flip flop.
—¿Cómo sabías cuál champú, acondicionador y marcas de maquillaje utilizo? —Parecía más que demasiada coincidencia que Ángela seleccionara todas mis marcas favoritas.
Edward tiró la toalla en la cama y se dirigió a su armario completamente desnudo. Estaba bastante segura de que nunca me acostumbraría a la belleza de este hombre sin ropa.
—Alice le dijo a Ángela lo que usabas. —Su tono era de hecho como si estuviera diciendo algo que no me iba a sorprender.
Salió del armario tirando de la cremallera en un par de pantalones de color gris oscuro.
—¿Qué? ¿Cómo Alice habló con Ángela? —Estaba completamente confundida.
—Le di a Ángela el número de Alice y ella la llamó.
—Pero, ¿cómo obtuviste el número de Alice? —Ni siquiera pensaba que él supiera el apellido de Alice.
Se puso una camisa de vestir azul claro mientras hablaba.
—Te dije que íbamos a hablar sobre la seguridad en Internet Bella.
Cualquier loco puede averiguar lo que quisiera acerca de ustedes dos con sólo pulsar el teclado.
—Supongo que él lo hizo. —Estaba exasperada. ¿Íbamos a hablar de la seguridad en Internet? ¿Qué tal si hablamos de los límites y el acecho?
Mi comentario no pareció desconcertar a Edward en lo más mínimo, sino que continuó alistándose sin perder el ritmo.
—Vístete nena, vamos a llegar tarde.
—¿Tarde para qué? —parecía estar siempre un paso por detrás de él en nuestras conversaciones.
—La cena, tenemos reservas a las 8:30 en el Coco LaMer.
Coco LaMer era el local del año. Había pasado por un par de veces frente a él en mi camino al trabajo y una vez vi a dos de las chicas de Sex in the City entrando a cenar. Oí que la espera de reservas era de dos meses de espera, aunque nunca me he molestado en verificar la información porque ese tipo de restaurante no estaba en mi presupuesto. Ni me molesté en preguntar cómo Edward consiguió reservas, el hombre claramente obtiene lo que quiere.
Me tomé mi turno para pasar al vestidor de Edward y me vestí con el traje que había elegido. Era un vestido strapless color dorado. La parte superior era de un delicado encaje que se envolvía a mi alrededor como tiras de gasa y serpenteando en diferentes direcciones. La cintura era alta y tenía un gran lazo en el lado derecho. El fondo era un lío de tiras brillantes de oro que chocaban por completo con la delicada parte superior. Se veía como una andante pieza de arte y me encajaba perfectamente. Lo combiné con los zapatos que Ángela había elegido, sandalias de tacón de aguja de doce centímetros envuelto alrededor de mis tobillos. Tenía las piernas largas delgadas, pero la falda corta y tacones altos hacían que mis piernas se vieran mucho más largas.
Yo sabía que me veía bien y me alegré de mi decisión de dejarme el pelo suelto. Salí del closet cuando Edward apretaba su reloj y su reacción era todo lo que había esperado y más.
—Joder Bella. Te ves hermosa. Sexy como el infierno.
Me giré para mostrarle el traje completo y le sonreí.
—Gracias, el traje es hermoso. Ángela tiene un gusto increíble.
Caminó hasta pararse frente a mí y tomó mis manos.
—Lo que vas a hacer que me maten, con mi carácter y las miradas que vas a conseguir. — Edward estaba hablando muy en serio y me encantó cada palabra.
Puse los ojos, diciéndole que estaba exagerando y planté un beso en la boca.
