N/A: Puede que este capítulo sea más extenso que los anteriores, pero supongo que está bien luego de una espera de diez capítulos para que los protagonistas finalmente decidieran conocerse.

¡Espero que les guste!


Viviendo entre sombras

Capitulo 10: Choque de personalidades

Como bien acababa de leer, según datos de la Patrulla Roja, su compañero de laboratorio Maki Gero resultaba ser un miembro entusiasta de la organización que lo mantenía prisionero, además de que, mentalmente hablando el sujeto estaba demente. Ni siquiera la organización militar aceptaba sus investigaciones y métodos, utilizando sin remordimiento la vida de humanos para cumplir sus cometidos. Sin lugar a dudas había compartido su tiempo con un ser sin escrúpulos ni moral.

Bulma se dejó caer en la silla giratoria totalmente decepcionada. Había leído una y otra vez aquellos papeles y cada párrafo le resultaba más increíble que el anterior.

— Quizá su desaparición fue mejor que pudo haber hecho —Murmuró con la vista perdida en algún punto incierto de la oficina— Ahora entiendo varios comentarios del Doc... Debí haberlo notado antes, el no parece el tipo de sujeto que hace bromas.

Cuatro meses y medio habían pasado y Bulma continuaba encontrando habitaciones nuevas y, algunas ocultas en la enorme mansión que actualmente volvía a ser su hogar. Fue una suerte encontrar la ex oficina del líder de las fuerzas armadas la primera vez, aunque la escasez de objetos de interés era sumamente desalentadora.

La mujer de ojos azules se giró y a las espaldas del enorme escritorio de roble macizo, había una inmensa ventana que le otorgaba una vista exquisita, digna del líder de la Red Ribbon. La peli azul sonrió al ver la cantidad de nuevas plazas que el recientemente liberado presidente del Globo había decidido crear, ya dejando atrás la decepción que le provocó la lectura.

Repentinamente la bella vista se vio interrumpida cuando en el medio del ocaso se dibujaron dos pequeñas esferas negras. Bulma tomó una bocanada de aire creyendo estar reviviendo una pesadilla, al mismo tiempo que unas enormes ganas de pellizcarse la azotaron para comprobar que no fuera real.

La primera esfera cayó solo diez segundos antes que la segunda, y al igual que en el sueño una ola de viento golpeó la ciudad del Oeste destrozando como un sismo las calles y edificios en un perímetro que ocupaba casi la mitad de la ciudad. La ola golpeó la Corporación y sus cimientos temblaron, Bulma había logrado salir de su asombro para agacharse, pero no pudo eludir por completo los daños que causo el estruendo. Al abrir los ojos vio, a pesar del polvo que la rodeaba, como el suelo bajo sus pies se resquebrajaba y una grieta se abría camino por toda la habitación, paseando por entre los pedazos de vidrio roto.

Al intentar ponerse de pie y huir a un lugar más seguro pudo sentir como una de sus rodillas estremecía sus nervios y al bajar la mirada se encontró lastimada. Ejerció presión sobre su puño y se obligó a correr, sin saber que al levantarse la segunda nave se impactaría contra la Tierra ejerciendo la misma fuerza que la anterior. La nueva ola de tierra y escombro se levantaba destruyendo aún más edificios. Cuando Bulma aterrorizada se percató de que la habitación en la que se encontraba se estaba desmoronando y lo más seguro era que caería entre los enormes pedazos de cemento que constituían la Corporación.

Al apoyar su pie para correr sintió la fragilidad de cada pedazo del suelo y como en fracciones de segundo la habitación se hacía hacia abajo. Estiró su mano hacia la salida pero parecía estarse hundiendo en un abismo y rasguñó con sus uñas el marco de la puerta, cerró los ojos y apretó la quijada, esperando los golpes que le edificio en ruinas le proporcionaría en breve. El olor del polvo que se había esparcido se coló en sus fosas nasales privándola del esencial oxigeno, por lo que no pudo seguir respirando.

Con los ojos aun cerrados y esperando los impactos, comenzó a oír como el estruendo que causaron las naves era reemplazado por los habitantes y objetos cayendo al suelo y colapsando a los alrededores. Abrió un ojo y observó esa parte de la mansión en la que se encontraba totalmente destruida. Abrió el segundo y se giró a quien ahora la sostenía. Sonrió ampliamente y besó los labios de Yamcha para luego abrazarlo. No pudo evitar toser todo ese aire sucio había llegado hasta sus pulmones. Colocó una mano sobre su pecho y continuó tosiendo mientras su salvador apoyaba los pies en el patio trasero, un lugar probablemente más seguro.

— ¿Qué diablos fue eso? —Le preguntó intentando ponerse de pie por sí misma.

— No pude ver que fue, entrenaba cuando sentí el impacto.

— ¿Los demás están bien?

— No lo sé…

La científica se volteó y buscó con la mirada al resto. Repentinamente un enorme escombro se hizo a un lado, dejando ver debajo a la bella rubia de la señora Briefs y al anciano Dr. Briefs justo en el medio del patio de la mansión. Para su suerte, Krillin caminaba por los alrededores cuando la amigable mujer le ofreció uno de sus exquisitos bizcochos, segundos antes de aterrizar la nave en el planeta. Y así como los enormes trozos de edificios se desparramaron por doquier, los rápidos reflejos del pequeño calvo los salvaron de terminar aplastados en pleno día de picnic.

— Puar… —Murmuró Yamcha antes llamarlo a los gritos al no encontrarlo con la familia de la peli azul.— ¡Puar!, ¡Puar! —Gritó con las manos a los lados de la boca, mientras a sus espaldas el resto comenzaban a escarbar entre los escombros asustados por la ausencia del más pequeño del grupo.

— Yam… —Se oyó levemente en un lugar cercano.

— Lo encontré —Dijo Bulma mirando hacia la copa de un árbol no muy lejos de ellos.

La pobre criatura había sido enviada volando hacia el árbol y quedado atrapada entre las ramas. Sus ojos dibujaban un par de espirales, mientras Yamcha se acercaba con delicadeza a sostenerlo y ponerlo en un lugar más seguro. Inmediatamente la señora Briefs se ofreció a socorrerlo, acurrucándolo entre sus brazos como si se tratara de un infante.

Krillin se giró sobre sus talones y observó la destrucción que los rodeaba. Al alzar la mirada notó de inmediato que una buena parte de Corporación Capsula había sido reducida a un tiradero. Tragó saliva luego de buscar en las cercanías y se giró a su amigo.

— ¿Puedes sentirlo? —Le preguntó preocupado.

Yamcha se volteó a su encuentro y caminó unos pasos. Ahora vestía el mismo mono que él y su cabello ya no le llegaba a la cintura, ahora escasamente tocaba su nuca.

— Sí…

— ¡Muchachos! —Se oyó a sus espaldas. Se trataba de Goku, que luego de hacerles un gesto con la mano apoyó los pies en el suelo y corrió a su encuentro rápidamente.

— Son dos —Comentó Yamcha girando su rostro.

El primero en aterrizar abrió los ojos lentamente y se encontró con su nublada vista y la suave voz de su computador.

Secuencia de hibernación concluida.

Parpadeó un par de veces y la escotilla de su nave se abrió. Apoyó su mano sobre uno de los marcos y se levantó.

Aún la tierra a su alrededor expulsaba vapor debido al impacto de su nave. Tarble levantó la mirada y se encontró con el sol y el celeste cielo despejado de nubes. Al voltearse a su izquierda pudo ver como su compañero comenzaba a salir de su nave e incorporarse en el Planeta Tierra. Ambos ignoraron la destrucción que habían causado y activaron sus rastreadores.

— Ya lo encontré —Sonrió Bardock mirando fijo en una dirección.

— Está muy cerca, no pensé que fuera tan sencillo.

Con tan solo una mirada ambos se decidieron a ir al encuentro del tercer Saiyajin. Dejando de lado toda la conmoción que había causado su destructivo aterrizaje.

— ¡Vienen hacia acá! —Gritó Yamcha sintiendo como ambas presencias desconocidas se acercaban peligrosamente.— ¡Bulma! ¡Tú y tus padres deben irse de aquí de inmediato!

— ¡No es necesario que me grites! ¿Qué jamás aprenderás a tratar con mujeres, Yamcha?

El aludido alzó una ceja, ni siquiera en momentos de alta tensión lograba que la muchacha le hiciera caso sin reprochar.

Bulma no tenía deseos de retirarse, según lo que acababa de escuchar de sus amigos, un par de seres bastante poderosos había llegado a la Tierra. Al igual que con Goku aquella vez, tenía deseos de conocer el aspecto de estos dos individuos, y la emoción que sintió aquella vez cuando lo tuvo ante sus ojos, meses atrás era algo a lo que le había tomado cierto gusto.

Tomó una capsula de su bolsillo y se acercó a sus padres con cuidado de no lastimar aún más su rodilla.

— Ten, papá. Creo que lo más conveniente en que vayan a un lugar seguro.

— No, hija. Si no te molesta, nos quedaremos aquí.

— ¿Qué?, ¿pero por qué?

El doctor miró a su esposa por un instante como si reafirmara en ella, sus pensamientos.— Todas nuestras mascotas están aquí y no queremos dejarlos solos.

Bulma sonrió, a pesar de que su padre era uno de los hombres más inteligentes del planeta Tierra, muy de vez en cuando soltaba un disparate. Todo lo opuesto a su madre, quien entre locuras decía una sabia verdad.

Los muchachos se prepararon, a medida de que aquel dúo se acercaba a ellos, su velocidad disminuía. Goku se posicionó frente a sus amigos, de llegar a ser un enemigo, él deseaba ser el primero en enfrentarlo.

Finalmente el par de Saiyas aterrizaron frente al grupo. Las similitudes físicas entre Bardock y Goku dejaron al resto boquiabiertos. Yamcha, Krillin y Bulma reconocieron de inmediato el característico traje de batalla que él traía al momento de llegar a la Tierra, traje que ahora era reemplazado por el mismo mono que utilizaban los dos guerreros restantes. Ninguno pasó por alto la cola que se acomodaba en su cintura y cualquier duda que quedara se borró con la frase que soltó el Saiya de mayor altura.

— Sigues aquí, hijo.

— ¿Padre? —Cuestionó Goku desarmando su posición de pelea mientras Bulma se hacía la misma pregunta en voz baja para sí misma

Bardock se acercó a su descendiente y lo abrazo. Goku correspondió su abrazo y sonrió ampliamente.— Me alegra que estés bien —Le dijo al soltarlo.

— Lo mismo digo.

El príncipe se acercó unos pasos para estrechar la mano del hijo de su colega.— Kakarotto —Espetó levantando su mano derecha.

— Príncipe Tarble. Qué sorpresa verlo aquí —Contestó estrechándolo emocionado.

— ¿Y quién de ustedes dos pagará los gastos? —Cuestionó Bulma acercándose amenazante.

Tarble reconoció a la mujer. Era la misma humana que había robado y destruido la nave de Kakarotto. Sin saber por qué se sintió sumamente intimidado por su presencia. Tal vez fue su elevado tono de voz o la constante amenaza física que ejercía al acercarse, pero aquella mujer lo había intimidado de sobremanera.

— Eres un príncipe, ¿no? ¿Te has detenido a ver lo que tu maravilloso aterrizaje le hizo a la ciudad? —Reclamó levantando su palma para mostrarle el trozo de la Corporación que había sido reducida a añicos.— ¿Qué tienen en mi contra los de tu especie? ¿Por qué demonios siempre intentan eliminarme? ¿HE?

— ¿Quién es esta humana? —Cuestionó Bardock levantando una ceja al ver los malos modales que presentaba ante su silencioso príncipe.

Sin importar la manera, Tarble notó como había arruinado buena parte de la ciudad con tan solo llegar a ella. Luego de girarse y ver como una detrás de otra, las ambulancias y bomberos socorrían a la población, entendió perfectamente la impotencia de la joven mujer.

— Lo siento mucho —Espetó y su colega se sorprendió.

— Príncipe Tarble, no es necesario que se disculpe.

— ¿¡Que no es necesario!? ¿¡Está ciego!? —Al ver el descontento en el rostro del aparente padre de Goku, Yamcha cubrió la boca de la peli azul con su mano y la sostuvo con la otra.

— Como verán Bulma es muy impulsiva. No le hagan caso, se golpeó muy fuerte la cabeza —Comentó riendo forzadamente. Sintiendo claramente como el ki de Bardock se elevaba progresivamente a las palabras de Bulma.

— Lamentamos haber llegado de ésta manera Kakarotto. Pero necesitábamos llegar lo antes posible.

— ¿No has recibido noticias de tus hermanos?

Goku negó con la cabeza.— Luego del mensaje de Freezer, tiré mi scooter.

— Es una fortuna que no te hayas enlistado en su ejército. Fuiste muy astuto al quedarte aquí —Tarble sonrió, creyendo genuinamente que ese acto fue por desconfianza y no por conveniencia.

— ¿Por qué lo dice?

— ¿Ha?... Pues, porque Lord Freezer no es de fiar… ¿No fue por eso que te quedaste aquí?

— A decir verdad los humanos me han enseñado técnicas muy interesantes, mi nave fue destruida y —Inmediatamente Bardock plasmó su mano en el rostro. Su hijo continuamente demostraba que sus decisiones no se basaban en buen juicio, si no en suerte y una serie de circunstancias.— Además dentro de poco tiempo tendré un hijo. —Bardock alzó una ceja sorprendido, aún con la mano en el rostro. Tarble perdió las palabras en un santiamén.

— ¿Hay… alguna otra Saiyajin en este planeta? —Preguntó su padre rogando, aunque internamente sabía la respuesta.

— No, la madre es una terrícola.

Sencillamente era el colmo. Hasta esa fecha todo saiyajin que se involucrara con una hembra de otra especie para concretar la reproducción habían sido desterrados o asesinados. El príncipe conocía de pies a cabeza los reglamentos que deben seguir y bajo los que son educados desde el nacimiento. Hasta el día de la fecha, jamás existió un saiyajin hibrido.

— ¿De qué hablas? —Dijo Bardock luchando por controlar sus impulsos.— Sabes perfectamente que eso está fuera de las reglas, nosotros no nos mezclamos con otras especies.

— Lo sé, pero creí que al ser Vegetasei destruida, las normas ya no tenían sentido. —Respondido cándidamente colocando las manos en la nuca como era tan propio de él.

El príncipe decidió no involucrarse en la conversación que ambos llevaban. A pesar de que en su interior creía que ya muchas leyes de su planeta no valían, respetaba las normas bajo las que vivía su sociedad.

— Detesto interrumpirlos pero creo que deberíamos marcharnos de aquí. La policía y seguridad nacional están comenzando a llegar —Comentó Krillin alzando su dedo índice en el aire mientras no muy lejanas se oían las bocinas de sus vehículos.

Bulma se cruzó de brazos y miró con desprecio a su actual pareja. Yamcha resolvió soltarla y alejarse unos pasos. Seguramente estaría molesta por un tiempo.

— ¿Por qué demonios no nos avisaron que llegarían naves a la Tierra? Después de todo lo que hicimos por ellos y aún no nos envían informes. ¡Nosotros deberíamos ser los primeros en enterarnos! ¡Maldito gobierno mediocre! La Patrulla Roja estaba mejor organizada que ellos —Refunfuñó molesta la peli azul ante la sorprendida mirada de los nuevos Saiyajines.— Será mejor que te los lleves a tu casa Goku, yo me encargaré de la prensa. Lo más probable es que vengan aquí.

— ¿Goku? —Cuestionó Bardock, confundido.

— Luego te explico —Le contestó su hijo un tanto nervioso. Ese día su padre había recibido demasiadas nuevas noticias.— Síganme —Les dijo y levantó vuelo.

Yamcha miró a su calvo amigo y el entendió inmediatamente.

— Yamcha ¿Qué te parece si los acompañamos?

— Estupendo Krillin ¡Vamos! —Contestó sobresaltado y rápidamente se elevó en el aire. Un segundo después se detuvo y giró a la rubia que sostenía a su pequeño secuaz.— Por favor cuídelo bien —Pidió y ambos se marcharon.

— Qué conveniente… —Susurró Bulma molesta aún con los brazos cruzados.

Así como lo predijo Bulma, las noticias locales llegaron en un instante a Capsule Corporation a interrogar a la familia entera. Así como seguridad nacional, quienes recibieron una reprimenda de primera, de mano de la joven científica. Luego de la reconstrucción de la Corporación, su sistema de satélite no estaba completamente reparado, razón por la cual Bulma no pudo predecir la llegada del par de naves tal y como lo hizo la Patrulla Roja la primera vez.

De inmediato supuso que aquellos hombres no resultarían ser una amenaza para la Tierra y su actual paz. Limitándose a compartir con la prensa que aquellas dos naves eran de dos seres que Goku había logrado destruir en un segundo. Dejando a los habitantes tranquilos y satisfechos. Goku era el actual libertador y guardián del Planeta Tierra.

Muy lejos de allí, a miles de kilómetros, Goku o Kakarotto para los de su raza, se encontraba aterrizando junto con Tarble, Bardock, Krillin y Yamcha en lo que era su hogar luego de la liberación del planeta.

Similar a un iglú campestre, su pequeña casa de color blanco era la única construcción del hombre en todo el hermoso valle en el que se ubicaba. El saiyajin terrestre caminó hasta la puerta de madera y la empujó para hacer ingreso. A pesar de que entró con toda la cautela posible no pudo evitar que de inmediato su mujer sintiera su presencia. Los rápidos pasos de Milk se escucharon recorriendo la pequeña vivienda hasta quedar enfrentada al grupo y al igual que Bulma, cruzó los brazos y miró con recelo a su pareja.

— Milk… —Saludó nervioso Goku.

— ¿¡Cómo se te ocurre marcharte de esa manera!? ¡Ni siquiera me dijiste a donde te dirigías!

— Era una emergencia, no tuve tiempo —Intentó explicar sudando frío.

— ¡Pues deberías ser más considerado con tu esposa!

Bardock no podía sentirse más avergonzado. Su hijo era una deshonra continua. Tarble nuevamente se hizo la vista gorda y obvió toda la bochornosa escena. Sin lugar a dudas un hombre tan desmasculinizado no era digno de ninguna especie viviente. Para su padre era demasiado, por lo que interrumpió el escándalo aclarándose la garganta sutilmente, haciéndoles notar su presencia. Milk se volteó y notó el innegable parecido entre aquel hombre y su esposo. Quizá la piel morena del mayor era la única diferencia, además de la cicatriz en su parpado y parte de su mejilla.

— Increíble… —Susurró la mujer.

Kakarotto se giró a su padre y recordó las formalidades que hasta ese instante había pasado por alto.

— ¡Es cierto! Milk —Comenzó, sonriendo— Él es mi padre, Bardock, y él es el príncipe Tarble.

La morena acomodó rápidamente su cabello. Para ella era un asunto importante conocer a su suegro.

— Es un gusto, por favor disculpen todo esto —Por su mente pasó la idea de que quizá debió asear mejor su hogar, o colocado un vestido de mayor calidad. Típicas ideas de cualquier mujer terrícola.

Bardock le hizo una muy ligera reverencia a la portadora de su nieto y miró atento su regazo.

— Dudo mucho que las mujeres de éste planeta sobrevivan a un embarazo Saiyajin completo.

Goku sonrió. Sus amigos terrícolas que ya se habían sentado en la mesa a invitación de la dueña de casa tragaron saliva. El padre de Kakarotto estaba totalmente en desacuerdo con esa pareja y ese comentario no lo disimuló en lo más mínimo.

— Aunque lo dudes, padre, Milk es sorprendentemente fuerte —Contestó con inocencia.

Sin esperar, el mayor activó su scooter y miró atento la cifra que se apareció un segundo después.— ¿Fuerte? Una larva tiene cifra mayor de pelea, que ella.

— No te dejes llevar por el scooter, padre. ¿Ya te mencioné las técnicas que los humanos me enseñaron?

La charla se tornó a técnicas de batalla, la definición de un ki y demás. Lo que ellos no pudieron percibir era como ese par de comentarios del veterano guerrero no pasaron de largo a los oídos de la atenta nuera. Muy a lo contrario de lo que esperaría el resto, Milk se giró a la cocina y comenzó a cocinar sin parar. Si aquel hombre no la consideraba digna mujer de su hijo, ella le demostraría lo capaz que era. Sabía perfectamente que a un hombre se llega por el estomago.

Tarble observaba la conversación de los guerreros un tanto distante. Por fin Bardock logró conversar con mayor entusiasmo cuando su hijo le explicó sus nuevas habilidades y por un momento, no le avergonzó por completo. Quizá para el príncipe, lo único que le pareció realmente interesante era el hecho de que para Goku, los scooters ahora eran obsoletos. Durante el resto de la conversación se mantuvo distante. Observándolos de reojo, hasta que finalmente Milk interrumpió sirviendo la cena en la mesa.

— ¿Hay algún motivo en especial por el cual estén aquí? —Cuestionó respingando la nariz.

Tarble se giró a su compatriota y se dispuso a hablar con el tercer Saiya.— De hecho… —Comenzó y se aclaró la garganta— Recuerdas la última transmisión que recibiste en tu scooter ¿Verdad? —Kakarotto asintió, atento— Un poco antes de recibirla, tu padre y yo descubrimos que Freezer nos estaba traicionando. Es por eso que estamos muy seguros de que él fue quien intencionalmente destruyó Vegetasei.

Ningún humano entendió la conversación por completo. Goku jamás mencionó a Vegetasei ni su destrucción, así como olvidó nombrar a Lord Freezer y su enorme ejercito.

— ¿Hablan enserio? —Preguntó el joven Saiya. Internamente una parte de sí creía que su raza merecía hasta cierto punto ese castigo. Pero al saber que Freezer lo había provocado también supo que no lo hizo por impartir justicia.— Y ahora quiere al resto de Saiyajins para trabajar en sus tropas… muy astuto.

— Exacto. Tenemos que evitarlo, nuestro plan es intentar reunir a la mayor cantidad posible de Saiyajins. Por obvias razones no podemos comunicarnos con ellos con nuestros rastreadores, Freezer puede detectar nuestras llamadas y encontrarnos, por eso buscaré la manera de contactarlos de otra forma, aquí en la Tierra. Mientras ustedes entrenan para enfrentarnos a él.

— Bulma puede ayudarte, es una científica muy reconocida en éste planeta.

— Es cierto —Agregó Yamcha— Aunque creo que deberías esperar un poco para pedírselo, destruyeron buena parte de su laboratorio —Comentó y rió para sí recordando el carácter fuerte de su novia.


Las naves del segundo par de Saiyajins aún estaban a unos minutos de llegar a destino. Vegeta aún dormido mantenía el ceño fruncido y esa constante expresión de fastidio que tenía estando despierto. El príncipe continuaba soñando una serie de imágenes, recuerdos de sus últimos momentos en Vegetasei. Cada vez que se subía a una de esas naves, el fuerte efecto del somnífero que respiraba le brindaba los sueños más calmos, muy al contrario de sus experiencias en su propio hogar. Para su infortunio, cinco de cada siete noches de sueño las pasaba durmiendo con pesadillas. Cuando no presagiaba una muerte brutal a manos de Freezer, los rostros de todos aquellos que asesinó se le presentaban para atormentarlo. La única forma de dormir en paz era intoxicándose en fármacos.

En pocos minutos su placentero sueño terminaría y estaría aterrizando en aquel pequeño planeta azul. Y así fue.

Ninguno de los dos sintió el estruendo de su llegada. Por suerte para la población, sus naves cayeron en espacio poco habitado. A Nappa y Vegeta, los recibió un frondoso bosque a las afueras de la Capital del Sur.

Nappa fue el primero en despertar y desalojar su pequeña nave. Levito por unos segundos mientras Vegeta despertaba de su sueño y descubría con la mirada aquel planeta.

— No está tan mal —Expresó al ver la vegetación.

— Tengo el presentimiento de que nos pondremos muy cómodos —Le dijo su vasallo ladeando una sonrisa.

— Tengo que admitir que es una suerte para nosotros que Kakarotto no haya entregado el planeta a Freezer. Esta especie no será ningún problema. Al menos podremos entrenar tranquilos.

— Así es —Afirmó y buscó con su scooter al pequeño príncipe. Se sonrió simultáneamente al encontrarlo junto a su colega e hijo.— Deberíamos reunirnos con su hermano.

— Relájate Nappa. Me gustaría echarle un vistazo a la Tierra primero —Comentó ladeando una sonrisa.

Su compatriota sonrió complacido ante el comentario. Sin duda, ambos eran muy similares en ciertos aspectos.

— Después de usted —Dijo divertido y Vegeta se elevó a su primer destino.

De vuelta en Corporación Capsula, Bulma había fastidiado de tal manera a sus líderes gubernamentales que accedieron darle acceso a todos los registros. Asimismo compartieron información reciente en la que se revelaba la llegada de dos naves más, además de las de sus recientes visitantes.

De la misma forma que hizo aquella vez con Goku, tomó la capsula más conveniente e inició su camino a las coordenadas en las que se esperaba la llegada del segundo par de naves. La joven científica contempló la idea de que el príncipe Saiyajin y el padre de su amigo estaban siendo perseguidos por otras criaturas, pero la curiosidad fue mayor y sin decir palabra alguna a sus padres o a Puar, se marchó de C.C. con su más veloz aeronave.

En la silenciosa montaña Paoz, tanto Goku como los terrícolas sintieron rápidamente la poderosa presencia de Vegeta, sin saber que se trataba de él. No fue hasta que Tarble reconoció en su scooter la cifra del poder de pelea de su hermano y sirviente, que el resto se sintió un poco más tranquilo. Sin embargo tanto para Yamcha como Krillin, la presencia de ese ki resultaba monstruosa. Ahora que Kakarotto había aprendido a sentir presencias notó que la de Vegeta no era una energía pura, sino que estaba plagada de energía maligna. Tarble, por su parte estaba algo nervioso, su hermano le había dejado bien en claro que no formaría parte de su plan y su llegada al planeta le resultaba un poco perturbadora. Los muchachos creyeron que lo mejor en esa instancia sería ir a su encuentro a averiguar por sus propios medios que venían a buscar.

Bulma no tardó demasiado en llegar a la Capital del Sur. Levantó su brazo y miró el reloj que cargaba en su muñeca, presumiendo que ambas naves ya habrían llegado al planeta. En ningún momento contempló la posibilidad de que esos seres llegaran a asesinarla, lógicamente Goku y sus amigos llegarían en breve y de tratarse de un ser con malas intenciones ellos la sacarían del embrollo. Razón principal por la que no se preocupaba mientras sobrevolaba los edificios en la enorme Capital.

Nappa y Vegeta habían logrado llegar al centro de aquella ciudad. Un tanto divertidos posaron sus pies en un rascacielos que se ubicaba exactamente en el núcleo de aquella localidad. Vegeta se paseó por el filo del edificio y miró por encima a los habitantes que deambulaban por los alrededores. Una de las mejores cualidades de los Saiyajins era su aguda visión.

— Desde aquí se ven exactamente como lo que son —Comentó y Nappa lo observó extrañado— Simples insectos —Su vasallo soltó una carcajada para luego acariciar su estomago. Luego apoyó su pie en uno de los bordes del rascacielos y después su codo en la rodilla. Para la mala suerte de Bulma, la gran visión de Nappa le permitió ver su pequeña nave color amarillo pasar junto al resto de los edificios, aún en camino a las naves de los invasores.

— ¿Ves esa nave? —Le dijo Nappa a Vegeta señalando el transporte de la peli azul. Vegeta asintió y se acomodó junto al más grande.

— ¿Qué con ella?

— Apuesto a que puedo derribarla sin apuntarle directamente.

El príncipe ladeó una sonrisa mientras miraba por el rabillo del ojo a su compatriota.— Adelante —Invitó divertido, imaginando de qué manera se las ingeniaría Nappa para acabar con esa pequeña nave, que desde aquella perspectiva más parecía una molesta mosca.

El enorme y calvo guerrero alzó su brazo derecho por encima de su hombro con una sonrisa dibujada en el rostro. En un par de segundos sobre la palma de su mano se había formado una esfera de energía blanca, que con unos quince centímetros de radio fue enviada por Nappa en un largo recorrido por la ciudad. La esfera recorría una velocidad impresionante y su trayecto no era recto. Aquella energía rodeó la aeronave y justo detrás de ella, colisionó contra un enorme edificio. Tal y como un efecto dominó, el edificio fue golpeado de tal manera que cayó sobre otro, y ese la imitó creándose una cadena de casi cinco construcciones.

A pocos metros Bulma escuchó un enorme estruendo a sus espaldas y bastó con solo girar su rostro para ver como uno comenzaba a venirse abajo. Los vellos de todo su cuerpo se erizaron al ver como uno detrás de otro los edificios se venían abajo y justo en su dirección. Mentalmente maldijo su suerte, sin pensar que ella sola se lo había provocado. Ella y su curiosidad.

Los Saiyas que expectaban la escena se reía a carcajadas al ver como la nave se giraba de un lado al otro para esquivar los escombros y maniobraba entre nubes negras de polvillo.

— ¡Maldita sea! —Gritó Bulma escandalizada por no poder encontrar una salida entre tanta destrucción.

De pronto recordó que, junto con su padre habían implementado un dispositivo que propulsaría la nave a una velocidad mayor inmediatamente. Motivo por el cual comenzó a pulsar todos los botones que había presentes esperando que la nave se acelerara y la sacara del apuro. Entre interruptores que cambiaban la estación de radio, logró finalmente encontrarla y justo cuando Vegeta se disponía a felicitar a Nappa por su divertida acción, observó como la nave salía impulsada de aquel caos.

La mujer respiró profundamente por fin, mientras su vehículo empezaba a perder impulso. No muy lejos de allí, Nappa no estaba para nada satisfecho.

— Al parecer aquel humano te fastidió —Le dijo su compañero aún ladeando su típica sonrisa.

— Entonces tendré que darle un golpe más directo —Espetó serio y alzó vuelo a su encuentro.

Bulma apoyó una mano en el pecho y respiró profundamente. Por un instante creyó que moriría ahí adentro y nadie lo sabría. Limpió el sudor de su frente y se giró nuevamente, aún los edificios continuaban desmoronándose. Cuando regresó la vista a su ruta se encontró con la poco amigable cara de Nappa, al verlo frenó su nave lo más rápido que pudo y esta quedo totalmente enfrentada con su adversario.

— ¿¡Qué acaso eres estúpido!? —Gritó en un impulso por verlo atravesarse, solo para luego notar que aquel musculoso individuo era seguramente un Saiyajin y él había causado aquel desastre. En un instante se había cubierto la boca con ambas manos y sus ojos celestes parecían haber visto un espectro.

Vegeta nuevamente se rió, aquella mujer había llamado estúpido a su vasallo luego de esquivar su grandioso ataque. Para el otro no fue para nada gracioso el apelativo, esa humana lo estaba humillando frente a su superior.

Al Vegeta notar el indignado rostro del calvo decidió acotar un comentario.— Después de lo que acabo de ver, creo que estoy de acuerdo con la humana —Dijo y volvió a reír. Bulma se giró al príncipe y este le dirigió una sugestiva sonrisa.— ¿Te arrepientes de tus palabras, mujer?

El otro gruñó sonoramente. No podía permitir que esa insignificante criatura lo tratara de esa forma. Apoyó simultáneamente ambas manos en la cubierta de la nave y la movió hacia arriba, haciendo que Bulma cayera hacia los controles solo sostenida por su cinturón de seguridad. Al verse aprisionada de esa forma, la mujer decidió negociar con aquel extraño par.

— ¡Alto! ¡Detente por favor! ¡No es necesario que hagas esto! ¡Tengo mucho dinero, por favor déjame ir!

— ¡No quiero tu dinero, mujer tonta! —Le gritó Nappa levantándola aún más.

— ¡Déjate de juegos Nappa! ¡Acaba con ella de una buena vez!

Continuará…


N/A: ¡Por fin! En el próximo capítulo, más de Bulma y Vegeta.

Nos veremos allá!

Nadeshico023.