Esa noche, el profesor Dumbledore contemplaba el cielo desde la Torre de Astronomía. En la altura sin nubes, fuegos amarillo-rojos se desplazaban como si tuvieran vida propia, elevándose lentamente desde la orilla del Bosque Prohibido.
Los brillos trazaban una curva. Se elevaban en diagonal y al llegar a altura considerable, cambiaban su dirección, dibujando un amplio círculo.
Se formó un anillo en movimiento que cambió de color, al verde y al plateado, uno y uno, en giro suave. Los colores de Salazar.
Los estudiantes de Slytherin trazaban una corona de fuego en la altura. Desde torres, recintos, entradas y miradores, los profesores veían arriba, así como muchos alumnos que hallaron el modo de escapar a la restricción de asomar.
El director de Hogwarts tenía un problema. Pese a las advertencias de expulsión, que le daban la base para retirar a todo Slytherin, justamente el obstáculo era que una expulsión masiva o desalojo de estudiantes sería un auto-golpe. Equivaldría a admitir la existencia de un estado de rebeldía en el Colegio. Se enfrentaría a las familias de mayor tradición y mejor economía de las que componían Hogwarts. Él mismo se pondría en entredicho. No le convenía hacerlo.
Dumbledore ordenó tranquilamente disolver la manifestación. Llegaron quince aurores que, tajantes, tomaron control de las escobas, los hicieron descender y trataron de llevarlos autoritariamente al colegio, haciéndolos formar a la orilla de los primeros árboles; sin embargo, en la penumbra de un claro donde bajaron cerca de quince alumnos, una Slytherin de sexto grado, apellidada Ravenscroft, los encaró; dijo que se podía hacerlos descender a la fuerza, pero no humillarlos.
―Así como no pueden humillar a nuestro hermano Dankworth -afirmó, señalando a los aurores.
Malfoy, D'Uberville y Wayland la secundaron. El resto de los Slytherin que bajaba o estaba siendo rodeado, se zafó y acercó a la carrera. Pronto se hizo un grupo que superó en número a los aurores, que no podían usar la fuerza mágica contra ellos. La tensión aumentó y quién sabe lo que habría ocurrido, de no haber llegado apresuradamente McGonagall, acompañada por Hagrid.
―Nos hacemos cargo, señores -informó la profesora, correcta.
―Profesora…
―Cuentan con nuestro eterno agradecimiento -insistió, educada, con aire de "ya pueden ir a revisar sus calderos".
Los Slyhterin regresaron a Hogwarts, en fila, llevando sus escobas al hombro. Aunque les descontaron otros treinta puntos (fueron veinte de la primera manifestación, así les faltaban puntos para reprobar decentemente), no cesaron de gritar hasta llegar a su Sala.
―¡Viva Slytherin! ¡Viva Slytherin!
Al otro día, el director Dumbledore anunció:
―Por seguridad de los alumnos, las escobas voladoras serán almacenadas, excepto aquellas usadas con fines deportivos.
El desorden se debió a que, desde en la mañana, en el Callejón Diagon y algunas poblaciones se reunían para leer pancartas que amanecieron en los muros, tituladas Contra Potter.
¿Quiénes y cómo las repartieron? No se determinó a ciencia cierta, pero eran reproducciones del tiraje de The Daily Prophet que contenía la declaración de Morthred, aunque en el diario llevaba el encabezado: Demoledora declaración del estudiante Dankworthy seguía:Con voz tranquila y segura de sí, esposado como si fuera un criminal y custodiado por aurores especiales… A las puertas de los despachos de McGonagall y de Dumbledore aparecieron diseminadas cientos de estas hojas. Indagaciones alumno por alumno no arrojaron resultados. Filch dijo no haber visto a los responsables. Quizá como squib, también trasladaba su odio a los directivos del colegio; era una buena oportunidad para él.
Esa mañana, ante el Juez Supremo Cornelius Fudge, a quien tenía enfrente en su alta silla, Morthred miró el Tribunal: los asientos muy juntos entre sí, con miles de legajos esparcidos en pilas dando apariencia de ajetreo.
―Estudiante Morthred Dankworth -anunció Fudge-, se le da el uso de la palabra para su declaración preparatoria.
No se le sujetó a la silla, ni se le puso en jaula, sino que se le dejó de pie, con las manos a la espalda, sujetas por el restrictor.
Una columna luz lo encañonó desde arriba. El fiscal estaba a su izquierda.
Frente a él, Morthred recorrió la mirada por los cerca de cincuenta severos jueces, de altos tocados y largas túnicas ciruela, en las que destacaba la letra W.
―Se me acusa de seis cargos -inició Dankworth-, el menor de los cuales amerita mi encarcelamiento por veinte años en Azkabán.
«Me someto a la ley. Pero si se me va a declarar inocente o culpable, será por lo mismo: defender los valores de la Casa de Salazar Slytherin.
«Como estudiante de Hogwarts pertenezco a Slytherin, Casa sobre la que pende el señalamiento de ser cuna de ambiciosos, malvados e intolerantes.
«Frente a eso, se encuentra una Casa que goza de la mayor imagen de bondad, valentía y democracia: Gryffindor.
«Y de lo que vengo a hablar, a favor de mi inocencia y con ella la de mi Casa, es sobre eso: que esa identificación de las casas no es más que poner etiquetas, para servir a un sistema, cuyo dominio se basa en mostrarse como el único juez que determina quiénes son los malos y quiénes son los nobles. Un sistema que dirige la opinión de los demás. Gryffindor es la representación de ese sistema en el Colegio Hogwarts.
«Que en Slytherin podamos ser líderes, es muy diferente a que se nos señale como los tipos astutos y populares que usan cualquier medio para alcanzar sus fines. Es muy interesante que se nos quiera cargar con esa actitud típica de los populares y reconocidos abusadores escolares James Potter, Sirius Black y Remus Lupin. Gryffindor que, como los de hoy, como verán ustedes, son los que piensan que el fin justifica los medios.
«A los Slytherin no nos importa que se hable mal de nosotros. Tomamos a tinte de orgullo destacar, que se nos reconozca por no ser mediocres y por tener objetivos. Pero eso no impide entender que la imagen Gryffindor como paladines de la virtud se basa en lo opuesto de lo que dicen ser. Los Gryffindor, de los que Harry Potter es tomado por modelo, alcanzan sus metas no por el tesón, ni por el esfuerzo, no por el mérito. Harry Potter, el modelo Gryffindor, triunfa por suerte y a pesar de sí mismo, ya sea porque su oponente se descuida en el último segundo o porque otros se sacrifican por él o porque lo salva un agente externo. La suerte no es mala, pero, ¿acaso no es mala, la falta de mérito?
«¿Y es malo no respetar a la autoridad? Se afirma una y otra vez que en Slytherin desafiamos a la autoridad. Si esto es penalizado por la ley, y si Harry Potter desafía a la autoridad por tener algo de Slytherin, ¿por qué él no es castigado? ¿En qué momento el vicio Slytherin se vuelve virtud? Cuando tiene la máscara Gryffindor.
«Toda falla que pase por la máscara Gryffindor se vuelve acierto. Eso sucede porque hay un sistema que protege a Potter. Así, los gravísimos errores de éste e incluso sus delitos quedan olvidados bajo el halo de que tiene buena intención, y porque es huérfano, es decir, porque se le tiene lástima, mientras que quienes se esfuerzan y trabajan duro reciben escarnio, burla e incomprensión.
«Lo que ustedes saben de Slytherin es lo que cuentan nuestros opositores, los que escriben las memorias que ustedes leen, lo que ustedes opinan sobre nosotros se basa en lo que otros quieren que ustedes opinen. Esas memorias donde quienes forman parte de Slytherin son malos y muy convenientemente, también son desagradables físicamente, están elaboradas para facilitar el rechazo. No obstante, yo les hablo con base en lo que atestiguo y en lo que dicen los mismos partidarios de Potter, cuando no Potter mismo.
«Pensamos que es válido el hecho de que Harry Potter de vez en vez pase por encima de la ley, con el apoyo de quienes administran la justicia. Esa falta se excusa en la imagen de que los Gryffindor son buenos. Pensamos que quien es bueno merece concesiones para conseguir un Bien Superior. Es decir, que uno o unos pocos, para lograr el bien de muchos, están autorizados a hacer lo que sea, y eso se llama "el fin justifica los medios". Lo hace Gryffindor al considerar que puede hacer lo que sea con tal de vencer a su enemigo. Ese pensamiento es la justificación perfecta para el tirano. Porque Potter hoy actúa sobre la base de que el fin justifica los medios, pero el día en que el poder cambie de objetivos, se invocará la misma idea y Potter será perseguido. Eso no será obra nuestra, sino de Gryffindor, que pensando de ese modo no sabrá identificar a sus enemigos, porque comparten la visión de que todo es válido. El fin justifica los medios es una excusa que se adapta a quien sea, para lo que fuere.
«Con esa imagen de que son los buenos, Gryffindor hace parecer aceptable su negra realidad: su imprudencia, su indisciplina, su falta de temple, sus métodos incorrectos, con ello confesando su falta de respeto a los valores del mundo que dicen defender. Potter enfrenta las situaciones con una buena voluntad que se vuelve irresponsabilidad, usa trampas y acepta concesiones, colocándose a él y a sus amigos, en reiterado peligro de muerte. Los ejemplos Gryffindor son la indisciplina, ir al filo de la navaja y la nula solidaridad, porque…
«¿Dónde están los otros 247 Gryffindor en estos graves momentos? ¿Quiénes son sus hermanos de Casa? ¿Alguien los conoce? Excepto los jugadores de quidditch y algunos nombres sueltos, Potter y sus dos amigos son los que dan la cara en nombre de su Casa. ¿Dónde están los casi mil que lo vitorean en el campo de juego? Son una masa sin identidad. Esa masa vive hoy en Hogwarts, como corderos, porque quienes dicen saber una verdad no se las revelan, a saber, que estamos bajo amenaza, y si se las revelan, les hacen sentir que se ocupan de eso otros, siempre otros. Esas autoridades dejan a los alumnos sin poder de decisión sobre sus vidas y futuros. Esas autoridades faltan a su responsabilidad de protegerlos, porque parte de la protección es enseñar a defenderse solos. Si estas autoridades inmóviles un día huyen, dejarán en garras de sus enemigos a mil muchachos inocentes. Después buscaremos cualquier excusa para justificar a los que huyeron, y para seguir cumpliendo con la versión de quiénes son los buenos, se nos dirá que les agradecemos y los admiramos.
«Si ellos son los demócratas, ¿por qué la dirección de Hogwarts no consulta al estudiantado para tomar una decisión? ¿No se supone que Slytherin somos los tiranos?
«Si esos directivos están seguros que algo malo ocurre, ¿por qué actúan como si nada sucediera? ¿Por qué todo se basa en la acción de unos cuantos? Les diré por qué: porque los alumnos de Hogwarts sólo somos el telón de fondo para la gesta de unos elegidos, que nos niegan el derecho de defendernos y el derecho de elegir si queremos ser héroes o no. ¿Qué derecho tienen para sentir que si se quiere ser héroe, se debe ser como ellos? Quieren elegirse por sí mismos, pero también quieren que los demás elijan ser como ellos.
«¿No cuentan con Slytherin? De acuerdo. ¿Por qué no forman un Ejército con el resto del colegio, que son los nobles? Sería necesario, porque de acuerdo con su propia visión, dejándonos en esta situación los alumnos de Hogwarts nos encontramos indefensos. Nos usan unos y otros, hoy los del poder, mañana los enemigos de éstos, y cada uno hace con los alumnos lo que quiera. No pasamos de ser un botín. Si los que hoy mandan nos niegan el derecho de defendernos, ¿qué pasará si mañana mandan sus enemigos, que nos quieren más indefensos? La mayor enseñanza de Hogwarts es aprender a estar indefensos. Quienes sobrevivan sólo tendrán como opción poner la cara de dignidad del esclavo, orgullosa, pero sujeta a una cadena. El esclavo puede ser orgulloso si ha sido vencido, pero no tiene derecho de serlo si se entregó al enemigo.
«Frente a esa división los Slytherin somos tan unidos que, cuando Potter vence, surge una comparación grupal contra nosotros. Ese momento no se centra en alguna posible victoria sobre mi hermano de Casa, Draco Malfoy, a quien ellos consideran un enemigo principal. El triunfo de Potter es considerado como sobre Slytherin, en bloque, incluyendo a quienes nunca han dado motivo a Potter de sentirse agraviado, ni a nadie de las demás casas para sentirse ofendidos. Unos quieren que Slytherin sea odiado y otros los ayudan. Nos llaman intolerantes y ustedes son los primeros intolerantes. ¿Y es así que Gryffindor representa a Hogwarts en sus mejores cualidades? Lo representa en sus características de injusticia.
«Y en Slytherin no seremos tan malos, desde que sobre nosotros no pesan dudas sobre nuestra actitud. ¿Creen que somos malos, por como somos? Adelante. Pero excepto los malvados reconocidos, ninguna tragedia actual en Hogwarts se identifica con uno de los hoy alumnos en Slytherin. Y no se nos puede cargar de crímenes que no hemos cometido. En cambio, yo digo que Harry Potter y el director Albus Dumbledore son los responsables de la muerte de Cedric Diggory.
«Creen que no se sabe lo ocurrido. Si en un país es imposible esconder un secreto, si muggles conocen nuestra existencia, imaginen qué fácil es en un colegio enterarse de los secretos. Uno lo confía a otro, alguien más escucha, otro se entera de fragmentos y así al final todas las casas lo sabemos.
«Potter tuvo indicios, pistas y certezas de que había más de fondo en haber sido seleccionado para el Torneo de los Tres Magos. Señales y presagios. Lo plantea a su superior. ¿Y éste qué le aconseja? ¡Que no piense en eso! ¿Qué significa tal consejo sino un ardid para que Potter continúe? ¿Eso es lo lógico, o es más lógico pensar que si un cocinero hubiera introducido una receta al Cáliz, habría que cocinar a los campeones para no contradecir a Su Magnificencia? Potter, en vez de abogar por su verdad, se sometió sin reflexionar sólo porque le hablaba una figura que él considera la máxima autoridad.
«Por eso yo hablo, porque la figura de autoridad no es inamovible, y porque hablar del que abusa no es resentimiento como se ha dicho, sino ejercicio de libertad. La acusación de resentimiento la da el culpable, tratando de ocultar su culpa, y sabe que dice un ardid.
«Potter no tuvo la fuerza moral denegarse a entrar en el Torneo de los Tres Magos. ¿No podía, por estar sujeto a un contrato? Entonces debió advertirnos a gritos, porque ningún contrato legítimo puede obligarte a morir. De considerar que era su deber participar porque consideraba que había un peligro, en nombre de ese peligro debió hacer lo que estaba en su mano para lograr que por lo menos Cedric no fuera, y si él no podía lograrlo, alguien más sí, y ese era la autoridad. ¿O acaso el poder de un gran mago sólo alcanza para impedir que alumnos pongan su nombre en el Cáliz? Invocar el deber también es la mejor forma de chantaje, pues se protege a Potter contra la ley, pero se invoca el respeto a esa misma ley con extraña firmeza cuando conviene a alguien. El director Dumbledore empujó a Potter con el chantaje de hacerle entender que: No te obligo a ir, Harry, pero no te puedes negar a ir, porque el deber te lo marca.
«Los alumnos preguntan a Potter qué pasó con Cedric, y Potter, que tiene la obligación moral de hacérselos saber, se enoja diciendo que no quiere hablar de eso. Apoya su silencio en la aparente dignidad de que le duele mucho. ¿Por qué no les dice: "sí, Voldemort lo mató"? Con eso los convencería. Lo que quiere es evitar dar respuestas y detalles que lo delaten como culpable. El día que lo acepte, será sólo para que lo sigan.
«Potter cree que los demás no tienen la experiencia de una vida previa a él. Ellos se manejan con ventaja, abusando de su buena fe.
«Mas no lo exoneren. No era Harry Potter quien corría el mayor peligro. Otro corría el mayor peligro por enviársele sin advertencia: Cedric Diggory. Imposible que el sabio mago no supiera que algo andaba mal. Imposible que no supiera que debía tomar previsiones. Justo por haber un peligro admitió que Harry fuera. Y para que Potter cumpliera con seguridad su papel de héroe, necesitaba a un cordero por delante. Fue por negligencia o por soberbia de decidir sobre la vida de otro, porque es incomprensible que no se haya revelado a Digory el Gran Secreto, para que tuviera la oportunidad de elegir o de abandonar, y si no podía abandonar, de saber cómo reaccionar, aunque fuera correr por su vida. No habría existido deshonor en eso. Y si lo hubiera, era su derecho, porque muchísimo peor fue enviarlo a morir. Cedric Diggory luchaba por su vida mientras había uno que permanecía sentado entre la multitud, mirando de reojo, a sabiendas que alguien podía morir, pero callando por su interés por conocer, en un plan donde unos son los cerebros y otros son los peones. Se guardó la partícula de verdad que diferenciaba los motivos para encontrarse en el Torneo.
«El resultado es que Cedric murió porque lo enviaron a un sitio fatal cuya existencia estaba en las probabilidades de aparecer. El director Dumbledore no podía ignorarlo y aun así lo dejó ir. Cedric luchó con valentía en un mundo que se volvía más negro para él. Pero no podía ganar. Cedric Diggory estaba muerto desde que su nombre salió en el Cáliz. Delante de ustedes, de sus amigos, se pronunció la sentencia de Cedric Diggory. Eso es responsabilidad del director Dumbledore, que debió protegerlo, aunque fuera a costa de su posición como director. Posición que es débil porque en los hechos, más fuerte que Hogwarts, más fuerte que el Gran Mago Albus Dumbledore, más fuerte que eso, fue un simple, tonto y vulgar disfrazado, para quien la trampa fue tan fácil que para él no consistió en engañar al ancestral y venerable Cáliz de Fuego, sino que para él fue tirar un papel a un vaso sucio. Un papel que llevaba el nombre de alguien a quien nadie pudo defender porque se nos ocultó la verdad. Esa falta de respeto cometida en nuestra casa de estudios, ¿de quién es responsabilidad haberla permitido? ¿Quién manda ahí? La imagen de Harry Potter llorando sobre el cuerpo de Cedric Diggory no vale nada con respecto a Potter. Sacrificaron a Cedric. ¿Qué seguridad tienen los alumnos? ¿Quién dice que la amenaza se reduce gracias a la labor de Potter? ¿Quién dice que esa amenaza no es mayor sólo porque a esos enemigos simplemente no les ha dado el capricho de llegar a más?
«¿Ven ustedes por qué es un problema considerar a Potter como la esperanza del mundo? ¡Porque se deja el poder sobre la propia vida en manos de un grupo exclusivo, para quien los demás no contamos!
«Harry Potter se escuda en su idea de que hace el bien. Pero fue incapaz de hacer el bien a Cedric Diggory, a quien tenía a metros de distancia. Diggory ignoraba la magnitud del peligro mortal en que se hallaba. Pero Harry sí lo sabía o lo sospechaba. No necesitaba preguntar como si le hiciera falta un guía de turistas. Ya antes de llegar a donde terminaron todo iba de mal en peor. En lo que a él concernía había un problema. Por eso, Harry Potter tiene responsabilidad directa en la muerte de Diggory. Él y su superior. ¡La ineptitud inaudita de ambos y la posible mala fe de uno de ellos son imperdonables! ¡Potter y Dumbledore debieron ser enviados a Azkabán por la comisión de homicido culposo en perjuicio de un alumo, es decir, por negligencia!
«¿Lloran por la muerte de Cedric Diggory? ¿Lloran por la muerte del mejor de Hogwarts? Entonces lloren por las razones correctas. ¡No lloren las mismas lágrimas de quienes lo asesinaron en preparación para mayores horrores y después pretenden exculparse elogiando a su víctima!
«No se tomen las historias como se las dan, analícenlas. Lloraron en Hogwarts al narrar la muerte de Diggory. Nos pidieron que no lo olvidemos. Por supuesto que lloramos y tengan por seguro que nunca olvidamos, a Cedric Diggory.
«Afirmo que la torpeza de Harry Potter será responsable de la muerte de más estudiantes por no dar el ancho cuando esos estudiantes cifren en él sus esperanzas. Potter seguramente será empujado por Granger y él no podrá con el reto. No tiene el nivel. Puedo asegurar que si el profesor Snape le diera lecciones particulares, Potter sería incapaz de responder, ni en actitud, ni en talento como estudiante. ¿Ése es el modelo Gryffindor? Claro que lo es.
«Y, ¿por qué me refiero tanto a Potter? Porque Harry Potter es producto de un sistema que ha decidido quiénes son los buenos y quiénes son los malos, quiénes valen y quiénes no. Para servirse de ellos. Por eso los de mejor desempeño académico acaban siendo aurores. Porque los malvados Slytherin y los buenos que no son Gryffindor servimos de comparsas para elevar a Gryffindor y con ello elogiar la versión del Bien que conviene a lo establecido. Falso que las casas seamos iguales, Gryffindor es la protagonista, con las demás como acompañamiento. Y nada tiene de malo ser protagonista, excepto que eso ocurra por decisión de un poderoso que favorece a un grupo.
«¿Qué dice Harry Potter a los futuros estudiantes de Hogwarts? Que el mérito no cuenta. Que cuenta la oportunidad. Esta injusticia mostrará a los que vienen que no vale la pena esforzarse. Cuando decidan qué camino seguir bastará con que maleantes infiltrados convenzan al Sombrero Seleccionador que quieren ser Gryffindor. Y aunque se me diga que Slytherin es la Casa donde han surgido los magos más conflictivos, pronto ser asesino ya no será esa prerrogativa que afirman es de Slytherin, sino que ser criminal será un ejercicio de la democracia, pues los más crueles surgirán en Gryffindor, en Ravenckaw y en Hufflepuff, éstos últimos los más nobles de todos nosotros. Eso, porque bastará con tener una apariencia de bueno, no méritos. Los mejores serán corrompidos, vivirán en la ingenuidad del estudiante de primer año, que no mide las consecuencias de sus actos, pero que se sabe favorecido por un sistema. Los Gryffindor viven así, premiándoseles por hazañas que terminan los Fénix, la suerte o el mismo profesor Snape, a quien, por si se ha olvidado, Potter ha amenazado o desafiado llevado por meras suposiciones, impresiones irreflexivas y antipatía personal.
«Potter no ha pagado una sola vez por sus impertinencias, de hecho ha sido protegido por el director Dumbledore, y yo exijo aquí, que Harry Potter, en este Tribunal, pida perdón públicamente al Jefe de la Casa de Slytherin.
«Puedo asegurar que de dejar crecer a ese peligro llamado Gryffindor, la casa más manipulable de Hogwarts, su modelo Harry Potter atacará al profesor Snape con mayor odio, con respecto a lo cual me atrevo a dar un juicio: pobre Harry Potter, si el profesor Severus Snape quisiera hacerte daño, nada podrías hacer, no sólo porque soltarías la varita como es tu costumbre, sino porque no tienes la capacidad para enfrentarte a un mago experto. Si has podido enfrentarte a uno muy poderoso, no es tu mérito. Lo único que tienes, y son tus palabras exactas, es suerte y ayuda.
«Yo me atrevo a decirle aquí: Cuidado, Harry Potter. A ver si no esa protección del poderoso hacia ti, termina en que se estuvo cebando para hacerte víctima cuando les convenga, porque tus benefactores se manejan sacrificando peones. ¿Cómo se te podría pedir perdón al final, si en todo el camino previo se te mintió? Se te podrá pedir perdon porque su plan inicial, como todo lo que hacen, falle. incluso apoyado por esos aurores que hacen guardia en las puertas de nuestro colegio, sin que nadie sepa nunca para qué sirven.
«Más todavía: anticipo que conforme lleguemos a la mayoría de edad, Potter hará más clara su propensión a la delincuencia. Puedo asegurar y no falta mucho para comprobarlo, que pronto veremos a Potter usando maldiciones imperdonables contra alumnos. ¿Su excusa? Que lo hace por una buena causa. O porque se cobra el mal recibido y entonces ustedes lo distrutarán. Eso se llama el fin justifica los medios. ¡Y sepan que ustedes son los peores Slytherin!
«Al final, entre Voldermort y Harry Potter, entre los mortífagos y Gryffindor, no hay mucha diferencia. Que unos somos los buenos, otros los sabios, otros los valientes y otros los malos, son etiquetas para mantener un injusto orden del mundo. Pero los Slytherin, los que se inconforman, los del furor, somos los que mantenemos el desafío.
«El profesor Snape no pidió y no necesita mi colaboración para proteger su vida. Mis actos fueron mi decisión. Yo atendí al llamado de mi conciencia. Yo, llevado por los valores de Salazar Slytherin apoyé al Jefe de mi Casa cuando éste era amenazado por un irresponsable y por sus amigos arrastrados a su imprudencia.
«Yo me interpuse para preservar la valiosa vida de un gran profesor, dándole los dos segundos que un Slytherin como él sabe aprovechar para poner las cosas en su lugar. Yo sabía que moriría, me sorprende estar aquí. Por eso cuando se me interrogue, dire: sí, yo estaba dispuesto a morir por mi profesor y Jefe de Slytherin. Lo haría otra vez, porque como Slytherin no puedo ignorar el llamado del honor. Porque los valientes no sólo están en Gryffindor como afirma la pedante consigna de su Casa. Yo reclamo la virtud de la valentía para todas las demás casas, porque esa consigna es un intento de robarnos. ¿Qué derecho creen tener para hacer afirmación tan prepotente? "Los valientes están en Gryffindor". Lo dicen para que confundamos valentía con prepotencia Gryffindor. Lo dicen para que los valientes de otras casas seamos vistos como fuera de lugar. Si de eso se trata, tengan por seguro que nosotros seguiremos en lo que ustedes llaman estar fuera de lugar.
«Asumo las consecuencias de mis actos, debidas a que como Slytherin respeto al profesor Snape y que, de estar en mi lugar, mis hermanos aceptarían igualmente.»
Esa noche, Dumbledore y McGonagall estaban sentados en el despacho del director. Snape estaba de pie, a un lado de Dumbledore, con los brazos cruzados.
El Ministro en persona se acercaba con su escolta. McGonagall estaba inquieta.
―Director… Albus… ¿qué traerá el Ministro entre manos?
―El Ministro estaría feliz de enviar al señor Dankworth a Azkabán, para minar mi posición, o lo dejaría libre para lo mismo. De las dos posibilidades, tenerlo en Hogwarts como imagen frente a Harry le convendría más. Eso no me agrada, pero lo prefiero a tener a Dankworth en Azkabán.
―Yo no quisiera -suspiró la profesora-, pero desconfío de él. No me queda claro que no sea un aliado potencial de Voldemort o un peligro que haya que sumar… ¿entonces?
―Entonces Morthred hizo bien en armar el escándalo de esta mañana en el Tribunal. Dividió a los jueces. He sondeado y espero que se le deje libre, con mi recomendación. La redacción del veredicto la haría el muy competente Asistente Junior, Weasley. Si le resulta, Dankworth quedará libre de compromisos, así sea porque nadie más allá de su círculo puede sumarse abiertamente a su posición. Se ve que él practicó bien la rebeldía en su clase, profesora McGonagall.
Con dos aurores haciendo guardia afuera del despacho, el Ministró entró junto con Alexander Graham-Phelps y dejó en el escritorio de Dumbledore, la nota de Weasley que aparecería en el ejemplar de The Daily Prophet al día siguiente: TRIBUNAL DA SU VEREDICTO EN JUICIO DEL MASTÍN: Por unanimidad, el Tribunal ha declarado la nulidad del juicio por falta de elementos, así como el retiro de todos los cargos contra el estudiante Morhtred Dankworth, quien deberá presentarse de inmediato a cumplir con sus deberes académicos. Al cabo de un interrogatorio de 16 horas, el caso se cerró. Los pormenores…"
―El estudiante Dankworth viene en camino -aclaró el Ministro-. Antes de dejar el Wizengamot hablamos con él y se comprometió a detener las revueltas estudiantiles. Se nos iba a venir el mundo encima, íbamos a crear un mártir. No lo podíamos permitir, tampoco tú. ¿Y ahora, Albus? ¡Tenemos la andanada periodística, un debate público! ¡Te puso en duda! ¡A mí!
―No me lo expliques, Fudge, lo que me vienes a decir yo lo aconsejé, pero el Fiscal tuvo que llevarlo a juicio.
―Esa idea de dejar a ese chico dar una declaración preparatoria…
―Un exceso de democracia. Se le quería enviar a Azkabán con el apoyo de la ley.
―No volveremos a hacer esos experimentos…
―Déjalo estar, Cornelius. El público olvidará en cuatro semanas.
―Una duda anecdótica -preguntó Snape, lentamente, a Phelps-. Ya que ustedes son los superdotados del servicio de Inteligencia, ¿no pudieron enterarse que el señor Dankworth estaba preparando un interesante discurso?
―El legeremántico no nos lo dijo. Si se enteró, se lo guardó. El legeremántico que pusimos como su monitor, tampoco. Los tenemos en interrogatorio con otro legeremántico para ver si simpatizan con Dankworth…
―Apabullante -asintió Snape.
―¿Usted también quiere a Morthred en Azkabán? -quiso saber McGonagall.
―No. Mas no puedo evitar la admiración a la eficacia.
El reloj de pared sonó.
―Oh, esto me recuerda… -Dumbledore comprobó en su reloj de cadena- Sí… la fiesta que comienza ahora es una buena oportunidad para rupturas e inicios. La hemos organizado un poco apresuradamente, invitando a representantes de colegios hermanos para estimular la idea de que todo ha pasado ya. De hecho, fue idea del director Karkarov. Aun con la presencia del señor Dankworth, un complicado dolor de cabeza, los invito a relajarse un rato.
