Hola corazones!

Tuve semana complicada. Acabo de renunciar a mi trabajo, después de un año y tres meses. Ahora tengo uno nuevo. Debería haber empezado hoy, pero hay un temporal muy fuerte en Buenos Aires y tuve que quedarme

Wolfy: ¿que haces despierta a las 4 de la mañana? ¡Vaya a dormir, en nombre de la patria mexicana, caramba! Si te gusta el drama, anda preparando pañuelos para leer este fic, jeje. ¿Qué es actitud seme? Ya veo que sos fan del anime. Me parece que significa culpa. Necesita que le bajen la caña, como decimos acá, al pobre Neo, que hace años que no prueba nada. ¿Y qué cuernos significa ikeeer? El de Alf no es yaoi, aviso. Quizás en mensaje privado te lo cuente.

Escuchando Fuera de control, de No te va gustar, les digo que lean el….

Capitulo diez

El corazón de Neo

—Lo he meditado mucho, Neo. Pero ignorar el hecho de que Crash esté enfermo y que tengas el rol de médico, es como si lo atacaras. Lo siento, pero Nina tiene razón. Ah, y dile a Nina que iré a visitarla en cuanto pueda.

Ese fue el resumen de la conversación entre Neo Cortex y Nefarious Tropy. Y a raíz de esa conversación telefónica, Nina y el estaban caminando por la isla N. Sanity, bajo el sol que parecía creado para el infierno. Nina le llevaba su portafolios de médico, que solo había usado para curar a miembros de su equipo. La niña llevaba la remera que le había regalado y le había dibujado una leve sonrisa en el viejo científico.

—¿Falta mucho? —preguntó Nina, secándose el sudor de su frente con el antebrazo

—Ya estaría de regreso de no ser porque insististe venir conmigo —le reprocho Neo, abanicándose con la mano.

—Es que quería asegurarme de que no te pasara nada. Los hermanos de Crash podrían enojarse y lastimarte.

—¿Te gusta Crash? —le pregunto de golpe.

Nina detuvo su marcha y lo miro, sorprendida.

—No, claro que no. Solo me parece tierno, nada más. Me dan ganas de protegerlo.

—Es que… yo creía que te gustaba…

Nina sacudió la cabeza negativamente

—Es simpático y tierno, pero no lo quiero de esa manera.

Neo suspiro aliviado, pero no estaba del todo tranquilo. Siguieron caminando por la selva, atentos a cualquier sonido de peligro, pero no sucedió nada. Sin ningún inconveniente llegaron, pero, cuando pudieron divisar la casa de Crash, Neo se detuvo en seco.

—Creo que es una mala idea, Nina —dijo, ya pegando la media vuelta para irse.

—Pero me dijiste…

La puerta de la casa se abrió en ese momento. Nina y Neo se ocultaron entre los frondosos árboles. Un indígena salió por la puerta. Llevaba una máscara de madera muy adornada que cubría su rostro. Se alejó en dirección contraria de donde estaban escondidos.

—Creo que es un medico brujo —comento Nina.

Neo sintió una oleada de furia ¿Un medico brujo? ¿Teniéndolo a él, que era médico cirujano? Era una infamia que Coco y Crunch prefirieran métodos tan poco científicos.

—Deben confiar en la medicina indígena —continuo Nina—. ¿Medicina de universidad? Ese brujo seguramente le dijo a Coco que un espíritu malo poseyó a su hermano o algo así y esa tonta le creyó. Bueno, ya está recibiendo ayuda médica, así que…"

¡Así que nada! —chilló Neo—. ¿Llamas a eso una atención medica? Ah, no, claro que no. Un analfabeto con una mascara que te golpea en la cara con el cadáver de un pollo no es un médico. Voy a demostrarles a esos incultos lo que es la medicina de verdad."

Camino a grandes zancadas hacia la casa, con Nina detrás. Golpeo con fuerza la puerta, como si quisiera echarla abajo.

No tardo en abrirse. Una chica rubia lo recibió, con un gesto de sorpresa primero y de odio después

—Si crees que vas a aprovecharte de mi hermano… —comenzó Coco, ya levantando un puño.

—Vengo a ayudarlo —la interrumpió Neo, sintiéndose como un idiota.

—¿Ayudarlo? ¿Tu? ¡No me hagas reír! Vienes a matarlo —le respondió, furiosa. Para empeorar las cosas, la silueta de Crunch se dibujo detrás de ella y percibió de él muchacho el deseo de matarlo lenta y dolorosamente.

—Déjamelo a mí, Coco —le dijo, apartándola a un lado, pero antes de que su puño llegara a la cara de Neo, las manos extensibles de Nina sujetaron el brazo robótico de Crunch.

—No le hagas daño —dijo ella en voz baja—. No quiero lastimar a Crash. Si algo le llega a pasar, dejo que me mates. Tómame como rehén si quieres, pero quiero ver bien a tu hermano.

Crunch miro a Nina con el ceño fruncido.

—Mi tío le estaba enseñando a hablar. Seguramente los volvió locos vocalizando.

Ambos hermanos abrieron desmesuradamente los ojos.

—Así que era por eso —murmuró Crunch. Miro a Neo a los ojos durante un par de segundos y luego posó sus ojos en Nina de una manera que al científico le dieron ganas de dispararle, pero se contuvo.

—Entren —dijo por fin, haciéndose a un lado.

—¿Estás loco? —le gritó su hermana—. ¿Y si lo lastiman?

—Si eso sucede, me encargare personalmente que ninguno de los dos salga con vida de esta casa. Además, el gobierno aun no nos ha mandado ninguna ayuda médica. Es lo único que puedo hacer por Crash. Y es mejor que quedarme sentado cruzado de brazos.

Coco le dirigió una mirada fulminante a su hermano.

—Voy a calentar el caldo —murmuro y se fue pisando fuerte

Nina entró primero, seguido de un muy sorprendido Neo. Se encontró en una sala de forma circular, muy sencilla y poco amueblada. Solo había una enorme alfombra circular color verde musgo y tres trocos cortados limpiamente que parecían hacer de sillas. Una chimenea de piedra ocupaba gran parte de una pared, y encima había una repisa con trofeos y fotos de los Bandicoots. En el piso, había un par de plantas florales. Nada más.

Crunch cruzó la sala y los Cortex lo siguieron. Había un pequeño pasillo con una puerta de un lado y dos del otro. En el fondo distinguieron la cocina- comedor y la espalda de Coco, que calentaba una olla en el fuego. Crunch entro en la única habitación que no tenía puerta, tan solo una gruesa cortina hecha con ramas pintadas de colores oscuros y mascaritas rituales talladas.

El interior de la habitación era pequeña. Había un trofeo en el suelo y una maceta de helechos. En la pared había una máscara enorme de madera y una caja hacia las veces de mesa de luz, con una canasta con wumpas. Y en la cama, cubierto por una manta, estaba Crash.

Neo se acercó a la cama y sintió el estomago helado de repente, Crash estaba muy pálido, con los parpados cerrados y respirando con dificultad. Neo saco un termómetro digital de su bolsillo y se lo metió en la boca. Espero unos minutos, impacientemente a que el pitido se hiciera al fin. Cuando ello ocurrió, le saco el termómetro y lo examino. Se le arrugo la frente.

—Tiene más de cuarenta grados —le dijo a Crunch. Luego, se sacó el cinturón teletransportador y se lo entregó a Nina.

—Ve a casa y junta todo el hielo que puedas —le ordeno—, y luego me lo traes ¿Tienen bañera? —le pregunto a Crunch.

—Si.

—Tráeme el hielo suficiente para llenar media bañera ¿Puedes hacerlo, Nina?

Nina asintió, como si fuera un soldado en una misión y se teletransportó.

—¿Para qué es el hielo? —preguntó Crunch, con recelo. Neo resoplo.

—Para bajarle la temperatura. Esta ardiendo en fiebre.

—¿Y lo vas a sumergir en hielo?

—Si. Parece tener un resfrío fuerte, pero podría complicarse…

Coco entro en la habitación, con una bandeja de caldo. Corrió la canasta de wumpas a un lado, y puso el plato encima de la caja.

—Tienes que comer, amor —le dijo dulcemente. Crash negó con la cabeza y le dio la espalda.

—No insistas —murmuro Neo—. No debe tener hambre.

Crash se volvió a medias y enfoco la cara de Neo. Abrió grandes sus ojos verdes, como si lo notara por primera vez. Para asombro de los tres, el chico estiro la mano hacia el científico, agarrándolo de la camiseta. Luego lo soltó y dejó caer el brazo.

—Luego lo intentare yo, Coco —dijo Crunch, mirando de soslayo al científico.

Coco abrió la boca, luego cambio de parecer y se alejo a zancadas de la habitación.

Nina apareció un minuto después, con una bolsa de basura llena de pedazos de hielo.

—¿Dónde está el baño? —preguntó Neo a Crunch.

—En la puerta del frente.

—Nina, llena la bañera hasta la mitad de hielo y ponle un cuarto de agua fría en la bañera.

Nina salió. Crunch la siguió con la vista. Si le tocas un pelo, te mato, pensó Neo, con odio. Intentó concentrarse en lo que tenía que hacer.

—Cuando este lista el agua, quiero que metas a Crash en la bañera. Va a patalear y todo lo demás, pero tiene que bajarle la fiebre y es la manera más efectiva que conozco.

—Bien. Pero te quedas conmigo.

Crunch obligó a su hermano a sentarse en su cama y le sacó la camiseta. El cuerpo bronceado y musculoso de Crash no paso inadvertido a los ojos de Neo, quien enrojeció y procuro mirar a otro lado.

—C… Creo que meterlo con la ropa puesta es suficiente —dijo, intentando que no se le notara el nerviosismo.

Crunch lo cargo en sus brazos. Lo miro con una ternura infinita, le aparto un mechón de su rostro y le besó la frente. Neo por un instante se pregunto si la relación entre ellos dos era algo más que fraternal.

—Apúrate, que no tengo tiempo para cursilerías —gruñó, yéndose de la habitación y comprobando la bañera. En realidad, tenia forma como de una canoa, pero mucho más honda. Había hielo suficiente para bajarle la fiebre.

—Bien, mételo en el agua y déjalo un rato, por mucho que patalee y quiera salir.

Crunch titubeo un momento, pero miro el rostro febril de Crash y se decidió a ponerlo en la bañera.

Crash grito y comenzó a patalear, desesperado. Crunch tenía la mano biónica sobre el pecho del menor para que no saliera. Neo le tocaba la frente cada tanto. Coco apareció de golpe por la puerta.

—¿Qué demonios le están haciendo? —pregunto, furiosa y asustada.

—O me traes una toalla y preparas ropa abrigada o lárgate —le espeto Neo, sacudiéndose con la manos las gotas de agua helada.

Coco no se movió.

—¡Hazle caso, maldita sea! —grito Crunch, girando la cabeza para verla.

Coco saco de un armario dos toallas y las puso a un costado. Luego salió sin decir una palabra.

—Sácalo —ordenó Neo. El científico tomo las toallas y lo ayudo a envolverlo. Fueron a la habitación de Crash. Crunch le saco la ropa mojada a su hermano menor y le puso ropa seca. Lo metió en la cama y saco dos cobertores de la caja para abrigarlo. Neo volvió a tomarle la temperatura.

—Bien, ya bajo la fiebre, pero necesita medicación. Mucho líquido. Hay que darle mucho líquido. Mantenlo abrigado a la noche, ya que hace frio.

—De acuerdo.

Nina se acerco. Había esperado todo el tiempo en la sala de estar.

—¿Esta mejor, tío?

—Algo mejor, cariño. Ya nos estamos por ir.

—Entonces iré a caminar a la playa un rato.

Nina se marcho. Crunch se a quedo mirando.

—Voy con ella. Hay trampas escondidas y puede lastimarse —Crunch también se fue.

Solo quedaron Neo y Crash.

Si Crunch creía que iba a ligar con Nina, estaba equivocado, pero muy equivocado. Se estaba por alejar del cuarto, cuando…

—Neo…

Neo se giró hacia la cama de Crash. El chico lo miraba fijamente, con los labios entreabiertos.

—¿Fuiste… fuiste tú, Crash? ¿Me llamaste?

—N…Neo —volvió a decir. Su voz era ronca y débil… pero salía de Crash, no había ninguna duda. Era la primera palabra que había escuchado de él. Y era nada más ni nada menos que el nombre del científico. Se acerco a su cama.

—No te esfuerces demasiado. Tienes que descansar —murmuro, sin saber que sentir exactamente.

—Per…don —musito Crash, con los ojos brillantes.

—Ya tengo mi maquina de regreso. Ya no te mortifiques —Neo caminó hacia la puerta, pero un impulso que no pudo reprimir salió de él—. Cuando te recuperes, mas te vale que vengas a la clase o ya verás.


Nina se saco las zapatillas, se arremango los jeans y dejo que las olas bañaran sus pies. El calor era aplastante, pero valía la pena. Era un lugar hermoso. Se quedo mirando al horizonte, con los brazos extendidos.

—Es una sensación única —dijo una voz detrás de ella.

Nina se dio vuelta y vio a Crunch parado a medio metro de ella. Era realmente guapo. Admiro completamente su metro noventa de alto, sus músculos, su piel bronceada, sus ojos grandes del color de las hojas de las palmeras y su cabello oscuro. Con solo verlo, su corazón latía el doble de rápido.

—Lo sé. Hasta los siete años viví en un castillo. Mi tío no me dejaba ir a la playa sola, pero me quedaba mirando el mar desde los ventanales —dijo ella, con un dejo de nostalgia—. Ahora vivo en un iceberg, donde siempre hay nieve y pocas veces puedo salir.

—No conozco la nieve —dijo Crunch, parándose a su lado.

—Es blanca y fría. Ideal para hacer una bola con ella y golpear a alguien —sonrió tímidamente.

—Debe ser divertido.

—Con amigos debe ser más divertido —gruñó ella.

—Yo también me siento solo

—Pero… tus hermanos…

—A ellos los conozco y los amo, pero… desconfío de los seres humanos. Quiero relacionarme, pero me han rechazado tanto ¿Y tú? ¿Solo tienes a Cortex?

—Solo a él y a mi abuela —musitó ella. Nina era distinta. No deseaba realmente ser malvada y solo iba a la academia para complacer a su tío. No quería herirlo. Neo la había criado desde que era una bebé. Nunca había conocido a sus padres y nadie hablaba sobre ellos, diciendo que era un tema muy delicado. Su padre era el hermano mayor de Neo y había muerto junto con su madre cuando Nina tenía pocos meses de vida. No sabía nada más. Si tan solo supiera algo mas… sentía que había un terrible secreto en torno a la muerte de sus padres…

—¡Nina! —llamo su tío, dando zancadas hacia donde se encontraban—. Vámonos ya, que me estoy cocinando vivo.

Nina se sentó y comenzó a ponerse las zapatillas. Mientras Neo charlaba con Crunch sobre las dosis de los remedios para Crash, Nina pensó que no podían seguirle ocultando nada más. ¿Qué tan terrible había sido que nadie quisiera decirle la verdad sobre sus padres?