Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.


Las clases de aquel día fueron de lo más entretenidas. Hermione disfrutaba cada vez que un alumno salía despedido cuando intentaba tocarlas a Luna o a ella.

Durante todo el día ambas sintieron esa extraña sensación de ser observadas, pero por mucho que miraban a su alrededor no se encontraban más que las ya conocidas miradas de asco, y la sensación indicaba que las miraban con otro propósito.

- Herms, ¿quieres venirte luego al bosque con Hagrid a buscar hadas floreadas? – Preguntó Luna mientras estaban en sus habitaciones haciendo los deberes.

Hermione sonrió. Luna había conseguido meterle en la cabeza a Hagrid sus peculiaridades y ahora no faltaba día en que ambos fueran en busca y captura de bichitos extraños.

"Si para la cena estamos aquí, por mí perfecto."

- ¡Bien! Entonces acabemos esto cuando antes – sonrió la rubia.

Escasa hora después partían las dos en dirección a la cabaña del semigigante, que ya las esperaba mientras regaba su huertecito.

- ¡Chicas! – Exclamó el hombre sonrientemente - ¿Estáis preparadas para ir de caza? – Bromeó.

- Pero si no vamos a cazarlos – recordó Luna con su habitual vocecita.

Hermione y Hagrid rieron.

-No, Luna, no vamos a cazarlos. Era una broma – explicó él.

- Oh, en ese caso: que graciosa – sonrió ella.

De pronto escucharon unas pisadas detrás y las chicas se giraron. Se miraron confundidas al ver que ni más ni menos que Severus Snape se acercaba a ellas con un pequeño cesto colgado al brazo.

- Oh, Severus – sonrió Hagrid – ya pensé que no llegabas.

- ¿Viene también a buscar hadas, profesor? – Preguntó la rubia.

- No, señorita Lovegood, pero aprovecharé este viajecito para dos cosas: vigilarles y coger algunos ingredientes del bosque que necesito.

Hermione hizo un pequeño gesto con la cabeza y Snape respondió.

- Veo que han decidido lucir sus nuevas mochilas – dijo el pocionista mirando las mochilas que colgaban en la espalda de las chicas.

- Hemos traído algo de comer y agua, por si la excursión se alarga, y estas mochilas son lo mejor para llevarlo – explicó Luna.

- ¿No temen que se les quede enganchada a alguna zarza y se les rompa? – Preguntó él confundido.

- No, estas mochilas son muy chulas. Si se mojan se secan solas, si se manchan se autolimpian y es imposible rasgarlas incluso usando un hechizo cortante – respondió la rubia dando saltitos.

- ¿Tan pronto querían romperlas? – Bromeo el pocionista.

- No – respondió Luna bajando la voz – pero hay algunos que al ver que no podían tocarlas directamente han intentado estropearlas.

El profesor miró a las chicas y luego a Hagrid.

- Bueno, ¿vamos tirando o nos vamos a quedar aquí el resto de la tarde? – Preguntó impaciente.

El semigigante asintió enérgicamente y tras coger su canasto y una lámpara de aceite y darle otra al pocionista empezaron a andar.

- No os separéis de nosotros, ¿vale, chicas? – Pidió mirando de reojo hacia atrás, en donde Luna tenía firmemente agarrada la mano de Hermione.

- Claro que no nos separaremos. No podrás encontrar a las hadas sin nosotras – rio Luna.

Durante todo el camino Snape estuvo observando a las chicas y la forma en la que Luna llevaba a Hermione. Era como ver a una niña pequeña que no sabe dónde pisar, como una hoja que se deja llevar por el viento, como un trozo de madera en el océano… Frunció el ceño. ¿Dónde estaría aquella chica que siempre tenía la iniciativa en todo? ¿Aquella que fue incluso capaz de quemarle la capa y colarse en su despacho para robar ingredientes? Esperaba que siguiera en alguna parte de su retraída y traumatizada mente.

El camino que habían tomado dejó de existir y pronto estaban moviéndose entre rocas, ramas que tenían que apartar, barro y zonas arenosas. Hagrid ayudaba a las chicas apartando con sus fuertes manos los grandes objetos inanimados que tenían delante.

Llegados a un pequeño claro con una especie de rio en la parte derecha decidieron sentarse. Llevaban apenas treinta minutos andando, pero ir de caminata por el bosque cansaba en doble que hacerlo en terreno llano.

Todos se sentaron cerca de un cúmulo de piedras que usaron de asiento y Luna y Hermione sacaron varias cosas de sus mochilas: una botella de agua grande, varios vasos de plástico, un tupper con galletas, una botella de zumo de calabaza y dos bolsas de patatas.

- ¿Profesor, quiere unas galletas? – Preguntó Luna ofreciéndole a Snape una.

El pocionista miró la galleta y se sorprendió ante la extraña pinta que tenía. Era una galleta normal y corriente, pero tenía unas pepitas de colores encima.

- Aunque tengan varios colores, todo son pepitas de chocolate – explicó la rubia al ver su mirada extrañada – venga, seguro que le gusta. Hemos colocado un hechizo de temperatura en el tupper y siguen calentitas.

Snape bufó y finalmente claudicó, cogiéndole la galleta de la mano a la rubia. Se la llevó indecisamente a la boca y le dio un mordisco. Tuvo que usar todo su autocontrol para no soltar un pequeño gemido. ¡Por Merlín, estaban riquísimas! Tenían el típico sabor a galleta, pero al deshacerse la masa un delicioso sabor a vainilla inundaba la boca. Y eso sin hablar de que las pepitas de chocolate se deshacían en cuanto sentían el calor de la lengua… ¡Aquello era una explosión de sabores: galleta, vainilla, chocolate! Tenían el nivel perfecto de crujido y una vez en la boca mantenían una armoniosa mezcla entre dureza y blandura.

- ¿Le gustan? – Preguntó Luna comiendo algunas patatas.

- Están bastante bien – respondió él quitándole importancia al asunto - ¿Las han hecho los elfos?

La rubia soltó una pequeña risita.

- Las ha hecho Hermione – contestó mirando a la castaña, que en esos momentos estaba rellenando los vasos de todos con zumo de calabaza.

La castaña alzó la cabeza y sus ojos se clavaron en los pozos negros del pocionista. Todos los músculos de Snape se tensaron y apartó la vista de golpe. ¿Qué acababa de pasar?

- Están decentes – llegó a decir el pocionista.

Tras un pequeño descanso de diez minutos volvieron a guardar todo y reemprendieron la marcha.

Desde ese momento empezaron a moverse a base de las necesidades del pocionista, ya que las hadas no tenían un sitio específico para salir, según Luna.

En un momento específico el cuarteto se separó en dos parejas.

Luna y Hagrid marcharon hacia el oeste, ya que según la rubia sabía que había unas plantas que atraían a las hadas con mucha intensidad y era factible encontrarlas ahí.

Por su parte, el semigigante animo a Hermione a acompañar a Snape, que necesitaba seguir hacia el norte en busca de sus ingredientes.

- No necesito ninguna ayuda – se quejó el pocionista.

- No es ayuda Severus, pero teniendo en cuenta el interés de Hermione por las pociones, según me ha dicho Albus, será un buen entrenamiento para ella – sonrió Hagrid.

Snape bufó. ¡Dumbledore! Como no…

Reemprendieron la magia y Snape sentía a Granger detrás de él. ¿Por qué no decía nada? Miró por el rabillo del ojo y la vio mirando en diagonal, que el suficiente ángulo para ver el suelo y ver por dónde iba él.

Llevaron a una especie de mini-acantilado y el pocionista se asomó al precipicio. Bufó inmediatamente. Tal como pensaba la maldita flor que necesitaba para una de sus creaciones más complicada estaba nada más y nada menos que a diez metros de él, colgando en la pared como si en cualquier momento se fuera a caer.

Maldijo y vio a Granger acercarse y asomarse.

"¿No puede cogerla con magia?"

- No, Granger, es una flor sumamente delicada y el más mínimo toque de magia en sus pétalos hará que se marchite – bufó – pensé que estaría más cerca.

Hermione miró el acantilado y frunció el ceño. Estaba claro que la maldita flor tenía un acceso muy dificultoso, pero mirando bien la pared no sería difícil ayudarse con los salientes.

"Si quiere puedo intentarlo."

- ¿Intentarlo? ¿Se ha vuelto loca Granger? – Preguntó Snape mirándola con los ojos desorbitados – no pienso dejar que lo haga, podría caerse.

"Señor, durante mi infancia en el mundo muggle mis padres me apuntaron a muchas cosas, entre ellas a escalada. No me será difícil bajar, coger la flor y subir de nuevo. Además, durante el año con Harry hicimos cosas parecidas por miedo a que detectaran nuestras varitas."

Snape la miró desconfiadamente. ¿Y si aprovechaba para soltarse y tirarse? ¡Si algo le ocurría a Granger, Dumbledore iba a cortarle la cabeza y a exhibirla pinchada de una lanza en el patio! Miró durante varios minutos a la flor y a Granger, alternando la mirada cada pocos segundos, y bufó.

- Esta bien, pero se va a poner esto – ordenó conjurando una cuerda.

Cogió el objeto y comenzó a enrollárselo en la cintura a la castaña, dando algunas vueltas en las piernas y formando una especie de arnés de escalada. Después afianzó el otro extremo a una piedra e hizo que la chica diese una vuelta a su alrededor para enrollarse la cuerda a la cintura.

- Iré soltando la cuerda a medida que baje, así puedo ir controlando su velocidad de bajada – explicó comprobando que todo estaba bien atado.

Hermione asintió y, tras deshacerse de su túnica y quedarse en jersey y vaqueros, se sentó sobre el borde del acantilado y mirando por anticipado se giró y se apoyó en dos salientes.

Snape empezó a hiperventilar y a preguntarse si eso estaba bien en cuanto la chica dio sus primeros pasos para bajar. ¿Y si resbalaba? ¿Y si se caía? ¿Y si la cuerda se rompía?

Miró hacia abajo y vio a la chica con el ceño fruncido mientras tanteaba cada saliente que se encontraba. ¡Vaya, pues sí que sabía del tema!

- Intente arrancar la flor entera, con tallo incluido – pidió.

Vio a Granger asentir y una extraña incomodidad se instaló en él cuando la chica llegó a la altura de la flor y empezó a forcejear para arrancarla. Dos minutos después la chica le miró y gesticuló algo similar a "imposible". Frunció el ceño, ¿no podía arrancarla?

- Voy a hacerle llevar mi navaja, pruebe a cortarla – pidió – me encargaré de mantenerla en equilibrio.

Sacó la navajita que siempre llevaba en la boca y la hizo levitar hasta la chica, que la tomó con cuidado. Antes de soltar las dos manos, una para coger el tallo y la otra para la navaja, la chica le miró y él pegó la cuerda a la pared, provocando que la chica quedase pegada a ella también y disminuyendo así el riesgo a que se cayera.

El tallo de la hoja era algo grueso, así que suponía que Granger iba a estar varios segundos con ello. No apartó la vista de ella, más bien de sus pies y de la cuerda, un movimiento en falso y Granger resbalaría.

Finalmente vio como con un último movimiento la flor se desprendía y la chica se la llevaba a la boca para aguantarla mientras volvía a subir. La ayudó, aunque más bien podría decirse que la arrastró, a subir y en menos de cinco segundos la chica estaba con la flor en la mano.

Granger le tendió la planta y él la cogió, observando que no hubiese salido dañada ni con el arrancamiento ni con la subida. Perfecta.

Miró luego a la chica y decidió que sería buena idea descansar después del trago pasado.

- Sentémonos un rato, señorita Granger – dijo – así pienso hacia dónde vamos luego.

La chica se sentó y sacó dos vasos, zumo de calabaza y el tupper de galletas de su mochila. Snape vio como la castaña le ofrecía una galleta y la cogió fingiendo mala gana. ¿Por qué diantres tenían que estar las galletas tan buenas? ¿Y dónde las había hecho? Se suponía que los alumnos tenían prohibido bajar a las cocinas, pero siendo Granger…

Descansaron durante unos cinco minutos, ambos absortos en sus mentes, y finalmente Severus se levantó y se sacudió la capa. Hermione le imitó de inmediato.

- Vamos – ordenó empezando a andar – se me ha informado de una nueva subespecie de Doxys capaz de habitar en el bosque y he decidido investigar. Miraremos de capturas una adulta y algún huevo.

Granger asintió y siguieron caminando hacia el norte hasta llegar a otro claro lleno de flores silvestres de muchos colores.

- Según el informe han creado un nido cerca de los árboles negros que rodean este bosque – dijo – a estas horas estarán dormidas, pero debemos de tener cuidado igualmente. Busque en las partes bajas, son más húmedas.

Empezaron a buscar y Snape se desesperó cuando al quinto árbol no encontró nada, pero entonces escuchó un grito. ¿Grito? Se giró de golpe y vio a la chica luchando por quitarse de encima varias Doxys, similares a las de siempre pero de un color rojizo.

- ¡Mierda!

Se acercó a la chica a zancadas y comenzó a quitarle de encima a esos molestos bichos, que ya le habían roto la túnica y ahora atacaban a la ropa muggle que llevaba. Con cuidado aturdía a los pequeños seres y sujetaba a la chica cada vez que uno de esos bichejos le atacaba a las piernas para hacerla caer.

- Maldición.

Esas malditas Doxys eran mucho más agresivas que las comunes y ahora le estaban atacando a él también.

Finalmente, harto de memeces, pegó a la chica a su pecho y tras hacer explotar un bote de doxycida se desapareció con la chica, no sin antes coger a varias de esas malditas.

La aparición les llevó aún más adentro del bosque, en otro pequeño claro que tenía una cala a la que llevaba agua del Lago Negro.

Cayeron al suelo y rodaron un par de metros por el impulso y cuando éste acabó Hermione acabó sin remedio sobre Snape, que aún no la soltaba.

- Señorita Granger, ¿está usted bien? – Preguntó él levantándose y levantándola con él.

La chica sacudió un poco la cabeza, como aclarándose las ideas, y le miró. Sus ojos bajaron hasta sus piernas y, al ver que estaba sobre él, se abrieron d repente y saltó hacia el suelo como si se estuviese quemando. Snape frunció el ceño ante la tensión que presentaba ahora la chica.

- ¿Está bien? – Insistió.

Granger asintió nerviosamente y se mordió el labio al ver sus ropas. Él la miró también.

Las Doxys habían acabado con su túnica y habían rasgado tanto jersey como pantalones, provocando que la nívea piel de la chica fuese visible a través de cada agujero.

¡Espera! ¿Eso lila era el sujetador? ¿Y aquello que se marcaba era un pezón?

¡ALTO! Snape apartó la miraba y se reprendió mentalmente. ¿Cómo podía haberse fijado en eso? ¡Merlín! Estar tanto tiempo con Dumbledore le estaba pasando factura.

Sin volver a mirarla se quitó su capa, que había resistido al ataque gracias al tipo de tejido con el que estaba hecha, y se la tendió. Granger la cogió y tras asentir con la cabeza se la puso.

- Creo que deberíamos volver, señorita Granger – aseguró – no sería conveniente seguir con sus ropas en tal estado.

La chica volvió a asentir y empezaron a caminar hacia el castillo. Llevaban apenas cinco minutos caminados cuando un Thestralaterrizó en el claro al que estaban llevando y se les quedó mirando.

Snape paró de golpe pero Hermione siguió caminando hacia el animal. Iba a pararla cuando vio al extraño animal hacerle una reverencia y dejarse acariciar sin problemas.

Aquello era raro, muy raro. Observó como la chica acariciaba el lomo del animal y después peinaba la crin con sus dedos. ¡Y el animal recibía los cariñitos! Si, estaba presenciando una escena de lo más extraña. Los Thestral no eran animales sociables y era muy raro que dejasen que los humanos se les acercasen tanto. ¿Cómo podía Granger estar cerca de uno tan tranquila?

La chica le miró y le hizo una pequeña seña para que se acercase, cosa que hizo con paso indeciso.

Una vez estuvo al lado de la chica y el animal vio como éste bajaba una de sus alas y Granger la usaba como escalón para saltar a su lomo.

- ¿Pretende que suba? – Preguntó cuándo la chica se le quedó mirando.

"Será una rápida forma para volver al castillo."

Miró a los ojos sin pupila del animal y después al ala de éste, que aún estaba bajada. Bufó sonoramente e imitó a la chica, situándose detrás de ella.

Con una suave caricia en el cuello por parte de Granger el animal relinchó y emprendió el vuelo de forma brusca, cosa que hizo que Snape tuviese que aferrarse al pelo de la crin del animal, formando una especie de barrera con sus brazos para la chica. Granger quedó totalmente pegada a su pecho y en tensión completa. ¿Pero qué diantres le pasaba a aquella chica?

Tal como había indicado Granger, llegaron a los terrenos traseros de Hogwarts en menos de cinco minutos. El animal aterrizó y volvió a poner su ala como escalón. Granger saltó de inmediato al suelo y se quedó mirando el suelo. En serio, ¿qué diantres le pasaba? Snape ya sabía que era despreciable y repugnante, pero Granger nunca se había mostrado así con él.

- ¡Severus, señorita Granger!

Ambos se giraron hacia la puerta trasera y vieron a un sonriente Albus caminando hacia ellos.

- ¿Ha ido bien la excursión? ¿Dónde están Hagrid y la señorita Lovegood? – Preguntó sonriente.

- La "excursión" ha sido un desastre total – respondió con aburrimiento Snape – esas malditas Doxys nos han atacado, son mucho más agresivas que la especie normal. Al menos he conseguido la flor y unos especímenes de ellas.

- Oh, vaya. ¿Es por eso que lleva la capa de Severus, señorita Granger? – Inquirió.

Hermione abrió un poco la capa dejando ver lo rasgado de sus ropas y volvió a taparse rápidamente.

- ¡Vaya con esos bichejos! – Exclamó Albus sorprendido.

- Si dejamos que se reproduzcan van a traer muchos problemas – aseguró Snape – si ya con las normales tenemos, no quiero imaginarme con estas.

El anciano asintió con cara seria.

- ¿Y si usamos Doxycida? – Preguntó.

- Gracias a él hemos podido huir, pero sólo las deja aturdidas – respondió el pocionista – espero conseguir adaptarlo tras investigar a los especímenes que he cogido.

- ¡Oh, perfecto! Deja que la señorita Granger te ayude – sonrió el director – será una buena práctica para ella.

Snape tensó la mandíbula y miró a la chica, que mantenía la vista en el suelo.

- Granger, vaya a cambiarse – ordenó – puede devolverme la capa más tarde, en nuestra reunión.

La castaña asintió y salió casi corriendo de allí.

- Albus, ¿puedo preguntarte algo? – Preguntó Snape una vez la chica estuvo lejos.

- Claro, ¿qué quieres Severus?

- ¿Le pasó algo más a la chica durante el ataque?

El anciano le miró apenado.

- No lo sé – susurró – pero si lo dices por sus reacciones, creo que si le pasó algo, pero no estoy seguro de que fuera durante el ataque.

- ¿Cómo? – Insistió.

- Es algo que Minerva me ha mencionado pero no explicado de todo… - suspiró Albus, y tras lo mismo le contó todo lo del bloqueo mental y su nulo efecto actual.

- Espera… ¿¡Me estás diciendo que Minerva sabe lo que le pasó y se niega a contarlo!? – Bramó - ¿¡Acaso no ve lo que está sucediendo ahora!?

El anciano suspiró y se sentó en uno de los bancos cercanos.

- No lo sé, Severus – respondió – y el problema es que la mayoría de las veces no sé si su reacción es por lo que sea que le pasó o por el trauma de sus padres…

- ¿Te has dado cuenta de que incluso contigo se tensa? – Preguntó – Hemos venido en un Thestral y parecía una cuerda de piano…

- Sí, lo sé. Desde que despertó casi no soporta la cercanía física de nadie a excepción de Luna.

- Crees… Crees… ¿Crees que ese problema que Minerva esconde tiene que ver con… con algún tipo de… abuso? – Preguntó tartamudeando Snape – durante mi temporada como espía, vi como muchos de esos malnacidos abusaban de adolescentes y…

- La reacción en referencia a la cercanía masculina era igual – terminó Albus – también lo he pensado. He estado investigando y para mi desgracia he llevado a la misma opinión.

- Pero… si eso pasó antes de Hogwarts… Eso significaría que… - balbuceó el pocionista sin querer ni siquiera pensar en la posibilidad que se estaba formando en su cabeza.

El anciano se frotó el rostro con las manos y bufó.

- No quiero ni pensar en eso – aseguró – pido a Merlín que mis pesquisas estén equivocadas y todo sea un malentendido, porque si no sí que no voy a saber que hacer… ¿Qué has averiguado tú?

Snape le comentó todo lo que había sacado en claro con las lecturas de los libros de psicología.

- Pero con lo que hemos hablado ahora, todo se complica infinitamente – aseguró.

- ¿Y tienes algo pensado? – Preguntó Albus.

- ¿Además de llenarle el tiempo que tenga libre con creación de pociones o excursiones estúpidas? No – declaró el pocionista.

Se quedaron en silencio unos minutos, ambos deseando que aquello que estaban pensando no fuese cierto, y ambos planeando mentalmente formas de asaltar a Minerva y obligarla a explicar lo sucedido, aunque conociendo a la bruja era más probable que ella se obliviase a que contase algo.

Cinco minutos después Snape se levantó y miró al anciano.

- Severus – le interrumpió Albus antes de que se fuera – tengo que pedirte algo.

- ¿Algo? – Bromeó él - ¿qué pasa?

- Recupérala – pidió el anciano, aunque más bien parecía una súplica – haz que vuelva a hablar, que vuelva a vivir…

Snape se quedó mirando al director y suspiró.

- Haré lo que pueda para que vuelva a ser la sabelotodo insufrible y contestona de siempre – aseguró antes de marcharse.


¡Volví! Sé que normalmente publico por la mañana, pero hoy me he liado con una limpieza general (que normalmente hago los sábados pero ayer estuve toooodo el día fuera) y pasa lo que pasa. Limpias una cosa y salen cinco sucias ¬¬

¿¡Qué os ha parecido este cap!? ¿¡Duro!? Sólo esperemos que lo que están pensando Albus y Severus no sea real… Porque si lo es vamos a acabar todos llorando a lágrima viva _

adaduran: ains, la gente cambia ¬¬ Parece que todos pensaron que Hermione estaría permanentemente siguiéndoles como si fuese una perrita y cuando decidió sacar algo de sentido común la echaron ¬¬

yetsave: ¡Ya veremos quién es!

Luna White 29: Draco y Luna… Demasiado rubio y ojos claros XD

YazminSnape: la gente es tonta, y se ha demostrado que sus "amigos" más.

tercy-S-Scloe: ¿¡Ah, sí!? ¡Pues ahora será uno llamado El Padre Martilo! XDDD ¡Y será una máscara de Albus! XDD Albus y sus líos… Quién sabe si se ha hecho pasar por él.

kirtash96: bueno, los avances en este tipo de traumas son lentos. No quiero que Hermione despierte un día en plan "¡Estoy curada! Y ahora, para vengarme de todos, os lanzo una bomba nuclear muggle. Ale, a ver como salís de esta, capullos" XD.

andy1980: ¡Qué no! ¡Que es El Padre Martillo! XD

¡Espero que os haya gustado y espero vuestras reviews!