CAPÍTULO 10
La fiesta empezaba oficialmente a las diez de la noche en el cuarto de Graham Dyke y Leon Batt, dos chicos eliminados en la primera ronda pero que habían caído bien a todo el torneo. Primero porque eran adorables: Graham era bajito, con el pelo de un color entre rubio y pelirrojo y con unos ojos grandes y verdes detrás de unas gafas de pasta que tenía que recolocarse cada vez que movía bruscamente la cabeza – lo que en volley se equiparaba a continuamente –, y Leon, aunque parecía más atlético que su amigo, cuando hablabas con él te dabas cuenta de que era demasiado buena persona, pero lo segundo por lo que habían caído bien era porque eran ellos los que habían propuesto y organizado casi toda la fiesta.
Digo que empezaba oficialmente a las diez porque en realidad no comenzó hasta que llegaron los barriles de cerveza, que entre unas cosas y otras se retrasaron casi una hora. Eso sí, la música, de la que se encargaba un tal Albert, estuvo presente desde el minuto 0, y la verdad es que había que reconocer que no estaba del todo mal.
En la habitación no cabían ni de coña los 64 chicos que estaban en el torneo, sin contar a todos los que se habían apuntado como acompañantes, pero la verdad es que tampoco habían sido invitados todos los participantes. Un selecto grupo de 27 adolescentes se tenía que apiñar en el cuarto y en la terraza, que al menos era grande ya que habían tenido la suerte de ser alojados en el piso bajo del hotel.
Desde el principio los estudiantes ya se habían separado en pequeños grupos. Nick y Jeff estaban dentro del cuarto. El moreno sentado en el sofá y el rubio en la moqueta, con el torso entre las piernas de su amigo. Con ellos estaban los dos anfitriones, otros tres muchachos y Trent y Thad, por supuesto, que compartían el sofá con Nicholas. Las conversaciones eran amenas, tranquilas, ligeras, y conforme el alcohol en sangre subía, las risas sustituían con cada vez más frecuencia a las palabras. En algún momento, Sebastian Smythe se unió a ese corrillo, pero el único que pareció darse cuenta fue Nick, que también resultó ser el único sobrio en aquel momento.
- Deberías beber algo, Nicky, ya verás qué bien te lo pasas – le decía Jeffrey cada vez que él iba a por un nuevo vaso de cerveza.
- Voy a irme – le contestó cuando se lo dijo ya por sexta vez.
Hubo unos momentos de pánico en la cabeza de Jeff, que se paró en seco en su camino al barril y se dio la vuelta para mirar a su compañero.
- ¡No puedes irte! – dijo con ojos llorosos.
Nicholas se levantó y le dio una palmada en un hombro.
- Lo superarás – le sonrió.
Y tanto que lo superó, como que eran las tres de la mañana y Jeffrey todavía no había vuelto a la habitación cuando Nick se quedó dormido, en su cama, sin tapar y con el libro de francés abierto sobre su pecho desnudo. El rubio volvió una hora más tarde, sin parar de reír y con un chupetón en el cuello, cuando prácticamente tuvo que cerrar la puerta en las narices del chico que le acompañaba.
- Tonto, vete – dijo entre risas –. Vas a despertar a Nick.
- ¿Qué más da que se despierte? – respondió el otro, cogiéndole de la cintura y acercándole lo más posible.
La luz que entraba por el pasillo terminó por hacer lo que auguraba Jeff. Aún medio dormido pudo ver como dos chicos volvían a besarse en la puerta, a contraluz.
- Vete ya, que es tarde.
Oír la voz de Jeff de parte de uno de los dos chicos le sorprendió, y se dio cuenta de que tal vez no debería estar mirando, así que volvió a meterse en la cama, se tapó hasta el cuello y se hizo el dormido.
Tardaron aún un rato en despedirse. Nick estaba demasiado incómodo bajo sus mantas. Primero porque tenía calor... Y segundo porque acababa de ver a Jeff besándose con un desconocido en sus narices. No sabía por qué eso le molestaba, en realidad. No debería estar celoso, y sin embargo lo estaba. Con los ojos aún cerrados fue adivinando los movimientos de Jeffrey por la habitación. Primero al baño: la cadena y después el grifo abierto u n rato. Poco para estar en la ducha, mucho para estar lavándose las manos. Después el armario, con su chirriante puerta y finalmente los muelles de la cama, de su cama, seguido de su colchón uniéndose. Se incorporó precipitadamente.
- ¿Jeff?
- Hola Nicky – saludó el otro arrastrando las palabras y con los ojos ya cerrados.
El moreno se tomó unos segundos para observar a su compañero. Tenía el pelo revuelto y los tres primeros botones de su camisa desabrochados, que dejaban ver una gran parte de su pecho. No era nada que Nick no hubiera visto ya en sus dos meses de convivencia, pero no por ello éso le afectaba menos. En la parte baja de su cuello se podía ver una marca roja, también llamada chupetón, que no se iría en un par de días. Respiró hondo antes de poder hablar.
- ¿Te lo has pasado bien?
Jeff necesitó unos instantes para reaccionar. Primero frunció el ceño, como intentando recordar lo que acababa de pasar, y cuando lo hizo, fue apareciendo lentamente una sonrisa tonta en su cara.
- Sí...
En cuanto hubo respondido se incorporó, abriendo bien los ojos y sentándose con las piernas cruzadas en el espacio de cama que le había cedido Nick. Abrió la boca un par de veces como para empezar a hablar, pero siempre la cerraba y sonreía como antes.
- ¿Algo interesante? – intentó animarle Nicholas, inevitablemente curioso a la par que afectado por lo que acababa de presenciar.
- Que me he liado con Sebastian – consiguió decir antes de empezar a reír de nuevo.
"O sea, que el chico de antes... era Smythe". Ésas eran las palabras que pasaban por la mente de Nick mientras su rostro pasaba de la confusión al asombro y después inevitablemente al asco.
- ¿Con Sebastian? - repitió, incrédulo.
- Ya, es un capullo... Pero es que está muy bueno... Y se lanzó él y... Tú te habías ido... No sé, se acumuló todo y...
- Vale, vale – le paró el otro –. Tampoco hace falta que me des explicaciones. No soy tu madre, ¿no?
Jeff respondió negando con la cabeza, decidido a callarse. Al fin y al cabo su compañero tenía razón, o hacía falta explicar nada. No había nada que explicar, y aunque lo hubiera, Jeff tampoco habría sido capaz de hacerlo.
En el lugar de la conversación previa, empezó a crecer un silencio incómodo entre los dos chicos. Los dos bajaron la mirada. Jeffrey terminó rompiendo el silencio con una risa seguida de:
- Hacía tanto tiempo que no me besaba nadie... Lo echaba de menos.
Nick apartó la mirada incómodo y tragó saliva.
- ¿Cómo es? – se atrevió a preguntar, pero a media voz, avergonzado.
El rubio abrió mucho los ojos, entendiendo al fin por qué el otro se comportaba así cada vez que alguien hablaba de ese tipo de cosas. Estuvo a punto de empezar a descojonarse al entenderlo, en realidad, pero algo en su cabeza controló al alcohol que llevaba en sangre y le permitió respirar hondo. Después se tiró en la cama, tumbándose y mirando el techo. Nick esperaba la respuesta todavía con las piernas cruzadas, jugando con sus rodillas por encima de la sábana.
- Pues... No sabría describírtelo en realidad. El primer beso es sobre todo... babas – rió flojito, recordando su primer beso. Nick no preguntó, pero él empezó a contarle como había sido el suyo –. Tenía 14 años, yo... Era el cumpleaños de un amigo de infancia al que hacía años que no veía... Pero me invitó, así que fui. Alguien consideró divertido encerrarnos a los dos en un armario, y no recuerdo muy bien por qué, me besó. Al principio me dio muchísimo asco. Primero porque ugh, ¡era un chico! – los dos se rieron – Después me di cuenta de que era gay, y a ese primer beso con Sean le siguieron muchos. Nunca fue nada serio, tampoco queríamos que lo fuera. Dos años más tarde mis padres me metieron aquí. Creo que después de Sean hubo... Cuatro o cinco ligues. El último... Antes de Sebastian, claro... Fue con el que más estuve, pero tampoco se le puede llamar novio. Al menos se llevó mi virginidad...
Jeff había cogido carrerilla y parecía que le iba a contar toda su vida sexual, así que Nick prefirió pararle antes. No era que no le interesara, al fin y al cabo le hubiera gustado que alguien se la contara para ayudarle a él en la suya propia, era que volvía a sentir esa sensación incómoda en la boca del estómago que había sentido al ver a Jeff besándose con el que ahora sabía que era Sebastian, bajo el marco de la puerta.
- Solo quería que me dijeras como es besar a alguien, en realidad.
Los dos volvieron a quedarse en silencio. Jeff volvió a incorporarse y miró a su compañero. Después se lanzó sin pensarlo demasiado y le besó, poniendo las manos en su cintura y atrayéndole a él. Nick no tuvo tiempo de reacción. Se quedó unos segundos con los ojos abiertos y sin saber donde poner las manos, abrumado por la sensación y el sabor a cerveza de la boca de su amigo. El rubio se separó justo cuando Duval fue capaz de cerrar los ojos.
Jeff respiró hondo al separarse y se levantó de la cama, inquieto y medio temblando. Parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de hacer, y parecía arrepentirse.
- Buenas noches, Nick.
El otro no pudo reaccionar de ninguna forma. Cayó sobre su almohada y cerró los ojos. ¿Babas? Más bien... Magia. Volvió a oír como Jeff iba por toda la habitación: el baño primero, el armario después y por último la cama. Esta vez la otra.
Por la mente del rubio pasaban demasiadas cosas. Una mínima parte sobria que quedaba deseaba que a la mañana siguiente su mente hubiera sido capaz de olvidar completamente todo lo que había ocurrido esa noche. Desde lo de besarse con Sebastian hasta lo de besar a Nick. Todo era demasiado absurdo. La otra parte, la que estaba disfrutando como un enano todo lo que ocurría, deseaba que esta noche permaneciera para siempre, y le estaba preguntando qué coño hacía en su cama en vez de en la de Nick.
La escena me quedó parecida a uno de mis one-shots Niff... pero hagamos como si eso nunca hubiera ocurrido, ¿vale? ^^
Dejen review o algo que me confirme que sigue alguien aquí, por favor... Que si no no sé de dónde voy a sacar la motivación para escribir ahora que va a volver a empezar el curso...
