Las noticias de la BBA terminaron su programación y dieron paso a los anuncios. Cogí el mando para cambiar el canal, pero un anunció me llamó la atención. Era de champú, y la actriz que lo protagonizaba tenía el pelo azul. Me recordó a Mariam, pero al poco tiempo me pareció una estupidez, porque esa actriz no le llegaba ni a los pies. Además, ella tenía el pelo mucho más azul, mucho más largo…je, y era mi chica. No me lo podía creer, pensaba que conquistarla sería difícil, por que jamás había sabido diferenciar cuando una chica quiere amistad o amor, y Mariam me parecía tan inalcanzable... Recordé el momento del lago, aquel había sido mi primer beso. Habría dejado pasar el campeonato mundial si pudiera haber seguido allí, con ella a mi lado. Por desgracia ella tenía que volver junto a su equipo y nos tuvimos que separar.
-¿De que te ríes tío?
Me giré y vi a Tyson, sentado en la cama con cuatro latas de refresco y una bolsa de patatas.
Vaya, había estado sonriendo como un tonto mientras recordaba a Mariam.
-Eh…de…de eso –señalé la pantalla del televisor, olvidando que el programa había terminado y que ahora había anuncios.
-¿De eso?
En la pantalla salía un anuncio de lencería femenina. Me sonroje y retiré lentamente la mano con la que señalaba el televisor.
-Vaya, Makkusu, ya entiendo por que sonreías de esa manera –dijo Tyson dándome golpecitos con el codo.
-Yo…
-Tío, te tendría que hacer una foto ahora. Vaya cara tienes.
Cogí el mando y apagué el televisor. Intenté cambiar de tema.
-Tyson, me preocupa que Kai se haya marchado justo después de que me fuera –Tyson comenzó a abrir la bolsa de patatas, que se le resistía-. Quizás se haya enfadado.
-¿Otra vez? De darle vueltas al asunto. Reconozco que este año Kai está más amargado que las otras veces pero solo hay dejar de prestarle atención y el solo se dará cuenta de cómo se está comportando. Cambiemos de conversación tío.
Tenía razón, me estaba rayando demasiado con eso. Francamente, esas cosas ya no me importaban tanto por que estaba radiante de felicidad por Mariam.
-¿Se sabe por que aquellos equipos abandonaron el campeonato? –pregunté-. Me parece extraño que abandonen tres a la vez. Que año más raro está siendo este. Pero por lo menos no tenemos que combatir con gente que intenta robar nuestras bestias-bits ¿eh, Tyson? ¿Tyson?
Este cogió la bolsa de patatas y me la tiró.
-Que asco de bolsa –exclamó furioso-. No vuelvo a comprar esa marca en mi vida. Antes prefiero comer comida sana.
-¡No me has escuchado! –dije indignado.
-¡Sí te he escuchado, pero no voy a prestarte atención hasta que no me haya metido un puñado de patatas en la boca!
Agarré la bolsa y la abrí con los dientes. Se la lancé a Tyson, dejando un rastro de patatas fritas por la cama.
-Que torpe eres a veces Tyson.
-Oh, habló el listo que entró en el estadio bajando las escaleras de las gradas con una bici.
-Tú perseguiste con una a los ladrones que robaron la piedra de las bestias-bits…
-Ya, pero no me compares a mí contigo chaval.
Tyson cogió la bolsa y las latas y se fue al balcón, donde Rey y Kenny intentaban reparar a Driger con mis herramientas. Me uní a ellos.
-¿Cómo va la cosa?
-El problema está en la base, pero ya se como solucionarlo –contestó Kenny, que no dejaba de teclear en su portátil.
-Le estaba comentando a Tyson el porqué del abandono de tres equipos a la vez. ¿Qué piensas de eso Jefe?
Kenny se ajustó las gafas y se recostó en la silla.
-Por lo que tengo entendido uno de ellos estaba formado por tres jugadores y a uno de ellos se le rompió el beyblade el día anterior. De los otros no sé nada.
-Que mala suerte.
En ese momento recordé el equipo inglés que esta en la tienda de mi padre. Eran tres y según lo que dijo mi padre, el beyblade de uno de ellos no se podía reparar. Quizás fueran ellos uno de los equipos que habían abandonado.
Recordé la tarjeta que me dieron. Los Fightingbladers. Arthur, Peter y…¿James?
-Mañana nos levantaremos temprano –comentó Kenny-. Tenemos visitas gratis a los edificios culturales de Tokio. Parece mentira que todavía no hayamos salido del hotel salvo para las batallas. Bueno, exceptuando a Makkusu, pero él fue a Bahía, por lo que nos quedamos en las mismas.
Tamborileé la mesa con los dedos. ¿Mañana temprano?
-Jefe…
-Dime Makkusu.
-Yo no voy a estar. Voy…a ir otra vez a Bahía.
-¿Otra vez? –exclamó Tyson-. Tío, no podemos permitirnos el lujo de dejarte ir todos las mañanas. Mira lo que ha pasado hoy.
Me mordí el labio, nervioso por la actitud de mis compañeros.
-Eso solo ha sido hoy, te prometo que mañana vendré a mi hora. Además, os llamé varias veces para deciros que me quedaba en Bahía.
-Pero…
-Takao tiene razón –respondió Kenny-, Makkusu, no puedes marcharte de Tokio todos los días. Tenemos que entrenar, rellenar algún que otro documento…Si no estas aquí, ¿que haremos?
Me puse más nervioso aún. No les faltaba razón ninguna, pero tenía a Mariam allí. Me había salido bien mi relación con ella, nos habíamos besado aquel día, ¿cómo iba a dejar de verla al día siguiente? No podía, simplemente no podía.
-Lo sé Kenny, de veras que lo sé, pero solo será mañana –Pensé rápido en alguna solución viable-. Te prometo que solo será mañana.
-Estás muy callado –comentó Mariam.
-¿En serio? No me lo parece.
-Pues a mi sí.
Posiblemente tuviera razón, por que estaba aquel día pensativo. Ese día habíamos cambiado el lugar de la ribera por otro parecido justo al lado del lago. Allí teníamos más intimidad y nadie pasaba por allí, por lo que pudimos pasar el día juntos sin preocuparnos por nada.
II
Tenía a Mariam apoyada en mi regazo, medio dormida, mientras yo le estaba haciendo una pequeña trenza en su larga cabellera. Sí, podía parecer extraño que supiese hacer ese tipo de cosas, pero yo tenía primas en Estados Unidos, que no desaprovecharon la oportunidad de ser mayores que yo para enseñarme esa y otras muchas cosas que no pienso desvelar. Demasiada vergüenza pasé en aquella época, cuando era tan pequeño que no sabía diferenciar las cosas de chicos y las cosas de chicas.
Mientras trenzaba los mechones de pelo, Mariam abrió los ojos y me miró fijamente.
-Aunque llevemos muy poco tiempo juntos te conozco lo suficiente para saber que estás preocupado por algo –dijo Mariam. Sonreí sin dejar de realizar mi tarea, adivinando lo que iba a decir a continuación-. Me lo dice mi sexto sentido.
-Hace unos meses le dije lo mismo a mi madre: que lo sabía gracias a mi sexto sentido.
-¿Y?
-Me dijo que había dicho una estupidez, por que los seres humanos tenemos más de cinco. Uno de ellos era la propiocepción, que es la capacidad de percibir las diferentes partes de nuestro cuerpo.
-No entiendo lo último –dijo Mariam frunciendo el ceño-. ¿Cómo que percibir las diferentes partes de nuestro cuerpo?
-Es fácil. Imagínate a una persona ciega. Aunque esta no pueda ver, sabe que tiene dos piernas, dos brazos y veinte dedos.
Mariam se quedó pensativa. Estaba entretenida entretejiendo ramitas y dándole formas de animales u objetos. Se le daba verdaderamente bien. Podía ser una habilidad sin importancia, pero por sino os habíais dado cuenta, ella lo había estado haciendo con los ojos cerrados.
-Sigo sin entenderlo. Si tenemos la capacidad de percibir las partes de nuestro cuerpo, ¿Por qué no percibimos el hígado o el páncreas?
Me quede callado, no tenía respuesta para aquello.
-Buena pregunta. Tendría que hablar con mi madre por que tampoco lo entiendo muy bien. Eres muy inteligente, aunque deberías utilizar esa inteligencia para estas cosas y no para las ironías.
-Llevas mucha razón Maxi, como siempre –dijo en tono burlón.
Terminé la trenza y le besé la frente.
-Casi siempre me da la impresión de que te burlas de mí.
-¿Casi siempre? Estaré fallando en algo.
Mariam se irguió y se sentó a mi lado. Nos habíamos vuelto a bañar, pero esta vez yo llevaba mi bañador. Seguramente se me olvidó decirlo pero tanto la vuelta a Tokio como mi espectacular entrada en el estadio la hice con los calzoncillos chorreando.
Mariam se miró la trenza sonriente.
-Mira que saber hacer estas cosas.
Sonreí y ella me besó, pero mientras lo hacía, escuchó algo, porque al momento se separó de mí y comenzó a mirar alrededor.
-¿Qué ocurre? –pregunté preocupado.
Mariam se quedó mirando un punto fijo entre los árboles. Yo miré en su misma dirección pero no vi nada.
-¿Qué pasa Mariam?
Ella me miró aturdida.
-No…nada. No pasa nada. Era un animal. Eso era todo.
Mariam apoyó su cabeza en mi hombro y cerró los ojos. No me terminó de convencer su respuesta pero poco podía hacer por que ella era la única de los dos que podía escuchar esos ruidos.
-Ayer te lo pregunté, pero no presté atención por que estaba pensando en otras cosas. ¿Qué has estado haciendo estos dos años?
-Nada espectacular. Entrenar, es lo único que sabemos hacer en la aldea.
-¿Entrenar para qué? Ya habéis dejado de cazar bestias–bits ¿verdad?
-Bárbaros… siempre necesitáis un motivo para hacer algo.
Me tumbé en la hierba y sentí de cintura para abajo una punzada de dolor. Esa mañana me había levantado con agujetas, y apenas podía dar una paso sin sentir dolor, pero estando allí con Mariam hice una excepción, y me atreví incluso a bañarme. Su sola presencia junto a mí me aliviaba el dolor.
-¿Hay muchas personas en tu aldea Mariam?
-Unas cuantas. Somos unos cincuenta.
-¿Y hay más mujeres en la aldea como tú?
Mariam puso gesto de enfado y se cruzó de brazos.
-¿Y que más da si las hay? –respondió secamente.
Levanté las manos en señal de paz.
-Solo era curiosidad. Quería saber si tú eres la única mujer guerrera en la aldea.
-Guerrera –dijo Mariam riendo-. Si te refieres a si hay más mujeres guardianas, no, no las hay. Incluso yo tuve ciertos problemas a la hora de tomar mi cargo, pero ya les hice ver que estaban comportándose como estúpidos –dijo Mariam levantando el puño.
-Hum. ¿Y hay más chicos de tu edad allí, a parte de los Saints Shields?
-Estas hoy muy preguntón ¿no? –Mariam se tumbó a mi lado y me abrazó-. ¿Qué ocurre?
Me pasé una mano por el pelo y desvíe la mirada de sus ojos.
-¿Sinceramente?
-Más te vale ser sincero Maxi.
-¿Por qué a mí? Hay más chicos en tu aldea, y en el mundo. Soy muy diferente a ti, y pensé que para que te fijaras en mí como pareja tendría que esperar hasta el fin del mundo, pero este año has correspondido a mis sentimientos de una manera asombrosa.
Mariam se quedó callada, creando un silencio tan intenso que casi se podía notar al tacto.
-No te lo tomes a mal –aclaré-. He visto a muchas chicas, y no he encontrado a ninguna que llegue a alcanzarte ni los más mínimo, ni creo que la habrá. Pero tu sabes que todo el mundo me considera el débil, el pequeño. Me cuesta trabajo comprender porque te fijaste en mí y no en otro chico –me aparté los pelos de la frente. Tras decir aquello había comenzado a sudar-. Me estoy explicando fatal, lo siento. Quiero decir que podías haber conseguido a cualquier chico, y vas y te fijas en mí.
Cerré los ojos e intenté asimilar lo que había dicho. Era la verdad, la pura verdad, y quería soltarlo de una vez.
Noté un golpe en el pecho y me sentí empujado a mi izquierda, donde estaba Mariam, que había perdido cualquier expresión de alegría y que ahora me miraba fijamente a los ojos. En los suyos el color parecía haber cambiado y ahora se veía fácilmente su pupila dilatada, que antes apenas se podía apreciar tras el verde intenso del iris.
-Eres un completo estúpido, vuelve a repetirlo y te aseguro que esta será la última vez que me veas en tu vida –Palidecí de inmediato-. ¿Acaso tengo que darte explicaciones de por que te quiero?
Me tenía inmovilizado por el pecho, y su mano derecha estaba formando un puño.
-Mariam, yo no…
-Podrás ser todo lo listo que quieras en las ciencias, pero no tienes ni puñetera idea de esto. Si te he elegido a ti es por que precisamente eres diferente al resto. Y estos dos años que he pasado después de conocerte me han hecho comprender aún más por que te elegí desde el primer día.
Mariam me quitó su brazo del pecho y pude respirar tranquilo.
-Mariam…yo te quiero. No me pegues –No quiero parecer machista, pero jamás pensé que le diría esto a una chica.
Ella se puso de rodillas y me pasó una mano por la cara, sonriendo como si no hubiera pasado nada.
-No te hubiera pegado, pero gracias a mi experiencia con los chicos de la aldea sé que doy miedo así ¿verdad?
-Un poco…-logré musitar.
Mariam rió y me pasó una mano por la frente.
-Estás empapado en sudor. Mira que eres asustadizo.
-¡Creí que ese puño iba a parar en mi cara!
-¿Acaso me crees capaz de hacer eso?
La cara que puse debió ser un poema, por que Mariam se echó a reír y me pasó una mano por el pelo. Volvió a tumbarse a mi lado y apoyó su cabeza sobre mi hombro.
En ese momento recordé lo que tenía pensado decirle aquel día. Me ponía nervioso pensar en como reaccionaría ella, pero tenía que decírselo sí o sí.
-Mariam, escúchame un momento.
-Ya lo hago Maxi.
Tragué saliva y ella notó mi nerviosismo, por que levantó la cabeza para mirarme.
-Dime Max.
-Veras, este año el campeonato será muy reñido...y los Bladebreakers llevamos mucha presión por tener al actual campeón.
Mariam frunció el ceño, sospechando lo que yo iba a decir.
-Así que tendré que dejar de venir todas las mañanas. Vendré algunos días, pero no tantos como quisiera, lo siento.
Mariam suspiró aliviada y me dio un manotazo en el pecho.
-Que tonto eres, ponerme nerviosa para nada.
Mariam se acercó a mi con la intención de besarme de nuevo pero yo la detuve con increíble autocontrol.
-Hay algo más.
-¿Cómo que algo más?
-Las cosas entre los Bladebreakers están un poco tensas, más bien entre Kai y los Bladebreakers, y para no causar problemas faltando a los entrenamientos, y para poder verte todos los días, creo que lo mejor es que vengas conmigo a Tokio.
Mariam arqueó las cejas sorprendidas.
-¿A Tokio?
-Claro, es lo mejor, así nos veremos todos los días. No te preocupes por el alojamiento, lo tengo todo pensado.
Mariam desvió la mirada y miró al cielo, que presentaba algunas nubes blancas.
-Bueno –dije-. ¿Qué me dices?
N
Nota de la autora: En la escena donde Mariam se enfada con Max por sus palabras, hago una alusión al capítulo 37, donde Mariam lucha contra él. En todo el tiempo sus ojos son totalmente verdes, pero tras recordar los momentos con él en el derrumbe del edificio abandonado, en sus ojos aparecen una especia de sombra verde oscura, que se asemejan a las pupilas. Bueno, solo quería comentarlo para que se entendiera mejor esa escena. Hasta la próxima.
