¡Ha! ¿Qué hay? No, no tengo complejos dejando finales inconclusos, y tampoco quiero volverlas locas. Gracias por sus reviews, dude, ¡fueron muchísimos! Siempre es bonito leer de ustedes y saber que aprecian mi escritura.
¿Les gustó el Damon POV? ¡Esperen que no he acabado con ustedes!
Quería decir lo siguiente: sé que muchas esperan que Della esté juntos ya ya, pero ¡no es divertido, ¿saben?! No me gusta que las parejas se conozcan y enseguida ¡bam! saltan a la relación, por lo que no esperen que esta historia sea así o que todo sea felicidad.
El punto de vista es un poco complicado, porque tiene varios, espero que no se mareen, va así: de Isabella, Damon, Isabella, Alice, Isabella.
Chapter 10.
"Estás totalmente loca," suspiré por enésima vez.
"Has repetido lo mismo desde que estás aquí Elena, ¿qué no conoces otra frase?" cerré la maleta de golpe y me senté al borde de la cama.
"¡Has perdido la cabeza!" exclamó sentándose en el banquillo del tocador. Abrí la boca para responderle pero continuó, "y esa frase no la he dicho," reí suavemente, "y también seguiré repitiendo lo mismo hasta que te des cuenta de la estupidez que vas a cometer B, estarás rodeada de fríos," me calcé mis zapatillas y solté mi cabello.
"Noticias de última hora, estuve rodeada de ellos por meses," me levanté y me acerqué a ella, tomé sus manos entre las mías, "estaré bien E, prometo cuidarme y llamarte todos los días, comer mis vegetales y alejarme de vampiros," rodó los ojos, "no hagas ninguna locura mientras no esté en casa."
"Haré lo posible," la solté, "por cierto Bells, ¿qué irás hacer allá?" preguntó, comencé a rebuscar excusas en mi mente.
"Buscaré unos papeles del instituto y de la casa donde vivía, además visitaré una amiga," asintió. Me sorprendía cuan buena mentirosa me estaba volviendo.
"¿Y Charlie?"
"Él no tiene problema y no sabe lo de los Cullen, así que te lo pido Elena no digas nada," rogué. Bajamos las escaleras con mis maletas en mano, "solamente lo saben ustedes gracias a que Damon no pudo mantener la boca cerrada," ladeo su cabeza.
"Uhm hum," murmuró ausente, "prometo ser una alcahueta."
"Ella puede cuidarse sola Damon," la voz de Stefan resonó en la casa haciéndome sobresaltar, "lo siento Bella," se disculpó.
Desde que deje entrar a Damon tenía visitas constantes de él. Al día siguiente invité a Stefan a entrar y Caroline había tenido las puertas de mi casa abiertas desde un principio. No es que me molestase que llegaran a visitar tan constante pero podían al menos tocar la puerta y no matarme del susto apareciendo de la nada.
"Está bien Stefan," le sonreí.
"Veo que no pudiste convencerla de que es una locura," Elena negó ante el comentario de Damon, quién me miró duramente, "Isabella, sé del poco aprecio que le tienes a tu vida pero podías al menos intentar ser un ser humano normal y huir del peligro," se acercó a mí, nuestras miradas eran intensas.
"Si fuese un ser humano normal y con todo por lo que he pasado huiría de ustedes, iría a Bulgaria y me volvería monja," ni si quiera sonrió, pero Elena soltó una risita baja, "claramente ninguna de esas pasará, así que les agradezco a todos" paseé la mirada por el lugar, "que dejen de preocuparse por mí que ya estoy grandecita y sé cuidarme sola."
"Perfecto," Damon quien seguía frente mío se alejó un poco y tomo posición al lado de Stefan, "puedes cuidarte sola."
"Gracias, ahora si no es..."
"Pero yo iré contigo a asegurarme que lo hagas," me interrumpió, abrí los ojos desmesuradamente al igual que Elena. Stefan simplemente rodó los ojos y murmuro algo inentendible. Elena le susurró algo y ambos salieron.
"¿Qué tu qué?"
"Lo que escuchaste, voy contigo," se arregostó a la pared cruzándose de brazos.
"¿Y eso cómo por qué? No necesito policía, además los Cullen no me harán nada y tampoco en mis planes está cruzarme con ellos," expliqué. Una parte de mi realmente quería verlos pero no lo iba a decir.
"Puede ser, pero resulta Isabella que la gente en Mystic Falls te quiere viva y voy a asegurarme de ello," suspiré, realmente era difícil hacerlo retractarse.
"¿Y tú?"
"¿Yo?" tomé una bocanada de aire.
"¿Tú me quieres viva?" me mordí la lengua luego de que las palabras salieron de mi boca. La mirada de Damon me hizo estremecer, y me acordó de la noche de hace cuatro días.
"Yo soy el más interesado en mantenerte con vida," pasó su mano por mi mejilla con suavidad y la retiró al instante.
"Aquí te necesitan más de lo que yo pueda llegar a necesitarte, además Salvatore, ¿estás pensando en dejar a Elena sin protección con todo lo que ha pasado?" respondí acertando en su punto débil. Debía recordarme que lo de aquella noche, aunque había sido especial, muy especial para mí y quizá un poco para él, yo seguía siendo su segunda opción, si es que acaso era una opción.
Una punzada de celos recorrió mi cuerpo. Damon pareció meditar mis palabras.
"Isabella…"
"Estaré bien," lo interrumpí, "si llego a necesitar de ustedes los llamaré, lo juro," agarré mis maletas que fueron arrebatadas por él. Comenzamos a caminar, "estaré de vuelta en una semana quizá dos," dije una vez llegué a la entrada, abracé a Elena por última vez y subí a mi auto dando una pequeña mirada a Damon cuya expresión continuaba igual, sin emoción.
El camino a Forks era un largo y más valía empezar ya.
-…-
"Elena perdió la cabeza Isabella," respondí, puse el teléfono en alta voz y me tiré en la cama. Había tenido un par de días sin saber de la pequeña y agradable humana.
"Pero gracias a ello tienen información de Klaus, no te quejes," un ruido en seco se escuchó del otro lado, "oh Dios," musitó, "no morí a manos de un vampiro para morir en un accidente automovilístico, ten cuidado Webber," pidió Isabella.
"¿Y cómo van las cosas en Forks?" pregunté, rebusqué en el mini bar de mi habitación una botella de whisky.
"Mucho mejor que en Mystic Falls," Isabella hizo una pequeña pausa, "sabes Damon, no pensé que realmente fueses a ayudar a Katherine," suspiré.
"Sabes que tengo mis momentos," respondí simplemente, "Elena está muy confiada, pero el hecho que Elijah esté de nuestra parte es demasiado bueno como para ser verdad," comenté. Escuche un ligero suspiro como respuesta.
"Lo sé," respondió con extremo cuidado, "puede que los ayude pero al fin y al cabo es su hermano a quién ataca, las cosas pueden cambiar, además si Klaus no tiene todo lo que necesita comenzará a matar gente y se convertirá en un desastre," medite sus palabras, entendía su punto, eran hermanos y por mas odio que se tuvieran la sangre los unía, nadie más que yo entendía eso.
"Puede ser, todos estamos alerta a lo que pueda hacer ahora."
"Cualquier cosa que necesiten solo llámenme."
"¿Cuándo regresas Isabella?" pregunté curioso, llevaba ya casi dos semanas en Forks y comenzaba a inquietarme.
"No lo sé, quizá tarde un poco más de lo previsto, en fin, tengo que irme Damon, dile por favor a Elena que me cansé de llamarla, hablamos luego."
"Ajá, no hagas nada que yo no haría," escuche su risa y colgué.
El simple hecho de haber pasado más media hora hablando por celular con Isabella comenzaba a confundirme de nuevo.
Amaba a Elena, de eso estaba seguro pero cerraba los ojos y la mirada de Isabella estaba ahí. Y luego solo luego cuando tomaba consciencia de que esos no eran los ojos chocolates que se suponía que debían estar en mi cabeza, aparecía finalmente el rostro de Elena.
Por más que me costaba aceptarlo, tenía que admitir que mi hermano era lo mejor para ella. Pero eso no apartaba el hecho que no la amara. Suspiré molesto. Que ridículo se veía un vampiro en esta posición.
Me tiré al suelo ignorando mi gran y cómoda cama. Isabella, ella era un pequeño misterio. No tenía ni idea de que me pasaba con ella. Ella era la mejor amiga de Elena, algo así como parte del paquete de querer a Elena. Pero había algo que la hacía especial.
-…-
"¿Y tú y el vampiro qué?" preguntó Ángela arrojándome el pesado libro que se había caído.
"¿Yo y el vampiro qué de qué?" desvíe su mirada y me concentré en el libro.
"No te hagas Bella, bien sabes a lo que me refiero," suspiré.
"Él y yo nada Ang," pasé las páginas del texto buscando alguna que llamara mi atención.
"No soy tonta Bella, ¿estás repitiendo la misma historia?" preguntó preocupada, me forcé a mirarla a los ojos.
"No lo hago además ellos dos no se parecen en nada, serían dos historias completamente distintas.-"
"Entonces si tienen algo."
"Yo no he dicho eso," repliqué, "concéntrate bruja," la risa de Ángela se hizo más fuerte.
"Definitivamente no te gustan los humanos y la tranquilidad," me miró con una sonrisa pícara, "de todos modos Isabella Swan te advierto, esto es más peligroso que ser novia de un frío, ten mucho cuidado," asentí.
"No te preocupes, todo está bajo control, además, él ama a Elena," dije encogiéndome de hombros. Con Ángela tenía más confianza para hablar de esto que con Elena por obvias razones.
"¡¿Estás saliendo con el novio de tu mejor amiga?!" medio gritó, fruncí el ceño.
"¿Qué yo qué? ¡Claro que no Ángela! Es su hermano."
"¿Admites que sales con su hermano?"
"¿Qué?" le hice señas con mis manos de que se detuviera, "cálmate ahí, existen dos hermanos Salvatore, Stefan el novio de Elena y Damon quien también está enamorado de Elena," le expliqué, "y fue con Damon fue con quien me acosté," aclaré. Ángela abrió los ojos. Me reprimí mentalmente por bocona.
"¡¿Te has acostado con un vampiro?!" en esta ocasión si gritó.
"Baja la voz," la regañe, "si Ang, me acosté con un vampiro."
"¿Y qué tal?" levantó sus cejas. Tomé una almohada y se la aventé entre risas.
"Me niego a responder esa pregunta,"
"Voy tarde," se levantó de golpe y tomó su mochila rápidamente, "sigue buscando, en esos libros debe haber algo."
"Si quieres puedo llevarte, mi auto va más rápido," propuse, negó.
"Mantener un hechizo de no rastros es agotador Bella," respondió, "no puedo mantenerlo también allá, además, nadie te ha visto en dos semanas, ni si quiera los Cullen saben que estás aquí," me recordó, "y entre menos te muestres menos vampiros de cualquier clase llegarán," solté un suspiro.
"No me gusta el encierro."
"Lo sé," sonrió, "sabes, Jessica aún pregunta de quién es auto negro que está en mi casa.- asentí divertida y la dejé partir.
Quedé sola en la casa revisando los libros. No había ni uno solo que tratara de cómo librarse de un hechizo de esclavitud generacional ni de un hechizo de genes vampíricos.
Ángela y yo teníamos dos semanas de estar husmeando en ellos, eso y haciendo contactos y averiguaciones. Le di toda la información sobre Nicklaus a Elijah y hasta ahora no se había vuelto a comunicar cosa que era buena señal.
Me levanté de la cama y baje las escaleras, a esta altura todos estaban en el instituto así que nadie me vería. Recogí mi cabello en una coleta y salí para respirar un poco de aire. Después de un rato de caminata por el sendero del bosque me senté en una roca a un lado de la carretera para descansar un poco.
En una fracción de segundo sentí mi espalda chocar contra un árbol y una mano agarrar mi cuello. Mis ojos estaban firmemente cerrados ante el impacto.
"Pequeña Swan, es un gusto al fin verte," una voz varonil con profundo acento británico se coló en mis oídos. Soltó su agarre de mi cuello, tosí un poco y abrí los ojos, "Soy Nicklaus, mayormente conocido como Klaus pero puedes decirme Nick," pasé mis manos por mi cuello, "no dejará marcas en esa linda piel de porcelana."
"Isabella Swan, al parecer mayormente conocida como pequeña Swan pero puedes decirme Bella," contesté neutral. ¿Se había enterado que estaba ayudando a su hermano? ¿Había venido aquí para matarme? ¿Por qué nunca escucho a las personas? Debí haberle prestado atención a Ángela, "¿vas a matarme?" pregunté sin rodeos. Sonrió.
"No, si estuviese aquí para matarte, ya lo hubiese hecho," se encogió de hombros.
"Entonces, ¿qué haces aquí? ¿Necesitas que haga algo por ti?" pregunté apoyando todo mi peso en mi pie izquierdo y cruzando los brazos. Estaba asustada, muerta del miedo pero los vampiros eran como los perros, podían oler el miedo y necesitaba mantenerme tranquila.
"No es tanto lo que puedas hacer por mi sino lo que yo puedo hacer por ti," su sonrisa se amplió mostrando una hilera de dientes blancos, nadie podría presentir que un par de escalofriantes colmillos se escondían detrás. Hice un ademán con la mano para que continuara, "sé que estás tratando de zafarte de la maldición de mi adorable madre," hizo una pausa dramática, mi corazón se aceleró y cada músculo de mi cuerpo se tensó, "no te preocupes querida, quiero ayudarte," ladeó ligeramente la cabeza y me escaneó divertido.
"¿Ah sí?" asintió, "no es que no confíe en tu buena fe," hice una pausa, "bueno, realmente no confío."
"Comprensible," acordó.
"¿Por qué quieres ayudarme?" pregunté cuidando mis palabras, con Elijah era mucho más sencillo conversar pero un paso en falso con Klaus y perdía, literalmente, mi cabeza.
"Beneficios mutuos," respondió sin darle importancia.
"Supongo que a cambio de tu ayuda debo hacer algo," todo supuesto favor de él venía con un precio, no había que ser genio para saberlo.
"¿Nos hemos conocido antes Bella?" preguntó con una media sonrisa divertida, "es solo un muy pequeño favor," se sentó en un tronco caído y me hizo seña de que me sentara a su lado. Obedecí, "creo qué sabes qué es lo que realmente busco con la piedra lunar," asentí, "y lo que necesito," suspiré, esa era la parte que más odiaba en todo esto, volví a asentir, "bien, uno de mis brujos me falló y los otros dos murieron así que en total tengo uno solo y bueno deben ser dos," cerré los ojos sabiendo que venía a continuación.
"Necesitas que Ángela sea tu bruja," susurré.
"Me encanta como tu mente funciona," se levantó, "estoy siendo amable, bien puedo obligar a tu bruja pero quiero que tengas el chance de convencerla, tienes hasta la medianoche de hoy."
"¿Qué hay conmigo?" pregunté.
"Si la bruja acepta enseguida te diré que hacer," comenzó a caminar alejándose, apresuré el paso antes de que desapareciera.
"¿Cómo sé que cumplirás Nick?" levanté un poco la cabeza para poder mirarle a los ojos.
"Usualmente no doy mi palabra," extendió su mano y me miró fijamente a los ojos, "pero como sabrás, contigo es diferente, no puedo mentirte," extendí mi mano del mismo modo y la apreté con la de él, una ligera descarga recorrió mi cuerpo. Él pareció sentirla también, "recuerda, hasta las doce," asentí.
"Como cenicienta," una sonrisa ladina hizo aparición en sus labios y en un segundo desapreció de mi vista.
Tenía grandes problemas.
Corrí lo más que pude de vuelta a la casa de Ángela, mi estadía en Forks se había complicado y realmente me aterraba que Klaus estuviera en el pueblo. Ángela no contestaba el teléfono así que me decidí por ir al bendito instituto. Últimamente estaba tomando decisiones estúpidas.
Me bañe y cambié rápidamente. El instituto estaba a diez minutos de la casa de Ángela pero gracias a que ya no era la hija del policía del pueblo llegué en cinco minutos. Todo seguía exactamente igual, claro no es como si me hubiese ido por años pero un par de meses siempre hacen la diferencia. El timbre sonó justo unos segundos después de que parqueara el auto. La gente comenzaba a salir y sus miradas se dirigían al auto desconocido.
Escaneé el lugar y justo ahí estaba, un reluciente volvo plateado. Mi corazón se aceleró. Podía ver como todos murmuraban entre sí, al menos en Mystic Falls disimulaban. Tomé una gran bocanada de aire e intente calmarme. Abrí la puerta del auto y bajé.
-…-
"Suficiente tuve con la guerra civil cuando se libró y ahora tengo que escuchar de ella en clase," murmuró Jasper mientras agarraba mi mano. Salimos del salón a encontrarnos con todos para al fin irnos a casa.
"Lo siento Jazz," le sonreí con dulzura. Divisé a Edward, Emmett y Rosalie saliendo también del salón de clases.
"¿Qué sucede? Escucho tanto murmullo por parte de todos estos humanos que ni si quiera puedo escuchar mis propios pensamientos," comentó Emmett, asentí. Los murmullos se escuchaban demasiado alto que dejaban de ser murmullos para convertirse en conversaciones abiertas. Mis oídos estaban sufriendo un colapso.
"¿Será un nuevo estudiante?" susurró una chica de apellido Cotter a otra.
"Quizá y apuesto a que tiene dinero."
Mis hermanos estaban también escuchando la conversación. Traté de proyectar mi don para hacer el intento de vislumbrar algo pero la imagen fue en blanco. Fruncí el ceño.
"¿Nuevo estudiante, Alice?" preguntó Emmett. Negué.
"No lo sé, no puedo verlo," musité. El agarré de Jazz se afirmó. Volví mi cabeza a Edward quien seguía sin expresión alguna. Suspiré resignada. Habíamos vuelto por Bella solo para descubrir que ella se había ido y su paradero era un misterio para todos. Y como si fuera poco no podía verla en ninguna de mis visiones lo cual hacía todo más frustrante de lo que ya era.
"Lo siento," susurró Ángela tropezándose con Edward haciendo que se le cayeran sus libros. Ambos comenzaron a recogerlos.
"No te preocupes," susurró mi hermano de vuelta.
Otro misterio que agregar a la lista y era Ángela. Tampoco podía verla en mis visiones y para Edward leerle el pensamiento era realmente difícil, más de lo que en un principio lo era. Después de que recogieran sus libros, todos salimos todos al parqueadero.
"Oh mierda," susurró Ángela, "no, no, no, ¿qué le dije yo? Pero claro, ¿quién escucha a Ángela?" murmuro tan bajo que casi se hacía inentendible. Calló abruptamente como si supiese que podíamos escucharla.
No muy lejos de nosotros la puerta de un auto negro se abría. Podía escuchar a todos decir lo mismo al tiempo.
Bella, era Bella.
Y se veía preciosa, casi no la reconocía. Pero su olor me confirmaba que era ella. Tenía un jean negro ajustado y un blusón blanco con bailarinas a juego, su cabello lucía más largo y tenía una sonrisa algo extraña. ¿Estaba más alta? ¿Había ganado peso? ¿o siempre había lucido así y solo hasta ahora me daba realmente cuenta?
Por un instante sus ojos hicieron contacto con nosotros. Le sonreí pero su expresión fue tan dura e indiferente que hizo que algo en mí se rompiera. Sus ojos se desviaron hacía Ángela, quien llego a su lado en un instante.
"Lo sé, y lo siento, tenía que venir," le susurró Bella, Ángela suspiró, "además tu celular estaba apagado Webber, no puedes culparme."
"Se quedó sin batería," explicó impaciente. Le di una mirada a Edward quién estaba estático y había dejado de pretender respirar, "¿qué es tan urgente que no pudiste esperar Bella?" le reclamó, los cinco nos manteníamos al pendiente de la conversación, especialmente Edward.
"Se presentó una situación, una muy complicada situación," el rostro de ambas había cambiado a una sincera preocupación.
"¿Qué ha sido esta vez?" preguntó Ángela.
Bella levantó la mirada y nos examinó, volví a darle una pequeña sonrisa, Ángela le siguió la mirada y asintió. ¿Qué si dolía que Bella ni siquiera me sonriera de vuelta? Claro que sí, era como si simplemente fuéramos un grupo más de humanos a los que ella estaba ignorando olímpicamente.
"Sube," ordenó.
Ambas entraron al auto y en segundos estuvieron fuera de ahí. Estaba confundida por lo que acababa de pasar. Obviamente no esperaba que llegara corriendo y me abrazara pero tan si quiera un 'hola' hubiese estado bien.
Todos subimos en silencio al auto y nos dirigimos a casa. La mirada de Edward me decía que algo estaba pasando por su cabeza.
-…-
"Es que nunca aprendes Bella," me regañó Ángela.
"De todos modos te hubiese buscado a ti y créeme no hubieses tenido una conversación tan linda con él," parqueé el auto y bajamos rápidamente. Ángela comenzó a murmurar cosas inentendibles.
"La casa está protegida," asentí, entramos, "¿has visto cómo te miraban los Cullen? Pareciese que hubiesen visto un fantasma," comentó.
"Sí, por un momento quise llegar y golpearlos a todos pero probablemente hubiese terminado con mi mano fracturada," Ang soltó una suave risita.
"¿Aún te duele?" me encogí de hombros.
"No realmente, digo, aún me siento incómoda al hablar sobre ellos pero me ha comenzado a dar igual," confesé, "ha sido un capítulo de mi vida que ya pasé."
"Te entiendo," miró el reloj, faltaban ocho horas para la media noche y debíamos tomar una decisión.
"¿Qué dices Ángela?" pregunté nerviosa.
"Lo haré, no es como si tuviese alternativa," le sonreí ligeramente en agradecimiento.
"Me siento horrible," me dejé caer en el sofá y pasé mis manos por mi cabello, "¡estoy traicionando a mi mejor amiga!" exclamé a punto de perder el control. Ángela se sentó a mi lado, "yo no pedí esto Ang," comencé a desahogarme, "¿por qué si intentaba alejarme de esta locura me han metido hasta el cuello?"
"Porque eres de Mystic además de ser una Swan," me tranquilizó poniendo una mano en mi hombro, la miré, "recuerda, siempre con la cabeza en alto, que si no la ganas, la empatas," susurró, me alejé un poco de ella.
"Gracias," tomé una bocanada de aire. Ángela se tensó visiblemente.
"Tenemos visitas," se levantó del sillón y caminó hasta la puerta, antes de abrirla me dio una larga mirada. Me levanté justo cuando la puerta se abría en par.
En la entrada estaba Klaus y más atrás, en la carretera Alice y Edward. Comencé a morder el interior de mi mejilla. Esto era un desastre. Me puse delante de Ángela a sabiendas de que de las dos, ella tenía más ventaja de salir viva de ahí.
"Nick," sonreí ladina y falsamente, gesto que me hizo recordar mucho al vampiro de la carretera.
"Bella," saludo cortésmente, "¿metiéndote en problemas tan temprano?" dijo refiriéndose a los Cullen, me sorprendía que no hubiese hecho o dicho nada, "¿puedo pasar?" preguntó con una sonrisa juguetona. Rodé los ojos.
"No, hablaremos a fuera," dije saliendo y cerrando la puerta tras de mí. Ángela me dio una mirada significativa y la tranquilicé con una sonrisa, "pero primero déjame solucionar un asunto," le hice seña de que se sentara en la banca que estaba en el porche. Inclinó su cabeza y apartó su cuerpo dejándome pasar y sentándose en la banca.
Comencé a caminar hacia donde mi vieja familia estaba. Este día se estaba volviendo cada vez más loco.
Σοφία.
