En la oscuridad de la noche

Tal vez fuera porque habíamos cruzado la muralla que colindaba con Cheve, pero el aire se sentía espeso. La muralla se alzaba tan alta que desanimaría a escaladores temerarios. La luna se asomaba tímidamente entre las nubes negras que la protegían, cuan celosos vasallos de la oscuridad.

El silencio contestaba a la pregunta que flotaba en nuestras mentes. ¿Y la rebelión?

"Así que esto es Cheve… um, que raro." Mencionó Corrin mirando a todas partes, extrañado. "No parece haber ninguna batalla de momento." Elise asintió sobre su caballo, igual de perpleja. Me sorprendió que para ser tan pequeña pudiera comandar tan fácilmente a su montura.

"Tal vez han vuelto a la seguridad de sus hogares por la noche." Supuso Camilla, acercándose a Corrin tras hacer aterrizar su wyvern. Yo me bajé tras ella, asustado de la criatura que nos llevó por los aires. Era maravillosa, pero sin duda un arma letal creada por la naturaleza a la que le mostraría mis respetos.

Al menos parecía obedecer cada orden de Camilla con precisión. La princesa me arrastró a aquel paseo por el aire literalmente contra mi voluntad, pero no pude resistirme. No tenía forma de decirle que no. *suspiro derrotado*

No solo pasé un miedo horrible a caerme, tuve que reprimir mis instintos básicos de agarrarme a lo que pudiera, que, en este caso, habría sido a Camilla. Ya sabéis… por lo de ser un caballero… Encima se entretuvo en hacer piruetas… ugh…

Me zarandeé hasta llegar junto a ellos. Camilla entonces se rió, ayudándome a recuperar el equilibrio.

"Deberíamos hacer lo mismo. Estaremos mejor preparados para mañana si descansamos un poco, ¿eh, Miles?" Ciertamente, me vendría bien. "Conozco un lugar abandonado por aquí cerca. ¿Os llevo?" Propuso la princesa refiriéndose a unas viejas ruinas en la distancia. Yo señalé a su dragón, sacudiendo la cabeza repetidamente, haciendo reír a las princesas. No quería ir más en wyvern. Era alucinante, pero también alucinantemente terrorífico.

"Pobre Miles. No me lo rompas mucho, hermana." Se apiadó Elise dándome unos golpecitos en la cabeza. Al parecer me había convertido en su juguete. Eso me recordaba que aún no había podido jugar con Elise a algo más creativo que las cartas. La verdad es que me imagino con facilidad a Odin pasándoselo bien jugando con nosotros, de llegar el caso.

"Jajaja… Y sí, Camilla, llévanos allí." Sonrió Corrin, aliviado de no tener que afrontar ninguna batalla tan tarde en el día. Suspiré, asintiendo. Entonces me di cuenta de un joven no muy lejos de nosotros. Llevaba un arco bastante extraño. Su cuerda parecía estar hecha de luz. Iba vestido con ropas hoshidanas, y llevaba una coleta larga en cola de caballo. No tenía buena cara. Parecía enfermo.

"Hola, querido hermanito. Te he estado esperando." Dijo mientras tensaba el arco y aparecía una flecha de luz. Corrí hacia Corrin y le embestí, apartándole de la trayectoria de la flecha.

"¡Corrin!" Llamaron Camilla y Elise, asustadas. La pelimorada sacó su grimorio de fuego, mientras que la rubia se bajó de su caballo.

"Maldición, casi lo logro. Estaba apuntando a tu cabeza de traidor." Casi escupió el hoshidano.

"¡Takumi! ¿Estás loco? Podrías haberme mat-" Comenzó a decir el príncipe de orejas puntiagudas mientras se reincorporaba.

"¡Retrocede, Corrin! Es demasiado peligroso." Interrumpió Camilla interponiéndose entre ellos. Me levanté tan rápido como pude, fijando mis ojos en aquel llamado Takumi. Ahora que le miraba bien, me sonaba su aspecto.

"Escondiéndote detrás de tu falsa hermana, ¿eh? Has alcanzado un nuevo nivel." Parecía estar elogiándole, no falto de sarcasmo, desde luego. "Pero no importa. Tengo un ejército de soldados a mis órdenes." Sonrió amenazantemente Takumi, príncipe de Hoshido.

"Detén esto, Takumi. Esto no te concierne a ti o a Hoshido. Hemos venido a apaciguar pacíficamente la rebelión en Cheve. Por favor, baja tu arco y regresa a Hoshido, donde perten…" Intermedió Corrin, sin desenvainar todavía su espada. Evitó acabar lo que iba a decir, pues no era quien para hablar. Él no regresó a Hoshido aquel fatídico día, después de todo, y eso le carcomía la consciencia.

Aquella situación me estaba poniendo nervioso. Fui a buscar al wyvern de Camilla para estar preparados. Cogí sus riendas y lo acerqué a su jefa.

"Más te vale protegerla con tu vida, maese wyvern." Le advertí. Me dio por llamarle así, porque igual que pocas veces uso esa palabra, pocas veces hablo con wyverns. El dragón, por supuesto, no me contestó, pero creo que no hacía falta que se lo dijera si eso era lo que quería.

Una chica rubia de pelo corto descendió sobre otro dragón junto al príncipe Takumi, enervando al caballo de Elise. Llevaba una armadura roja y una diadema en la cabeza. Pero sobre todo vestía determinación en su semblante.

"Bah, sabía que intentaríais detener nuestra justa rebelión. Más razón aún para permanecer en nuestras trece." Afirmó la joven, apuntando un hacha en nuestra dirección. Era carismática, y parecía fuerte. ¿De dónde salen todas estas criaturas? Quiero decir, en mi vida he llegado a conocer a tantos luchadores como aquellos, así que, ¿dónde han estado durante todos estos años?

"Creo haberte enfadado, extraña. ¿Puedo saber tu nombre?" Preguntó Corrin, nervioso por el modo en el que Takumi le observaba. Parecía inestable, y a veces le daba un tic nervioso en la cabeza.

"Mi nombre es Scarlet. Soy parte de la resistencia aquí en Cheve. Os he estado siguiendo el rastro desde que dejasteis Nohr. Nuestros aliados hoshidanos han recibido con los brazos abiertos la información de vuestro paradero." Hizo mención a Takumi.

"¿Dándole la espalda al reino de Nohr? Tsk tsk. Eres una pequeña traidora." Regañó Camilla con su usual sonrisa amenazante. Verla así cuando no era a mí me hacía sentir a salvo. Más fuerte. No obstante, aquellas palabras no le sentaron bien a Corrin, aunque no lo hizo evidente. Yo sabía lo que tenía en la cabeza, por eso os lo puedo contar.

"¿Traidora? ¡Ja! La lógica nohria nunca cesa de sorprenderme. Scarlet hizo lo mismo que Corrin, ¡solo que ella eligió el bando correcto! Unirse al enemigo… preparar una trampa para sus compatriotas… ¿te suena?" Provocó Takumi, enumerando burlescamente sus pecados. Corrin agachó la cabeza apretando los dientes. No tenía palabras que devolver, pues no era mentira, solo que no del todo acertado. Fue su padre quien le dio la espada, y no tenía forma de alzar su espada contra aquellos que aprendió a amar.

"¡Cállate!" Gritó Elise. "No digas cosas tan horribles de Corrin, ¡o lo lamentarás! ¡Corrin no traicionó a nadie!" Lo cual es cierto… no traicionó a nadie en su corazón. De haberlo hecho, ahora no se arrepentiría de tener que enfrentarse a su familia de nacimiento. "¡Es la mejor persona del mundo!" Defendió la rubia, acercándose demasiado. Casi parecía que iba a romper a llorar. Eso era una muestra de la intensidad con la que hablaba.

"Ugh, ¿quién ha dejado que hable ésta niñata? Qué irritante." Gruñó Takumi.

Con horror, el príncipe hoshidano alzó su arco, lanzando una flecha que alcanzó a Elise en el hombro. Mis pies se movieron solos hasta la princesa, donde la atrapé en su caída y cogí algo de distancia. Me sorprendió verme tan ágil. Normalmente me habría helado en el sitio. Quizás la experiencia traumática de hacer piruetas sobre un wyvern me ayudó a sobreponerme a la adrenalina.

"¡Elise!" Se asustaron Corrin y Camilla. La segunda dejó las amenazas escondidas y las caras dulces para mirar con desprecio al enemigo.

"Ver a esa mocosa nohria me enferma. Simplemente muere de una vez." Dijo mientras disparaba otra flecha. Aparté a Elise con facilidad, pues la distancia me daba la ventaja. No obstante, su puntería no habría fallado. Iba directa a la cabeza. La flecha de luz desapareció al errar su objetivo, mientras que la que perforaba el hombro de la rubia moribunda aún seguía ahí.

Camilla habría lanzado toda su furia sobre aquel niñato, pero al ver el rostro afligido de su hermano, se forzó a domar sus emociones. Conocía a Corrin, y por mucho que se lo mereciese, no querría matarle. Por él, respetaría a aquel malnacido que osó lastimar a Elise.

"Scarlet y yo no pararemos hasta liberar Cheve de la opresión nohria. Planeo eliminar a quienquiera que se ponga en nuestro camino." Anunció el hoshidano. Su compañera asintió, apretando el agarre sobre su hacha y alzando las riendas de su wyvern en señal de poder.

"Sois vosotros contra nosotros, Corrin. ¿No es eso lo que quiere el rey Garon? ¿Que luchemos hasta la muerte?" Preguntó Takumi, bajando el arco, cansado de estar hablando con sus enemigos. Su mano le temblaba, y le pedía sangre nohria.

Corrin guardó silencio, pues como al parecer Takumi, el peliblanco también odiaba al rey Garon. No se equivocaba. Garon quería que lucháramos hasta la muerte, pero no estaba allí para velar por sus intereses en aquel momento.

"¡Corrin!" Llamé. Al hacerle volverse hacia mí, comprendió que no podíamos quedarnos allí. Teníamos que reagruparnos en la entrada de la muralla, donde nos esperaban los demás. Y teníamos que tratar las heridas de la princesa cuanto antes.

Noté la mirada del príncipe Takumi. Era alarmante. Sentí que las distancias no importaban para su arco. Un inquietante sentimiento.

Camilla cogió a Elise consigo, murmurándole palabras piadosas, y se la llevó con su wyvern. El peliblanco y yo nos montamos en el caballo de Elise para regresar. Me agarré a los hombros del príncipe para no perder el equilibrio, pues no había montado mucho a caballo en mi vida. Antes de volver, cruzamos miradas con el príncipe de Hoshido una última vez antes de comenzar la batalla.

"Tenéis razón sobre el rey." Reconoció Corrin apretando los dientes. Le noté agitarse junto a mí.

"¡Mentiras!" Gritó el príncipe barriendo el aire con el brazo. Pasaron unos segundos y unos cuantos tosidos de Scarlet hasta que se dio cuenta. "Espera, ¿qué?" Al parecer el odio de Takumi sobre Corrin era capaz de impedirle oír bien. Sorprendente, pero terrible.

"No sé lo que hacer, Takumi. Odio casi tanto como tú al hombre que me secuestró y preparó la trampa de la espada, pero no puedo simplemente dejar a la familia con la que me crié solos bajo el control de Garon. ¡Podría matarles él mismo si me voy con vosotros!" Hubo una breve pausa que siguió a la fuerza de sus palabras. Scarlet se extrañó. Lógico, pues no entendía el contexto de lo que hablábamos. Entonces el de ojos rojos alzó la mirada hacia el arquero, con determinación.

"Pero te prometo que encontraré la solución. Una en la que tal vez encontremos la paz."

"¡Yo te daré una solución! ¡Muere, escoria nohria!" Gritó Takumi alzando de nuevo su arco. Corrin movió al caballo justo a tiempo para evitar la flecha. El peliblanco miró a su hermano perdido casi con desesperación. No se podía creer que fuera tan irrazonable. Entonces nuestro enemigo se llevó la mano a la cabeza, molesto.

"Sí… te mataré… y entonces se irá el dolor en mi cabeza…"

-O-O-O-

Me quedé bastante pensativo en el camino de regreso. ¿Dolor de cabeza? ¿Un dolor de cabeza que te dice 'mata a éste tipo'? Casi parece que alguien le está controlando. Era consciente del mal humor del príncipe Takumi, pero no era el loco que se presentó ante nosotros aquella noche.

"Miles." Me llamó Corrin mientras galopábamos hacia la entrada de la muralla. Tropas chevitas comenzaron a salir de las casas, así como augures hoshidanos, prestos a la batalla. Scarlet comenzó a reagruparse con su cometida de jinetes wyvern.

El ejército que nos proporcionó Garon nos esperaba al otro lado de la muralla, en un campamento, pero no podíamos ceder la entrada a ésta o perderíamos una ventaja estratégica importante.

"Vamos a encontrar el modo de solucionarlo todo, ¿verdad?" Me preguntó, sin lograr ocultar la duda en su voz. No quería mentirle, pero tampoco decepcionarle con mentiras.

"No lo sé, Corrin. Pero mientras eso sea lo que mueva nuestros pasos, no toda la esperanza estará perdida." Le dije. Corrin asintió, distraído. Seguramente tenía mucho en la cabeza en aquel momento. No le culpaba. Takumi se había presentado en una emboscada y ahora tendríamos que combatir no solo contra los chevitas, sino contra los hoshidanos también.

Pero seguramente lo que más le molestó fue lo que le dijo. El rey Garon no parará hasta que todos estén muertos. … ¿Por qué cambió tanto? Fuera por lo que fuera, tenía que averiguarlo. Tenía la sensación de que todo comenzaría con eso. Pero sin dar el primer paso, jamás me movería en aquella niebla asfixiante.

"Corrin. Es muy probable que tengamos que enfrentarnos a Garon eventualmente. Lo sabes, ¿no?" Le murmuré tras llegar al campamento. Camilla había llevado a Elise junto a Felicia, quien comenzó a tratar su herida. Effie y Arthur se quedaron a su lado, custodiando a su señora y amiga. El resto de vasallos comenzaron a prepararse para la batalla. El príncipe se volvió a mí, angustiado.

"Sí. Pero no creo que mis hermanos estén dispuestos a unirse a nosotros así porque sí." Y entonces apretó los puños, atareado. "Debemos hacerles entender que la guerra no parará mientras Garon esté al mando de Nohr." Contestó el peliblanco, dejándome para ir a por su equipo.

La única razón por la que volvió fue por su familia, no por ese falso padre, eso estaba claro. ¿Por qué seguían los príncipes bajo el control del rey? Camilla era lo suficientemente fuerte por su propia cuenta como para suponerle un reto al mismísimo Garon, y no me imagino a Elise aceptando las locuras de su padre. Pero no era como si pudiera simplemente hablar con ellas de traicionar a su padre. O con Leo. O con Xander. ¿Cómo íbamos a convencerles?

Silas y Mozu me encontraron entre la tormenta de personas yendo y viniendo. Me pusieron un acero entre las manos, el cual se me hizo pesado.

"No sabía que pesaban tanto." Dije incómodo. Intenté mover la espada con habilidad, pero mi brazo no era tan fuerte.

"Te acabarás acostumbrando, Miles. Yo lo he acabao haciendo." Me intentó tranquilizar Mozu en un suspiro, aunque no sé si aquello me tranquilizó mucho.

"Mozu, Miles, quedaos junto a Felicia. Protegedla mientras trata a la señorita Elise." Nos ordenó Silas. Cuando le vi marchar a la batalla junto con Corrin, noté el significado de la decisión que tomé. Luchar no es para cualquiera. Y yo me había aventurado en un mundo más cruel de lo que me imaginaba. Cielos.

-O-O-O-

Echemos un vistazo al escenario. Nos separaba de las casa chevitas un río con dos puentes cercanos de la entrada a la muralla. Dichos puentes estaban custodiados en por los enemigos, augures hoshidanos y acorazados chevitas respectivamente. Takumi estaba junto a éstos últimos. Protegiendo las casas había unos caballeros protegiendo a una mujer que iba sobre una criatura que no había visto nunca.

"Ese ser se conoce como Kinshi." Me contó Azura mientras me pilló estudiando la zona con unos cristales que ampliaban la visión. "Son propios de Hoshido, y muy hábiles y capaces. Quien lo monta era una vasalla de Mikoto, y se llama Reina. Su otra vasalla también está aquí, junto con aquellos augures. Es Orochi." Parecía afligida al hablar de ellas.

"Te incomoda que nos enfrentemos a ellos, ¿verdad?" Le pregunté. No me hacía falta una respuesta para saber la verdad. Le dolía. Estaba luchando contra aquellos con los que se crió. Vivía la pesadilla que Corrin no fue capaz de elegir.

"Estoy bien. Solo deseo que nadie salga herido de todo este cruce." Suspiró la cantante agachando la cabeza.

"Yo también." Simpaticé.

Siguiendo con los planos, había unos jinetes wyvern en los tejados de las casas, comandados por Scarlet. Serían una fuerza difícil contra la que luchar. Lo más extraño fue que había algunos hombres acorazados montados junto a los jinetes. ¿Cómo podría volar los pobres dragones de esa forma?

Nosotros nos organizamos así. Corrin se montó con Silas, preparado para enfrentarse a Takumi en cuanto llegaran hasta él. Camilla y Beruka se ocuparían de las unidades acorazadas del puente derecho. La princesa podía usar su magia, mientras que Beruka tenía un martillo que según me contó con una mirada tétrica, es lo más eficaz para sus armaduras.

Mozu, Arthur, Effie, Niles y yo nos quedamos custodiando la entrada mientras la sirvienta sacaba del peligro la vida de Elise. Lo más probable era que los augures de la zona izquierda no se quedasen quietos mientras curábamos a nuestros heridos, así que Azura se quedó con nosotros como precaución. Ni Arthur ni Effie tenían buena resistencia contra la magia, por lo que Felicia y Azura serían quienes lideraran aquella batalla.

Odín se montó junto a Camilla, pues usando su magia desde allí ayudaría a mermar las fuerzas de los acorazados. No negaré que, me sentí algo celoso. En cuanto a Selena, dejó a Cain y se subió con Beruka, dispuesta a probar sus habilidades con el arco.

Y… bueno. La batalla comenzó. Camilla, sus vasallas y Odín barrieron literalmente con los acorazados. Pero Takumi no se quedó de brazos cruzados. Intentó perforar el ala de algún wyvern, forzándolas a una caída dolorosa. No obstante, las jinetes ya estaban advertidas gracias a Selena.

Corrin y Silas galoparon hacia Takumi, quien dio toda la batalla que pudo. Aunque todas sus flechas habrían acertado al blanco, Silas alzó un escudo entre ellos y las flechas, llegando a clavarse nueve flechas y desviar siete. Una le perforó el brazo, pero no era momento de frenar el paso solo por un poco de dolor. Una vez lograron acercarse a él, fue doblegado y desarmado. Silas le ató con una cuerda y lo montó sobre su caballo de modo que no pudiera escaparse ni aunque lo intentase. Eso sí, se quejaba como un desquiciado.

En cuanto a nosotros, la predicción del ataque de los augures fue acertada. Felicia y Azura resistieron las invocaciones espectrales que les lanzaron. Figuras de conejos y burros intentaron golpearlas, pero Felicia demostró gran habilidad en el combate al clavar su daga sobre el conejo, y Azura gran manejo de la naginata al partir por la mitad al burro tras una sucesión de movimientos fugaces.

Mozu me ayudó a comprender el momento en el que podía atacar con seguridad. Justo después de que atacaran los augures, bajaban la defensa. Era en ese momento donde mi compañera y yo entramos en acción. Mozu noqueó a uno de un golpe en la cabeza con el palo de su lanza, mientras que yo usé el mango de mi espada como principal arma. Me salió mejor de lo que esperaba. Debía creer que le intentaría engañar para cortarle en canal o algo, por lo que no vio venir aquel otro ataque. Pobre. Debía haber pasado miedo…

Un par de wyverns con regalo amenazaron con soltar los acorazados a nuestro lado. No obstante, Niles fue rápido y logró detener su avance con una lluvia de flechas. Beruka acercó a Selena para que pudiera ayudarle. De los caídos, solo dos de los acorazados siguieron en pie, pero no tardó mucho hasta que Effie le diera un golpe tan potente a uno, que casi lo lanzó al otro lado del río. Arthur se ocupó del otro asestando un golpe tan certero como potente que literalmente le abrió la armadura. Un impacto crítico, sin duda.

Nyx, aunque llegó tarde a la batalla, se encargó de inmovilizar a los derrotados con un hechizo. La velocidad con la que invocó su magia era impresionante, pero quizás otro día pudiera ver sus habilidades.

La tal Orochi se acercó a nosotros con la calma que precede a la tormenta.

"¿Es esto lo que de verdad quieres, Azura? ¿Traicionarnos después de todo lo que hemos pasado juntas?" Le recriminó la pelimorada con el pelo recogido con un adorno dorado que me recordaba a un peine. Llevaba un top blanco que no ocultaba su barriga y unos pantalones grises beige. Y por cómo hablaba, debían conocerse bastante como para no lograr ocultar el dolor que le suponía aquel combate ni aun en el fragor de la batalla.

Pese a ser enemigos, me habría gustado ofrecerle un abrigo. Quiero decir, ¿no iba muy ligerita de ropa? ¿O soy un pervertido por fijarme? La verdad, estar con Camilla me ha entrenado bien para no fijarme en aquella clase de cosas, pero es que hacía frío de verdad, y era de noche. Aunque vista la intensidad de miradas que intercambiaban aquella pelimorada y nuestra cantante, mejor me callaba.

"Sabes que no quiero hacer esto, pero si atacas a mis aliados no me dejarás otra, Orochi." Advirtió la princesa, igual de dolida. Sentí la necesidad de defenderla con palabras. De demostrarle a aquella Orochi de que no tuvo la culpa de lo que sucedió. Los hoshidanos la enviaron a la fortaleza dragón después de lo que sucedió, con aspiraciones a acabar con su vida. Fue rechazada primero.

La augur se mordió los labios, fastidiada. Alzó sus pergaminos y creó un tigre que cargó hacia Azura. Felicia lo interceptó con sus dagas, deshaciendo su forma física. Entonces Mozu acortó distancias entre ella y la augur, barriéndole las piernas y poniendo el frío filo de su lanza delicadamente sobre su cuello.

"Se ha acabao. Ríndase, por favor, señorica." Advirtió la castaña. Me quedé sorprendido. Se llegó a mover incluso más rápido que contra mí. Silas tenía razón, Mozu era puro talento.

Orochi soltó sus pergaminos, derrotada. Azura se quedó junto a ella, contándole lo sucedido desde que dejó Hoshido. Al menos, de aquel modo, podría explicarse, y siendo ahora Orochi la vencida que era, no podía negarse a escuchar.

Junto con Felicia, regresaron con la princesa herida. Aunque siendo enemigos, Orochi ayudó a tratar a Elise, pues ni Felicia ni Azura sabían qué hacer con las flechas de luz. El único comentario que hizo al respecto fue 'Takumi no ha sido el mismo desde que Corrin se fue, así que al menos os ayudaré con esto'.

Elise medio recuperó la consciencia, y al ver a Orochi, lo único que logró decir fue "Guau, que guapa eres.", junto con una sonrisa. Aquel comentario afectó a la augur, pues muchos soldados se obligaban a creer que sus enemigos eran demonios con tal de justificar sus actos. Pero la sonrisa de Elise era tan pura que ni la lamentable realidad de su derrota logró entristecer a Orochi, quien le contestó un 'gracias'.

Ahora era prisionera. Con suerte viviría, pero no si la encontraban los soldados de Garon. Esa era otra de las razones por las que Azura la llevó a la tienda de la princesa. Era el lugar más seguro de todos, y aunque a Effie no le gustó la idea de dejar a su amiga con el enemigo, si éste podía ayudarla a recuperarse, mantendría la vigilancia al máximo. Arthur entró con ellas, prometiéndole que nada sucedería mientras él estuviera allí, así que Effie pudo centrarse en vigilar la zona y gruñir a quienquiera que se acercara.

Entonces salieron de la muralla dos personas bastante, er, destacables. Una era una joven rubia de cabellos largos y flequillo equilibrado, con ropas muy… reveladoras. Incluso más que Camilla y Orochi juntas. Literalmente, iba en bragas y sujetador. Llevaba también unas hombreras a juego y unos protectores en las piernas que no la cubrían por la parte de atrás, dejándola alarmantemente expuesta. Si alguien viene y me dice ahora que es algún tipo de moda, no le creería. Ahora, si alguien me decía que era una danzarina que se había perdido, quizás cediera. Pero el hacha que llevaba en su funda no me daba mucha pinta de ser de una 'bailarina'. *suspiro agotado* ¿Dónde se supone que tengo que mirar?

Lo único que podría eclipsar mi asombro y vergüenza ante aquella mujer era una enorme figura tan imponente que solo su presencia haría que se me acelerase el corazón. Era un rubio de pelo corto, piel pálida oscura y una cicatriz sobre la ceja. Llevaba una armadura gris colosal, que protegía un cuerpo probablemente inmenso.

Tanto Mozu como yo nos quedamos congelados ante su sola presencia, sin poder frenar el temblor de nuestras piernas. Entonces la mujer exhibicionista se acercó a nosotros, con el ceño fruncido.

"¡Vosotros! ¿Qué está pasando aquí? "Nos preguntó dando largos pasos." Con tanto ruido no puedo dormir, ¡y lo necesito para permanecer bella!" El monstruo que la seguía apretó ligeramente la mirada, pero aquello bastó para que a Mozu y a mí nos sentara como si nos cayera un rayo.

"Lo cierto es que son ruidosos… estos chevitas…" Murmuró el gigante con una profunda voz. Por un momento, me temí que nos confundieran con el enemigo, lo cual serían muy malas noticias para nosotros. Por suerte, nuestro salvador apareció en forma de dragón, tras dar un enorme salto sobre el río hasta llegar a nosotros.

Contemplamos alucinados cómo Corrin recuperaba su forma humana, acercándose hacia nosotros.

"¿Qué demonios eres, monstruo? ¿Un enemigo o amigo?" Preguntó la rubia alzando su hacha con un rostro amenazante.

"Soy Corrin, príncipe de Nohr. Estoy aquí para suprimir la rebelión. ¿Y vosotros?" Se presentó Corrin sin mucha duda en su voz. Mozu y yo le admiramos por su valor al ser tan asertivo delante de tamaño soldado que era aquel rubio.

"¡¿Eh?! ¿Eres un príncipe?" Se sorprendió la rubia, tapándose la boca con una cara de angelito. Ahora me daba incluso más miedo. "Oh… ¡por favor, disculpadme, mi señor! ¿Dónde están mis modales? Una diabólica hada debe haberme mordido, hee hee. Lo siento mucho." ¿Las hadas muerden? Quiero decir, ¿existen? Ugh… me daba repelús aquella mujer. Prefería la que nos miraba amenazante y se preocupaba de su belleza. Le hice algún comentario al respecto a Mozu, logrando sacar en ella alguna risa.

"Por favor, disculpad mi agresiva compañera. Es… excéntrica." Nos dijo ahora el gigante con mucha educación. Mozu y yo respiramos aliviados cuando vimos que era alguien razonable con quien se podía hablar. De verdad, no sabéis el alivio que sentimos. Tuve que sentarme unos segundos y todo.

"No hace falta que os disculpéis. ¿Pero qué hacéis aquí? ¿Habéis venido a ayudar?" Preguntó el príncipe, con algo de emoción en la voz.

"No, mi señor. Los rebeldes estaban siendo ruidosos, por lo que Charlotte quiso patearles el-" Comenzó a explicar el rubio.

"¡Benny, tontorrón! No bromees con nuestro rico y querido amigo el príncipe." ¿Podría ser más evidente en sus intereses? Lo dudo. Aunque no parecía que Corrin se diera cuenta, precisamente.

"¡Por supuesto que estamos aquí para ayudar! Soy una delicada flor, pero sé cómo combatir." Intervino la tal Charlotte. Lo cierto es que no tenía brazos de ni abdomen de flor delicada. Había visto los brazos de Effie, y no diferían mucho unos de otros. Tomad eso, tablas estadísticas.

"Bueno, lo cierto es que parecéis muy fuertes y capaces, así que agradecería toda la ayuda que me pudierais brindar. Todo lo que os pido es que salvéis cuántas vidas de nuestros enemigos como podáis." Comandó, serio en lo que hablaba. No se tomaba las bajas a la ligera.

"¡Por supuesto, mi príncipe! Las florecillas como yo no somos muy buenas matando de todos modos. ¡Oh, cielos! Aún no me he presentado. Tonta de mí. Soy Charlotte, hee hee. Y este mamut es mi platónico amigo Benny. ¡Haré todo lo que pueda para satisfaceros!" Se presentó la rubia.

Madre mía, cualquiera diría que está intentando caerle en gracia. No le haría mucha ilusión saber a Felicia que ahora tenía una competidora. Aunque aquella Charlotte tenía otro interés diferente a la persona a la que intenta conquistar. Por eso no supondría una real amenaza para la sirvienta. Menos mal.

Mi suspiro de alivio no le pasó inadvertido a Mozu, quien se interesó por ello. Dado que no eran asuntos que solo me concernieran a mí, me escudé en el 'secreto profesional'. Ventajas de psicólogo. Ventaja que no creo tener con Camilla, a juzgar por cómo me permitió guardar mis secretos.

"Es… em… un placer conoceros." Asintió nuestro príncipe. Entonces se volvió hacia nosotros, con angustia en la mirada. "¡Miles, Mozu! ¿Cómo está mi hermana?" Nos preguntó acercándose a nosotros.

"Está bien, Corrin. Una augur que hemos capturado ha tenido la bondad de ayudarnos a tratar con las flechas de tu hermano. Y no creo que haya problemas mientras Arthur esté con ellas." Le informé. Mozu asintió enérgicamente, pues ella misma había sido testigo de las heroicidades del rubio, y no podía pensar en nadie más mejor preparado para cualquier imprevisto.

"También está con Effie." Añadió la castaña. Solo con aquello, bastó para tranquilizar al atormentado príncipe. Niles se acercó a nosotros, recelando de los recién llegados.

"Señor Corrin, ¿qué hacemos ahora? Todavía quedan esos jinetes wyvern sobre los tejados, por no hablar de aquella mujer de la cicatriz en la cara." Mencionó el moreno, mirando nervioso los edificios.

Silas aseguró la zona del puente junto con Beruka y Selena. Camilla y Odin no tardaron en llegar con nosotros. Corrin esperó que nos reuniéramos los suficientes para que mereciera la pena repartir instrucciones, y, entonces, habló. Peri y Laslow tardaron en llegar, pues no estaban con nosotros cuando comenzó la trifulca. Al parecer el ruido logró llamarles la atención como para que vinieran a ver lo que sucedía.

"Camilla, tú y Niles id con Beruka y Selena a por esa hoshidana. Y si veis que nos atacan los wyvern, reposicionaos y disparadles con el arco. Peri, Laslow, Miles y Mozu, vosotros me acompañaréis en la batalla contra los jinetes. Odin, te encargo que vigiles que no ocurran accidentes." Comandó Corrin con fuerza y determinación.

Los presentes asintieron y comenzaron a prepararse. Laslow se montó con Peri, adelantándose para comenzar a mermar las fuerzas enemigas. Corrin se transformó en dragón para moverse más rápidamente. Odin intercambió sitio con Niles, guiándonos a la batalla con una sonrisa segura y un 'vamos allá, mis esbirros'. Camilla se sintió incómoda tratando con Niles después de lo que le dijo, pero no era momento para dejar que eso le dificultase la batalla.

Entre los vasallos de Xander y Corrin los jinetes cayeron rápidamente. Peri se movía con velocidad, y se reía como una loca mientras la sangre volaba a su alrededor. Laslow esquivaba con gracia los ataques sobre él, ejecutando poderosos contraataques que se hacían pesados de bloquear. Corrin combinaba su forma dragón con el manejo de su espada, siendo todo un torbellino de destrucción.

Camilla y Beruka dieron vueltas alrededor de la tal Reina, colmando a flechas al kinshi que montaba. Una vez en el suelo, la jinete intentó disparar de vuelta con su arco para vengar la muerte de su montura, pero recibió un golpe seco en la nuca por parte de Silas, quien se entretuvo entonces en atarla para llevarla junto a Takumi.

Odin luchaba con un estilo de pelea bastante particular. Parecía estar haciendo una representación teatral. Se subía a tejados con hechizos de viento, se lanzaba en ataques impactantes, forcejeaba con los jinetes al montarse sobre sus caballos. Y siempre, siempre, que realizaba un ataque gritaba su glorioso nombre de batalla. 'Carga demoledora', 'Usurpador despiadado', 'Golpe ascendente dorado'… y muchos más… Hay quien diría que solo era un loco en la batalla, pero gritar esos nombres que tanto tiempo pasó pensando debía ayudarlo a conservar la calma, pues aunque realizaba grandes locuras, ninguna le salió mal.

En cuanto a Mozu y a mí, nos enfrentamos a un jinete bastante diestro. Mozu le mantuvo lejos con su larga lanza, pero el jinete logró rodearnos para superar nuestra defensa. Bloqueé el golpe de su espada con la mía, pero tropecé y acabé embistiendo al caballo, desequilibrándolo y tirando al jinete. Mozu se lanzó en un ataque punzante que alcanzó al hombre en el hombro, frenándole los movimientos. Entonces me acerqué a éste y le noqueé de un golpe en la parte de detrás de la sesera. Al menos había aprendido dónde se debe atizar de la cabeza para que la gente vea las estrellas. Gracias, clases de anatomía.

No obstante, en los últimos momentos de consciencia de aquel jinete, nos señaló un hombre encapuchado que estaba intentado forzar la entrada a una casa con unas ganzúas.

"Ese no es de los nuestros… por favor…" Nos dijo cayendo al suelo, derrotado.

Miré a Mozu, inseguro de lo que hacer, pero mi compañera ya se había hecho al cuerpo. Iríamos.

El bandido entró en la casa de varios pisos, produciendo gritos de terror provenientes de los habitantes. Al entrar, descubrimos al rufián apoderándose de todo lo que consideraba de valor. Cubiertos, una lámpara… Al vernos, cogió a una joven con un pañuelo en la cabeza y la interpuso entre nosotros y él. No le dio tiempo a poner su cuchillo en el cuello de la chica antes de que Mozu le aporreara la lanza en la cabeza, liberando a la joven.

El bandido retrocedió aturdido. Nos miró iracundo, alzando su cuchillo amenazantemente. Me dio miedo. Estaba dispuesto a matarnos para protegerse. Daba miedo.

Se volvió para acabar con la vida de la joven que liberamos. Quizás fuera la adrenalina, pero de repente comencé a vivir a cámara lenta. Mis pies se movieron solos hasta donde estaba el ladrón que buscaba proclamarse asesino. Le di un puñetazo ascendente en la barbilla, luego una patada en el pecho. Su mano soltó su cuchillo mientras caía.

Entonces ocurrió la desgracia. Tropecé con un mueble que había junto al sofá y me precipité sobre el bandido. Mi primer instinto al caer es protegerme la cara, así que al bajar las manos, mi espada se clavó en su pecho. Terminé mi caída, con un sudor frío en la nuca. Escuché los gemidos de miedo de la joven a mi lado. Murmuraba algún 'gracias', pero yo no me sentía bien.

"¡Miles! ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?" Se preocupó mi compañera, ayudándome a levantarme. Al ver al bandido muerto se asustó.

"Le he fallado a Corrin, Mozu. Me he convertido en un asesino." Murmuré, mirándome las manos lleno de horror.

"¡No le has fallado! Yo también… maté a alguien… ¡pero era mi vida o la suya!" Me intentó aliviar Mozu agarrándome de los hombros. "A veces pasa… pero no puedes venirte abajo ahora, Miles. Tenemos que seguir. Corrin nos necesita." Me recordó.

Mareado, desenterré la espada del ahora muerto rufián. La sangre chorreaba hacia la punta de mi espada. Y su cara aún tenía aquella expresión de dolor con la que suspiró su último aliento.

"Yo… lo intentaré…" Murmuré, distraído. En mi cabeza no paraba de repetirse una y otra vez 'soy un asesino'.

Él no era diferente a mí. Tenía miedo a la muerte, pero aun así acabé forzándole a cruzar ese umbral del que no hay regreso.

Si intentase narrar lo siguiente estando como estaba, sería un desastre. Desde un punto de vista más calmado, puedo decir que fue una desgracia. Maté a un hombre, pero salvé a una joven que iba a ser asesina. Podría haberlos salvado a ambos, pero el destino me jugó una mala pasada.

Mozu comprendió que en mi estado no podría seguir combatiendo, por lo que me apartó de la batalla, manteniéndome seguro en el porche de una casa fácil de defender. En cuanto Odin nos localizó, preocupado de perdernos de vista, Mozu le contó lo sucedido. Apretó los puños y nos pidió perdón por olvidarse de su responsabilidad con nosotros.

"No pasa nada, Odin…" Murmuré levantándome del sitio, cansado de auto-compadecerme. No era el momento para ello. "Aunque ésta no será una noche de la que me enorgullezca recordar." Aseguré mientras afilaba los ojos húmedos. Me dolía la garganta del nudo que tenía, pero si no mostraba un poco de autocontrol en aquel momento, la muerte estaría más cerca aún de nosotros, y no quería aquello.

Ahora puedo decir que comprendo lo que era ser un soldado. Matar… no mola. El sentimiento de poder que te da el saber que has finalizado una vida… me sabía a veneno. Yo no quiero el poder de acabar con nadie. Solo quiero ayudar. Supongo que por eso los soldados son tan fuertes. Porque son capaces de soportar éste sentimiento a diario… cielos…

-O-O-O-

Los wyvern en los tejados comenzaron a llover sobre nosotros despiadadamente. Uno de ellos atrapó al caballo de Peri, subiéndola por los aires. Laslow salió disparado detrás de ella, atrapándola en su caída. Su caballo no tuvo tanta suerte. Aunque la sangre salió de la herida que sufrió el caballo al caer en una estaca clavada en el suelo, la jinete no siguió sonriendo como cuando era ella quien causaba el daño. Le dolía aquello. Bien, no era un caso tan perdido. … Pobre caballo…

Camilla y Niles destrozaron los jinetes wyvern con su magia y las flechas. Eran imparables, y lo cierto es que parecían estar intentando demostrar sus habilidades el uno al otro, a forma de saldar cuentas sin palabras. Aunque para compensar su temeridad en la batalla, Beruka les seguía esquivando la batalla mientras Selena se ocupaba de los enemigos que su señora no podía.

Benny hizo acto de presencia, lanzando un poderoso grito de guerra que llamó la atención de unos cuantos refuerzos wyvern. Comenzaron a volar en torno a él, buscando la oportunidad de acabar con el gigante. Cuando el primero se arriesgó a asestar un golpe sobre el acorazado, Benny dio un giro de 360 grados en el sitio, barriendo el aire con la lanza y aplastando al dragón que se le acercó. Otro jinete intentó atacar a su ahora desprotegida espalda, pero Charlotte se apoyó sobre la espalda de Benny, saltando hacia el dragón con el hacha en alto. Con un poderoso golpe con el canto de su arma, forzó al jinete a bajarse de su dragón.

Tras verse el dragón en un enfrentamiento contra el gigante de acero, eligió volar por su vida, abandonando a su no tan hábil jinete. Mientras que Benny era capaz de resistir golpes importantes, Charlotte se movía con decisión en cada acto, ejecutando impresionantes ataques sobre aquellos que les intentaban derrotar. No pasó mucho tiempo hasta que los jinetes fueron separados de sus monturas, reconociendo su derrota.

Corrin en su forma de dragón fue atrapado por las zarpas del wyvern de Scarlet, quien comenzó a subirle en el aire. El príncipe deshizo su transformación, escurriéndose de las garras del dragón y se hizo paso hasta donde estaba la comandante de las fuerzas enemigas.

Aterrizaron lentamente en el suelo, pues Corrin le puso la Yato en el cuello, victorioso. Scarlet no supo que su vida no corría peligro, pues el peliblanco no sería capaz de hacerle daño de aquella manera. Era demasiado honesto, pero afortunadamente, Scarlet demostró ser noble al admitir su derrota.

"Habéis perdido. Retirad vuestras tropas y desbandad la rebelión." Ordenó Corrin bajándose del dragón y quitándole la espada del cuello.

"Si lo hacemos estamos muertos. Los soldados nohrios acabarán con nosotros." Se quejó la rubia mientras alzaba el brazo para señalar al otro lado del río. Hans había comenzado a ejecutar los soldados chevitas que custodiaba Silas. Éste cogió al príncipe Takumi y a Reina, y comenzó a cabalgar hacia su amigo mientras Azura intentaba detener a los soldados con súplicas y lágrimas.

"No… ¡No! ¡NO!" Maldijo Corrin, perdiendo la fuerza en sus piernas.

-O-O-O-

Momentos antes, Azura se acercó a los prisioneros que custodiaba Silas. Quería hablar con Takumi. Sentía que tenía que hacerlo.

"Hola, Takumi." Saludó la peliazul, algo asustada por cómo sabía que iba a contestar.

"¡No quiero hablar con una traidora como tú! ¡Y no te permito usar mi nombre!" Le gritó el príncipe.

"Vaya, había escuchado que los hoshidanos tenían mejores modales." Regañó Silas acercándose a Azura. Le preguntó si estaba bien con la mirada, a lo que la cantante asintió.

"Quiero que sepas que no deseábamos que sucediese nada de esto." Le dijo al príncipe, respetando sus deseos de no referirse a él por su nombre.

"¡Ja! Claro, por eso venís a aplastar una rebelión cuya causa es justa. ¡Sabes muy bien que los nohrios son escoria!" Gritó el arquero, revolviéndose en el sitio. Silas apretó la mirada, cansado de oírle insultarles impunemente.

"En eso te equivocas, Takumi." Cortó seriamente Azura. "Es cierto que hay gente despreciable en éste país, pero eso es lo mismo que en Hoshido. ¿O te has olvidado de Kotaro y Mokushu?" Reprendió con fuerza.

"Grr… acabaríamos con ellos si los imbéciles de los nohrios dejaran de atacarnos." Gruñó el arquero, moviéndose grotescamente.

"Has cambiado, Takumi. Tú no eres aquel distante pero amable joven que conocí. Es como si fueras una persona totalmente distinta con el cuerpo del príncipe Takumi." Murmuró Azura, sin poder sentirse más dolida por sus propias palabras.

"¡Ni que fuera el único que ha cambiado! ¡Le diste la espalda a mi familia después de que te tratáramos como a una hermana! ¡Nos has traicionado!" Acusó en un grito desgarrador. Hasta los chevitas que fueron sus aliados sintieron miedo de sus alaridos.

"Takumi, eso no es-" Intentó explicarse Azura, dolida.

"¡Silencio, monstruo! ¡Estoy harto de escucharte! ¡¿Por qué no te mueres de una vez?! ¡Merezco justicia!" Enloqueció el príncipe.

Justo en ese momento los soldados nohrios comenzaron a cruzar la entrada, con las espadas en mano, acabando con los prisioneros que hicieron cerca de la entrada. Silas cortó las cuerdas a los acorazados y les gritó que se fueran.

"Corred…" Murmuró el caballero, atareado por su pequeña traición. Entonces cogió al príncipe de Hoshido y a la jinete kinshi y los montó en su caballo.

"Tened cuidado, mi señora Azura." Se despidió el caballero tras afianzar su agarre sobre Takumi.

La peliazul se quedó helada al ver la matanza que realizaban los hombres de Hans. Lágrimas comenzaron a bajarle las mejillas, notando su voz pronunciar súplicas desesperadamente.

-O-O-O-

Silas trajo a Reina y a Takumi, quien debía estar agotado de forcejear. Corrin le cortó las cuerdas y le devolvió el arma que le entregó Silas. Scarlet recibió a la mujer inconsciente entre sus brazos, sin saber que decir.

"¡Marcharos, ahora! ¡La batalla se ha acabado!" Dijo Corrin con la voz afectada.

"¡Corred!" Instó Silas, ayudando a su amigo a montarse con él.

"¡Nunca! ¡No hasta que haya obtenido mi venganza!" Rugió el príncipe hoshidano, disponiéndose a reanudar su enfrentamiento.

"Takumi, por… por favor…" Suplicó el peliblanco, incapaz de mirarle a los ojos.

"¡Silencio! ¡Paga con tu vida! ¡Ahora!" Gritó Takumi mientras cargaba su arco. Scarlet no pudo más.

"¡Príncipe Takumi! ¡Debemos retirarnos ya! Nos matarán si llegan hasta nosotros." Exclamó Scarlet bajándose de su wyvern para agarrar al príncipe y forzarle a subir a su montura.

"¡No! ¡Suéltame! ¡Aún no he acabado!" Se retorció el hoshidano. No obstante, Scarlet le agarró bien, por lo que no se iba a librar. No podía permitir que un príncipe de sus aliados cayese de aquel modo, y si para ello tenía que abandonar a sus compatriotas, lo haría. Su wyvern comenzó a volar con dificultad, pero en poco tiempo se perdieron de vista.

-O-O-O-

Silas llevó a Corrin junto a Hans, donde le ordenó que detuviera la matanza. El asesino se defendió diciendo que únicamente seguía órdenes del rey. No tenía modo en el que pudiera desobedecer, aunque fuera un príncipe quien se lo ordenara.

Que oportuno, ¿no, Hans? Aquel soldado disfrutaba de matar no solo a los chevitas que capturamos, también a los civiles inocentes. Dijo algo como, 'los civiles son soldados que aún no han cogido un arma'. Vaya excusa más enfermiza. Especialmente para Corrin, quien confiaba en los demás con una rapidez inhumana.

"¿Padre te ordenó… que hicieras esta monstruosidad?" Preguntó Corrin, incapaz de creer lo que oían sus oídos. Sabía que el rey era una criatura malvada, pero pensaba que se molestaría en ocultarlo un poco más.

"Así es. Mis disculpas." Lamentó Hans con una sonrisa escondida en sus labios. "Ahora, si me permitís, tengo algo que acabar aquí para que podamos regresar a casa. Sentíos libres de encontrar algún sitio más tranquilo para descansar hasta que el trabajo sucio esté acabado, mi señor." Aconsejó el calvo. No era un mal consejo, pues cada segundo allí era como una puñalada en el pecho del príncipe, lo cual era evidente por su rostro.

Hans se volvió para proseguir con su 'dulce' matanza.

"¡Hans, espera!" Pidió Corrin, pero éste no obedeció. "¡Detén esta locura! ¡Hans!" Camilla aterrizó su wyvern junto a Corrin, acercándose para abrazarle e intentar calmar su llanto. Niles la siguió, en silencio.

"Esto es verdaderamente horrible. Desearía que las cosas pudieran ser distintas." Se lamentó la princesa, lastimada con la mera visión de los inocentes aldeanos ser vilmente asesinados. El arquero vasallo de Leo apretó los puños, pues por muy villano que pudiera ser, aquello estaba mal a un nivel tan profundo que incluso alguien tan retorcido como él lo identifica de tragedia.

"Camilla…" Susurró Corrin, con la voz rasgada de tanto gritar y agotado de la ardua batalla que únicamente había servido para dejar desprotegidos a los inocentes.

"Lo siento mucho, tesoro, pero me acabo de enterar de que los prisioneros que hemos hecho han sido eliminados. Por suerte hemos logrado esconder a esa augur que ayudó a sanar a Elise." Suspiró, intentado alternar malas noticias con buenas noticias para variar.

"Pero, ¿por qué, Camilla? ¿Quién quiere vivir en un mundo donde toda humilde vida es destruida por capricho? ¿Es éste el mundo que padre está construyendo? ¿Es esto por lo que hemos estado luchando?" Corrin lloraba sin remordimientos, mostrando su dolor sin vergüenza alguna.

Llegué a la colina donde estaban los príncipes justo a tiempo para verle decir aquello último. Ciertamente, nada bueno podía salir del reinado de Garon. La cuestión era hacer ver aquello a los demás. Camilla guardó silencio, incapaz de contestar.

"No lo entiendo. Ni lo podría entender nunca. ¿Cómo pudo padre hacer esto? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el respeto por la vida? ¿Dónde está el sentido común?" Se exasperó el príncipe, agarrándo a su hermana por los brazos. "Contéstame, Camilla… " Dirigí la mirada a la pelimorada, quien apretó los ojos, aturdida.

"Corrin… sé que estás molesto, pero necesitamos informar a padre cuanto antes. Se pondrá furioso si le hacemos esperar. Invocaré a un mensajero." Comenzó a decir la princesa, separándose de Corrin.

"¡Camilla! ¿Cómo puedes permanecer tan tranquila en un momento como éste?" Le exigió saber el príncipe. Quizás quería saber aquel secreto para que no le doliera tanto el pecho. La princesa alzó la vista al cielo, dándonos la espalda. Se llevó la mano a la cara brevemente. No estaba tranquila. Le temblaba el pulso, como el día que nos conocimos.

"Lo siento Corrin… No tengo las respuestas que buscas. Ni sé por qué padre hace algunas de las decisiones que hace. Nunca lo he hecho. Pero sé que incluso aun siendo de su sangre, no dudaría en matarme si le desobedeciera." Contó volviéndose hacia nosotros. Tenía los ojos brillantes, indicio de que las lágrimas la atacaron. Niles retrocedió un par de pasos, impactado.

"Si valoras tu vida… como hago yo… entierra tus sentimientos, al menos por ahora. Sé que es duro mientras ocurre lo que nos rodea… Pero me temo que es nuestra única opción. Ahora, si me disculpáis…"

La princesa Camilla se fue sobre su wyvern, manteniendo el rostro en dirección contraria a donde estábamos. Corrin se desplomó en el sitio, temblando. Silas no tardó en llegar para recogerle, intentando darle fuerzas. Le contó como liberó a los soldados chevitas cuando vio peligro. Con suerte, se habrán salvado.

"Gracias, Silas. Y a ti, Niles, por mantener a mi hermana a salvo durante la batalla." Agradeció Corrin, agarrándose los brazos. "Pero no puedo aceptar esto. No pienso aceptar que ésta sea la forma de proceder de los nohrios. Algo debe ser hecho…" Murmuró apretando las facciones. Me dedicó una mirada antes de marcharse con Silas, la cual no me costó mucho traducir.

Silas inició su camino a la entrada de la muralla, donde esperaban el resto para regresar al plano astral. Niles se quedó en el sitio, incapaz de moverse. Me acerqué a él, agotado y pétreo. Estaba haciendo mi mejor esfuerzo por salvar mi alma de toda aquella miseria, y no creo que fuera suficiente de todos modos…

"Así es, ella ha conocido el miedo durante toda su vida. No trata a Corrin con cariño porque le vea como a un perrito del que recibir amor, sino para que él no tenga una vida como la suya." Le conté. Niles se volvió hacia mí. Me había visto alguna vez, pero todavía no me conocía.

"Yo… no lo sabía. Creía que no conocía el dolor porque es de la realeza." Me dijo, apretando los dientes. Le puse la mano sobre el hombro, agotado.

"Probablemente. Pero eso no quita lo que le dolió a Camilla tu actitud." Suspiré. Los dos le habíamos hecho daño a aquella mujer, pero ella no se lo merecía. Era un encanto, pero sobre todo era fuerte. Podía sonreír pese a estar en un mundo de tinieblas. Fuerte y alucinante.

"Me llamo Miles, señor Niles. Soy psicólogo. Y ahora asesino…" Añadí en mi presentación. Mi lamentable estado de ánimo no me permitiría hacer ninguna broma sobre nuestros nombres. Era curioso. Aquel estado vegetal me hacía sentir simpatía con Niles. Fuera otra la circunstancia, le seguiría teniendo miedo.

"No estaré en la mejor de mis facultades, pero si me necesitas para algo, puede hablar conmigo." Le dije mientras continuaba caminando el camino hacia el portal al plano astral.

Niles tardó unos cuantos segundos hasta que comenzó a seguirme, sin alcanzarme en ningún momento. La muerte nos rodeaba. Era peor que la peor de las pesadillas cuando se sufriera la peor de las maldiciones mientras estuvieras con la peor de las enfermedades nauseabundas. Olía a sangre por todas partes, y los gritos ardían como pequeñas bengalas que finalizaban en la fría oscuridad del fin de sus vidas.

Abandonamos aquel mundo en silencio y sin decir ni una sola palabra. No podría saberlo, pero si tuviera que apostar, el sentimiento de culpabilidad no era algo que solo sintiera yo. Todos contribuimos a nuestro modo con la matanza que se estaba produciendo.

Al cruzar el portal que daba al plano astral, el silencio fue como un disparo que perforaba mi pecho. Como si se abriera el tapón de corcho de mis sentimientos, noté de golpe la miseria y la desesperación que tamaña tragedia otorgaba. Daba igual el rostro al que acudiera, todos vestían pesar. Unos con dolor, como Arthur, otros con lágrimas, como Elise, otros con remordimiento, como Odin, otros con vacío, como Niles, otros con ira, como Selena, otros con asco, como Charlotte… creo que pilláis la idea…

La tal Orochi nos acompañó al plano astral donde prometió que no intentaría nada. No le costaría mucho, pues la sorpresa que se llevó al ver que sus enemigos eran mucho más humanos de lo que se llegó a engañar era una visión sobrecogedora. Por no hablar de sus aliados caídos… por el hecho de que ahora era una prisionera… tampoco fue fácil para ella. Según vi, se fue a dormir junto a Lilith, quien la vigilaría en aquel momento difícil.

No sé cómo llegué a un cuarto. Quizás perdiera la consciencia y alguien se molestara en arrastrarme hasta una cama. Creo que fue Nyx. Debería darle las gracias más tarde… cuando pueda ponerme en pie…

Aquella noche tuve pesadillas. Y me temía que muy probablemente fuera igual a la siguiente. Y… la siguiente a esa… también… *agachar la cabeza*

-O-O-O-

Uf… vaya capítulo… aunque he cambiado algunas partes del guión 'canon', creo que han sido para mejor, pues por mucho que Camilla sea de hierro ante la tiranía de Garon, no me gustaba que fuera tan capaz para esconder sus sentimientos. Y era una buena ocasión de que Niles se diera cuenta de su error.

Es mi primera vez escribiendo un drama como éste, así que no esperaba verme tan afectado tras escribirlo... va a ser duro recomponer a los personajes tras ésto... ¿cómo lo voy a hacer? *risa desesperada y nerviosa* *suspiro pesimista*

Eh… al margen de lo de arriba… se aprecia el feedback. *guiño desanimado, guiño desanimado* *codo inmóvil, codo inmóvil*