Hola chicos! Lamento muchísimo haberme ausentado tanto, pero creo que mi subconsciente se resistía a escribir este capítulo, que como ya les había dicho, es el ÚLTIMO de este fic. Espero de todo corazón que al concluirlo les deje un buen sabor de boca y cada vez que vean esta preciosa película recuerden a nuestros adorados pelinaranjas.
No tengo palabras para agradecerles el inmenso apoyo que me brindaron a través de sus reviews, favoritos o alertas; siempre son una motivación para mí. Por ello, quiero dedicarles este capítulo a todos ustedes que estuvieron desde el principio dándome ánimos:
**Amell-bert Targaryen (Mell-chan), Orox Inosuke (EdCa SaFo-kun), De tin Marin09, Some no mai, Annyelica, hisis-chan, Adriana-chan, SakurA-VioletA, nypsy, Aiko-chan, Ryuketsu no hana, Sele de la Luna, Maestra Greisfer-san, Dante Kurosaki, asdsa, Orihi-chan, Hibari LOL, Luisee x3, cesarcastillomonroy y daianapotter**
¡GRACIAS!
Espero disfruten este capítulo. Muchos besos y abrazos.
*Disclaimer: Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo y a la Shonen Jump, el argumento está basado en la genial película "El quinto elemento" de Luc Besson, con algunos cambios míos. Todo está hecho sin fines de lucro, con el puro afán de entretener.
XoXoXo
En la oficina del Primer Ministro reinaba un silencio sepulcral; todos y cada uno de los consejeros, miembros del ejército y demás funcionarios que habían tenido el "privilegio" de enterarse del fin del mundo antes que cualquier simple mortal, mantenían sus ojos fuertemente cerrados e incluso, hasta habían dejado de respirar.
El pequeño oficial Yamada dejó inconclusa la cuenta regresiva para el fin del mundo en el "dos", pues su voz no alcanzó para terminar. Por su parte, el Primer Ministro se aferró con todo lo que pudo a su escritorio, mientras un sudor frío y una expresión de terror que le duraría para la posteridad se podían apreciar en su rostro. Después de lo que pareció una eternidad, el silencio se quebró.
—¿Eh? ¿Ya estoy muerto? Vaya, qué felicidad, ni siquiera sentí el calor abrazador de las llamas del infierno consumiéndome.—Dijo teatralmente el Capitán Kyoraku, tocándose instintivamente el pecho, aunque supuso que ya no podría sentir nada. Primero, como para dar un vistazo inicial, abrió solamente su ojo derecho y al instante reclamó:
—¿Qué hacen todos ustedes aquí? ¡Se supone que debería estar rodeado de hermosas señoritas y mucha bebida! No de un montón de políticos aburridos.
—¡Kyoraku! Estamos muertos maldición. Es lo que hay, así que confórmese.—Respondió ofendido el Premier. En cuanto terminó su regaño, suspiró sonoramente.
—¡¿Vieron eso!? ¿Lo vieron?—Gritó enloquecido el Capitán mientras reía y corría a abrazar a su jefe, logrando que todas las miradas se posaran en ellos.—¡Ese maldito muchacho lo logró! ¡Estamos vivos!
—¿Qué?—Gritó incrédulo el Primer Ministro.—No podemos estar vivos. ¿Lo estamos?—Se giró a mirar a todos sus compañeros que ya gritaban y lloraban.—¡Lo estamos!—Exclamó al sentir su respiración agitada.
Definitivamente Kurosaki Ichigo lo había logrado.
XoXoXo
Los ofendidos gritos de un hombre retumbaban por el pasillo del laboratorio militar a cargo de Kisuke Urahara. El lugar estaba vuelto un caos, no sólo por la alegría de saberse vivos, sino por la presencia de los héroes que habían salvado la Tierra; dos de ellos habían perdido el conocimiento y no se sabía a ciencia cierta cuál era su estado.
—¡Por qué tengo que caminar! ¡Esto no es nada rizado! Soy el best super hero de la historia del universo y merezco un trato especial. ¡Sin mí esos dos no habrían sabido qué hacer!
Al parecer, desde que regresaron a la tierra en su súper Kanonji Móvil, nadie le había hecho el más mínimo caso, y él, siendo el primer espiritista del siglo, no podía soportar semejante humillación. Cruzado de brazos y golpeando el suelo con su bota, se detuvo a medio pasillo mirando cómo se alejaban cada vez más los verdaderos héroes en un par de camillas; justo cuando llenaba sus pulmones para reiniciar su berrinche, el padre Ukitake lo detuvo con una genial idea.
—¡Basta señor Kanonji! ¿Quiere que los reporteros allá afuera lo vean como el llorón que es?
— ¿Reporteros? ¡Dónde! —En un segundo enderezó su capa, o lo que quedaba de ella, y puso una expresión imponente pero seductora – eso creía él- mientras miraba en todas direcciones.
—Es hora de que el héroe supremo del universo les cuente cómo nos salvó, ¿no cree? ¡Corra yo vi que se fueron en esa dirección!— Cruzando los dedos detrás de la espalda y pidiendo perdón al cielo una vez más por mentir, Ukitake señaló la salida.
—¡Buajajaja!— Gritó el hombre corriendo en busca de unos reporteros que no encontraría.
Aliviado, el padre Ukitake giró justo a tiempo para ver como las camillas desaparecían detrás de unas puertas corredizas que decían "cuidados intensivos".
Ichigo escuchaba un gran alboroto a su alrededor; gente hablando, puertas que se abrían y cerraban, máquinas y demás parecían una tortura para él. Deseaba con todas sus fuerzas golpear a los causantes de semejante escándalo, pero su cuerpo se sentía como aplastado por una viga de mil toneladas y sus párpados parecían estar cosidos. Sin lugar para más cuestionamientos, un único y preciado pensamiento invadió su cerebro.
—¡Orihime!—Gritó incorporándose y alejando las sábanas que lo cubrían buscando a la chica pelinaranja que había salvado al mundo y más importante, lo había salvado a él.
De inmediato, se percató que no se encontraba más en la cama de hospital que, por el olor a alcohol y medicinas y las voces a su alrededor contando signos vitales, supuso estaba. Se sorprendió en medio de aquella cámara subterránea en Egipto, donde horas antes había descubierto el secreto de las espadas y sobre todo, donde había confesado sus sentimientos a la mujer más frágil y a la vez más fuerte que había conocido, a la chica perfecta para él, a su Orihime.
Vistiendo el mismo traje roto, desgastado y manchado no sólo de su sangre, se puso de pie para inspeccionar el lugar sin saber exactamente que buscaba o qué hacía ahí. Su corazón latió con fuerza y se sintió inexplicablemente angustiado y alterado cuando un viento frío acarició su nuca.
—¿Quién está ahí? ¡Muéstrate!—Sin dudar ni un segundo, levantó una piedra más o menos grande y la sostuvo en alto girando en todas direcciones; al menos así no se sentía totalmente desprotegido. Cuando cayó en la cuenta de lo que tenía en la mano, se sintió un poco ridículo, pero su instinto de supervivencia fue más fuerte que la lógica, asegurándole que ahí había algo.
En una milésima de segundo, todo su mundo pareció venirse abajo ante lo que sucedía frente a sus ojos. Cuatro Shinigamis con un atuendo y capucha roja sobre su rostro escoltaban un enorme sarcófago de oro que contrastaba exageradamente con el frágil y pequeño cuerpo que transportaba.
—¡Alto! ¿Qué demonios hacen? ¡No pueden llevársela! ¡Ella pertenece aquí!— Como los cuatro individuos no parecieron alterarse ante sus exigencias y tampoco se detuvieron ni un milímetro, el Mayor Kurosaki les lanzó la piedra que sostenía con todas sus fuerzas, pero en el trayecto se desintegró en miles de pedazos que nunca alcanzaron a su objetivo.
—Quiero pensar que al menos el padre Ukitake te explicó cómo funciona el sistema. ¿O es que no lo entendiste, primitivo humano?
Ichigo giró al instante, reconociendo al dueño de la arrogante voz que le hablaba como el guardián del templo de aire, Byakuya Kuchiki. Sin medir las consecuencias preparó el que sin duda sería un fortísimo puñetazo a la cara del Shinigami, pero una barrera de afilados pétalos de Sakura le impidió el paso.
—Una vez que la Suprema ha cumplido su misión, debe regresar con nosotros a la Sociedad de Almas hasta que su presencia sea requerida de nuevo.
—¿Y quién lo dice?
—Es la ancestral ley de los Shinigamis y no va cambiar por el capricho de un humano mediocre como tú.
—¿Y lo que ella siente? Les importa un carajo, ¿no? Para ustedes sólo representa un arma que pueden usar y desechar cuando les plazca. Ahora entiendo que la "adoración" que mostraban hacia Orihime era una vil farsa.
—¿Qué dijiste, ser inferior?—Esta vez fue Hitsugaya quien reaccionó a las aparentemente ciertas palabras del Mayor.—¡Vámonos! No tenemos por qué seguir escuchando estas estupideces.
—Orihime cumplió con su misión. Salvó a la Tierra. Si se la llevan la buscaré, destruiré la Sociedad de Almas de ser necesario, ¡merece tener un destino propio y una oportunidad de ser feliz!
—¿Y tú eres esa oportunidad?—La autoritaria voz del anciano Yamamoto resonó por todo el lugar.
—¡Por supuesto que sí, anciano! Orihime es la mujer que amo y voy a luchar por ella contra el universo entero si es preciso.
—Eso está por verse, humano.—Comentó Byakuya desestimando las declaraciones de Ichigo.
—¡Basta ya!—El sonido del imponente bastón del anciano shinigami puso fin a toda discusión. —Es hora de volver a la Sociedad de Almas y tiempo de que regreses a tu mundo, jovencito. Kuchiki, Hitsugaya, ¡vámonos!
—¡Alto! No pueden llevarse a Orihime, ¡yo la amo y ella a mí! ¡Esperen! ¡Orihime!—El grito de impotencia de Kurosaki llenó el recinto egipcio donde se encontraba. De un momento a otro, las paredes comenzaron a desvanecerse y el hombre sintió que caía en un pozo sin fondo, únicamente acompañado del vacío que irremediablemente Orihime dejaría para siempre en su vida.
—¿Está seguro de esto, Yamamoto-san?—Preguntó Byakuya, dirigiendo una última mirada al lugar en el que se encontraba el Mayor Kurosaki.
—¿Por quién me tomas, jovencito? Es hora de que escriba su propio destino.— Dijo justo antes de desaparecer con todos los Shinigamis y el sarcófago.
XoXoXoXo
—¿Ichigo? Ichigo, ¿estás bien?— La delicada voz que lo llamaba, sumada a unos leves pero traviesos toques en su mejilla devolvieron poco a poco la conciencia al Mayor Kurosaki. Una silueta borrosa, pero que reconocería incluso en el fin del mundo -y ya había estado ahí- se dibujó ante sus ojos, obligándolo a parpadear un par de veces para asegurarse que era verdad.
—¡Orihime! ¿Estás bien, preciosa? Jamás dejaré que te aparten de mi lado.— Declaró después de levantarse de la cama como bólido, mientras abrazaba a la suprema con fuerza. Conmovida por sus palabras y sus tiernas atenciones la joven no pudo contener las lágrimas.
— Así es, Ichigo. No me iré a ninguna parte, ya no.— Respondió ella mientras acariciaba las mejillas de su amor con ambas manos; Ichigo hizo lo mismo con suma delicadeza, para luego unir su frente con la de Orihime.
—Vaya, vaya. Veo que ya despertaron los héroes de la Tierra. ¿Cómo se sienten, jóvenes?— Sin ningún pudor o remordimiento, Urahara se metió a su habitación mirándolos con picardía y una sonrisa de lado. Al reconocerlo como uno de los hombres que intentaban capturarla cuando recién despertó, instintivamente Orihime se escondió detrás de Ichigo.
—Así que me reconociste, linda señorita. — El hombre avanzó unos pasos para acercarse a ella, pero el brazo de Ichigo en un gesto protector para ella y de advertencia para él se lo impidieron. — Tranquilo Mayor Kurosaki, no tengo la intención de dañarla. Es más como prueba de mi buena fe les tengo un regalo a los dos. ¡Adelante! — Antes de girarse hacia la puerta, les guiñó un ojo y les sonrió ampliamente.
—¿Qué demonios es eso?— Exclamó Ichigo aferrando a Orihime contra su pecho.
— Es la Cámara Hiperbárica de Recuperación Acelerada, NEKO.
—¿NEKO? ¡Eso no tiene nada que ver con las siglas del nombre de esa cosa!
—¿Y qué? Tiene que ver con los hermosos gatitos. ¿Quién no ama a los gatos? ¡Son tan tiernos y peluditos!— Urahara claramente había entrado en un trance de felicidad, exasperando a Kurosaki y provocando que la vena de su sien apareciera más grande de lo habitual.
— ¿Có-cómo funciona eso?— Preguntó Orihime mirando con algo de desconfianza la máquina, que era similar a aquella cámara donde la vida le había sido devuelta a partir de una mano, sólo que esta era totalmente cerrada y más amplia con la misma forma cilíndrica pero con una pequeña ventana a media distancia.
—¡Qué buena pregunta señorita! En ella podrán recuperarse por completo de sus heridas en tan sólo unas horas mientras duermen como un bebé. Todos los medicamentos y el tratamiento que necesiten les serán administrados en la dosis correcta a través de esta lindura y para hoy en la noche estarán totalmente recuperados para ir a recorrer el mundo que salvaron y el universo entero si quieren. Así que por favor, entren. — Terminó con una mirada enigmática mientras los invitaba a recostarse en la dichosa cámara.
Una vez cerrada, la NEKO fue transportada a la sala de monitoreo del laboratorio, donde se vigilaría el progreso de recuperación de Ichigo y Orihime. Después de un par de horas, Orihime comenzó a despertar, sólo para encontrarse con los ojos de Ichigo mirándola fijamente mientras acariciaba uno de sus hombros.
—¿Qué haces, Ichigo?— Dijo sonriéndole muy sonrojada.
—Te ves hermosa cuando duermes, ¿lo sabías?
—Mu-muchas gracias. — Respondió apenas girando su rostro para que no pudiera ver el intenso sonrojo que la invadía. Después de unos instantes, recordó todo lo que ese hombre había hecho por ella cuando no tenía que hacerlo, y lo amable y amoroso que siempre se había comportado.
—Ichigo, quiero agradecerte todo lo que has hecho por yo. Me ayudaste cuando no tenías necesidad de hacerlo, me protegiste, me diste una razón para vivir, para liberar todo mi poder y salvar la Tierra y por eso yo… yo… — Mientras hablaba, el semblante de la joven se tornó sombrío y triste, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Qué pasa preciosa?— Al notar este cambio en ella, Ichigo se le acercó para intentar confortarla pero lo detuvo y continuó hablando.
—Por eso yo no quiero que te sientas atado a mí.— Finalmente el llanto escapó de sus ojos sin poder evitarlo. — Entiendo que estabas desesperado por salvar tu planeta y a tus seres queridos, por eso dijiste "eso" en Egipto. No quiero que me veas como una obligación. — Terminó con la voz cortada y cubriéndose la cara con las manos para que no la viera llorar.
—Ey… ey, ey. Mírame. —Dijo Ichigo muy serio apartando las manos de la joven de sus bellos ojos grises. —¿Crees que lo que dije fue sólo para hacerte reaccionar? Estás equivocada Orihime. Sí estaba desesperado, pero por estar contigo y eso era algo que no podría suceder si estábamos muertos, ¿no crees?
—S-sí.— Respondió ella con un tierno puchero y sollozando mirándolo aún con lágrimas resbalando por sus mejillas.
— Quiero que entiendas esto, Orihime. Yo te amo, eres lo mejor que me ha sucedido en la vida y quiero pasar el resto de mis días contigo, descubriendo cosas nuevas juntos y disfrutando cada instante a tu lado.— Ante esta declaración, la suprema no pudo evitar reír mientras un nuevo llanto se formaba en su pecho, pero esta vez de pura felicidad.
—Yo también te amo, Ichigo. — Sin más respuesta se abrazó a su cuello besándolo con todo su amor, disfrutando cada centímetro de sus labios y olvidando por completo al resto del mundo. Sin dudar, el joven Kurosaki respondió el beso, reafirmando con sus actos lo que acababa de decir.
Afuera, el laboratorio comenzaba a llenarse de gente, pues el Primer Ministro en persona, acompañado del Capitán Kyoraku, haría un espacio en su apretadísima agenda para visitar a los héroes de la Tierra. Asimismo, uno que otro curioso buscaba disimuladamente la manera de echar un vistazo a la NEKO para ver aunque sea unos segundos el rostro de sus salvadores.
—¡Urahara! ¿Qué significa todo este alboroto?— Lo primero que hizo el Primer Ministro al entrar al laboratorio fue gritarles a los presentes, tanto para llamar su atención como para poner orden en el lugar, pues muchos seguían festejando la segunda oportunidad de vivir que los pelinaranjas les habían regalado. Para el mandatario, los festejos sólo habían durado unos minutos y ya había vuelto a su antigua personalidad recta y severa.
—¡Señor! Es un honor tenerlo de visita en mi humilde laboratorio, ¿le gustaría unirse a nuestra celebración?— Comentó abrazándolo sin ningún pudor, imaginando que quizá estar al borde de la muerte lo había ablandado. Sin embargo, no podía estar más equivocado.
—¿Qué demonios ocurre con usted? —Dijo apartándolo bruscamente de su lado. — Estoy aquí para hablar con los héroes de nuestro planeta. —Continuó ya más calmado mientras se tocaba el cuello del traje con orgullo.
— ¡Ah! Pues lo hubiera dicho antes.— Respondió visiblemente desilusionado.— Ahora mismo están descansado en la Cámara Hiperbárica. Ya llevan algunas horas ahí por lo que tal vez sean capaces de hablar con usted. Iré a revisar.
Cumpliendo con lo dicho, el hombre fue directo a la NEKO y abriendo la pequeña ventana de supervisión no pudo evitar soltar una exclamación de sorpresa por lo que acababa de ver. Sonrojado hasta las orejas y visiblemente nervioso, cerró de un tirón la ventana para luego encarar a sus visitantes.
—Lo-lo siento señor, pero creo que los chicos van a necesitar un par de minutos más. Ellos están… están…— A falta de palabras, intentó completar su explicación con las manos, uniéndolas y separándolas alternadamente.
—¿Minutos? ¿Sabe cuántas reuniones tuve que mover para venir a verlos? ¡Tienen 30 segundos!— Gritó el hombre perdiendo la paciencia una vez más.
Mientras el Primer Ministro y Urahara discutían, el Capitán Kyoraku estaba muy ocupado coqueteando con cuanta chica se cruzaba en su camino, logrando muchas veces hacerlas sonrojar y una que otra vez recibiendo miradas frías como las de su adorada Nanao. Cuando estaba por ir a perseguir a una bonita muchacha de cabello castaño y ojos verdes su teléfono móvil comenzó a sonar a todo volumen, con una pegajosa canción romántica.
—¿Hola? Está llamando al número del sexy capitán Kyoraku Shunsui, si eres una hermosa mujer, dime en qué puedo ayudarte y considéralo hecho. — Terminó con una expresión soñadora y varios corazones rodeándolo.
—¡Necesito hablar con mi hijo ahora!—Una voz que se debatía entre la furia y el llanto se escuchó al otro lado del teléfono.
—¿Su hijo? ¡Yo cómo voy a saber quién es su hijo!
— Kurosaki Ichigo, el hijo más desagradecido y desalmado del universo. ¡Quiero hablar con él de inmediato!
—Escuche señor Kurosaki, su hijo no está conmigo… no pero yo no… no lo sé… tranquilícese…
—¿Qué pasa Kyoraku? — Al ver la expresión de su Capitán el Primer Ministro se acercó a él. Tapando la bocina con una mano, el mencionado le respondió.
— Un hombre histérico que dice ser el padre de Ichigo está en la línea.
—¿El padre del Mayor Kurosaki? ¡Pásemelo!— Feliz de poder hacer gala de su puesto, el hombre tomó la bocina sin imaginar lo que le esperaba.
—Señor Kurosaki, habla el Primer Ministro. —Dijo con mucho orgullo.— En nombre de la Federación Galáctica quiero agradecer…
—¿Ahora te vas a hacer pasar por ese bruto bueno para nada del Primer Ministro para no hablar con tu padre?—La voz de Isshin sonaba furiosa, pero parecía que había estado llorando.
—¡Cómo dijo? Está equivocado Sr. Kurosaki, soy el Primer Ministro en persona.
—¡Ay por favor! Ese hombre es un idiota, y tú no tienes cara de idiota. Si no quieres hablar conmigo como siempre, ¡dímelo! Tantos sacrificios que he hecho por ti y así me lo agradeces… ¡Ya para qué vivo! Mejor me voy a medicar con un coctel de tranquilizantes para nunca despertar, ¡seguro eso te haría muy feliz!...
Ante la incesante verborrea de Isshin, el Primer Ministro regresó el teléfono a su dueño con una cara de repulsión total por el drama del padre de Ichigo. Dentro de la cámara hiperbárica, dos amantes estaban totalmente ajenos al mundo que los rodeaba.
Ichigo se encontraba totalmente sobre la suprema, con los antebrazos apoyados a cada lado de su cabeza para hacer el contacto más profundo. Sus labios estaban ávidos de conocerse y parecía que querían devorarse. Orihime había descubierto que el labio inferior de Ichigo era su cosa favorita en el mundo, y justo en ese momento lo mordía con pasión, sin entender realmente como es que sabía lo que tenía que hacer.
Aferrada a su cuello como si su vida dependiera de ello, abrió un poco su boca, permitiendo al hombre recorrer su interior con la lengua; instintivamente, la pelinaranja la atrapó entre sus dientes con la suficiente presión para excitar aún más a Ichigo, quien como respuesta, mordió su labio inferior dando un leve tirón. Sin poder evitarlo, la joven dejó escapar un dulce gemido.
Motivado por ese sensual sonido, Ichigo inició un recorrido de mordidas y besos a través del cuello de la suprema hasta llegar a uno de sus suaves y bien proporcionados senos. Con mucho cuidado mordió uno de ellos por encima de lo que quedaba de su blusa, provocando que ella lo atrajera más, presionando su cabeza a la vez que arqueaba la espalda. Con las yemas de sus dedos, él recorrió su delicado abdomen encontrándose con el inicio de la diminuta prenda que la cubría; sin más, metió la mano para encontrarse piel a piel con el otro pezón. Mientras jugueteaba con ambos, uno con su boca y el otro con sus dedos, Orihime comenzó a sentir un calor indescriptible que la invadía desde el mismo centro de su ser, haciéndola desear más y más el cuerpo y las caricias de su compañero.
Ella ya había leído lo que el sexo significaba e implicaba, incluso el concepto de hacer el amor había salido a colación en sus investigaciones, pero en su momento no había entendido cuál era la diferencia, si ambos involucraban la unión corporal de dos personas. Pero ahora, gracias a Ichigo podía entenderla claramente. A pesar de la excitación de ambos, él la trataba con toda la delicadeza del mundo y procuraba hacerla disfrutar a su ritmo, sin prisas, guiándose por sus gemidos y por los movimientos de su cuerpo.
Aprovechando un instante en que Ichigo se separó de su labor para aspirar el delicioso aroma de su piel, la joven lo tomó delicadamente de las mejillas para hacer que la mirara a los ojos.
—Enséñame por favor, Ichigo. Enséñame lo que es el amor.
Conmovido por sus palabras y más que feliz de ser él quien tuviera el honor de estar a su lado, reanudó la sesión de besos, esta vez muy lentamente, de manera que ella pudiera entender su respuesta sin necesidad de decirla. Con mucho cuidado, deslizó su mano por la silueta de Orihime, pasando por su cintura y sus caderas hasta llegar a su muslo derecho; con mucho cuidado lo acomodó de tal forma que quedara por atrás de su propia espalda. En ese momento, la suprema pudo sentir la firme excitación de su amado en su pelvis, llenándola de curiosidad por lo que pasaría después. Sin ningún pudor, elevó sus caderas para profundizar el contacto entre sus cuerpos y poder rozar delicadamente su sexo con la erección de Ichigo.
Fuera de sí, el Mayor Kurosaki besó con más pasión a la joven mordiendo de nueva cuenta su labio inferior, mientras ella recorría con sus manos y sus uñas la amplia espalda del hombre. Sin poder contenerse más, acarició lentamente la entrepierna de Orihime, haciendo que ella dejara escapar un gemido que lo hizo gemir a él también. Esta vez, metió su mano en el pantalón de la joven para tener contacto directo con su humedad. Al sentirla tan cálida y mojada, supo que era hora de continuar.
—¿Estas lista preciosa?
—Sí. Si-sigue por… por favor…
Sin más tiempo que perder, Ichigo se deshizo de las prendas que obstaculizaban su camino mientras Orihime le daba la bienvenida a su interior. Antes de colocarse entre sus piernas, Ichigo no pudo evitar el deseo de comprobar el sabor de su pareja, haciéndola gritar y arquear la espalda mientras lo jalaba del cabello. Mirándola a los ojos desde esa posición y con una mirada traviesa, lamió nuevamente la zona. Excitada, la suprema aprisionó la cabeza de su amor entre las piernas, dejándole saber que estaba lista para lo que seguía.
Irguiéndose de rodillas frente a ella, colocó su miembro en la entrada y con un leve movimiento de cadera, se introdujo por completo en su cavidad. Orihime apretó los ojos ante la intrusión y nuevamente soltando un grito de dolor. Ichigo lo notó y de inmediato la llenó de besos para relajarla. Una vez que sintió que el agarre en su espalda disminuía, comenzó a moverse un poco.
El Mayor estaba completamente consiente de lo que significaba para su compañera, por eso estaba procediendo con el mayor de los cuidados. Sin embargo, el placer que estaba experimentando en ese momento era más grande que lo que jamás hubiera sentido. Casi estaba seguro que lo que estaba experimentando era resultado de hacer el amor por primera vez en su vida. Si bien había tenido sexo varias veces, jamás se había sentido tan completo ni se había entregado a nadie como lo estaba haciendo con esa mujer.
Nuevamente, concentró su atención en los pechos de Orihime, mientras el ritmo de sus embestidas aumentaba más y más. Ahora que estaba acostumbrada, la suprema estaba disfrutando de las sensaciones nuevas que el acto le provocaba. Su interior se sentía tan cálido y rebosante que pensaba que en cualquier momento iba a explotar y cada vez que él se introducía más, ella quería gritar con todas sus fuerzas. De un momento a otro, Ichigo cambió posiciones con ella quedando él abajo; así, podía tener una mejor vista del escultural cuerpo de su amada.
Un tanto sorprendida, Orihime no supo qué hacer de inmediato, pero pronto lo adivinó y fue ahora ella quien comenzó a mover sus caderas, marcando el ritmo de la situación. Ichigo estaba extasiado mirando el compás de sus pechos al subir y bajar con cada movimiento que daba. Realmente estaba sorprendido por la amplitud de aquel espacio, cuando por fuera parecía un cilindro muy reducido. Ahora entendía lo que Urahara quiso decir con eso del regalo. Devolviendo su atención a la chica sobre él, sintió la creciente necesidad de terminar y dejarlo salir todo, pero también quería seguir experimentando el enorme placer de estar dentro de ella.
Ninguno de los dos sabía cuánto tiempo había pasado, y mucho menos habían notado la indiscreta pero accidental intromisión del científico hacía quien sabe cuánto tiempo. Guiada por su propio placer y por la creciente sensación en su interior cada vez que el miembro de Ichigo entraba en su cuerpo, Orihime comenzó a moverse más de prisa, dificultando que el hombre pudiera contenerse y llevándolo hasta el límite. Una vez más, volvió a cambiar posiciones para quedar sobre ella.
Ya sin intentar detenerse, Ichigo incrementó la velocidad y la fuerza de sus movimientos mientras Orihime tenía sus uñas fuertemente clavadas en su espalda; si le hacía daño, ni él lo sabía, puesto que de un segundo a otro la liberación llegó para ambos, explotando de placer y, en su caso, entregándose por completo a ella. Una vez que los espasmos cesaron, una expresión de felicidad verdadera los invadió a ambos.
—Te amo Orihime, de verdad te amo con todo mi ser.— Le dijo besándola en la frente, las mejillas, la punta de la nariz y la boca.
—Yo a ti Ichigo. Gracias por regalarme una vida y un destino, uno que quiero compartir contigo siempre.
— Gracias a ti preciosa, por enseñarme lo que es el amor. A partir de ahora yo te protegeré a ti, viviré para amarte y hacerte feliz todos los días de mi vida.
Sin más que decir, sellaron su promesa y su destino con un beso, seguros de que la aventura que les esperaba sería la mejor de sus vidas, porque podrían compartirla juntos.
FIN
XoXoXo
Muchas, muchas gracias a todos por haberme acompañado a lo largo de esta aventura y que a pesar de tanto tiempo que tardaba en actualizar, jamás me abandonaron. Espero seguir contando con su apoyo en mis otras historias y en algunos proyectos nuevos que tengo en mente.
Como favor especial para este fic, les pido me regalen su opinión a través de un review, sobre todo del lemon para saber si no quedó muy exagerado, demasiado explícito o si por el contrario, fue de su agrado. Asimismo, si tienen algún otro comentario, duda o lo que quieran decir será bienvenido con mucho cariño.
¡Muchas gracias chicos! 3 IchiHime 4 Ever!
Pd. El siguiente en actualizar será Quisiera Olvidarte. ¡Está en lo más emocionante! ¿Ya eligieron #Team?
