NOTA. Prácticamente este es el final de la historia que quería contar, aún falta un pequeño epílogo pero es casi independiente de lo que he estado contando hasta aquí, y por eso lo pondré en unos cuantos días, porque en cierta manera quiero marcar un poco la diferencia entre ese epílogo, que en realidad es un pequeño homenaje a la serie que me dado más de un disgusto pero también muchas alegrías, y el resto.
Esperó que os haya gustado al menos una mínima parte de lo que yo he disfrutado escribiéndola. De nuevo mil gracias a los que la habéis leído y especialmente a los que la habéis comentado.
-10-
Sawyer estaba tumbado, a oscuras, en el sofá de la habitación de Kate. Algún tipo de desastre natural parecía haberla afectado. Las esculturas vanguardistas estaban hechas añicos, el delicado conjunto floral ikebana yacía en medio de un charco, el espejo aparecía estrellado, las lámparas derribadas por el suelo. Había estado esperado que llegasen los de seguridad, en el fondo era lo que deseaba cuando empezó a tomarla con la habitación, pero nadie había venido. Tal vez en los hoteles de 1600 dólares la noche estaba incluido el precio de destrozar el mobiliario.
Allí, en medio de aquel desorden pensaba en lo ridículo que resultaba pegar patadas a los muebles de diseño minimalista, como si fuese una estrella del rock aburrida. Charlie habría estado orgulloso de él. Ahora que ya había pasado, se avergonzaba de ese estúpido arrebato. La rabia había ido desapareciendo para dejar paso a una insoportable tristeza.
No sabía que esperaba cuando le dio 500 dólares a la camarera y tuvo además que recurrir a todo su antiguo encanto para convencerla de que le dejase entrar en la habitación. En realidad, ni siquiera tenía un plan, sólo había deseado volver a verla una vez más, antes de que se marchase. Se había sentido incapaz de volver a dejarla simplemente desaparecer de su vida, quien sabe por cuanto tiempo, quizá ya definitivamente. Nunca había pensado decirle las palabras que habían salido de su boca, ni siquiera ante sí mismo las hubiese admitido. Había pasado tres tranquilos años con Juliet en los que llegó a convencerse de que la había olvidado, pero bastó verla un segundo, para que todo volviese de nuevo y Juliet fue la primera en darse cuenta. Después, al morir Juliet, la pena y la vergüenza fueron demasiado grandes para pensar en apenas nada más. Y cuando aquel aciago día, Jack y ella se despidieron por última vez, él comprendió cuanto hubiese deseado oír esas palabras que ella pronunció dirigidas a él.
Estos últimos años de existencia sin rumbo se había negado el derecho de pensar en ella. Había estado simplemente resistiendo, dejando pasar los días, aunque a veces fueran insoportables, pero en el momento en que sus caminos volvieron a cruzarse, cualquier otra cosa desapareció de su pensamiento. Era Kate. Era ella lo único que podía dar sentido a su vida, lo único que podía salvarlo de la desesperación ¿y qué había hecho? Insultarla y humillarla. Oírla decir tranquilamente que se iba a casar con otro, había sido más de lo que había podido soportar.
¿Cómo era lo que le había dicho Desmond? Qué debía buscar lo que tenía que encontrar ¿o era al revés? No importaba mucho. Ahora ya sabía lo que debía buscar. Lo había encontrado justo delante de él, y también lo había perdido. ¿O es que iba a ir a buscarla a Brisbane, donde quiera que pudiese estar eso, para presentarse como… qué era lo que había dicho ella? Sí, como un perro apaleado. Bien descrito.
No se sentía con fuerzas para eso, además ¿qué conseguiría? ¿Amargarle la vida para así estar ambos igualados? No le quedaba nada más por lo que seguir adelante. Estaba harto de bares, de mujeres de una noche, de dolores de cabeza que apenas servían para hacer olvidar otros dolores más terribles, de días idénticos uno tras otro sin otro consuelo que recordarla y la amargura añadida de pensar que volvió a dejarla escapar. De hotel en hotel, esperando el día que Ben reapareciese y le volviese a preguntar. ¿Ya estaba listo para la isla?
Si al menos fuese cierto que Hurley estaba allí, Hurley era la única persona que le quedaba en este mundo a la que podía llamar amigo. Quizá fuese agradable sentarse con él en alguna roca y mirar el mar. ¿Qué había dicho Ben? Algún día. ¿Ya había llegado ese día? Quizá apareciese en cualquier momento para dejar oír su voz insidiosa y burlona.
A sus espaldas oyó abrirse la puerta de la habitación.
"Esperaba que aún estuvieses aquí."
"¡Kate…! ¿Es qué…? ¿Has perdido el vuelo?"
"No."
"¿No?"
"Lo he dejado ir. He dejado marcharse ese avión. He visto como despegaba y se alejaba sin mí. Y de algún modo, he sentido que era así como tenía que ser. Creía que me sentiría culpable pero me he sentido extrañamente… liberada."
"¿Entonces… te quedas en Los Ángeles? ¿Estás segura?"
"No estoy segura de nada. No me importa si está bien o mal. Ya no me importa lo que pase. Todo este tiempo he estado huyendo, de la policía, de mis errores, del dolor, de mí misma… Y de lo que sentía por ti. Ya no quiero huir más. Quiero…, querría empezar de nuevo. Contigo. Si tú quieres también…"
"Kate, no hay nada en este mundo que me importe más allá de ti. Siento tanto todo lo que te dije."
"No importa lo que dijiste, necesito que hagas algo por mí."
"Haría cualquier cosa por ti."
"Prométeme que nunca más te alejarás de mi lado."
"Te prometo que jamás volveré a dejarte escapar."
Sawyer la miraba como si aún no pudiese creer que fuese cierto. Sus ojos la atravesaban intentando leer dentro de ella. Kate se acercó a él y se alzó sobre sus pies. Sus labios se encontraron, se besaron lenta y cautelosamente al inicio, para descubrirse aturdidos por la intensidad de sus emociones, casi como la primera vez. Y cuando Sawyer la volvió a mirar, tras separarse apenas levemente, lo que vio en los ojos de Kate le hizo sentir que aún existían la esperanza y la vida, y que quizá todas las tristezas quedarían atrás si podía perderse en la luz que brillaba en su mirada. La besó de nuevo, con la urgencia de todo el tiempo perdido y todo a su alrededor comenzó a desvanecerse para quedar solamente Kate. Su rostro tan perfecto, el tacto de su piel bajo sus manos, su perfume intoxicándole, su cuerpo añorado tantas noches, su abandono, su calor, su alma. El remedio para su corazón herido y lastimado y toda su vida en las manos de ella. Eso era Kate.
Entregada a su necesidad de ella, olvidada de si misma y de todo lo que no fuese el vértigo de sentirle en su piel, Kate creyó agonizar, y en ese instante de insoportable dicha descubrió que ahora todo resultaba claro, que sólo en el reflejo que él la ofrecía estaba la redención que tanto había buscado, que junto con sus cuerpos, se fundían la culpa y el perdón, el sufrimiento y la cura, el dolor y el gozo, lo pasado y lo que estaba por venir. Y que no importaba morir si se podía ser tan feliz.
Desfallecida en sus brazos, vencida por el peso de su cuerpo sobre el de ella, conmovida por el aliento de su respiración en su cuello, Kate se sintió segura, aceptada, amada, completa… Y comprendió que, después de todo, al fin había conseguido regresar al hogar.
"I love you, Freckles."
"I love you, too."
