IX

El silencio sólo se rompió cuando Faith encendió un cigarrillo y la alarma empezó a pitar. La Consejera lo apagó como pudo y trató de ordenar las palabras que le iban saliendo.

- ¿Estás seguro? Quiero decir, eso del Infierno, con calderas y tíos con cuernos... Suena incluso cutre.

- No... sabemos mucho de dimensiones infernales - tartamudeó Willow-, pero he intentado varias invocaciones, y sólo me funcionaba la de Hécate: es mucho más profundo de lo que puedo rastrear, y creo que la teoría de Giles es válida. Está mucho más... abajo.

- En realidad fue Moon quien lo sugirió - respondió el Decano -. Yo ni había pensado en un intercambio de fuerzas.

- Ninguno lo hicimos - dijo Ángel -. Asumimos que todo había acabado bien y punto.

Dawn dio una patada en el suelo al oírle

- Entonces - continuó Faith -, ¿qué vamos a hacer? ¿Ir hasta allí y traerlo de vuelta o...

- ¡No!

- ¡No! - Willow y Anya se miraron extrañadas -. Espera, espera - murmuró la bruja -: no podemos estar de acuerdo, es demasiado raro hasta para esta conversación. ¿Qué quieres decir con "¡no!"?

- La gente inventa un montón de cosas sobre las dimensiones infernales. ¡En serio, no son malas! La mayoría están habitadas por gentes sencillas y almas en pena que viven felices día a día. Aunque haya secciones de... tortura y... tormento.

- Y yo ya la pifié una vez con eso - suspiró Willow - y no queremos hablar otra vez del tema, ¿verdad?

- ¡Exacto! - continuó la demonia -. En cuanto os acostumbréis a los fantasmas será una de esas pequeñas cosas de la vida.

- ¿Qué interés tienes en esto, Anya? - preguntó Giles.

- ¿Yo? ¡Qué pregunta! Sólo estoy facilitando las decisiones.

- El pasillo - Xander carraspeó y miró a la demonia -. Lo siento, guapa. Es el pasillo. Si cambiamos la anomalía, todo vuelve a su sitio: al cielo... o al infierno. O a la dimensión mazmorra, en su caso. No volveríamos a vernos.

Anya se levantó del sillón refunfuñando.

- Gallina -. Salió de la biblioteca dando un portazo. El grupo se quedó en silencio un momento.

- Pero vamos a hacerlo, ¿verdad? - balbuceó Dawn - No le vamos a dejar así... No vamos a dejar la realidad así.

Ángel intervino muy despacio, midiendo cada palabra.

- En realidad Anya tenía razón. Si la anomalía se limita a esto, quizá debamos aceptarlo.

- ¿Cómo puedes decir eso? - exclamó Dawn, conteniéndose para no gritarle.

- ¡Es una locura estar rodeados de fantasmas, Ángel! ¿Tenemos que invitarles a cenar, o qué? - dijo Kennedy.

Los ordenadores parpadearon y saltaron un par de chispas de un cable. Giles entendió que a Jenny tampoco le gustaba la idea de quedarse.

- Ángel, la mayoría son almas que no descansan - dijo -. Tenemos una obligación con ellos.

- ... o nos atormentarán de por vida, sí. ¿Pero has visto las Bocas del Infierno? ¿Has comparado las bajas? También tenemos una responsabilidad con los vivos, y nadie puede asegurar que si liberamos el alma de Spike no empiece a morir gente como antes de...

Lo siguiente que oyeron fue la bofetada de Dawn. La Vigilante más joven salió a zancadas de la biblioteca y ni se molestó en dar un portazo. Andrew fue tras ella.

El vampiro se frotó la mejilla.

- En realidad, yo también me habría abofeteado a mí mismo.

================BUFFY THE VAMPIRE SLAYER===================

EPISODIO IX: DESTRUCCIÓN MASIVA (primera parte)

El Instituto de Mercy acogía una Jornada de Artes Marciales. Había sido idea de Robin: cuanto más controladas las exhibiciones de las cazadoras más jóvenes, decía, menos rumores por ahí.

- ¿Crees que les importa que hablen de ellas? - murmuró Faith en la grada. Buffy se echó a reír.

- En absoluto. Han salido a ti.

Faith había evitado sentarse con Buffy después de la reunión del día anterior, pero la rubia empezaba a sospechar, estaba segura.

- ¿Qué tal os fue en Nueva York? Andrew lleva días quejándose de que no te has reunido con él para terminar la Crónica.

Buffy siguió mirando la exhibición. Faith volvió al ataque.

- Dice que tuviste que matar un vampiro en una alcantarilla, pero que otro respondió bien...

- Ajá.

- No te quejarás: si no llega a ser por aquella cosa de dos cabezas, me estaría subiendo por las paredes.

Buffy aplaudía sin escucharla. Faith se aseguró de que nadie más podía oírlas

- ¿Qué te parece todo esto? La paz, transmitir el legado, y toda esa mierda.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿No... echas de menos nada de antes?

Buffy vaciló un momento.

- La playa. Estaba a 20 minutos en coche. Ahora fijate: las cazadoras montan exhibiciones con tu novio. ¿No te dan envidia? Yo en el Instituto tenía que hacerme la torpe constantemente.

- No hablo de ellas.

Buffy se volvió por fin, intentando adivinar de qué estaba hablando su amiga.

- ¿Eres feliz, B.?

- Hecha por ti, esa pregunta ya me habría sonado rara cuando se puso de moda, el año pasado. Ahora directamente da miedo.

Faith no supo responder: esperaba otra evasiva.

- Preguntas fuera de lugar, Ángel y Giles contándose sus cosas, algo que no está en su sitio... Faith, ¿qué está pasando?

El móvil de la Consejera Summers salvó a Faith.

- ¿Graham? - exclamó extrañada. Se volvió hacia Faith - ¿Sabías que Graham iba a venir?

- ¿Graham... el Capitán Graham? ¿El Xander de Riley? - Buffy apenas asintió y Faith bajó las gradas de un salto para avisar a Wood.

- Jolín. Puede que sólo hayan venido a comer. - dijo con un mohín.


Los tres militares asistieron a varias clases. Giles les ofreció de nuevo un tour guiado por el Consejo. Cualquier cosa que les mantuviera lejos de la Biblioteca y de la aprensión de los nuevos Vigilantes.

- Cada vez que vengo me sorprendo un poco más - decía Riley -. ¡Es impresionante! Pero en realidad veníamos a por Ángel... quiero decir, a llevar a Ángel de vuelta a casa.

- Parece que hayas querido decir "escoltar" - respondió Giles con media sonrisa. Riley miró fijamente al Decano.

- Puedo detectar un interrogatorio antes de que empiece, Giles.

La puerta principal se abrió y las dos Consejeras entraron con Robin y un puñado de cazadoras corriendo en chándal Buffy se echó en brazos de Riley en cuanto le vio.

- ¿Por qué no has llamado? Habríamos ido a recibiros al aeropuerto.

- No ha hecho falta, han aterrizado en nuestro helipuerto - contestó Giles. Faith y Robin intercambiaron una mirada rápida con el Decano y se escabulleron.

- No sabía cómo decírtelo, Buffy. Vamos a llevar a Ángel y sus chicos a casa, y había pensado que si... querrías acompañarnos.

- Uf, no sé. Hace una semana que volví de Nueva York, pero no voy a negar que tengo amorriña de sol y playa... ¿Volvería antes de Nochebuena?

- ¡Claro! Puedes quedarte el tiempo que quieras.

- Mhm... - alargó su respuesta esperando la reacción de Giles.

- Yo creo que puedes ir sin problemas, siempre que Ángel y Wesley no te secuestren.

- ¿Así, sin más?

- Sí, ¿por qué no?

- Nunca me imaginé que acabarías pidiéndome que me fuera de vacaciones.

- Te di un año de vacaciones - le reprochó el Decano -. Ve a California. Kennedy se hará cargo de tus grupos.

Giles le acarició la cabeza sonriendo. A Buffy no le pasó inadvertido el exceso de simpatía: para sus amigos, al parecer, era ella la que no estaba en su sitio.

- Claro - dijo, rechinando los dientes debajo de la sonrisa.

- Habíamos pensado en un par de días en Los Ángeles, para asegurarnos de que todo está en orden... y llevarte a la Zona Cero.

- No hablas en serio - dijo Giles.

- En realidad, sí. Creo que os lo debemos. Pero no tienes que venir si no quieres, Buffy.

Miró a Giles con algo de desafío en la mirada.

- Cuenta conmigo. Algún día tenía que verlo.

- ¿Estás segura? - Giles empezaba a preocuparse, pero sabía que iba a decir que sí.

- Ya que no pasa nada porque me vaya, ¿por qué no?


Willow todavía hacía cálculos en la encimera de la cocina cuando llamó a su puerta.

- ¡Buffy! Creía que tenías que dar una clase.

- Tengo un rato para comer. ¿Me alimentas?

- Claro, además quería enseñarte una cosa. ¿Reconoces esta foto? - la bruja puso el portátil entre los platos de ensalada.

- Se parece a... - Buffy pegó la nariz a la pantalla -. ¡Es un partido de Décimo Curso! Mira, si son Cordelia y Harmony... ¡Guau, qué pintas! ¿De dónde las has sacado?

- Eso es lo mejor: he encontrado un grupo en MySpace de antiguos residentes de Sunnydale. ¡Hay un montón de gente!

Buffy paseó por el álbum de fotos, reconociendo las caras y los lugares. Había flyers de conciertos del Bronze, y hasta una foto en la que salían al fondo, borrosos, en el baile de Graduación, ella con el paraguas en la mano. Lo había perdido mucho antes de que se hundiera la ciudad, en alguna de las veces que tuvo que ceder su habitación.

- ¿Te das cuenta, Buffy? Les he pedido que localicen más fotos o vídeos en que salgamos los tres.

- No está mal tener recuerdos otra vez, ¿eh?

Willow asintió sonriendo. Buffy reparó en que no había ninguna foto de Tara.

- ¿Quién te ha mandado estas fotos? No habrás vuelto a hablar con Amy.

- ¡No! No creo... Dice que iba al Instituto con nosotros, pero no le ubico... o la ubico. Dice que vive en Seattle. ¡Ay, madre! ¿Crees que puede ser Amy de verdad?

- Riley y Graham están aquí.

- ¿Ah, sí? - Willow intentó concentrarse en un trozo de lechuga.

- Van a llevar a Ángel y a su gente a L.A. Me han pedido que les acompañe unos días.

- Vaya, qué guay.

- Willow, ¿ni siquiera tú vas a decirme qué pasa?

La bruja dejó de masticar. El tenedor se quedó en su mano apuntando a ninguna parte.

- Sé que algo está pasando. Y sé que estáis en ello. Y que, por alguna razón, estoy fuera. Estoy... desconectada. ¿Qué significa que "todo está abierto"?

Willow buscó algo que responder que no fuera mentira.

- ¿Por qué no me contaste que Ángel y tú no estáis juntos?

- ¿Qué? ¿A qué viene eso? ¿Es una especie de intercambio de preguntas incómodas?

- Buffy, no... Sólo pensaba que el año pasado no hablamos mucho, y quizá es mejor que te mantengas aparte de algunas cosas. Mejor para ti.

- ¿Crees que no he superado Sunnydale? ¿Es lo que estás insinuando?

- ¿Y lo has hecho?

Las dos se habían olvidado ya de la ensalada.

- Buffy, te vi en la playa. Aquella noche, con Ángel. Nunca te lo había dicho... Xander y yo fuimos a buscarte y vimos cómo le devorabas. Luego te fuiste a Europa y parecías tan feliz... Por favor, confía en mí. Olvídate de esto y cuando acabe...

Buffy se levantó de la mesa.

- Si tan preocupados estabais por mi estado de ánimo, ¿por qué me habéis hecho volver para... para esto?

Se volvió a su amiga antes de salir.

- Voy a hacer la maleta. No quiero hacer esperar a Riley.

Cuando se quedó sola, Willow cogió el teléfono.

- Dawn, ¿estás en Chicago?


- Voy a tener que empezar a pagarte el transporte - reía Dawn. Mike conducía su ranchera hacia Mercy.

- No te preocupes: no ha venido nadie a mi tutoría, y en casa no me esperan.

Dawn notó la vacilación en la última frase.

- Se ve que Moon se pasa un poco contigo, pero así son las madres, ¿no? Quizá es algo indio... ¡perdón! Algo iniciático.

Mike rió amargamente.

- Mi madre tiene un gran peso sobre los hombros: cada vez es más difícil encontrar un joven dispuesto a ser chamán.

- Pero tú sí lo estás.

Mike maniobró para entrar en el jardín. Un helicóptero militar ocupaba el parking y Willow ya les estaba esperando.

- Yo no soy lo bastante bravo para seguir el linaje.

- Sé lo que sientes, Mike, créeme Pero antes o después se acaban dando cuenta de que estamos ahí.

- Puede, Vigilante Junior -dijo Mike abriéndole la puerta -, pero tú al menos no eres el hijo maricón de la Cazadora.


Willow preparó el talismán y lo colgó al cuello de Dawn. Tuvo que ponerse de puntillas.

- ¿Y si se dan cuenta?

- Ni de coña - dijo Andrew -: es muy discreto. Siempre puedes decirle a Buffy que te estamos enseñando talismanes y se te olvidó quitártelo

- Mejor no le digas que yo te estoy enseñando nada - dijo la bruja -. Tú concentrate en el ámbar cada vez que algo te parezca inusual. Será como...

- Luminol - concluyó Andrew -. Como si buscaras sangre con Luminol.

Las dos mujeres miraron al Vigilante de arriba a abajo.

- ¿Tú ensayas esas frases?

Willow tuvo que sacudir la cabeza para seguir.

- Sobre todo no despiertes sospechas de que andas buscando algo. Si lo encuentras, el talismán te avisará. Y sobre todo, no le cuentes nada a Buffy.

- Esa parte sigue siendo la peor.

Andrew la rodeó con el brazo.

- Piensa que no la estás apartando: la estás protegiendo.

Dawn apretó el trozo de ámbar que colgaba de su cuello y se preguntó si ella misma podría protegerse.


Empezaba a atardecer cuando Dawn volvió a su apartamento del ático. Tenía una hora como mucho para convencer a su hermana. Buffy tenía la maleta casi cerrada.

- Willow dice que te vas con Riley...

- Ajá.

- ¿Puedo ir contigo?

- ¿Lo sabe Giles?

- No - mintió -, pero necesito un respiro, ¿sabes? Las chicas son geniales, pero me hacen sentir un poco...

- ¿Fuera de lugar? - Buffy sonrió - No eres la única: también nos pasa a los que tenemos superpoderes. ¿De verdad quieres venir? No sé si va a ser un picnic precisamente.

- Por eso pensaba que a lo mejor no te apetecía ir sola - Dawn se mordió el labio -. No... no vas a quedarte en L.A.

- No, y creía que esta conversación ya la habíamos tenido.

- Sólo quiero que estés bien, Buffy.

La Consejera sacudió a su hermana para quitarle tensión a la escena.

- Si tengo que dar un paseo por la Boca del Infierno, no se me ocurre nadie más para acompañarme. Además, ya no hay riesgo de que rompas nada.


El viaje en helicóptero fue incómodo. El pobre Connor no dejó de llorar hasta que su padre le bajó en la azotea del Hyperion. Ángel la abrazó antes de despedirse.

- Ten cuidado ahí abajo, ¿vale?

- Y tú aquí arriba.

Cuando volvieron a despegar, al menos pudo estirar un poco las piernas. Dawn las cruzaba sin cesar desde que habían salido de Mercy. Ella también empezó a estrujarse los nudillos cuando vio la estructura metálica a la derecha bajo sus pies. Y a la izquierda: cubría todo el valle. La ciudad no le parecía tan grande cuando vivía allí.

Samantha les acomodó en una vivienda de oficiales. Les dejó un dossier con informaciones vagas sobre restos del Sello de Danthazar.

- No me lo puedo creer. ¿Es una costumbre de Riley hacerme estudiar?

Dawn dijo desde el baño:

- ¿Crees que podrían encontrar algo más? No sé, imaginate que aparece el Señor Gordo, jiji.

- Nah, el dossier es muy vago... ¡Eh! ¡Nos han dejado churros! - exclamó Buffy en la cocina. Llamaron a la puerta - Seguro que es Riley... o no.

No era Riley quien estaba delante de la puerta. A pesar de los años, todavía podía reconocer a Ethan Rayne.

- Creo que no está aquí para comer churros, señorita Summers.


Willow estaba a punto de irse a casa cuando sonó la alerta del Messenger.

wwbM: hla Sunwitch!

Sunwitch: hey

me pillas a punto de irme

wwbM: sólo quería saber si te llegaron las fotos

Sunwitch: Sí gracias.

Perdona, es que estoy pasando unos días algo raros en el trabajo

wwbM: qué raro ;)

Siempre ocupada, eh?

Sunwitch: :)

wwbM: ¿Sigues en contacto con Xander Harris?

Sunwithch: Sí vivimos juntos

NO

Bueno, trabajamos juntos y somos... algo así como vecinos.

wwbM: Recuerdo que había una chica.

Sunwitch: Anya

No acabó bien... es muy complicado.

wwbM: me refería a ti

Sunwitch: Tampoco acabó bien.

Llevo año y medio con otra persona...

Espera un momento

Creía que nos conocíamos DEL INSTITUTO

wwbM: ...

Sunwitch: ¿Quién eres?

En ese momento alguien encendió la luz.

- Willow - dijo Giles cerrando la puerta tras él -, te estaba buscando.

Cuando Willow se volvió a la pantalla, wwbM estaba desconectado.

- Mierda...

- Bueno, puedo esperar hasta mañana.

- No, da igual. ¿Qué es? ¿Otro amigo muerto?

- No, en realidad, creo que es algo bueno. Escribí un mail a Devon, y Alfanía me ha dado el contacto de un mago experto en portales - el Decano buscó algo en su agenda -. Se llama Kur... Kuor... Kuorkisuonía. Vive en alguna parte de Karelia, en Finlandia.

- ¿Vas a pedirle que venga?

- Esa es la cosa: no se trata sólo de su conocimiento, sino del lugar. Según Alfanía es una especie de guardián. Ha aceptado que le visitemos, y...

- Con "visitemos" quieres decir que yo le visite, ¿verdad? - interrumpió Willow con un mohín.

- Es importante, Willow. Si pudimos... Si Spike pudo cerrar una dimensión de golpe, y cualquier Ejército lo descubre...- el Decano limpiaba compulsivamente sus gafas - No quiero imaginar lo que un individuo como Kajetia puede intentar si lo descubre.

- Haré lo que me pidas, pero no tengo ni idea de por dónde empezar.

- Nadie la tiene. Tendrás todo el apoyo del Coven y te cubriremos desde aquí. Y vas a llevarte a Andrew.

- ¡Venga ya!

- Has dicho que harías lo que te pidiese.

Apagaron las luces y sellaron el edificio con un conjuro. Giles la llevó al NOISE de camino a casa.

- No te acuestes tarde, Consejera.

- Giles, ¿cuál es la prioridad?

- ¿Perdón?

- ¿Tengo que concentrarme en la anomalía? ¿Reequilibrar las dimensiones? ¿Nada más?

El Decano condujo en silencio un momento.

- He estado investigando por mi cuenta, pero no he conseguido nada. Si se presenta la ocasión, tu prioridad es llevarle a la luz, pero no estoy seguro de que podamos.


El aire acondicionado helaba la sala de la vivienda de oficiales. Hacía más frío que en Chicago.

- ¿Por qué me cuenta esto?

El viejo hechicero la miraba sentado tranquilamente en el sillón. Buffy sabía, no podía decir cómo, que le había dicho la verdad.

- Lo crea o no, por el bien común, señorita Summers.

- ¿Desde cuándo le interesa el bien común?

- Nunca demasiado, para serle sincero. Pero creo dos cosas: que ahí fuera no tienen ni idea de con lo que están jugando y usted sí...

- ... y que lo que han encontrado está relacionado conmigo.

- Íntimamente, diría.

Dawn agarró su talismán bajo la blusa, rogando por que el brujo no se diera cuenta.

- ¿Y qué quiere que haga?

- La verdad, no lo sé. He conseguido inutilizar los detectores, pero mis hechizos se están agotando.

- ¿Qué cree que hacen con los restos del Sello? - preguntó Dawn, intentando parecer inocente.

- No es el sello.

- Pero el dossier habla de él - balbuceó Buffy.

- Sigue siendo usted una jovencita ingenua - respondió el brujo con una carcajada - . ¿Por qué compartiría el Coronel su trabajo con usted?

- ¿Y por qué lo haría Ethan Rayne?

El hechicero sacó un paquete del bolsillo. Estaba envuelto en papel de periódico y le cabía en el puño.

- Yo lo abriré - se adelantó Dawn -... por si te pillan.

Al desenvolverlo, motas de tierra empezaron a caer al suelo. En realidad era un trozo de roca, casi un terrón. Bajo su blusa, el talismán empezó a quemar.

- ¿Es una broma?

- No sé lo que es: sólo que es lo que ellos están buscando y que por eso la han traído aquí.

- ¿Y cómo está tan seguro?

Ethan Rayne se encogió de hombros y le dedicó una de sus sonrisas.


Atravesaron en fila los pasillos del laboratorio. Rayne abrió la última puerta de acceso y entraron en el almacén.

- No sabía que fuéramos a robar clips.

- Buffy -susurró Dawn en su oído -, ese chiste sigue siendo malo.

- Lo siento, es que quería romper... - se interrumpió al ver el cambio de expresión de su hermana y se giró para mirar - la tensión.

La demonia estaba en una jaula. Parecía dormir mientras el halo del hechizo la envolvía y la conectaba con una tubería abierta en el suelo.

- ¿Qué le están haciendo?

- Le extraen la energía - dijo Dawn -, ¿verdad?

Rayne asintió.

- La trajo un tipo africano hace unas semanas. Los scanners se alimentan de su magia: es como una pila.

Los tres se obligaron a mirar. Tardaron un rato en salir y volver a las viviendas de oficiales, aunque ninguna de las Summers preguntó qué harían con ella cuando se gastara.

Samantha las estaba esperando en la puerta de la casa.

- ¡Buffy! Finn quiere que cenéis en casa... si has terminado de charlar con nuestro colaborador.

- Sáquelo de aquí - murmuró Rayne tras ella -. Yo la ocultaré.


Kennedy fue a apartar el iBook de la mesa y se quemó la mano.

- ¡Ay! ¿Va a empezar a echar humo esta cosa?

- Espero que no... - dijo Willow mirando la pantalla desde la cama. El portátil resplandecía con un halo cálido mientras traducía el hechizo del talismán de Dawn a datos. Kennedy miró alternativamente a la máquina y la maleta abierta al lado.

- ¿Vas a irte al fin del mundo con Buffy y Dawn allí abajo?

- Si estoy aquí para cuando vuelvan, no podré aguantarle a Buffy otro tercer grado, así que mejor me largo. Entre el fin del mundo y Buffy, cariño, honestamente...

- ¿Irá ella contigo?

Kennedy jugueteaba nerviosa con su estaca, esperando la respuesta.

- No lo sé.

- Bien. Está bien, por mi parte. No me importa.

Willow la besó delicadamente antes de entrar en el baño. Kennedy contempló la habitación. Sólo se oía el agua cayendo de la ducha.

- Sé que estás aquí, ¿vale? Aunque no pueda verte.

Una corriente fría recorrió las paredes. Creyó percibir la silueta de una joven de pelo largo que sonreía bajo la luz blanca.

- Gracias - murmuró -. Gracias por cuidar de ella.


Riley le tendió la mano para ayudarla a bajar. Nunca se había dado cuenta de lo blandas que eran, pensó. Sacudió la cabeza para apartar el pensamiento: Riley era su amigo y, más importante, su aliado. Ethan Rayne no. Así de simple.

Pero al saltar para llegar a la última plataforma de la sima, sintió la tierra desmoronarse un poco más en su bolsillo.

- Siempre te han sentado bien los trajes de escaladora - rió el Coronel.

Buffy miró hacia abajo y se descolgó por el rappel, aunque el fondo del barranco seguía sin verse.

- ¿De verdad quieres bajar sola?

- Sólo son unos metros: esto es mucho más grande de lo que recordaba.

De todos modos, Graham también se descolgó y se puso casi a su altura.

- ¿Esperáis que os diga algo sobre esto?

- No, claro que no - aseguró el teniente -. ¿Por qué?

- Bueno, tendría sentido. Fui la última en salir de aquí... pero claro, no pensaba más que en correr.

- Es una visita de cortesía para nuestros aliados, Summers. No te pongas paranoica

- Entonces, ¿por qué llevas una cámara acoplada en el hombro?

Graham se echó a reír y se escabulló pared abajo. Cuando llegaron al tope de la cuerda del rappel, apenas se podía distinguir la plataforma superior, pero el fondo de la sima todavía quedaba lejos. Sorprendentemente, hacía más calor que arriba.

Era lo que más recordaba del último día. El calor que hacía bajo el sello, y el que continuó sintiendo todo el día y toda la noche, hasta casi desmayarse en la playa.

- Impresiona, ¿eh, Summers? Todavía me pregunto cómo te las apañaste para tirar todo esto abajo usando un solo activo...

- ¿"Usando"? - se enfrentó a Graham, balanceándose en el vacío - Esta visita de cortesía vuestra ¿es para hablar de... "activos"... "usados"?

- Vamos, Buffy. Estamos en el mismo bando, te gusten los tíos con uniforme o no.

- Ya no hay bandos, Graham. Se supone que la guerra se acabó.

- ¡Bien, estupendo! ¿Y vas a decirnos cómo o no?

- ¿No os sirve la desgraciada a la que estáis desangrando?

"Buffy" interrumpió Riley por el intercomunicador, "está bien, no te preocupes. Puedes dejarlo cuando quieras".

- Coronel, con el debido respeto... - intentó decir Graham.

"Basta, Teniente".

Arriba, en la plataforma, Dawn pasó por delante de Riley para descolgarla.

- Buffy, no te lo tomes a mal - rogó el Coronel -: tenías que ver las oscilaciones del scanner cuando estabas abajo. Eso es peligroso y necesitamos toda la ayuda que puedas prestarnos para controlarlo.

- No se trata de mí. Lo que sea que estáis buscando... no tiene nada que ver conmigo. Yo no soy la experta en magia. Ni soy la única chica con superpoderes en el mundo.

- Pero sabes que eres distinta de las otras.

No se volvió para contestarle. El trozo de piedra todavía ardía en su bolsillo.

- No, no lo soy.


En la casa prefabricada, Dawn caminaba arriba y abajo.

- Dejalo ya. Hacen su trabajo - le decía Buffy desde el dormitorio.

Dawn siguió a su hermana hasta la habitación. Buffy frotaba entre las manos el pedazo de roca, desmoronando poco a poco la tierra.

- Podías haberte matado. O te podía haber dado una embolia, o algo así.

- Dawn, están a cargo de esto. Vale, sus métodos son un poco... asquerosos. Pero hasta ahora no nos han fallado.

- ¿Cómo puedes decir que no te han fallado?

- Lo que hubo entre Riley y yo no cuenta aquí.

- No estaba pensando en eso. ¿Qué me dices del año pasado? ¡Aquí mismo, mientras nosotros nos matábamos! ¿No se quedaron mirando?

- Tenían órdenes. No se las pueden saltar así como...

- ¿Por qué siempre defiendes a Riley? ¡No le debes nada!

- Ya lo sé.

- Si hubieran intervenido Anya no habría muerto. Ni Amanda. Ni Spike.

Buffy se puso de pie de un salto. Por un instante, Dawn temió que fuera a abofetearla.

- Ellos no son nuestros enemigos: El Primero sí lo era. Nadie pudo impedir que murieran, Dawn. Ni Riley, ni Graham, ni yo.

- Pero no quieres que ellos le encuentren, ¿verdad?

Buffy no respondió. Apretó el trozo de piedra en el bolsillo tan fuerte que se desmoronó.

- Buffy, Ethan Rayne tiene razón: no quieren controlarlo, quieren utilizarlo. Y si encuentran cualquier conexión volverán a...

- ¡Spike está muerto! No hay nada que utilizar. Está vacío, igual que esta cosa... - abrió la mano para enseñarle a Dawn los restos de tierra, cuando el trozo de cristal apareció. Medía poco más que la falange de un dedo, pero se podían distinguir las facetas talladas y un resto del engaste.

Buffy guardó el cristal rápidamente en el bolsillo. Se sentó en la cama y se sacudió el polvo de las manos.

- Voy a darme un baño, ¿vale?

- Eres una imbécil.

- ¿Qué?

Dawn no se movió del marco de la puerta, con el labio apretado.

- Eres una idiota egoísta. Lo sigues siendo.

Buffy no se atrevió a contradecirla. Tampoco era capaz de apartar la vista de los ojos helados de su hermana.

- ¿Se te ocurrió preguntarte una sola vez si yo necesitaba hablar, o también decidiste eso por las dos?

- Dawn, yo no imaginaba que…

- ¡Y un cuerno!

Las dos hermanas guardaron silencio. La mayor de las Summers miraba a la más pequeña como un condenado que espera una sentencia que ya conoce de antemano, consciente de la gravedad de su crimen.

- ¿Desde cuándo nadie puede necesitar el dolor? – musitó.

- ¡También era mi amigo! Yo no puedo hacer como los demás: puede que ellos lleven bien las cosas tal como están, pero yo no puedo. Yo le odiaba, Buffy – Dawn sintió su voz y sus fuerzas quebrándose a la vez, y se desplomó en el suelo junto a su hermana.

- Le odiaba cuando… No sólo por lo que te hizo, seguía aborreciéndole después, cuando supe todo lo demás. Le odiaba porque había vuelto y tarde o temprano los dos me dejaríais Además era fácil porque total, ya le odiaba todo el mundo, ¿no? Y entonces… - Dawn se tragó las lágrimas que habían empezado a empaparle la cara – … y yo no puede despedirme. No pude pedirle perdón. Y tú parecías tan tranquila en Europa, con aquel italiano y luego con Ángel… Me tenía que haber dado cuenta de que era el mismo teatro de siempre.

Dawn no pudo seguir hablando. Las lágrimas le caían por las mejillas y no podía hipar y hablar a la vez. La expresión que le devolvía su hermana lo hacía aún más difícil, los labios apretados para no responder a sus reproches; los brazos cruzados sobre el pecho, como si se aferrara a algo a su espalda. Y los enormes ojos verdes que Dawn siempre había envidiado posados sobre los suyos, abiertos, mirando a Dawn y a algo que estaba mucho más allá, más lejos que ambas. Pero secos.

- ¿Por qué ni siquiera has llorado desde entonces?

- Dawn, no puedo.

- ¿Por qué?

Buffy no respondió y bajó la cabeza.

- ¿¿Por qué?? – insistió Dawn, a punto de empezar a sacudirla.

- Porque si me paro una sola vez no podré seguir, ¿vale? – algo en la agresividad de la respuesta pareció devolver a Buffy a la vida. Apartó suavemente la mano de su hermana de su brazo y le secó las lágrimas de la cara. Había vuelto a poner la sonrisa habitual. Dawn creyó que la mataría por eso. Pero, a decir verdad, estaba demasiado cansada.

- Esto nos está matando. Voy a avisar a Riley de que volvemos a casa.

- Buffy, no tienes que…

Su hermana no pudo oírla: se había encerrado en el cuarto de baño y el grifo del agua caliente la aislaba de todo lo demás. Dawn puso la maleta en su cama y dejó que las lágrimas volvieran a caer a borbotones por sus mejillas mientras iba metiendo sus cosas.


"Nota mental: no volver a salir de California". Desde que se mudaron a Mercy, Willow siempre había pensado que era aquello a lo que se refería el abuelo Rossemberg cuando decía que en Austria hacía un frío de mil demonios. Pero aquello era de millones de demonios. Demonios esquimales. Demonios del Polo. Demonios pingüino.

- ¡Qué barbaridad!

- ¿A que tú también tienes frío? – Andrew se volvió hacia su maestra_ Pues afortunadamente, el conocimiento me sirve. El frío ha quedado atrás gracias al Compendio. Me he untado con unos aceites antes de salir_ "Nota mental: no preguntar qué aceite"_. Pero envidio a Ángel. Con eso de ser vampiro tiene el viaje en primera asegurado…

- Sí, claro, si exceptúas que puedo teleportarle a Maracaibo a mediodía si cometo cualquier descuido.

- ¡Por favor, Willow! Además, yo estoy aquí para ayudarte

Andrew estaba allí para ayudarla. "Nota mental"… "Nota mental"…

Lo que no entendía era por qué no habían podido coger el ferry. La condición era hacer a pie los últimos diez kilómetros. El camino estaba abierto, pero en unas semanas se cubriría de agua; que más tarde se helaría y dejaría toda el área inaccesible. Andrew había aceptado sin pensarlo; aunque su argumento tenía mucha lógica, después de todo. ¿Quién iba a poner un Lugar Sagrado en un Centro Comercial, a excepción de Las Vegas?

Era la prueba de hombría lo que la indignaba. Quién se habrían creído esas vikingas ancestrales que eran…

- ¿Puedo hacer algo más por ti?

- Pues… a decir verdad, como no me des una bofetada para quitarme el hielo de la nariz… o si quieres llevar también mi mochila…

- Eso está hecho. Trae aquí.

Qué momento, pensó. Así que tener discípulos significaba caminar sin mochila por la tundra… Bueno, no estaba nada mal. Habría sido realmente un momentazo… si no se hubiera estropeado el GPS en ese mismo instante.

- ¡Mierda!

- No, Willow. Eso es buena señal. Se ha acabado el reino de las máquinas: hemos llegado.

El desfiladero se abrió y entraron en el valle. Un lobo cruzó el camino frente a ellos, y la maga quiso creer que les sonrió.

CONTINUARÁ