NA: Penúltimo capítulo ^^ Espero que lo disfrutéis.

Parte X: Las miradas huecas del Capitolio

El Capitolio. Con sus calles amplias y sin gente muriéndose de hambre, frío o las dos cosas en medio de éstas; con niños felices, que no saben lo que es el verdadero sufrimiento, como lo es enterarte de que tu padre ha muerto en un accidente minero; con mujeres caminando por las calles que no tienen para conversar más que temas triviales.

O, al menos, así era como se lo imaginaba Katniss. En verdad el Capitolio sigue siendo en parte eso, pero con sólo mirar a su gente sabe que algo ha cambiado en ellos. Quizá sea entre esas población donde más ha impactado la guerra; las madres que han perdido a sus hijos en esta ciudad no habían visto morirse a un niño antes; ningún hombre había visto a alguien fallecer entre gemidos en la calle.

Por eso cuando Peeta y Katniss suben al escenario ambos saben que esa gente ya no es la misma. Los miran desde la plaza, con los ojos abiertos de par en par, como con temor. La mayoría de los que no los observan de esa manera los miran con unos ojos que parecen vacíos.

Paylor ha hablado con ellos por teléfono antes de salir de su apartamento para marchar a la plaza. Les ha dicho que traten de enfocar el discurso no tanto en el significado de la guerra sino en que todos los cambios que se avecinan son positivos.

Cuando ha escuchado esto Katniss no ha sabido qué contestar. En realidad, estaba demasiado nerviosa como para pensar una respuesta ilógica; mucho menos como para pensar en qué palabras iba a pronunciar sobre el escenario cuando estaba dedicando todas sus fuerzas a obligar a sus piernas a caminar y a bloquear las imágenes de Prim envuelta en llamas y la de la sangre de los niños entremezclada con las cenizas que producían las bombas.

Tras la llamada de Taylor Peeta la había cogido de las manos y preguntado si estaba bien. Ella había respondido que sí, pero lo cierto es que no estaba segura de ello.

Tampoco lo estaba Peeta, a decir verdad. Había pasado la noche pensando no solamente en las torturas sufridas en el Capitolio - lo que le produjo uno de sus flash backs que coincidió con el poco rato que Katniss había dormido-, sino también en su familia. No soportaba - y sigue sin soportarlo en estos momentos, una vez encima del escenario - no saber ni siquiera dónde estaban los restos de sus padres y hermanos. Por eso trata de no pensar en ellos. No en ese momento.

Sin embargo, justo cuando se dispone a hablar, su compañera se le adelanta:

— Estamos aquí para haceros conscientes de cuánto ha sufrido la gente — dice Katniss, apartando definitivamente, al menos por un rato, los pensamientos sobre su hermana muerta —. De que no sois los únicos. Sabemos que probablemente esto os ha pillado tan de sorpresa que os sentís completamente descolocados. ¡Pero debéis de saber que todo lo que ha sucedido no es culpa de la gente de los Distritos! Fue culpa del Capitolio — siente como si una especie de fuego interno comenzara a prender fuego a su cuerpo. Siente como ese calor anormal se alivia con las palabras —. El Capitolio nos mataba de hambre; nos trataba como si fuéramos animales. ¿Acaso no hubierais hecho vosotros lo mismo?

Sabe que ha de dejarle a Peeta el turno de palabra, porque se supone que es él quien da discursos reconfortantes. Que a ella no se le da bien eso. Pero, sencillamente, no desea parar.

— Por favor, sólo queremos comprensión. A lo mejor nos veis como dos de las personas que os han arrebatado todo lo que teníais, pero eso no es así. Quizá sí lo es para vosotros, pero no para el resto del mundo. Mirad con los ojos de la gente de los Distritos. Sabemos cómo os sentís; ahora queremos que vosotros sepáis qué sentimos nosotros.

Peeta habla una vez Katniss pronuncia estas palabras. Habla de los cambios que se avecinan, como en el resto de los Distritos. Dice que las pérdidas acabarán subsanándose y que algún día comprenderán que la gente que murió en la batalla no murió en vano.

Pone a sus padres y a sus hermanos por ejemplo y Katniss se sorprende, porque se da cuenta de que apenas han hablado de ellos desde que acabó la guerra. Siente una punzada de pena por Peeta y se siente culpable por no haber reparado en ellos antes. Ella ha pasado horas lamentándose delante del chico por lo de Prim, mientras que él apenas sí parece acordarse de que solía tener una familia antes de la guerra.

Decide que lo abordará pronto para averiguar hasta qué punto llega su pesar por la muerte de su familia. Quizá uno o dos días después de llegar a casa, cuando ya hayan vuelto a su rutina habitual.

Cuando Peeta acaba de hablar algunas personas aplauden, aunque el gesto no acaba siendo demasiado generalizado.

Una vez concluido el discurso, bajan por unas escaleras situadas en la parte de atrás del escenario. En el Capitolio no hay familias de gente a la que han asesinado en los Juegos a las que saludar, así que no esperan demasiado antes de comenzar a caminar hacia su apartamento.

No quedan más Distritos a los que acudir, por fin. Pasarán la noche en el Capitolio y por la mañana regresarán al 12. Ninguno de los dos lo dice, pero ambos se sienten aliviados de que por fin haya terminado todo

Sin embargo, justo cuando están a punto de marchar hacia el apartamento, la visión de un apuesto chico de ojos grises característicos de la Veta los detiene.

Por la forma en la que ha aparecido así, de la nada, Katniss hubiera podido decir que el chico se trata de un fantasma. Pero no lo es.

— Gale — dice con un hilo de voz. No esperaba ver a su amigo allí, y sabe que su sorpresa es evidente para él.

Gale sonríe al ver la expresión de Katniss y le da un abrazo breve, que la chica no acaba de corresponder debido a la impresión.

— Creíamos que estabas ayudando en los Distritos — dice Peeta cuando Gale se separa de de la chica.

Katniss sabe que probablemente está tan o más sorprendido que ella misma. Lo que no parecen compartir es la alegría ante la visita de Gale, aunque es visible que Peeta intenta disimular esto último.

— Decidí que quería veros. No me fue difícil; he trabajado tanto estos meses que accedieron rápidamente a darme unos días de respiro.

— Pensé que no te gustaba este lugar, Gale — la voz de Katniss tiembla y su mirada esquivan los ojos de su amigo.

Sabe que ella misma era la que deseaba hablar y que la situación era inminente. Pero el desear estar frente a Gale para poder conversar con él y el saber qué decir y cómo hacerlo una vez están frente a frente son cosas muy distintas.

— Ven con nosotros al apartamento, entonces. Tenemos uno asignado en un edificio cercano — Peeta trata de sonar tranquilizador. La sorpresa inicial de su expresión ha desaparecido.

Algo le dice a Katniss que el sentimiento que la ha sustituido no tiene connotaciones demasiado positivas. Traga saliva y piensa que probablemente Peeta tampoco está del todo preparado para abordar a Gale.

El camino hacia el apartamento es tenso. Ninguno de los tres habla mucho, y lo que dicen son comentarios sueltos que no invitan a mantener una conversación.

Cuando llegan al edificio en el que se encuentra el piso Katniss suspira. No sabe si sentirse aliviada por el final del incómodo trayecto o nerviosa por la conversación que se avecina y que, sabe, no será agradable para los tres.

En cuanto entran al apartamento Gale se deja caer sobre el sillón dispuesto en la pequeña, pero lujosa, sala de estar. Ninguno de los tres ha visto a Haymitch desde el discurso, así que suponen que estará vagando por alguna calle del Capitolio, quizá junto a uno de los hombres que les han acompañado durante todo su viaje, ayudando a montar y desmontar los escenarios, y con el que su mentor ha hecho las suficientes buenas migas como para salir a tomar un par de tragos con él.

— Esto no le pega demasiado a nadie criado en el Distrito 12 — observa Gale mirando a su alrededor.

— Dentro del Capitolio esté sitio se considera modesto — le contesta Peeta, dudando entre si sentarse al lado del chico en un sillón situado justo al frente del de Gale. Finalmente opta por la segunda opción y Katniss lo imita.

Gale no parece pasar esto por alto. Parece decepcionado, pero no dice nada:

— Sabéis qué he estado haciendo todos este tiempo, pero, ¿y vosotros? ¿Qué habéis hecho estos meses?

— Hemos estado en casa. De vez en cuando ayudamos a la gente del Distrito — responde Peeta.

Durante los siguientes minutos la conversación se desarrolla de forma tensa. Gale habla sobre la situación de los demás Distritos. Los otros dos hacen preguntas, aunque apenas cuentan experiencias propias, porque, a pesar de todo, no les parece bien contar cómo los últimos meses su actividad prácticamente se ha reducido a pasar los días juntos, en casa del uno o del otro o dando paseos por los alrededores de éstas.

— ¿Y tú, Katniss? ¿Sigues cazando? — le pregunta Gale a la chica al cabo de un rato, cuando la narración sobre sus vivencias ya está un tanto manida.

— No mucho, la verdad — lo cierto es que los dos últimos meses sólo ha visitado el bosque en dos o tres ocasiones.

Después la charla se estanca definitivamente y Katniss, deseosa de dejar a los chicos a solas, pues en este rato se ha hecho más que evidente que tienen muchas cosas que decirse y que no están dispuestos a hacerlo frente a ella, se ampara en el cansancio acumulado estos días y marcha a su habitación. Antes de cerrar la puerta, le manda una mirada significativa a Peeta que el chico no sabe muy bien cómo interpretar.

— ¿Crees que es feliz? — le dice Gale al otro chico casi al mismo tiempo que la puerta se cierra.

— Eso creo.

— ¿La haces feliz?

— Lo intento — luego Peeta suspira y mira al chico de ojos grises —. Mira, Gale, creo que tú y yo tenemos que hablar, ¿no es cierto? No lo hacemos desde aquella noche en la tienda, creo…

— Exacto. Y creo que recuerdas lo que te dije, Peeta. ¿Lo haces? — él asiente y Gale exhala, resignado —. Es evidente a quien necesita para sobrevivir — sonríe con tristeza —. Creo que en el fondo siempre lo supe. La forma en la que te miraba… nunca fue la misma que usaba conmigo.

— Tú también eres importante para ella — le replica, aunque no niega sus palabras —. No deberías separarte de Katniss de esa forma. Le haces daño.

— Más daño le haría si me quedara con ella mientras está contigo.

Se quedan en silencio unos minutos, reflexionando. La tensión entre ellos se ha relajado un poco, a pesar de que apenas han dicho nada. Peeta lo nota y piensa que quizá lo único que necesitaban para liberarse de esa tensión era estar a solas aunque ambos digan cosas que ya saben. Quizá el expresar sus ideas en voz alta y saber que tienen puntos en común con los del otro sea lo único que necesitan para que su relación vuelva a ser cordial.

— ¿Vas a hablar con ella, Gale? Creo que si no lo haces volverá a sentirse culpable por haber elegido tan pronto.

— Lo haré hoy, quizá mañana. Aún es por la tarde, al fin y al cabo — calle y dice, mirando al suelo —. Al principio estaba realmente furioso con vosotros, especialmente con ella, pero ya no lo estoy. No me gusta eso de que nos tuviera en vilo tantos meses, esperando a que tomara una decisión… Pero su posición tampoco era fácil. Si hubiera estado en su lugar seguramente hubiera actuado igual.

Peeta mira a Gale y sonríe. Se siente feliz por las palabras del chico y casi le parece lógico que Katniss llegara a plantearse si lo amaba.