Y era increíble como el corazón de Tamaki estaba encadenado al suyo.
Increíble como incluso hecho un desastre, Tamaki era tan brillante que quemaba.
Increíble como con ropas rasgadas y rostro lastimado, en los ojos de Tamaki solo se reflejaba la entera preocupación por él.
Y Mirio aceptaba sus brazos heridos, con manos que se aferraban como un ave herida que intenta en llanto alcanzar por última vez el sol.
Y Mirio lo rodeaba con brazos que sin quirk, decían seguir siendo tan fuertes como la primera vez.
"Eres increíble Mirio… Incluso si fallas, mantienes tu cabeza en alto… Tú definitivamente te volverás un héroe increíble, uno que brille como el sol."
"Sabía desde un principio que alcanzarías la cima, Mirio."
Tamaki jamás alzaría la voz en llanto incluso si su propia habilidad hubiera desaparecido.
Y nada estaba escrito en piedra, absolutamente toda tenia significado.
"Yo siempre doy lo mejor porque tu estas alrededor, Tamaki"
Y sus manos sostenían el rostro que lloraba sobre su pecho.
Un rostro que año tras año se volvía cada vez más preciado, cuyas sonrisas eclipsaban cada una de las suyas, cuyos ojos gritaban cuanto amor sentía por él. Ojos inundados en lágrimas…
Y sus labios buscaban los ajenos.
Un beso con sabor a sangre y sal.
"Lo siento, pero aun sigo en pie"
"Lo siento, por favor ya no llores por mí"
"Lo siento. Estoy aquí"
Y era como pedir a la lluvia que no opacara al cielo.
Mirio sabía mejor que nadie, si hubiera sido Tamaki, Mirio solo habría visto oscuridad.
Y solo quedaba abrazar al ave que no lo dejaba ir. Aferrarse al ave que amaba volar cerca del sol. Amar al ave que derramaba lágrimas de sangre por él…
El ave que asumía su perdida como propia.
El ave que sabía podía seguir volando incluso con alas rotas.
El ave que, entre lluvia, Mirio tampoco podía soltar.
Porque, incluso inconsciente en sus brazos, Tamaki lloraba por él…
