Capítulo 10
El miércoles fue eterno para Sakura. En la mañana, tuvo unas aburridas clases de Administración de la Salud; y luego, en la tarde, tuvo que correr para alcanzar a llegar al colegio donde debía dar una charla sobre la carrera de Kinesiología, como parte de su trabajo como monitora del programa de Orientación Vocacional de su facultad. Debía reconocer que el trabajo era entretenido, pero considerando que durante todo el día no había podido sacarse a Hoshi de la cabeza, sumado a una constante opresión en el pecho que amenazaba con dejarla sin respirar cada 5 minutos, no había podido disfrutarlo en absoluto y, además, su supervisor le había llamado la atención al notarla tan... distraída.
Definitivamente ese no era uno de sus mejores días.
Por eso, se alegró de sobremanera en el momento que sus pies -para esos instantes descalzos, pues se había sacado las zapatillas mientras subía por el ascensor- rozaron el alfombrado piso del recibidor de su departamento. Apenas entró, tiró sus zapatillas y su mochila lo más lejos que le fue posible, mientras caminaba arrastrando los pies en dirección a su habitación, a la vez que se desabotonaba su chaqueta color verde. Simplemente no entendía como iba a hacer para que le alcanzara el tiempo, una vez que su profesor le diese el visto bueno a su anteproyecto y comenzara a realizar su tesis de titulación.
Recorrió aquellas cuatro paredes tan familiares para ella, en busca de sus añoradas pantuflas, las cuales divisó a los pies de su cama. Se las colocó, para salir nuevamente al pasillo y dirigirse a la cocina. Había decidido que cocinaría algo especial para Tomoyo esa noche, para agradecerle lo bien que se había portado con ella el día anterior. También debería compensar a Shaoran de alguna forma, pensó, y al instante percibió como una sensación extraña se apoderaba de la boca de su estómago. Suspiró inconcientemente, mientras se desviaba para colocar algo de música en la radio. Algo indie, para variar.
Se exaltó al oír el repentino ring del teléfono. Se apresuró a contestar y se sorprendió un poco al oír la voz de Tomoyo del otro lado.
-Suponía que te encontraría en casa a esta hora- habló la amatista, en tono alegre, desde el otro lado de la línea.
-¿Dónde estás?- preguntó Sakura, un tanto intrigada.
-En la parasela donde presentaré mi desfile- su voz denotaba pura emoción-. ¿Estás ocupada?, ¿Puedes venir?- agregó a continuación, suplicante. Sakura accedió, no sin antes pedirle indicaciones explícitas de cómo llegar al lugar antes mencionado; puesto que, al ser tan desorientada, era fácil que se perdiera.
Cuando hubo llegado a la dirección que le dictó Tomoyo por teléfono, se maravilló y –a la vez- aterró, con lo asombrosa e imponente que era aquella blanca pasarela. Un largo y angosto sendero, rodeado a ambos lados y en toda su extensión por decenas de focos, que ahora permanecían apagados. Alrededor, cientos de sillas se alineaban inmóviles, a la espera de ser ocupadas.
Caminó por la pasarela, hasta llegar tras vestidores, donde la amatista le dijo que la esperaría. Allí la encontró, rodeada de –al menos- 10 chicas. Parecía estarles dando alguna clase de instrucción. Se acercó dudosa, no sabiendo si era oportuno interrumpir; sin embargo, Tomoyo notó su presencia al instante y se abrió paso entre las jóvenes que la rodeaban, para ir a saludar efusivamente a Sakura.
-Me alegra que llegaras. Estaba dándoles algunas indicaciones a las demás modelos- la castaña asintió y dirigió una mirada de asombro a aquel prometedor grupo de chicas, que en ese instante parloteaban entre ellas. -¿Vamos a buscar tu traje para que te lo pruebes?- continuó la amatista más animosamente, sin dar pie a la estupefacción que mostraba su amiga, - Lo terminé hace un par de horas, ¡te verás divina!- exclamó, aún más entusiasmada que antes.
-¿No necesitas darme indicaciones a mí también?- preguntó Sakura distraídamente, señalándose a sí misma con el dedo índice y sin quitarle los ojos de encima a las modelos.
-¡Qué va!- exclamó Tomoyo, un tanto divertida con la pregunta de su prima. –Tú posees un talento innato para esto. Lo heredaste de tu madre- afirmó, tomando a la chica de la mano y guiándola hacia los camarines. Rebuscó en el largo perchero que estaba a un costado y, finalmente, sacó con mucho cuidado un vestido verde esmeralda de adentro de un forro plástico. Lo observó por un instante y se lo entregó a su amiga. - ¡Serás la representación de la primavera más hermosa que haya existido- sonrió y sus ojos destellaron llenos de anhelo. Sakura rió nerviosamente, a la vez que ingresaba a uno de los vestidores, con el traje en sus manos.
-Tu mamá y Eriol se sentirán muy orgullosos de ti, Tomoyo, ¡todos tus vestidos son preciosos!- exclamó la castaña, al momento de salir con la prenda puesta. Se sobresaltó al encontrarse de frente con la filmadora de la amatista, pero al instante sonrió. Así era Tomoyo.
-Eriol y yo ya no estamos juntos- respondió tranquilamente la joven, luego de pausar la grabación. Sakura abrió los ojos como platos y se sorprendió aún más al encontrarse con el semblante sereno de su amiga. Ni un atisbo de tristeza.
-¿Pero... c-cóm...?- farfulló entrecortadamente la castaña, aún sin salir de su asombro.
-No te conté antes, porque tienes muchas preocupaciones en tu cabeza, Sakura- la aludida intentó protestar, pero se contuvo para dejar a Tomoyo continuar con su relato. -Ayer en la tarde...- comenzó a relatar la pelinegra, guiando a su prima hacia un par de sillas frente a uno de los tantos tocadores que había allí. -... nos juntamos a conversar un tema que hace tiempo nos traía inquietos a ambos-. Tomoyo hizo una pausa y observó a Sakura, quien movía su cabeza en gesto de asentimiento. –Nos queremos mucho, de eso no hay duda, pero los dos sabemos perfectamente que no es la clase de amor que sientes por la persona de la cuál estás enamorada-. La castaña separó los labios para decir algo, pero la amatista continuó –Además, Eriol y yo estamos plenamente concientes de que amamos a alguien más-. Una dulce sonrisa se formó en sus labios, pero se borró instantáneamente al notar las lágrimas que inundaban los ojos verdes que la observaban. –Sakura, ¿por qué lloras?- exclamó en tono preocupado.
-No lo sé...- susurró la chica, secándose las lágrimas con las manos -... no me hagas caso... e-es que no me lo esperaba- la castaña trató de sonreírle a su prima. –Si tú eres feliz, yo debería estar feliz por ti, Tomoyo-.
La pelinegra se abalanzó y abrazó a su amiga, dulcemente.
-Tranquila, las cosas seguirán casi iguales- la consoló, mientras volvían a distanciarse.
Dada por terminada aquella conversación, Tomoyo le mostró a Sakura cada una de las locaciones, explicándole dónde se llevaría a cabo cada cosa, la noche del desfile. Finalmente, recorrieron juntas la larga pasarela, para darle una idea a la castaña de lo que sería desfilar, llegado el gran día.
Volvieron a los camarines, para que Sakura se quitara el vestido y luego acordaron que cenarían juntas.
-¡Estaré dichosa de comer algo preparado por ti, Sakura!- estalló Tomoyo, en el tono más chillón que había empleado ese día, al enterarse que la castaña quería cocinarle algo especial en agradecimiento.
Las amigas se despidieron justo en el instante en el que una mujer alta y esbelta -de unos 50 y tantos- llegaba al lugar, acompañada de una robusta carpeta, de la cual asomaban una serie de papeles de distintos colores. Tomoyo, al verla, se dirigió rápidamente hacia ella y le ayudó a cargar con la carpeta, entre otras cosas, hasta el mesón más cercano.
Seguramente está ayudando a Tomoyo con los detalles el desfile, pensó Sakura mientras se dirigía a la salida.
Cuando la castaña volvió al departamento, puso todo su empeño en cocinar el mejor plato de pasta que hubiese hecho jamás. No era lo que mejor se le daba, pero era una de las comidas favoritas de su prima, por lo que tenía que esforzarse. Sonrió para sus adentros, pensando en que Tomoyo comería incluso un arroz quemado, si sabía que lo había preparado ella.
Para cuando la amatista llegó, ya estaba completamente oscuro. Sin embargo, la noche estaba completamente despejada, por lo que la luna menguante y las estrellas iluminaban las calles para aquellos transeúntes que aún circulaban por ellas.
Durante la cena, las chicas platicaron de cosas triviales, nada de importancia. La pelinegra se veía contenta y Sakura se alegraba por eso. De pronto, recordó algo que le mencionó su amiga, durante la conversación que sostuvieron esa tarde. ¡Cómo lo había podido pasar por alto!
-Ahora que me acuerdo...- cambiando rotundamente el tono de su voz, la castaña observó a Tomoyo con mirada inquisidora, -... en la tarde mencionaste que tanto tú como Eriol amaban a alguien más- afirmó Sakura, sosteniendo los ojos fijos en su amiga, quien comenzaba a dibujar una sonrisa pícara en sus labios. -¿De quién se trata?, ¿te corresponde?, ¿lo conozco?- bombardeó la chica, sin poder aguantar más.
Su prima soltó una risita disimulada, antes de contestar. –Todo a su tiempo, Sakura... ya lo sabrás-. Le volvió a sonreír, esta vez dulcemente, y luego se apresuró a levantar los platos sucios de la mesa para dirigirse con ellos a la cocina.
Sakura resopló resignada. Se temía aquella respuesta. Su amiga se caracterizaba por ser extremadamente discreta en ese tipo de asuntos. Le sería imposible averiguar la identidad del susodicho, sí, pero lo intentaría de todas formas.
Primero que nada... ¡hola a todos!
Este tiempo ha sido de locos... como les comenté en el capítulo anterior, comencé a trabajar part-time porque tenía mucho tiempo libre... el problema es que ahora no tengo NADA de tiempo libre :( ... bueno sí, tengo un poco, pero entre las cosas de la facultad, la familia, los amigos... y que me gusta mirar el techo de vez en cuando... me ha quedado muy poco tiempo para poder escribir... y sí, Ley de Murphy, este capítulo lo tenía listo desde hace como un mes... pero se me perdió el cuaderno donde tenía el borrador jaja... después de buscar por toooda mi pieza, me rendí... y al final, apareció hace un par de días, botado detrás de mi librero (como se nota que no lo muevo ni para limpiar XD)
En fin... pasando al capítulo...
Espero que a los que le gusta la pareja Tomoyo x Eriol no estén muy enfadados conmigo (la verdad es que me agrada bastante esta pareja... pero no es mi favorita, así que "caput!" :P), de todas formas se vienen sorpresas dentro de los próximos capítulos... sí, todos se enterarán de quién es el personaje misterioso del cual Tomoyo está enamorada (¿le corresponderá?)... ¿adivinan quién es?... ojo, que Sakura cree que es hombre, pero Tomoyo aún no ha dicho nada al respecto!... chan chan!
La verdad es que nuestro amadísimo Shaoran no asomó ni las narices en este capítulo... pero tranquilos, que ya se viene!
Me despido, no sin antes agradecer a todos aquellos que agregaron "El Café" a sus historias favoritas y sus alertas... y, en especial, a moonlight-Li que se animó a dejar un review :)
¡Hasta el próximo capítulo!
TaKaA
