Notas: Mañana tengo una actuación de baile que mi grupo y yo llevamos preparando desde hace unos meses por eso he estado un poco ocupada y las actualizaciones han sido discontinuadas, aparte de un par de cosas más como sesiones de fotos, grabaciones de videoclips y demás frikadas nuestras. Debí haber actualizado ayer, en principio quiero hacerlo cada viernes, pero me fue imposible y lo mismo pasó esta mañana pero ahora tengo un rato antes de irme a dormir así que aquí está el siguiente capítulo. Mi otro fanfic (Say Cheese!) lo actualizaré durante la semana que viene con uno de los especiales. Gracias a todos por leerme, comentar y por estar ahí. Cada comentario se agradece.

Capítulo 10.

Caminando lentamente alrededor de la cama, casi flotando, casi sin dar signos de su propia existencia con sus gestos etéreos, el ángel miraba con media sonrisa y un aire triste en los ojos al humano bajo su cargo. Mientras tanto hablaba con voz queda en un idioma que sólo ellos eran capaces de entender.

-...sigue durmiendo.- dijo suspirando después. La luz aún no había llegado hasta aquella parte del mundo dejando en tinieblas a los presentes en aquella habitación.-Crowley estaba con él y aunque me duela decirlo Dean tenía razón, Samuel parecía disfrutar arrancando la vida de aquel humano.- el silencio llenó de nuevo la sala hasta que el ángel volvió a hablar.- Es muy probable, estoy investigándolo... todo parece indicar que ella también está implicada y me atrevería a decir que alguien más... sí, creo que es él... tengo que llamar a Ruby, ella está investigando dónde entrena a sus gladiadores, me dijo que hoy tendría noticias. De acuerdo.- El humano se movió en la cama haciendo que el ángel se acercase a él.- ¿Lo has encontrado?- la sonrisa en su cara se volvió más amplia.- Sí, por la mañana. Muy bien. Gracias Señor. Adiós.- Castiel colgó el móvil y lo dejó sobre la mesita de noche, volviendo de nuevo al lado de su humano, sentándose primero en la cama, contemplándole, siguiendo con sus ojos el movimiento rítmico de su pecho mientras inhalaba y exhalaba aire. Se tumbó junto a él y se cubrió con las sábanas abrazando a Dean con suavidad, cerrando los ojos para hacer que el sueño viniera de nuevo a él.


-Uh, ese corte es bastante feo.- el demonio entró en la sala, erguido, con paso seguro y decidido.

-Tsk... los he tenido peores. Debí tener más cuidado al darle aquel cabezazo...-

-Supongo que le abriste la cabeza.- la voz de aquel ser era juguetona, llena de maldad y con la misma curiosidad de un niño que tiene el mundo entero por descubrir.

-Supones bien.- Sam se levantó del sofá y estrechó la mano del demonio.- Dichosos los ojos.- dijo mientras sonreía con familiaridad.- Hacía casi una semana que no te veía.-

-Estaba en un viaje de placer, comprando más esclavos.-

-¿Concubinas?- el demonio rió

-Algo así. ¿Y Crowley?-

-Viendo a la jefa.- Sam se sentó de nuevo en el sofá y palmeó el sitio junto a él para que el otro hombre le hiciese compañía.- ¿Quieres tomar algo?- Sam dio un par de palmadas cuando el demonio hubo ocupado su sitio.

-Vino, un Cabernet Sauvignon no estaría mal.- Alastair sonrió al ver a un joven muchacho con ropas de esclavo entrar en la sala con la cabeza gacha.

-Tráenos el mejor Cabernet Sauvignon que tengamos.- dijo Sam con autoridad. El muchacho, mucho más joven que él, agachó la cabeza asintiendo y salió de la sala raudo.- Lo siento mucho, si vienes buscándole creo que tendrás que venir otro día, me dijo que hoy seguramente dormiría fuera.-

-No importa, merece la pena venir siempre que tenga oportunidad de disfrutar de la vista.- dijo mirando a Sam con lujuria en los ojos, el joven esclavo entró de nuevo en la sala y sirvió el vino a ambos hombres.

-Ni en un millón de años Alastair.- dijo Sam sonriendo, conociendo la fama del demonio y sabiendo que nunca intentaría algo con él si apreciaba su existencia mínimamente.

-Tengo toda la eternidad Sam.- el demonio dio un pequeño sorbo a la copa que el esclavo le había dado y miró el contenido con fascinación.- No te preocupes... ya le he echado el ojo a alguien. Además no quiero ganarme vuestra enemistad.- el esclavo salió después de recibir la orden de Sam y ambos se quedaron de nuevo solos en la sala.

-No está bien morder la mano que te da de comer, ¿verdad?- Sam bebió de un solo trago el vino de su copa y la dejó descansando sobre la mesa frente a ellos.

-¿Que tal están yendo tus entrenamientos? ¿Muchos progresos?-

-Algunos.- Sam sonrió con malicia y se quedó mirando fijamente la copa que acababa de dejar sobre la mesa.- Mira.- la copa se movió, deslizándose con soltura de un extremo de la mesa al otro.

-No está mal.-

-¿No está mal?- Sam sonaba entre ofendido y divertido.- Quizás te guste más esto.- el muchacho alzó una de sus manos justo a la altura del pecho del demonio y comenzó a cerrar el puño lentamente. Alastair le miraba sin comprender que estaba haciendo hasta que un dolor en el pecho le comenzó a nublar la vista. Los dedos del humano se cerraban cada vez más y el demonio comenzaba a sentirse asfixiado.- ¿Qué tal?- Sam dejó caer su mano de golpe devolviéndole el aire al demonio.- Sólo una pequeña muestra, no querría causarte ningún mal.- Alastair se recolocó la corbata, aflojándola para poder respirar mejor.

-Vaya...- dijo algo ahogado todavía.- Vaya...- repitió sonriendo.


-Buenos días.- dijo el ángel sonriendo cuando vio los ojos del humano abrirse lentamente aún soñolientos. Castiel abrazó más a Dean mientras este se restregaba los ojos intentando despegar el sueño de todo su ser.

-Hey...- el hombre volvió a cerrar los ojos y acercó su cabeza hasta el pecho de su amo, escondiéndose allí de los rayos de sol que comenzaban a entrar por la ventana.

-Tengo una sorpresa para ti.- susurró en su oído.

-¿Una sorpresa? ¿Tiene que ser tan temprano?- Dean se hundió más en el cuerpo del ángel, dejando que aquel calor extraño le envolviese.

-Si no lo quieres puedo devolverlo...-

-Odio que me hagan regalos...- la mano del humano comenzó a acariciar el costado de Castiel.

-No es exactamente un regalo es devolverte algo que te habían quitado...- la cabeza de Dean se alzó para mirar al ángel a los ojos.

-¿Qué es?- Cas le sonrió.

-Tendrás que levantarte y ducharte antes si quieres saberlo.- en menos de diez minutos el esclavo estaba de nuevo frente a Castiel, aseado y vestido, esperando recibir su sorpresa.

-¿Y bien?- Castiel le tomó del brazo y le llevó hasta la calle, al salir el humano se quedó con el gesto petrificado, la boca entreabierta y la mirada fija en el coche que había aparcado frente a la casa.

-¿Es...?-

-Vuestro coche.- Dean no apartó la vista del vehículo ni un segundo, acercándose a él con miedo, lentamente. Cuando estuvo lo suficientemente cerca alargó la mano para tocarlo pero detuvo su movimiento, cerrando el puño, antes de poder rozar la fría y vivida carrocería del Impala. Se giró mirando con dolor en los ojos al ángel y entreabrió la boca para hablar pero cuando había reunido las fuerzas para hacerlo el sonido de un móvil interrumpió su acción.

-¿Sí?- Castiel contestó al teléfono sin apartar la vista del humano.- ¿Lo tienes? Será mejor que lo hablemos en persona. Vale, nos vemos allí en quince minutos.- El ángel colgó y metió el móvil del nuevo en el bolsillo de su pantalón.- Lo siento Dean tengo que irme.-

-Tenemos.- dijo con aplomo. Castiel le miró durante un minuto y finalmente suspiró.

-Esta bien, no merece la pena discutir contigo, pero no te separes...-

-Ya lo sé Cas.-

-Vamos a encontrarnos con Ruby en otro sitio así que...-

-Tendré cuidado.-

-Y luego hablaremos del coche.-

Dean creía haberlo visto todo en cuanto a decadencia, perversión e iniquidad se refería después de haber visitado el primer local de Ruby y Meg, aquel sitio clandestino lleno siempre de cuerpos desnudos vacíos de alma por voluntad de otros, pero quizás se había equivocado, quizás le quedaba mucho por ver todavía. Ahora estaba sentado dentro de lo que parecía ser un despacho normal y corriente pero el camino que siguió hasta llegar allí le heló la sangre. El edificio no parecía más que un local de oficinas pero nada más cruzar la puerta Dean pudo sentir que nada allí era lo que parecía. Caminaron por un pasillo oscuro que poco a poco fue llenándose de una luz rojiza, Dean no entendía la fijación con aquel color. Cuando la luz hizo posible ver con claridad, el pasillo se fue ensanchando y a cada lado una especie de escaparates se abrían, frente a ellos sillones llenos de gente o al menos criaturas con forma humana, tocándose sin pudor alguno, al otro lado de la vitrina, detrás del cristal, cuerpos desnudos practicando sexo de formas que Dean prefería desconocer, con criaturas que el humano hubiese querido cazar, al primer vistazo bajó la vista ante la nausea que le produjo aquella visión, el sonido de los gritos de dolor que salían de aquellas salas le desgarraban por dentro y se aferró sin pensarlo al brazo del ángel, sintiendo alivio cuando este le tomó de la mano y entrelazó sus dedos con ternura. Guiado por la mano del ángel cerró los ojos e intentó olvidar el ruido de huesos rompiéndose y carne desgarrándose, apretó la mano de Castiel y se preguntó como aquel ser que el creía tan puro podía caminar entre tanta desgracia sin derramar una sola lágrima, sin mover un sólo dedo. Por alguna razón el ángel pareció comprender los pensamientos de su esclavo porque susurrando le habló con delicadeza y con una ternura totalmente ajena a aquel momento y lugar.

-Aún no es el momento Dean.- el humano no terminó de entender sus palabras pero de alguna forma le reconfortaron igualmente.

Sentado dentro del despacho parecía estar en un universo distinto, no escuchaba ni un sólo suspiro más allá de la puerta, seguramente las chicas se habían encargado de silenciar aquella sala por el bien de su estabilidad mental, aunque siendo demonios Dean dudaba que aquel fuera el motivo.

-...está en el piso superior del edificio, nadie puede entrar allí...- Dean volvió de nuevo al mundo real y a la explicación que Ruby estaba haciendo sobre dónde podía estar su hermano.- ...si de verdad queréis entrar va a ser difícil, creo que está blindado contra ángeles.-

-Quizás debamos vigilar el edificio y esperar a que salgan de él.- el ángel miraba preocupado a Dean quien tenía la vista fija en la nada.

-No podemos tirarnos encima de Crowley a la mínima, ha comprado a Sam legítimamente y no tenemos pruebas que demuestren su relación con las peleas clandestinas.-

-Lo hemos visto con nuestros ojos, ¿no es suficiente?- dijo el humano enfadado aún con la mirada perdida.

-No Dean, no es suficiente...- Castiel se acercó al humano y puso una mano sobre su hombro con delicadeza, de la misma forma que sus palabras abandonaban sus labios.

-Pues entonces simplemente entramos allí y sacamos a Sam matando tantos demonios como podamos.- dijo con convencimiento. El ángel abrió la boca para hablar pero el humano intervino de nuevo antes de que las palabras se formasen.- Yo si puedo entrar.-

-Meg y yo también Cas, podemos ayudarle a...-

-No.- dijo suavemente pero de forma tajante.- No voy a dejarle sólo en un nido de demonios.- miró al humano de forma que éste entendió que la discusión había acabado, tuvo que morderse la lengua para no replicar a gritos.- Investigaremos el edificio, cuándo salen, cuándo entran, cuántos esclavos hay, cuántos demonios, todo. Y cuando todo esté controlado pensaremos en un plan. ¿De acuerdo?-

-Como quieras...- dijo Dean desganado.

-¿Ruby?-

-Me apunto, siempre que sea joder a Crowley me parece bien.- dijo sonriendo con picardía.

-Esta noche empezaremos la vigilancia.-

Cuando salieron de allí a Castiel le pareció conveniente dar un paseo por la ciudad para alejar a Dean de toda aquella depravación contenida en un espacio tan reducido, y quizás también para hacerle olvidar que en unas horas estarían frente al edificio en el que posiblemente estaría su hermano. No sirvió de nada porque el humano caminaba mohíno al lado del ángel, con la cabeza más gacha que de costumbre y una tensión en los hombros que era evidente para cualquiera. Finalmente se sentaron en un banco del parque al que habían ido a parar, estaba vacío, no había niños usando los columpios o padres corriendo tras la pelota que su hijo había lanzado demasiado lejos y se había negado a recoger. Dean supuso que aquellas escenas no volverían a repetirse jamás.

-¿Que te pasa Dean?- preguntó con delicadeza el ángel.

-¿Tú que crees?- Castiel le miró desorientado.

-No estoy demasiado familiarizado con las emociones humanas Dean...-

-Eso es evidente.- dijo enfadado levantándose de golpe del asiento, la mano del ángel le retuvo por el brazo y le obligó a sentarse de nuevo.

-Dean...-

-Estoy cansado Cas, eso es todo...-

-No Dean... ya sé lo que opinas sobre los locales de Meg y lo entiendo, no hablo de eso.-

-¿Entonces de qué hablas?-

-Cuando has visto el coche...-

-Eso...-

-Sí eso.- Dean le miró con tristeza.

-No puedes esperar traer el coche en el que he pasado toda mi vida viajando junto con mi padre y mi hermano y que me ponga a dar saltos de alegría.-

-¿Porqué no?- la cara del ángel mostraba tal inocencia que Dean tuvo que desviar la mirada.

-Porque cada vez que mire el Impala recordaré que nunca más podré volver a subir a aquel coche y pelearme con Sam por sentarnos delante o escuchar el claxon de la única forma que papá sabía hacerlo sonar o sentarnos los tres sobre el capó a beber una cerveza mientras en el coche sonaba algún grupo de música de cuando nuestros padres eran jóvenes... Voy a recordar todo eso y no quiero.-

-Oh...- Dean sintió ganas de golpear al ángel hasta que habló de nuevo.- Supongo que no lo había visto de esa forma. Pensaba que tener el coche te recordaría los buenos momentos no que te recordaría todo lo que ya no puedes hacer... Lo siento.-

-No importa Cas...- el humano sintió su ira abandonarle al mirar a su amo con la cabeza gacha y los ojos más tristes que de costumbre.- Tu intención ha sido buena... Vámonos a casa.- el humano se levantó y tomó la mano del ángel instándole a abandonar el asiento. Castiel se acercó al esclavo y le tocó la frente con más delicadeza de la que era necesaria.


-¿Puedes dejar de dar vueltas por favor?-Chuck estaba sentado en el sofá observando como el humano caminaba de un lado a otro de la sala.- Sólo llevo diez minutos aquí y ya me estás mareando.-

-Déjale Chuck. Está nervioso.- Castiel recogió los papeles que había sobre la mesa y los metió dentro de una carpeta.

-¿Es su hermano?-

-Sí.- Castiel se acercó a su secretario y le entregó la carpeta.- Esta noche vamos a vigilar uno de los edificios de Crowley.-

-Ya veo... ¿Necesitáis ayuda?- Chuck se levantó del sofá con los documentos en la mano.

-No Chuck gracias.- Dean seguía caminando nervioso, ignorando a ambos ángeles y su conversación.- Porqué no recoges esos libros y los llevas a la biblioteca Dean.- propuso el ángel, señalando los pesados tomos que Dean había estado leyendo minutos antes y que había abandonado sin poder relajar sus nervios. El ángel fue totalmente ignorado y dejó escapar un suspiro de desesperación.- Dean.-

-Déjalo Castiel, voy a llevar esto a la oficina y nos vemos mañana. Que tengáis suerte y si necesitáis mi ayuda, ya sabes.- Castiel asintió y vio como su secretario desaparecía ante sus ojos sin inmutarse.

-¿Podemos largarnos ya?-dijo el humano irritado.

-Sí Dean, podemos irnos.-

-Genial, cogemos mi coche.- el ángel le miró extrañado.- ¿Esperas sentarte en el suelo frente a la puerta del edificio y no parecer sospechoso? Mejor que tengamos desde donde vigilar.-

-Cierto.-

-Vamos.- Dean cogió una bolsa que tenía sobre el diván y caminó hasta la salida.- Mueve tu culo emplumado Cas.- dijo saliendo de la casa y caminando hasta estar frente a la puerta de su viejo Impala, rozando con delicadeza las curvas de su carrocería.

-Llevamos tres horas encerrados en el coche y no ha pasado nada desde hace más de una hora, porqué no salimos a mirar y...-

-No.-

-Nadie va a salir a estas horas. Sólo acercarnos a mirar a la puerta...-

-No.- Los dos hombres estaban sentados dentro del coche, aparcados en la acera contraria frente al edificio dónde ahora mismo el hermano de Dean podía estar. En una de las calles laterales Meg y Ruby vigilaban también el edificio, comunicando por teléfono cualquier novedad.

-Cas... esto es muy aburrido.-

-No es cuestión de divertirse Dean.-

-Lo sé...- el humano jugueteaba con el volante distraídamente y dejó escapar un suspiro.- Pero podríamos hacer algo para hacer la espera más amena.-

-¿Tienes hambre? Quizás con la boca llena te calles un rato...- dijo el ángel con una sonrisa en los labios.

-Cállate...- Dean también sonrió y desvió su mirada del volante para fijarla en el ángel.- Tengo una idea.- dijo mientras el gesto de su cara tomaba un cariz malicioso.-Ven.- dijo mientras se metía entre los asientos y se movía hacía la parte trasera del coche. El ángel le miró algo extrañado pero en milésimas de segundo se materializó en la parte de atrás. Dean le agarró de la camisa cuando estuvo a su alcance y le lanzó sobre los asientos, tumbándole a lo largo y sentándose sobre él, entre sus piernas.

-¿Dean qué...?- las manos del humano subieron por el vientre de Castiel apretando sus dedos contra aquel cuerpo inocente.- No es un buen momento para esto Dean.- el ángel sintió como su respiración empezaba a acelerarse y paró las manos del humano agarrándole por las muñecas.

-Cinco minutos Cas...- Dean tumbó todo su cuerpo sobre el del otro hombre y mordisqueó la piel de su cuello.- Tú lo has dicho... - la lengua de Dean lamió sin pudor el mentón del ángel hasta llegar a la comisura de sus labios.- ... si tengo la boca llena quizás me calle un rato...- y besó la boca de Castiel sin esperar a que éste volviese a repetir que no era el momento y que debían estar vigilando la puerta del edificio. Las manos del esclavo bajaron de nuevo hasta el estómago de su amo, tirando de la tela de la camisa y sacándola de dentro de sus pantalones.- Mmm Cas...- Dean envistió contra la pelvis del ángel, moviéndose con fuerza entre sus piernas y haciendo que éste dejase escapar un gemido contra sus labios. Las manos de Castiel buscaron inconscientes las trabillas del pantalón de Dean y sus dedos se introdujeron en ellas.- ¿Sabes lo bueno de llevar esta ropa oscura en vez de la blanca de esclavo?- preguntó Dean al ángel de forma casual.

-No...- dijo Castiel sin entender a que venía esa pregunta. Una de las manos del humano buscó en su espalda la del ángel y la soltó de su pantalón.

-Que puedo ir sin calzoncillos y nadie se va a dar cuenta.- dijo mientras acercaba la mano de Castiel hasta su entrepierna y rozaba su propio miembro semierecto.

-Yo lo estoy notando...- susurró el ángel mientras la lengua del humano rozaba su labio inferior.

-Quizás ahora lo notes más.- Dean guió aquella mano hasta la parte superior de su pantalón y la introdujo dentro.

-Dean no...-

-Vamos Cas... cinco minutos...- sacó la mano de su pantalón y la devolvió de nuevo a su espalda, el ángel la bajó hasta su culo y apretó sus cuerpos hasta estar demasiado cerca para ser cómodo, pero a ninguno de los dos pareció importarle. Dean besó de nuevo a Castiel, devorándole sin contenciones, jugueteando con su lengua a las puertas de aquella boca, esperando que el ángel le permitiese el paso.- Cas…- susurró justo antes de que Castiel partiese sus labios y se apoderase totalmente de su boca. La mano de Dean desabrochaba con habilidad la camisa del ángel arañando con la punta de sus dedos la piel de su torso, haciendo que su vello se erizase. Cuando su lengua hubo probado aquella boca lo suficiente se separó un poco, siguiendo con el movimiento de sus caderas, ayudado por las manos del ángel en sus nalgas. Dean acercó uno de sus dedos hasta los labios del ángel y este, instintivamente, sacó la lengua en su busca, el humano sonrió y comenzó a besar el cuello de Castiel mientras introducía el dedo en su boca. Su otra mano desabrochaba de forma dolorosamente lenta el cinturón del ángel mientras este apretaba sus manos con fuerza contra las nalgas de Dean. El dedo del humano abandonó aquellos labios y Dean lo lamió al tiempo que los ojos de Cas seguían el movimiento de aquella lengua, haciendo que algo dentro de sus pantalones diese un respingo. Los dientes acariciaban la carne de aquel dígito que Dean introducía en su propia boca una y otra vez, paladeando el sabor del ángel en su piel y mirando con lujuria como las mejillas de su amo se tornaban de un carmesí subido y la temperatura de su rostro aumentaba un par de grados. De pronto el esclavo se acercó a la boca de Castiel y abandonó su dedo haciéndolo bajar lentamente por el cuello del ángel, Dean besó a su dueño quien sintió un excitante sabor metálico en la lengua del humano. El dedo del esclavo encontró uno de los pezones de Cas y jugueteó con él haciéndole gemir con placer. El movimiento de las caderas de Dean era cada vez más violento y su boca imitaba esa agresividad que al ángel le estaba volviendo loco, los dedos del hombre seguían dibujando patrones absurdos en su pecho cuando por fin conseguía deshacerse del cinturón del ángel y lo lanzaba al asiento delantero. El humano dejó de besar al ángel y lamió su camino hasta su pecho, besándole tiernamente a cada centímetro que avanzaba.- Cas... - susurró contra su piel y su aliento acarició aquel cuerpo cálido. Los ojos de Castiel permanecían cerrados intentando disfrutar al máximo cada sensación que el otro hombre provocaba en su cuerpo, aquella boca lasciva mordisqueando su clavícula, esos dedos acariciando su pecho, haciendo círculos sin sentido en su blanca piel, la fricción en su entrepierna y el miembro del humano apretado contra su propia erección. Castiel sintió como Dean sonreía contra su pecho y sus pestañas acariciaron su piel mientras seguía bajando por su tórax hasta llegar a su ombligo. Aquellas manos se aferraron a su costado y también fueron descendiendo al mismo tiempo que bajaban la tela del pantalón. El ángel respiraba a pequeños sorbos, con rapidez e intensidad y sentía los labios de Dean abandonar su vientre y los dedos expertos desabrocharon el botón de su pantalón, Cas echaba de menos la presión que el cuerpo de Dean ejercía entre sus piernas pero pensó que merecería la pena separarse de él un momento si eso suponía liberarse de la tela que impedía la libertad de su miembro. Desde que el humano puso sus labios sobre él Castiel olvidó totalmente que su atención debía permanecer en el edificio frente a ellos, seguramente se arrepentiría por ello después pero en aquel momento sólo podía imaginar como sería que aquellos dedos aferrasen su miembro con fuerza, sabía que aquel no era un pensamiento digno de un ángel pero lo que Dean provocaba en él era tan humano que le daba miedo sentirlo pero sobretodo perderlo.

Castiel escuchó un "click" y el aire frío de la calle le acarició el torso desnudo, abrió los ojos algo confuso preguntándose de donde venía de repente aquella corriente.

-Lo siento Castiel...- el ángel intentó moverse cuando vio que el humano había abierto la puerta trasera del coche y salía de allí. Sintió una presión en el pecho y tan sólo pudo mover la cabeza un par de centímetros. Intentó mover sus dedos y lo consiguió mientras le recorría un hormigueo por ellos, pero no pudo más que cerrarlos en un puño y volver a abrirlos.- Se pasará en un rato, sólo necesito entrar.- Dean se dirigió al maletero del coche y sacó la bolsa negra que había llevado consigo. Castiel se fijó en el extraño tono rojizo que podía vislumbrar en su pecho y fijó la vista en él, contemplando el signo que había marcado en sangre sobre su propia piel.

-¡Dean!- gritó el ángel sintiendo arder sus cuerdas vocales, haciendo que el dueño del nombre se asomase por la puerta y se acercase hasta su cara.- ¿Qué es esto?-

-Es sólo un sello... algo que he aprendido en esos libros que me haces leer...- dijo sonriendo y besando con pasión la boca del ángel que respondió sin oposición alguna.- Volveré enseguida.-

-No Dean...- El humano salió de allí y cerró la puerta tras él amortiguando un poco los gritos que el ángel profería, quizás hubiese sido buena idea haber usado cinta aislante para evitar sus gritos, por suerte cuando estuvo dos metros más allá del Impala comprobó aliviado que Castiel había dejado de gritar, al menos se había dado cuenta de que aquello sólo iba a atraer más la atención sobre el humano.

Dean caminó seguro hasta la puerta del edificio y sacó el cuchillo de Ruby de dentro de la bolsa de deporte que llevaba, guardándolo en sus pantalones, junto con el cuchillo sacó un pasamontañas negro y una recortada ya cargada, una vez frente a la puerta del edificio se puso el pasamontañas y sonrió antes de cruzar el umbral de aquella puerta.

CONTINUARÁ…