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III

El primer beso

Las semanas pasaron con una rapidez extraña, las pesadillas habían cesado, pero el vació de la ausencia de mis padres no desaparecía, y con cada día que pasaba, en mi corazón, se anidaba un agujero. Cada vez me volvía más solitaria y retraída, no conversaba con nadie, a menos que se dirigieran directamente a mí. James y los chicos ya ni se juntaban con nosotras y sólo los veíamos en las clases y antes de dormir, pero después de eso parecía que la tierra se los tragaba. Por otro lado, yo extrañaba la compañía de James, pero no lo comentaba con nadie.

Mi vida era silenciosa y las chicas ya, acostumbradas a mi silencio, no me preguntaban tanto ni se preocupaban de mis mutismos.

Los mese fríos llegaron azotando a los estudiantes con sus fuertes vientos. Quedaba alrededor un mes para la navidad, cuando caminaba por los pasillos buscando algún lugar donde poder estar sola y escribir algo; caminé por unos treinta minutos, hasta que di con una sala que no se usaba. Entré en silencio a ella, pensando que estaba sola y que nadie estaba en ella… pero me equivoque.

--Lumus –murmuré para que de mi varita saliera una pequeña luz. Nunca pensé encontrarme con una escena de ese tipo: Al final de la sala se encontraba James con una chica y se estaban besando. De la impresión se me cayó la varita, traté de huir de ahí, pero cuando iba a salir choqué de frente con Sirius, Remus y Peter.

--¿Qué haces aquí? –me preguntó con suspicacia Sirius

--Yo…yo –tartamudeé nerviosa, en eso por la puerta apareció James preguntando:

--¿Qué sucede chic… - pero no logró terminar al ver que me encontraba ahí. Con la cara roja de vergüenza se apresuró a preguntarme. – ¿Qué… qué haces aquí?

--¿Sucede algo? –preguntó la chica que estaba con James, cuando vi quién era me di cuenta que pertenecía a tercer año

--Nada Janees –dijo Sirius –es solo que Perazzy se sentía mal y la llevábamos a la enfermería… ¿cierto Perazzy? –agregó mirándome.

Yo aún estaba congelada, no sabía que responder, y me encontraba pálida, así que opte por lo sano.

--Si, así es… -contesté un poco ida.

--Si, te ves mal –dijo Janees al ver mi palidez.

--¿Te acompaño? –preguntó James preocupado por mi estado.

--No te preocupes, nosotros nos encargamos de todo –le tranquilizó Remus con tono amable – ¿vamos a la enfermería entonces? –dijo dirigiéndose a Peter, Sirius y a mí.

--Si –contestaron Peter y Sirius. Yo, por otro lado, estaba con la lengua pegada al paladar.

Cuando doblamos y ya estando lejos de James y la chica, Sirius me miró con mala leche y con el seño fruncido dijo:

--¡¿En qué estabas pensando?!

Yo lo miré sin entender, pestañeé rápidamente tratando de encontrar alguna respuesta, pero no daba con ninguna, así que preferí no decir nada. Remus vio mi aturdimiento.

--Vamos, Sirius, no le grites –le regañó.

--¡¿Cómo quieres que no le grite?! –volvió a gritar esta vez más alto, Sirius.

Yo lo miraba atontada. ¿Era esto una broma? me preguntaba a cada segundo, veía cómo Remus y Sirius discutían a lo lejos, pero ya no aguantaba más así que explote… pero no en lágrimas, sino que en carcajadas. Me reía de forma ruidosa, los chicos dejaron de discutir y me miraron un poco extrañados por mi reacción, pero luego de unos segundos se unieron a mí.

--Saben, nunca me imagine a James en faceta de galán… –dije para después tomar de mi jugo. Ya no estábamos en los pasillo, si no que nos encontrábamos en la cocina comiendo algo.

--Y no lo has visto coqueteando –dijo Remus y luego, agregó con una sonrisa. –eso es aun más cómico.

--Me lo imagino, lo que no entiendo es ¿Por qué se alejaron de nosotras? –pregunté con decepción.

--Porque las chicas no querían nada con chicos "comprometidos" –dijo Sirius enfatizando la última palabra

--¿Comprometidos? –pregunté sin entender.

--Si –afirmó Sirius

--Lo que quiere decir es que las demás chicas pensaban que ustedes eran nuestras novias y no se acercaban –explicó Remus dejando de lado su pastel de chocolate.

--Aaah... será… -dije con despreocupación. –es mejor que regrese a la sala común. Lily debe estar esperándome para hacer la tarea… adiós, chicos

Corrí los más rápido que mis pies daban; lo único que quería era llegar a la sala común y contarles a las chicas lo que había visto, pero cuando estaba llegando recordé que había dejado caer mi varita en la sala donde estaba James y la chica besándose, así que cambié mi curso y me fui corriendo a la sala, una vez ahí abrí la puerta con cuidado, miré por si había alguien, pero no, esta vez estaba vacía. Entré y busqué mi varita, la encontré después de buscar un par de minutos. Cuando iba a salir escuché voces, así que preferí no salir, ya que podían ser los prefectos y ya eran más de las nueve, y si me pillaban me quitarían puntos o me castigarían. Las voces cesaron, así que tomé el pomo de la puerta para huir de ahí, pero choqué de frente con otra persona.

"Mierda" escuché exclamar a la persona.

--¡Aush! –me quejé por el golpe que me había dado con aquella persona, que por su voz, supe que era un chico. —Disculpa no fue mi intención –me disculpé

--No te preocupes, también tengo culpa por entrar de esa forma –se disculpo él también, fue ahí que lo vi a los ojos, era más alto y por lo visto mayor que yo, su cabello era negro con reflejos violetas y sus ojos era de un exótico morado. – ¿también te escondes? –me preguntó sacándome de mis pensamientos.

--Si –contesté atontada por la belleza exótica del muchacho.

--Los prefectos andan por todos lados –dijo con tono de secreto y una sonrisa divertida se extendió por sus labios.

--Si, los oí hace un rato –respondí maravillada.

--Y ¿Cómo te llamas? –me preguntó ampliando su sonrisa.

--Maylin Perazzy… ¿y tú?

--Kale Radal… a tus servicios –dijo con tono solemne, eso me hizo reír de forma bastante estúpida.

--Un gusto –contesté estirando la mano para que él la estrechara.

--Nunca una mujer me había saludado de esa forma, casi siempre se me tiran como pirañas –comentó con tono divertido y tomó mi mano estrechándola con la suya –el gusto es mió –me dijo y eso o la forma en que me miraba hizo que los colores invadieran mis mejillas; sonreí por reflejo y él la devolvió con simpatía. Agradecí que la sala estuviera un poco oscura y que no pidiera ver que cada vez que me miraba de esa forma más roja me ponía.

--Bueno, parece que ya se han ido –dijo asomando la cabeza por la puerta.

--¡Uf!... menos mal –me alivié, pues ya no soportaba el ardor de mi cara.

--Ha llegado la hora de despedirnos, Maylin –dijo haciendo un puchero dramático y fingiendo que se secaba las lágrimas.

-Si, así es –contesté siguiéndole el juego –quizás el destinos nos vuelva a unir, pero bien sabes que es inesperado

--Si, ya lo sé…. te extrañare –dijo y se puso a reír, luego de unos segundos le seguí con la misma intensidad.

--Sabes, me caes bien ¿en qué curso estás? –dijo tratando de cesar las risas.

--En segundo ¿y tú?

--Pensé que eras de tercero o de cuarto, te ves mayor porque tus ojos muestran mucha madurez –respondió con tono suave. Yo sólo le sonreí como todas las veces que me quedaba sin palabras, pero esta no era una sonrisa de verdad, si no una de esas que haces cuando no quieres que te digan nada más o que no pregunten más. —pues yo voy en tercero en Ravenclaw ¿y tú? –volvió a preguntar

--De Gryffindor –contesté con orgullo.

--Hmmm… la casa de los leones, la de los valientes… sabes ahora me caes mucho mejor –dijo con una sonrisa hermosa, bueno a mi me pareció así.

--Es mejor que volvamos a nuestras salas comunes… ¿no crees? –dije con un poco de tristeza, ya que me hubiera gustado seguir una rato más con él.

--Si es mejor… bueno, Maylin, espero verte pronto… adiós –se despidió con un beso en mi mejilla.

"Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda y mas mierda. Me besó, me besó" me decía emocionada en mi interior. Radal ya se encontraba un poco lejos, estaba casi doblando la esquina cuando grité –llámame May –dije mientras abanicaba un adiós con mi mano.

--¡Ok! ¡Adiós, May! –Se volvió Kale desde la esquina y luego, agregó –tú dime Kal

--¡Ok! –respondí y lo vi desaparecer por la esquina, giré sobre mis talones y me fui saltando de felicidad a mi sala común.

Al llegar Lily me esperaba.

--¡Te estoy esperando hace más de dos horas!! –escuché que me regañaba Lily sacándome de mi nube rosa.

--No me grites… tuve que esconderme de los prefectos. –me defendí enojada, pues mi alegría se había desvanecido al ver el mal humor de Lilian.

--Si, pero los chicos me dijeron que te habías venido hace mucho rato –me recriminó. Lily siempre se ponía un tanto histérica cuando las tareas del colegio estaban de por medio.

--No me grites, ya te dije porque demore –dije mordiéndome el labio, me senté en el sillón y largué un suspiro.

--Y ¿eso de qué viene? –preguntó Mari que venía bajando las escaleras, Lily me miró con interrogante.

--Nada… me voy a dormir, ya hice las tareas. Adiós –me despedí y me fui a dormir. Esa noche dormí como no lo hacia hace mucho, no tuve pesadillas inconclusas ni nada, sólo cerré mis ojos y los volví a abrir a las…

--¡Mierda! son las 9 de la mañana –dije, miré a mi alrededor y me di cuanta que estaba sola, comencé a vestirme lo más rápido posible y cuando iba a salir di con una nota.

May:

No te preocupes se suspendieron las clases por hoy debido a las tormentas, pero sólo para los que tenían clases fuera del castillo, ósea para los de segundo, terceros y séptimos.

Un beso.

Lily y Mari

PD: estamos desayunando

"Esto quiere decir que Kale no tiene clases" pensé

–¡Aaah! –grité con fuerza y comencé a saltar en mi cama como una loca.

"Me tengo que ver linda" me dije "pero ¿qué me pongo?" me pregunté

--Ya sé –Dije con entusiasmo –la ropa ñoña que le gustaba a mi mama. Haber donde estará. Si, ya lo recuerdo. Está al final del baúl, de donde nunca ha salido

Revolví todo el baúl, hasta llegar al final y ahí estaba la maldita ropa; la saqué y me la puse. No era tan femenino, pero era lo más femenino que había en mi guardarropa. Estos eran una jeans un poco ajustado y una blusa verde manzana. Una vez que estuve vestida me miré en el espejo, pero no me gustó lo que vi. ¿Acaso quería cambiar porque me gustaba un chico?, no, esa no era yo. Desabotone la blusa y me la quité, busqué una polera más a mi estilo y ahí estaba la indicada. Era de un verde oscuro corte polo. No era nueva, sino todo lo contrario, pues ya tenía un par de años, y con lo que había crecido me quedaba un poco ajustada. Me la puse y, sin volver a mirarme al espejo, bajé al comedor. Cuando llegué busqué a las chicas, estas se encontraban al final de la mesa con los chicos, una sonrisa apareció en mi cara cuando vi a James; estaba segura que cuando éste me hablara reiría hasta no dar más. Ese día era extraño, pero no por esto malo… me sentía bien y eso era una buena señal.

--Hola –saludé con entusiasmo mientras miraba la mesa de Ravenclaw buscando a un chico de exóticos ojos morados, pero no lo vi por ningún lado, así que me senté un poco decepcionada. Los chicos me miraron un poco raro al ver mi cambio abrupto de ánimo.

--Y a ti ¿Qué te pasa? –Preguntó Lily con los ojos entre cerrados –estás rara….

--No me pasa nada, sólo buscaba algo –respondí con sencillez.

--Ya… -dijo James con una ceja alzada sabiendo que mentía.

--No me mires de esa forma ¡es cierto! –me defendí tratando de sonar convincente. Pero no funcionó.

--No te creo, te conozco muy bien –me recriminó y luego miró a hacia donde estaban enfocados mis ojos, desvié la mirada antes de que se diera cuenta que estaba mirando a Kale que recién llegaba y se sentaba junto a un rubio.

--No se has paranoico –exclamé tratando de zafarme del tema.

--Ok, pero no te pongas a la defensiva. –me regañó James.

--¡No estoy haciendo eso! –respondí en voz alta. Gracias a mi grito, gran parte del comedor me veía un poco raro, miré hacia la mesa de Ravenclaw para ver si Kale se había girado y me topé con sus ojos, por unos segundos. Sólo lo observé a él, pero luego de unos segundos me sentí avergonzada por la situación, así que con prisa me levante de la banca dejando a mis amigos, que asombrados, me vieron huir.

continuará...