Desperté acalorada tras una pesadilla horrible que me había parecido real.
- ¡Patch!- grité- ¿Dónde está Harrison? Tenemos que llevárnoslo, vamos a escondernos, vendrán a por…
- Shhhht, Nora tranquila. Sólo fue un sueño ¿sí? Yo estoy aquí, contigo.- me intentó tranquilizar.
- Pero esos hombres…- dejé la frase inacabada porque me di cuenta de que tenía razón y todo estaba como siempre.
- ¿Estás bien? Es la segunda vez en lo que va de semana que te pasa esto.- me miró con cara de preocupación.
- Sí, creo que es por las fechas. No me traen buenos recuerdos.- le respondí mientras me levantaba de la cama.
- ¿Dónde vas? Aún es temprano, deberías descansar un ratito más.- opinó él.
- No creo que pueda iré a la cocina a prepararme un té.
- Voy contigo.- se puso en pie y bajamos en silencio. Escuché un crujido y di un brinco pero sólo me hizo falta mirar al hombre que estaba a mi lado para saber que todo estaba bien. Una vez llené los dos vasos de bebida nos sentamos en el salón.
Pasamos un rato en silencio hasta que se me ocurrió una pregunta que quería formularle.
- Si pudieras cambiar algo de toda tu vida, ¿qué cambiarías?- le pregunté de repente cogiéndole por sorpresa.
- Absolutamente nada.- respondió él.
- ¿Nada? ¿Ni siquiera los malos momentos?- había esperado una respuesta muy diferente a esa.
- Nora, los malos momentos o me han hecho cambiar para bien o me han llevado hasta ti. Y no me imagino una vida siendo el Patch de antes y mucho menos imagino una vida sin ti.- respondió tranquilamente.- ¿Tú sí que cambiarías algo?
- Para nada. Bueno sí, me gustaría que mi padre estuviera aquí conmigo y pudiera disfrutar de su nieto.- confesé mientras él se limitaba a acercarse mientras me rodeaba los hombros con su brazo. – Y si pudieras pedir un deseo, ¿qué pedirías?
- Has amanecido preguntona- dijo mientras despeinaba mi pelo- la verdad es que el genio de los deseos se enfadaría conmigo porque tardaría siglos en poder decirle que deseo quiero que me conceda. No sabría que pedirle, tengo todo lo que quiero. Esto es mucho mejor de lo que jamás podría haber imaginado.
- Opino lo mismo, volvería a pasar todas las dificultades que hemos sufrido si supiera que luego estaríamos así.- dije con sinceridad. Noté como las manos de Patch me acariciaban el pelo y me recosté en su pecho cerrando los ojos poco a poco pero no lo llegué a hacer ya que el llanto de Harrison proveniente del piso de arriba me lo impidieron.- creo que se nos ha terminado la tranquilidad.- dije mientras me ponía en pie y él hacía lo mismo.
El pequeño estaba de pie sosteniéndose en los barrotes de la cuna y mirándonos con sus grandes ojos. Hoy Vee y Gavin celebraban el aniversario de su boda así que nos habían invitado a almorzar en un restaurante de la zona.
-Seguro que tardas más que yo en arreglarte así que ¿por qué no te vas a la ducha y yo me encargo de bañarlo?- me preguntó.
- Sí, será lo mejor- salí de la habitación dejando al niño con su padre no sin antes oír como volvía a empezar un pequeño llanto. Últimamente sólo quería estar conmigo y tenía que aprender a estar con los demás por lo que la opción de que lo bañara Patch además de darme más tiempo permitía que estuvieran más rato ellos juntos.
Estaba acabando de ponerme mi vestido cuando entró Patch con Harrison envuelto en una toalla entre sus brazos.
- ¡Madre mía! ¿Te has duchado ya por lo que veo, no?- dije viendo que tenía la parte superior del pijama totalmente empapada.
- Tenemos un hijo que no se está quieto ni en la bañera y que se divierte chapoteando, que le vamos hacer.- contestó el con una sonrisa. Al ver que no llegaba al cierre de mi vestido dejó al pequeño en medio de nuestra cama y se acercó para subirlo él pero cuando el niño vio que estaba tan cerca de mí se puso a balbucear cosas sin sentido para llamar nuestra atención.
- Oye, al final tendré que enfadarme contigo- dijo Patch que ya se había acercado a la cama y empezaba a hacerle cosquillas.- mamá también es mía.
Estábamos todos ya sentados en la mesa del restaurante elegido, mientras comíamos y contábamos alguna que otra anécdota. Scott jugaba con una moto de juguete y Harrison estiraba su manita dispuesto a quitársela, cuando vio que él también la quería se la puso en la mano a lo que mi pequeño no tardó nada en llevársela a la boca. Se la quitamos enseguida porque esa moto había correteado por el suelo y el niño empezó a llorar. Le dimos su peluche que también se puso a morder pero ahora ya no había problema.
- Veréis cuando quieran una moto de verdad.- dijo Gavin.
- De eso nada.- dijimos Vee y yo al unísono.
- ¿Y cómo le vas a explicar a tu hijo que tú ibas en mi moto pero que él no puede tener una?- preguntó Patch.
- Deberías apoyarme si no quieres dormir en el sofá.- le dije seria pero todos supimos que era broma así que todos rieron.
- ¿Recuerdas cuando éramos pequeñas y dijimos que nos quedaríamos embarazadas al mismo tiempo?- preguntó Vee.
- Sí, pero ya ves, no lo cumplimos.
- ¿Y por qué no lo hacéis con el segundo?
- Qué pereza volver a pasar 9 meses de embarazo después de todo lo que sufrí con Scott.- contestó ella.
- ¿Me ves con cara de tener otro hijo? Bueno, por lo menos no ahora, no veas qué faena nos da Harrison.- todos miraron al aludido que se estaba quedando dormido encima de su sillita y luego dirigieron una mirada acusadora hacia mí.
- No mientas, es un angelito.- dijo Gavin. Se ve que el pequeño sabía cómo hacerme quedar mal.
Sonreí ante la última palabra porque si para Patch siempre había sido su Ángel, o por lo menos siempre me había llamado así, Harrison era nuestro angelito.
