"Desorden Interno"

"Desorden Interno"

9.- No es tan malo.

Tonta.

Se repetía a sí misma esa palabra innumerables veces.

Tan solo se había dejado llevar y había bajado su defensa. Defensa que se había tardado años en levantar, años en forjar. Y tan sólo por un momento.

Ni siquiera lo recordaba lúcidamente; el sueño había estado en medio de todo, y también lo culpaba por haberle dejado hacer esas cosas.

Si recogió el cabello para poder refrescarse un poco. El invierno había dejado paso a los calurosos días de primavera, los cuales por mucha temperatura que tuviesen, no dejaban de estar levemente nublados y recordarle que tardaría un par de semanas en aclarar completamente. Al igual que su vida.

Por qué tuvo que haber vuelto?

Esa pregunta resonó nuevamente en su mente y se llevó las manos al rostro para poder golpear suavemente sus mejillas. Necesitaba despejarse, tenía trabajo por hacer y, después de todo, no había conseguido ni probar bocado en la mañana.

-

Se levantó con un extraño y desconocido peso sobre su cintura.

Hacía sentido una sensación similar las muchas veces en las que dormía en compañía de su pequeño retoño, pero el peso era mucho más liviano; un poco más posesivo.

Luego de que consiguió que sus sentidos estuvieran un poco más despiertos, pudo notar que un agradable y singular aroma penetraba sus fosas nasales y llenaba sus pulmones. Se extrañó de sentir aquello, por lo que abrió levemente los ojos, los cuales no pudieron notar mucho debido a la negrura del lugar.

Cuando consiguió que sus ojos pudiesen ver completamente lo que tenían por delante, se llevó una gran sorpresa. Agradeció enormemente el hecho de no haber gritado.

Tenía frente a sus ojos un rostro delicado, pero demasiado varonil, de expresión relajada y los párpados bien cerrados, pero no con fuerza, los labios levemente abiertos para dejar salir una respiración acompasada.

-Tonta.- Susurró para ella misma mientras cerraba los ojos con fuerza.

Con cuidado, y como toda buena kunoichi, quitó aquel brazo de su cuerpo y se levantó lo más lentamente que pudo de la cama. Su acompañante no se movió.

Suspiró levemente y se fue de ahí sin siquiera ir a por su calzado; después lo mandaría a buscar. Sí se aseguró de llevar en su mano su bolso, el cual tenía cosas muy valiosas como para dejar en manos del moreno.

Llegó a su apartamento, en el que se cambió apresuradamente, cogió sus cosas, se calzó y salió del inmueble.

Se había quedado mirando a la nada en algún tejado, mientras se repetía lo tonta, inútil, imbécil e idiota que podría llegar a ser. Por lo mismo su hora de trabajar había llegado y no se había ni percatado, teniendo que apresurarse por llegar a su hogar y luego al trabajo.

Agradeció que nadie le recriminara su tardanza, por lo que dispuso inmediatamente a hacer los chequeos matutinos que le correspondían.

-Veo que está algo ida, Sakura-san.- Le habló un castaño que estaba recostado en una camilla. Un pequeño chunnin que había salido lesionado en alguna misión; llevaba una semana y media internado y ella era la que siempre le hacía las revisiones en las mañanas.

-Sí, Satoshi-kun.- Respondió sincera y sonrió con algo culpa. No era el primero que lo notaba.- Es que no he tenido una buena noche.

-Creo que debería descansar.- Sonrió gentil y se echó hacia delante, cómplicemente.- Creo que el estar sola le afecta en parte, Sakura-san

Sí. Podría sonar atrevido viniendo de un chunnin de solo 17 años, pero ella misma se encargaba de molestarlo cuando una muchacha de cabellera azul dejaba las instalaciones luego de llevarle algo o tan solo ir a hacerle compañía, así que no tenía derecho de que el joven hubiese tomado confianza y que también le molestara. En parte, ella misma había utilizado esa confianza para contarle un par de cosas, como, por ejemplo, lo sola que se sentía cuando su hijo se iba en misiones, o que hacía tiempo que no tenía una relación seria con algún hombre, a lo cual, él simplemente respondió que eso, en parte, era su culpa, que él sabía que tenía candidatos y que él mismo se apuntaría si es que ella le diese una oportunidad.

Por lo menos agradecía el hecho de que no la tuteara.

-Creo que la cama te está afectando a ti.- Le dio un toque en la frente con el dedo índice y sonrió.- Te vino a ver Ayame-chan el día de ayer?

El chico solo se ruborizó un poco, aunque sonrió con plenitud.

-Claro, nunca falta.

El muchacho le contó un par de cosas sobre la jovencita que le hacía visitas y llegó al punto en que a Sakura le dio nostalgia.

Por qué ella había desperdiciado los mejores años de su vida?

No era que el haber estado con Naruto o con Lee hubiesen sido un desperdicio; muy por el contrario, habían sido un flotados entre toda su amargura, pero era que simplemente no había aprovechado como debía.

Se emborrachaba por lo menos seis veces a la semana, y siempre andaba mal. Hasta que comprendió que era una mujer, y que por lo mismo tenía deseos. Muy en parte, lamentaba que hubiese sido Naruto el primero en aparecer. Le había costado mucho volver a ver a Hinata al rostro otra vez.

Con tan solo 16 años, Naruto había tocado la puerta de su casa para saber cómo estaba; no había salido de ella en cuatro días y no había sido la primera llamada a la puerta que recibía por parte del rubio. Como había estado bebiendo hacía más de un día –con intervalos en los cuales dormía o tan solo descansaba- y su cabeza estaba ida completamente, muy a pesar de que tenía buena resistencia al alcohol. Cuando le abrió la puerta al rubio, le dejó entrar sin notar la mirada de impacto y el rubor en sus mejillas; tan solo iba en bragas y una camiseta, con los senos libres de amarras. No pasó mucho tiempo, y pasó lo que pasó.

Habían intentado tener una relación después de eso, pero no les resultó.

Naruto admitía que amaba a la pelirrosa por sobre todas las cosas, pero con el tiempo, no había notado que ese amor era más fraternal que otra cosa. Sakura admitió que no le había llegado a amar nunca como se ama a alguien con quien se comparte una cama, pero sí que lo amaba con el mismo amor que él le tenía.

Dejaron el pasado atrás, aprendieron de él y siguieron adelante. A los ocho meses, Naruto había mirado a Hinata y habían comenzado a salir.

Sonrió al recordar todo esto.

Ya se encontraba en su oficina y agradecía que la hora de su merecido descanso había llegado; ahora solo esperaba a Moegi a que llegara con su café y algo sólido para su estómago.

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Seguía a su sensei temporal a pocos pasos de distancia. Sabían a dónde se dirigían y le causaba algo de curiosidad, ya que nunca había estado en su presencia bajo esas condiciones.

Kakashi golpeó la puerta un par de veces y recibieron una afirmación por respuesta. Hatake abrió la puerta e ingresó seguido de Ritsuka de cerca.

El lugar tenía la decoración característica de la aldea, un par de arreglos florales –de los cuales Ino era la que se encargaba- y un par de portarretratos a los bordes del amplio escritorio. Detrás se encontraba el pelirrojo firmando un par de papeles, con una taza de té a su lado izquierdo.

-Kazekage-sama.- Kakashi inclinó la cabeza al igual que el pelinegro a manera de saludo.- Hemos venido por lo que se había acordado con el Hokage de Konoha.

-Sí.- Buscó entre una de las torres de papeles que tenía a un lado y encontró un papel en particular.- Este permiso les dará acceso a dos áreas de entrenamiento de nuestra aldea, podrán ser atendidos en el hospital y podrán usar, también, los establecimientos de información, como lo son la biblioteca, la escuela. El centro de investigación les dará toda la información que necesiten sobre las técnicas que están practicando.

Kakashi recibió el papel, y sin necesidad de leerlo, lo guardó en el bolsillo derecho superior de su chaqueta. Sonrió afablemente y colocó una mano sobre el hombro del menor.

-Esperemos que todo salga bien.- Dijo más para el aire que para cualquiera de los presentes.

Salieron de la sala después de los correspondientes saludos y se dirigieron al área de entrenamiento que se encontraba más alejada de la ciudad. Querían evitar que se descubriera el motivo del entrenamiento y el Kazekage había sido muy cauteloso en escogerles los sectores de entrenamiento, siendo uno al éste de la aldea, con frondosos árboles (cosa que les llamó la atención y causó interrogantes como "cómo estarán ahí los árboles si era desierto") y un pequeño estanque artificial, el otro sector se encontraba en el extremo opuesto de la aldea y era un basto desierto con arenas movedizas y sectores de arena endurecida, teniendo también dunas por todos lados.

Llegaron a los pocos segundos al curioso bosque y se instalaron a unos pocos metros del estanque. Ritsuka agradecía la sombra que aquellas ramas proporcionaban; el calor del lugar era levemente más bajo que en el desierto, pero el hecho de que el sol no llegara directamente era bastante alentador.

-Volveremos a practicar por un rato más el Goukakyuu no Jutsu para ver si es que recuerdas los pasos.- Sonriente se sentó en el suelo esperando que el menor tomara posición.

-No me subestimes, Sensei.- Le miró de manera amenazante, pero, al mismo tiempo, juguetona, lo que hizo que el mayor dejara de sonreír. Había recordado las miradas que Sasuke le dirigía cuando le estaba enseñando el Chidori.

No volvió a hacer comentario alguno y observó cómo el Haruno se quedaba quito algunos segundos, en los cuales recordaba todos los pasos y los colocaba en orden en su cabeza para demostrar que no cometería errores.

Llevó a cabo los sellos que le había enseñado Kakashi, aunque un poco más lentos que la última vez, inhaló llenando sus pulmones de todo el aire que pudo soportar debido a la alta temperatura del mismo debido al calor, y exhaló todo aquel aire, mientras que de su boca salía fuego.

Kakashi se mostró levemente sorprendido, aunque logró ocultar su asombro. Adoraba que aquel niño aprendiera tan rápido, sobre todo porque quería pedirle a Naruto que le dejara mucho más tiempo con él para poder entrenarlo. Sabía que él se lo permitiría; el problema sería Sakura. Pero después se preocuparía por los pequeños detalles, ya quería comenzar con lo grande.

-Ritsuka.- Había dejado de utilizar el kun y el chan para llamarle, al mismo tiempo que el moreno tan solo le llamaba por Sensei. Por lo menos no le decía "Kakashi" como lo hacía Sasuke, cosa que agradecía.

-Sí?- Mostraba una gran sonrisa socarrona por haber hecho todo bien, cosa que hacía completamente inconsciente. Nunca había sido su estilo el estar pavoneándose frente a los demás por sus logros.

-Ya es momento de pasar a lo importante, no crees?

Los ojos del menor reflejaron toda la excitación que aquella frase produjo, causando alegría en Kakashi.

-Tienes tener en cuenta de que no vamos a jugar, por lo que te pido la mayor concentración de la que puedas disponer.

La tarde se pasó en explicaciones y sellos.

Ritsuka sabía hacer todos los sellos de manos y no cometía errores al realizarlos; lo que le complicaba un poco era aprender el orden de estos, aunque, ayudado por la emoción y excitación, consiguió memorizarlos en cuestión de segundos y realizarlos en orden tan solo en media hora.

Ahora sí que venía la parte difícil.

--

Caminó ensimismada por el corredor que llevaba a la cafetería. Quería tomarse un buen café para poder despejar su mente.

Lo que más odiaba del recinto en el que trabajaba, era que su oficina quedaba en uno de los pisos superiores, en el ala oeste, y la querida cafetería quedaba en el ala contraria, en el primer piso. Siempre debía bajar dos pisos, caminar casi medio kilómetro (o un poco más) y hacer una cola que no le perdonaban ni por ser la encargada de todo el lugar. Debía hacer la fila como cualquier mortal.

En eso se llevaba por lo menos media hora, y era media hora de la cual no siempre disponía.

Esta vez se había salvado por los pelos. Una paciente que había sido internada la semana pasada, había sido dada de alta esa misma mañana y no le tocaba revisarla, ya que era la que le ocupaba esa hora, así que podría darse el lujo de caminar esa tortuosa distancia que le separaba de la cafeína.

Se recordó mentalmente que se compraría un hervidor y las otras cosas necesarias para poder prepararse ella misma un buen café en su oficina. Aunque amaba locamente los emparedados que vendían en el local, así que la huída siempre valía la pena.

Esta vez había decidido tomar otro camino al usual, ya que siempre bajaba un piso, caminaba aquella distancia y luego bajaba el piso que le faltaba. Esta vez bajó todas las escaleras de un tirón, por lo que tuvo que pasar por delante de la recepción, donde había dos chicas con delantales rosa pálido atendiendo a un sujeto que llevaba una camiseta negra y pantalones blancos. Se detuvo enseguida al notar la cabellera negra.

Conocía mejor que nadie a esa espalda y no seguiría caminando para encontrarse con ella, ni siquiera para pasar indiferente por su lado. Estaba más que segura que, si ella se hacía la indiferente, él le seguiría hasta conseguir quebrar la indiferencia.

Volteó resignada a tener que volver a su oficina o tener que volver a subir la escalera para tomar el camino acostumbrado. Camino dos pasos cuando alguien le llamaba y otra persona cogía su brazo.

Estuvo a punto de soltarse y seguir de largo, pero si es que estaba equivocada eso le costaría caro. Suspiró sin que nadie lo notara y se volteó rogando porque aquella mano que le sostenía con fingida fuerza se tratara de alguna de las enfermeras. Lo dudaba completamente; ninguna tenía las manos tan grandes como para cruzarle por completo su brazo.

Cuando alzó la vista se potó con la contraria, viendo que se había equivocado de persona. Sonrió con alegría al notar que era cierto, y con entusiasmo abrazó a esa persona.

-No pensé que me extrañaras tanto, Fea.- Él correspondió con algo de simpatía el abrazo. El par de enfermeras sonrieron y se ruborizaron un poco por la imagen.

-Cállate, Idiota.- Se separó y le mostró una de sus sonrisas amplias.- Qué haces aquí?

-Pues, acabo de terminar mi misión, así que me dije a mí mismo "por qué no voy donde esa enfermera sexy a que me cure mis heridas?", así que aquí estoy.

La sonrisa, por muy sincera que había lucido, no le salvó del golpe en la nuca.

-Bueno, tengo un tiempo.- Suspiró al comprobar que no podría tomar su esperado café con su emparedado después de todo.- Acompáñame.

Se dirigieron en silencio a una de las salas del primer piso, el pelinegro se quitó la camiseta y dejó ver un par de heridas ensangrentadas.

-Qué fue lo que te ocurrió?- Miraba con atención cada una de las heridas. Eran cuatro en total.- Normalmente, no llegas con cortes de este tipo. Es difícil que te den.

-Bueno.- Sonrió como solía hacer y se llevó la mano al cabello.- Si hubieras visto a mi oponente no te abrías sorprendido.

-A qué te refieres?- Habló mientras se colocaba un par de guantes y acercaba algodón y desinfectante.

-Que aquella delantera distraía bastante. Y cuando pensé que era suficiente, se le ocurrió darme la espalda.

Sakura no pudo evitar soltar las pinzas que tenían sostenido el algodón. Golpeó la cabeza contraria y cogió otro.

-Y a ti cómo te ha ido, feita linda?.- Inquirió luego de sobar el golpe.- Supe que hay visitas en la aldea.

-Ni lo menciones, por favor.- Seguía muy interesada en las heridas que aquella supuesta mujer había causado en su ex compañero.

-Y a qué se debe eso?

-No quiero hablar.- Presionó un poco más el algodón con alcohol en la piel abierta para que captara la indirecta. Sai tan solo hizo una mueca de dolor, aunque no iba a rendirse tan fácilmente.

-Vamos, Sakura.- Que le llamara causó que la aludida levantara la mirada a la contraria.- Qué puede ser tan malo? Ya me enteré por boca de nuestro querido Hokage lo de Ritsuka. Y me tomaré la confianza de decirte que no le veo nada de malo.

-Nada de malo?- Inquirió algo ofendida, alzándose para quedar frente al muchacho de piel nívea.

-Sí, nada de malo.- Le dedicó una mirada seria y siguió así hasta el final.- No creo que sea malo que Ritsuka-chan tenga más parientes. Creo que tendrás que soportar que el Uchiha sea su pariente.

-No es tan fácil como lo planteas.

-Sé que no lo es, aunque no lo comprendo del todo.- Se acomodó un poco más en la camilla en la cual estaba sentado y siguió mirándole.- Pero creo que debes dejar tu miedo atrás. No porque ellos sean familia significa que tú vas a tener que acostarte con Sasuke.

Y sí, había dado en el punto débil. No solo por el hecho de que ese era uno de sus antiguos sueños frustrados, sino porque la noche que acabada de pasar había dejado que toda su defensa se cayera al suelo e incluso durmió bajo parte de su peso. No pudo evitar el que sus mejillas se sonrojaran.

-Te da vergüenza?- Alzó una ceja sin entender, pero cayó enseguida en cuenta de que había algo más de lo cual no se había enterado.- Pasó algo?

Ante la pregunta no pudo evitar apartar la mirada y sobarse las manos nerviosa. No había problema con contarle a Sai, ya que él siempre había sido reservado y discreto, pero no podía negar que le causaba hesitación el revelar lo ocurrido, ya que significaría que tendría que admitirse a sí misma que había significado algo en ella.

-Bien.- Suspiró y se sentó a su lado en la camilla. Aún no había curado todas las heridas, pero el joven no se arriesgó a recordárselo, ya que podría dejar el relato de lado.- Te lo contaré.

En breves palabras, y sin adornar mucho las oraciones y frases, contó todo lo que había ocurrido la noche anterior, contando también los encuentros anteriores, incluyendo la parte de la revista y las conversaciones con Naruto. Sai realmente no se mostraba sorprendido, pero sí sentía sincera curiosidad por ver actuar al Uchiha y saber cómo intentaría llegar hasta el fondo del asunto. Y no dudaría darle un par de consejos a ése para que entretuviera un poco a su amiga.

-Yo no creo que sea tan malo.- Soltó con voz algo cansina luego de terminado el relato.

-Que no es tan malo?- Le miró fulminante y con el ceño fruncido.- Cómo crees que no es tan malo si es un asesino de clase S solo porque no hay una más alta para denominarlo!! Está desde los 13 años en el libro Bingo y tú crees que no es tan malo?!

Si cualquier mortal lo mirara desde ese punto de vista, era impensable el dejar que su propio hijo se acercara al Uchiha. Pero si se le miraba con los ojos de Sai, el hombre era un mortal cualquiera que quería rehacer su clan con la pelirrosa, que era el padre de un niño sin siquiera saberlo –si es que realmente lo era- y que seguramente se había tropezado, caído y luego golpeado la cabeza con alguna piedrita para luego perder toda conciencia de lo que le había hecho dejar la aldea, matar a cuanto se le pasara por delante y buscarse problemas con más de un Kage, por lo que ahora no sabía dónde se estaba metiendo y que solo actuava por… inercia?

-Cálmate, feita. Primero, él no recuerda lo que ocurrió, así que no le des tanta importancia al pasado.- Y se las daba de sabedor, ya que había aprendido considerables cosas durante esos años en compañía de todos sus compañeros. Aunque aún le faltaban un par de cosas por pulir.- No creo que se vuelva un loco demente asesino de niños cuando recuerde todo. Es más, lo más probable, si es que recuerda todo de la peor manera, es que quiera irse o destrozar la aldea… pero eso último se lo impediremos, ya que está dentro de la misma y con muchos enemigos en el mismo lugar, por lo que creo que la primera es la más creíble.

-Ves que no entiendes…

Sai le miró con una ceja alzada. Era verdad que intentaba entender, ya que quería ayudarle, pero por más que estrujaba su cerebro en incontables ocasiones, Sakura, por el simple hecho de pertenecer al género femenino, le era todo un acertijo de vez en vez.

-Entonces explícame un poco más.

-Lo que me preocupa, es que vuelva a rehacer mi vida y la de Ritsuka con él, que todo sea un cuento de hadas para que luego él recuerde todo y se aleja.- Subió los pies hasta apoyarlos en la camilla y abrazó sus rodillas.- No soportaría ver a Ritsuka tener el padre que nunca tuvo para que se ilusione y que después éste se vaya. Me rompería el corazón y el de él también.

-Ah…- Pues, él nunca lo había visto desde esa perspectiva. No sabía qué responderle.

El silencio amenazó todos los recovecos de la habitación. Cada uno inmerso en sus pensamientos.

Sakura se levantó sin mediar palabra y volvió al trabajo inconcluso. Con cuidado había comenzado a coser, después de haber aplicado una anestesia local gracias a un líquido anaranjado y un algodón. Las heridas no eran muy profundas, pero si no cosía, lo más probable era que, o se abrieran, o que tardaran mucho en cerrar.

-Yo digo que te arriesgues.

La doctora levantó sus ojos verdes hasta los azabaches de él, completamente anonadada.

Lo había pensado, muchísimas veces, pero todos los resultados variables que podían resultar de esas ecuaciones eran devastadores. Que se arriesgara?

-Yo sé que lo has pensado.- Leía sus ojos muy fácilmente.- Pero también sé que no es muy mala opción después de todo.-Alzó la mano para callar a la mujer. Había abierto la boca para protestar.- Déjame continuar. Sé que si Sasuke se va te dejaría peor que la primera vez, pero tú sabes que eres lo suficientemente fuerte como para poder recuperarte de ello, como lo hiciste también la primera vez…

-Pero tarde mucho…

-Sigo… Sé que Ritsuka-chan puede salir mal parado de esto. Quién no va a quedar mal si es que alguien que haz esperado tanto te deja luego de llegar? Pero va a agradecer el conocer la experiencia.- Intentó sonreír, pero el gesto le salió maltrecho.- Y si es que eso llegase a ocurrir, por lo menos va a tener un patrón de guía, y lo más probable es que él no quiera ser como Sasuke para no cometer sus mismos errores, así que no lo repudiaría del todo. Por otro lado, si es que no le dejas acercarse a alguien que es su pariente, seguramente las tomará en tu contra.- Al notar que la mujer fruncía el ceño, sonrió esta vez de forma socarrona.- No quieres ser la mala del cuento, no? Tampoco te estoy diciendo que te revuelques con él para que Ritsuka pueda acercarse a él, ni que lo dejes a cargo de Sasuke, tan solo aprovecha ahora que él no está para tantear el terreno con Sasuke, después podrás ver en qué momentos puedes o no dejar a Ritsuka con él. Aparte, si es que él está dispuesto a "jugárselas por ti"- dijo haciendo el gesto de las comillas- no creo que mande al diablo al pequeño Ritsuka, ya que sería una manera de acercarse a ti.

Bien… estaba confundida…

Desde cuándo Sai decía cosas tan profundas? Aparte de tener toda la razón?

Se había comportado como una niña. Tan solo había pensado en ella misma.

En ningún momento se había detenido a pensar en lo que Ritsuka podría querer de la situación; sin contar que ni siquiera se había interesado en si es que Sasuke pensara algo o no… Pero le había prohibido a su propio hijo algo que ella hubiese querido si es que hubiese estado en su situación.

Tendría que pensar detalladamente las cosas que estaban ocurriendo.

Sonrió y volvió a coger la aguja que había dejado colgando para dirigir su mirada a su amigo. Tensó el hilo de la costura y terminó de dar los últimos puntos, rematando el tejido. Dejó las cosas sobre una bandejilla metálica con forma de riñón y se enderezó frente al pelinegro.

-Creo… que tienes razón.- Sonrió y le extendió una mano.

-Un trato?- Volvió a sonreír socarronamente ante la idea distorsionada que esa mano le entregaba. También ante la idea de que había ganado aquella mini batalla.

-Sí.- El aludido cogió la mano y la estrechó.- Prometo que lo intentaré, pero que intentaré buscarle la mejor solución a todo para que las cosas no salgan tan mal…

-Me parece aceptable.

--

-Tan solo un poco más, Ritsuka.

-Crees que es muy fácil?

El pequeño cuerpo del moreno estaba cuan largo era sobre la arena del lugar. Jadeaba y de vez en cuando tocía por la resequedad de la garganta.

-Si quieres agua, tendrás que levantarse.- Habló Kakashi alzando el pellejo que había llevado para esa ocasión.-Por muy cansado que estés, no creo que te sea imposible llegar hasta aquí.

El ojiverde comenzó a arrastrarse para intentar algo.

Había utilizado la mayoría de su chakra y sus ojos con suerte habían adquirido un color carmín.

Él esperaba resultados pronto, pero no notaba que había avanzado muchísimo en tan solo dos días, en los cuales se habían dedicado de lleno al entrenamiento.

Kakashi había decidido que utilizaría el tiempo que había dispuesto para el entrenamiento de vuelta en la aldea, ya que ahí tenía dónde atender al menor si es que caía inconsciente, aparte de un muy buen lugar para dormir y comida de sobre. Curiosamente, la alacena y el refrigerador de la casa del Kazekage se llenaban como por sí solos, nunca había espacios vacíos.

Esta vez entrenaron todo lo que llevaba de la mañana en el sector de desierto que les habían dispuesto y no había lugares para saciar la sed a más de seis kilómetros, por lo que habían quedado en llevar el pellejo para beber, ya que podía acarrear dos litros de agua y era fácil de transportar.

El peligris estaba realmente impactado por la capacidad de Ritsuka, sobre todo que era capaz de sobreexplotarse a sí mismo a sabiendas de no tener más chakra; el día anterior había seguido practicando los sellos recostado en la cama en la que lo había dejado luego de quedar semiinconsciente por falta de energía.

Suspiró y se levantó de su cómodo lugar para caminar la distancia que le separaba del menor, cogerlo y llevarlo al lugar donde había estado él; el único lugar con sombra.

El menor estaba sonrojado y con la piel notablemente curtida por el sol, los labios algo partidos y las manos secas. Estaba completamente mojado del sudor.

Sakura lo mataría al llegar. Aunque tomaría todas las precauciones posibles para que el menor se recuperara antes del día de su muerte segura.

-De verdad que estás mal.- Habló cuando lo dejó desplomarse en el suelo.- Desde lejos te veías un poco mejor.

Ritsuka ni se molestó en contestarle y se llevó la boquilla a la boca y bebió sin importarle si es que se empapaba en el acto.

-Creo que por hoy es suficiente.

-Tú crees?- Volvió a llevarse el líquido a la boca.

Y la pesadilla del Hatake se había hecho realidad. Desde aquella mañana, como él no le había prestado mucha atención cuando le preguntaba algo, el menor le llamó por su nombre, y luego un , que resonó en sus tímpanos…

-Sí.- Respondió de mala gana.- Yo creo. Y creo también que es momento de que dejemos el entrenamiento.- Inmediatamente el muchacho a su lado dejó de beber y le dirigió una mirada fruncida.- Mañana tendrás el día para recuperarte y luego regresaremos a Konoha… llevamos mucho tiempo fuera.

-Pero…

-Nada de peros. Hemos entrenado bastante. Tú ya puedes realizar todos los movimientos e incluso tus ojos han comenzado a mostrar cambios, y eso que hemos entrenado muy poco tiempo.

Con esa especie de cumplido, se intentó poner en pié para acatar pero le fue imposible. Tendría que ser cargado por su sensei una vez más.

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Resignada, comenzó su marcha nuevamente hacia la cafetería; esta vez le quedó algo de tiempo y había avisado que necesitaba un bocado, por lo que pidió que no le buscaran dentro de la media hora siguiente.

Agradecía que la hora del almuerzo ya había pasado, por lo que la fila que le esperaba debería ser la mitad.

Comenzaba a cruzar el pasillo que llevaba a la recepción que tenía que atravesar cuando un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Suspiró apesadumbrada y continuó su recorrido sin mucha gana. Cuando le daba eso de la nada, sabía que algo estaba por ocurrir.

Cruzó recepción sin mayor problema y sonrió al hacerlo, ya que su mayor obstáculo había sido sobrepasado. En pocos minutos se encontró frente a la cajera, que le tomó el pedido, lo anotó en su cuenta personal y le entregó la lista a una jovencita que le entregaría sus cosas; el café se lo llevarían a la mesa.

No se quejaba por el sistema medio ortodoxo que tenían para atender, pero siempre les había resultado productivo, además de que no tenían cómo contratar camareras.

Se sentó en su mesa con su emparedado de jamón, lechuga, tomate y queso blanco, su libro de turno y algunos bocadillos que después guardaría en sus bolsillos y se los comería cuando le diera la gana.

Sentía que Sai le había dicho las cosas claras. Nunca imaginó que en verdad fuese así de… fácil?

La cosa no era fácil, pero sí mucho más sencilla de cómo ella misma se las planteaba.

Tan solo tomaría ventaja de la situación… o eso intentaría. Prepararía a Ritsuka para el posible abandono y también lo haría con ella misma.

Pero una cosa sí se había dejado bien en claro, y había sido la trampa detrás de toda la promesa hecha a Sai.

Ella no tenía por qué ser pareja ni amante de nadie, simplemente tenía que acercarse para tantear terreno, algo así como una misión; y ella era muy buena llevando a cabo las misiones que le daban.

Si no se equivocaba, su hijo volvería dentro de poco, por lo que tenía que apresurar un poco más el proceso; decidirse pronto qué opción tomar. Claro que no llegaría y escogería al azar. Nada tenía que quedar descuidado y se tomaría el tiempo que tenía y el que no para planear todo meticulosamente, con lupa si era necesario.

Así que así sería.

Ella se acercaría, descubriría los límites del Uchiha, retrocedería cuando fuese prudente, anotaría cada dato que fuese importante y los que no, los dejaría en los márgenes por recaudo, y luego vería lo que pasara cuando ambos morenos se conocieran mejor, cuando fuesen presentados por quienes eran.

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Indignado salió de la ducha.

Había estado bajo el agua durante más de una hora y aún no entendía en qué se había equivocado.

Había seguido todos los pasos que su mente había planeado y trazado en milésima de segundos cuando se despertó en plena noche, con medio ojo distinguió la panorámica, y volvió a hacerse el dormido al notar sus opciones. Había obrado de la mejor manera que su mente le dictó y no resulto del todo certera.

Admitía que no se quejaba del resultado; haber dormido con ella –dentro del sentido literal de la palabra—e incluso que ella le acariciara el rostro eran buenas recompensas.

Aspiró nuevamente el aroma a perfume de mujer que había quedado en el ambiente y se vistió con algo de aburrimiento.

Tenía que buscar una buena excusa para verle nuevamente, para ver cómo había quedado ella después de lo ocurrido. Le odiaría más que antes?

Suspiró apesadumbrado y se dirigió a la cocina para servirse algo para llenar su estómago. Cuando abrió la alacena y cogió el tarro de aluminio que contenía su preciada cafeína, abrió los ojos como plato al comprobar que, efectivamente, la falta de peso era debido a la falta de contenido.

Refunfuñó y tiró a la basura el embase desechable, fue por su billetera a su habitación, y se encaminó a la entrada; tendría que ir a comprar más café si no quería quedarse dormido en la mitad del día –eran más de las dos de la tarde, pero como se levantó tarde, la mitad del día sería cerca de las ocho, teniendo en cuenta que no era de los que se acostaban temprano-.

Se sentó en el peldaño frente a la puerta, abrió los ojos para coger sus sandalias y se quedó con el brazo estirado, algo impactado. Había unas sandalias con tacón bajo y muy femeninas.

Las que calzaba Sakura el día anterior.

Ahora tenía la mejor excusa para ir a verle. Así que se dispuso a ir a por su droga de todas las mañanas para prepararse un buen café y estar dispuesto a cualquier cosa que le entregaran por respuesta.

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Bueno… hasta ahí lo dejo… prometo intentar tardarme menos…pero es que como subo este después (o antes) de Sen no yoru wo koete (de bleach), y ese me cuesta un poquito más…, me tardo en escribir éste… pero ahora tengo algo que me facilita el escribir… xD así que creo que tendré un poco más de tiempo para hacerlo… pero también llegué a la resolución que no dejaré este atrás porque con el otro me tarde… así que intentaré subir, de ahora en adelante, por lo menos una vez a la semana… aunque puede que los chaps no salgan tan largos como antes…

Por favor, si es que tiene faltas, me avisan! No he tenido tiempo de corregirlo y tampoco he querido aplazar la actualización…. Así que díganme y yo me encargo ;)!

Espero estés bien!

GRACIAS A TODOS POR LOS REVS!!

De verdad son muy importantes para mí sus opiniones y espero que no dejen de dármelas nn!

Ya que así podría llegar a ser más interesante este fiC!!

Este chap no tuvo mucho SasuSaku… pero pretendo que de aquí en adelante haya un poco más… ya que nuestra protagonista se pone las pilas…

Gracias por leer!

Adiós!

conchito!