¡Buenaaaas!
Madre mía, creo que esta vez ha sido tiempo récord. ¿Cuánto hace que actualicé? ¿Tres dias o así? Jajaja.
Tenía muchas ganas de escribir, y como sé que este fin de semana no podré hacerlo, pues... ¡hala, capítulo nuevo!
Además, estoy feliz porque... He sacado mi primer sobresaliente en literatura, ¡tantatachán! Este humilde servidora todavía recuerda cuando no conseguía aprobarla en el Instituto, y ahora... lloro. Me voy haciendo mayor. Jajaja.
Pues eso, chicos. Aquí os dejo este capítulo, esperando actualizar cuanto antes posible. Debo decir que este es el capítulo al que había estado deseando llegar desde que empecé el fic, así que espero que os guste porque yo he disfrutado MUUUUCHO escribiéndolo.
Nos vemos en la próxima entrega. ¡Ahora, a leer!
Capítulo 10: Gracias
Bubbles y Boomer fueron los primeros en llegar a la casa. Hacía poco que había oscurecido, y a Bubbles le sorprendió encontrarse con el hogar vacío. El gimnasio al que iba Buttercup ya debía estar cerrado, y Blossom no era de esas a las que les gustara llegar tarde a casa. En realidad, la que más le preocupaba era la pelirroja. Había tenido una buena bronca con Brick, y no estaba segura de que después de ese puñetazo que le había propinado al susodicho, este fuera a protegerla. Buttercup y Butch seguían manteniendo una relación llena de tensión, pero todavía no habían llegado a las manos. O eso creía la pequeña.
Llamó al móvil de Blossom y le extrañó que dijera que ese número no existía. No tenía sentido. Esos teléfonos estaban conectados entre sí. Eran líneas directas. ¿Cómo no iba a existir ese número? Volvió a intentarlo. Nada. Finalmente, decidió llamar a Brick. Esta vez sí le daba señal. Un tono... Dos tonos... Tres tonos... Y por fin descolgó.
—¿Qué?
Frunció levemente el ceño. Qué borde es.
—Soy Bubbles. ¿Está Blossom contigo?
—Sí, está aquí —respondió cortante.
La chica suspiró aliviada, pero todavía no se fiaba de ese tipo. ¿Por qué el teléfono de Blossom no estaba operativo? ¿Le habría pasado algo a su hermana?
—¿Puedes pasármela, por favor?
Brick tardó unos segundos en contestar. Finalmente, oyó cómo refunfuñaba y le decía a Blossom que la llamada era para ella.
—Dime, hermanita.
—Blossom, ¿estás bien? Ya es muy tarde, y tu teléfono...
Blossom rio al otro lado de la línea, pero a la pequeña de las hermanas le pareció que no era una risa sincera. Conocía bien a la mayor, y sabía que haría cualquier cosa con tal de no preocuparla.
—Sí, estoy bien. He sido tan patosa, que se me ha caído el móvil al suelo y se ha roto. Ya sabes, la tecnología de hoy en día no está hecha a prueba de golpes.
¿Blossom, descuidando sus aparatos electrónicos?, fue lo primero que se le vino a la mente. Eso no era posible. Blossom adoraba la tecnología, construir nuevos aparatos, conocer el funcionamiento de estos. En el pasado, se llevaba horas en el laboratorio del Profesor, aprendiendo todo lo que este le enseñaba. Solo se sentaba en una silla, escuchaba y observaba. De vez en cuando hacía alguna pregunta, pero por lo general lo captaba todo al vuelo y siempre tenía máximo cuidado con sus aparatos. Si hubiera sido Buttercup la que hubiera dejado caer el teléfono, se lo creería sin dudar. Pero ¿Blosssom?
—Ya es muy tarde, Bloss.
—Tranquila, ya vamos para allá. Solo me he entretenido un poco.
—Vale. Entonces ahora nos vemos.
—Sí, Bubbles. Ahora nos vemos. Te quiero.
El teléfono empezó a comunicar. Bubbles se quedó mirando su móvil un momento. ¿Le había dicho "Te quiero"? Blossom era muy cariñosa. No tanto como ella misma, pero estaba claro que ella se había llevado una gran parte del azúcar que el Profesor había echado a la mezcla. Sin embargo, su hermana no era de esas que dicen "te quiero" tan a la ligera. Tenía que haber pasado algo gordo. Estaba segura de que no lo había dicho sin pensar.
Blossom colgó el teléfono y lo dejó sobre el colchón. Al caer la noche, el frío se había hecho presente, y Brick había encendido la chimenea con el rayo láser de sus ojos. Lo último que había imaginado cuando se la llevó en un hombro, era que terminarían en la cabaña donde empezó todo, la que tiempo atrás había pertenecido a Fuzzy.
Brick, desde el sofá, no le quitaba ojo. Blossom intentaba interpretar su mirada, pero ya apenas se atrevía a aguantársela. ¿Tenía miedo? Sí, seguramente. Brick nunca le había producido mayor temor que otros criminales. De hecho, Him la asustaba más que los Rowdyruff boys. Y sin embargo, ahora no sabía qué pensar. Después de verlo en su ambiente, rodeado de peligrosos criminales que le respetaban como si fuera su mismísimo líder, con una fulana y drogas de por medio... Era como si la burbuja en la que había considerado a Brick durante todos esos años se hubiera roto. Ella pensaba que era un gamberro, un ladrón y poco más, pero de ahí a involucrarlo con narcotraficantes había un gran paso.
Al principio, había creído que iba a dejar que esos criminales hicieran con ella lo que quisieran y después la mataran. Sus ojos rojos así se lo habían dicho. Pero después se había interpuesto entre el Navajas y ella, sacrificando su mano. Blossom bajó la mirada involuntariamente hacia la extremidad vendada de mala manera y todavía sangrante, y al subir, volvió a cruzarse con esos ojos que ahora la hacían estremecer. ¿Por qué la había llevado allí, tan lejos de todo y de todos? ¿Por qué no a casa directamente?
—¿Por qué me has traído aquí? —se atrevió a preguntar con voz temblorosa.
Brick adivinó sus pensamientos.
—Si tuviera intención de matarte, no me hubiera tomado tantas molestias contigo, ¿no crees?
Pero Blossom seguía siendo rápida y perspicaz.
—No me has respondido.
El chico dejó la postura intimidatoria en la que se encontraba, flexionado hacia delante, con los brazos en las rodillas y la mirada fija en ella. Se acomodó contra el respaldo del sofá y cruzó sus brazos.
—Para dejar las cosas claras de una vez por todas. A partir de ahora, y hasta el momento en que recuperéis vuestros poderes, se hará lo que yo diga. Y si digo que no sales, es que no sales. ¿Entendido?
Blossom encontró en la primera norma un mal disimulado reproche. Esa tarde, ella había sido la que había insistido en dejar la casa. Brick se había negado a acompañarla, y ella, en vez de quedarse, le había soltado que no lo necesitaba, y se había marchado sola. Apretó los puños. Esa frase era un claro "Te lo dije".
—Entendido —masculló.
—Segundo: no quiero más preguntas, ni interrogatorios. Ni siquiera me dirijas la palabra a no ser que sea para algo importante. A partir de ahora, no quiero ningún tipo de relación verbal, ni de ningún tipo.
Blossom asintió con la cabeza.
—Y tercero: nadie debe enterarse de lo que ha pasado esta tarde. Absolutamente nadie.
La chica levantó la mirada con rapidez.
—¿Qué? ¿Ni siquiera la policía?
—La policía menos.
Blossom se levantó de la cama de un bote. No se podía creer lo que oía. Había encontrado a los asesinos de su padre, los cuales habían atentado contra su vida en ya dos ocasiones, y pensaban hacer lo mismo con Bubbles y Buttercup. No podía pedirle que mantuviera la boca cerrada.
—¿Estás loco? ¿Cómo pretendes que me calle ante algo tan grave? No pienso hacerlo.
—No tienes otra opción.
Claro que la tenía. Sabía quiénes habían cometido el delito. Solo tenía que ir a la policía y... ¿y qué? ¿Decirles que continuaran buscando a los delincuentes más peligrosos de Townsville? Ya llevaban tras su rastro Dios sabía cuánto tiempo por traficar con drogas, y no habían conseguido pillarles. Nadie sabía dónde se ocultaban. Lo único que había podido ver ella era la habitación en la que había estado encerrada, y una pequeña y sucia calle en la que nunca antes había estado. No sabía cómo llegar hasta allí. El único que lo sabía era Brick.
—Ellos asesinaron al Profesor —gruñó Blossom, desesperada—. ¡Intentaron matarnos!
Brick se levantó del sofá cansinamente. La conversación ya se encaminaba hacia un punto que a él no le gustaba. Había sido un día largo y no pensaba discutir sobre la moral y la justicia, algo que nunca había ido con él.
—¿Y eso es problema mío? —le preguntó con una frialdad cruel—. Yo he hecho mi trabajo, que es sacarte del lío. Lo que pase a partir de aquí no me interesa.
Estaba con la boca abierta. No podía creer que aquello estuviera pasando.
—No puedes hacerme esto... —murmuró.
Su voz salió sin fuerzas, abatida, justamente como se sentía ella en esos momentos. No concebía que su padre fuera a quedarse sin la paz en su sepultura porque ese idiota que tenía enfrente no quisiera colaborar.
—¿Ah, no? A ellos les debo más de lo que crees. ¿Qué te debo a ti?
Blossom sintió cómo su corazón se rompía en pedacitos. En ese instante, maldijo a Brick, pero sobre todo se maldijo a sí misma por habérselo puesto más en contra de lo que ya estaba desde el principio. Primero, el corte en la mejilla, después el puñetazo, y por último sus palabras, aquellas con las que destrozaba el finísimo vínculo con el que la señorita Bellum los había unido.
Brick vio su expresión de desolación, y se volvió hacia la puerta. La conversación había acabado, y debían volver a casa. Fue a abrir, y algo inesperado pasó. Blossom volvió a pronunciarse, y con unas palabras que nunca creyó oír de su boca, algo que hizo de los pelos de su nuca se erizaran.
—¿Qué tengo que hacer? —preguntó. El joven se quedó estático junto a la puerta. —¿Qué es lo que quieres que haga para que le digas a la policía dónde están? ¿Tengo que suplicarte? ¿Arrodillarme? Haré lo que sea. —Un sollozo escapó de sus labios. Sabía que estaba llorando, y por eso no quiso darse la vuelta—. Por favor, Brick. Haré lo que me pidas.
Brick apretó tanto el pomo de la puerta que lo destrozó sin darse cuenta. Quiso darse la vuelta y abofetearla por ser tan estúpida. ¿La orgullosísima líder de las Powerpuff girls, arrodillándose, suplicando? Rechinó los dientes. Sentía coraje por su actitud. ¿Acaso la muerte del Profesor Utonium la había vuelto un ser tan débil? ¡Ella nunca se sublevaba ante nadie, joder! Y lo peor de todo era cómo se sentía él al respecto. Hacía una semana, se habría aprovechado de la situación, se habría reído, la habría humillado, y sin embargo ahora no podía hacer más que ver patético su intento por convencerlo. ¿Qué cojones había cambiado en una jodida semana?
—Nada de lo que hagas podrá hacerme cambiar de opinión —dijo antes de tirar la puerta abajo para salir.
Buttercup no había vuelto a abrir la boca desde lo ocurrido en el gimnasio. Caminaba detrás de él, como un zombi. El chico pensó que ni siquiera la había visto parpadear, y la imagen le dio escalofríos. Varias veces le había pedido que caminase delante de él para poder tenerla vigilada, pero al final, su lentitud la hacía volver a quedarse rezagada, y Butch suspiraba con cansancio. Al llegar a la casa, abrió con la llave y casi tuvo que darle un empujoncito para que se acordara de entrar. Boomer se encontraba comiendo algo en la cocina, y Bubbles se estaba duchando.
Buttercup empezó a subir los escalones hacia su habitación lentamente. El cuerpo le pesaba como si llevara sobre las espaldas varios bloques de cemento. Butch dejó las cosas que llevaba en el bolsillo en la entrada y la siguió. La tomó de las piernas y se la subió en el hombro. Ella ni siquiera se quejó de que la ayudara con las escaleras; de hecho, se sintió aliviada de no tener que cargar con su cuerpo. Butch había pensado que si no hacía aquello, la vería caer rodando de un momento a otro.
La dejó junto a la puerta de su habitación y le señaló la cama con la cabeza.
—Será mejor que te vayas a la cama ya.
Buttercup asintió. Su cuerpo apenas reaccionaba, pero su cerebro iba a toda marcha mientras miraba a Butch. Le había pasado desde que el chico la ayudara a salir de la ducha. En ese momento, había visto en sus ojos algo que aún seguía viendo: un cambio. Algo parecía diferente en su mirada. Ya no tenía ese brillo de locura que siempre había llevado consigo. En realidad, había dejado de verlo la noche anterior, cuando Blossom les había declarado la guerra prácticamente, pero había supuesto que serían imaginaciones suyas. Al fin y al cabo, Butch no podía dejar de ser el loco Rowdyruff de siempre. Y sin embargo, sí le había parecido otra persona cuando la había animado a machacarle a base de insultos y golpes. Lo menos que había pensado tras eso era que iría a buscarla al baño para sacarla de su berrinche. Era como si quisiera... ¿ayudarla?
—Me voy a cenar algo... —dijo por fin el chico.
Había estado esperando a que ella dijera algo; quizás, que le reprochara por haberla visto desnuda o que siguiera insultándole por haber sido uno de los culpables indirectos de la muerte del Profesor. Pero nada. Era como si se hubiese quedado muda de repente.
Se dio la vuelta, pero notó un pequeño tirón en su camiseta. Miró de reojo, y vio que Buttercup lo sujetaba suavemente con una sola mano, un agarre que podría haber roto en cualquier momento. Sin embargo, ella seguía con la mirada perdida, como si lo hubiera hecho inconscientemente. La joven suspiró, como si fuera la primera vez que respirara en varios minutos, dio un paso y apoyó la cabeza sobre su espalda. Aquel contacto casi cariñoso hizo que a Butch se le pusiera el vello de punta. Despacio, como si tuviera miedo a ser rechazada, loo rodeó con los brazos, pero no apretó. Enseguida, fue envuelta por su perfume característico y se sintió culpablemente reconfortada.
—Gracias.
A Butch le temblaba el labio inferior. Un abrazo. Su enemiga le estaba abrazando; la misma que una hora antes le había deseado la muerte. ¿Qué significaba aquello? ¿Y por qué cojones sentía cosquillas en el estómago?
—No sé por qué lo dices —respondió él, intentando mantener un tono indiferente.
Buttercup casi sonrió. Claro que la había ayudado. La había sacado de un estado de abstracción tal que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba destrozándose las manos, había permitido que se desahogara con él, le había dejado su espacio para llorar a sus anchas y, cuando había creído que era suficiente, había entrado a buscarla. No importaba lo mucho que fingiese que no lo había hecho adrede. Ella sabía que así era.
—Sí lo sabes.
Lo soltó tan despacio como lo había abrazado. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho. Su cuerpo había reaccionado solo al ver que se iba y dejaba las cosas como estaban. Quizás había necesitado un abrazo desde hacía tiempo. O simplemente había tenido ganas de hacerlo.
—Ve a cenar —casi le ordenó—. Te haré caso y me iré a la cama. Creo que por hoy ya he dado bastante guerra.
Butch soltó una risilla casi nerviosa.
—Sí, desde luego.
Buttercup le dedicó una sonrisa antes de cerrar la puerta y desearle buenas noches. Butch se quedó tras ella unos segundos, preguntándose cuándo había sido la última vez que Buttercup le había dirigido una sonrisa intencionada, solo para él.
Nunca. Nunca me había sonreído así.
Entonces él también sonrió. Y sabía que estaba mal, que no debía, pero se sintió infinitamente mejor, con renovadas energías. Seguramente, si Brick hubiera sabido el por qué de su sonrisa le habría soltado un buen mamporro.
Pero Brick no se va a enterar, se dijo mientras bajaba a la cocina.
Bubbles oyó desde la ducha que llegaba Buttercup, y se sintió mucho más aliviada, aunque Blossom todavía no hubiera aparecido. Su hermana llamó a la puerta para asegurarse de que era ella la que ocupaba el baño de su habitación, y le anunció que pensaba acostarse pronto. Bubbles se aclaró el pelo mientras le daba vueltas y vueltas al mismo tema. Se sentía francamente mal. Y es que la vida real no era como las películas. Porque si hubiera sido así, ella hubiera besado al príncipe y este la habría correspondido con ternura y pasión, apretándola contra él y confesándole después que la amaba.
—Pues, va a ser que no —murmuró.
Se había acercado a él con las manos unidas tras su espalda.
—No te soy tan indiferente como crees —le había dicho antes de besarlo.
Boomer se había quedado quieto, con los ojos muy abiertos, y sin respirar. A Bubbles le recordó esa reacción a la que ella tenía cuando veía pasar por delante una cucaracha. Primero, se quedaba estática; después, abría los ojos como platos y mantenía la respiración; el siguiente paso era claro: chillaba y corría. Boomer no corrió, pero si gritó.
La apartó de un empujón que la hizo caer al suelo. Acto seguido, con expresión todavía confusa y asustada se pasó con fuerza la manga por la boca.
—¡¿Qué demonios haces?! ¿Se te ha ido la olla?*
Bubbles se levantó de la arena, sacudiéndose la que había quedado sobre su falda. En realidad, no le parecía una reacción extraña tratándose de Boomer, pero debía reconocer que la había molestado un poco.
—Ya te he dicho que me gustas, y eso es lo que hacen las chicas cuando les gusta un chico —le explicó como si fuera la ecuación más fácil de todas—. No me digas que no te ha gustado.
—¿Gustarme? —exclamó como si fuera algo ridículo, y lo peor era que los nervios con los que hablaba no hacían más que delatarlo—. ¿Cómo va a gustarme? ¡Es asqueroso! ¡Besos... puaj!
Bubbles apretó los puños e hinchó los mofletes, como siempre hacía cuando se enfadaba. Tenía los labios fruncidos y expresión de indignación.
—¡Eres un crío, Boomer!
—¡No, soy un Rowdyruff boy, que es diferente! Y tú eres una Powerpuff girl.
¿Qué pretendía con esa explicación? ¿Ponerla en su lugar? ¿Acaso recordarle cuáles eran sus puestos? Ya sabía quién era ella y quién él, pero el amor no sabía de barreras, o eso solía decirse tras ver las películas románticas que tanto le gustaban, o cuando Blossom leía en voz altas novelas de amor. Se negaba a pensar que todo lo que decían esos libros fuera pura ficción. Ella era buena; él malo. ¿Y qué? ¡La gente cambiaba!... ¿O no?
—Me da igual. ¡Me sigues gustando! Y sé que yo te gusto.
—¡Deja de decir estupideces!
—Vamos, ven aquí y dame un beso.
—Pero, ¿qué dices? ¡Quita!
Boomer estaba rojo como un tomate y temblando como un flan. Bubbles se acercaba a él con los brazos alzados, y él huía como si tuviera tres años. Nunca había creído que esa niña podría llegar a darle más miedo que Buttercup. Pero, ¿qué demonios se había tomado? ¿Estaría drogada? ¿O solo estaría jugando con él?
Se refugió tras unas rocas y la señaló con un dedo amenazador. ¿Por qué tenía que pasar él por eso? Él, que ni siquiera lo había buscado. ¿Acaso era demasiado encantador?
—¡Quédate ahí, loca!
—¡Boomer, da la cara como un hombre!
—¡No quiero!
Bubbles suspiró por décima vez. Así se habían pasado la tarde, discutiendo, hasta que el chico la había amenazado con irse volando y dejarla allí sola y desamparada. Entonces, había tenido que desistir en su intento de conquista, y Boomer había pasado el tiempo haciéndole la cobra* cada vez que insistía.
Salió de la ducha y se envolvió en el albornoz azul que colgaba de la puerta. Definitivamente, no se rendiría. Boomer no sabía lo persistente que podía llegar a ser. Ella creía en el destino, en los cuentos de hadas. Ese chico le había gustado desde que lo había visto la primera vez hacía ya muchos años. Ahora se había convertido en todo un hombre, y ella era una mujer. Habían sido creados a imagen y semejanza. De hecho, quien no supiera su historia diría que eran hermanos. Para más inri, ambos tenían poderes. Si él no era su pareja perfecta, ¿quién lo sería?
Boomer, no vas a escapar... Aún me quedan unos días para conquistarte.
Sabía que era una locura centrarse en el amor con tantos problemas que tenían encima, pero ella era de las que pensaban que cuando la vida se amargaba, había que echarle un poquito de azúcar.
Esa noche, cuando Blossom se dirigió escaleras arriba tras un día agotador, Brick volvió a recordarle que no debía contarle a nadie lo de los narcos. Ella solo asintió y subió a su habitación. Brick se dio cuenta de que ni siquiera lo había mirado, pero sabía que no hablaría porque con ello tampoco conseguiría nada, solo preocupar a sus hermanas.
Entró en su habitación y se metió en la cama nada más ponerse el pijama. Ni siquiera se preocupó por curar las heridas que se había hecho en rodillas y manos al caer al suelo. Ese día ya no tenía ánimos ni fuerzas para nada. Se sentía derrotada y sobre todo, cansada. Estaba aburrida de todo, de los problemas, del dolor, de llorar. Incluso llegó a pensar que lo mejor sería dormirse y no volver a despertar, pero segundos más tarde se reprochó por encontrar una solución tan cobarde como era morir.
Escuchó pasos que iban hasta su cama y Buttercup y Bubbles volvieron a escurrirse bajo las sábanas para abrazarla y dormir las tres juntas. Blossom sabía que estaban tristes, y seguramente ellas habrían notado su tristeza también, pero ninguna habló. Cuando se encontraban mal anímicamente, siempre dormían las tres juntas para darse fuerza y recordar aquellos años en los que compartían cama. Por un momento, Blossom pensó en preguntarles qué les había pasado para estar así, pero ese pensamiento se fue diluyendo en su mente hasta que solo quedó oscuridad. Fue entonces cuando perdió la consciencia y se quedó dormida.
Mientras, en el piso de abajo, Brick apretaba entre sus manos su gorra como si no le tuviera ningún cariño. La tiró al suelo con rabia y deambuló por el salón como un león enjaulado durante lo que le parecieron horas, mirando de vez en cuando el teléfono y retorciéndose por dentro.
Fue precisamente el teléfono lo que la despertó al día siguiente. No eran más de las seis de la mañana, y se preguntó quién sería el idiota que llamaba tan temprano. Pero sobre todo, se preguntó por qué el único que dormía en el piso de abajo no descolgaba. Se levantó con cuidado de no despertar a Bubbles y a Buttercup, y bajó rápidamente. Cogió el teléfono del salón antes de que colgaran. Brick no se encontraba por ninguna parte.
—¿Diga? —preguntó con voz adormilada.
—¿Blossom? —Era la señorita Bellum—. Siento despertarte, pero es importante. Enciende la televisión y pon las noticias del canal 3.
Blossom se apresuró a encender la caja tonta con el mando. La noticia ya estaba empezada, pero en cuanto vio a los protagonistas de la misma supo de qué se trataba. Los agentes de policía sacaban esposados a varios delincuentes de una casa y se los llevaban arrestados. Se sentó lentamente en el sofá, intentando no hacer ningún ruido para escuchar con atención.
—Esta madrugada, la policía ha detenido a la famosa banda del Kuko, tan buscada por todo el país por tráfico de estupefacientes. Una llamada anónima informó de su escondite, en una casa de apenas 40 metros cuadrados en los suburbios de Townsville. Se cree que el Kuko y sus hombres pueden estar relacionados con el asesinato del Profesor Utonium y el ataque a las superheroínas de la ciudad, las Powerpuff girls. Mientras sale el juicio, los presuntos asesinos serán encerrados en prisión, por el delito de narcotráfico...
A Blossom ya le temblaban las manos y le caía un río de lágrimas por la cara, pero a la vez reía. Reía y lloraba de felicidad.
—No me lo puedo creer...
—¿Son ellos, Blossom?
—Sí, son ellos —afirmó con la voz estrangulada.
—Alguien llamó ayer para avisar de su paradero. No sabemos quién fue. No quiso dar un nombre.
Blossom sonrió, incrédula.
—Yo sí sé quién fue —murmuró—. Bellum, tengo que colgar. Después la llamo o voy a visitarla al Ayuntamiento. Tengo algo importante que hacer.
Se despidieron y, tan pronto como colgó, corrió a buscar a Brick por toda la casa. El chico no estaba ni en la cocina, ni en el baño ni en el salón. Al pasar por una de las ventanas, pudo ver su figura recargaba sobre una de las paredes de fuera de la casa. Descalza como estaba y en pijama, salió. Todavía era de noche y hacía algo de frío. Al verla, el joven se incorporó, dio un par de pasos hacia adelante y miró hacia otro lado. Blossom se preguntó cómo debía abordarle. Después de tantos rifirrafes, no le resultaba fácil empezar una conversación con él. Además, había pactado que nada de preguntas.
—Has sido tú. —No era una pregunta.
—No sé de qué estás hablando.
Pero claro que lo sabía, porque si no, no se habría puesto tan serio. Él era el único que podría haber delatado a la banda del Kuko. Solo ellos sabían dónde se encontraban. ¿Quién iba a ser si no?
—Solo pudiste haber sido tú. Brick, querías las cosas claras, así que vamos a hablar con sinceridad de una vez: me seguiste.
Notó cómo Brick se puso tenso, y supo que no la miraba porque ella tenía razón. No podría haberla encontrado de otra forma. Nadie se tragaría que apareció por la guarida de esos forajidos sin ninguna razón en especial. Brick no hacía las cosas porque sí. La única forma de haberla encontrado tenía que haber sido esa: ese chico la había estado siguiendo desde el momento en que había cogido el autobús. Para protegerla.
—Porque era mi trabajo —se excusó él.
Así que no lo negaba. Estaban avanzando.
—Pero yo te quité esa responsabilidad. Te dije que no te necesitaba.
—Y estabas equivocada —puntualizó él.
Blossom sonrió por primera vez a una provocación suya. Una vez más, estaba actuando como un animal asustado, pero esta vez no lo dejaría atacar. Antes, lo haría ella.
—Sí, lo estaba —reconoció.
Silencio. El viento sopló con suavidad. En la lejanía empezaba a salir el sol, pero a su alrededor todo estaba oscuro todavía. Esperó a que él dijera algo, pero pasados unos segundos, supo que tendría que seguir ella.
—Sé que me dijiste que nada de preguntas —comenzó—. Pero no puedo encontrar ninguna respuesta a por qué lo hiciste. Aseguraste que nada de lo que hiciera te haría cambiar de opinión, y sin embargo, no he hecho nada y has llamado a la policía.
—No importa por qué —contestó él bruscamente—. Lo importante es que lo hice, ¿no? Así que ya no quiero hablar más de este tema. Y mi regla sigue en pie: nadie debe saber nada. Tú no te dejaste capturar como una tonta; yo no te ayudé y mucho menos llamé a nadie, ¿estamos?
—Sí...
Brick asintió.
—Bien.
Blossom pensó que todo había acabado y quiso retirarse a casa, pero algo le impidió moverse. No era algo físico ni material, sino una sensación en el pecho que le decía que aún faltaba algo importante. Algo que la envolvía y recorría todo su cuerpo, dándole un efecto relajante y de felicidad. Esa sensación que uno tiene cuando por fin, después de tanto sufrimiento, algo empieza a salir bien.
Dio un par de pasos hacia adelante y colocó una mano en el hombro de Brick como gesto de cariño.
—Gracias.
Creyó oírlo tragar saliva. El chico asintió con la cabeza para que supiera que lo había oído. Era como un "de nada" silencioso. Blossom miró su mano en el hombro de él, y no le pareció suficiente para expresar lo que sentía en ese momento. Lo rodeó, pasando la mano a su brazo, y se colocó enfrente de él. De repente, el rojo de su mirada no le pareció tan terrorífico ni sangriento; sino que evocó a la tibieza, al calor de la ternura. Era como hielo derretido; hielo con color a fuego.
Vio la cicatriz que le había hecho en la mejilla y alzó su mano para tocarla. Brick, que se había quedado atontado devolviéndole la mirada, reaccionó agarrándosela antes de que llegara a su destino. Blossom se sorprendió por la poca fuerza que empleaba Brick en sujetarla.
—¿Qué haces? —le preguntó. Quiso que su voz saliera imperante, fuerte, cruel -es decir, como siempre-, pero sin embargo fue más bien dudosa, con algo de temor en ella, y nada de fuerza.
Blossom le sonrió de nuevo, y subió la mano que mantenía en el brazo hasta su nuca, enredando los dedos en el cabello anaranjado de Brick. El Rowdyruff boy la miraba, y no podía hacer otra cosa. Su cuerpo no respondía a las órdenes que le daba su cerebro. Esto es peligroso. Aléjate. Aléjala. Pero nada. Una parte de él necesitaba saber qué iba a hacer ella a continuación.
Soltó la mano de Blossom, que fue a parar directamente al otro lado de la cara. Era la primera vez que alguien le acariciaba de esa forma. Sentía cosquillas en el pelo que Blossom removía con sus uñas. La chica se puso de puntillas y alcanzó su boca. La respiración de Brick tembló un segundo, y Blossom pensó que por fin se decidiría a retroceder, por eso lo agarró con firmeza y lo besó con ansia, como si una parte de ella lo hubiera estado deseando desde hacía tiempo. Movió los labios sobre los de él mientras su corazón iba a mil por hora y notaba que las mejillas se le sonrojaban. Bastaron unos segundos para que Brick respondiera. Fueron apenas unos instantes en los que el joven no pudo controlar su cuerpo y movió sus labios al ritmo que Blossom marcaba. Pero cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, soltó a la Powerpuff y retrocedió como si acabase de hacer algo terrible. Blossom pudo ver algo de terror en su expresión.
—No, no, joder... ¡Puta mierda! —masculló al entrar en la casa.
Blossom permaneció en el jardín un poco más. Ya empezaba a amanecer, pero aún hacía frío. Se abrazó a sí misma, y fue entonces cuando se dio cuenta de que mientras había estado con Brick, no había sentido el frío; ni siquiera se había acordado de él. Y esa certeza llegó a asustarla.
Continuará...
1* Irse la olla: volverse loca.
2* Hacer la cobra: Expresión que se refiere al movimiento de cabeza hacia atrás cuando alguien intenta besarte y tú no quieres.
