CAPÍTULO X - Leones

Voldemort de nuevo. Siempre tiene que estar presente. Tengo ganas de que desaparezca de mi vida. Me ha hecho demasiado daño, me está haciendo demasiado daño. Tener que presenciar y sentir en la propia piel cada encuentro con Lucius me está desmoronando por completo. Intento evitarlo pero nuestra conexión es demasiado fuerte. No puedo hablar con nadie de ello, no puedo liberarme de esta tortura… Snape, sólo él sabe qué ocurre. Tengo que hablar con él.

Las piernas se mueven solas, mi cerebro no lo ordena, pero empiezan a andar. Parece como si mi cuerpo actuara a su voluntad, sin acatar ninguna orden. Mi razón me advierte que ver a Snape a estas horas no es muy conveniente después de todo lo que pasó con Sirius, pero es mi deber. Tengo que informarle de lo que he visto, sólo así podré sentirme menos culpable. Me planto delante de su despacho, confío que aún no duerma. Golpeo la puerta, no responde nadie. Empiezo a caminar cuando una voz llega clara a mis espaldas.

- Potter, pase…
- Sí… sí, señor.
- ¿Qué le trae por aquí?
- Yo… pues…
- ¿Es por su comportamiento?
- Sí, no, no, no es por eso… Eso también pero quiero que vea una cosa.
- ¿Que vea…? – su cara es de no entender nada.
- Sí, entre en mi mente – veo que duda -, hágalo, por favor.

Noto su intrusión y delante de mis ojos vuelven a sucederse las imágenes. Voldemort forzando a Lucius, viendo a este resistirse y finalmente rendirse ante el Lord. Eso ha sido lo peor de todo. Snape se recuesta en su sillón y permanece pensativo. Mi tarea ha sido informarle, ahora ya está hecho.

- No se vaya… - su voz es apenas un murmullo.
- Pero, yo…
- Aún no he terminado de hablar con usted, Potter.
- ¿Qué quiere? – respondo de mala manera.
- Modere ese tono, por favor – no me lo puedo creer, ¿estoy soñando o Snape me ha dicho "por favor"? - ¿Por qué se siente tan culpable? – añade mirándome fijamente.
- Yo no… - no sé qué responder.
- Sí, lo veo en sus ojos… y en su mente, se siente culpable, sucio, pero no tiene porqué sentirse así, Harry, no tienes porqué pensar que tú tienes la culpa – este es otro Snape, le han hecho algo, algún hechizo seguramente, si no lo veo no lo creo.
- Sí, la tengo… Yo debería cerrar mi mente y…
- No, eso es lo más extraño. Tengo la sensación de que Voldemort quiere que veas eso y no sé si la oclumancia es lo suficientemente fuerte contra su legeremancia, no por nada es el mejor en este campo. ¿Tienes alguna hipótesis que nos pueda indicar sus motivos?
- N… no – dudo -, no lo sé…
- ¿Seguro?
- Sí – afirmo con rotundidad.
- De acuerdo, puede irse – el Snape de siempre ha vuelto -, y recuerde… no tiene la culpa de nada, aquí sólo hay un culpable.

Regreso a la Sala Común, intento hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie pero, para mi sorpresa, me encuentro con Ron y Hermione en pijama conversando sentados en un sofá delante de la chimenea.

- ¿De dónde vienes? Te he visto salir y he avisado a Herms… no sabía qué te ocurría.
- Ron, no tenías que hacerlo… No pasa nada…
- Ya… ¿y esa cara?
- Bueno… vengo de ver a Snape.
- ¿A estas horas? ¿En su despacho?
- Sí, tenía… tenía que informarle sobre una cosa.
- ¿Algún sueño con Voldemort? – Ron se sobresalta y Hermione me mira fijamente para saber si ha acertado.
- Sí, Herms… un sueño.
- ¿Y qué has soñado esta vez? ¿Un ataque contra la Orden o Hogwarts o…?
- No – le interrumpo – nada de eso, yo…
- Harry, somos tus amigos, tienes que confiar más en nosotros, sólo queremos ayudarte.
- Ya lo sé, Hermione, ya lo sé, no os merezco…
- No digas tonterías y ahora cuenta – me regaña.
- Pues… la otra noche soñé con Voldemort y Snape lo vio en una clase de oclumancia y hoy he vuelto a soñar con él.
- ¿Y ya está? Vamos, Harry, eso no me lo trago…
- Es que… no estaba solo, estaba Lucius con él.
- ¿Malfoy? – la mención del apellido retumba en mi cabeza entre jadeos de mi padrino.
- Sí, Malfoy, Vol… Voldemort lo violó – un grito de sorpresa escapa de los labios de Hermione y Ron tiene que sentarse para no caer al suelo.
- Y tú… tú…
- Lo sentí, Hermione, sentí cada sensación que Voldemort sentía y disfruté haciéndolo, disfruté sometiéndolo bajo mi poder y…
- Continúa, te hará bien – me anima la chica.
- Hoy lo ha vuelto a hacer, pero esta vez… no lo ha torturado, lo ha hecho enloquecer de placer.
- ¿Estás diciendo…?
- Sí, Ron, sí, Lucius ha disfrutado con el contacto y Voldemort ha triunfado. Le ha dicho que lo haría sufrir pero de placer y lo ha conseguido. Ya ni sus servidores están a salvo de sus planes – poco a poco me voy empequeñeciendo.
- Pe… pero entonces… tú… - empieza Ron.
- Harry, lo siento mucho, siento que tengas que pasar por todo esto, pero no tienes porqué pasarlo solo, estamos contigo, no nos apartes de tu vida, no nos alejes de tu lado, por favor – Hermione está sentada a mi lado casi rogándome que no deje de lado nuestra amistad. Veo como las lágrimas recorren sus mejillas y la abrazo.
- Hermione lo… lo siento tanto… Ron… he sido un egoísta – le hago un gesto para que se acerque – perdonadme, por favor, perdonadme – digo mientras permanecemos abrazados en silencio.

Estaba tumbado en su cama, durmiendo tranquilamente y soñando con alguna cosa que le hacía feliz, pues la sonrisa en su rostro era notable y, de repente, un ruido. No, un golpe. Otro más. Y otro algo más fuerte. Alguien estaba llamando a la puerta de su habitación. Consultó el reloj, eran las dos de la madrugada. ¿Quién podría estar tan loco como para llamar a esas horas? Se levanta, se pone una camisa, pues siempre acostumbra a dormir sólo con pantalones y se dispone a averiguar quién osa interrumpir su sueño.

- ¿Severus? – se sorprende Remus al abrir la puerta de su habitación.
- ¿Puedo pasar? – pregunta con el rostro muy serio.
- Claro, pasa – se aparta para que el moreno entre antes de sentarse en el sofá -. ¿Qué ocurre?
- Harry…
- ¿Le ha pasado algo? ¿Está herido? – pregunta Remus sobresaltado.
- No, no, tranquilo, pero no está bien. Ha vuelto a soñar con Voldemort y… Malfoy.
- ¿Otra vez? Esto es muy extraño, Sev – añade frunciendo el ceño.
- Me parece raro que nunca vea nada más que esos actos, es como si Voldemort quisiera que viera eso…
- ¿Pero para qué querría que Harry viera como posee a Malfoy? Si supiera que le hace daño pues bueno, lo entendería pero…
- ¿Pero qué, Remus? ¿Qué estás pensando?
- Severus… Harry ha estado algo raro desde hace un tiempo, el otro día me confesó que había mantenido una especie de relación con alguien pero que había terminado porque era mejor que no estuvieran juntos, pero no me dijo quién era. Yo supuse que era un chico de la escuela pero ahora…
- ¿Estás sugiriendo que Potter y Malfoy…? – Severus permanece unas milésimas de segundo en silencio, reflexionando -. ¡Por Merlín, Remus, estás desvariando! Malfoy es la mano derecha… y él odia a los…
- Eso da igual, Sev – le interrumpe el castaño -. El amor es más poderoso que el odio, lo sabes bien, nosotros somos un ejemplo – afirma mirándolo a los ojos.
- Sí, pero tú y yo…
- Es distinto, claro, pero… ¿y si tengo razón? Harry está presenciando las violaciones, no me extrañarían esos cambios de humor tan repentinos que tiene últimamente. Además, sufre… ¿por qué tendría que sufrir si se trata de un enemigo?
- Pero… estamos hablando de Malfoy, ¿tú crees que se atrevería a presentarse a Hogwarts sabiendo que se expone a ser capturado?
- No lo sé, Severus, hay cosas que aún no consigo entender. Quizá no sea Malfoy y sólo he tenido una idea estúpida…
- Procuraré investigarlo cuando vaya…
- Sev – los ojos de Remus empiezan a brillar por efecto de las lágrimas -, ten cuidado, el otro día…
- Remus – coge a su pareja de la barbilla y le obliga a mirarlo -, no me va a pasar nada, nadie sospecha de mí, pero te prometo que tendré cuidado.
- No podría vivir sin ti… - Remus se apoya en el pecho del moreno.
- Ni yo sin ti, por eso tendré cuidado…

La chimenea ilumina sus rostros, se abrazan, Severus sabe que Remus tiene miedo, teme por su vida, pero él no va a dejar que le ocurra nada. Quiere vivir todos los años que le quedan a su lado, no lo dice a menudo, ni es cariñoso, pero le ama. Y Remus lo sabe, se conforma con estar con él, aunque no le diga palabras bonitas cada vez que se encuentran, porque en sus ojos negros descubre el amor que le tiene, sus ojos no mienten. Remus lo abraza más fuerte, como si no quisiera separarse, como si no quisiera que esa noche terminara nunca. Lo mira, se queda fijamente mirando el rostro de su amado. El ceño fruncido, los ojos penetrantes, esa nariz curvada que le da el toque de distinción, sus labios finos a los que tanto desea besar… Para el licántropo es perfecto. Además de todo esto, sabe que su corazón late al son de un solo nombre, el suyo, y con eso le basta.

Me he despertado tarde esta mañana pero hoy no había prisa. Es sábado y no tenía nada que hacer. Ayer acordamos con Ron y Hermione estar los tres juntos y pasear por el lago, sentarnos a hablar y reírnos un rato para olvidarnos de todo. Después del desayuno hemos salido a tomar el sol y nos hemos sentado en el verde césped a disfrutar de este día tan precioso. La verdad es que el cielo azul, sin nubes, con el sol resplandeciente, me ha devuelto un poco la ilusión para seguir adelante. Esto y la confianza que han depositado mis mejores amigos en mí. No sé como me soportan pero se lo agradezco, sin ellos no sería nada.

- Ron, ¿qué te dijo Pansy en clase? Vi que te hablaba – le pregunto recordando ese momento.
- Nada… me comentaba no sé qué de un ingrediente, la verdad es que no podía prestar atención a nada, estaba tan avergonzado por mi comportamiento – se pone rojo al recordarlo – que sólo de pensar que la tenía a mi lado, ya no me salían ni las palabras.
- Ui, a eso lo llamo yo estar enamorado – comenta Hermione sonriente.
- ¿Yo? ¿Enamorado? No, no… - le miramos con mala cara – oh, vale, sí, estoy enamorado y no puedo sacármela de la cabeza, todo el día pienso en ella y por la noche sueño con ella. A este paso…
- Terminarás volviéndote loco – sí, sé muy bien de qué habla.
- Pero, Ron… no logro entender por qué no ha dicho nada a sus compañeros. Blaise tampoco lo entiende. A mí me da miedo a veces cuando nos mira, es tan… tan Slytherin.
- Sí, tienes razón, Herms, por eso estoy así… ya os dije que creía que estaba tramando algo, pues ahora estoy casi seguro – Ron nos mira con cara de pánico.
- Yo no creo que sea para tanto – intervengo -, creo que la chica no se esperaba esta reacción y no sabe qué hacer.
- No lo sé, Harry… pero la verdad es que cuando me cruzo con ella yo me aparto por si acaso – nos reímos a carcajadas. La verdad es que una imagen mental de Ron siendo atacado por una chica es bastante graciosa.
- Bueno, no olvides que es una Slytherin – añado -, siempre puede salirte con lo menos pensado, creo que… ¿Eso es una lechuza?

Un bonito ejemplar de color marrón, como la mayoría de la escuela, se posa encima del árbol más cercano. Nos mira ululando, a lo mejor es algún otro mensaje de mi adorado profesor. Ron se levanta y recoge la nota. Su cara se vuelve pálida y se sienta en el suelo.

- Ron, ¿qué es? – nos acerca el pequeño pergamino.
- "Ven si te atreves. 19.00h – Tercer piso, primera puerta" – lee Hermione -. Esto no trae firma, ¿cómo sabemos a quién iba destinada?
- Por esto – doy la vuelta al pergamino y ahí, con una letra elegante, está escrito el nombre de Ronald Weasley.
- Vale, entonces es para Ron. Bueno, ya lo sabes… Ha empezado el juego de la serpiente – le dice Hermione con cara de preocupación.
- Yo… yo…
- Ron, tienes que ir. A ver, ¿te atreves a besarla y no piensas acudir a una cita?
- ¿Pero Harry… y si es una trampa?
- Tendrás que arriesgarte – Ron y yo miramos a Hermione sorprendidos -. Oh, no sé de qué os extrañáis. Si Ron quiere saber qué quiere pues tendrá que ir, además, tiene que demostrar su valentía como buen león…
- Ya, pero…
- Hermione tiene razón, ahora no puedes echarte atrás.
- Tranquilo, hablaré con Blaise a ver qué opina, pero seguramente también dirá que es mejor acudir a esa cita, para decirlo de algún modo.
- ¿Y… y si… quiere hacerme daño?
- Estaremos pendientes de tu regreso – le digo -, te esperaremos en el segundo piso y si tardas, pues iremos a rescatarte de las garras de… bueno, mejor dicho, de los colmillos de la serpiente – empezamos a reír de nuevo, aunque Ron está algo asustado.
- De acuerdo… sí, voy a jugar a este juego – añade Ron -, aunque…
- ¡Ron! – le regaña Hermione.
- Vale, vale… sí, sacaré mi lado Gryffindor cueste lo que cueste.
- Así se habla, este es nuestro Ron – decimos Hermione y yo al unísono.

Pasamos el resto del día los tres juntos. A las seis y media, Ron y yo nos dirigimos a nuestra habitación. Se ducha y se viste. Entro en el baño mientras se está peinando y lo miro.

- ¿Qué? – me dice al ver que lo estoy repasando de arriba abajo.
- Ron, ¿piensas ir vestido así?
- Sí, ¿hay algo de malo?
- Bueno, digamos que un pantalón verde oscuro con la camisa verde manzana… junto con tu pelo pues pareces una zanahoria del revés – le digo mientras lo despeino.
- Eh… con lo que me había costado… - protesta.
- Mira, Ron, tienes muchas cualidades pero la del saber vestir no es la tuya…
- ¿Y la tuya sí? – dice mirando mis vaqueros descosidos y mi camiseta desteñida, heredados de Dudley.
- Bueno… hoy no es mi mejor día, pero ven, te ayudaré.

Abro su armario y rebusco en el interior. Descarto todas las camisas y camisetas que no le quedan bien con el pelo, luego quito de en medio todos los pantalones que no combinan con ninguna camisa y finalmente…

- Perfecto, ya tengo lo que buscaba.
- ¿Esto? – dice señalando lo que he escogido.
- Sí, esto, vas a quedar estupendo.
- Pe… pero…
- No protestes, ya verás como no se va a poder resistir.

A regañadientes entra de nuevo en el baño y al cabo de cinco minutos se abre la puerta. Aparece mi amigo totalmente cambiado, no parece el mismo. Los vaqueros y la camisa negra le quedan que ni pintados. Lo miro y le sonrío, parece que a él también le gusta su aspecto, pues tiene una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Lo ves? – le digo chuleando.
- Sí, creo que tenías razón.
- Pues venga, ¿a qué estás esperando? Esa morenita va a caer rendida a tus pies.
- Harry… no hagas bromas, mientras no me torture ya me conformo.
- Ron, tú siempre tan optimista – le digo pellizcándole una mejilla.
- Eh… que me haces daño – protesta -. Deséame suerte, Harry – está nervioso.
- Suerte, Ron, ya verás que será mejor de lo que esperas.
- Gracias, amigo – y se va.

Ojalá todo vaya bien, ojalá consiga esa felicidad que a mi se me ha negado. Sólo espero que Pansy no quiera burlarse de él, no se lo merece. Ron merece encontrar a una chica que lo haga feliz, y si tiene que ser Pansy pues que sea ella, pero que no le rompa el corazón. Suspiro. Mejor no pienso en nada y hago los deberes, al menos aprovecharé el tiempo.

POV Ron
Vale, tranquilo. Tercer piso, ya he llegado. Primera puerta. Tiene que ser esta. Oh, pero no dijo a mano derecha o a mano izquierda. Derecha mejor, no, no, izquierda seguro. No, oh, ¡maldición! Vale, izquierda, sí. Abro la puerta y todo está oscuro.

- ¿Hola? – digo a la nada -. ¿Hay alguien? – ninguna respuesta, seguramente era a la derecha.
- Veo que te has atrevido – reconozco su voz -. ¿No tienes miedo, Weasley?
- N… no – estoy nerviosísimo y me tiembla la voz.
- Pues lo parece, estás tartamudeando – la voz se acerca y ahora puedo empezar a distinguirla claramente.
- Só… sólo estoy algo nervioso – confieso.
- ¿Y por qué? ¿Temes que te pueda hacer daño?
- No, sí… no lo sé… ¿Por qué me has citado aquí? – finalmente logro sacar fuerzas.
- Juré que me vengaría… y aquí estoy.
- ¿Vengarte?
- Sí, Weasley – escupe mi apellido con todo el odio de siempre -, me besaste en público y eso no se le hace a una chica como yo, y menos si es una Slytherin…
- Yo…
- ¡Cállate! No me interrumpas – su voz casi da miedo -. ¿Por qué lo hiciste? – avanza unos pasos hacia mí y yo retrocedo -. Dime, dímelo, ¿por qué te atreviste? – cuatro pasos más y caigo encima de algo que no distingo bien en medio de la oscuridad, es un sofá, me vuelvo a levantar.

Ha llegado la hora de la verdad, la hora de dejar atrás mis miedos y mis temores, de olvidarme de la vergüenza y de todos esos sentimientos que me crean este maldito nudo en la garganta. Es hora de enfrentarla, de decirle todo lo que pienso, da igual si se ríe de mí, no puedo ya aguantar sin sincerarme.

- Porque… porque me gustas, sí, me gustas, hace tiempo que te miro y no puedo dejar de pensar en ti, sé que es una estupidez, tú eres una Slytherin y yo un Gryffindor, no sé porque tuve que fijarme en ti, pero lo hice y sé que te molestó pero no pude controlarme. Hacía días que soñaba con besarte y poder hablar contigo, pero nunca tenía la oportunidad y yo… - un dedo se pone encima de mis labios y agradezco que me haga callar, mi corazón palpita a un ritmo desbocado y respiro con dificultad por culpa de los nervios.
- De acuerdo, acepto tus explicaciones. Sólo otra cosa…
- ¿Qué?
- ¿Te gustó? – su pregunta me toma por sorpresa.
- Cla… claro que me gustó, bueno, no fue un beso consentido, pero yo… sí, me gustó.
- Perfecto, puedes irte ya – su voz vuelve a sonar fría, como siempre.
- ¿Irme? – mi cara ya lo dice todo, decepción.
- Sí, ¿qué esperabas? ¿Que correría a lanzarme a tus brazos? ¡Ja!, ni que fuera una maldita Hufflepuff…
- No, yo… - cabizbajo me voy hacia la puerta.
- ¡Weasley! – grita antes de que salga y me volteo para mirarla a los ojos -. ¿Cómo puedes ser tan tonto?
- ¿Qué… qué quieres decir? – esa chica me desconcierta.
- A ver… repasemos… Te he citado aquí, estamos los dos solos, no sé… no te he matado, eso podría indicarte algunas cosas, ¿no?
- Bueno, sí… pero… - me acerco hacia donde está ella -. Eso quiere decir… - no me salen ni las palabras -, quiere decir que tú… que tú… - tengo un nudo enorme en la garganta mucho peor que antes, la miro, está preciosa.
- Sí, sí, sí… me gustas, oh, ¿en qué día se me ocurrió fijarme en ti? – veo como se ruboriza.
- Pansy – su nombre en mis labios, es maravilloso, veo como sonríe al oírlo -, yo…
- Ron, cállate… - se sitúa a escasos milímetros, me pierdo en sus ojos negros, acerco los labios a los suyos y dejo de existir, he alcanzado el paraíso.
Fin POV Ron

Domingo, adoro los domingos. Poder dormir hasta la hora que uno quiere, sin tener que preocuparse por nada, sin tener que pensar en nadie… Tengo que hablar con Ron, ayer no lo oí cuando regresó, junto con Hermione ya le interrogaremos. Pobrecito, espero que no regresara herido. Herido… la imagen de Sirius retorciéndose de dolor en el suelo regresa a mi mente. ¿Cómo pude ser capaz de hacerle daño? Tengo que ir a disculparme, pero no sé ni qué decirle… ¿Qué puedo decirle después de que lo hiriera con una imperdonable? ¿Cómo justifico mi actitud si me fui sin preocuparme de su estado? No tengo perdón, quizá me odie por lo que hice, y lo merezco porque lo hice a propósito. Sí, quería hacerle daño, tanto daño como el que mi corazón sentía al verlo parado frente a mí. No puedo culparle, él no tiene la culpa de amar a alguien, aunque sea la misma persona a la que amo yo. No puedo meterme en su vida, si él es feliz yo me apartaré. Ya he renunciado a esa felicidad, prefiero que Sirius logre vivir tranquilo unos años, se lo merece después de todo lo que pasó.

Camino en dirección a la enfermería. En mi mente se agolpan un montón de recuerdos. Sirius cuidando de mí, ayudándome siempre que se lo había pedido, luchando contra los mortífagos arriesgando su vida, entrenándome para intentar vencer a Voldemort, consolándome… Son demasiadas cosas, demasiadas vivencias. Es mi padrino y lo quiero, sí, pero también le odio. Odio que tenga que escoger entre su felicidad y la mía, odio que sea precisamente él quién esté con Lucius, si fuera otra persona no me importaría, intentaría apartarla de mi camino y conseguiría mis propósitos. Pero no puedo hacerle esto a Sirius, no puedo…

- Señor Potter, ¿viene a visitar a su padrino?
- Eh… ah, sí, sí, Madame Pomfrey… ¿Está despierto?
- Sí, el profesor Lupin está con él. Puede pasar.
- Oh, Remus… yo… quizá pueda volver más tarde… no querría…
- Tonterías, estoy convencida de que su padrino estará muy contento. Pase, pase – me dice empujándome dentro, mientras Remus y Sirius nos observan.
- Mmmm… Ho… hola… Yo… - no sé qué decir, no debería haber venido.
- Harry, hola – dice Remus que no debe saber nada de lo que hice.
- Ho… hola, Sirius – susurro tímidamente pero no responde.
- Sirius… ¿no piensas decir nada a Harry? – le regaña el licántropo.
- ¿Qué quieres? – el carácter de los Black ha hecho acto de presencia.
- Quería saber… cómo estabas – me temo lo peor, definitivamente no debería estar aquí.
- ¿Cómo estoy? – traga saliva -. ¿QUIERES SABER CÓMO ESTOY? – grita, casi levantándose de la cama, pero Remus lo para y lo obliga a recostarse de nuevo -. Remus fíjate… Harry ahora quiere saber cómo estoy. ¡Como si no lo supiera! ¡Fue él quién me mandó a esta cama! – dice mirándome fijamente mientras me voy consumiendo por dentro.
- Sirius… - le regaña el castaño.
- Ni Sirius ni nada… Es mi ahijado, Remus, y el otro día me atacó, me hirió intencionadamente – su mirada acusatoria está dejando mella en mí.
- Yo…
- Oh, no digas nada, ahora ya es tarde, nada de lo que puedas decir me importa – sé que no es así, que está hablando en ese tono y me dice todo eso porque he herido sus sentimientos, pero no puedo evitar romper a llorar.
- Per… perdona – digo antes de desaparecer de ahí como un rayo.
- Harry, espera – oigo la voz de Remus lejana pero sigo corriendo por los pasillos.

Cuando me he alejado lo suficiente de ahí, me paro y me apoyo contra la pared. Tiene razón, le hice daño a propósito, pero me arrepiento y mucho. Ojalá pudiera enmendar mis errores, pero ya es tarde. Sólo espero que logre perdonarme algún día, no soportaría perderlo también a él. Oigo pasos, abro la puerta que tengo detrás, me meto a toda prisa en esa aula vacía y me quedo quieto en la penumbra. Era alguien que corría, quizá era Remus que me buscaba, pero ahora quiero estar solo, no me apetece hablar con nadie, deseo no existir en este momento, olvidarme de todo y de todos, no ser Harry Potter por unos minutos y dejar de lado todo este dolor que me consume por dentro.

Pasado un buen rato, quizá horas incluso, no lo sé, he perdido la noción del tiempo, salgo de mi escondite y voy a la habitación. Apenas me cruzo con alumnos, cosa habitual los domingos, día en que la gente aprovecha para salir a Hogsmeade y estar con sus amigos. En la Sala Común sólo distingo alumnos de cursos inferiores a los que no se les permite salir, como los de primero, o otros que están haciendo deberes y hablando con los demás compañeros. Ni rastro de mis amigos. Mejor, ahora no me apetece hablar con ellos. Me tumbo en la cama, corro las cortinas, no quiero que nadie me moleste. Pongo un hechizo silenciador y otro de privacidad y agarro la almohada para poder ahogar los sollozos.

Me prometí que no volvería a llorar, prometí que olvidaría toda la historia con Lucius, prometí que sería fuerte y que habría un nuevo Harry, pero soy incapaz de cumplirlo. Las palabras de Sirius han eliminado todas mis defensas, como si el mejor ejército me hubiera vencido en la batalla. Sirius… ojalá se recupere pronto. Cojo el mapa y busco el puntito con su nombre. Ahí está, sigue en la cama, no se mueve, quizá esté durmiendo, con Remus a su lado, velando sus sueños. Hecho un vistazo general. Ron y Hermione están cerca del lago junto con Neville y Ginny, deben estar comentando los últimos chismes. Snape y la profesora McGonagall están vigilando a todo un grupo de segundo mientras hacen su ronda por el castillo, daría lo que fuera por saber de qué pueden estar hablando. Los Slytherin, en su Sala Común, deben de estar planeando la próxima burla hacia Gryffindor, justo en medio está Draco y a su lado Blaise y Pansy, lo que darían mis amigos para estar con ellos ahora mismo. Cada uno con los suyos, cada uno con sus historias, cada uno con su vida normal… Todo sigue con normalidad mientras mis lágrimas caen encima del mapa y se secan. Daría lo que fuera por gozar de esa normalidad de la que todos disfrutan sin preocupaciones, incluso Dumbledore pasea felizmente por su despacho junto a…

Ahí está, paseando junto a él, un puntito negro a su lado. ¿Qué puede estar haciendo ahí con Dumbledore? ¿Y si quiere matarlo? ¿Y si es una misión de Voldemort? Mil ideas cruzan mi mente en ese momento, salto de la cama, tropiezo con los zapatos que dejé desperdigados por el suelo y me golpeo la nariz y la boca contra el suelo. Pero me levanto de nuevo, eso no va a impedir que llegue a tiempo de saber qué ocurre en ese despacho. Corro por los pasillos siendo el centro de atención de la gente con la que me cruzo. Empujo a un par de alumnos de Ravenclaw que están cuchicheando cerca de la entrada del despacho de Dumbledore. Digo la contraseña y subo de tres en tres los peldaños de esas escaleras que se me hacen interminables. Sin pizca de educación, abro la puerta y me encuentro cara a cara con él.

Su cara es de auténtica sorpresa, no esperaba verme en ese momento. Reacciono tan rápido como puedo y ese dolor que llevo dentro lo concentro en la varita.

- ¡Cru…! – empiezo sin apenas aliento.
- ¡Impedimenta! – la voz de Dumbledore me llega clara, pues si no llega a ser por él ese hechizo hubiera dado en su pecho de pleno.

Caigo al suelo, el impacto del ataque de Dumbledore ha hecho que perdiera el equilibro. Rápidamente Lucius se arrodilla a mi lado para ayudar a levantarme.

- ¡No me pongas las manos encima! ¡Aléjate de mí! – le escupo con todo mi odio.
- Harry… - mi corazón no soporta ese susurro que es apenas su voz al haberle hablado en ese tono.
- Harry, ¿estás bien? – Dumbledore me ayuda a sentarme en un sillón.
- S… sí – aún estoy impactado de ver a estos dos juntos sin que se evidencie ningún signo de lucha, los miro y sigo sin entender nada.
- Profesor… ¿se puede saber qué hace un mortífago como Lucius Malfoy, mano derecha de Voldemort, en Hogwarts? – veo como esas palabras se han clavado en su corazón, pero me alegro de que sufra un poco.
- Harry, el señor Malfoy… - empieza el director.
- No me cuente historias… - clavo mi mirada en la suya, permanece en silencio - seguramente lo ha engañado con su lengua de serpiente, es un mentiroso, ¡es un mortífago, sólo quiere nuestra muerte! – exclamo fuera de si y levantándome para ir contra él.
- ¡No, Harry! – la mano de Dumbledore me agarra antes de que llegue hasta mi objetivo -. Sé que es extraño, pero te pido que me escuches atentamente.
- No, él… yo… No, profesor, no quiero saber nada que provenga de ese hombre, él sólo… él sólo saber hacer daño a la gente.

No lo soporto más, no soporto verlo ahí, no soporto sentir su presencia, no soporto tener su mirada clavada en mí… y doy media vuelta. Empiezo a bajar las escaleras, quiero regresar a la habitación y dormir, dormir y olvidar, olvidar y soñar… soñar que es sólo una pesadilla, que no lo amo, que no me ha hecho daño. Pero tropiezo, quedo tendido en el suelo y miro qué ha sido lo que me ha hecho caer. Ahí está él, agarrado aún a mi pierna, atrapándome para que no me vaya.

- Harry…
- No quiero que me hables, no quiero escucharte, te odio, TE ODIO, ¡TE ODIO CON TODA MI ALMA! ¡REGRESA A LOS BRAZOS DE VOLDEMORT A DISFRUTAR DE SU CUERPO!
- ¡ZAS! – una bofetada cruza mi cara y advierto dolor en su rostro. Sé que estoy siendo injusto con esas palabras pero necesito olvidarlo y así terminaré de alejarlo de mi lado, para siempre.

Antes de que pueda decir nada más, me levanto y huyo a través de las escaleras hacia algún lugar dónde él no esté, hacia algún rincón donde no pueda encontrarme, hacia el infierno de dolor en el que me quiero consumir.