N/A: Perdón por el retraso, perdón por la locura que se me ha ocurrido al final del capítulo (no sé de donde la he sacado), perdón por un capítulo aburrido y sin mucho que aportar a la historia (salvo el principio)... Espero que aun así, os guste...
Darrenatic, muchas gracias. Creo que a todos nos gusta que Blam sean oficiales... Aunque me da pena el drama que se les aproxima (capítulo 10). En cuanto a Cooper... ¿Has hackeado mi ordenador y curioseado en las notas de este fic? Sólo eso explicaría que hayas acertado con el argumento del principio del capítulo... Espero que te guste lo que viene... Besos
CAPÍTULO 9: YA SABÍA QUE ÉSTO PASARÍA
Era domingo por la mañana y Blaine y Sam acababan de despertarse desnudos, juntos en la misma cama, en casa del moreno. Los dos prepararon todo para disfrutar juntos de un buen desayuno; huevos fritos, bacon, pan tumaca*, zumo natural... Los dos sonreían y se demostraban su amor mientras cocinaban todo. Se sentaron y empezaron a comer.
– Sé que los viernes saldrás con Sebastian en vuestra noche de chicos, no quiero quitaros eso. Sin embargo, yo también quiero que guardes un momento del fin de semana para mí... – El rubio no perdió la sonrisa.
– ¡Claro! – El ojimiel asintió y agarró con fuerza la mano de su novio. – No tienes de que preocuparte, todos los fines de semana tendré un momento para que tú y yo estemos solos.
– Quiero que me reserves los desayunos de los domingos. – El actor comentó.
– ¿Qué? Pensé que querrías la noche de los sábados para tener nuestras citas. – El más bajo se extrañó y el ojiverde sonrió mientras negaba.
– Quiero el desayuno de los domingos. De esa manera me aseguro que dormiremos el sábado juntos porque sólo así podemos despertarnos para cumplir con nuestra cita. Además, para poder dormir juntos es casi aseguro que el sábado por la noche salgas conmigo, solos los dos o acompañados de amigos o familiares. No me importa mientras el desayuno de los domingos sea para nosotros solos. – El guionista se levantó para acercarse más a su pareja y se sentó sobre sus piernas.
– Eso es lo más dulce que me han dicho nunca. – Anderson besó la boca del otro.
– ¿En serio? Tengo que empezar a cuidarte como es debido, no puedo dejar que algo tan vulgar como eso sea lo más bonito que has escuchado...
El teléfono de Blaine sonó y ambos suspiraron frustrados. No era que estuvieran haciendo algo importante pero preferían estar solos y tranquilos, sin interrupciones. Aun así, el moreno decidió responder.
– Más te vale que sea importante, suricato. Te garantizo que si no lo es te quedarás sin poder complacer a tus amantes. – La voz del ojimiel era seria.
– Sólo quería informarte que anoche me acosté con Cooper...
– ¡No necesito detalles! Estaba teniendo un perfecto y maravilloso momento romántico con Sam y lo último que necesito son detalles de como mi hermano y tú os lo montáis en la cama.
El guionista puso cara de asco mientras escuchaba la sonora risa de su mejor amigo al otro lado del teléfono. Sam acariciaba la espalda de su novio con cariño.
– Tranquilo, enano – Sebastian enfatizó el apelativo que le dedicaba a su amigo. – Sólo quería decirte que puedes estar tranquilo, que no estoy enamorado de Cooper. Supuse que lo querrías saber.
– Seb... Si las cosas fueran tan fáciles, no habrías tenido dudas. Tu experimento no significa nada. Que durante el sexo no hayas notado nada raro no significa que los sentimientos no estén ahí. Si tú eres más feliz pensando eso no te sacaré de tu error.
– ¡Vamos! Hobbit, sabes que yo no me enamoro. – El castaño protestó.
– Y tú sabes que nadie está libre del amor... ¡Dímelo a mí! Yo también me engañé, también me resistí y aquí me tienes, disfrutando de las caricias del mejor hombre que jamás he conocido.
El rubio no pudo evitar besarlo. Esas palabras le habían llegado al corazón. Él quería ser el mejor hombre del mundo para Blaine, quería ser digno de su cariño.
– Gracias por el piropo, amor. Será mejor que te deje que disfrutes de tu novio antes de que Sam se ponga celoso porque me digas cosas tan bonitas... Hablamos mañana. – Smythe
Los dos amigos se despidieron entre risas y bromas antes de colgar. Anderson estaba convencido de que nada era tan sencillo como el castaño pensaba pero él no podía hacer nada más que esperar... ¿Y qué mejor esperar entre los fuertes y seguros brazos de Evans?
Blaine y Sam estaban en el salón viendo la televisión. Bueno, eso de ver la televisión no era del todo cierto. Su atención estaba en el cuerpo del otro con besos y caricias. Las manos de ambos se movían despacio, como si intentasen memorizar cada rincón del cuerpo del otro.
El timbre sonó para interrumpir su momento de intimidad, rompiendo el beso que se estaban dando. El rubio gimió de desagrado mientras el cuerpo de su pareja lo dejaba solo en el sillón.
El moreno abrió la puerta para encontrarse con su hermano. El mayor estaba un poco despeinado y con los ojos rojos. El ojimiel lo abrazó automáticamente aunque no sabía cuál era el problema. En ojiazul se puso a llorar entre los brazos de su hermano, buscando el consuelo que necesitaba.
Los dos se dirigieron al salón y Sam se despidió de ellos para dejarlos solos. Sabía que necesitaban privacidad para hablar de lo que fuera que mantenía al mayor así. Cuando los hermanos se quedaron a solas, el más alto comenzó a hablar.
– Lo siento, sé que este fin de semana era para Sam y para ti, para que empezarais vuestra relación...
– No importa. – Blaine limpió las lágrimas del otro con la mano. – Soy tu hermano y siempre estaré para ti cuando me necesites.
– Tienes un gran corazón... – El ojiazul le dio un beso al menor en la frente.
– ¿Vas a contarme lo que te pasa? – El ojimiel lo miró con cariño.
– Ayer me acosté con Sebastian. – El mayor se separó de su hermano y pasó sus manos por su cara, intentando tranquilizarse y evitando mirar al otro.
– Eso ya lo sé, Seb me ha llamado y me lo ha dicho. No es la primera vez que lo hacéis y las anteriores no has acabado así. ¿Por qué ahora es diferente? – Blaine acarició la espalda de su hermano.
– Tenías razón. Todo este tiempo he estado haciendo el tonto, pensando que jamás me enamoraría de él pero... – El menor rodeó al otro con sus brazos y lo apoyó en su pecho. No dijo nada, sabía que no podía aliviar su dolor de ninguna manera, se dedicó a consolarlo y a apoyarlo con todo el cariño que le pudo transmitir.
Cuando Cooper estuvo más tranquilo, el menor decidió retomar la conversación, aunque sin cambiar la postura. Creía que era necesario hacer algo para que ese enredo se solucionara, de una manera u otra.
– Conozco a Sebastian desde hace dos años. Él es... Imposible cuando se trata de amor. Nunca ha estado enamorado, nunca ha tenido una relación. No sé por qué, es una parte de su vida que nunca ha querido compartir conmigo. Tienes dos opciones. La primera sería poner distancia, sólo verlo en el trabajo e intentar olvidarlo. La otra sería conquistarlo, hacer con él lo que Sam ha hecho conmigo.
– No quiero estar solo. Tengo treinta y dos años. Todos mis amigos ya se han casado... ¡Incluso algunos se han divorciado! ¡Y uno va por su segundo matrimonio! Todos tienen hijos y una vida más o menos feliz... Yo no tengo nada... Absolutamente nada...
– Me tienes a mí. – El menor se aguantó las lágrimas. Sabía que en ese momento ambos extrañaban a su padre. Esa persona que podía haberlos apoyado y aconsejado. Cooper dejó que una lágrima cayera por sus mejillas mientras el abrazo de su hermano se intensificaba.
Ya era de noche cuando Blaine llegó al apartamento de Sam. Había pasado todo el día con su hermano, intentando animarlo. No había tenido excesivo éxito pero al menos había conseguido que dejara de llorar. Sabía que tarde o temprano esa situación se daría y le apenaba que fuera así. Tenía que descubrir lo que Sebastian sentía, pero en ese momento sólo tenía una cosa en mente, estar entre los brazos de su novio.
La puerta se abrió y vio al rubio algo despeinado, con unos pantalones deportivos y una camiseta con un superhéroe dibujado. Apenas pudo sonreír antes de que el ojiverde lo besara, agarrándolo por la cintura para meterlo en el apartamento y cerrar la puerta sin separar sus labios.
– Veo que me has echado de menos. – Susurró el moreno.
– Mis hermanos no están, han salido con unos amigos y tardarán en llegar. Tenemos el apartamento para nosotros solos. – El más alto también susurró.
Sin decir nada más, ambos caminaron hasta la habitación de Evans y cerraron la puerta. Se descalzaron y se tumbaron en la cama. Empezaron besándose lentamente, transmitiendo todo su amor en cada toque de sus labios, en cada caricia. La mano de Sam se posó sobre la mejilla de su pareja mientras sus ojos se miraban, transmitiendo todo el amor y cariño.
– Me encanta estar así contigo. – El ojimiel susurró sin apartarse. Sam sentía hasta el movimiento de sus labios sobre los suyos. No querían separarse, no querían tener distancia entre ellos.
– ¿Puedo pedirte algo? – El actor quiso saber.
– ¿El qué? – El más bajo quiso saber.
– Me gustaría que... Quiero que... Esta noche quiero que tú... – El rubio estaba nervioso.
– Somos pareja, puedes confiar en mí.
– Quiero ser el pasivo. Quiero entregarme a ti. Quiero pedirte que seas suave conmigo, estoy un poco nervioso.
Anderson sonrió y le besó la frente. Luego le acarició con dulzura.
– No tienes nada que temer. Yo estoy contigo y no haría nada que te dañara. Te amo.
La pareja se besó con un poco más de intensidad, aunque sin perder el romanticismo que les había acompañado durante toda esa noche. Blaine se acomodó sobre el otro con delicadeza y lentitud, como si temiera que se fuera a romper. La lengua de Sam entró en la boca de su novio y todo se volvió más pasional.
Las manos de los dos exploraban el cuerpo del otro sobre la ropa mientras una sonrisa asoma en los labios del rubio mientras mantienen los labios pegados. La ropa empieza a estorbar por lo que comienzan a quitársela, sin dejar de besarse y acariciarse.
Cuando ya estuvieron desnudos, se dedicaron un tiempo a buscar algún rincón que desconocieran del otro, aunque realmente no existían porque se habían encargado de descubrirlos totalmente. El moreno comenzó a moverse para que sus miembros sintieran el roce del cuerpo del otro, causándoles mucho placer. El rubio se quitó la ropa interior e invitó a su novio a que hiciera lo mismo.
Blaine bajó por el cuello de su pareja, dejando pequeños besos por el camino. Después siguió por su pecho mientras acariciaba sus abdominales. Se incorporó un poco y cogió el lubricante. Miró los verdes ojos del actor durante unos segundos antes de atrapar uno de los pezones con sus labios. Con delicadeza humedeció sus dedos con lubricante e introdujo uno de los dedos en su interior.
Sam se sobresaltó al notar como el dedo entraba en él. No se lo esperaba y, a pesar de que su pareja lo distraía con pequeños mordiscos en sus pezones, él lo había sentido. Era algo nuevo, raro y un poco incómodo pero confiaba en el moreno lo suficiente como para no temer. Un segundo dedo se introdujo y empezaron nuevas sensaciones. Había algo de placer cuando esos dedos llegaban hasta el fondo y también algo de ansiedad. Su respiración comenzó a acelerarse, su sangre recorría todo su cuerpo aumentando su temperatura, su miembro estaba totalmente duro y esperando atención.
El ojimiel siguió bajando hasta llegar al miembro de su pareja y lo atrapó entre sus labios en el momento justo en el que introducía un tercer dedo en el interior de su amado. Estaba decidido a intentar darle la mejor experiencia posible. Sabía que era inevitable que le doliera y sabía que lo peor, el momento más crítico, aun no había llegado. Se apartó un poco del rubio sin haberle provocado un orgasmo, aunque sabía que lo había dejado cerca de correrse.
El actor se sintió vacío cuando los dedos abandonaron su interior y su pareja dejó de darle placer con su boca. Protestó con un gruñido y pudo ver como su novio le sonreía. No tenía miedo, no mientras estuviera entre sus brazos. El ojiverde vio como su novio cubrió su miembro con lubricante y se le quedó mirando. Sabía de sobra que esperaba un gesto que le indicara que estaba listo por lo que asintió. El guionista volvió a acomodarse sobre él, agarró sus manos, entrelazando sus dedos y juntó sus frentes. Anderson empujó sus caderas, introduciendo su miembro en el interior de Evans.
Sam sintió dolor y notó que le costaba respirar. Dolía, era algo que esperaba, pero eso no significaba que fuera más sencillo. Su cuerpo estaba tenso mientras escuchaba a Blaine susurrarle palabras de amor. Abrió los ojos que no sabía que había cerrado para encontrase con los del moreno. Un fino toque de dorado en ellos, aunque predominaban las pupilas negras. Pero sobre todo eso, podía notar el amor y la preocupación del otro. El rubio se obligó a relajarse y a normalizar su respiración. Sonrió y besó los labios de su pareja para indicarle que podía moverse. Al principio era algo incómodo, pero pronto empezó a sentir placer.
El moreno se esforzaba en encontrar la manera de hacerlo disfrutar. Estaba atento a los gemidos que de vez en cuando emitía su amante, pero no percibía nada fuera de lugar. Decidió elevar un poco la pierna derecha del ojiverde y eso facilitó que la siguiente embestida les sacara un mayor gemido a los dos porque había conseguido llegar más profundo.
A partir de ahí todo fueron gemidos, cuerpos sudorosos, roces de piel y placer. Evans estaba maravillado, le encantaban esas sensaciones y se preguntaba por qué había estado tan nervioso y había tardado tanto en decidir dar ese paso. El primero en llegar al orgasmo fue Anderson, liberándose en el interior de su pareja. A pesar de eso, embistió un par de veces más hasta que el rubio lo acompañó.
Blaine salió con delicadeza del interior de Sam y se tumbó a su lado. Con sus manos lo movió delicadamente para que se apoyara sobre su pecho. El rubio colocó su cabeza a la altura del corazón de su novio y pudo escuchar el latido de su corazón. Estaba algo acelerado, algo normal por lo que había pasado. Cerró los ojos, dispuesto a quedarse dormido mientras sentía las manos de su pareja subiendo y bajando por su espalda, acariciándole con amor. Una sonrisa se escapó de sus labios, no podía ser más feliz. Sólo esperaba que nada pudiera destruir esa felicidad.
El lunes llegó y la noticia de que Sam y Blaine eran por fin pareja circuló entre todos los trabajadores de Vampire. Para sorpresa de ambos, se enteraron de que varios compañeros habían hecho apuestas. Eso les hizo sentirse incómodos ya que no sabían que había tantas personas interesadas en su relación.
Faltaban veinte minutos para acabar el día cuando Kitty llegó al set de rodaje, moviendo sus caderas y con una expresión dura en el rostro. Se acercó al menor de los Anderson que la miró sorprendido.
– Hay un chico muy guapo fuera. Dice que has quedado con él. Se llama Brody Weston. – La rubia informó muy seca.
– ¡Genial! Dile que nos espere en la cafetería de la esquina, enseguida nos reuniremos con él. – El ojimiel decidió ignorar la situación.
– ¿Nos? – La chica alzó la ceja. El guionista sujetó el brazo de la joven y la apartó a un lugar donde nadie pudiera escucharlos.
– Mi hermano se siente sólo. Voy a presentarle a un compañero de la universidad. Saldremos los cuatro.
– ¡Lo siento! Pensé que querías serle infiel a Sam. – Wilde comentó sin ningún reparo.
– Eso no lo haría jamás. Sólo quiero ayudar a Cooper.
– Si necesitas algo de mí sólo tienes que pedírmelo.
– Necesito que le digas que me espere en la cafetería.
– Squirrel, no necesito que me busques ligues. – Cooper comentó mientras él y Sam salían de maquillaje después de dejar todas las prótesis que usaban para el rodaje. Blaine estaba esperándolos con una sonrisa. Acababa de contarle al mayor que había planeado una cita doble con un chico con el que había estudiado. Atractivo y divertido, era bisexual y hasta el menor de los Anderson había tenido un pequeño crush con él.
– No te busco ligues. Sólo quiero que conozcas a mi amigo Brody. La verdad es que quería presentarle a Sam pero tampoco quería que saliéramos los tres solos, sería algo incómodo para él. – El menor respondió.
– Claro, será mejor que te crea...
Los tres caminaron bromeando hasta la cafetería donde les esperaba el amigo del ojimiel. Hizo las presentaciones y los tres se sentaron en una mesa. Lo primero que hicieron fue contarle la relación de Sam y Blaine. Brody parecía muy contento por su amigo.
– Me alegra tanto que por fin superaras lo de Eli. – Weston comentó.
– Sam ha tenido mucha paciencia, no ha sido fácil. – El menor de los Anderson reconoció.
– Y no lo va a ser. No me preguntes en qué está metido pero quiere romper lo vuestro. Tenéis que tener cuidado. – Brody advirtió.
– ¿Qué? ¿Cómo lo sabes? – Sam se intereso.
– Eli también es mi amigo. – El chico se dirigió directamente al rubio. – Cuando Blaine y él rompieron todos apoyamos a Blaine porque era el que más sufría pero ambos entendieron que somos amigos de los dos. Lo que ha pasado entre ellos es algo de ellos y ni los demás amigos ni yo tenemos nada que ver. Sin embargo, Eli sabe que somos amigos de Blaine y no quiere contarnos lo que está tramando. – Brody miró a su amigo con cara de culpabilidad. Se sentía mal porque le gustaría poder contarle a su mejor amigo lo que estaba planeando el otro pero no tenía ni idea.
La conversación siguió entre coqueteos de Cooper y Weston hasta que Sam y Blaine decidieron dejarlos a solas con la excusa de querer pasar más tiempo en la intimidad de su apartamento. El mayor de los Anderson se sintió muy a gusto con el amigo de su hermano. Era un chico alegre, divertido, maduro y atractivo. Sin embargo, no era Sebastian aunque tal vez pudiera a llegar a sentir por él algo más que una simple amistad.
