Antes que nada, quiero pedir disculpas por la tardanza con el capitulo.

Espero que os guste y que lo disfrutéis.


BPOV.

Me alegraba que mañana fuera domingo. No me creía capaz de hacer nada, salvo estar en la cama todo el día, relajada leyendo un buen libro.

El día había comenzado muy bien, todos estábamos disfrutando del cumpleaños de Ina, riéndonos y bromeando, pero toda la magia se rompió cuando Edward apareció por la puerta y se lió a golpes con Jacob. No culpaba solo a Ed, Jake también tenía su parte de responsabilidad pero creo que su reacción fue algo normal. Solo estaba defendiendo a una amiga. Por suerte al final pudimos terminar la cena con una relativa tranquilidad, y digo relativa ya que se notaba que el ambiente estaba cargado y se podía cortar con un cuchillo.

Nada más entregar los regalos de Ina, me había venido a casa pese a las protestas de Tanya de que no lo hiciera, pero no quería estar en presencia de Edward después de todas las palabras hirientes que me había dicho. Entendía que estuviera herido, yo misma lo estaba, y sabía que en una situación así, somos capaces de decir lo que sea con tal de hacer daño a la persona que culpamos de nuestro dolor. Eso mismo es lo que yo había hecho cuando desperté en el hospital y lo culpe a él de la pérdida del bebé. Ahora que había pasado un tiempo, y pensaba con la cabeza fría, sabía que él no había tenido nada que ver.

Tenía que admitir que lo que más daño me había hecho habían sido sus palabras de que había olvidado a mi bebé muy pronto. El hecho de que pensara que estaba con Jacob había quedado relegado a un segundo plano nada más salir esas hirientes palabras de su boca. El que él pensara eso no era muy diferente a lo que habían pensado todos los demás.

Más o menos entendía que pensaran así, ya que no era algo muy habitual hacerte amiga de tu ex, el cual te engaña y no solo eso, tiene un hijo con otra. Pero con Jacob las cosas se dieron así, los dos habíamos estado de acuerdo cuando nos volvimos a encontrar, que aunque nos habíamos querido, no nos habríamos hecho felices el uno al otro. Él mismo admitía que no había hecho bien las cosas, no solo me engaño a mí, sino también a Rachel, pero no había sabido hacerlo de otra manera.

Ahora no sabía cómo iba a arreglar las cosas con Edward, no quería verlo y mucho menos estar en su presencia, estaba muy dolida con él por todo lo que había dicho, pero sabía que habían sido sus celos los que hablaron por él. En el tiempo en que estuvimos juntos nunca se había mostrado como alguien posesivo y celoso, no era para nada controlador como muchos otros hombres. Pero quien sabe, podía tener ese lado escondido y ahora haber salido a flote. Fuese como fuese tendría que pasar un tiempo antes de que nos encontráramos de nuevo.

Dos semanas después.

No hacía más que mirar el reloj. Solo faltaban diez minutos para que se acabara la clase, pero parecían muchos más. No sabía que me pasaba pero no me encontraba para nada bien, sentía el cuerpo pesado, con mucho calor pero a la vez frió y tenía un dolor de cabeza horrible.

Lo cierto es que llevaba varios días así, pero lo había asociado al estrés por los exámenes, trabajos y por todo lo reciente que me había pasado. Ahora no creía que fuera así, seguramente habría cogido algún virus estomacal o algo por el estilo. Cuando anoche hable con mis padres, ya estaba realmente mal pero al tener hoy un examen no había querido faltar.

Llevaba algunos días donde casi no podía comer nada, salvo cosas muy liquidas, ya que en otro caso me venían unas nauseas horribles. Tendría que tomarme el día de mañana de descanso, para poder recuperarme. Nada más acabar la clase iría a hablar con el director de la universidad parad decirle lo que me pasaba, y seguramente no estaría de más ir a visitar a Carlisle para ver qué remedio me daba.

Así que nada más tocar el timbre de final de clases eso es lo que hice, fui a la oficina del director y le conté lo que me ocurría. Por supuesto que no puso ninguna pega, solo me deseo una pronta recuperación y sin nada más que decir me fui hacia mi casa.

Al entrar oí ruidos en el salón, seguramente sería mi madre, ella tenía llaves, ya que había insistido que necesitaba unas por si algún día me pasaba algo y no tenía como entrar. Algo dramática para mi gusto, pero en esta ocasión agradecía que las tuviera. El camino hasta mi casa se me había hecho muy largo. Por mucho que caminaba parecía que no iba a llegar nunca a mi destino, y en el trayecto me había comenzado a sentir mucho peor. Me dirigí hacia el salón y como bien pensé, allí estaba mi madre, acompañada de Elizabeth, las dos estaban sentadas cómodamente en el sillón, acompañadas por unas tazas de café y un trozo de tarta, que yo no tenía en la nevera. Alguna de ellas lo habría traído, más seguramente Elizabeth, ya que mi madre lo de cocinar no se la daba muy bien.

Cuando me vieron en la entrada me saludaron las dos muy animadas, pero al oír mi voz al devolverlas el saludo me miraron con las caras llenas de preocupación. Lo cierto es que mi voz había salido muy rara, casi no se me oía.

-Cariño, ¿te encuentras bien?.

-La verdad que no- procedí a relatarlas a las dos los síntomas que tenía, que llevaba ya algunos días con ellos, pero que hasta hoy no había estado tan mal.

-Creo que lo mejor es llamar a Carlisle- dijo mi madre. Yo solo acepte con un gesto de la cabeza y me fui a mi cuarto a dejar mis cosas.

Todos los días cuando volvía de la universidad lo primero que hacía era cambiarme de ropa por una más cómoda, y eso es lo que hice. Me puse unos leggins que tenía con agujeros y una camiseta que me quedaba algo grande, pero me gustaba por eso mismo.

Cuando salí al salón, vi que tanto mi madre como Elizabeth, estaban recogiendo todo lo que habían usado y lavándolo. Como no quería molestarlas, ya que parecían muy concentradas en lo suyo y en una conversación que estaban teniendo en susurros, me fui a tumbar al sofá y me tape con una manta.

Sentí como alguien me llamaba en susurros y me movía con suavidad del sofá para dejarme con mucho cuidado en una superficie plana, que supuse seria la cama de mi dormitorio. No tenía fuerzas para abrir ni siquiera los ojos, pero en un intento por ver quién era la persona que me había cogido hice un tremendo esfuerzo por abrirlos. Al hacerlo me encontré con los ojos claros de Carlisle que me veían con preocupación. Pude distinguir algunas siluetas que estaban a su lado pero no pude enfocar bien quienes eran.

-Bella, ¿cuantos días llevas así?- mire de nuevo a Carlisle para contestar a su pregunta, pero al intentarlo me di cuenta de que tenía la boca muy seca y pastosa, como si tuviera un estropajo dentro. Al ver que intentaba hablar y no podía, me comencé a poner nerviosa. Desde el principio había estado convencida de que lo que tenía era un virus estomacal o alguna cosa de ese tipo pero ahora me estaban entrando las dudas- tranquila cielo, voy a revisarte- asentí a las palabras de Carlisle.

Comenzó tomándome la temperatura y mirándome la garganta. Había ciertos momentos donde el sueño y el cansancio podían conmigo y me quedaba dormida por periodos cortos de tiempo. No fui consciente de las caras que hacia Carlisle al mirarme, pero cuando termino de revisarme, me tapo y salió hacia al salón donde suponía que estarían mi madre y Elizabeth.

No sabía si había pasado mucho tiempo o poco desde que llegue de la universidad ya que había perdido lo que parecía ser al noción del tiempo, pero al intentar encontrar una mejor postura en la cama vi por la ventana que ya había comenzado a anochecer, así que haciendo unos rápidos cálculos, supuse que serían sobre las seis y media de la tarde. Desde la cama podía escuchar las voces amortiguadas de las personas que se encontraban en el salón, parecía ser más de tres, y no sé si fue producto de la fiebre, que estaban más que segur que tenía, pero una de las voces se parecía mucho a la Edward. Esa voz podría reconocerla en cualquier lugar y en cualquier situación que se presentase.

Sentí que la puerta de mi dormitorio se abría con cuidado y por ella asomaba una cabeza con cierta reticencia. Al ver que era Edward comprendí que no había imaginado su voz y entendía el que entrara con precaución al cuarto. Después de todo, nuestro último encuentro no había sido de lo más amistoso.

-¿Cómo te encuentras?- entro del todo a la habitación y cerró la puerta con cuidado. Podía ver que estaba dubitativo sobre si acercarse o no, pero sea lo que sea que pasaba por su cabeza se animó y se acercó hasta sentarse en el borde de la cama. Como no quería volver a sentir la sensación que tuve al intentar hablar antes, decidí que mejor le contestaría por gestos. Y como no sabía muy bien como encontraba, quitando que me dolía todo el cuerpo y tenía un frio horrible, levante los hombros dando a entender que no estaba ni bien ni mal- No te preocupes, Carlisle ya ha llamado a la ambulancia y vendrá enseguida, te pondrás bien.

¿Ambulancia? No entendía porque tenían que llamar a una. Sabía que estaba mal, no era tan tonta como para creer que estaba a las mil maravillas, pero ¿tan grave era lo que tenia que no podía ir en coche hasta allí?.

-No, po…po..por favor- me costó horrores decir esas tres simples palabras, pero haría lo que fuera para no ir al hospital, y en caso de tener que hacerlo, no quería hacerlo en una ambulancia.

-Bella, tranquila. No voy a dejar que te pase nada. Tranquila amor, tranquila- una de sus manos encontró la mía y la agarro ejerciendo presión en ella. Como si quisiera decirme que no estaba sola, que él estaba conmigo, dándome apoyo.

Amor. Él me había llamado amor. Una palabra tan corta, pero con un significado tan grande, que podía hacer que el corazón se detuviera durante eternos segundos para después reanudar su marcha con una intensidad mayor a la anterior. Donde podías sentir dentro de tu pecho un aleteo rápido como si fueran las alas de un colibrí que se batían a gran velocidad.

No sabía porque, pero al oír sus palabras, me embargo una gran oleada de calma. Sabía que teníamos mucho de qué hablar, pero al llamarme amor, de esa manera en que lo había hecho, con su voz suave, llena de ternura y preocupación, me dio a entender que las cosas entre nosotros si podían volver a ser lo que fueron. Tendríamos que hacerlo con calma y no apresurarnos en nada. No sabía explicar el cómo ni el porqué, pero estaba convencida de que lo nuestro no había muerto y que todavía, a pesar de todo, podíamos llegar a ser felices el uno con el otro.

-Bella, ya ha llegado la ambulancia, nos tenemos que ir. Tengo que hacerte unas pruebas para estar seguro de lo que tienes- Carlisle había entrado en el cuarto seguido por mi madre y Elizabeth. Las dos se habían dado cuenta de que Edward y yo estábamos cogidos de la mano ya que pude apreciar una sonrisa en sus caras.

-Carlisle- Edward se levantó de la cama sin soltar mi mano en ningún momento. Agradecía mucho ese contacto. Su mano en contacto con la mía me daba un calor muy agradable que se extendía, de dicha mano, hacia la parte superior del brazo y terminaba alojándose en los confines de mi corazón- Llevare a Bella en el coche, ella no quiere ir en ambulancia.

-Edward sabes que en la ambulancia ira mejor y puedo ponerla un gotero con suero.

-Está bien- gire mi cabeza en su dirección mirándolo con los ojos abiertos como platos. Él me había dicho que no me dejaría que me pasara nada, y ahora estaba de acuerdo en que me fuera en una ambulancia cuando sabía que no quería hacerlo- ¿podéis dejarnos solos un momento, por favor?.

Los tres asintieron y salieron sin decir nada.

-Edward…en la ambulancia…no- me incorpore en la cama con bastante esfuerzo, sentía el cuerpo débil y pesado, extendí el brazo para coger una botellita de agua que tenía siempre al lado de la cama, en la mesilla de noche, y bebí agua para refrescarme la garganta- por favor.

-¿Por qué no quieres ir en la ambulancia? Lo que ha dicho Carlisle es cierto. Allí podrá ponerte suero y tenerte hidratada.

-El accidente- En su cara se podía ver claramente la confusión. Seguramente mis palabras le parecerían extrañas y sin sentido, pero para mí, tenía todo el sentido del mundo- El bebé que perdimos. La ambulancia me lo recuerda. No me hagas ir por favor- Una sombra cruzo su cara oscureciendo su mirada y volviéndola tormentosa. No sabía que estaría pensando pero sería algo triste, al igual que me pasaba a mí cuando me acordaba de nuestro bebé nonato.

-No vas a ir en la ambulancia. Yo te llevare.

Vi que iba hacia el rincón del cuarto donde tenía un armario pequeño, en él guardaba las cosas de cama, toallas y demás enseres del baño, y cogía una manta. Volvió hacia la cama y con cuidado pero con decisión me aparto las mantas. Agarrándome de la mano me ayudo a incorporarme hasta quedar sentada en el borde. Me echo la manta por encima de los hombros y sin ningún tipo de esfuerzo me cogió en brazos y salimos hacia el salón.

Todos se quedaron sorprendidos al vernos salir así, pero el único que hablo fue Carlisle.

-¿Se puede saber que estáis haciendo? Los médicos de la ambulancia tienen que ponerte el suero.

-Bella no va a ir en ninguna ambulancia. La voy a llevar en mi coche- Carlisle estaba listo para protestar pero Edward no le dio tiempo, interrumpiéndolo antes de que abriera la boca- No me importa lo que penséis, ella no quiere ir y no la voy a obligar. Sé que es necesario que la pongan el suero, pero va conmigo.

Ninguno de los tres parecía muy convencido, pero al ver que Edward no daba marcha atrás, aceptaron.

Los médicos entraron enseguida y me pusieron una aguja intravenosa para pasarme el suero. Como iba a ir en coche, mi madre y Elizabeth vendrían con nosotros y una de las dos llevaría agarrado el suero.

Sabía que estaba haciendo un escándalo por no querer ir en la ambulancia pero no me veía con fuerzas de subirme a una.

Para mucha gente podía parecer algo insignificante pero había sido yo la que había oído a los médicos hablar mientras iba y venía en la inconsciencia. Había oído como hablaban entre ellos diciendo que no podían hacer nada por salvar a mi bebé. Que no llegarían a tiempo al hospital.

En lo que parecieron solo unos minutos llegamos al complejo hospitalario. No se veía mucha gente en la entrada, y parecía que había bastante calma, pero siendo como eran los hospitales, no te podías fiar de la calma que había en ellos.

En muchas ocasiones había oído a Carlisle decir que, lo que parecía que iban a ser noches tranquilas en un comienzo, habían acabado siendo noches horribles al final de la jornada.

Como la ambulancia nos había seguido, nada más llegar, los médicos me bajaron del coche y me subieron a una camilla entrando conmigo a un box con rapidez.

No fui muy consciente de lo que me hacían.

La última vez que había estado en un lugar así, no había sido para nada bueno, y quería que acabaran cuanto antes para poder irme.

Me habían sacado sangre y Carlisle me revisaba cada dos por tres, mirando que el suero tuviera contenido y haciéndome preguntas. En un momento dado, Edward entro en el box, y su sola presencia logro que me calmara un poco. No fue mucho lo que dijimos, ya que siempre había alguien con nosotros pero el saber que al menos estaba allí, a mi lado, era un gran paso. O al menos eso es lo que me parecía.

Carlisle entro en un momento dado en el que los dos estábamos mirándonos a los ojos del otro. No estábamos hablando de nada, pero parecía que todo lo que teníamos que decir, lo estaban expresando nuestras miradas. No queriendo interrumpir, se aclaró la garganta un par de veces, haciendo que perdiéramos nuestro contacto visual para fijar la vista en él.

-Perdón por la interrupción, pero ya tengo los resultados de tus análisis Bella.

-¿Qué es lo que dicen?- Edward se separó y se acercó hacia Carlisle para mirar el mismo los papeles que traía en la mano.

-Tienes mononucleosis, Bella.

-¿Qué tengo que?.

-Así es Bella- Edward seguía mirando los papeles, pero ya no parecía prestar atención a lo que ponía en ellos. Se había quedado como con la mirada perdida, pensando en algo que solo el sabia- Muchos casos de mononucleosis se producen por el contacto en los útiles de comida o por medio de besos. Es una enfermedad que se transmite por la saliva.

-¿Y cómo es que me he contagiado?. Hace meses que no beso a nadie- cuando pronuncie estas últimas palabras, mire a Edward, y vi que me estaba mirando. En su rostro se reflejó una sonrisa triste que no le llego a los ojos.

-Puedes contagiarte comiendo de una cuchara de una persona que tenga el virus, no tiene que ser necesariamente por medio de besos. Es por medio de la saliva en general. Probablemente alguien de la universidad lo tenga y has comido de su cuchara o bebido de su vaso. Puede ser la persona que menos se te ocurra ahora.

Tras escuchar esas palabras de Carlisle, un solo nombre vino a mi mente, Lauren. Ella había faltado la última semana a la universidad alegando que se encontraba mal. Yo creía que lo que había dicho porque seguía de escapada romántica con su novio, pero ahora que hacia memoria, todo lo que estaba diciendo Carlisle encajaba. Lauren y yo en alguna ocasión habíamos compartido el bote de refresco en los almuerzos, incluso comida. A ninguna de las dos se nos había pasado por la cabeza que algo así pudiera sucedernos.

-¿Qué es lo que tengo que hacer ahora? Me refiero a que tratamiento debo seguir.

-No hay un tratamiento específico para seguir. Es un tipo de virus que desaparece solo. Suele durar unas cuatro semanas. Lo que tienes que hacer mayormente es descansar, beber muchos líquidos para evitar la deshidratación y tomar paracetamol o ibuprofeno para el dolor que puedas sentir y para bajar la fiebre- Mientras hablaba, Carlisle iba anotando algo en lo que suponía que sería mi historial médico. Edward se había acercado a la cama, pero ya no había vuelto a intentar cogerme de la mano- esta demás decir- agrego Carlisle- que nadie debe de usar tus cosas personales y tus cubiertos- echando una mirada a Edward y otra a mí, añadió- y por supuesto que no debes de besar a nadie. Tu mismo lo sabes Edward, eres médico.

Tras decir eso, salió de la habitación, dejándonos a los dos sin saber que decir. Solo intercambiamos una mirada y volvimos a perdernos cada uno en nuestros pensamientos.

Estaba claro que Edward y yo no estábamos en ese punto de andar besándonos, pero el solo hecho de que lo mencionara, me había dejado con ganas de volver a probar sus labios.

Hacia tantos meses que no podía saborear su sabor, y disfrutar de su suavidad que los extrañaba como un náufrago extraña el agua o un lugar donde dormir.

-Voy a decir a nuestras madres que nos vamos en breve para casa.

Volví al presente, dejando de soñar con sus labios y sus besos, para ver como salía del cuarto hacia la sala de espera.


Contadme, ¿que os ha parecido?.

Dra B Swan gracias por ayudarme en el capitulo contándome sobre la mononucleosis, te lo agradezco de corazón.

Melany he visto tus comentarios, pero no puedo contestarte por ff, si quieres háblame al facebook, swallen isabella, y conversamos por allí :) gracias por deajrlos :)