Hola sempais :D ¿cómo están el día de hoy? Jajaja. Habrían de ver mi cara al enterarme de que mi inspiración me duro para la conti de Anata no tejun o mite y la de LUZ DE MIS OJOS... Toda así de O.O
Bien. Espero que la disfruten.
=CAPÍTULO 9=
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El claxon de un auto se elevó por la calle, seguido de otro. Sasori escuchaba el grito de mujeres y hombres de mercado promocionando sus artículos, pero dentro del consultorio todo era silencio. Solo la respiración de todos, muy leve, quizá alguno había dejado de hacerlo. En su hombro, las uñas de Pein se le clavaron con fuerza. Su tía lanzó una exclamación. Esperaba oírla gritar. Esperaba oírse gritar.
Deidara, le tomo la mano con delicadeza. Y él respiro profundamente. Una sensación de calma profunda le cubrió todo su ser.
Iba a estar bien. Dijera lo que dijera aquel hombre… él iba a estar bien. ¿Verdad que sí?
–Viendo estos estudios creo que debo anunciarles que… – Hiashi hizo una pausa mientras suspiraba y dejaba los papeles a un lado. Los miro a todos, en especial a Sasori y a su tía –Es posible hacer la operación.
Sasori, que había contenido la respiración dejó escapar una exhalación sorprendida. Su corazón le latía terriblemente fuerte. Su sonrisa se curvó en una sonrisa nerviosa mientras sentía como Deidara le apretaba la mano con fuerza. Pein lanzó una carcajada de alivio, un sonido que jamás le había escuchado hacer.
–¿De verdad? – preguntó su tía con un tono nervioso –¿Es posible? ¿Has escuchado eso, Sasori?
–¡NOS VAMOS DE FIESTA, JODER! – gritó Pein y le soltó el hombro para palmearle la cabeza a Sasori y despeinarlo, y luego miro a Hiashi que levantaba una ceja sorprendido –Lamento el vocabulario.
–No importa. Comprendo,… pero… – contestó Hiashi con una sonrisa.
Sasori no dejaba de respirar profundamente, esperando que de pronto se despertara de un sueño, o que lo que hubiera escuchado era solo producto de su imaginación y deseo de volver a ver.
Lo que le convenció de que podía ser real fue cuando sintió los labios de alguien en los suyos, una presión suave y apenas perceptible.
–¡Volverás a ver, Sasori, hum! – gritó Deidara, feliz. Sasori estaba a punto de atraerlo nuevamente hacia él cuando de repente escucho a su tía.
–¿Pero? ¿Qué pasa, Hiashi samma?
Sintió que el corazón se le paraba.
–Debido al daño producido en su cerebro, lo que le impide ver y ya que es más serio de lo esperado… La operación no se puede llevar acabos sin otra persona. Necesita un donante – contestó Hiashi después de una pausa.
Inmediatamente, el pelirrojo sintió que el alma se le iba a los pies.
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Sasori había ido a encerrarse a su cuarto en cuanto llegaron a la casa. No le permitió ni a Deidara ni a Pein ayudarle a subir las escaleras. Po, que veía a su dueño subir torpemente las escaleras tuvo la amabilidad de no cruzarse en su camino para no ir a tirarlo. La puerta de la habitación de Sasori se azotó con una descomunal fuerza e hizo saltar a los tres e incluso a Po, que comenzó a dar vueltas de un lado a otro, chillando.
Deidara miró a Pein, triste. El peli naranja se limito a verle de la misma manera y a negar con la cabeza lentamente.
–Estará bien, Deidara – le aseguró, pero no le miro a los ojos y tampoco sonaba muy seguro –Sasori… Solo necesita tiempo…
No se escuchaba ningún sonido proveniente del cuarto. Pein estaba preocupado, usualmente, cuando su primo estaba enojado comenzaba a romper cosas o a lanzar cuanta palabra obscena se le venía en la mente. Miro de reojo a Deidara que permanecía estático y se preguntó cómo sería cuando se fuera a su casa.
–No es cierto, hum – susurro Deidara –No estará bien.
Su voz temblaba mientras pronunciaba esas palabras. Pein le palmeo el hombro con gentileza.
–Debe estar solo. Es lo que más le conviene hacer ahorita…
La madre de Pein se había ido a la cocina y sacaba una botella de algo que Deidara dudaba, fuera té, y se la echaba de un solo trago.
–¿Podría hablar con él, hum? – preguntó mirando a Pein –Quizá… quizá pueda hacer algo, hum.
Pein frunció el ceño.
–Dudo que sea buena idea…
–Por favor… – la súplica en la voz del rubio hizo que Pein se encogiera de hombros y fuera con su madre.
Deidara se giro hacia Po, el perro lo miraba como si supiera que fuera a hacer una tontería y, después de lanzar un largo suspiro, Deidara se encamino al cuarto de Sasori.
Estando frente a la puerta, tocó quedamente, mientras se mordía el labio con fuerza. No hubo contestación. Tocó nuevamente.
–¿Sasori, hum? – le llamó con voz amigable –¿Sasori?
–¿Qué?
La voz de Sasori estaba quebrada y a Deidara se le encogió el corazón.
–¿Puedo pasar, hum?
–Da lo mismo.
¿Eso lo podía tomar como un sí? Decidió que correría el riesgo y giro la perilla con cuidado, y metió la cabeza. Sasori estaba sentado en el suelo, con la espalda medio recargada en la cama y la cabeza gacha. Deidara cerró la puerta tras de sí y se fue a sentar con Sasori, en posición de flor de loto, tan cerca que sus hombros y también sus rodillas se rozaban.
Otra vez hubo un silencio sepulcral entre ambos. Deidara nunca se había sentido tan incómodo. No sabía cómo romper el silencio, pero al final, no tuvo que hacerlo.
–La operación puede hacerse – dijo Sasori y Deidara lo miro –Pero necesito un donante. Es gracioso, pero… no quiero hacerla. No si tengo que privar a alguien de la luz…
Deidara se limito a ver el techo indeterminado tiempo, en silencio, pensando que quizá Sasori querría decir algo más.
–¿Y si ese alguien quisiese darte esa luz, hum? – preguntó al ver que Sasori ya no estaba dispuesto a decir más.
–¿Por qué querría alguien hacer eso? – preguntó Sasori con una sonrisa amarga –Es renunciar a ver… No es como si te cedieran el lugar de algo carente de importancia o algo así…
Deidara se sonrojo inmediatamente.
–Esa persona estaría definitivamente loca – terminó de decir Sasori.
–No digas eso, hum – contestó amargamente –Esa persona te querría mucho. Infinitamente, cabe decir, hum.
–¿Y qué persona me puede querer tanto? Deidara… es una locura… yo… yo…
–Yo lo haría, si quisieras…hum – contesto con firmeza Deidara, sin pensar en lo que decía. Sasori comenzó a respirar agitadamente y frunció el ceño, enojado.
–¡No digas gilipolleces, Deidara!
Sasori se hizo a un lado, como si la presencia de Deidara a su lado fuese la de un insecto horrible y asqueroso, Deidara frunció el ceño y tomo las manos de Sasori entre las suyas.
–No son gilipolleces, hum.
–¡Claro que lo son, idiota! – gritó Sasori separando sus manos –¡Es increíble que pienses toda esa mierda…! ¡Eres un completo estúpido!
Sasori se puso de pie y camino unos pasos, dándole la espalda a un Deidara que mantenía la boca abierta de par en par por las horribles cosas que Sasori le estaba diciendo. No sabía que era normal que cuando estaba enojado se soltara tantas maldiciones. Venga, podría ganarle a Hidan. Pensar en el albino le retorció el estomago.
Se puso de pie, tratando de controlar su malhumor en aumento y apretó con fuerza los dientes hasta hacerlos rechinar.
–¡No es mierda. Y si lo haría, hum!
Sasori se giro.
–¡Si pudiera ver te rompería la nariz!
–¡Si pudieras ver no nos conoceríamos, hum!
–¡Quizá así fuera mejor, carajo! ¡Podría ver! ¿Qué coño me podría interesar más que eso? ¿Un estúpido romance de mierda que se va a acabar? ¿Ó que nada más soy una especie de entretenimiento creativo para un idiota? ¿Una especie de olvido momentáneo, no? ¡Eso fue lo que me dijiste, tú, remedo de prostituta y tu pequeño novio, ese chimpancé con cerebro de pulga pueden ir lamiendo la tierra por donde pisan!
Deidara abrió los ojos de par en par. Su boca, desencajada de lugar. Las lágrimas queriendo salir, ¿cómo le había dicho? ¿Prostituta? ¿Quién…?
–¿De qué hablas, hum? – fue lo único que alcanzó a preguntar.
–¡De ti y ese gran imbécil de elefántasticas proporciones!
–¡¿Hidan?
–¡Ese mismo!
Su corazón le golpeo con fuerza el pecho, hasta hacerle soltar un gemido de sorpresa.
–¿Qué tiene que ver él con esto, hum?
–¡Pues que el muy condenado vino a decir que eres suyo!
Deidara enrojeció violentamente.
–¿Y le creíste, hum?
–¡Tú mismo me lo dijiste! No estás seguro de amarme, ¿no? Pues, te tengo noticias, Deidara – pronuncio el nombre como si fuera algo asqueroso –Yo también puedo jugar a esto, ¿sabes? Tú solo eres una especie de entretenimiento para mí. ¡A mí me gusta alguien más y es mucho mejor!
Deidara se hizo para atrás, como si Sasori le hubiera golpeado.
–¿A sí? – preguntó, explotando al fin –¿Y quién es? ¿Tobi?
–¡Itachi!
Hubo un silencio entre ambos.
–¿I…Itachi, hum? – preguntó incrédulo y sonriendo burlonamente –No me jodas, ¿ese Uchiha?
–Sí – contestó Sasori –Al menos no me trata como un cero a la izquierda.
–¿¡Y quién te está tratando como un puto cero a la izquierda, hum! ¡Te acabo de decir que te daría mis ojos y tú me sales con esas tonterías, hum!
–¡Son puras sandeces las que dices!
–¡No lo son, carajo! ¿De verdad eres tan idiota, hum?
–¡Si te lo parezco!, ¿no?
–¡Vaya que sí, hum!
–¿Entonces por qué no te vas con tu novio de mentira, prostituta barata?
–¡Quizá eso haga!
–¡Pues venga, lárgate!
–¿Eso quieres, hum? – gritó Deidara, con las lágrimas aflorando en sus ojos –¡Bien, me largo! ¡Y también con mi puñetero lugar en la feria, hum!
Sasori frunció el ceño.
–¿De qué hablas? – susurro. Deidara enojado pateo la cama de Sasori haciendo que está se moviera, le produjo un horrible dolor en la punta del pie y maldijo en voz alta –¡Deidara!
El rubio se fue cojeando hacia la puerta del cuarto, abrió la puerta y pasó al otro lado, se dio media vuelta y miro furibundo a Sasori.
–¡A que renuncie a la beca de artista por darte el jodido lugar, hum!
Y después de decir eso cerró la puerta con un golpe tan horrible que incluso a sus oídos los aturdió. Fue como si por un momento dejará de escuchar. Camino hacia las escaleras, cojeando, mientras su vista se volvía borrosa y trataba de no tropezar. Pensaba fingir que no había pasado nada, pero para entonces Pein estaba ahí, estático, mirándole como si no pudiera creer todo lo que había escuchado. No lo culpaba. Ni él mismo se lo terminaba de creer.
Sin decirle nada pasó a su lado, casi choco violentamente con él, pero logro apenas rozarle.
–¿Deidara? – escuchó que le llamó Pein, pero él siguió caminando hasta la puerta de la salida y luego, cuando por fin su pie dejó de doler tanto echó a correr con los ojos cerrados hasta donde llegara.
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Chocó con alguien cuando giro en la esquina y dio un par de traspiés hacia atrás antes de caer de sentón sobre el frío suelo. Abrió los ojos entre maldiciones adoloridas.
–¡Deidara sempai! – gritó una voz extremadamente conocida para el rubio –¿Qué le pasa? ¿Es…Está bien?
El Uchiha se hincó a un lado de Deidara y le puso una mano en el hombro. Deidara se la apartó con un gesto despreciativo, mientras trataba de ocultar su rostro.
–¿Qué le ha pasado, sempai? – preguntó Tobi preocupado, pero el rubio solo susurro palabras ininteligibles mientras se ponía colorado. El buen chico lo conocía demasiado bien para saber que aquellas manchas rojizas que se extendían por sus mejillas eran de coraje –Tranquilo sempai. Tanto estrés no es…
Y antes de que pudiera decir algo más, Deidara le propino un fuerte golpe en el rostro, justo en el pómulo que lo tiro de costado sobre el pavimento.
Tobi miro a Deidara, completamente anonadado. Deidara, que permanecía con el puño elevado y lo miraba con los ojos anegados en lágrimas, apretaba con fuerza los labios convirtiéndolos en una fina línea temblorosa. Tobi se enderezó, todavía sentado en la banqueta, cautelosamente. Como lo previó, Deidara comenzó a golpearle con fuerza el pecho. Soltó leves gemidos adoloridos, y trató de sostener las manos de Deidara entre las suyas.
Cuando lo logró, Deidara maldijo y refunfuño luchando contra sus manos, pero al final, la fuerza parecía irle abandonando y terminó por recargar la frente en el pecho del buen chico, sollozando y dejando flácido todo el cuerpo.
Tobi, un poco aturdido y levemente sonrojado abrazó a su sempai y lo estrechó contra sí.
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Sasori cayó en la cuenta de que era un idiota antes de que Pein entrara y se lo dijera. ¿Qué le había dicho a Deidara? ¿Por qué le había dicho cosas tan horribles?
Al principio quiso atribuirlo al hecho de que no iba a poder aceptar la operación en los ojos. Pero… mientras se jalaba los cabellos con cierta desesperación, maldiciendo su estúpido comportamiento, se dio cuenta de que aquellas palabras que habían salido de su boca, muy lejos a sentirlas de verdad, habían salido por la frustración y los celos.
¡Tenía algo mal en la cabeza!
Por mucho que aquello le hubiese dolido y todo, no podría imaginarse qué es lo que había sentido Deidara cuando le llamo estúpido ó prostituta.
Nunca se había odiado tanto. Nunca había odiado a nadie con tanta fuerza.
–¿Podrías llevarme… con Deidara? – le preguntó a Pein mientras su primo refunfuñaba.
–¿Hablas en serio? – preguntó sorprendido –¡Después de cómo le hablaste no querrá ni verte! ¡Debiste ver su rostro!
–¡Ya lo sé! ¡No puedo verlo pero me imagino cuánto me odia ahora, maldita sea!
Pein dejó caer los brazos a los costados, cansado. Se pasó una mano por el rostro y se despeino en un gesto distraído.
–Pein… por favor… – suplicó Sasori, levantando la mirada –Necesito… disculparme…
Pein suspiro, mirando a todos lados, menos a su primo. Luego de lanzar una maldición se acercó a Sasori y le pasó un brazo por los hombros, instándolo a levantarse. Sasori agradeció mudamente a su primo, y ambos salieron del cuarto y de la casa rumbo a buscar a Deidara.
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Así que volvían a venir al parque. Al lugar donde todo empezó. Deidara suspiro mientras Tobi le ofrecía un poco del helado que había comprado.
Tobi se sentó a su lado en la banca y miró el cielo con un gesto preocupado porque Deidara no le había contado nada sobre lo sucedido, y dudaba quisiera hacerlo. Miró de reojo al rubio, que removió el helado antes de dejarlo a un lado.
–No quiero helado, hum – se limito a decir, cruzándose de brazos como niño berrinchudo –Tampoco quiero estar aquí, hum.
Tobi le miro con una sonrisa casi imperceptible.
Nunca se lo había dicho, y probablemente nunca se lo diría, pero Tobi quería mucho a su sempai, más de lo que siempre le decía quererlo. Era algo triste, sin embargo, que Deidara mirara a todos y no se diera cuenta de quién estaba justo a su lado. A un palmo de distancia.
Tobi volvió a mirar el cielo, y luego, el suelo. Él siempre apoyaba a Deidara, y lo que menos le gustaba era verlo sufrir. Y primero verlo con Hidan, y ahora con Sasori (porque se apostaría la vida a que de eso se trataba) era muy… doloroso para él.
Pero tanto quisiera como no, Deidara no lo vería nunca como algo más. A veces, se dejaba ver en un lugar donde podía ser real, pero la mayoría del tiempo, aceptaba el hecho de que Deidara jamás se daría cuenta, y en cierto modo, Tobi lo agradecía.
–El amor es una basura, Tobi. Nunca te enamores, hum – le dijo de repente Deidara, mientras veía a una pareja de jóvenes caminar tomados de la mano –Solo es pura idiotez.
Tobi entrecerró los ojos y sonrió amargamente.
–¿Es a eso a lo que se debe este comportamiento suyo? – pregunto inocente. Deidara chasqueo la lengua.
–Como si no te hubieras dado cuenta antes, hum.
Tobi rió y se encogió de hombros.
–No creo que sea algo tan malo, sempai.
–¿A no? – preguntó molesto, cogiendo el helado y revolviéndole con la cuchara hasta por fin decidirse a coger un poco y llevárselo violentamente a la boca –El idiota de Sasori me llamo prostituta barata, hum.
Tobi arqueo las cejas, sorprendido.
–¿Cómo dice?
–Lo que oíste – dijo Deidara mientras un poco de helado se le embarraba en la comisura de los labios –¿Y sabes por qué? ¡Porque le dije que yo le daría mis ojos, hum!
–¿Darle sus ojos?
–Sí – respondió mientras se llevaba otro bocado de helado, y hablaba sin tragarlo –Fuimos con Hiashi. Le dijo que la operación era factible pero que necesitaba un donante. Sasori no la quiere, hum.
–¿No la quiere? – el asombro de Tobi iba en aumento. Deidara se giro a verlo de manera furibunda, harto de que repitiera lo que decía, Tobi asintió –¿Por qué?
–Dice que no soportaría quitarle la luz a alguien más para poder ver él, hum – dijo, al parecer aquel comentario no le hacía más que sentir ternura por él, pero inmediatamente su expresión cambió –Le dije que yo se los daría y entonces él comenzó a llamarme estúpido…
Tobi frunció el ceño.
–No me extraña sempai – le dijo un poco turbado al ver que Deidara lo miraba con sorpresa –Me refiero a que… no debió decirle eso. Quizá pretendía que sonara romántico y eso, pero…
–¡No quería hacer el cuento! – gritó Deidara, ofendido –¡Iba muy, muy enserio, hum!
–Bueno, cálmese – le dijo Tobi levantando las manos –No hay necesidad de ponerse a pelear con Tobi, porque Tobi es un buen chico.
–¡Bueno mi…!
Antes de que terminara la oración Tobi se lanzó a taparle la boca, Deidara lo miro amenazantemente, pero Tobi solo negó con la cabeza.
–Hay niños presentes, sempai.
Deidara frunció el ceño, pero luego suspiro. Tobi le destapo la boca.
–¿Y luego? – le preguntó.
–Pues… – dijo Deidara mirando hacia el suelo –Le dije que no era broma, y él… él mencionó a Hidan y que él había dicho que yo… – se sonrojo violentamente –Era suyo…hum.
Tobi se enderezó inmediatamente.
–¡No puedo creerlo! – grito –¡Que descaro por parte de Hidan san!
–No sé que más le dijo, pero Sasori estaba realmente cabreado…
Tobi nunca sintió mucha simpatía por la manera en que Hidan trataba a los demás. Pero la simpatía que había sentido por Sasori, en este preciso momento, tampoco andaba muy lejos de por los suelos.
Deidara termino de contarle todo lo que le había pasado con Sasori con pelos y señales. Tobi asentía y trataba de cruzar palabras coherentes con Deidara, palabras que le dieran ánimos y que le hicieran quitar aquel peso sobre los hombros. Oírlo hablar de su amor por otros era doloroso, pero si con ello le aliviaba el dolor a Deidara, lo haría.
Se dio cuenta de que Deidara nunca le había hablado de aquella manera de Hidan (exceptuando lo del trato, parecía que le había contado cómo se sentía realmente). Sasori… Sasori tenía mucha suerte, pensaba mientras Deidara hablaba, el rubio lo adoraba. Sus ojos brillaban cuando mencionaba su nombre, y aunque ahora se ensombrecían, no dejaba de sentir cuánto le admiraba y quería.
Tan solo con un par de semanas.
Deidara se enamoraba muy rápido, pensó Tobi en algún momento, quizá siempre de la persona equivocada, pero… parecía que por Sasori sentía algo de verdad. ¿Ó sería solo fanatismo?
–Tobi… ¿estás escuchándome, hum?
Tobi parpadeo rápidamente y le sonrió a su sempai.
–Sí. Tobi lo escucha porque es un buen chico.
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Tobi no creía que alguien pudiese emborracharse con helado de vainilla, pero por si algún día lo vio imposible o no podía creerlo, ahora podía hacerlo. Deidara iba dando traspiés y se recargaba en su hombro como un autentico borracho.
Tobi sonreía, curioso por la actitud de su sempai, que si bien estaba fingiendo mientras contaba un chiste, se había puesto demasiado hiperactivo y ansioso. Algo creía haber escuchado un día sobre que Deidara no debía comer azúcar… ó… ¿ese era Itachi?
Abrió la puerta del departamento y Deidara se metió inmediatamente.
–¿Tienes refresco, hum? – pregunto el rubio mirando a Tobi por encima del hombro –Deberíamos refrescarnos la vida, hum.
Tobi cerró la puerta.
–Sí. Todavía quedan refrescos de naranja en el refrigerador, sempai – contestó Tobi mientras caminaba hasta la cocina y sacaba las sodas –Tome.
Le estiro la mano con una lata, y Deidara la abrió para acabársela de un solo trago. Tobi destapó una y también la apuro a su boca, pero más lentamente. Sin perder de vista a Deidara, que se limpiaba la boca con el dorso de la mano de manera brusca, no quería que se fuera a poner más mal.
–No te creo, Tobi.
–¿Qué cosa, sempai?
–Que puedas eructar el abecedario, hum.
–Nunca me he dicho eso, sempai – contesto entre risas el pelinegro, Deidara asintió.
–¡Exactamente, hum!
–¿Está seguro de estar bien, sempai?
–¡Por supuesto que sí! ¡Yo no necesito soda, ni helado, no soy mujer! ¡Tampoco necesito a Sasori, hum!
Tobi suspiro.
–Es usted el que no debe tomar azúcar, ¿verdad?
–Yo puedo tomar azúcar – replicó el rubio –Es Itachi el que no puede, hum.
Tobi suspiro.
–Mejor siéntese, sempai – le dijo mientras ambos se sentaban en el sillón.
Tobi miró a Deidara acabarse la soda, un poco de ella corrió por su barbilla, en un gesto distraído Tobi elevó la mano y le limpió la mejilla a Deidara. El rubio se quedo muy quieto, mirando a Tobi mientras se sonrojaba. El pelinegro le miro, abstraído. Sin pensar en nada se acercó al rostro del rubio y lo beso en los labios.
Entonces, la puerta del departamento se abrió.
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–¡Itachi! – gritó Pein por quinta vez mientras avanzaba por la calle, guiando a Sasori. El pelinegro se giro a verlo, llevaba unos audífonos y en las manos, un libro –¡Por Dios!
Itachi se quitó los audífonos y los miro, curioso.
–¿Pein? ¿Sasori? – habló un poco aturdido y luego agregó poniéndose un poco rojo–Eh… ¿qué… qué pasa?
Sasori se mordió el labio al recordar lo que le había dicho a Deidara sobre Itachi. En realidad, no era tan mentira, si le gustaba un poco Itachi (aunque no pudiera verlo, el Uchiha tenía un comportamiento amigable e interesante) pero no lo prefería.
–¿Has visto a Deidara? – preguntó jadeante Pein.
–¿A Deidara? No. No lo he visto – respondió el Uchiha, observándoles, curioso –¿Ha pasado algo?
Sasori se sonrojó violentamente, avergonzado.
–Necesito hablar con él, es urgente.
Itachi lo miró. En realidad, no habría querido involucrarse en algo que no era de su incumbencia. En especial si ahorita mismo iba para la casa de Kisame a terminar el proyecto de química.
–No sé donde está.
–¿Y Tobi? – preguntó Pein –¿Crees que sepa dónde está?
Itachi lo miro con fastidio.
–No lo sé.
–¿Podrías hablarle? – pregunto Sasori, parecía impaciente.
Itachi sacó el celular del bolsillo y marcó un número. Tobi no contestó. Miró a los dos y les dirigió una mirada simpática y aburrida.
–No contesta.
Sasori reprimió un gemido irritado y Pein torció la boca.
–¿Podrías llevarnos a tu casa? ¿Crees que este ahí Tobi? – preguntó Sasori, ansioso.
Itachi se pasó la lengua por los labios.
–Yo… – comenzó –Es que tenía algo que…
Miró la cara de Sasori: la impaciencia y la frustración crecían en ella, y le hacían meollo en el corazón. Suspiró.
–Supongo que podemos hacer una corrida rápida y que Tobi les ayude a buscar a Deidara.
Pein le agradeció a Itachi, y el pelinegro, al mirar a Sasori y ver el alivio combinado con el agradecimiento asintió y los llevó hasta el departamento.
–Bueno, si Tobi no está aquí pueden quedarse hasta que llegue si así lo prefieren – decía Itachi mientras sacaba apresuradamente la llave y la metía en el seguro, abrió la puerta de par en par.
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–¿Qué? – preguntó Sasori al notar el silencio que se había formado luego de que abrieran la puerta.
Pein e Itachi se miraron y luego giraron a ver a Tobi que se separó de Deidara. El rubio también se giro a verlos, sorprendido y sonrojado.
–¿Qué pasa? – casi gritó esta vez Sasori.
–¡Tú! – gritó Pein con los ojos destellando de furia –¡¿Cómo te atreves a engañar a Sasori?
Sasori se quedo perplejo al oír aquellas palabras, y Deidara se puso de pie aturdido, antes de que Pein avanzara hacia él, completamente cabreado.
–¡Pein, espera! – gritaron al mismo tiempo Tobi y Deidara. Sasori frunció el ceño al escuchar la voz de Deidara y avanzó hacia Pein, y le cogió del brazo. Pein se giro a verlo.
–¿Deidara? – preguntó Sasori, con voz confundida –¿Deidara, qué hiciste?
Deidara miró a Tobi. Tobi lo miró a él. Itachi miraba a todos lados, no sabiendo dónde esconderse, Pein todavía parecía querer partirle la nariz a Deidara.
–Deidara – llamó Sasori –Necesito hablar contigo. Ven. Por favor.
Extendió la mano.
–Creí que no querías volver a verme, hum. – contesto Deidara, molesto todavía por las palabras de hace un par de horas –Que querías que me fuera a prostituir con Hidan, hum.
Su voz sonó herida (casi destrozada), y Sasori sintió que le perforaban el corazón.
–Deidara.
–¿Qué?
–Me voy.
–¿¡QUÉ! – gritaron todos, sorprendidos.
–¿De qué puñetas estás hablando, Sasori? – recriminó Pein, sorprendido –¿Cómo que te vas? ¿A dónde?
–A mi casa – respondió Sasori con voz de quien comenta sobre el clima –Ya de nada sirve que este aquí. ¿Sabes, Deidara? Ya puedes quedarte con ese lugar en la feria. Ya no lo necesito. En realidad… creo que ya no necesitaré pintar jamás…
–Sasori… – susurro Deidara caminando hacia él –Yo… no quiero que te vayas, hum. Yo…
Sasori hizo un gesto despreciativo.
–Vámonos, Pein – dijo mientras daba media vuelta y tanteaba la salida.
–Sasori… – llamó Deidara. Pein se giro y siguió a su primo –¿Sasori?...¡SASORI!
TO BE CONTINUED.
¡AH! ¿Qué acabo de hacer? Pues... no lo sé, pero... creo que le he dado un giro para ya casi un final, ¿verdad?
Jajaja. Lástima, me gusta mucho este fic... Quizá me dure unos tres capítulos y ya...
Espero que les haya gustado la conti, sempais :d y dejen un review para que Mary lo sepa. Por cada review es una oportunidad para un final feliz, porque creanme que la tragedia de este fic esta muy presente en la mente de Mary O.Ó muajajajajaja X)
Matta ne~
