El primer niño perdido
capítulo 10: ¿Celos?
Corría por aquellas calles, justamente en la calle Oxford Street, un lugar donde siempre hay muchas tiendas y está repleto de personas. Ahí corría un niño, un niño perdido claro está, llevaban persiguiéndolo desde hace varios minutos. Era un niño de 9, o tal vez 10, o quizá hasta 11 años, pero era un niño muy delgado, a pesar de esto lograba correr muy rápido. Ese niño fugitivo, rubio e intrépido huía hábilmente de sus malvados perseguidores.
Logró subirse a la parte trasera de un carruaje, a escondidas de su conductor, logrando perder así a sus perseguidores. Esos crueles adultos que lo perseguían, trabajaban para "el señor" ningún niño sabe su verdadero nombre, solo saben que él se encarga de robar a los niños desafortunados, perdiéndolos, y para los que ya estaban perdidos, los perdía otra vez.
Este niño rubio, no era un recién perdido, hacía tiempo que sus padres, o más bien su niñera, lo habían extraviado, pero lo cierto es que en todo este tiempo, aquel niño había estado solo, era nuevo en ese lugar (ya que se la pasaba vagando de un lado a otro) pero aunque suene difícil creerlo, no es demasiado listo, muy pronto se metió en problemas, y esto lo llevó a que los peores secuestradores de niños de la ciudad lo persiguiesen.
Pronto el conductor del carruaje se dio cuenta de la presencia de ese niño, lo arrojó de vuelta al suelo, no quería llevar a un niño sucio consigo. Claro que ese niño rubio se molestó, los adultos son así de egoístas. Rápidamente sus perseguidores lo volvieron a encontrar, él no tenía experiencia escapando, al menos no a largas distancias. No le quedó más que volver a correr, empujando señoras que iban cargando sus bolsas de pan, esquivando puestos de ropa y casi chocando con un caballo. Dio vuelta atrás y eran cinco hombres los que lo perseguían, parecía que no había escapatoria.
Él al ser nuevo en ese lugar, se metió a un callejón sin salida, quedando él acorralado, sin saber cómo defenderse. Ese niño era más de evadir que de enfrentar. Esos hombres se acercaron a él con malas intenciones, ya se los imaginaba robando sus zapatos, quitándole sus pocos dulces o quizá llevándoselo a otro lugar donde los niños no quieren ir jamás.
Cerró los ojos con temor, esperando lo peor o lo que sea. Pasó demasiado rápido que ni siquiera se dio cuenta. Escuchó unos golpes pero no quiso abrir los ojos. Unos gritos pero aún así no los abrió. Incluso cuando los escuchó correr aún no los quería abrir. Incluso cuando escuchó "Estos niños son peligrosos, ya han herido a uno ¡vámonos de aquí!"... bueno, entonces sí le entró curiosidad para abrir los ojos.
-Oye... no te duermas. ¡Vamos, abre los ojos!- ordenó una voz que no conocía.
-¿Qué pasó?- preguntó el niño rubio tan pronto abrió los ojos. Frente a él sólo se encontró a un grupo de siete niños y el que le había hablado hace un momento lo veía con cara molesta, justo enfrente de él-. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están esos tipos malos?- preguntó, confundido.
-¡Ya nos deshicimos de ellos!- habló uno de los niños, que daba brincos de alegría.
-¿Los asustaron?- preguntó aún sin comprender.
-Sí...- habló el líder de esos niños-. Más que asustados, les dejamos claro quién manda en estas calles.
-¿Quién demonios eres?- preguntó, intrigado, no quería parecer grosero, pero no estaba acostumbrado a que lo salvaran.
-Yo soy Peter. ¿Quién se supone que eres tú? Yo nunca te había visto aquí.- habló como si le molestara no saber algo.
-Oh, mi nombre es...
-Nah, nah, no importa, ven vámonos.- dijo, alejándose junto a los demás, sin dejarlo hablar.
-¿A dónde?- lo siguió
-¿O prefieres quedarte aquí?- alzó la ceja, hablando como si realmente no le importara-. No sé de dónde vienes pero este lugar es peligroso. A menos de que quieras que te vuelvan a perseguir...
-No, no. Donde sea yo te sigo, Peter.- corrió para quedar a su lado. Peter quedó satisfecho al tener un nuevo "subordinado".
.
En aquel edificio abandonado, ahí donde los niños sin hogar van a refugiarse, donde vive Peter y los demás niños perdidos, ahí en el penúltimo piso estaba Tinkerbell y Firefly Fire, volando con libertad al no haber nadie que los observara. El invierno había pasado y los rayos de sol de la primavera comenzaban a aparecer. Desde aquella visita de Periwinkle y los demás, Fire se empezó a interesar más en Nunca Jamás y en las demás hadas, al parecer le causó curiosidad conocer más de su especie.
Aún después de tanto tiempo aún no saben cuál es el talento de Fire, y Tinkerbell ya lo puso a intentar todos los talentos que conocía, y no pudo hacer ninguno, ya estaba empezando a pensar que Fire no tenía ningún talento. Fire se frustró por esto pero rápidamente dejó de importarle, ya que según Fíre, al no saber hacer nada, tiene más oportunidades de convertirse en un "hada de todo" según él, podría aprender todos los talentos que existen.
-Tal vez deberíamos probar un talento que ya habíamos intentado, quizá simplemente no lo intentaste lo suficiente.- sugirió Tinkerbell a su amigo que permanecía acostado en un trapo viejo.
-No, Tinkerbell, yo soy tan especial que no soy de ningún talento, yo tengo todos los talentos.- contestó con voz creída.
-Esa frase se contradice a sí misma.- cruzó sus brazos, resignándose a que ya no continuarían buscándole un talento.
-O tal vez mi talento siempre fue ser azul.
-¿Sabes? Es curioso...- comentó, pensativa-. Es cierto, hasta ahora tú eres el hada más especial que he conocido. Puedes volar cuanto tiempo quieras y no necesitas polvillo, también soportas estar tanto en el frío como en el calor sin que se te rompan las alas.
-¿Lo ves? Soy el elegido... y también tengo hambre.- comenzó a mordisquear el trapo en donde estaba acostado.
-Y no sólo eso, también tienes un estomago muy fuerte, resiste todo lo que comes, y vaya que sí has comida cosas muy extrañas.- voló y se sentó junto a él, intentando obligarlo a sacar de su boca lo que masticaba-. Pero siempre tienes hambre... a veces pienso que sólo lo dices para molestar.
-¡Quisiera comerme un botón entero!- parece que no prestaba verdadera atención a lo que Tink quería decirle.
-Pero desde el principio tú no eras un hada normal, tú naciste aquí en Tierra Firme, con polvillo azul, eso te diferencia a todas las demás hadas.- al ver que Fire no le ponía la mínima atención, lo tomó del rostro y lo obligó a verla, ya se sentía su hermana mayor-. El polvillo azul no es como el polvillo dorado, ya te lo he dicho.
-Sí, no tienes que decírmelo, ya lo sé... ¿Qué era?
-Ay, Fire.- se dio una palmada-. Te lo he contado varias veces.- Tink comenzó a contar para calmarse y después continuó hablando-. Verás, el polvillo azul restaura el Árbol del Polvillo, todos lo saben... pero no te he dicho que el polvillo azul también es más especial que eso.
-Yo estoy hecho de polvillo azul, yo soy más especial entonces.- dijo Fire, sonriendo enormemente.
-Conocí a un hada que hacía cosas fantásticas con el polvillo azul.- se puso nostálgica al recordarlo-. Pero sí nos causó varios problemas.
-¿Quién era esa hada?- preguntó Fire, poniendo más atención, tenía curiosidad-. ¡Exijo saber!
-Su nombre era... Zarina.- sonrió un poco al acordarse-. ¿En serio nunca te hablé de ella?
-No... Oye, Tinkerbell ¿realmente hay muchas hadas en Nunca Jamás?
-Sí, hay muchas.
-Quisiera ir un día... sólo para ver.- era tan orgulloso ese hada azul que quería verse poco interesado en el tema-. Pero no debe ser mejor que Tierra Firme... También quiero ver a tus amigos y a tu hermana.
-¿Mi hermana?
-Sí, a Periwinkle, ella sí es genial, casi tan genial que el hambre. ¡Quiero verla!- puso una mueca de disgusto.
-Seguro que pronto volverás a verla.- le dijo, sonriendo para calmarlo.
-¿Es tu gemela?
-Amm... Sí.
-Me dijeron que se parece mucho a ti pero nadie parece fijarse en que ella es mucho más delgada que tú.- Fire puso una expresión pensativa por unos segundos y después otra idea se le cruzó por la mente-. ¡Tal vez esté desnutrida! ¡tal vez no come suficientes botones!
-Ninguna hada come botones, sólo tú, y no digas que mi hermana está desnutrida.- Tinkerbell puso cara de pocos amigos al escuchar lo que dijo ese chico.
-Tal vez es sólo que tú estás demasiado gorda.- comentó con cara seria.
-¡Fire, yo NO estoy gorda!- gritó, repentinamente furiosa por semejante comentario-. No lo estoy ¿cierto?- voló hasta un cristal y se observó con atención en él... Sobra decir que desde entonces Tinkerbell tiene un ligero complejo con su figura.
A la habitación entró Peter, acompañado por otros niños, entre ellos Mary y George, y un niño nuevo que era rubio y delgado.
-Mira, Fire, Peter rescató otro niño.- comentó la artesana, escondiéndose junto con Fire tras una tabla inclinada, que no todos los niños debían verlos.
-Sólo es otra boca que alimentar.- comentó el hada azul, frunciendo el ceño-. Así comeré menos.- Tinkerbell suspiró, entre frustrada y melancólica.
-Sabes las reglas.- comentó la hada rubia, sin mucho ánimo-. Como dice Peter "Cada quien comparte lo que quiera compartir" Así que o alguien le comparte comida a ese niño nuevo o él tendrá que conseguirla por sí mismo. Además, Peter casi nunca comparte su comida, y él es el que nos alimenta, así que no nos afectaría mucho a nosotros, mucho menos a ti que comes lo que sea.
-Hum... sigo sin comprenderlo.
-Oh, Fire.
Peter se sentó en el viejo sofá de la habitación, él siempre con sus aires de grandeza. Los demás niños, se reunieron en grupos, se sentaron en el suelo y algunos repartieron la comida que habían robado. No todos compartían su comida, la regla es que cada quien comparte lo que quiere compartir, y si no querían hacerlo estaba bien, porque cada quien debe valerse por sí mismo.
Estaba ese niño rubio y delgado que recién Peter había rescatado, miró a su alrededor, se sentía extraño porque nunca había pertenecido a un grupo tan grande de niños, por lo general estaba siempre solo. Pensó en qué clase de tipo sería Peter como para ayudar a tantos niños perdidos y ofrecerles un lugar para vivir, y al mismo tiempo verse como alguien egoísta que actúa sin pensar.
Ese niño rubio no tenía con quien estar, así que se sentó solo en una esquina y observó cómo los demás niños jugaban, platicaban y bromeaban entre ellos. Fue entonces que una hermosa niña, de vestido maltratado color rosado y una hermosa cabellera anaranjada se acercó a él y le sonrió. El niño rubio no estaba muy acostumbrado a tratar con niñas, sólo las veía como personas que serían madres cuando crecieran y la verdad no le agradaban, pero se sintió presionado y se decidió a sonreírle tímidamente.
-¿Quieres galletas?- habló con una voz demasiado dulce, muy diferente a las otras niñas que había conocido en la calle, al parecer ésta aún conservaba su inocencia.
-Claro.- normalmente no aceptaría, pero tenía tanta hambre que aceptaría incluso viniendo de una niña.
-Mi nombre es Mary.- le sonrió con tanta ternura que el niño rubio tuvo un sentimiento que no había sentido en mucho tiempo. Y por algún motivo en ese instante extrañó a su madre.
Mary lo tomó de la mano y lo llevó hasta un rincón, donde George estaba sentado. Cerca de ahí, escondidos, estaban Tink y Fire, a una distancia tan corta que podrían oír lo que sea que dijeran esos niños. Mary sentó a ese niño rubio al lado de George, le dio unas cuantas galletas y después tomó un peine y comenzó a cepillarle el cabello, haciendo que ese niño se sintiera incomodo pero no dijo nada. George no estaba para nada feliz.
-Éste de aquí es George.- dijo Mary al darse cuenta de que no lo había presentado. En ningún momento dejó de cepillar el cabello rubio de ese niño.
-Hola.- saludó, algo atontado porque no estaba acostumbrado a que una niña le arreglara el cabello, de hecho eso suena algo surrealista.
-Mary.- habló el niño de pelo negro, regañando a la niña-. ¿Por qué trajiste al niño nuevo a comer con nosotros? apenas y nos alcanza la comida para nosotros dos.
-Donde comen uno, comen dos, y donde comen dos, comen tres.- dijo la pequeña, sin ánimo de comenzar una discusión-. Yo quería compartir las galletas con él.
-Las galletas yo las conseguí.- continuó George con tono enfadado-. Y no podemos compartir comida que apenas nos alcanza.
-Oh, George, no seas tacaño, sabes que tenemos suficientes galletas.
-Amm, no quiero molestar, si quieren ya me voy.- habló el niño rubio, muy incomodo, en especial porque esa niña ahora le estaba limpiando la suciedad de la cara con un trapo.
-No, no, ya te comparto la comida que quiera.- ese "que quiera" le sonó como una orden a ese niño rubio-. ¡Vaya! ¡estás todo sucio!
-¿Puedes parar?- preguntó, casi molesto, tantos cuidados le habían recordado a su madre.
-Acostúmbrate, niño nuevo, Mary es así con todos.- comentó George, aún molesto y con los brazos cruzados-. Pero no te acostumbres a que te estemos dando comida, tienes que conseguirla tú solo.
-Sí, no tienes que decírmelo.- contestó, ofendido-. Y tú, niña ¿por qué tantos cuidados?
-Es que ahora que eres uno de nosotros, significa que ahora soy tu madre.- contestó la niña, sonriente e inocente.
-¿Tú serás mi madre?- preguntó sin entender.
-Es la madre de todos.- dijo George, con voz desinteresada.
-Yo soy la que les cuenta cuentos ¿te gustan los cuentos, niño nuevo?
-Bueno... no he escuchado muchos cuentos, ya sabes, cuando duermes en una caja de cartón rodeado de vagabundos no hay quien te los cuente.
-¿Cómo rayos fue que sobreviviste el invierno?- preguntó el otro niño, George, en forma de reproche, recordando que ese último invierno no se fue sin cobrar algunas "bajas" esa es la peor parte de ser huérfano.
-Bueno, hay cosas que no son fáciles de contar.- respondió el rubio, cabizbajo.
-Sí, entiendo eso.
Tinkerbell y Firefly Fire escucharon la conversación desde su escondite. Fire ponía algo de atención, ya que, después de todo, George y Mary le agradaban. Tinkerbell no prestó verdadera atención hasta que cierta parte de la conversación llegó.
-Oye, si tú eres la madre...- comenzó a decir el rubio.
-¿Sí?- preguntó Mary, intrigada.
-¿Quién es el padre entonces?- preguntó con curiosidad, ya que si tenían una madre de juego, la regla de jugar a la casita o a la familia implica que debe haber un padre.
-Oh, bueno... no habíamos pensado en eso antes.- la pequeña niña se puso roja como un tomate, cosa que no pasó desapercibida por todos, en especial por cierta hada rubia que la observaba-. Per...pero creo que si hubiera un padre... creo que es obvio quién sería.
-¿Quién?- fue George el que preguntó, pero con una voz precavida y algo severa, como si supiera lo que la niña iba a decir y no le agradara en lo más mínimo.
-Es obvio.- sonrió con timidez y de forma maternal, con una mirada soñadora-. El padre sería aquel que nos cuida a todos... el que todos obedecen.
-¿Te refieres a Peter?- habló el niño rubio. Mary asintió tímidamente y con un sonrojo evidente-. Tiene sentido... ¿Entonces están casado? de jugando, claro.
La pequeña Mary se puso tan nerviosa que tartamudeó cuando intentó contestar, en cambio George se ponía más y más furioso, y no con la niña, sino con el niño nuevo que no dejaba de preguntar cosas estúpidas.
-Voy a preguntarle.- la niña se levantó y caminó hacia Peter, casi tambaleándose por lo nerviosa que estaba.
-Ella está enamorada de Peter.- comentó el niño rubio, riéndose por la situación.
-Me parece perfecto.- contestó George, sarcástico, mirando de lejos a Peter con algo que nunca pensó sentir por él, odio.
Mientras tanto, el par de hadas escuchaban y miraban la situación desde su escondite. Fire no hacía más que reírse, y Tink, bueno, Tink tenía un estado de ánimo muy parecido al de George.
-¿Viste eso? ¡Mary está enamorado, enamorado!- exclamó Fire con fuerza.
-Se dice enamorada.- corrigió Tink, sin su ánimo de costumbre-. Y ella no está enamorada, sólo están jugando.
-¿Entonces por qué Mary está tan nerviosa? ¡tiene que estar enamorada! ¡enamorada de Peter!- gritó el hada azul, para después echarse a reír.
-¡Que no está enamorada!- gritó la hada rubia, dando una pisoteada furiosa al suelo.
-¿Y a ti qué te pasa?- revoloteó hasta ella y la observó con curiosidad.
-¡No me pasa nada!- cruzó sus brazos y se sentó en el suelo, con cara molesta.
-Desde aquí no podré escuchar lo que Mary va a decirle a Peter...- Tink miró a Fire sin saber por qué había dicho eso-. Voy a seguirla.- Fire salió volando hacia dirección de Mary.
-¡Fire, espera!- no podía creer que Fire fuera tan irresponsable como para salir volando así como así cuando hay demasiados niños que no debían saber de su existencia. No le quedó más que seguirlo.
Tinkerbell logró alcanzar a Fire y casi lo arrastró a esconderse, por suerte ningún niño los vio. Se escondieron en un lugar cerca de donde estaba Peter, y como quería Fire, ahí podrían escuchar lo que Mary tenía que decirle.
-Esto... ¿Peter?- llamó Mary al niño pelirrojo.
-¿Qué pasa, madre?- preguntó a la niña, algo adormilado y sin mucho interés.
-Bueno... unos de mis niños preguntaba que... como yo soy su madre, me preguntó que... bueno...- estaba tan nerviosa que no hacía más que tartamudear mientras observaba el suelo, jugando con sus pies y con la cara iluminada por un sonrojo-. Me preguntó que quién sería el padre.
-¿Y eso qué?- miró de reojo a la niña, sin saber a dónde quería llegar.
-Ah... es que...- estaba tan nerviosa y no soportaba tener esos hermosos ojos color ámbar mirándola a ella con tanta atención-. Tú eres el padre ¿cierto?
Peter miró a la niña, frunciendo el ceño. Mary pensó en ese momento que había cometido un grave error al haberle dicho eso. Claro, porque llamar a Peter "padre" es algo que lo haría ver muy viejo, y eso es lo que Peter menos quiere.
Lo raro es que cuando Mary dijo eso, todos los niños en la habitación guardaron silencio y voltearon a ver la conversación de su "madre" y su líder. Mary también pudo sentir la mirada recelosa de las niñas que había ahí.
-¡Por supuesto!- exclamó Peter, para sorpresa de todos, levantándose de su sofá y dando un salto de alegría-. ¡Claro!- miró a todos que lo veían perplejos-. ¡Soy su padre y por eso deben obedecerme!- realmente le había encantado la idea.
-¡Me alegra!- exclamó Mary, sonriendo enormemente, pero entonces recordó lo que de verdad quería preguntarle-. Pero, si somos los padres, entonces tú y yo... ¿estamos casados?, de jugando, claro.- nunca se había sentido tan nerviosa en su vida, pero tan pronto lo dijo se arrepintió, porque sintió su mirada fría y severa observándola frente a ella.
-Como quieras.- respondió tan secamente que casi la lastimó, después él volvió a su sonrisa traviesa y algo inocente-. ¡Bien, niños soy su padre y les ordeno hacer la tarea! ¡o los castigaré!- los amenazó señalándolos con su espada de madera, todos los niños gritaron y se pusieron a escribir números en la pared o en hojas de papel que encontraron.
-Oye, Peter.- lo volvió a llamar la niña. Peter volteó a mirarla con curiosidad, ¿qué más quería?-. Yo... Quisiera darte un beso ¿quieres?- está bien, esta vez sí se había pasado.
Tan sólo con decir eso, todas las niñas ahí pusieron una mueca de disgusto y les rechinaron los dientes con odio. Va a ser cierto que todas las niñas estaban enamoradas de Peter. Tal vez sobre decirlo, pero eso no le hizo mucha gracia a cierta hada artesana.
-¡¿Cómo pudo pedirle eso?!- gritó la hada, histérica y enrojecida del enojo-. ¡Eso es muy atrevido viniendo de una niña tan pequeña! ¡¿cómo se atreve?!
-En serio, ¿a ti qué te pasa?- le preguntó Fire, con cara seria-. Estás muy rara... ¿no habrás comida algo malo?
-¡¿Rara?! ¡¿cómo rara?! ¡Yo no estoy rara! ¡yo estoy perfectamente!- cruzó sus brazos, apartando la vista del chico hada.
-¡Oh, no, yo sé qué te pasa y no es por el hambre!- exclamó Fire, sonriendo pícaramente-. Estás... ah, no recuerdo cómo se llama...
-Yo no estoy nada.- refunfuñó, malhumorada.
-Lo tengo en la punta de la lengua... es una palabra con "C"- puso cara muy pensativa mientras revoloteaba en el aire.
-¡Que no estoy nada!- le gritó entre dientes.
-Ah, ya recordé la palabra.- volteó a ver a la chica, con una mirada malvadamente traviesa-. Tú estás celosa.- canturreó.
-¡Yo no estoy celosa, sólo siento raro!
-Entonces sí estás rara.- murmuró, satisfecho.
Fire miró a los dos niños, por eso Tink hizo lo mismo pero de mala gana, entonces descubrió que Peter estaba mirándola, seguramente había oído todos esos gritos. Él le hizo una señal de que se volviera a esconder y ella lo obedeció de mala gana, arrastrando a Fire al escondite más cercano.
-¿Beso?- habló Peter finalmente, a contestación de lo que la niña le decía.
-Un beso... ¿no sabes lo que es?- preguntó Mary inocentemente, cabizbaja, aún arrepentida por haber pedido tal cosa. Peter no le respondió-. Yo... podría mostrarte lo que es.
-Si eso quieres.- le contestó, mirándola fijamente, con una expresión casi neutral.
-Oh... está bien.
Su corazón palpitó muy deprisa, pero Mary se armó de valor para poder besarlo finalmente, dio unos tímidos pasitos hasta él y se puso de puntillas para poder besarlo, ya que él era más alto. Todas las niñas dieron unos grititos de enfado y los niños se cubrieron los ojos para no ver. Tinkerbell, por su parte, observó la escena con total desaprobación. Mary quería que ese momento fuera más que perfecto, quería que fuera mágico. La niña cerró sus ojos, estando a pocos centímetros de dar su primer beso, con su corazón a todo lo que daba. Sus labios no llegaron a tocarse, en el último segundo Mary fue jalada hacia atrás.
-¡Auch! ¡mi cabello!- se quejó la niña al sentir que alguien tiraba de ella bruscamente-. ¡George! ¿qué estás haciendo?- preguntó, muy molesta.
-Lo siento "madre" pero creo que una dama no debería dar este tipo de espectáculos.- señaló a los demás niños, que observaban todo MUY de cerca.
-Oh...- se sintió muy avergonzada.
-Bien, Mary, mejor regresa a sentarte a tu lugar.- le dio un empujón, obligándola a irse.
-Me alegra ver que ahora cuidas hasta su integridad.- comentó Peter, sonriendo con aparente inocencia. George lo miró con los ojos entrecerrados, intentando adivinar qué es lo que piensa ese impredecible pelirrojo.
-No te hagas el tonto, Pan, no quiero que ella se vuelva a acercar a ti de esa forma.- dicho esto, George dio media vuelta y se alejó.
Peter sólo hizo una pequeña mueca y después sonrió, complacido por la forma en la que George había protegido de cierta forma a Mary. No era el único satisfecho, Tinkerbell también estaba complacida por la intervención de George.
-Oh, bien George, justo a tiempo.- murmuró la hada artesana, sintiéndose aliviada.
-¡Estabas celosa, estabas celosa, estabas celosa!- continuó burlándose Fire, una y otra vez.
-Yo no estaba celosa, Fire. Sólo es que creo que tanto Peter como Mary son demasiado jóvenes para algo así.- habló conservando la compostura... o tal vez con demasiada compostura.
-Sí claro, y voy y te creo.- sonrió, aún burlándose-. Pero, en serio, si estás celosa es por algo. ¿Sabes lo que haría yo?
-No.- respondió secamente, sin querer saber más del asunto. Se alejó volando de ahí, Fire la siguió, claro.
-Si alguien se entrometiera entre yo y mi comida, lo que haría es obvio.- dio una fuerte patada al aire-. ¡Lo mato!
-¡Ah!- eso impactó tanto a Tinkerbell que perdió el equilibrio y cayó al suelo-. ¡¿Estás loco?! ¡No puedes ir por ahí deshaciéndote de la gente que no te agrada! ¡eso es de locos!
-¡Yo ya lo hice dos veces!- exclamó, triunfante.
-¿Qué te he dicho sobre decir mentiras? Y no quiero que vuelvas a decir algo como eso.- lo regañó-. Seguro eres así porque naciste en Tierra Firme, estos niños han sido mala influencia para ti.- murmuró, molesta-. Y yo nunca jamás lastimaría a alguien por estar celosa. No puedo imaginarme a mí teniendo unos celos asesinos, oh pero qué locura.
-Tal vez no ahora, pero quién sabe, tal vez el tiempo dirá lo que eres capaz de hacer por... no sé, un amor. Cuando ese momento llegue, harás lo que tengas que hacer, y te acordarás de mí.
-¿Desde cuándo eres tan filosófico, Fire?- preguntó Tink mientras volvía a volar con normalidad-. ¿Sabes que a veces eres un poco aterrador?
-La Tierra Firme no me crió, me criaste tú, tienes la culpa.- sonrió de forma traviesa-. ¡Y tengo hambre!
Un sentimiento que sólo apareció,
y más creció después de cada estación.
¿Bueno o malo será?
sólo el tiempo lo dirá.
Y así continuaron pasando los días, cada vez era más evidente el enamoramiento que tenía Mary hacia Peter, cosa que él parecía ignorar. A muchos les parecía incomodo la forma sutil pero tierna e inocente en la que Mary intentaba de alguna forma coquetear con Peter, igual a lo que muchos bromeaban al respecto. Por supuesto que todo ese grupito de niñas que también estaban enamoradas de Peter se enojaron, pero con el paso de los días se dieron cuenta de que no importaba todo lo que hiciera Mary, Peter no le iba a hacer caso de ninguna forma, y eventualmente también se dieron cuenta de que probablemente ellas tendrían la misma suerte si lo intentaban.
Pero Mary seguía intentándolo, queriendo estar con él a solas de cualquier forma posible, cosa que si por casualidad conseguía, no servía de nada, Peter no se la tomaba en serio, para él sólo era un juego en el que eran la mamá y el papá, es todo. "Ese niño nunca crecerá, nunca te prestará atención" es lo que le decía siempre George a Mary "No podrá verte más que como una compañera de juegos", y aunque esas palabras le dolían a Mary, viniendo de George es posible que sean verdad. Después de todo ¿quién no conoce más a Peter que George?
Y Tinkerbell seguía molesta por cada intento de coqueteo de la niña. No podía explicarlo, solamente no le gustaba la forma en la que ella siempre intentaba... besarlo. A Tinkerbell le agrada Mary, si tuviera que escoger, de los niños perdidos, Mary es su favorita, aún incluso por encima de Peter, pero no podía evitar ese sentimiento contradictoria que le surgía cuando ella estaba cerca de él. Tinkerbell no estaba celosa, o al menos eso era lo que le gustaba pensar, ya que ¿por qué estaría celosa por un niño humano? eso suena ridículo y fantasioso.
La vida seguía para los niños perdidos, los huérfanos de la calle, y aunque era difícil, lograban sobrevivir... al menos la mayoría. Tinkerbell, por su parte, ya se había acostumbrado, y Fire no podría ser más feliz, mientras tenga algo que comer,; Fire ya no daba tantos paseos por la ciudad como en sus primeros días, ahora prefería quedarse con Tinkerbell. No es que Tinkerbell extrañase menos a sus amigas, es sólo que desde aquella visita de su hermana y sus amigos, siente que tiene un peso menos encima, así que ya no se preocupaba tanto.
Aún meditaba sus razones para querer quedarse en Tierra Firme y no volver a su hogar, pero por más que lo hacía la respuesta era clara, estaba atada al suelo, o más bien a Tierra Firme y no por la tierra precisamente, sino por ese sentimiento confuso que la tenía atada y bien sujeta al odioso de Peter que por algún motivo hacía que no pudiera irse a dormir sin asegurarse antes de que él lo había hecho ya.
La vida de los niños era humilde, y la de ese par de hadas era a veces un poco monótona, pero en ocasiones los días eran muy divertidos e impredecibles. Para Peter no existía, o al menos él no conocía algo más que ese estilo de vida, y para él le bastaba, como siempre se sentía el rey de los niños y quería que todos lo obedecieran. Y pudieron haber seguido así por mucho, mucho tiempo, claro que algún día Tink tendría que volver a su hogar, pero eso era lo de menos. Algo cambió la vida de estos niños, y pensar que todo comenzó por una simple niña perdida en un día de primavera.
-Oigan, ¿alguien ha visto a Audrey?- preguntó un niño que jugada con una pelota con sus amigos.
-¿Quién es Audrey?- preguntó a Mary el niño nuevo, ese rubio y delgado que aún nadie se aprendía su nombre, por lo que todos seguían llamándole "niño nuevo".
-Es una niña que se pasaba por aquí muy a menudo.- respondió Mary, recordando que era cierto que no la habían visto en días.
Audrey era una niña muy hermosa, alta y de cabello lacio y negro, tan hermosa que hacía suspirar a varios niños, pero sólo por su apariencia, ya que ella era tan malhumorada desde que era muy pequeña. Audrey nunca aceptó ser una niña perdida, siempre alardeó que su anterior familia era de la realeza, aunque todos sabían que era mentira. Audrey era ambiciosa y deseaba tener más poder, por lo que Peter la "desterraba" muy seguido, es decir, no le permitía entrar al edificio. Audrey era el tipo de niña que nunca jamás se le revelaría un secreto como de que tenían un par de hadas viviendo con ellos. Audrey era mala, pero en un sentido muy extraño que los niños no querían comprender, y Peter les decía, en broma "No se acerquen a Audrey, ella tiene piojos y se los pegará si se van con ella", y por eso nadie se iba con ella, y los que se iban cuando volvían ya no eran los mismos. Audrey no merece más mención, ya que es de las que quieren crecer con desesperación.
-¿Cuando fue la última vez que la vieron?- preguntó Peter, con voz aburrida, sabiendo lo que se vendría.
-Desde hace unos tres días.- respondió otro niño que se encontraba sentado junto a la chimenea apagada.
-Lo suponía.- suspiró con pesadez.
-Ya la secuestraron.- habló un niño, sonriendo, no porque hayan secuestrado a Audrey, sino que ir a rescatarla sería muy divertido-. ¡Hay que ir por ella antes de que le pase algo malo!
-¡Salvaremos a la princesa de los malos!- exclamó, bromeando, otro niño, que parecía emocionado-. ¡Venceremos al malvado dragón que la tiene aprisionada!- sacó su navaja y se puso a jugar con ella-. ¡El que la salve primero se casará con la princesa!- continuó bromeando.
-¿Y qué haremos, Peter?- preguntó otro niño, más alto que los demás, tronándose los dedos de las manos-. ¿Cuál es el plan? ¿Cómo nos desharemos de sus secuestradores?
-Primero hay que saber a dónde la llevaron para así poder rescatarla. Y recuerden, desháganse de todo adulto malvado, pero déjenme a el líder a mí.- sonrió maliciosamente.
-No hay nadie a quien rescatar.- habló una niña regordeta, más o menos de la edad de Peter, que por cierto era amiga de la niña desaparecida-. Ella nos dejó, se fue por voluntad propia.- dijo tímidamente.
-¿A qué te refieres?- preguntó Peter, desanimándose ya que se sentía motivado y al parecer ya no iba a haber nada de acción.
-Ella me dijo que nunca quiso pertenecer aquí.- continuó de forma tímida-. Que no quería seguir formando parte de un ridículo grupo de niños huérfanos y que ya estaba ansiosa por crecer.- sólo dijo eso y todos gritaron de asombro-. Dijo que ya no era una niña y quería "independizarse", vivir su vida, ganar dinero...
-¿Qué quieres decir?- preguntó George, que se acercó a la niña para saber más de la situación.
-Que se fue a trabajar... igual que Felix.- contestó, haciendo que George hiciera una mueca de disgusto y que aquellos niños que antes se habían ofrecido a buscarla bajaran sus armas, perdiendo el interés, ya que Audrey ya no merecía preocupación.
-¿Qué?- habló Peter, extrañado-. Es una niña huérfana ¿en qué rayos fuera a...? ... Oh.- permaneció unos segundos con la boca abierta, otros segundos con expresión pensativa y después volvió a sonreír. Una reacción muy extraña-. Bien, fue una falsa alarma.- declaró, caminando de regreso a sentarse.
-¡¿Falsa alarma?!- gritó George, escandalizado-. ¡No hagas como si no te importara!
-¿Por qué iba a importarme? Ella nunca me agradó, qué bien que nos dejara, era una molestia, igual que Felix. Ya no pertenecía aquí, ella ya creció.
-¡¿Creció?!- habló, furioso-. ¡¿Creció?! ¡Tiene 15 años! ¡no me digas que creció porque no es cierto! ¡¿Es que no piensas ir por ella?! ¡¿Qué clase de líder eres?!
-Ella tomó su decisión, George, yo no obligo a nadie a seguirme.- respondió, de forma aburrida y algo irritada-. Además, las niñas crecen más rápido que los niños, no es la primera en irse... y te aseguro que no será la última.- echó un rápido vistazo a Mary, cosa no pasó desapercibida por George-. ¿Qué pasó, George? Creí que sólo te preocupabas por ti mismo. Veo que cuidar a Mary te ha ablandado. ¿Sabes? creo que madre ya está lista para estar sola, ya no estás obligado a cuidarla, ya puedes dejarla.
-No.- respondió secamente, sorprendiendo a Peter-. Yo solo puedo cuidarla, ya que tú no te preocupas lo suficiente por nosotros.- dio la vuelta y se fue a donde estaba Mary.
-¡Eres un aburrido!- le gritó Peter, burlándose-. Me alegro que se así.- murmuró, tan bajito que nadie fue capaz de oírlo.
Tinkerbell vio la forma en la que Peter trató a George, y eso la hizo enfadar, así que se acercó a él y, aunque sabía que el pelirrojo no entendería, iba a regañarlo.
-¡¿Cómo pudiste hablarle a George de esa manera?! ¡¿Qué clase de líder eres tú?!- le gritó, intentando llamar su atención.
-Quítate de aquí, Tinkerbell.- movió su mano como si intentara espantar a una molesta mosca-. Sólo déjame solo.- en realidad, aunque lo ocultaba a los demás, era muy obvio que Peter estaba muy afectado, Tink lo comprendió, así que decidió darle tiempo para pensar.
Así que Tinkerbell decidió ir con George a donde se encontraba Mary y el otro niño rubio, que por cierto fue sólo cuestión de tiempo para que se enterara de la existencia de las dos hadas. Cuando George se sentó al lado de Mary, Tinkerbell ya estaba con él, así como Firefly Fire estaba con Mary en esos momentos. Mary se veía un poco... asustada.
-Tenías razón, George, los adultos son tontos, y no sólo eso, también son malvados.- dijo la temblorosa niña-. Yo no quiero crecer, yo quiero quedarme niña y no crecer nunca jamás. No quiero ser como Felix... ni como Audrey.
-Sabes que eso es imposible, tienes que crecer... tarde o temprano.- resopló con resignación-. Pero mientras yo esté contigo, no necesitarás nunca ser como Audrey.
-Es cierto.- habló el niño rubio-. Madre, algún día tú serás una mujer fina y noble, con un vestido hermoso y una casa grande, con hijos reales y no volverás a pasar hambre, nadie te secuestrará ni a ti ni a tus hijos.
-Eso suena muy fantasioso para niños como nosotros, ¿estás consciente de ello, niño nuevo?- preguntó George al rubio, él siempre tan realista.
-Sí...- respondió, desanimándose.
Mary se levantó y salió de la habitación, sin despedirse, sólo siendo seguida por Tinkerbell. Mary entró a una habitación vacía de ese edificio abandonado y se sentó en el suelo, con algunas lágrimas escapando de sus ojos, pero no por Audrey, sino porque extrañaba a su familia.
-¿Sabes, Mary?- habló la hada, sabiendo que Mary no la entendería, pero al menos ella sí se esforzaba en escuchar-. A mí Tierra Firme siempre me pareció maravillosa, pero ignoraba que en este lugar hay un lado oscuro, una sombra de tristeza y dolor.
-Tinkerbell, yo quisiera un lugar donde pudiera estar a salvo.- habló la niña, habiendo entendido mediamente lo que la hada acababa de decirle-. Desearía un lugar, donde los niños perdidos pudiéramos ir, donde nadie nos lastime, donde podamos ser felices y jugar para siempre, sin preocupaciones ni miedos, ser sólo lo que deberíamos ser, niños.
-Eso suena hermoso.
-Tink, ¿tú vienes de un lugar llamado Nunca Jamás? ¿cierto?- Tinkerbell asintió. Es que Mary es muy lista, aprendió tan rápido como Lizzy en su tiempo, y con unas lecciones de Tinkerbell, no sólo se sabía cómo cambiaban las hadas las estaciones, sino que se sabía de memoria todos los nombres de las amigas de Tinkerbell-. Me pregunto si ese lugar es seguro.
-Es el lugar más seguro y feliz del que te puedas imaginar.- sonrió al responderle.
-Me pregunto si es un lugar en donde los niños no crecen.
-¿No crecen? No lo sé, no lo creo, los niños deben de crecer.- se puso pensativa-. Pero por algo debe llamarse Nunca Jamás.
-Tinkerbell, yo quisiera ir allá, a ese lugar seguro.- sonrió con sólo pensarlo-. ¿Me llevarías?
-¿Un humano yendo a Nunca Jamás? Eso suena un poco...- miró a la niña, que la veía con tanta ilusión-. Sí, tal vez algún día.- respondió, pensando si podría cumplir esa promesa tan difícil.
-Un lugar seguro...
Este capitulo iba a ser más largo, pero decidí dejar lo demás para el siguiente capitulo, además creo que ya tardé demasiado en actualizar xD
A veces pienso que este fic es muy triste (aunque me gusta escribirlo) pero ya se vienen capítulos muy buenos, realmente buenos xD
Espero poder subir el siguiente cap muy pronto.
Por cierto, hice un dibujo de Firefly Fire, el link está en mi perfil :3
Oh, no sé ustedes, pero yo estoy muy, muy emocionada con la próxima película de Tinkerbell (aunque temo que pase algo que contradiga lo escrito en mi fic xD ) ¡realmente estoy ansiosa!
Oh, una ultima cosa. Les recomiendo un fic que estoy leyendo, se llama La diosa menor, es un fanfic de Hércules y es realmente muy, muy bueno :D búsquenlo en mis favoritos, créanme, no se arrepentirán de leerlo, te deja enganchado desde el primer capitulo :3
¿reviews?
