Capítulo 10. Yazuka y Velocidad. (Segunda Parte)

Richardson empieza, a su manera, sin seguir órdenes directas de nadie, aunque con la ayuda de Ota, la investigación para desenmascarar y atrapar con las manos en la masa a los asesinos de Yoshinori Ohara, quienes también han provocado que Shinshi tenga que llevar una prótesis en su rodilla derecha el resto de su vida. Lo que no imagina, es que el potente y precioso superdeportivo japonés de último grito que le ha regalado su padre (presidente del fabricante de Labors británico "Maquinarias Agrícolas Richardson"), un Nissan GT-R nuevo, le servirá para llegar hasta los dos asesinos, quienes sin que nuestro amigo escocés aun no lo sepa, van en otro supercoche de última generación, pero en este caso, alemán. Nada menos que un BMW M5, que también es un señor coche.

Hacia las nueve de la mañana del domingo, no muchas horas después que haya pasado la fatalidad, Richardson regresa al lugar donde empezó todo: La habitación 115 del hotel para parejas Muchujiro, en Shibuya. La habitación, custodiada por una joven oficial de policía tokiota, saluda a Richardson, después que le muestre su placa.

(Oficial) Sin novedad, capitán. Todo en orden.

(Richardson) Perfecto. Entro a echar un vistazo. ¿La puerta está abierta?

(Oficial) Sí, capitán.

Richardson entra en aquella habitación de hotel, repleta de señales, marcas y demás indicadores dejados allí por los investigadores de la policía científica tras analizar el escenario del crimen. Se queda un rato quieto, mirando la habitación y después por la ventana, donde se observa la autopista elevada, por donde hay una intensa circulación de tráfico. Entonces, ve de reojo un papel que han dejado colgado de la pared los de la científica: el esquema de cómo han entrado los asesinos en la habitación y algunas fotografías impresas desde una cámara digital profesional justo cuando los de la científica llegaron, en la que se observa a Ohara tumbado sobre la cama, lleno de sangre, con dos disparos, uno sobre el pecho y el otro a la derecha de su abdomen. Richardson mira entonces cómo está la escena del crimen ahora. Una de las dos balas del calibre 44 que dispararon los asesinos, atravesó el cuerpo de Ohara y quedó incrustada en la pared, estampada con un gusto muy hortera de corazones de colores sobre fondo rosa, manchado con las manchas de sangre ya resecas de Ohara. Richardson, que lo mira todo seriamente, se pone entonces a la ventana, mirando los coches y camiones que pasan por la autopista elevada. Decide que ya ha visto suficiente, sin haberle contestado muchas dudas y se vuelve a la planta baja del hotel, a recepción, donde Ota, interroga al recepcionista y propietario del hotel, un hombre de 45 años pequeñito y feo. Ota, vestido de traje gris y corbata roja sobre camisa blanca, pregunta a aquel hombre. El recepcionista se muestra nervioso e intranquilo, temeroso al saber que es un asunto relacionado con la Yakuza.

(Ota) Trate de recordar el momento cuando los dos hombres entraron y usted los vio por primera vez. Cualquier cosa que pueda recordar. Lo que sea.

(Propietario) Ya le he dicho que me golpearon antes que pudiera verlos. De veras que no recuerdo nada. Nada.-visiblemente nervioso-

(Ota) Procure recordar, señor. Haga un esfuerzo. Es importante.

(Propietario) No... no puedo. Se lo digo en serio. De verdad. -entonces llega Richardson-

(Richardson) Ota, ser amable no es propio de ti. Deja de hacerte el simpático y llévatelo a la Jefatura Superior.

(Ota) Vamos, Richardson, no seas así. Dale aunque sea una oportunidad. El pobre hombre está intentando recordar.

(Richardson) Pero no lo suficiente, amigo.

(Ota) Oh, venga ya, Andrew. Ten un poco de paciencia. Las cosas se arreglan hablando.

(Richardson) Perderás el tiempo. Nuestros amigos de investigación son especialistas en sacarles los recuerdos a la gente, usted me entiende, verdad, señor? -le dice muy intrigante y el propietario, nervioso, por miedo a que se le lleven a comisaría, por fin charla-

(Ota) -dubitativo, se decide y hace caso a Richardson- Está bien. Venga con nosotros.

(Propietario) Recuerdo que el hombre que me golpeó... tenía la cara redonda. Sólo tenía unas pocas luces encendidas en recepción. Ya sabe. Por la crisis y para ahorrar. -se ríe tontamente-

(Ota) -saca su Smartphone y con el puntero de este y mediante un programa de dibujo, hace un improvisado retrato robot en la pantalla- … ¿Cómo éste? -Richardson se mira a los dos con curiosidad-

(Propietario) -mira a la pantalla del móvil de Ota- No, más delgado.

(Ota) -rehace el dibujo con el puntero- ¿O tal vez cómo éste?

(Propietario) Sí, más o menos.

(Ota) -sonríe al ver que no va desencaminado Bien. Por fin empieza a recordar. Ahora le preguntaré sobre el que estaba en la habitación 115. ¿Se presentó aquí sin equipaje?

(Propietario) Sí, eso mismo, señor.

(Ota) ¿Y no pidió que le guardase nada, por poco que fuese?

(Propietario) No, señor. Nada.

(Ota) Entró por tanto con las manos vacías, lo cual significa que usted pudo verle con detenimiento.

(Propietario) Bueno... esto es un hotel para parejas, señor. A veces llegan parejas con equipaje que vienen a pasar todo un "fin de semana de pasión", usted ya me entiende. -riendo tontamente- Pero eso ocurre pocas veces. Normalmente vienen por una sola noche, o una sola hora y parejas jóvenes. Pero si que me fijé que llegó solo, eso me llamó mucho la atención.

(Ota) Entonces vio cómo llegó al hotel.

(Propietario) Sí, lo vi a través de la puerta automática. Llegó en un taxi.

(Ota) ¿De que línea?

(Propietario) De la roja.

Ota echa una mirada seria a Richardson, cómo diciéndole que ya tiene una pista que seguir. Richardson se marcha en busca de su Nissan GT-R, mientras Ota sigue el interrogatorio.

(Ota) Y el hombre que le golpeó... sabría decirme la edad, más o menos?

(Propietario) Pues... unos cincuenta.

(Ota) ¿Podría decirme el aspecto? Peinado y color de pelo, color de los ojos, que ropa llevaba.

(Propietario) Era... completamente calvo. Ojos azules, un poco oscuros. Sólo le vi de cintura para arriba, pero llevaba una gabardina de color beige.

(Ota) -vuelve a dibujar sobre la pantalla del Smartphone- Calvo y ojos azules... cómo éste?

(Propietario) No, con los ojos más rasgados. Era de mirada fulminante. … ¿Le estoy ayudando, señor?

(Ota) -sonríe confiado- No lo sabe usted bien.

Richardson llega en su Nissan GT-R azul eléctrico con llantas cromadas, a los hangares de la empresa municipal de taxis de Tokio, en Kawasaki, Kanagawa, dejando el supercoche aparcado en el mismo aparcamiento de los taxis. Después de haber consultado a los administradores de la empresa y sus bases de datos, Richardson llega hasta el taxi y el taxista que llevaron a Yoshinori Ohara desde el aeropuerto internacional de Tokio hasta el hotel donde le asesinarían. Richardson entra dentro de la empresa de taxis y encuentra al taxista en cuestión, un hombre de 28 años llamado Fujio Akitaka, un tipo guapo con gafas de sol negras y cuadradas y prominente pelilla en la barbilla, bebiendo un café de máquina con otro compañero.

Un rato después, el taxista en cuestión lleva a Richardson en su taxi. Yendo por Assakussa, le muestra la primera parada.

(Fujio) -conduciendo el taxi, un Toyota Crown, con Richardson sentado detrás- La primera parada fue en el hotel de cinco estrellas Glory, el que está viendo a la izquierda de la calle.

(Richardson) Cuanto tiempo.

(Fujio) No mucho.

(Richardson) Pare allí. Y espere.

(Fujio) Sí, capitán.

Richardson baja del taxi para interrogar a la joven recepcionista del hotel. En cinco minutos regresa al taxi.

(Richardson) -vuelve al taxi- Ya puedes regresar a la central de taxis. Y deprisa.

(Fujio) De acuerdo, señor.

El tal Fujio arranca el taxi y emprende camino de regreso a Kawasaki. Al mismo tiempo, Richardson hace una llamada por su móvil. Pero Richardson, no se da cuenta que detrás del taxi, a cierta distancia, hay un coche de alta gama muy potente que les sigue. Es el BMW M5 negro de los asesinos y le están siguiendo. Richardson llama a un viejo amigo y contacto en la embajada británica, llamado Edward Charles, un tipo de pinta muy moderna, pelirrojo y pecoso, de largas patillas, peinado moderno y gafas de pasta de diseño.

(Edward) ¿Diga? Embajada británica de Tokio. ¿En que puedo servirle?

(Richardson) Hola, Edward. Soy Andrew. ¿Te llamo en mal momento?

(Edward) -se alegra de escuchar a su amigo- ¡Andrew! Hacía semanas que no sabía de ti. ¿Cómo estás?

(Richardson) Bien, muy bien, gracias. Oye, no tengo tiempo para cumplidos. Necesito que me hagas un favor. ¿Puedes llamar a tu amigo de la embajada británica de Hong Kong, para buscar cierta información?

(Edward) Por supuesto, Andrew. Ya sabes que te debo más de uno. ¿De quien se trata?

(Richardson) Es un japonés, pero que residía en Hong Kong cómo director de la empresa importadora de Labors "Imporot". Su nombre es Yoshinori Ohara. La empresa en realidad es una tapadera. El tipo pertenece a la Yakuza. ¿Podrás encontrar información sobre él?

(Edward) Creo que sí. Vuelve a llamarme dentro de media hora, o si lo prefieres, te espero en la cafetería "Luz de luna". Está justo enfrente de la embajada británica de Tokio, tú ya sabes cómo llegar hasta allí.

(Richardson) Sí, lo sé. Prefiero verte en persona. Estaré allí en media hora. Hasta luego, Edward.

(Edward) Hasta luego. -cuelga-

(Fujio) -dice de sopetón mientras conduce sin desviar la mirada de la carretera- Dos.

(Richardson) ¿? Dos que.

(Fujio) Llamadas. Hizo dos llamadas por el móvil. La segunda fue al extranjero.

(Richardson) ¿Cómo lo sabes? -pregunta muy extrañado-

(Fujio) Por la cantidad de números que marcó en el móvil. Al menos una quincena. Es decir... que marcó un prefijo internacional.

(Richardson) ¿Pudiste ver que número marcó?

(Fujio) No, imposible. Únicamente oía los sonidos que hacía el móvil cada vez que marcaba un número. Parece que ni siquiera lo tenía en la memoria del teléfono, pero se lo sabía, de eso no hay duda. Es sorprendente que hoy en día aun haya gente que no sepa usar un móvil. ¿No cree?

(Richardson) Ya. -vuelve a llamar por su móvil, esta vez a su superior, la comandante Takeo Yamazaki, pero no contesta, tenía el móvil apagado- Mierda, no está. Oiga, antes de regresar, pase por la embajada británica de Tokio. ¿Sabe donde está?

(Fujio) Por supuesto, capitán. Soy joven, pero llevo años en esto.

Takeo, en ese mismo momento, está pasando una mañana de domingo junto a su marido, Hiromi, y su hijo, Kozue Yamazaki, que ya tiene casi siete años. Visitan un enorme acuario, cuando de repente, Takeo es sorprendida por una visita muy molesta: la de Fumihiro Sango, acompañado de dos guardaespaldas de traje negro con gafas de sol.

(Sango) Buenos días, comandante Yamazaki.

(Takeo) -se sorprende- Oh... hola, buenos días. Oh, permita que le presente. Mi marido, Hiromi, y mi hijo, Kozue.

(Hiromi) Hola, cómo está usted. -le da la mano a Sango saludándole amablemente-

(Sango) Encantado de conocerle. Hace usted un gran trabajo en la escuela de cadetes Labor de Okutama.

(Hiromi) -le sonríe tímidamente- Muchas gracias, señor Sango.

(Sango) -haciéndose el gracioso con el niño- ¿Y quien este jovencito, eh?

(Kozue) Buenos días, señor. Encantado de conocerle.

(Sango) Mmm es un niño muy espabilado, cómo su madre.

(Kozue) Sí, lo soy. ¿Algún problema, señor?

(Sango) -se ríe- No, jovencito. Hiromi. Kozue. ¿Tendrías la amabilidad de dejarnos solos un momento?

(Hiromi) Por supuesto. -coge a Kozue a caballito- ¡Arrriba!

(Kozue) Ay, papá! Ten cuidado!

(Hiromi) Te espero ahí delante, a la salida, cariño.

(Takeo) Vendré enseguida. -Hiromi y Kozue se marchan a la salida, no muy lejos de allí-

(Sango) Tiene un marido que al igual que usted, es muy buen policía y un hijo encantador. Debe ser difícil educarle teniendo unos padres tan trabajadores y más en el mundo de hoy en día. Ya he denotado que su hijo, es realmente un niño muy listo. Seguro que dentro de diez años entrará en una buena universidad.

(Takeo) -le contesta un tanto fría y desconfiada- Mi hijo es responsable a pesar de su edad, sí. Por eso yo y Hiromi creemos que cuando llegue a la mayoría de edad, será lo que él quiera ser.

(Sango) Oh, por favor, no tiene por qué ser tan modesta. Aunque tengan un sólo hijo... aun podrían venir más. Y cómo diputado, conozco muy bien la realidad social de lo caro que supone tener un hijo en el Japón de hoy en día. Y eso que el sueldo de comandante no está mal. Pero creo que una mujer de su talento y aptitudes puede llegar más alto si cuenta con... el apoyo necesario. -mirando a Takeo con sonrisa confiada-

(Takeo) -mirándole seria y fría- Si no tiene nada importante que decirme... mi familia me espera, señor Sango.

(Sango) -le dice serio- Richardson ha secuestrado a mi testigo. Se lo ha llevado del hospital.

(Takeo) Yo soy la superior directa de Richardson y le he encomendado el caso. Si se ha llevado a Ohara, tendrá sus motivos.

(Sango) ¿Eso quiere decir, si no lo he entendido mal, que... no piensa ordenarle a Richardson que revele donde tiene escondido a Ohara? -dice muy intrigante-

(Takeo) Él está encargado del caso, señor Sango. Si me hubiese hecho caso des del principio y hubiese encargado el caso a Seguridad Pública, ahora no tendría motivos para quejarse. Todo por una foto en la prensa. -dice con menosprecio-

(Sango) Perdón, cómo dice, comandante?

(Takeo) Nada.

(Sango) -se saca un papel de debajo la chaqueta del traje- Comandante... no he tenido más remedio que levantar un acta... haciéndole usted responsable de la entrega de Ohara. -Takeo en un principio se sorprende, pero seguidamente sonríe confiada cerrando los ojos- Cómo puede ver detrás mio, tengo dos testigos que lo han visto todo. Así que... con el debido acuse le recibo. Mire... necesito ese testigo... para demostrar que realmente existe. -exclama enfadado-

(Kozue) -grita desde la entrada del acuario- ¡Mamá! ¡El espectáculo de delfines está a punto de empezar! ¡Llegaremos tarde!

(Takeo) ¡Ahora voy, hijo! ¡Espera un momento!

(Kozue) -exclamando furioso- Sepa que no pienso permitir que ni la gente ni los votantes de mi partido me acusen de falsas promesas sensacionalistas. Si no muestro ese testimonio... habré cometido un suicidio político en toda regla. No pienso tolerar que su capitán extranjero me deje en ridículo. -se marcha con indignación-

(Takeo) -aun más seria, pero con sonrisa confiada, Takeo advierte- Yo que usted iría con más cuidado, señor Sango.

(Sango) … -se para, de espaldas a Takeo-

(Takeo) El procedimiento que ha empleado desde el principio tampoco ha sido del todo legal, que digamos. Sé que habló con mi superior, la intendente Shinobu Goto, anoche mismo, para que influenciara en el Superintendente para expulsar a Richardson de la Policía. Quiero que sepa que unánimemente se rechazó su proposición. Es más. Hay alguien cercano a la intendente Goto a quien le ha despertado la curiosidad. … Tenga cuidado, señor "diputado" Sango. Que tenga un buen día. -se marcha de regreso con su familia, dejando a Sango algo intrigado-

Media hora después, el taxi que lleva a Richardson llega frente a la embajada británica. Pero no es allí donde Richardson se dirige en cuando baja del taxi, a quien le pide que se espere, si no a una cafetería que hay enfrente mismo. Allí, le espera el viejo amigo de Andrew, acompañado de otra trabajadora de la embajada, una funcionaria británica joven y guapa.

(Richardson) Hola, Edward ¿Llego a la hora? -le saluda sonriente y con un apretón de manos-

(Edward) Sí, justo a tiempo. Te estaba esperando. Te presento a una compañera de la embajada. Judie.

(Richardson) Hola, Judie. Encantado. -le da dos besos a las mejillas-

(Judie) Hola, Andrew. Es un placer.

(Richardson) Llevas poco en Tokio, no?

(Judie) No, hace más de un año que vivo aquí. En realidad... yo y Edward estamos saliendo juntos.

(Richardson) -dice sonriente- Vaya. Eso si que no lo sabía. Compañera de trabajo y además, novios. Un amor de despacho.

(Edward) Judie, vuelve al trabajo, quieres? Yo y Richardson tenemos que hablar a solas. Asuntos extraoficiales.

(Judie) De acuerdo. Te esperaré en la oficina. Hasta luego. -besa a Edward y se marcha-

(Edward) ¿Quieres tomar algo?

(Richardson) No, gracias. No tengo tiempo. Estoy en medio de un caso muy importante. Qué has encontrado.

(Edward) He hablado con mi amigo de Hong Kong hace cosa de veinte minutos. Según sus fuentes, la Yakuza envió a un delegado para un negocio conjunto con la mafia china de Hong Kong. Yoshinori Ohara. Cuando sólo llevaba una semana allí, los de la mafia china le sorprendieron echando mano de la caja fuerte de la empresa de importación de Labors occidentales, que usaban cómo tapadera para blanquear dinero negro obtenido de todo tipo de operaciones mafiosas.

(Richardson) -escuchando atentamente- Ya veo. Sigue.

(Edward) Calculan que les robaron ni más ni menos que quinientos millones de dólares americanos. Dinero que al menos la mitad, fue obtenido únicamente del negocio de la venta y distribución de drogas de diseño en Hong Kong y Taiwan, y la otra mitad a través de otros negocios de la mafia china. Prostitución, juego ilegal, extorsión, lo de siempre. Según sus contactos dentro de la Policía de Hong Kong, los indicios apuntan a que la mafia china intentó deshacerse de Yoshinori Ohara el viernes por la noche, cuando aun estaba en Hong Kong. Y no sólo eso. Los de la mafia china se lo comunicaron a la Yakuza y estos estuvieron de acuerdo en dar caza y muerte al tipo que traicionó su confianza para beneficio único de él y no de la Yakuza en su conjunto.

(Richardson) Así que el viernes por la noche Ohara aun seguía en Hong Kong.

(Edward) Sí. Los de la mafia han acabado sabiendo que Ohara se esconde aquí, en Tokio.

(Richardson) ¿Es reciente esa información?

(Edward) Según mi amigo, de hace cuatro horas. Al estar en Tokio, es la Yakuza quien se encarga de buscarle. Ahora mismo le están buscando por toda la ciudad. Están vigilando en los dos aeropuertos internacionales y en las estaciones de tren principales. Para evitar que salga de Japón. Pero... me ha dicho algo inquietante.

(Richardson) ¿?

(Edward) Dice que según la policía de Hong Kong, la mafia china habría contratado unos mercenarios, para matar a Yoshinori Ohara.

(Richardson) Sí, creo ya sé a quien te refieres. ¿Alguien más le persigue?

(Edward) No lo sé.

(Richardson) Que puedes decirme del hermano mayor de Yoshinori.

(Edward) Es quien supervisa el negocio. Pero para las autoridades policiales y judiciales de Hong Kong, es inocente. Está limpio.

(Richardson) De acuerdo, Edward. Muchas gracias por el favor, colega. -le da la mano sonriente-

(Edward) No hay de que. Dale recuerdos a Sonoko y al pequeño Edwin.

(Richardson) -sonríe- Claro. Adiós, Edward. Sigue sirviendo a los súbditos de su majestad británica.

(Edward) -se ríe- claro. Adiós, Andrew.

Una media hora después, el taxi con Richardson a bordo, regresa a la central de Taxis en Kanagawa. Andrew paga al taxista y éste le desea buena suerte. Mientras Richardson camina hacia su Nissan GT-R, el cual tiene aparcado cerca de allí, en la carretera que pasa enfrente... el BMW M5 de los asesinos que le han estado siguiendo, se detiene. En cuando Andrew se sube a su superdeportivo, se pone el cinturón de seguridad, sus gafas de sol Ray Ban de espejo y le va a dar al contacto... se queda mirando a lo lejos, donde ve el BMW M5 negro parado... con dos hombres entorno los cincuenta años en los asientos delanteros. Se da cuenta enseguida, que los dos asesinos le han seguido hasta allí. Pero Richardson no se deja en absoluto amedrentar. Si lo que quieren es perseguirle o acabar con él... sabe que esos asesinos lo llevan crudo.

Andrew le da al contacto y se pone en movimiento. Se incorpora a la calle de enfrente, pero sabe que no deberá ir hacia Tokio, si no en dirección contraria si quiere correr de verdad. Ese BMW M5 es muy potente. Lleva un V8 turboalimentado de 560 caballos. Pero el Nissan GT-R es igual de potente, más ligero y se conduce mejor. Es, en definitiva, aun más rápido. Richardson va conduciendo con tranquilidad dirección al centro de Kawasaki. Mira el retrovisor de reojo y el monitor del GPS para ver la cámara de visión trasera, donde ve el BMW de los asesinos a distancia.

En un momento dado, Richardson se mete por una calle estrecha con un solo sentido de circulación. Cuando el conductor del BMW, el tipo alto vestido de negro y con gafas de pasta, se mete... el Nissan ya no está. Acelera hasta el final de la calle. Hay un cruce a izquierda y derecha. Va hacia la izquierda y después otra calle a la derecha. Al final, creyendo que le han perdido, se reincorporan a una calle principal, cuando entonces... el Nissan GT-R azul eléctrico de Richardson sale de una callejuela por detrás suyo: les ha engañado. Ahora los perseguidores se han convertido en perseguidos. Los dos asesinos le ven por el retrovisor y se ponen nerviosos. Se dan cuenta que ese policía de origen escocés es muy duro de roer. Tanto cómo una biga de acero. El BMW se para por un semáforo rojo en un cruce... y el Nissan de Richardson se pone justo detrás suyo. El semáforo se pone verde y ambos vuelven a ir a 50 por hora, uno delante del otro. Los asesinos giran en un cruce a la izquierda, siguiendo el letrero que indica el acceso a la autopista más cercano. Cuando llegan a otro cruce... empieza la auténtica persecución.

El BMW M5 pega un fuerte acelerón y sale disparado hacia la derecha, para el acceso a la autopista... y Richardson, reacciona pisando a fondo a su Nissan GT-R. Ambos coches aceleran rápidamente a velocidades de vértigo, pero hiendo aun con mucha cautela, ya que aun están en ciudad. Richardson es un conductor excepcional, pero el asesino también. Tienen que ir esquivando el tráfico y el BMW M5 acaba provocando al menos cuatro accidentes de tráfico a su paso.

Al final el BMW consigue llegar al acceso a la autopista que comunica Tokio con Yokohama y que traviesa Kanagawa, entrando con dirección sur. Entra rompiendo la barrera del peaje de la autopista (en Japón todas las autopistas no urbanas son de peaje). Una vez dentro de la autopista, ambos coches pueden realmente pisar a fondo, alcanzando velocidades de más de 200 kilómetros por hora. Adelantando a los demás coches, que parecen quietos a su lado, con el tremendo estruendo de los dos motores, el 4,4 litros V8 sobrealimentado de 560 caballos del BMW M5 vs el 3,8 litros 6 cilindros en línea con doble turbo de 549 caballos del Nissan GT-R, rugiendo uno delante de otro. En el frenesí de la persecución, para frenar a Richardson, el BMW hace caerse a un motorista en una moto Kawasaki verde de gran cilindrada. El motorista se cae al suelo, pero al ir cubierto con un mono de motorista, no se hace nada. Al ver que los demás conductores de la autopista se detienen a socorrer al motorista, Richardson no se para y decide seguir con la persecución. En un minuto, vuelve a estar pegado al culo de los asesinos de Ohara y quienes dejaron muy malherido a Shinshi. Dentro del BMW, el asesino que no conduce, el calvo con gabardina color beige, saca su revólver. El Colt Anaconda de calibre 44, de cañón largo y plateado. Abre el tambor del arma y va metiendo una a una las seis balas que caben en el tambor del revólver.

Entonces, el asesino, sujetando el arma, baja su ventanilla y apunta el arma directamente al parabrisas del Nissan GT-R. Richardson va dando bandazos para ponérselo difícil al tirador. El primer disparo ni se acerca. Andrew pega un fuerte acelerón, se pone al lateral del BMW y le va pegando golpes para hacerle salir de la autopista. El hombre dispara otra vez su arma, llegando el tiro a travesar el parabrisas del Nissan, pero sin ni rozar a Richardson. Andrew al final se cabrea de verdad, pisa hasta el fondo, se lanza contra el lateral del BMW y... casualmente justo cuando pasan al lado de una estación de servicio o gasolinera, el BMW pierde el control y se sale de la autopista. Pasa por encima un anden elevado y sale literalmente volando, estrellándose contra el suelo de lado, y dando varias vueltas de campana, hasta ir a parar a dentro un túnel de lavado... y explota. Los dos asesinos mueren en el acto. Richardson, pega un frenazo tan fuerte, que acaba provocando el rebentón de una de las ruedas delanteras. Una vez parado en el arcén de la autopista, gira el cuello, excitado, observando cómo el BMW M5 acaba destruido y en llamas. Los dos hombres que con toda seguridad querían matarle, han sido muertos por la que iba a ser la víctima.

Más de una hora después, ya de tarde, un coche patrulla Nissan Skyline del departamento de tráfico de la Policía metropolitana de Tokio, llega hasta el aparcamiento subterráneo del edificio de la Jefatura Superior de Policía. Ese coche patrulla lleva a Richardson a bordo, quien va a reunirse de urgencia con su superior, la comandante Takeo. Ota ya le está esperando allí. Ambos suben, andando con prisas, hacia el despacho de la comandante Takeo Yamazaki, quien ya les está esperando, con mala cara, junto a otro hombre. El inspector jefe Hongo, del departamento de investigación. Ambos entran en el despacho y Takeo suelta su bronca, cabreada.

(Takeo) -cierra la puerta de un portazo y estalla- ¡Que explicación tiene esto, capitán!? Una persecución en Kanagawa. Dos hombres muertos. Un inspector del departamento de investigación gravemente herido y el testigo de una investigación de la Dieta, muerto! ¡Quiero saber que es lo que ha pasado y quiero saberlo ya, capitán! ¡Ahora! -exclama enfadada-

(Richardson) -le da una carpeta con papeles, todo serio- Aquí tiene mi informe, comandante. -Takeo se lo coge sin salir de su enfado-

(Hongo) Pero Richardson, cómo se le ocurre. ¿Es que no se da cuenta? Un hombre cómo Sango sería de gran ayuda para la Policía Metropolitana de Tokio. Podría apoyarnos en los medios más influyentes. Luchar por nosotros en la Dieta durante la legislatura. Yo no tengo nada en contra tuya, capitán. Pero te lo pido educadamente. Tienes que devolverle a su testigo, Richardson. -Richardson se queda quieto, sin decir nada- Donde está Ohara.

(Takeo) -seca y áspera- Díselo. Es una orden.

(Richardson) -serio, suspira- … Está bien. Está... muerto.

(Takeo) -se sorprende- ¿Muerto?

(Richardson) Murió anoche.

(Takeo) ¿En el traslado?

(Richardson) Antes. Sufrió un paro cardíaco a eso de las seis y murió. Los médicos no pudieron hacer nada por salvarlo. Luego, a eso de las siete, nos llevamos el cadáver al depósito bajo un nombre falso.

(Hongo) -incrédulo- Dios mio. Te has vuelto loco, escocés. Sacar a escondidas un cadáver del hospital. Y ahora dos muertos más que puede que no hayan tenido nada que ver con todo esto.

(Richardson) No, señor. El hombre o mejor dicho, los hombres a los que yo estaba persiguiendo... mataron a Ohara y malhirieron a Shinshi.

(Takeo) ¿Que? ¿Cómo lo sabes? ¿Los viste?

(Richardson) Sí. Intentó matarme con la misma arma que me describió Shinshi y con la que mataron a Ohara. Un revólver plateado de cañón largo y calibre 44. Un Colt Anaconda para ser más exactos. Durante la persecución... los tuve muy cerca.

(Hongo) Ya. El informe de la Policía Científica indica que los dos hombres quedaron completamente calcinados. Tendremos que esperar varios días para conocer los resultados de los análisis de ADN de los cuerpos. Pero de momento, lo único que tenemos son dos hombres muertos. Eso no nos servirá de nada ante un tribunal.

(Richardson) Con todos los respetos, inspector jefe. Tengo una pista y... quiero seguirla. Comandate. -le da a Takeo un recibo de hotel-

(Takeo) -lee el recibo- "Señorita Rika Anata. Hotel Speeders, autopista Tokio Osaka, kilómetro 109." -se queda mirando incrédula a Richardson-

(Ota) Solicitando ayuda a los colegas de la policía electrónica, descubrimos que el sábado al mediodía, a través de su móvil, envió un mensaje al facebook de esta mujer. Nueve horas antes que le asesinaran.

(Hongo) Bueno, envió un mensaje de Facebook a su novia, que prueba eso? -tanto Ota cómo Richardson se quedan mirando seriamente a Takeo... y esta toma una decisión-

(Takeo) Hoy es domingo. Voy a dejar en suspenso esta orden hasta mañana. -Hongo, muy serio, se marcha y sale del despacho-

(Richardson) Y bien, comandante. ¿Que coño se supone que tenemos que hacer el resto del día? ¿Mh?

(Takeo) … Seguid adelante. Y sin contemplaciones. No debería decíroslo, pero... alguien ya nos está ayudando.

(Ota) ¿? Quien.

(Takeo) Pronto lo sabréis. Seguid investigando, es una orden. Retiraros.

(Richardson) Sí, comandante. -él y Ota le hacen el saludo militar a la comandante y se marchan-

Richardson va al parque móvil de la Policía, para que le dejen un coche. Necesita ir a ese hotel de carretera a interrogar a Rika Anata. Y Ota tampoco puede llevarle. No se le ocurre más remedio que llamar a su mujer, Sonoko, quien trabaja en la primera sección de vehículos especiales, para que venga en su Land Rover Evoque blanco.

Una hora más tarde, Richardson... y Sonoko al volante, ya van para allá por la autopista. Mientras están de camino...

(Sonoko) ¬ ¬ Con que iba a destrozar tu precioso Nissan GT-R a la primera de cambio, eh? Por la boca muere el pez. Eso te pasa por bocazas.

(Richardson) -le dice en broma- ¿Ah si? ¿Me vas a acusar de machista o algo peor?

(Sonoko) Sólo he venido porque necesitabas el coche. ¿Cuando costará la reparación de tu juguete, eh? -le dice sarcástica-

(Richardson) Ahora mi preocupación no es esa.

(Sonoko) Sí, ya. Me parece a mi que te quedarás calvo cuando te llegue la factura de la reparación.

(Richardson) Era una persecución policial, Sonoko. Y no es para cachondearse. -dice serio-

(Sonoko) -entran al acceso del hotel- Ya. Lo siento, perdona. … Según el GPS es aquí. ¿Te espero en el coche?

(Richardson) Sí. Volveré enseguida. -besa a Sonoko-

(Sonoko) De acuerdo.

Andrew se baja del Range Rover Evoque y entra en la recepción del hotel. Va directo a pedir al recepcionista para que llame por teléfono a la habitación de Rika Anata.

(Richardson) Buenas tardes. ¿La señorita Rika Anata?

(Recepcionista) ¿Rika Anata? Un momento, por favor. -coge su teléfono y llama- … La señorita Anata no contesta, señor.

(Richardson) ¿Cual es su habitación?

(Recepcionista) Lo siento, pero no podemos... -Richardson le muestra su placa- Oh, vaya. Espere un momento, yo mismo le llevaré a la habitación de la señorita. Por aquí, por favor. -van hasta la habitación en cuestión, en el primer piso y llaman a la puerta varias veces, pero no contestan-

En el mismo instante, Sonoko está sentada en el asiento del conductor de su Range Rover Evoque, escuchando música y leyendo una revista de moda. No se da cuenta, que por detrás suyo, por la entrada principal, sale un hombre. Un hombre alto y delgado, de cara alargada, cejas espesas, ojos oscuros y piel morena, vestido con un traje azul marino sin corbata con el cuello abierto. El tipo parece nervioso, limpiándose las manos con un pañuelo de papel. Se sube al coche que casualmente está aparcado justo al lado del de Sonoko, un Mitsubishi Galant Fortis gris claro, lo arranca y se va conduciendo deprisa. Sonoko se lo queda mirando con mala cara, ya que es policía y odia ver gente circulando irresponsablemente con el coche.

Sonoko sigue esperando... cuando de repente, oye algo y para la radio del coche. Enfrente la recepción del hotel, llega un coche patrulla con dos agentes de uniforme y otro de traje y corbata. Se bajan corriendo y entran. Sonoko, nerviosa, decide bajar y entrar ella también. Todos acaban en la misma habitación. Cuando Sonoko entra... sus ojos se abren cómo naranjas y se queda pálida del susto. En el suelo, hay una chica de largos cabellos castaños, desnuda... con una gruesa marca de una cuerda en el cuello. Está muerta. La han estrangulado. La habitación está destrozada. Sonoko gira la cabeza, muy nerviosa, al oír la voz de su marido hablar por el móvil.

(Richardson) ¿Ota? Soy yo. … Sí. … Sí. … Estrangulada. -ve a Sonoko mirando despavorida el cadáver- Mierda. Oye, te llamaré yo después. Hasta luego. -cuelga- Sonoko. ¡Sonoko!

Un rato después, es Richardson quien conduce el Range Rover Evoque por la autopista. Sonoko está muy seria y callada. Hasta que habla.

(Sonoko) … ¿Por qué te has metido en este trabajo, Andrew? ¿Por qué no lo rehusaste?

(Richardson) Sonoko. Yo...

(Sonoko) Pensaba que te conocía bien del todo. Pero ya no estoy tan segura. Tú y yo somos policías. Pero trabajamos con Labors. No con cadáveres y asesinos. Cómo... cómo lo haces para permanecer impasible? ¿Cómo puede ser que nada te afecte al corazón? ¿Tan... acostumbrado estás a la muerte que ésta no te impresiona? … Andrew... por favor. ¡Dímelo!

(Richardson) Tengo 35 años, Sonoko. Pero por dentro... a veces me siento cómo si tuviese setenta. He vivido muchas cosas en esta vida. Muchas. Para bien... y para mal. De todo. Hasta el punto que pocas cosas me afectan.

(Sonoko) No... no quiero creer que el hombre con quien estoy casada, con quien he formado una familia... ha vivido durante años en una cloaca. Cada día. No quiero creérmelo.

(Richardson) No soy sólo yo. La mitad de la humanidad vive en esa cloaca. Y no podemos ignorarles.

(Sonoko) ¡Ya lo sé! Pero no quiero... que eso me recuerde constantemente el horror y la fealdad que existe en el mundo.

(Richardson) ¿A esto lo llamas fealdad? Si hubieses estado conmigo en Camboya en 1999... hubieses visto lo que es de verdad la fealdad humana. Aquellos dos meses me curaron de espanto, créeme.

(Sonoko) Lo sé, cariño. Para ti, durante años, la violencia de la guerra fue una forma de vida. Te alimentabas de ella. No... no puedo pedirte que lo olvides.

(Richardson) Ni pienso olvidarlo. Para empezar yo no soy responsable de ninguna de esas muertes. Esta mañana mismo, si cuando ese desgraciado que me ha disparado con ese revólver del 44 hubiese apuntado unos cuantos centímetros más a la derecha... ahora serías viuda.

(Sonoko) O _ o ¿Queeeee? Te te te han disparado? -exclama muy exaltada-

(Richardson) Sí. Pero al final me los he cargado, Sonoko. Por eso ahora tengo el Nissan GT-R que me regaló mi padre hecho una mierda.

(Sonoko) Vale.

(Richardson) Vale que.

(Sonoko) Que debo dejar de comportarme cómo una moñaza y ponerme firme. Yo también soy policía... y estaré contigo, Andrew. Lo estoy.

(Richardson) -le sonríe- Así me gusta.

Una hora más tarde, habiendo dejado a Sonoko de nuevo en la División de Vehículos Especiales, Richardson regresa a la Jefatura Superior. Los de la científica están trabajando en su despacho, con sus vestidos blancos y mascaras, para evitar dejar huellas, pelos o grasa en las pruebas. Mientras dos sacan pruebas, un tercero lo anota todo en un ordenador.

(Policía) -ve llegar a Ota y Richardson- Capitán Richardson; el equipaje de la señorita Rika acaba de llegar desde el aeropuerto.

(Richardson) Muy bien. Anota también esto. -saca más pruebas de una bolsa de plástico-

(Policía) -lo anota en el ordenador- Un par de zapatos de tacón dorados. ¿De dónde los ha sacado?

(Richardson) Hotel de carretera Speeders, kilómetro 109 de la Autopista Tokio-Osaka.

(Policía) Bien. A quien pertenece.

(Richardson) A Rika.

(Policía) Que contiene.

(Richardson) Una medalla de metal dorado; un reloj de pulsera... con correa de piel y caja de metal pulido; un brazalete de plata y... los resguardos del hotel.

(Policía) Sí, capitán. Anotado queda.

Richardson abre dos maletas rojas que pertenecían a Rika Anata. Ota comprueba que los resguardos del equipaje y los que están ligados en la maleta sean iguales... y coinciden. Ota abre la segunda maleta con las mismas tenazas. Una vez abiertas las maletas, descubren un primer detalle: la maleta contiene corbatas, calzoncillos y un bote de perfume para hombre.

(Richardson) Vaya vaya. Aquí hay un hombre de por medio.

(Ota) -encuentra unos folletos- Mira. "Agencia de viajes Rainbow de Hong Kong". París. ¿Por qué querrá ir a París? ¿Has visto estos folletos?

(Richardson) Sí. Así que nuestro amigo quiere largarse a Francia, eh?

(Ota) Mira esto. Una maquinilla de afeitar y loción de hombre. Que crees.

(Richardson) Que no hay duda. Aquí hay un hombre metido.

(Ota) Eh, fíjate en esto. Las bolsas, las toallas... incluso el cepillo de dientes son nuevos. Todavía tienen el precio... en yuanes.

(Richardson) ¿? ¿Has dicho en Yuanes?

(Ota) Mira. Es el ticket. Y dice... que lo compraron en una tienda del aeropuerto de Hong Kong.

(Richardson) -encuentran un neceser con pintas y cepillos- Mira que tenemos aquí. Pruebas de ADN acabadas de salir del horno. Yoshiro, dame una bolsa de pruebas, por favor.

(Policía) Tenga, capitán. -le da la bolsa y Andrew mete los peines dentro-

(Richardson) ¿Te has fijado en una cosa, Ota?

(Ota) Sí, ya lo sé. No hay pasaportes ni billetes. Es evidente que el asesino se los ha llevado.

(Richardson) ¿? -encuentra algo en el bolsillo de una chaqueta de pana. Un fajo de billetes chinos de 1000 yuanes- Ahora lo entiendo. Hay una nota. Pone... Meng Hi Chang. ¿Que? -se queda descolocado

(Ota) ¿Meng Hi Chang? ¿Entonces que tiene que ver con esto Yoshinori Ohara?

(Richardson) Ni puta idea. Fiuuu... has visto que cantidad de billetes? El muy cabroncete está forrado. Bien. De momento... ya tenemos a un tal Meng Hi Chang.

(Ota) Daría lo que fuese por saber quien demonios es este tipo. -encuentra entonces un cheque firmado- Vaya. Mira que tenemos aquí.

(Richardson) ¿Que es eso?

(Ota) Un cheque por 300.000 yenes firmado a nombre de Rika... Chang.

(Richardson) Mmmm... una japonesa casada con un chino. Interesante. Muy bien, Ota. Mételo en una bolsa de pruebas.

(Ota) Entendido.

(Richardson) Danos más bolsas, Yoshiro. Hay huellas y restos de ADN hasta en el apuntador. -le dan más bolas de plástico pequeñas para pruebas- Dejémoslo aquí. Esto es trabajo para los de la científica, no crees?

(Ota) Estoy de acuerdo. Yo soy de acción. No soportaría este trabajo de rata de laboratorio.

(Richardson) -se marchan de allí- Vamos al departamento de comunicaciones.

(Ota) Para que.

(Richardson) Tenemos que hacer una solicitud de información a la Policía de Hong Kong. Necesitamos los datos de ese tal Meng Hi Chang.

(Ota) Oye, me temo que eso será algo más complicado. Deberemos llamar al ministerio de asuntos exteriores y estos solicitar la información a través de nuestra embajada allí.

(Richardson) -se ríe, confiado- Déjate de gilipolleces administrativas, Ota. La comandante tiene viejos amigos en la Policía de Hong Kong. Gracias a ello podemos conseguir esa información en menos de una hora.

(Ota) -le sonríe- Eres lo que no hay, escocés. Siempre por delante. -se ríe-

(Richardson) ¡Ah, otra cosa! Llama al forense del caso y dile que escanee las huellas dactilares del caso y las mande a la central de comunicaciones de la Jefatura Superior. Yo tengo que llamar a la comandante y pedirle este favor.

(Ota) Entendido.

Richardson hace esa llamada y un poco a regañadientes, Takeo le promete que hará ese trámite. Justo termina la llamada y se gira, detrás suyo, aparece Sango, acompañado de sus dos guardaespaldas, además del inspector jefe Hongo.

(Richardson) Vaya vaya vaya. Mira quien tenemos aquí. El regreso del "señorito". -dice todo sarcástico-

(Hongo) Se más respetuoso, Richardson. El señor Sango quiere hablarte.

(Sango) -muy enfadado- La comandante Yamazaki le dejó bien claro que tenía hasta el lunes por la mañana para cumplir mi orden de presentar al testigo. Sin embargo, quiero una confesión por escrito ahora de que Ohara murió mientras estuvo bajo su custodia.

(Richardson) Sí, claaaro. Ya la tendrá. Espere... cinco minutos y tendrá respuestas.

(Sango) ¿Que? -exclama furioso-

(Richardson) -suena su móvil. Tiene un mensaje- Oh, me perdonan un segundo? -lee el mensaje- Oh, genial. La información que he solicitado acaba de llegar. -dice contento-

(Sango) No quiero oír más estupideces. Exijo esa declaración firmada. ¡Ahora!

(Richardson) ¿Ha acabado ya de hacer el payaso? Pues déjeme pasar. Tengo mucho que hacer. -se vuelve para dentro cómo si nada. Sango le sigue a distancia, sin apartarle la mirada, furioso- Oh. Si quiere saber que hay de su testigo... venga conmigo a la sala de comunicaciones.

Todo el grupo, Richardson, Ota, Hongo, Takeo y Sango y sus dos guardaespaldas, se reúnen en la sala de comunicaciones de la Jefatura superior. Una impresora láser imprime los informes que han llegado desde Hong Kong. Entonces... Takeo coge el primer papel acabado de imprimir, donde sale la foto de Yoshinori Ohara, el hombre asesinado. Pero resulta que...

(Sango) -mirando la hoja- Ohara.

(Takeo) -lee el papel- "Meng Hi Chang. Vendedor de Labors de una empresa importadora de maquinaria de Hong Kong." -se queda sorprendida-

(Sango) -se queda descolocado- ¿Eh? ¿Quien es ese Chang?

(Richardson) El hombre que fue asesinado en el hotel de Shibuya; el que usted nos mandó vigilar, no era Yoshinori Ohara. Ni siquiera era japonés. -Sango se queda serio, pero el en fondo, está desconcertado, entonces, le suena el móvil de Ota-

(Ota) -se pone- Ota. … Sí. … Sí. … Entendido. Ahora se lo digo. -cuelga- Nuestras sospechas se confirman, Andrew. Acaban de llamarme los de Investigación. Han averiguado que el señor y la señora Ming, tienen reserva para el vuelo siete ocho cero de ANA que despega con rumbo París hoy a las nueve de la noche. Billetes por separado y no confirmados. Ah, otra cosa. Ellos también han hecho una consulta a la Policía de Hong Kong. El tal Ming nunca ha cometido ningún delito. Ni ha sido arrestado.

(Richardson) ¿En serio? Bien... muy bien. Todo encaja. Yoshinori Ohara se llevó él solito los 500 millones de dólares de la mafia china de Hong Kong... y utilizó o sobornó al tal Ming para hacerle de tapadera y desviar la atención del auténtico culpable. Y obviamente, para que no sospecharan de él y descubriesen su falsa identidad...

(Ota) Mató a la señora Ming para que no hablara.

(Richardson) Exacto. Ota... son las siete. Ese vuelo sale del aeropuerto dentro de dos horas. Ya sabes lo que tenemos que hacer. Comandante?

(Takeo) Tenéis mi autorización. Haced lo que creáis conveniente. En marcha.

Sólo media hora después, Richardson y Ota, en el Honda Accord familiar de éste último, llegan a una de las terminales del Aeropuerto Internacional de Tokio-Haneda. El bullicio de gente es constante y el sonido de los aviones despegando, también. Ota y Richardson se plantan en la recepción de la aerolínea ANA en la misma terminal.

(Ota) -muestra su placa a la recepcionista- Capitán Isao Ota, de la Primera Sección de Vehículos Especiales de la Policía. Estamos buscando a una persona relacionada con un delito. ¿Tiene a un tal Meng Hi Chang en la lista de pasajeros de su vuelo de las nueve con destino a París?

(Recepcionista) Un momento, señor. -consulta en su ordenador- … Sí, señor. Hace media hora que ha confirmado su billete.

(Ota) ¿Ha presentado su billete?

(Recepcionista) Aquí no, señor. Pero puede haberlo presentado en la puerta de embarque. ¿Quiere que llame a seguridad del aeropuerto?

(Richardson) No. Avise a la puerta de embarques para que vuelvan a repasar todos los pasaportes.

(Recepcionista) Pero señor, están embarcando.

(Richardson) Que puerta.

(Recepcionista) La 28.

(Richardson) Muchas gracias. -él y Ota van corriendo hasta la puerta de embarques 28 de la terminal-

Ota, mostrando su placa a los de seguridad del aeropuerto, se pone a su lado, para inspeccionar cómo revisan los pasaportes uno a uno. Richardson se lo mira más de lejos. Observan cómo los pasajeros van pasando el control de pasaportes y van embarcando al Jumbo de ANA a través de la pasarela que comunica la terminal con el avión. Cuando ya quedan no más de diez pasajeros por pasar el control, Richardson observa en un televisor plano que hay enfrente, la lista de las próximos despegues. Observa que hay otro vuelo de la misma compañía, ANA, con destino Singapur. Richardson entonces, coge el teléfono de la terminal, mostrando su placa a los de seguridad del aeropuerto.

(Richardson) … Con el servicio de pasajeros. … Está un tal Chang, Meng Hi Chang, en el vuelo cinco seis siete de ANA para Singapur de las nueve? … O _ o ¿Cómo ha dicho? … Bien, muchas gracias. -cuelga- Hoy es nuestro día de suerte, Ota. Embarcó a última hora con un billete para Singapur. -vuelve a coger el teléfono... para llamar a la torre de control del aeropuerto-

En ese mismo instante, en una de las pistas del aeropuerto, un Boeing 747-400 de ANA, espera en una de las pistas la orden de despegue de la torre de control. Dentro se ese avión, Yoshinori Ohara, quien ha subido a bordo con la falsa identidad de Meng Hi Chang, espera nervioso el despegue, para salir del país. Pero entonces...

(Megafonía) Señores pasajeros. Soy el comandante. Me informan desde torre de control que debemos volver a la terminal para un nuevo control. Pedimos a los señores pasajeros que desembarquen y esperen en la sala de espera para pasar de nuevo el control de pasaportes. Rogamos disculpen las molestias que podamos causarles. Gracias. -mientras se hace el chismorreo entre los pasajeros, Ohara se pone aun más nervioso, no pudiendo evitar que su frente se llene de sudor frío-

Dentro de la terminal donde debe regresar el avión de ANA, Richardson y Ota esperan su llegada. Pero antes, lo que llega, es una inoportuna y pesada visita. La de Sango. Éste, serio, se planta al lado de Richardson.

(Sango) … Él sigue siendo mi testigo. Estaré encantado de entregárselo después de que haya declarado mañana. -Richardson ni se inmuta, concentrado en observar la llegada del Jumbo de ANA a la terminal- La Yakuza... varios asesinatos... podría beneficiarnos mucho a ambos.

(Richardson) -indignado- ¿Cuanto le ofreció Ohara para ayudarnos a despistarnos a todos, eh?

(Sango) Vamos, no sea tan ingenuo, capitán. Los dos sabemos cómo se logra el éxito. La integridad es algo para impresionar al público. Puro márketing.

(Richardson) -le replica con desprecio- Gilipollas. Casi consiguió que los de la Yakuza y la mafia china le creyeran muerto.

(Sango) A veces... todos hemos de transigir.

(Richardson) -se cabrea- ¡Una mierda! … Fuera de mi vista. Cómo diríamos en Escocia... Que le den por el culo!

Ambos hombres se quedan mirando desafiantes, un rato, hasta que Sango se marcha andando con parsimonia. Andrew mira a Ota, quien le lanza una sonrisa cómplice, cómo diciendo "bien dicho". Por fin el avión embarca y empieza a desembarcar pasajeros. Mientras Ota permanece en la terminal observando a las diferentes personas que van saliendo, Richardson se mete dentro del avión. Mirando y mirando... le ve de reojo... y éste ve a Richardson: Yoshinori Ohara. Ambos se quedan mirando fijamente el uno al otro unos segundos, serios. Ohara hace ver que no va con ello y baja la mirada. Pero vuelve a levantarla y ve claramente que Richardson va directamente hacia él. Yoshinori se levanta... y marcha en sentido contrario a los demás pasajeros que van saliendo, a la parte de atrás del avión. Al final Ohara, tumbando a una pobre azafata, arranca a correr y Richardson tras él.

Ohara abre la puerta trasera del avión y salta desde una altura de más de cinco metros al suelo y arranca a correr hacia en medio de las pistas donde despegan y aterrizan los aviones. Richardson también salta y le persigue. Dentro de la terminal, una de las azafatas informa, exaltada, a Ota y éste corre enseguida a pedir refuerzos.

Richardson, a pesar del sonido ensordecedor de los motores de los aviones cercanos que esperan para despegar sobre la pista, intenta encontrar o ver a Ohara, quien está escondido tras unos matorrales al otro lado de la pista; se mete la mano bajo la chaqueta... y se saca una pistola Heckler & Koch USP Compact de 9mm. Cosa inexplicable, por las bien sabidas normas de seguridad de los aeropuertos, pero que Ohara ha conseguido pasar con permisos falsos y demás. Ohara apunta su arma sobre Richardson, quien permanece de pie al lado de la pista. El sonido de los reactores de un Boeing 777 bimotor ensordece a ambos hombres. A pesar de eso, Ohara afina la puntería en su ojo, dispara dos tiros con su arma y huye. Richardson se tiene que tirar al suelo y después arrancar a correr tras él.

Corriendo, teniendo incluso que pasar por la pista en la que van despegando los aviones, acaban de nuevo, dentro de una de las terminales del aeropuerto, no sin que antes Ota, a través de uno de los grandes ventanales, les haya visto, viendo también cómo Ohara le vuelve a disparar a Richardson, sin acertar. Ohara esconde su pistola bajo su chaqueta y se mezcla entre la gente al entrar en la terminal. Dentro, Ota corre acompañado de una agente de seguridad privada del aeropuerto en dirección a la terminal donde se espera encontrar a Ohara. Richardson, antes de entrar, desenfunda su Browning L9A1, para quitarle el seguro y tenerla lista para usarla. Teme que le tocará hacer uso de ella y se la vuelve a meter bajo la chaqueta. Una vez dentro, Richardson anda lentamente. Observando hacia todos lados donde puede estar Ohara. Y por fin, le ve en la taquilla de ANA, donde anula el billete y pide que le devuelvan el dinero. Ohara se mete, muy nervioso y sudoroso, en la cola de salida de la terminal internacional de Haneda. La cola es debido a que la seguridad del aeropuerto ha establecido un control en la salida. Ohara se pone aun más nervioso al verlo. No ve a Richardson, pero si a Ota y la agente de seguridad privada llegando corriendo hasta allí. Richardson también se ha camuflado entre el gentío.

Cuando un agente de seguridad pide el billete a Ohara en la cola de salida... Ohara le tira al suelo de un empujón y arranca a correr hacia la puerta. El agente de seguridad privada que hay al otro lado de la puerta automática de cristal, desenfunda su arma, pero Ohara le mata antes con su pistola, haciendo que se extienda el pánico y todo el mundo se ponga a gritar. Antes de que pueda huir... Richardson desenfunda su pistola, grita a Ohara para que se entregue... pero éste se gira y apunta hacia Andrew, obligandole a disparar tres tiros seguidos sobre el pecho y el tronco, con los que mata a Ohara al instante, cayendo el asesino desplomado al suelo lleno de sangre. El pánico y el horror entre la gente allí presente es tremendo. Ota se lo mira incrédulo, pero Richardson sigue en guardia. Con el pie, aparta la H&K USP Compact, sin dejar de apuntar a Ohara. Se agacha, comprueba si aun tiene pulso poniendo los dedos sobre el cuello... y comprueba que está muerto del todo. Se quita la chaqueta oscura y la tira sobre el cadáver.

(Policía) Vamos, esto no es ningún espectáculo. Circulen. ¡Circulen!

(Ota) -corriendo hacia Andrew- ¡Richardson!

(Richardson) -vuelve a meterse la pistola dentro la funda, mirando serio el cadáver- Lo siento, Ota. No había otra forma de pararle.

(Ota) -suspira preocupado, mirando el cadáver de Ohara- Supongo que no. Que se le va a hacer. Me temo que ahora de lo que deberás tener miedo es a Sango.

(Kanuka) -se presenta de improviso- Me temo que no, cariño.

(Ota) ¿? -se gira y se queda pasmado- O _ o ¿Que? ¡Kanuka! ¿Que estás haciendo tú aquí?

(Kanuka) He venido a acompañar al jefe Goto a hacer un trabajo. Pero me ha dicho que se puede encargar él solo sin ningún problema. Takahara está con él.

(Ota) Vaya. Esto si que no me lo esperaba. ¿A quien estáis buscando?

(Kanuka) -sonríe confiada- … A Sango.

(Ota) ¿Queeeee? -se queda flipado-

(Richardson) -dice muy serio- Ya sabía yo que ese cabrón lameculos no era de fiar. ¿A que tiene algo que ver en todo lo que ha pasado?

(Kanuka) Si venís conmigo, lo sabréis. Por cierto, Richardson.

(Richardson) -serio- ¿Sí?

(Kanuka) No te atormentes por haber matado a Ohara. Tú eres policía y este tipo era un mafioso sin escrúpulos que ha dejado un largo rastro de cadáveres a su paso. Has hecho lo correcto, entendido?

(Richardson) Sí, Kanuka. No te preocupes.

Fuera de la terminal, cerca de la entrada principal, cuando se empiezan a oír las sirenas de los coches patrulla de la policía venir hacia allí, Sango, serio pero igualmente tranquilo, de dispone a subir a su Lexus LS conducido por uno de sus dos guardaespaldas, cuando de repente... Kiichi Goto, jefe de la sección 5 de la NNSA, llega.

(Goto) ¿Señor Fumihiro Sango?

(Sango) ¿? Vaya. Es un placer verle de nuevo, señor Goto. No hablaba con usted desde esa recepción oficial en la Dieta el pasado verano. El otro día tuve oportunidad de hablar con su esposa...

(Goto) Lo lamento, señor Sango. No hay tiempo para explicaciones. -se planta Takahara a su lado- He venido a hacerle entrega de esta orden oficial firmada por el Primer Ministro en persona. -le da el papel-

(Sango) -se queda descolocado- ¿Que? ¿De que está usted hablando, señor Goto?

(Goto) Por favor, coja el papel.

(Sango) -algo confundido, coge el papel, lee que pone... y se queda de piedra- … Pero que... no... no es posible. ¿Que significa esto? ¿Me expulsan del partido? ¿Me retiran mi acta de diputado? ¿Y dan orden de mi alejamiento de la política nacional? ¿Qué demonios significa todo esto!? -exclama muy furioso-

(Goto) Bien. Habiendo leído la orden oficial, usted deja de ser a efectos prácticos y desde este mismo instante, diputado en la cámara alta de la Dieta, con todo lo que eso conlleva y miembro del Partido Liberal Democrático.

(Sango) No me lo creo. ¿Donde está su autorización? ¿Con que motivo me hacen esto? -exclama muy furioso-

(Goto) Respondiendo a la primera pregunta, le diré que tengo la autorización del Primer Ministro y de todos los diputados del partido gobernante. Es decir, de los suyos. Y respondiendo a la segunda pregunta... usted sabe perfectamente por qué. -llegan hasta allí Kanuka, Ota, Richardson y Takeo-

(Sango) -mirando furioso a Takeo- Tú... ¡Tú me has traicionado! ¡Por qué me haces esto!?

(Takeo) Desde el principio sospeché que algo olía muy mal en todo este asunto. Que solicitase directamente a Richardson para encargarse de un caso de estas características... lo encontré demasiado extraño.

(Kanuka) Yes. Y por eso, ella nos llamó a nosotros para que le echáramos una mano. Desde la sección 5 de la NNSA investigamos un poco y descubrimos una serie de factores que le involucran a usted, señor Sango, en una trama mafiosa de altos vuelos.

(Sango) -exclama muy exaltado- ¡Están mintiendo! ¡Se arrepentirán de esto! ¡Soy intocable!

(Goto) -dice muy serio- El hermano mayor de Ohara, Katsuhiro, lo ha charlado todo, señor Sango. -Sango se queda pálido y sin palabras- ¿Sorprendido? Lo bueno de habérnoslo pedido a nosotros, por parte de la comandante Yamazaki, es que nosotros podemos llegar siempre hasta el auténtico fondo de la cuestión. Incluso hasta cuando cómo en este caso, el fondo es doble. Usted tenía, oficialmente, intención de presentar a Ohara cómo testigo para que le revelase a la opinión pública los secretos mejor guardados de la Yakuza. Pero sabe que? Eso no sería en realidad necesario, porque en realidad, nosotros, la NNSA, los conocemos a la perfección. Sabiendo esto, otra sección de la NNSA, la sección 7, especializada en delitos macro económicos, le ha estado investigando en los dos últimos meses sin que usted se diera cuenta. Y han descubierto que en este tiempo, ha tenido al menos tres encuentros secretos pero informales con Katsuhiro Ohara. Es decir... que lo sabemos todo.

(Richardson) Pues dígalo, señor Goto. Quiero escucharlo. -muy serio-

(Goto) Lo que usted, señor Sango, pretendía, era obtener beneficios de miles de millones de yenes a través de las operaciones mafiosas encubiertas mediante la red privada de Katsuhiro Ohara, mientras la mayoría de la propia mafia, estaba distraída, buscando a Yoshinori Ohara por todas partes. Pero éste no dejaba de ser su hermano mayor, el chivo expiatorio para la operación. Y decidió emplear un cebo. Usar a uno de los empleados de su propia empresa, a quien sobornó con una suculenta cantidad de dinero negro, para cumplir con ese papel. Al mismo tiempo, contrataba unos asesinos profesionales, para que nos hicieran seguir todo el tiempo una falsa pista. Pero lo peor, señor Sango... es que si todo esto acababa cómo es debido, usted obtendría un beneficio de miles de millones de yenes, con el que dentro de su propio partido, llevar a cabo una gigantesca operación de compra y tráfico de influencias, con el que sobornar a buena parte de su "ex" partido, y con ello, conseguir el máximo poder dentro de éste y en consecuencia, dentro del estado. Y cómo no... a aquellos miembros de su partido honrados o dispuestos a denunciar su actuación... los amenazaría o incluso directamente... se los sacaría de en medio.

(Takeo) -mirando con desprecio a Sango- Dios mio. Es un cerdo asqueroso, señor Sango. He perdido toda confianza en usted. Pero si quiere que le diga la verdad... jamás la he tenido.

(Ota) Esto... si no lo he entendido mal... lo que quería es...

(Richardson) Llevar indirectamente a la Yakuza... al gobierno de Japón.

(Ota) ¿Queeeeee? -dice alucinado-

(Kanuka) Yes. Pero esto ya no ocurrirá jamás. Takahara. Espósalo.

(Takahara) Será un placer. -pone las esposas a Sango por detrás, quien está incrédulo y sin decir una palabra-

(Goto) Antes que se lo lleven, quiero que sepa que su amigo de la Yakuza también ha sido detenido por la Policía de Hong Kong. Será extraditado a Japón dentro de dos días... y le encerrarán con usted en la misma celda de prisión. No intente buscar argucias legales, porque... el juez ya ha dictaminado prisión preventiva sin fianza para usted hace escasamente un cuarto de hora. Él determinará los años de prisión que le van a caer. Pero... recordando lo enfadado y decepcionado que ha quedado el Primer Ministro con usted... seguro que serán muchos años. Llévatelo, Takahara.

(Takahara) Sí, jefe. Andando.

(Richardson) ¡Señor Sango! -éste se gira, mirando seriamente a Richardson- Un consejo. Cuando esté en las duchas de la prisión, tenga mucho cuidado con que no se le caiga la pastilla de jabón al suelo. Si los presos ven a un "señorito" de piel tan fina cómo tú, no podrán resistir la tentación. ¡Hasta nunca!

(Takahara) Vamos, camine. -se marcha llevándose a Sango hacia un furgón policial aparcado cerca-

(Kanuka) ¬ ¬ Es increíble, Richardson. Acabas de cargarte a un tipo a balazos y ya estás soltando tus bromas de mal gusto. No cambiarás nunca.

(Ota) -se ríe- Déjalo, mujer. Él es así.

(Takeo) Bueno... me voy al hospital a ver a Shinshi. Tengo que decirle lo que ha pasado.

(Ota) Yo también tendré que ir a verle.

(Kanuka) ¿Y el desastre que habéis dejado en la terminal? -dice con cara sarcástica-

(Goto) No te preocupes, Kanuka. La Policía se encargará de todo. Ya les he informado.

(Richardson) Genial. Yo me voy a casa. Llevo dos días sin dormir. Necesito descansar. Ota, me llevas tú a casa?

(Ota) Claro. Adiós, Goto. Nos vemos en casa, Kanuka.

(Kanuka) Claro, cariño. Hasta luego.

(Richardson) Adiós, Goto. Y... muchas gracias por su ayuda. De verdad.

(Goto) No hay de que, Andrew.

Una hora más tarde, cuando ya es medianoche, Richardson llega a su casa. Sonoko está ya en la cama, pero aun despierta, con la luz encendida, leyendo un libro. Richardson, antes de entrar en la habitación, está en la sala de estar, con su pistola Browning L9A1 en manos, para volverla a esconder en su armario con llave.

(Richardson) -mirando seriamente la pistola que sujeta en su mano derecha- … Creía que nunca más te volvería a usar. Y lo peor es que hasta ahora... nunca te había usado para matar a nadie. Espero que esta vez... sea la última. -la mete en la caja y cierra el cerrojo con la llave-

Va hasta la habitación, se quita la ropa, se queda en calzoncillos y se mete en la cama. Sonoko se da cuenta que su marido está muy serio y entristecido.

(Sonoko) Por qué lo has hecho, Andrew. -seria, sin mirar a Andrew a la cara- ¿Por qué has matado a ese mafioso?

(Richardson) No he tenido más remedio. Lo siento. Acababa de matar a un guardia de seguridad. Y antes asesinó a otra mujer, con la que probablemente, tenía una relación sentimental. Que más da que haya muerto ahora... o que haya muerto ejecutado en una prisión. -dice entristecido-

(Sonoko) -pregunta mirándole molesta- No es eso lo que yo te he preguntado.

(Richardson) Sonoko... yo...

(Sonoko) Yo te quiero, Andrew. Y no pienso separarme de ti. Pero quiero... que cambies. Que dejes de ser un matón.

(Richardson) No se trata de eso, Sonoko. No se trata de eso.

(Sonoko) ¿Eh?

(Richardson) No es la primera vez que mato a una persona. En Camboya... también maté a mas de un tipo. Incluso a un crío. Tuve que disparar porque ese crío me iba a disparar a mi con un misil antitanque. Le maté porque me lo ordenó mi superior, pero también... porque era él o yo.

(Sonoko) -mirando triste a Andrew- Y preferiste ser tú quien sobreviviese.

(Richardson) Sí, pero después de eso... me sentí muy mal por dentro. Aun hoy en día tengo pesadillas de aquello. Desde la guerra de Camboya no había matado a nadie con mis propias manos. Y hoy he vuelto a hacerlo.

(Sonoko) Pero... quiero decir... le disparaste porque él te iba a disparar primero. ¿Verdad que sí?

(Richardson) Sí, claro. Por eso he disparado. Mi intención era atraparle vivo, pero al final no he podido. Y ahora, al igual que entonces... -suelta lágrimas por los ojos y Sonoko se le queda mirando conmocionada- … Es un sentimiento muy extraño cuando matas a alguien. Aunque fuese un mafioso asesino.

(Sonoko) -se abraza a su marido, consolándole con ternura- Cariño... te quiero, te quiero. No pasa nada. Tú no tienes la culpa.

(Richardson) -se calma- No sé que pensar, Sonoko. ¿Por qué coño lo he hecho? ¿Por qué?

(Sonoko) Tú eres muy buena persona, Andrew. Lo eres y punto. Por eso te amo. Por eso y por...

(Richardson) Lo sé. Lo sé. -la pareja se besa apasionadamente-

En esta ocasión, ha habido al final una intervención inesperada en un caso poco habitual para la División de Vehículos Especiales. Un político muy corrupto y con ansias de poder que utiliza a la Yakuza en su propio beneficio, un rastro de cadáveres y un sabor de boca muy amargo para Richardson, quien después de muchos años, ha vuelto a tener que matar, aunque haya sido a un asesino y por propia autodefensa. Un caso que seguro, cambiará a Richardson... aunque muy poco.