Hola otra vez! Aquí está ya el segundo capítulo de hoy, el de Tamsin. Disfrutadlo también.


Tamsin:

Ni siquiera me ha dado tiempo a llegar a casa cuando me llaman de comisaria porque la supuesta ladrona se ha colado en el complejo de las Sombras. No voy a mentir, me hace un poco de ilusión pillarla, pero me jode no poder hacer lo que quería. Iba a hacer una de las mías e incordiar un poco a la humana y ahora ya no puedo. Doy la vuelta y acudo a ver de qué se trata todo este alboroto. Unos cuantos guardias me detienen en la puerta hasta que la Morrigan aparece para decirles que me dejen pasar. Desde luego que no se puede ser más estúpida… ¿A quién se le ocurre volver aquí para robarle a la líder de las Sombras por segunda vez en menos de una semana? Voy a empezar a dudar de la inteligencia de esa ladrona. Al final, hasta va a ser un hombre. Y hablando de hombres, Dyson ya está aquí también, olisqueándolo todo.

—Busca, perrito, busca —al menos me puedo reír del Lobo—. ¿Has encontrado algo?

—Por ahora no. Aunque el olor me es familiar —comenta él—. Pero como siempre, ni rastro del ladrón aún.

—¿Otra vez se te ha escapado?

—No, creo que sigue aquí.

—La última vez también creías eso y se nos escapó. Más te vale que estés seguro.

—Creo que el olor sigue por ahí.

Dyson señala la puerta que da al despacho de la Morrigan. Espero que esa ladrona no haya robado nada importante para las Sombras o Evony va a empezar a derretir guardias como una loca. Sigo los pasos de Dyson y, cuando el Lobo abre la puerta, no me lo puedo creer. ¿Qué demonios hace ella aquí? Puede que tuviese razón con mis sospechas y Kenzi es la ladrona desde el principio. Ojalá tenga una explicación perfectamente racional para esto aunque, si hay que esposarla, espero hacerlo yo…pero a la cama.

—¿Kenzi? —duda Dyson.

—¡Uy! Un perro que habla —la morena se ríe—. Creo que he bebido demasiado. ¡Salud!

—¿Qué haces aquí? —insiste mi compañero.

—Beber para recordar. Espera, no es así… Beber para…para… ¡No! No me lo digas, sé que empieza por o… ¡Olivar! Eso es. No, eso tampoco es.

—¿Olvidar? —me apoyo en la puerta con los brazos cruzados.

—Shh, tú calla, rubia —me apunta con la botella y casi se cae de la silla—. Eres una borde.

—Anda, eso de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad es cierto —Dyson me mira antes caminar hacia ella—. Ya lo sabes, eres una borde.

—Cállate, chucho —observo a Kenzi y después a Evony, detrás de mí—. Parece que la rata escurridiza que buscabas era ella. Comprueba que no te falta nada.

—Claro que le falta —exclama la humana—. Lo siento, Evonita, me he bebido tu vodka. ¿Sabíais que la palabra "vodka" significa "agüita" en ruso? Es gracioso ¿no?

Dyson ayuda a la chica a levantarse y camina hacia fuera. La Morrigan no está muy contenta precisamente. No creo que le importe mucho que haya sido Kenzi la que se ha colado sino que esté pagando a unos inútiles para vigilar que esto no pase. Me encojo de hombros antes de seguir al Lobo que apenas puede sostener a la chica. Lo que me hace preguntarme qué querría olvidar con tanto alcohol. A lo mejor solo lo ha dicho porque yo estaba delante. Además, ¿por qué ha venido a robarle la bebida a la Morrigan si ya estaba en el bar? Quizás quería estar sola, pero ¿por qué? Demasiadas preguntas sin respuesta. Tengo que conseguir que Dyson me deje llevarla a casa a mí para salir de dudas porque es muy sospechosa y besa muy bien para que la tenga que encerrar en la cárcel.

—Oye, Dyson —doy un par de zancadas hasta ponerme a la altura de los dos y sostengo a Kenzi por la cintura—. A ver si le vas a estropear esta cara tan bonita contra el suelo, que para ser un Lobo no tienes fuerzas para aguantar a una humana enclenque.

—¡Enclenque tú, cosa con alas! —la chica me mira con mala cara—. Yo estoy perfectamente y mi cara bonita también.

—Sí, claro…

—Dyson, llévame a casa que la rubia borde no me cae bien.

—No quiero hacer el papeleo sobre la falsa alarma —me las ingenio para conseguir lo que quiero—. Dyson, lo haces tú y yo llevo a la humana borracha a su casa.

—¿Por qué no haces tú el papeleo, listilla?

—Mañana te llevo un café a tu mesa.

—Hecho —él deja todo el peso de la humana sobre mí—. Ten cuidado con Kenzi.

—No le va a pasar nada.

—No, que tengas cuidado con ella. La que me preocupas eres tú.

—No me va a hacer nada.

Si antes lo digo… Kenzi me da un guantazo bajo el pretexto de que le he tocado el culo. Puede que lo haya hecho, pero no es que sea un peso pluma y como no puede mantenerse de pie, de algún sitio la tenía que agarrar. Vale, podría haberla cogido por otro sitio, pero el tortazo ha merecido la pena. Me río y ella me mira con mala cara. La situación es graciosa hasta que se niega a subir en mi coche. No me queda más remedio que meterla yo dentro. A pesar de los puñetazos y patadas que me llevo, lo consigo y puedo llevarla a casa.

—Ponte el cinturón —le digo abrochando el mío.

—No quiero. Si nos estrellamos, que mi muerte pese sobre tu conciencia, rubia —ella se cruza de brazos.

—Vamos, Kenzi, no te comportes como una niña pequeña. Qué borrachera más mala.

—No soy una niña pequeña y no me voy a poner el cinturón.

—Odín…qué calvario. Al final, el papeleo habría sido mejor…

Me vuelvo a quitar el cinturón y me inclino sobre ella para coger el del copiloto. No me doy cuenta de lo cerca que estoy de su pecho hasta que lo alcanzo y miro hacia abajo para buscar la otra parte correspondiente. Creo que me he puesto hasta un poco roja. Ella carraspea mirándome y le devuelvo la mirada con una sonrisa inocente. Si las miradas matasen…

—¿Algo que te interés, rubia? —pregunta cabreada.

—Sí… Digo, no —le abrocho el cinturón y vuelvo a ponerme recta en mi asiento.

—Ya… ¿Sabes qué? Mejor me voy andando.

—¿Cómo te vas a ir andando con la borrachera que…? —la observo atentamente—. Un momento. O se te pasa muy rápido o no estabas borracha.

—Ya os lo dije. Estoy perfecta… —le da hipo y respira antes de continuar—. Perfectamente bien.

—¿Qué demonios…? —me está confundiendo.

—¿Me llevas a casa o me voy andando?

Me parece que no está borracha, pero lo parece y me confunde. Comienzo a hacerle preguntas a ver si la pillo, pero, como bien dijo antes, había ido para olvidar y le ha funcionado muy bien porque no se acuerda de nada. No termino de creerla y, por eso, solo por eso, he cogido el camino más largo y con más tráfico. Kenzi apoya la cabeza en el cristal y se acurruca en el asiento como si se fuese a dormir. Sin embargo, tengo un plan:

—¿Por qué me besaste antes? —le pregunto de pronto.

—¿Por qué me besaste tú…dos veces? —me mira bostezando.

—Porque quería.

—Pues yo también —se encoge de hombros.

—No te creo.

—Me da igual.

—Me dijiste que yo te gustaba. Supongo que el beso también te gustó.

—No estuvo mal.

—Ninguna de las tres veces. Quizás deberíamos dar un paso hasta la siguiente base, como se suele decir.

—No me gusta el béisbol.

—Me refiero a hacer algo más…en la cama —sigo provocándola a ver si salta—. Porque yo desde luego no quiero una relación y menos con una humana.

—No me apetece, quiero dormir.

—Podríamos hacerlo en el coche. Tienes pinta de ser flexible y para una vez que sea casual y tal…

—No me voy a acostar contigo, Tamsin. Olvídame.

—No puedo olvidarte, maldita morena —repito las palabras que dijo antes de besarme.

—No me robes las frases. Me acuerdo perfectamente de eso y no se volverá a repetir. Ni eso, ni siguiente base ni nada. Y no te creas que no me he dado cuenta de que has cogido el camino más largo.

—Lo sabía…

Obviamente, Kenzi está más lúcida de lo que quiere hacerme creer. No sé por qué, pero pienso averiguarlo. Antes tengo que conseguir que diga que no está borracha, pero no sé cómo. Así que me pongo a preguntarle cosas, más bien a interrogarla. No dice nada, así que sigo presionándola.

—Tamsin, me vas a dar un dolor de cabeza que no tengo —dice al fin—. Deja las preguntitas ya.

—Solo una más. No estás borracha ¿verdad?

—No, no lo estoy. ¿Me puedes dejar ya en paz?

—¿Por qué has fingido que lo estabas?

—Porque no es la primera vez que me cuelo a robarle alcohol a la Morrigan. Si no me sacáis de ahí a rastras porque estoy borracha, sacáis mi cadáver medio derretido. ¿Contenta?

—No.

Paro el coche a un lado de la carretera y me quito el cinturón para inclinarme mejor sobre ella. No sé por qué, pero enfadada me pone mucho y no he podido contralarme. Bueno, otro beso más no es malo ¿verdad?


Ay, esta Valquiria loca que no se controla. Ya veremos si no la lía. ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado y nos vemos la próxima semana. Disfrutad del finde.