Capítulo 10

-Que cortecia de tu parte llamar a mi puerta. Se que puedes entrar cuando quieras. Le dije a Regina con desdén.

Ella bajó su cabeza mientras reía ligeramente, una risa un poco incómoda se podría decir.

-Eres mi invitada, y aunque te niegues a creerlo, te respeto. Fue su respuesta.

Por un momento sentí el tiempo detenerse, fue un segundo extendido, donde note cada detalle de ella, llevaba la misma ropa que hacía unas horas atrás, no llevaba mucho maquillaje pero igualmente era atractiva, debido más que todo a la forma en la que sus labios se formaban en una media sonrisa esperanzadora, la cicatriz se entonaba perfectamente.

Y me sentí atraída hacia ella, nuevamente la deseaba, era un magnetismo poco sano se podría decir.

-Pasa por favor, le dije. - Te debo un agradecimiento por salvarme supongo.

Ella camino hasta el medio de la habitación, luego de un rato, decidió sentarse junto a la ventana.

-Emma yo, estoy feliz por tu mejoría. Fue lo único que dijo

-Tengo entendido que es debido a ti, fueron mis palabras. - Usaste algún tipo de magia para ayudarme, puedo saber ¿por qué lo hiciste?, la magia lleva un sacrificio así que, ¿que es tan importante en mi persona como para que me salvará?.

Al principio la vi titubear. Cruzo sus largas piernas y mirando a la ventana me dijo:

-Lo hice por que te deseo Emma.

Sus palabras eran tranquilas, serenas y llenas de poder. No supe al instante que responder ante tal confesión.

-A nadie le sorprende más que a mi. Eres la hija de la mujer que más odio, pero, te deseo Emma. Volvió a decir

-No quiero que digas tales cosas, le respondí. - Desde ese maldito día, todo mi mundo gira a tu alrededor, me has robado.

-Ya te he dicho que no tuve nada que ver con tu desaparición, me contesto molesta. - Apenas supe donde estabas informe a tu reino, pero al igual que otras veces, mis cartas fueron ignoradas.

Nuevamente sus mentiras, quizás no lograría nada de ella, por alguna razón su apodo era la "reina malvada".

-Emma, no tienes motivos para creer en mi. Pero eres libre, las leyes que permitían la esclavitud en este reino fueron abolidas.

-Toma un caballo y regresa a tu reino cuando desees.

Después de eso sólo se levantó y me dejó sola. Cada vez que hablaba con esa mujer. Las cosas se ponían peores.

A la mañana siguiente quise salir a comprobar si era cierto lo de mi nueva "libertad". La fortaleza oscura era inmensa, los pasillos cercanos a mi habitación estaban llenos de cuadros de antiguos reyes y familiares de los Mills. Al final de cada pasillo se encontraban escaleras que terminaban en los jardines, excepto por la más tétrica, esa se dirigía a las caballerizas.

Cada animal de allí, se veía en perfecto estado, bestias hermosas sin duda, pero note que había un lugar vacío, quizás alguien había salido a cabalgar. Me acerque entonces por curiosidad y escuche el relincho de la bestia, decidí seguirlo hasta encontrar de donde provenía y así me hallé en el jardín de entrenamiento, el enorme semental negro que me había llamado hasta allí estaba corriendo con alegría por todo aquel lugar, y junto a él, Regina.

Parecía que se comunicaban a la perfección, el caballo en su juego privado con la reina, daba saltos y corría, mientras ella lo seguía con el viento moviendo su cabello.

Finalmente el hermoso caballo se detuvo y como si fuese una invitación, se inclinó ante Regina para que ella lo montará.

Y ella lo hizo, subió al caballo sin notar que la observaba, y cabalgó libremente por el pasto que no tenía una barrera. Ambos entonces desaparecieron.

Así que decidí seguir con mi camino, explore sin recelo los rincones de la fortaleza oscura. De vez en cuando me encontraba con guardias que solo saludaban alegremente, hasta que finalmente estuve en las puertas.

Eran enormes forjadas entre hierro y madera, posiblemente pensadas para resistir mucho, dos soldados custodiaban, pero al verme acercar,las abrieron para mi.

La luz del día era intensa, y afuera se encontraban varios carruajes, todos oscuros.

-Princesa Emma, desea que la acompañe en su viaje. Preguntó el cochero más cercano a las puertas.

-Deseo retirarme de aquí, llévame al castillo del reino blanco. Le respondí.

El hombre sonrió gratamente. Y dijo:

-Será un viaje largo majestad, y con gusto la acompañare.

Entonces me dio la mano para subir y emprendimos nuestro viaje.

Desde la fortaleza oscura hasta el castillo blanco, habían dos días de viaje, así que nos detuvimos varias veces para comer, el hombre era amable y solía hablar de su esposa e hijos con mucha frecuencia. Nunca preguntó por qué regresaba y eso me aliviaba mucho.

Finalmente me encontré en las puertas de mi reino. Estaban cerradas y habían guardias reales custodiando desde las alturas. El cochero se detuvo ante la caravana que se hacía para entrar.

-Buenas tardes caballero, le dijo el cochero al guardia real. - Traigo a la princesa Emma que desea retornar a su reino.

Las carcajadas se escucharon hasta el interior, así que decidí acercarme para ver qué pasaba.

-La princesa Emma, ha muerto. Así que no venga con tales ridiculeces, si no posee un permiso para entrar, no va a entrar. Fue lo que sentenció el guardia.

Entonces baje rápidamente, para ser reconocida por mi gente. Pero no fue así, al contrario, todos los guardias formaron un escudo y me advirtieron que me alejara puesto que la princesa Emma había muerto durante los ataques y que nadie entraría ahora sin un permiso real.

Me quedé inmóvil, prácticamente había sido rechazada de mi reino. Los guardias tomaron mi frío como un ataque y se prepararon para usar las armas.

El cochero apaciguó la situación para evitar un daño más grande. Así que nos retiramos de inmediato.

-Majestad, es mi deber retornar a mi reino. Ya mi ausencia empezará a notarse. Dígame en qué más puedo servirle. Me dijo el hombre.

No sabía qué responder, estaba fría, rechazada, prácticamente olvidada. ¿Qué podía hacer ahora?, no tenía hogar una vez más.

-Si me permite majestad, debería retornar conmigo, siguió hablando el hombre al ver que no le respondía. - Quizás no sea su hogar pero al menos sabe que estará segura, la reina la aprecia mucho, de una forma diferente en la que apreciaba a la dama Ruby.

Solo asentí con la cabeza y comenzamos el viaje de regreso. Un viaje silencioso y eterno.

Apenas nos encontramos de regreso en la fortaleza oscura, me encerré en la habitación que ya todos denotaban como mía.

Pase la tarde allí, hasta que la nube de humo púrpura apareció detrás de mí. Esta vez no eran rosas, sino una carta.

"Ven al salón"

Por un momento me moleste. Ya que parecía una orden más que una petición, pero al final decidí asistir, ya no tenía nada que perder.