Hi lectores

Bueno ya casi estamos en el final, espero que les esté gustando muxo la historia salida de mi cabeza!

Aclaraciones: Hetalia no es mine ni sus personajes!

Advertencias: ya lo verán~

El filo de la espada

El sonido de las espadas en contacto.

El fragor de la batalla resonando en el vacío.

El olor a carne impregnando cada milímetro de aire.

Los cuerpos inertes.

La sangre derramada mezclada con el barro y con la lluvia.

Los gritos desgarradores de los hombres ingenuos que daban la vida por el rey, eran susurros bajo el estruendo del cielo. Iluminados por la luz del relámpago, sentían las extremidades entumecidas y amputadas, por cortantes filos de acero.

El cielo gemía, mientras nublaba la vista de los guerreros con su manto de agua. El barro les ensuciaban los pies, y la sangre derramada cubrían las armaduras.

Las cenizas ahogaban

Las llamas quemaban banderas

A cada nuevo estallido, se perdían los hombres.

Las almas el pulso luchaban ciegas.

Todo gesto humanidad quedo ensombrecido por el rencor.

Un joven de ojos ámbar luchaba desesperado. Desesperado por salvar a la joven que poseía su corazón.

Su armadura plateada brillaba en aquel escenario, bañada de tierra humada y la esencia del hombre. Sentía el peso de su traje, pero no le importaba en absoluto. Empuñada en su mano derecha, una espada dorada y con filo de acero forjado, clamaba la justicia de aquella guerra.

Estocada tras estocada. Herida tras herida, el joven de cabellos caobas se plantó delante de la fortaleza inglesa

Su respiración entrecortada creaba nubes de vaho, invisibles ante cualquiera. Cansado, sintiendo el palpitar acelerado de su pulso, listo para enfrentarse a cualquier cosa, dio el primer paso.

Una figura se alzó en su camino. Su armadura negra resplandecía con las llamas del averno, su espada, afilada, brillaba a cada relámpago. Tras su casco, el joven pudo ver, los ojos verdes carentes de vida, que le amenazaban con la muerte.

Sus ojos ámbar, desafiantes y decididos, retaron a la macabra mirada de venganza del rey.

Con un movimiento alzo su espada. Amenazante, retándolo. El rey rio pesadamente. Empuño su espada. Listo para el combate.

En lo alto de la torre. Apartada de la batalla, Isabel contemplaba horrorizada el cruel panorama.

Sus ojos pasaron por todos los cuerpos, vivos e inertes. Vio el futuro, y el pasado. Padres, hermanos, huérfanos, esclavos, ancianos, jóvenes. Todos con un fatal destino. Sus lágrimas salían en pequeñas cascadas. Todos aquellos que tenían un próspero futuro, habían sido lanzados al campo de batalla para sufrir y padecer en él. La familias se romperían como la frágil escarcha. Todo eso por culpa de ella. Por su egoísmo, por su sueño, por el simple hecho de sentirse viva y amada.

Se sentía dolida. Pasó sus esmeraldas por la desgarradora tragedia una vez más. Contempló como dos jóvenes conocidos para ella se enzarzaban en una pelea, furiosos al pie del castillo.

Se le heló la sangre al ver los ojos ámbar, tan amados para ella, en uno de los batallantes.

Romano.

Se le cayó el alma a los pies, su corazón estaba en un puño, oprimiéndolo. Vio a su rey dar un golpe en el hombro del más joven, haciéndolo caer al suelo mientras agonizaba.

Isabel gritó asustada.

Esto era demasiado para la joven oráculo, quien intentó salir de la habitación en el acto. Empujo y empujo. Pero por más que empujaba, la puerta no cedía. La frustración se apodero de ella, llorando mientras con sus pocas fuerzas golpeaba la puerta.

En un último intento, cogió con dificultad un candelabro negro y lo estampó con todas las fuerzas que albergaba contra la cerradura de esta. Golpe tras otro, consiguió por fin abrir la puerta de su celda. Jadeante, Isabel no dudo ni un instante en correr por los pasillos de piedra en busca de Romano.

Se acercó a paso lento, deleitándose la vista con la herida producida por el acero, que emanaba la sangre real de aquella mísera rata italiana.

Miro fijamente al joven que intentaba ponerse en pie, pero le proporcionó una fuerte patada, haciendo que el castaño volviera a caer sobre la tierra cubierta por su propia sangre. Se rio del heredero, dejando que su carcajada resonara en los oídos de Romano, mientras aguardaba su fatal destino.

Sus ojos ambarinos se encontraron con los verdes grisáceos de Arthur. En un movimiento, el rey alzo su espada al cielo, sin apartar la mirada del joven llena de veneno.

Sonrió complacido

Y dejó caer su espada.

-¡No!

Isabel corrió manchando su blanco vestido, sintiendo el barro y la sangre que cubría la tierra por la que pisaba. Se interpuso entre los dos. Jadeante. Arthur la observo detenidamente. Los ojos esmeraldas de la joven lo miraron, observando como la locura y el odio lo habían consumido, convirtiéndolo en un ser reprobable.

-No lo hagas por favor…

Rogo la joven susurrando entre jadeos. Rezando para que Arthur albergara algo de piedad en su negro corazón.

-Isabel, vete….

Romano articulo difícilmente. Isabel volteo su mirada, viendo como el italiano se levantaba tambaleándose, presionando una mano en el hombro, evitando que derramara más sangre. Su pelo revuelto se pegaba al rostro empalecido por el dolor. Respiraba con dificultad. Isabel quiso llorar en ese momento.

"mi culpa…"

-Romano-sollozo

Giro su rostro apartándolo de la cruel escena. Miro a Arthur que reposaba en su sitio con semblante sereno.

-Arthur…déjalo ir…prometo no volver a hacerlo. Me quedare a tu lado…para siempre.- sentencio, dando muerte a su libertad y a su amor.

Arthur se acercó a la joven con paso firme y decidido, sin apartar la mirada de las esmeraldas de la chica. Paso su desgastada palma por su mejilla, encharcada por la lagrimas salinas.

Entonces lo vio

El resplandor del acero manchado

La carne humana siendo desgarrada

La sangre fluyendo, fundiéndose con la tierra

Un instante

Un dolor agudo en su costado

Isabel sintió el filo de su espada, penetrándose en su carne, desgarrando su interior.

Vio su sangre derramándose hacia abajo, tiñendo todo a su alrededor de carmesí.

Sintió el grito de Romano vibrar en el aire.

Le empezaban a fallar las fuerzas.

Los ojos verdes victoriosos de su asesino. Contemplándola morir.

-Ya no eres más que una muñeca rota…

Susurro en su oído, mientras deslizaba su espada afuera de sus entrañas.

Tomo el último aliento y se desplomo sobre el rojizo suelo.

Ooooooooh que intenso¡

Que pasara, que pasara? En el próximo capítulo lo sabréis, que será uno de los últimos

Denle al review sí estuvo interesante jóvenes ;3

byesssss