Nueve

28 de noviembre

Hermione- no te pierdas así!

No he tenido tiempo de escribirte porque he estado en campo, pero he pensado mucho en ti las últimas semanas, en ti y lo ausente que has estado. Por favor dime que está todo bien. Aunque no lo creas, me preocupo. Qué opinas de venir a comer un día? Podría ser este viernes o sábado… Hasta podrías quedarte y podríamos salir a dar una vuelta. Hay varios lugares de Londres que he conocido y quiero mostrarte, ahora que vivo aquí. Ron no estará en el fin de semana.

Te quiero. Y espero tu respuesta.

Harry.

Querido Harry- escribió ella con caligrafía perfecta, muy distinta a la que había usado su amigo en la carta que había recibido esa mañana.- ¡Cómo me alegra saber de ti! Por favor, usa los signos de puntuación completos. Sabes que para eso están. Ahí estaré el viernes en la noche. ¿Quieres que salgamos o que cocinemos en casa? Cualquier cosa cuéntame y puedo parar a hacer compras de camino para allá. Perdona que me haya perdido tanto. Un abrazo, Hermione.

La enrolló y caminó a la lechucería, donde la envió con una de las lechuzas pardas, chiquitas, que pertenecían al colegio, antes de seguir su camino a la oficina del profesor Snape, donde tenía una reunión para hablar de su proyecto luego de sus clases de la tarde.

-Buenas tardes, profesor- dijo al llegar a la puerta del salón. El hombre, que con las semanas y meses parecía haber rejuvenecido solo un poquito, levantó la mirada de sus notas y listas de alumnos.

-Buenas tardes, señorita Granger. Por favor siga, solo debo recoger estas cosas y estaré listo- Hermione entró al aula y se sentó en una de las primeras mesas, donde lo habría hecho siempre, mirando al tablero.

-Es extraño ahora sentarme en este puesto. Mucho ha cambiado.

-Y mucho falta por cambiar, aún. No he visto balance en su vida, todavía. Espero que no haya pedido hablar conmigo para que le de más lecturas- ella se puso roja, pero aún así contestó.

-El viernes iré a casa de Harry a pasar el fin de semana. Estoy segura de que eso cuenta como balancear las cosas. Después de todo, sé que no me va a dejar hacer nada remotamente académico- el profesor levantó una ceja y la miró, y Hermione se puso aún más roja- Quiere que vayamos a visitar algunos lugares de Londres, nada más.

-¿Y Ronald?- preguntó Snape, consciente de ese punto aún sensible.

-Harry dijo que no estaría. No sé si tenga turno o qué, en todo caso no estará en la casa. No pedí más detalles- lo vio listo y caminando hacia la puerta y se paró rápidamente para alcanzarlo.- Y no, señor. No venía a pedirle más material de lectura, sino a discutir el que ya me había entregado. Y estamos a miércoles, entonces no es posible considerar que esté extendiendo mi estudio más allá de lo que es debido.

-Eso es cierto, señorita. Tan exacta como siempre- Hermione no supo si eso era un elogio o un insulto, por lo que no respondió nada.- ¿Entonces…?

-Estoy leyendo sobre el Renacimiento, cuando más allá de la caza de brujas de la Edad Media realmente se separan las ciencias muggles y las disciplinas mágicas.

-¿Específicamente…?

-Newton y la alquimia, señor- él asintió mientras abría la puerta del despacho y caminaba directamente a la tetera de la esquina, a preparar té, como ya era costumbre.- El hecho es que, aunque sé que las ramas de la magia ya estaban relativamente separadas, en el mundo muggle las ciencias eran aún muy incipientes. Apenas si se hablaba de ellas, y según señala el autor que me indicó…

-¿Mantero? Sea específica.

-Sí, señor. Disculpe. Aún si Mantero explica que aún la alquimia está relacionada con la creación de las ciencias, por las teorías organicistas, estoy segura de que no puede ser la única rama involucrada.

-Sí sabe que Mantero es muggle, ¿no es cierto?

-Hermano de bruja, profesor. Lo confirmé revisando las actas del colegio. De hecho esperaban que él también mostrara aptitud, dada la fuerza de la magia de la hermana, pero nunca lo hizo. La nota quedó junto al nombre de ella, en cualquier caso.

-¿Y el punto es?

-Mantero conoce del mundo mágico, no es un muggle cualquiera. Estoy segura de que estaba haciendo un guiño hacia los magos que leyeran, pero dejándolo de forma suficientemente encubierta como para que un muggle no se sorprendiera. La alquimia es un tema recurrente en la cultura no-mágica.- insistió Hermione- Seguro, si la hermana no hubiera muerto en la primera guerra, habrían escrito juntos. Pero al morir ella, también lo hicieron sus lazos con este mundo, y se limitó a escribir sobre economía y ciencias. El punto al que voy, más allá de la tragedia familiar del hombre, es que a pesar de la caza de brujas y de la inquisición aún en el siglo XVII, y tal vez en el XVIII, la magia y las ciencias muggles estaban íntimamente ligadas, aún si fuera subrepticiamente y no se publicitara tanto, dado el peligro. No puede limitarse solo a la alquimia, sino que la relación también debe estar con otras ramas mágicas, la astronomía, la transformación, las pociones. Algo pasó entonces, que definitivamente separó a ambos mundos. Y quiero saber qué fue.

-¿Tiene algún argumento además de su teoría del supuesto guiño de Mantero? No puede basar una teoría únicamente en una suposición. Quiero que entienda la magnitud de lo que está diciendo: magia y ciencia muggle, o los orígenes de esta en cualquier caso, mezcladas hasta hace no más de 200 años. ¿Se da cuenta de las implicaciones? Hasta ahora incluso el profesor Binns habla del estatuto de secreto firmado en 1689 y 1692. Usted me está hablando de magos colaborando con científicos en el siglo XVIII.

-Tal vez quiero redefinir mi tema un poco.

-Tal vez debería. De cualquier forma, esto está en la misma línea- respondió él.- ¿Argumentos?- ella se sumergió entonces en las pruebas que había encontrado en varios de los textos que había leído, en sus propias suposiciones, en lo que recordaba de sus estudios y conocimientos muggles. Snape le pedía precisión, referencias a distintos autores, argumentos sustentados, y poco a poco el debate fue cobrando más fuerza y ellos fueron perdiendo la noción del tiempo, incluso pasando la hora de la comida. Hubo un punto en el que la discusión bajó el ritmo un poco, Hermione sintió hambre, Snape revisó la hora.

-¿Quiere buscar algo de comer? Lo siento, pero la hora de la cena pasó hace rato y ninguno de los dos se dio cuenta.

-Muchas gracias, señor- caminaron por los pasillos hasta el cuadro de la pera, donde se sentaron en la misma mesa de la vez anterior, y comieron la sopa con sánduches que los elfos les sirvieron, llenos de sonrisas.

.¿Qué planes tiene para las fiestas?

-Aún no lo sé, señor. Esperaba que la situación con mis padres se hubiera solucionado para ese punto, pero… el jueves tengo una reunión en el ministerio para hablar de eso, justamente. Si no los encuentran todavía… Estaba pensando en salir de viaje, ojalá a algún lugar soleado. No puedo ir a donde los Weasley, y Harry querrá pasar tiempo con Ginny, lo que es perfectamente natural.

-¿Lo de ellos sigue en pie?- preguntó Snape, aunque fue más una pregunta retórica que otra cosa- Sinceramente, las cosas que se ven…

Hermione rió un poco ante el tono incrédulo de Snape.- Bueno, ella lo quiere mucho, al parecer. Sabe que lo ha estado esperando desde niña.

-¿Potter sabe eso y aún así está con ella?

-No soy nadie para decirle qué hacer o qué no. Si está con ella, es porque la quiere, no por alguna idea que ella haya tenido a los diez años. Además, si se fijara, se daría cuenta de que van muy bien juntos. Me habría gustado tener algo así con Ronald, pero…

-Ay, no diga eso. No con Ronald. Se merece a alguien que al menos sea capaz de vocalizar y hablar como una persona culta- Hermione rió nuevamente, y Snape sonrió.- No crea que no he sufrido más de una cena en Grimualds por las reuniones.

-Ese tipo de persona no es tan fácil de encontrar, profesor. Debería saberlo. Además, tengo que aguantarme al sujeto en cuestión, y él a mi- Snape se llevó una mano a la frente, como una mímica que Hermione no sabía si era exagerada o si era completamente seria.

-Pobre hipotético novio- dijo él, con voz neutral. Ella sonrió, comprendiendo que en verdad no era en serio, pero que él tampoco sería nunca un payaso como los mellizos lo habían sido, y continuaron hablando, cada vez un poco más relajados.

Eventualmente pasaron a tomarse un chocolate (era un día verdaderamente frío) y caminaron por los pasillos del castillo, Hermione acompañando a su antiguo profesor en la ronda del castillo, hablando de temas sin importancia, como la cocción perfecta de una mermelada- ella estaba segura de que el método muggle las dejaba más espesas, sin necesidad de añadir ninguno de los ingredientes de pociones habituales en las casas mágicas.