Capítulo 10
Niebla
Su presencia no demoró en hacerse notar ya que las pisadas de ese Dragonite sobre el asfalto más su aleteo fueron más que suficiente para llamar la atención de todos ellos, quienes permanecían sentados fuera de la entrada de aquel gimnasio, con un semblante en su rostro que no denotaba buenas noticias en lo absoluto, sino una conmoción con la que no podían lidiar, ya que apenas estaban creyéndola.
Guardó a su pokémon y sin mucho ruido se acercó a ellos, agachándose frente a Red; quien estaba sumido en la pantalla de su celular, llamando infructuosamente al número que previamente le había comunicado una serie de perturbadoras palabras.
Shade colocó aquel pequeño papel azul doblado sobre la pantalla del móvil del chico. Esto le hizo reaccionar y hacer que pasara de aquel recado a ella. Él había sentido curiosidad por aquel ojo que ella cubría y ahora se había quedado mirándola detenidamente. La tonalidad bicolor de esos ojos resultaba algo único y que no había contemplado antes, pero creyó aquello imprudente y posiblemente el uso de ese vendaje evitaba que otras personas le mirasen del mismo modo en que lo estaba haciendo él.
—Sus caras expresan que se han topado no con pared, sino con algo que no parece ser indicativo de nada bueno –decía Shade poniéndose de pie y mirando a esos cuatro jóvenes.
—¿Qué fue lo que te sucedió en tu brazo? –cuestionó Yellow al ver esos vendajes teñidos de carmesí.
—Un pokémon salvaje me atacó cuando salía de un pasaje subterráneo. Intentó pescarme, pero no tenía intenciones de quedarme allí, así que esto fue lo que me pasó por ello –contestó sin apuro observando de reojo aquella lesión-. Pero mejor explíquenme qué es lo que ha pasado aquí.
El esclarecimiento no demoró demasiado tiempo y pronto ella compartía esa misma inquietud que todos ellos y a la vez parecía vivir su misma frustración.
—Sé que este no es el momento para andar pensando en otras cosas, pero…este es un recado de Giovanni. Él está en Ciudad Plateada como me lo había dicho mi hermano. Yo sólo iba a confirmar eso, pero al final terminé siendo de mensajera. Dijo que leyeras eso y de interesarte, bueno, sabrías qué hacer.
—¿Qué es lo que puede querer ahora Giovanni conmigo? Ahora no tengo tiempo para estar lidiando con este tipo de cosas.
—Al menos deberías leerlo, podría tener algo importante –sugería Green.
Red desdobló aquel papel e inmediatamente se topó con un mensaje.
—"Nuestra enemistad de años ha hecho que el odio entre los dos sea grande, pero creo que hasta para esta rivalidad puede existir un instante en que ambos compartamos un mismo objetivo. Creo tener algo que podría interesarte y podría disipar las dudas que debes tener en este momento…Si te interesa puedes buscarme en la entrada del Museo de la Ciencia, de Ciudad Plateada, hoy a media noche…" -leyó en voz alta para todos los presentes, Red-.
—No lo sé, todo esto suena a que es una completa trampa –Misty no era la única que le preocupaba la recién amabilidad de Giovanni.
—El bajo mundo está lleno de trampas, Misty –dijo Shade contemplando la hora en su celular-. Tienes cerca de tres horas para decidirte, Red.
—No podemos perder el tiempo en asuntos pasados como Giovanni, pero…¿y qué tal si él sabe algo de los que vinieron a ocupar su gimnasio cuando él abandonó la ciudad? Si te reúnes con él, podrías obtener información –Green había tocado un buen punto.
—Pero al mismo tiempo podría ser una emboscada para Red –habló llena de angustia la joven Yellow mientras no quitaba su mirada del peli negro.
—Emboscada o no, tengo que saber cuál es la información que él tiene. No me daría algo como esto sólo para presumir su decadente equipo. Además, tengo el presentimiento de que cuando habló de compartir el mismo objetivo se trataba…de ese sujeto. Del que vimos allá adentro, y posiblemente del que me marcó –Red se veía bastante serio al respecto. Las preguntas se amontonaban unas tras otras, sin condolencia alguna-. Y una oportunidad como ésta no puedo desaprovecharla.
—Green y yo podemos irnos contigo. Mientras tú tienes tu charla con él, nosotros nos encargaremos de mantener la zona despejada. Podrá tener un equipo en decadencia e información valiosa entre sus manos, pero no es sinónimo para bajar la guardia –indicaba Shade comenzando a mandar un par de mensajes de texto rápidamente.
—¿A quién le mandas eso? –preguntó curiosa Misty.
—Al dueño del mejor sabueso de todo Kanto –cerró aquel móvil y miró al castaño-. ¿Tienes algo que le pertenezca a Blue, Green?
—Lo único que encontramos de ella dentro del gimnasio, fue esto –le mostró aquel gorro que Blue solía usar.
—Espero que esto sea suficiente –comunicaba Shade, tomándolo para entregárselo ávidamente a Yellow-. Si alguna de ustedes va a ir a acompañar a Red, díganmelo para que de ese modo sea yo quien me quede aquí a esperar a Allen y Dylan para entregarles esto y que la búsqueda progrese mientras Red se encarga del asunto de Giovanni.
Las dos se miraron de reojo y era evidente que deseaban acompañar a Red, pero la mirada de éste les negó tal deseo y ellas simplemente agacharon la mirada. Y fue así como una de ellas tomó aquel sombrero.
—Entiendo –Shade se dirigió hacia ellos dos-. Eres un buen líder, Red –pronunció con cortesía, iniciando su avance.
—Lo siento, pero ustedes dos quédense a esperar a esos chicos para que todo esto pueda avanzar. Nosotros regresaremos lo más pronto posible –pedía Red mirándolas detenidamente. Ya no quería más tragedias por esa noche-. No es que no confíe en sus habilidades, pero esto es un asunto riesgoso y en todo caso, Shade está más acostumbrada a pasar por cosas como éstas.
—Tengan mucho cuidado Red, Green –rogaba Yellow a esos dos.
—Lo tendremos –Green le ofreció una tenue sonrisa llena de confiabilidad.
—Cualquier cosa, no duden en llamarnos. Estaremos listas para cualquier emergencia –habló Misty con su usual tono de voz.
—Lo sabemos –Red sonrió un poco a la vez que se despedía junto con Green.
No había necesidad de continuar caminando, no cuando se tenía el privilegio de surcar los cielos sin problema alguno. Aquel Charizard llevaba a su fiel entrenador, mientras que en Dragonite iba aquella joven y un Green agarrado de su cintura para evitar caerse.
—¿Cuánto tiempo les demorará a tus amigos llegar, Shade? –fue el castaño quien inició el interrogatorio.
—En menos de media hora deberían estar en el punto de reunión que les indique. Se llevarán el sombrero consigo e iniciarán la búsqueda en esa ciudad, después ampliarán el área. Considero que para el tiempo que demoraremos ya habrán llegado hasta tres ciudades mínimo.
—Parecen sonar muy eficientes ese tal Allen y Dylan –espetaba Red.
—Lo son, aunque dudes de ellos Red. Pero mejor apresuremos el paso, así podrás tener tu charla mucho más rápido y podrás seguir con la búsqueda personalmente –y simplemente le ordenó a Dragonite que incrementara su velocidad.
Todo era silencio en las calles de aquella ciudad, pero no era para menos, pasaban de las diez y la mayoría de la gente se andaba con cuidado para no pasar por una mala experiencia. Después de todo, el crimen aunque se mantenía a raya, seguía presente en ocasiones.
El museo extrañamente permanecía abierto y en la entrada la luz iluminaba desde el interior. Sólo había un par de hombres altos y vestidos de negro fuera de la puerta, que en el momento en que vislumbraron a Red, se hicieron a un lado; señal de que le permitirían pasar pese a que la hora de la reunión todavía no llegaba.
Green y Shade se quedaron al margen, después de todo, Giovanni quería hablar explícitamente con Red y no deseaban armar un conflicto antes de que la charla tuviera lugar.
Aquella sala recién instalada en una de las alas del museo, recibió a Red. En el gran sillón de piel color vino permanecía sentado Giovanni con su típica vestimenta formal, acariciando a su domesticado Persian; y con una sonrisa en sus labios invitó a Red a sentarse.
—No esperaba que fueras a llegar tan temprano, Red.
—Vayamos al grano. ¿De qué quieres hablar Giovanni? Tú mejor que nadie sabe que no somos del total agrado el uno del otro.
—No sé si lo habrás notado Red, pero hay quienes andan moviéndose entre las sombras de la ignorancia de la gente y andan haciendo un caos. La gente los confunde absurdamente con mis hombres, pero no es así –chasqueó con cierto enfado al tiempo que le traían una copa de vino para saciar su repentina sed-. Creo que hoy tuviste un encuentro con uno de esos sujetos –se le veía tan extrañamente serio.
—Hmp…-la imagen de aquel individuo se le vino a la mente y el enfado vivido se apoderó momentáneamente de su cordura.
—Ese hombre se apoderó de mi gimnasio después de que lo abandoné, tras perder ante Max. Sentí curiosidad de saber quién era, pero al final el sorprendido fui yo. No demoró absolutamente nada en terminar con mis hombres y hacer de los pokémon que usaban, sus fieles sirvientes…Aunque sería una total alegría que sólo fuera uno…
—¿Qué quieres decir con eso, Giovanni?¿Es que acaso hay más de ellos dentro de gimnasio? –interrogó precipitadamente.
—El día en que mandé a mis hombres, había tres de ellos. Cada uno usando máscaras llamativas, resguardando su rostro y que al mismo tiempo tienen cierta significancia.
—¿Significancia?¿De qué tipo de máscaras se trataban?
—Veo que he captado tu atención Red. Eso es algo bueno, porque permite que yo pueda hacerte mi humilde oferta.
—Y empiezan los chantajes.
—No es chantaje, sino más bien, es una alianza temporal.
—¿Alianza temporal? Estás loco, yo jamás haría algo como eso y menos con el jefe del Equipo Rocket.
—No lo comprendes joven Red. Lo que está allá afuera, acechando, es mucho más grande que tú y lo peor, es desconocido para la gran mayoría de todos. ¿Crees que podrás lidiar con algo como eso?¿No es un caso claro cuando pones sobre la mesa lo que le ha ocurrido a Blue? Ninguno de ustedes ha podido hacer nada frente a algo tan simple como un secuestro. ¿Te imaginas qué será si deciden enfrentarles solos?
—Está claro que son un problema, pero el que me una a ti, no mejorará las cosas; ya que tú mismo has admitido que derrotaron a tu grupo de lacayos con suma facilidad.
—Eso es porque fueron contra los que llevan las riendas dentro de ese mundo.
—¿Insinúas que los demás y yo nos encarguemos de quienes fungen como cabecillas, mientras que tú te encargas de despachar a sus subordinados? –preguntaba Red un tanto molesto por ser visto como una pieza dentro del juego de Giovanni.
—Es un modo de percibir las cosas. Pero seamos sinceros, prefieren mil veces gastar su energía confrontando a quienes son el verdadero obstáculo que al resto que sólo sigue las órdenes de los que mandan. Eso les ahorrará tiempo y esfuerzo.
—Lo único que contemplo aquí es que estás más que desesperado para que tu barco no se hunda junto contigo, ya que aparecieron quienes están terminando con todo tu imperio.
—¿Aparecieron, has dicho? No Red, estás muy equivocado. Pero no se te puede culpar, ya que no conoces la historia –decía con mesura, balanceando de un lado a otro su copa de vino-. Nosotros fuimos los que surgimos, ellos ya estaban mucho antes de que yo fundara esta organización. Con lo que deseas lidiar, es un problema que ya viene de años atrás.
—¿Enemigos…de años atrás? De ser así se hubiera sabido de ellos.
—Se sabía de ellos mucho tiempo atrás, cuando eran tan cotidianos como ahora lo es mi Equipo Rocket. Pero después se esfumaron, como si toda la organización se hubiera desintegrado y es ahora cuando nuevamente se habla de ellos.
La gente que es vieja y vivió en ese entonces, sabe que ellos han vuelto; aquella organización que cometía crimines y sometía a la gente de maneras funestas. Ellos fueron la pesadilla de toda la región Kanto, Johto y Hoenn.
—¿Cuál era el nombre de esa organización?
—En ese entonces la llamaban extrañamente como The White Nightmare…
—La pesadilla blanca…Puedo hacerme la idea del porqué de su adjetivo…-se puso de pie dispuesto a irse. No tenía más asuntos que tratar con el trajeado hombre.
—¿Entonces rechazas mi oferta, Red?
—Plenamente Giovanni –mencionó antes de dar inicio a su retirada.
—Entonces supondré que no te interesa saber el porqué de la desaparición de la primera Elite Four…-soltó esa información sin chisteo.
—¿Qué has dicho? –se detuvo en seco, enfocando su mirar en él rápidamente.
—Sólo existen tres personas que saben lo que en realidad les ocurrió a aquellos chicos, cuando desaparecieron y jamás se les volvió a ver. Yo soy una de esas tres, las otras dos, dudo que te lo digan. Ya que prometieron llevarse el secreto a la tumba.
Si aceptas mi oferta te contaré cuando llegue su momento, lo que ocurrió con ellos. Porque estoy seguro que pondrás el mismo rostro de sorpresa cuando yo lo supe.
—¿Crees que confiaría en tus palabras Giovanni? He escuchado muchas versiones sobre la desaparición del Primer Alto Mando. Bien podrías estarte inventando todo esto sólo para que acepte.
—Queda en ti confiar o no Red. Sólo te digo que si vas a cruzar a ese territorio, te cuides, porque una vez que entras no hay modo de escapar, no sin perder algo en el camino –espetó tan seriamente que no parecía estar mintiendo en lo absoluto, especialmente cuando se contemplaba aquella mirada que parecía haber experimentado aquello en algún momento de su vida.
—Ese sujeto también mencionó eso, ¿a qué te refieres con ello Giovanni? –preguntó exaltado Red. Eran demasiadas coincidencias para ser real.
—Al territorio de esos tres chicos, Red. Esos que portan las máscaras doradas…¿Con qué máscara te topaste, con la de estrella, con la de luna o con la de sol?
—…Con la de la estrella…
—Si sigues transitando por ese camino solo y sin conocimiento llegarás al segundo, al de la luna y concluirás con el del sol. Para ese momento sabrás que ya estás dentro de su territorio y que sólo ellos decidirán qué es lo que pasará contigo.
—Parece ser que ya fui advertido de ello, con una muestra de lo que son capaces de hacer…-decía Red frustradamente.
—Mi oferta seguirá de pie Red –se levantó y le encaró directamente-. Pero toma tu decisión rápidamente, que el tiempo corre y algunas cosas no pueden ser evitadas.
Aquel hombre de negocios, jefe de una organización que en un momento dado fue intimidante y temida por todas las regiones, ahora era un hombre que estaba conociendo el final de sus grandes esfuerzos.
Salió por la puerta trasera del museo, contemplando sin sorpresa alguna a aquel grupo de guardaespaldas totalmente inconscientes en el suelo, con heridas que orientaban rápidamente a deducir qué les había atacado.
No había escape, podía contemplarlo por sí mismo, ya que esos brillantes ojos escarlatas le veían desde las entrañas del negro bosque mientras gruñían ansiosamente.
—A esto mismo era a lo que me estaba refiriendo Red…
Algo pequeño cayó entre él y los seres que permanecían ocultos en la oscuridad. Emitió un rugido intimidante al tiempo que toda su piel se erizaba y su cuerpo adquiría posición de ataque. Y lo único que impactó fue aquel ataque de destello, mismo que había poseído la potencia para iluminar todo aquella área sin problema alguno.
Tras el desvanecimiento del centelleo, ya no quedaba absolutamente nada allí, más que Giovanni, sus heridos hombres y ese Umbreon que ahora corría a los brazos de su poseedor, quien se hallaba sobre el techo de concreto de una de las numerosas ventanas que se exponían hacia la parte trasera del museo.
—Tú me has salvado…-murmuraba Giovanni incrédulo, contemplando detenidamente a esa chica, sobre todo el particular tono de sus ojos.
—Creía que le tendrías una trampa a Red o algo parecido, pero fuiste más pacífico de lo que pensé -Shade descendió de donde se encontraba de un salto y le dedicó toda su atención.
—Tu Umbreon ha sido capaz de hacer que se fueran…
—Si tienes algún pokémon que emplee destello, te aconsejo que siempre lo cargues contigo. Es algo que parece disgustarles enormemente.
—Por tus palabras parece que te has enfrentado a ese tipo de criaturas antes; al punto de conocerles una debilidad como ésa –Giovanni la mirada con enorme detenimiento. Ella le intrigaba.
—¿Qué es lo que aleja a la noche? El día…¿Qué es lo que desaparece a la sombra? La luz…¿Qué es lo que aleja la oscuridad? La confrontación…-mencionaba tras acariciar a Umbreon mientras lo sostenía entre sus brazos-. Hay territorios que nunca deberían de ser tocados, ni siquiera por error…
—No me digas que tú…-comentó estupefacto aquel hombre. Simplemente no podía ser cierto.
—Detener algo como esto no será sencillo…-Umbreon descendió, permitiendo que su entrenadora pudiera llevar su mano sobre aquella reciente herida, como si hiciera hincapié en lo que acababa de sentenciar-. Y es inevitable…el que no caigamos dentro de ese territorio, porque sólo estando allí existen posibilidades de ganar…-sonrió tras dar media vuelta y empezar a retirarse-. Me ha dado curiosidad qué fue lo que le ofreciste a Red… Debe ser información importante, así que tal vez se lo pregunte después de que logremos hallar a su amiga –fueron sus palabras de despedida.
El semblante de ese par de chicos era de impaciencia pura. Realmente tenían deseos de irse y ella les estaba retrasando de alguna manera. Pidió disculpas al llegar mientras les mostraba al escurridizo pokémon que se le había escapado de las manos.
—Lo siento, es demasiado traviesa por las noches y se inquieta con facilidad –fue la disculpa adicional que compartió con ellos.
—No te preocupes, aunque es muy peculiar tu Umbreon –Green colocó su mirada en el siniestro pokémon que le acompañaba.
—Es un shiny –aquel peculiar pokémon traía recuerdos a Red, unos que no eran agradables.
—Sí, yo también me sorprendí cuando eclosionó y su pelaje era de otro color. Aunque le tengo un cariño especial porque fue mi primer pokémon y un regalo de mi madre –contaba sonriente guardando a su Umbreon.
—No creo que sea el tuyo, Red –dijo Green a su amigo.
—Lo sé, sólo que es extraño después de haberlo perdido hallar a alguien que posea uno.
—Después de todo esto, te ayudaré en ello Red –se ofreció amablemente Shade.
—Por ahora regresemos, veamos qué tal les fue a las chicas y tus amigos –opinó el castaño.
Ellos avanzaron lo suficiente para dejarla rezagada, sin embargo, ella no lo hacía por mero capricho. Su mirada contemplaba fijamente hacia un punto, hacia los árboles que había cerca de la entrada del museo. Allí había algo que estaba captando plenamente su atención. Sin embargo, este momento de estupor fue interrumpido cuando aquel celular comenzó a vibrar, demandándole que lo atendiera en la brevedad posible.
Contestó ignorando que aquel número no lo tenía registrado.
—Estoy segura de que me has extrañado, Shade…porque yo lo he hecho durante todo este tiempo. Fue grosero de tu parte dejarme en aquel lugar solo y sin tu presencia. Yo que te cuide y protegí. Creo que eres una niña muy malcriada -hablaba aquella gruesa voz tras la bocina. Ella lo reconoció de inmediato.
—De modo que así van las cosas, ¿no?
—Dime, ¿lo recuerdas aún? Nuestro primer encuentro…Fue conmovedor si me lo preguntas.
—Así que la búsqueda continua, entiendo. No, no, acá no ha pasado nada fuera de lo normal.
—Siempre fuiste tímida para interactuar con los otros niños, ¿verdad Shade? Ahora estás llena de gente nueva e interesante. Tienes más amigos y unos que apenas voy conociendo –expresaba macabramente.
—Tú siempre tan extremista, pero no apliques ese tipo de cosas en nosotros. Tenemos nuestro propio ritmo, así que mejor sigue buscando para que esto termine lo más pronto posible.
—…A veces las cosas vuelven a iniciar en el mismo punto, Shade…-fueron las últimas palabras que resonaron en su oído. Y posterior a ello se limitó a mandar un mensaje.
—Apresúrate o te dejaremos, Shade –Red le miraba de reojo; ahora le recibía con una mirada llena de frialdad, misma que parecía ocultar un sentimiento más allá de eso.
—Hay una pista…que podría servirnos. Me la han dicho hace unos momentos atrás –expresó sin perder más tiempo y se trepaba sobre Dragonite-. Sólo síganme...Si las deducciones no fallan, podremos ver luz al final de todo esto.
