Hola, lamento el retraso, lo que pasa es que inesperadamente me quede sin ordenador, e inspiración, pero lo más importante fue lo primero, estoy usando el de mi hermano por el momento hasta que tenga otro. Gracias por el apoyo a esta historia. Me alegra enormemente leer sus reviews, espero que esto les guste. Nancy-san, espero calmar tus nervios con esto, muchas gracias por tus reviews, eres una de las principales causas por las que me esforcé para traer la actualización. Así mismo aviso que los posibles retrasos se deban a la falta de ordenador, sin más…

Disfruten.

Dejen sus review por favor, sólo así sé como estoy yendo con esto.

Declaimer:

Bleach no es mío, es de Tite Kubo.


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Causas Perdidas

X

Sueños Tristes

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A veces lo soñaba.

Soñaba con un futuro que le esbozaba cruelmente aquel fantasma que la acosaba. Un futuro muy distinto a su presente y que la asediaba cuando su cabeza se ponía a cavilar en estupideces. La verdad es que no podía dejar de pensar en lo que había sucedido con Yukio en el restaurante, por alguna razón era incapaz de dejarlo pasar, pese a que ya habían pasado un par de días de ello y había optado por abandonar el tema con su marido, quien no dio su brazo a torcer para contarle lo sucedido. Una parte de ella le advertía que no continuase insistiendo, que la verdad no le gustaría e incluso podría ser algo catastrófico. Pero la otra parte, exigía cual borracho una botella de licor, el saber si lo que el Voralberna había visto en el local, era lo mismo que la tenía tan nerviosa y abstraída a ella.

Toshiro Hitsugaya.

Aquel hombre había vuelto, estaba segura. Después de todo no existen los fantasmas de verdad y dudaba mucho que después de tantos años se hubiera vuelto lo suficientemente loca como para alucinar con el ojiturquesa; hubiese sido algo entendible si le sucedía antes, cuando estaba encerrada en su pequeño departamento pensando en qué haría con su hijo cuando el albino se marchó. Pero el que le ocurriera ahora, era simplemente una estupidez. No tenía que ponerse a dar excusas para calmar a su corazón. Toshiro había vuelto. Y tarde o temprano la encontraría.

Ella lo sabía.

Karin comprendía que la vida haría que las cosas cayeran por su propio peso. No obstante ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? Por qué tenía que ser precisamente cuando se sentía tan plena y satisfecha. Cuando gozaba de una hermosa familia, unos hijos maravillosos, un esposo que definitivamente no se merecía.

¿Por qué todo eso debía que estar en peligro para que el estúpido dios que les creo semejante destino estuviera satisfecho?

Pues había que ser sinceros, Toshiro Hitsugaya podría destruir su mundo con sólo un par de palabras. Tenía semejante poder debido al modo en que la relación entre ellos había terminado. Sin embargo podía asegurar firmemente que no dejaría que se desmoronase a pedazos todo lo que logró construir a través de esos años tan duros. Oh claro que no, ella no lo permitiría; él podía destrozarle la existencia si quisiera e incluso dejaría de lado su orgullo para rogarle que el margen de los daños no rozara a gente inocente, porque sin importar que tan oscura sea la tormenta que se avecinaba, no se resignaría a que los que más amaba sufrieran.

Por supuesto que no.

Primero tendrían que arrancarle la piel y las entrañas viva, perforarle la carne con acero caliente, sacarle los ojos o cualquier otro tipo de tortura antes que su familia sobrellevara las consecuencias de las decisiones que la llevaron hasta donde hoy, estaba parada. No quería decir que se excusaba de sus pecados y tomaba el papel de la pobre incauta que sufría de un abuso universal por ser un eslabón pequeño en la inmensa cadena cósmica. Menuda mierda disparatada seria el que siquiera saboreara esos pensamientos en su cabeza. Karin aceptaba su parte de la culpa y admitía haberse equivocado, quizás, la mitad de su vida respecto a millones de cosas. No obstante, el hecho de haber decidido amar a Yukio, criar a Yuuto sin Toshiro y darle la vida a Rihan, eran cosas de las cuales no tenía ni una pizca de arrepentimiento.

Ella no huiría del peso que suponía llevar aquella corona que se fraguó para sí misma.

Los ojos ónix se mostraron tan claros y brillantes que era muy notoria su convicción. La vida podía ir a golpearla cuando quisiera con su cruda dureza, ella sonreiría con todo ese descarado ego que se había forjado y le plantaría frente para regresarle los golpes con más fuerza.

Si el mundo te da la espalda, sólo debes propinarle una buena patada para que se deje de estupideces.

El aire resopló sacudiéndole los bozos que se le escapaban de la coleta alta que se hizo ese día, el sol estaba en su punto máximo, asomándose risueñamente entre las blancuzcas nubes que se desplazaban con somnolencia por el firmamento. Los sonidos terrosos, agudos y nasales de la bulliciosa universidad le recordaron el sitio donde estaba; parpadeó un par de veces y luego dirigió su vista hacia enfrente para distinguir las figuras de los muchachos del equipo masculino de futbol que estaban en medio de sus entrenamientos. En su mano derecha tenia firmemente cogido el cronometro que ya marcaba más minutos de lo que debería, en la otra se escurría una desgastada tabla de madera con un par de documentos prensados con la piza metálica y el bolígrafo negro amenazaba con caerse a césped para formar parte del campo. Los pantalones deportivos que se había puesto eran negros con unas elegantes líneas rojas y la camiseta azul con un símbolo de la universidad sobre el pecho derecho era parcialmente cubierta por una chaqueta en conjunto.

El termómetro marcaba 12°c más parecían estar a unos 20 por la intensidad del astro rey, era tan palpable que se encontraban a comienzos de octubre. Se pasó una blanca mano por la nuca antes de sacudir la cabeza y despejarla por completo de sus absurdos pensamientos.

—¡Muy bien!—gritó con voz rasposa—, ¡Les daré un descanso, vayan a hidratarse!—ordenó imponente, los jóvenes adultos se detuvieron poco a poco en su carrera por coger el esférico y hasta cierto punto estaban aliviados.

Puesto que los adiestramientos de la profesora Voralberna eran por demás espartanos, tan inhumanos que a cualquiera le daría miedo el siquiera pisar el campo estando ella. Sin embargo precisamente por la manera en que era tan estricta, es que el equipo local comenzaba a llamar la atención para la selección nacional y otros grupos de la elite del soccer; recientemente habían convocado a algunos de ellos para entrar las reservas del equipo patriota.

Todo gracias a la reina de la cancha, como secretamente era llamada Karin.

—Han mejorado los tiempos Voralberna-san—informó una voz gangosa, la morena viró el rostro hacia su derecha para encontrarse con su asistente. Un muchacho flacucho de enredoso cabello pelirrojo y ojos cafés con las mejillas salpicadas de pecas, casi como si tuviera sarampión.

—¿En serio?

—Sí, de hecho Takamiya-san y Miyabi-san han tenido un gran avance en sus estadísticas. Shirogane-san y Kotetsu-san tampoco se quedan atrás; Gon-san, Irie-san y Sanzaki-san elevaron sus tópicos, aunque Wakamatsu-san y Aitsumi-san están perdiendo un par de sus porcentajes—informó mirando su libreta de apuntes. Karin alzó una ceja, realmente él era una persona bastante capaz, sonrió apenas un céntimo y estiró una mano.

—Déjame ver eso, quizás debamos cambiar la estrategia con Wakamatsu y Aitsumi, también me preocupa un poco Fujimaru—exclamó examinando la hoja.

—¿Necesitará información en especifico?

—Sus expedientes médicos y el examen psicométrico de la universidad también, son chicos de diecinueve años, hay varias razones por las que no están dando el cien por ciento de su capacidad.

—Vale, los conseguiré cuanto antes, Voralberna-san

—Te lo encargo.

—Si—le dedicó una pequeña reverencia antes de encaminarse hacia las managers del equipo, quienes atendían a los jugadores, para pedirle a una de ellas que lo acompañase a ir por lo que la entrenadora pidió.

Mientras la vida se preparaba para atacarla, Karin debía seguir adelante tanto como le fuera posible. Ella no podía detenerse, porque no era cobarde para dejarse intimidar.

Ya no.


Las suelas de los zapatos eran muy ruidosas, pensó mientras balanceaba los pies sobre la orilla de la tarima del gimnasio que estaba vacío debido a la limpieza a la que era sometido y la cual los integrantes del club de basquetbol y volibol agradecieron no recayera en sus manos ese día. Saboreó un poco el dulce sonido de la música ambiental de su videojuego favorito mientras ágilmente tecleaba sobre su PsP.

Suspiró.

—¡Hey! ¡¿Se puede saber por qué diablos no estás limpiando estúpido holgazán?!—gritó desesperadamente una voz desde la parte inferior de la tarima del salón. El chico dejó de presionar los botones para mirar la sulfurada cara de su prima y sus orbes turquesa se llenaron de genuina burla.

—Porque no me apetece hacerlo—respondió sacudiendo la mano y volviendo a jugar con su consola.

Masaki sintió unas incontenibles ganas de lanzarle el trapeador a Yuuto, pero se controló y resopló con tanta fuerza que las aletas de su nariz se dilataron. Su pelo estaba cogido por una pinza y traía puestos los pantalones de gimnasia bajo la falda.

—¡Ya sé que odias esto, pero tienes que limpiar, Sensei te castigo principalmente a ti!—escupió poniendo las manos en jarra.

—Tú fuiste la que lanzó mi consola por la ventana—contestó encogiéndose de hombros.

—¡Tú fuiste el que saltó como idiota para atraparla y caíste sobre Sensei!

—Hmmp—torció la cara hacia un lado y la pequeña muchacha hizo un puchero.

—¡Moo! ¡Eres tan irritante Yuu-chan!

—Aun así realmente fue sorprendente verlo saltar—expuso Seishiro parándose al lado de la Kurosaki.

—No lo alabes Seishiro-sempai, por su culpa también nos arrastró a este sitio ¡Nosotras ni siquiera recibimos clases de ese profesor!—musitó inflando las mejillas.

El impúber sonrió.

—No lo hago.

—¡Kya!—los tres adolescentes giraron para ver a Kaya sentada en el piso del palestra con las piernas dobladas por la caída y las cuerdas para trepar, que eran responsables del incidente, enrolladas en sus pantorrillas—, que daño—se quejó sobándose la cadera por el porrazo que se dio contra el suelo

—¡Kaya-chin!—la pelinaranja se preocupó por su mejor amiga y estaba a punto de ir a ver si estaba bien cuando percibió un movimiento detrás suyo y atinó a observar de soslayo como Yuuto se había bajado de la tarima rápidamente para aproximarse hacia la peligris.

—Si serás torpe, Nezumi eres demasiado patosa—recriminó el ojiturquesa inclinándose para cogerla de los codos y ponerla de pie.

—L-lo siento Yuuto-sempai—bajó la vista bastante avergonzada y las mejillas le estallaron inmediatamente en rojo.

—Qué remedio—rodó los ojos y desvió la cara hacia otro punto—, venga dame eso Nezumi—exigió al ver que la de anteojos tomaba las cuerdas nuevamente—. Tú limpia por allá yo me encargo de esto—musitó como quien no quiere la cosa.

Kaya parpadeó aturdida un par de segundos.

—Sí, Yuuto-sempai—accedió esbozando una curva labial, seguidamente se dispuso a tomar una cesta con balones de básquet para llevarlos hasta el almacén.

—Ah, en serio…—exhaló Masaki negando un poco con la cabeza. Su primo era tan obvio con algunas cosas. Extrañamente eso la ponía feliz, más al saber que su mejor amiga tenía una verdadera esperanza con esos locos sentimientos que se cargaba.

—Por lo menos ya bajó a limpiar—rió silenciosamente el pelicaoba.

—Bueno, es innegable—correspondió su gesto—. Por cierto Seishiro-sempai, ¿el domingo quieres ir a ver una película también?—indagó al tiempo que volvía a hacer la tarea de limpiar.

El mayor enarcó una ceja.

—¿Una película?

—Sí, sería aburrido ir sólo a comer, hay que aprovechar el día lo más que se pueda—masculló feliz—, además estrenaron un filme nuevo la semana pasada que me muero por ver—agregó entusiasmada fijando sus quinqués violáceos en los castaños de muchacho—, quiero verla contigo ¡Ah! Digo si es que tu quieres, claro está.

—¿De qué trata?

—Está basada en una novela ligera, ¿conoces a Mikaze Shiori?—cuestionó alzando un dedo.

—¿La autora de Verano sin sol?

—¡Sí, esa! Están adaptando la trilogía de las estaciones vacías—informó excitada, tal como si fuera una niña pequeña en navidad—, leí que Kurosawa Mamiko es interpretada por Ayase Miu, ella es súper linda y Nagao Sai es Akatsuki Risei, ese chico es una monada y la verdad es que en los promocionales hacen una hermosísima pareja.

Seishiro sonrió espontáneamente, incapaz de resistirse a ese encanto que la pelinaranja despedía. Definitivamente era un sol humano que lograba atraparlo. Le sorprendía bastante el hecho de estar siendo constantemente arrastrado por la Kurosaki a un bucle de sensaciones sin fin.

Era como si estando con ella, hasta la más pequeña de sus preocupaciones se esfumara cálidamente. Nunca fue realmente bueno con ese tipo de chispeante persona en el pasado, ocasionalmente había mencionada un cierto desagrado a esa clase de personalidad por demás efervescente. Más sin embargo el campo de gravedad que despedía Masaki era demasiado poderoso y él había decidido rendirse ante ella.

No tenía la fuerza para rechazarla y no le apetecía hacerlo.

Le recordaba tanto a ella.

Yuzu-san, era igual.

La amiga de su padre tenía un aura parecida a la de Masaki y entonces, desde hacía un par de días, se preguntó si todos los Kurosaki del país eran iguales. Siempre pensó que esa mujer era demasiado brillante y cautivadora, tan amable y tan vital que no era de extrañar el hecho de ser tan indispensable para su familia. La primera vez que la conoció fue el día del funeral de su madre, y era quedarse cortos el decir cuan embelesado estuvo por ello. A veces su padre bromeaba diciendo que por esos sentimientos la castaña era una especie de primer amor para él.

Bueno de cierta forma era verdad.

Sus facciones se tornaron más cálidas al recordar eso. El brillo de sus orbes era tan brillante y la sonrisa mostraba un tinte distinto.

Más parecido al amor.

—Si Masaki-chan quiere verla, por mi no hay problema—concedió luego de un par de minutos de silencio; la muchacha abrió los ojos y sus mejillas se llenaron repentinamente de sangre, sus labios se cerraron fuertemente en un línea recta.

Por Dios él se veía tan lindo.

—¡Eso es trampa Seishiro-sempai!—reclamó frunciendo el ceño.

—¡¿Eh?!

—No hagas que los corazones de las chicas latan tan rápido—acusó estrechando la mirada—, ¿eres un jugador?.

—¿Qué? No, ¿qué?—el Hitsugaya se mostró consternado por la palabras de la Kurosaki.

—¡Ya ponte a limpiar tonta!—interrumpió el morocho desde el otro lado del gimnasio.

—¡Cállate Yuu-chan!

—¡Tú también Sei, deja de coquetear!—arremetió contra el pelicaoba.

—¡Yuuto!—regañó el aludido poniéndose colorado por tal insinuación. No es como que él… bueno, aunque…

—¡Qué! Yo sólo me remito a los hechos Sei—las turquesas se mostraron burlonas.

—¡Yuu-chan, eres un insensible!

—¡Serás lengua suelta Yuuto!—el Hitsugaya se precipitó hacia el morocho para tratar de tomarlo del cuello de la camisa, sin embargo este se escurrió y comenzó a eludirlo con maestría.

—¡Además el único que está coqueteando realmente eres tú, Yuu-chan!

—¡¿Ah?!

—D-deberíamos limpiar…nos regañaran.

Poco a poco iban haciéndose más cercanos, tanto las chicas como los chicos hacían que su amistad se fortaleciera a cada minuto, era como si el destino dictara que hacia debía ser. Pues el pelinegro sentía que su conexión con el ojicastaño era extrañamente natural y cercana, casi como la que tenía con Masaki, algo muy fraternal.

La juventud estaba llena de sensaciones brillantes.


La campana timbró con todas su fuerzas, marcando la explosión de gritos, risas y demás que adornaban la fachada de la escuela elemental de Karakura, los pequeños se arremolinaron contra las puertas del colegio, casi como si estas fueran los accesos a las jaulas que los mantenían prisioneros. En las orillas del recinto algunas madres, hermanos y hermanas mayores, se reunían con sus niños para ir devuelta a casa. La morena bajó lentamente del coche estacionado en la calle que pasaba paralela a la primaria, admiró de soslayo a una abuela con su pequeña nieta que le contaba una y mil maravillas de su día, un par de fraternos discutían sobre quién sería el primero en tomar la televisión para ver su programa apenas llegasen a casa; una chica de instituto acarreaba a tres pequeños demonios que le revoloteaban alrededor de las piernas cuestionándola sobre la cena.

Sonrió.

Todas las personas se veían tan ajenas y felices en sus propias vidas que realmente sintió envidia. Ellos no debían preocuparse por mantener en una sola pieza todo lo que habían creado hasta ese día con amor. Era un poco injusto, más esta ironía de la vida le provocó una risa agria.

—¡Mamá!—Karin se giró al escuchar ese grito, apenas lo hizo sintió un par de pequeños brazos prendarse con firmeza de sus piernas, bajó la vista y se encontró con una resplandeciente sonrisa en el rostro de Rihan.

El mini doble de Yukio tenía las mejillas llenas de tierra y los pantaloncillos cortos mostraban signos de haber sido sometidos a una friega en el campo de juegos.

—Rihan, ¿te divertiste hoy?

—¡Sí!

—Me alegro—la ojinegra le correspondió la mueca y se hincó para quedar a la altura de su hijo, el cual la miraba muy emocionado—, ¿Te encargaron tarea?—preguntó sacando su pañuelo para limpiarle la cara al rubio.

—Hmm, si—hacia caras extrañas al ser frotado por su madre—. Tengo que pedirle a papá un favor.

—¿Un favor? Manos—enarcó una ceja y ordenó, el bermejo extendió ambas extremidades para que fuesen desinfectadas.

—Sí.

—¿Qué clase de favor?—le picó la curiosidad.

Rihan ensanchó una sonrisita del gato Cheshire.

—Es un secreto—musitó pausadamente y atinó a reír por el gesto de su progenitora.

—Eso es injusto—fingió pesar—. A mí siempre me excluyen, siempre es con papá la cosa.

—Es un secreto mamá, no te lo voy a decir—aseguró bastante firme.

Karin resopló y luego rió.

—Vale, vale, lo capto—se enderezó—. Venga, vayamos a casa—le tendió su mano para que la cogiera y caminaran hasta el auto para ir a la mansión.

—¡Sí!—vociferó el menor.

El click de los botones del coche y el seguro de la alarma al ser activado le resonaron en los tímpanos, Rihan había salido disparado del asiento para entrar como un torbellino por la gran puerta de madera con hermosos detalles de metal. La morena negó quedamente y se dispuso a ingresar a la casa, el mayordomo principal y una que otra mujer del servicio la saludaron al pasar por el umbral. Movió mecánicamente los pies para dirigirse a las escaleras principales, estaban hechas de mármol blanco y relucían como siempre. El taconeo de las suelas sonaba como un débil mormullo y la baranda de la escalinata se sintió un poco fría.

—Bienvenida—dijo una estoica voz por encima de su cabeza. La mujer elevó el rostro y se encontró con los penetrantes ojos de su esposo.

Yukio se hallaba bajando los escalones con una elegancia bastante evidente. Los cabellos rubios estaban peinados hacia atrás, sin ese característico gorro que siempre utilizaba. El traje que envolvía sus anchos hombros era de un gris muy sobrio, la marca era quizás una de esas tantas que se exponían en las renombradas calles de París. Un reloj plateado le adornaba la muñeca y los mocasines estaban pulcramente brillantes. La corbata color vino se mantenía quieta contra el chaleco negro que usaba por dentro.

Indudablemente era un hombre muy apuesto.

Karin se quedó sin habla por un instante, bastante abstraída por la imagen de su esposo. A contraste con su apariencia de modelo, ella se veía completamente desalineada.

—Estoy de vuelta—desvió los ojos un tanto molesta y sus mejillas presentaban un minúsculo sonrojo. Este detalle fue percibido por el Voralberna, quien sólo atinó a sonreír de medio lado con un deje de malicia.

—Estas pensando en la suerte que tienes por estar casada conmigo ¿no?

—¡¿Huh?! ¡No!—exclamó ruborizándose más—. No seas tan pagado de ti mismo.

—Bueno, ciertamente tienes suerte—continuó ignorando sus palabras y bajó hasta su nivel.

—¡Hmmp! Vas a salir—no fue una pregunta, sino una afirmación.

—Tengo que atender ciertos asuntos con la empresa, Riruka programó una cena con ciertos inversionista clave para el proyecto. La verdad es una estupidez, pero hay algo que necesito—expresó mirándola fijamente. Sus orbes reflejaban ese sentimiento de que sin lugar a dudas obtendría lo que deseaba.

—Ya, espero que te vaya bien en ello—aunque sabía de sobra que así seria.

—Regresaré tarde—la tomó de la cintura—. ¿Podrías esperarme despierta?—indagó inclinándose hacia ella. La morena enarcó una ceja y sintió su corazón acelerarse.

—Pervertido—acusó estrechando la mirada, él sonrió seductoramente.

—Sólo un poco—la besó.

—Tramposo—gruñó al separarse y el ojiesmeraldal volvió a besarla.

—Sólo es estrategia.

—Gánster.

Y una más vez volvieron a unir sus labios.

Definitivamente ella atesoraba todos esos momentos. No estaba dispuesta a arriesgar lo más precioso que tenía.

Lucharía, aun si era contra ella misma.


El tintineo de las llaves hizo eco en su cabeza, abrió la puerta de un leve empujón y la soledad de su casa lo recibió en silencio. Miró el reloj del pasillo y marcaba un cuarto para las siete, Seishiro lo había llamado para informarle que llegaría un poco tarde porque otra vez iría a comer con sus amigos y ese día había terminado antes de tiempo todos los pendientes de la oficina. No tenía más opción que ponerse a trabajar para no estar dándole vueltas al asunto de Karin. Suspiró cansadamente mientras se deshacía el malhecho nudo de la corbata y al hacerlo recordó que Yuzu no le había devuelto las llamadas nuevamente; había estado tratando de contactarla luego de recibir su mensaje, pero parecía que la castaña le rehuía sin piedad. Una parte suya estaba molesta y dolida, ya que sólo ella podría comprenderlo y en lugar de eso lo abandonaba, más la parte que ganaba, era aquella que decía que él no podía ser egoísta y que Yuzu también debía estar sufriendo, que todo eso era su culpa y el que ella hubiera decidido cargar semejante peso sobre sus hombros era debido a que la Kurosaki era tan bondadosa que definitivamente no se merecía ese desmedido cariño.

Arrastró los pies por la suela, parsimoniosamente subió al segundo piso, sacó el móvil del bolsillo interno de su sacó negro y pasándose una mano por la mata blanca marcó esperanzado el numero de su mejor amiga.

Tres timbres y nadie contesto.

Chasqueó la lengua y bufó, comenzaba a desesperarle el hecho de que ella lo ignorara de esa forma. Extrañamente lo ponía terriblemente ansioso, casi como si el hecho de no tener la benevolente protección de esa mujer tan especial en su vida, lo desproveyera de las fortalezas necesarias para afrontar su realidad. Sin embargo él debía hacer todo lo posible para solucionar cuanto antes las cosas.

Debía encontrarse con Karin.

El móvil le vibró entre los dedos, desvió los orbes turquesa hacia el aparato para mirar el icono que señalaba la llegada de un nuevo mensaje.

From: Toshiro-Kun

To: Yuzu.

Title: None

Por favor no llames más, lamento la forma en la que me alejé, pero también necesito despejarme. He pecado mucho y debo redimirme y para ello, debo poner un poco de distancia. No quisiera dejarte solo, porque sé que me necesitas, aunque puede que eso suene ególatra, ¿no? Realmente eso no es lo que importa.

Rezaré porque las cosas vayan bien, esto es lo que necesitas para verla:

00XX-9878-0X

Es su número.

Buena suerte.

Sus ojos se mantuvieron fijos en los dígitos de la pantalla, repasando concienzudamente las palabras de la Kurosaki en su cabeza. ¿Pecados? Cómo era posible que ella considerase tal palabra. El que no le hubiera dicho lo de Karin, no era un pecado. Vale no le informó de algo tan importante como lo era el hecho de que la morena le había olvidado por Yukio, pero él sabía que ella lo hizo para protegerlo de una herida fatal que podría haberlo matado. Del mismo modo ella había ocultado su relación con él a Karin para que esta no sufriera. Yuzu era demasiado amable. Una mujer sin lugar a dudas bastante valiosa. Por algún motivo sentía que él tenía el deber de convertirse en un hombre capaz de corresponder los sentimientos de su mejor amiga.

Ella lo ayudó tanto y él había hecho tan poco.

Apretó la mano libre en un puño y sus dientes chirriaron al apretar la quijada. Lo menos que podía hacer era contestar adecuadamente a su esfuerzo.

From: Yuzu

To: Toshiro

Title: Gracias

Lo usaré correctamente. Gracias por esto Yuzu. Lamento todas las molestias que te he causado y que sientas que has hecho algo malo. No lo hiciste, créeme, siempre me estas salvando, y no tienes ni idea de cuantas veces ha sido. Quiero hablarte, quiero verte.

Te extrañamos.

Por favor regresa rápido con nosotros.

Presionó la tecla para enviar y sintió como si estuviera lanzando botellas con mensajes al mar, no sabía si el recado sería leído por la persona a quien estaba dirigido, pero sólo restaba esperar.

El tiempo era el maestro que podía sanar cualquier estrago.

El peliblanco exhaló profundamente y volvió a ver el numero de Karin, lo memorizó un par de segundos después y con una fuerza de quien sabe donde se giró para bajar nuevamente las escaleras; cogió las llaves de su coche, en el umbral de la puerta con los dedos sudorosos y temblorosos marcó su única vía para llegar a Karin lo más rápido posible.

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, memoró un dicho bastante famoso.

¿Diga?

Escuchar su voz por primera vez en todo ese tiempo le revolvió millones de fibras en su pecho. Palpitando a ritmos vertiginosos, su corazón anunciaba una emoción palpable, era como si todos los sueños rotos hasta ahora se volvieran a erguir en su corazón.

La garganta se le resecó y su voz estuvo a punto de atorarse.

—Karin…

¡…!—la escuchó quedarse sin aire.

Por lo menos estaban igual.

—Iré directo al grano—su voz se agravó mientras cruzaba el camino de piedra que llevaba desde la fachada de su casa hasta donde estaba aparcado el auto—. Tenemos que vernos—soltó metiendo dificultosamente la llave en la ranura de la puerta—. Ahora.

El mutismo permaneció por tanto tiempo que el albino temió haber perdido la llamada.

No… no creo…

—¿No crees o no quieres?

¿P-por qué…tan de repente…?

—Ya sabias que había vuelto—acusó—, también sabias que te lo pediría.

Pero…

—Además—rechinó los dientes y quiso contener la afirmación que estaba por salir de sus labios—. Ya sé que me has olvidado.

¡¿Huh?!

—Karin…encontrémonos, por favor—suplicó recargándose contra el volante para cubrirse los ojos con una mano.

Era tan doloroso escucharla.

Está bien.

Llevaba trece años esperando volver a verla, un segundo más y se volvería loco, por su orgullo, por su honor, él tenía que encontrarse con ella.

Aún si sólo era para perderle otra vez.


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Continuara

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Gracias por la espera, lamento no haber actualizado antes y que esté algo corta, pero esto es mejor que nada, trataré de hacerlo más rápido con esta y mis demás historias. Sean pacientes y misericordiosos conmigo por fis(pone ojos de cordero). Lamento los errores ortográficos, lo iré corrigiendo.

Espero les haya gustado.

Dejen reviews.

Sin más…

Akari se despide.

Yanne!