Digimon Exodo


Capitulo IX: "El Septimo" - Tercera Parte.


Kari Kamiya sintió el frío devorador recorrer todo su cuerpo, despertándola de la inconsciencia a la cual había sido sometida. Se descubrió, a si misma, atada a una mesa de piedra, de tal manera que solo tuvo un panorama de visión, hacia arriba. Trató de hacer memoría, de ver como había quedado en tal posición. Kari se concentró, a pesar de los ruidos que comenzaban a producirse, fuertes y claros, a su alrededor. Momentos después, supo que había sucedido.

Kari y Yoley se encontraban caminando por las playas sombrías del mar oscuro, detrás de ellas, Silphymon hacia de guardía para cualquier peligro que pudiera hacerse presente. Su objetivo era hallar a sus amigos, ni nada más ni nada menos, y, luego, escapar de ese lugar.

- "Silphymon, ¿Dónde crees que estan Ken y los demás?" - Yoley preguntó, por armar conversación más que cualquier otra cosa.

El ambiente se había tornado muy silencioso, ella, quien era una chica sociable, no podía soportarlo.

- "No tengo idea sobre eso" - el digimon respondió con simpleza, lamentablemente, para ella, Silphymon estaba más concentrado en divisar posibles enemigos que en antender las necesidades sociales de una de sus compañeras.

Para su fortuno, o desfortuna, Kari fue quien quizo tomar el relevo.

- "¿Por qué mencionas a Ken, de todos ellos?" -

Yoley se puso colorada al instante, no esperaba que su amiga fuera tan perceptiva en cuanto eso, no obstante, Yoley siempre había hablado de su gusto por el muchacho genio, lo cual se detuvo cuando conoció la realidad que lo embolvía, era el Emperador de los Digimon. A pesar de ello, el pasado quedo en el pasado, pero no su enamoramiento.

Para Kari era algo bueno, estaba feliz porque su amiga comenzaba a tener intereses amorosos... bueno, siempre los tuvo, pero siempre había clasificado sus sentimientos infantiles como eso, infantiles, como a un principe azul de los cuentos de hadas que pronto desaparecería al entrar a la adolescencia. Sin embargo, no desaparecieron, sino que maduraron.

Esperaba con ansias que su amiga dijera algo, luego, le diría que estaría ahí para apoyarla y ayudarla a conseguir su objetivo, como dicen, para qué son las amigas. Pero había un objetivo más acerca de ello, hablar de forma agradable siempre alegraba la situación. El Mar de las Tinieblas era escalofriante, un infierno en vida, una prisión para la eternidad y, desde pequeña, siempre había sentido su llamado de algo que se ocultaba en ese mundo. Tan sólo pensar en el destino reservado que tenía la cosa preparada para ella... era algo que no la dejaba dormir con facilidad, despertándo entre mitad de la noche producto de las pesadillas con el mundo maldito, el hablar con sus amigos y familiares, compartir momentos cálidos, producía que las Tinieblas se alejaran.

Yoley comenzaba a tartamudear, la verguenza no le dejaba hacer una frase coherente y la manera de que su amiga le observaba no ayudaba mucho.

- "¡Kari! ...¡Yoley!... ¡Cuidado!" - Silphymon exclamó con todas sus fuerzas, las cuales usó, posteriormente, para recoger a las chicas entre sus brazos y salir disparado del lugar.

El digimon esquivaba un proyectíl de energía oscura, la cual había sido lanzada por un digimon sombra, que los había seguido con sus ojos rojos desde hace algún rato.

- "¡Son esos digimon de nuevo!" - Kari dijo con un vacío en la garganta, los recordaba claramente, de su primer viaje hacia el mundo de las tinieblas.

- "Niños Elegidos, ¿Cómo es posible que puedan mantener a un digimon evolucionado? ¿Qué demonios le hicieron al Mar de las Tinieblas?" -

El digimon sombra les preguntó autoritariamente, como mensajero de un poder superior. - "¿Acaso tiene que ver contigo, hija de la Luz?" - sus ojos rojos se posaron en Kari, estudiándola.

- "No tengo idea de lo que estas hablando" - Kari respondió asustada.

Mas esa no fue razón para que el digimon sombra desistiera.

- "¿De verdad? Tal vez no sea capaz de sacarte las respuestas que necesito en este momento, pero nuestro dios Dragomon podría ser capaz de hacerlo" -

- "¡No vas a llevartela a ninguna parte!" - Silphymon exclamó, de manera protectora hacia la chica.

- "¿Tu?¿Acaso tu, miserable digimon, serás capaz de ganarle a un sirviente de la oscuridad?" -

- "Muchos han dicho eso" - Silphymon le respondió, de forma desafiante.

- "Ahhh... es verdad, ustedes, los digimon que han sido Elegidos han superado a diversos enemigos que han usado el poder de las Tinieblas... meros peones que ni siquiera conocen el propósito de su existencia" - el digimon sombra tampoco se quedaría callado y, como un sirviente eficaz, obtuvo una pequeña carta bajo la manga - "Sin embargo, existe aquellos que son la oscuridad misma... y tu y tus amigos enfrentaron a uno de esos seres, sin embargo, fue diferente, ¿verdad?" -

Las dos chicas ya se podían estar dando una idea a lo que se estaba refiriéndo, esa batalla nunca la olvidarían por lo inconclusa de esta.

El digimon oscuro parecía torcer su boca en una sonrisa, al tiempo que sus ojos rojos brillaban como gemas del Inframundo - "Ese digimon nunca podría ser destruido por seres tan patéticos como ustedes, mas él fue muerto desde hace algun tiempo... pero nuestro dios me ha concedido tomar su forma" -

El digimon oscuro se transformó delante de ellos, adquiriéndo un color distinto al oscuro que cubría su cuerpo. Apareció ante ellos un Rey Demonio vestido por unas túnicas ceremoniales, de color rojo. Sus ojos eran tan maliciosos como el del original, sin embargo, carecía de algo que lo posicionaría como un gran Señor de los Demonios.

- "¡Daemon!" - Yoley exclamó, sorprendida.

Era tan aterrador como ella lo recordaba, sin embargo, no sabía que no era aquel enemigo que habían encerrado en el Mar de las Tinieblas hace un par de años.

- "Asi es... a él me refería" - Daemon dijo, mirándo con detenimiento el cambio en su cuerpo.

- "No entiendo" - Kari dijo - "¿Acaso no eres él?" -

- "Ignorantes, incluso tu deberías saberlo, niña de la Luz... esta forma es adsequible, pero solo existe un portador del Pecado de la Ira" - Daemon habló con voz profunda - "Él que ustedes 'vencieron' escapó con prontitud, tan sólo les dejó creer que ustedes habían ganado... aunque se preguntarán una cosa, ¿Por qué no ha venido a vengarse después de lo que le hicieron?" -

Las dos chicas quedaron a la espectativa, aunque tampoco estaban dispuestas a creer todo lo que ese digimon les estaba diciendo. No era posible que Daemon, aquel que vencieron, pudiera librarse del Mar de las Tinieblas con tan facilidad, era ilógico y Silphymon si era gran partidario de esa idea.

- "...Tuvo un trabajo importante que hacer" - Daemon dijo después de tiempo, luego de haber suspirado - "Pero el trabajo terminó por matarlo a él... fue un ángel y, ni siquiera, Daemon pudo ser capaz de vencerlo. La Cresta de la Furia se perdió pero, eventualmente, volverá a resurgir. Pero nuestro dios es mucho más poderoso... ninguno de los niños Elegidos tendrán la posibilidad de escapar de este lugar" -

Silphymon era un digimon de etapa perfecta y, al no poder evolucionar al nivel mega, era obvio que no sería rival para Daemon. En consecuencia, Silphymon había sido derrotado con relativa facilidad, claro, su compañero era rápido, bastante rápido, pero sería cuestión de tiempo para que Daemon pudiera golpearlo con brutalidad. No habría asesinado a su compañero digimon, y de Yoley, pues había mencionado que su maestro, su dios, los necesitaba vivos; no los había matado, ni a ella ni a Yoley, ni a su digimon, en cambio, los tomó como prisioneros.

Y así habían acabado, con Kari atada a una mesa de piedra en la cima de una pirámide antigua.

No podía divisar mucho de la situación, pero si a Yoley y Hawkmon, quienes habían sido encerrados en un campo de energía esférico, el cual levitaba por los cielos negros. De la misma forma, justo encima de ella, se encontraron dos figuras levitantes más. Uno de ellos era el Daemon que habían enfrentado antes, quien conversaba con un digimon que nunca antes había visto, pero Daemon se dirigía ante este ser con mucho respeto. Probablemente, aquel monstruo sería a lo que los digimon de las sombras se refería como el dios de las profundidades.

Atemorizada, escuchaba las palabras que intercambiaban los dos digimon de las Tinieblas.

- "Puedo sentirlo, tres de mis hermanos han sido derrotados por los niños Elegidos" - Daemon habló, manteniéndo los ojos cerrados y sintiéndo todo lo que ocurria a la distancia.

- "Es preocupante que sus digimon puedan digi-evolucionar en el Mar de las Tinieblas" - Dragomon exclamó con veneno en su voz, no le gustaba en lo absoluto, le daba envidia que pudieran hacer tal cosa - "Pensaba dejar que llegaran ante mí, pero ahora no tendré más remedio que matarlos" -

- "¿Desea que lo haga yo mismo?" - Daemon preguntó con una reverencia, con el suficiente cuidado de no enfurecerlo.

Si bien, Dragomon era un digimon en etapa perfecta y él se encontraba en un nivel más allá, Dragomon le había dado ese poder y, de la misma forma, podría quitárselo. No era un Dragomon común, para él y sus hermanos, era de conocimiento que era solo una simple fachada para el monstruo que se escondía en su interior.

- "Has lo que desees, lleva a cuantos hermanos te hagan falta... hay algo en ellos que no me gusta, una facultad desconocida. De no ser cuidadoso, podría compartir el mismo destino que Daemon, rey de los demonios" - pronto una sonrisa torcida apareció en su rostro - "Pero soy diferente a él y ya tengo lo que deseo y, esta vez, no habrá un salvador que aparte la luz de mí" -

Daemon se marchó con prontitud y llevó consigo a otros tres digimon sombra que se transformaron delante de él. Fueron un LadyDevimon, un MarineDevimon y un SkullSatamon. De seguro sería una reunión muy interesante.

(***)

- "¿Entonces Kari y Yoley estan capturadas por el enemigo?" - TK preguntó a Ken, quien había terminado de explicar la situación.

- "Asi es" - respondió el aludido - "...debemos darnos prisa, presiento que algo malo pasará sino llegamos pronto y este enemigo es mucho más fuerte de lo que hallamos enfrentado antes" -

Los chicos podrían estar corriendo apresurados pero, para ser honestos, sabían que jamás llegarían a tiempo al lugar visto en la visiones de Ken si viajaban de aquella forma. Por ello, Imperialdramon Modo Luchador y Shakkoumon estaban presentes, cargando a sus compañeros y volando tan rápido como le permitieran sus poderes sobrehumanos.

- "¿Estas seguro de ello?¿No será una trampa del enemigo?" - sin embargo, Takeru no dejaba de mostrarse dudativo - "¿Cómo sabes que puedes confiar en el chico de las visiones?" -

- "No parecía mentir" - aunque pudiera ser programado para hacerle creer eso, por alguna razón, tenía fe en que todo sería verdad.

- "Yo confío en lo que dice Ken" - Davis dijo, mostrándo su apoyo a quien era su mejor amigo - "Debemos tener confianza en sus palabras, además, es prioridad rescatar a Kari y Yoley de los chicos malos" -

TK asintió en comprensión, al menos valía la pena intentarlo. Rescatar a Kari tan pronto como fuera posible y escapar del mar oscuro que tanto le molestaba e inquietaba. Su nueva experiencia con ese Devimon no dejaba de atormentar su mente... ¿Usar los poderes de las Tinieblas?¡Ridículo!... Eso era algo que jamás aceptaría.

Pero el momento de pensar se había acabado, los enemigos los habían encontrado primero.

- "¡¿Ustedes?!" - TK exclamó molesto.

Ken se sobrecogió ante el temor de los aparecidos y Davis y Cody los observaban con el seño fruncido. Ninguno de los recién llegados eran del agrado de los Niños Elegidos y sus digimon.

Daemon los observó con indiferencia pero, a pesar de ello, decidió preguntar - "Perdonen, pero... ¿Nos hemos visto antes?" -

- "¡No te hagas el tonto!" - Davis exclamó con enfado - "Nosotros no olvidamos lo que hiciste en Odaiba... tu y tus secuaces" - eso último, lo dijo refiriéndose a los otros tres digimon que acompañaban a Daemon.

De la misma forma, SkullSatamon, MarineDevimon y LadyDevimon mostraron rostros de confusión.

- "Ahh... ya entiendo a lo que se refieren" - LadyDevimon dijo tiempo después - "El ataque de uno de los Siete Pecados al asqueroso mundo humano" -

- "Lamento decirlo, pero no soy el Daemon que conocieron... estoy lejos de ser como él" - Daemon respondió, después de entender la situación, para responder la cuestión que ahora rondaba en la cabeza de los Elegidos - "Pero no se preocupen, haré bien mi papel en su memoria..." -

- "¿Memoria? ¿Qué sucedió?" - Ken preguntó, crítico.

- "...muerto, por supuesto..." - SkullSatamon respondió - "Por un poder más allá de sus sueños y que ustedes están lejos de tener" -

Daemon no se demoraría mucho en esperar a que ellos hicieran algún movimiento.

- "¡Discos Mortales!" -

Shakkoumon atacó a los cuatro digimon oscuros. Tres de ellos, quienes habían alcanzado la etapa perfeccionada, esquivaron los discos que habían sido destinados a ellos, sin embargo, los discos los seguían como un mísil guiado por calor. Fue cuando los tres demonios digimon decidieron defenderse del ataque, LadyDevimon con un rayo rojo que salió de sus ojos, MarineDevimon usando su baba ácida y corrociva, y SkullSatamon aplastándo el objeto con su bara. Daemon prefirió no moverse mucho, contraatacando con su técnica más fuerte.

- "¡Llama del Infierno!" -

La llamarada infernal cubrió todo en cuanto Imperialdramon, Shakkoumon y los demás pudieran haber visto. El disco mortal fue consumido para evaporarse en el acto. Imperialdramon y Shakkoumon dieron la espalda, con el intento de cubrir a sus compañeros humanos de las llamas mortales. Fue un acto que tuvo resultados, pero, con la fuerza del impacto, era de esperarse algunas consecuencias. Como que fueran lanzados hacia el suelo, soltándo a sus compañeros en el proceso, quienes saltaron a los aires para dar un segundo golpe, esta vez, sin ser amortiguado como la primera vez.

Para Ken, el golpe fue mucho más duro de lo que podría esperar, periodos de inconsciencia lo acechaban segundos después y, con ello, las visiones que le habían sido otorgadas comenzaban a filtrarse.

Una luz salía de su propio interior, una muy intensa. Apenas si era capaz de distinguir la silueta de su propio cuerpo, sin embargo, había algo más. Tres pares de alas majestuosas, tan brillantes como el sol y de las cuales se desprendían plumas que acariciaban el lugubre Mar de las Tinieblas, lo inundaban de luz y de vida, una nueva vida.

La visión seguía mostrándole cosas.

Daemon, SkullSatamon, LadyDevimon y MarineDevimon. Los cuatros eran golpeados por la misma luz y ellos mismos se desvanecián...

- "¿Qué fue eso?" - Ken se preguntaba, mientras luchaba contra la jaqueca que le producía el recordar.

- "Fue algo imprudente" - Daemon dijo, ignorante de las propias visiones del joven - "Este es el Mar de las Tinieblas, aqui sus cortas habilidades no les serán útiles en nada" -

- "Aunque nos intrigan en una cosa, ustedes sabían a que lugar dirigirse" - LadyDevimon comentó, poco tiempo después, mirándo hacia la trayectoria que estaban dirigiéndose los niños Elegidos. Curiosamente, hacia el campamento donde Dragomon se encontraba en estos momentos.

- "No me arriesgaré" - Daemon constestó, luego de pensarlo un poco - "Los mataré en este preciso momento, con el poder que me a otorgado mi dios" -

En una de sus manos, comenzó a crear lo que era una bola de fuego que poco a poco iba creciendo.

- "¿Qué hacemos, TK?" - Cody preguntó alarmado - "Nuestros digimon no van a soportar otro golpe como ese" -

- "¡Shakkoumon, levantate!" - Takeru, el aludido, exclamó.

Advirtiéndole del peligro que suponía quedarse tirado en el suelo sin más, sobre todo, con un poderoso digimon de nivel mega apuntándote. Davis hacia lo mismo, pero a los digimon les costaba moverse, Daemon los había atacado con mucha fuerza. Ken aun soportaba el dolor de los recuerdos que recién emanaron y, como lo anterior, supuso que esto pronto se volvería verdad.

Y ahí surgía la pregunta - "¿Qué tengo que hacer? ¿Cómo los derroto?" -

Luego, de forma inesperada, la respuesta llegó en forma de una voz, distinta a las que había experimentado con anterioridad. Era extraño, pero sentía que era él mismo, hablándole desde un punto lejano.

"La luz del Septimo"

- "¿La luz del Septimo?" -

"La luz del Septimo... solo tu la posees... solo tu sabes como usarla"

- "¿Cómo? ¿Cómo en la visión?... pero, no se que hacer..." -

"Solo mira en tu interior, saca a flote la luz... la Luz del Septimo"

- "Aun no lo entiendo, ¿qué rayos es la Luz del Septimo?" -

"Es la fuerza interna... la Luz del Septimo... solo tu puedes usarla... solo tu puedes salvarlos"

Ken miró dentro de si mismo, o al menos lo intentó, después de todo, no sabía que era lo que debía buscar. Su mente se concentró en un punto y, extrañamente, lo había logrado. Un resplandor blanco emergió de su estómago, al principio débil y, el cual, se fue expandiendo por todo su cuerpo. No pasó mucho tiempo antes de que sus amigos lo notaran.

- "¡Ken! ¿Qué sucede?" - Davis exclamó, tratándo de llegar a su amigo, sin embargo, la luz se hizo tan fuerte que no pudo dar ningún paso.

Era como si estuviera en la playa sin bloqueador, recibiéndo de lleno los nocivos rayos ultravioleta, procedentes del sol.

TK vio el peligro, pareciera como si algo dentro de Ken estuviera a punto de estallar, saltándo hacia Davis lo alejó del lugar. Ambos se cubrirían en un lugar seguro, ni tan seguro, tan solo a unos pasos dentro de la oscuridad mientras la luz seguía creciendo. Cody pronto se unió a ellos, estaba asustado y no quería encontrarse aislado cuando pasara lo que tuviera que pasar.

Imperialdramon y Shakkoumon vieron con preocupación lo que estaba sucediendo, aun si no lo entendían el lo absoluto. Y no es como si a Daemon y sus aliados les fuera mejor, algunos de ellos consideraban huir, a pesar del destino que les auguraba si elegían desobedecer a su dios.

Daemon, por impulso, arrojó las llamas de su mano pero estas fueron reducidas a nada por una fuerte ventisca, desatada por la luz que comenzaba a quemarle sus ropajes y, pronto, su piel. Sus ojos, y los de sus aliados, parecieron ver la silueta de un ángel de seis alas blancas, envuelto por el resplandor que representaba un poder que jamás comprenderían, era uno de esos humanos que estaba manifestando ese poder y pronto supieron como habían muerto sus demás hermanos, al menos uno de ellos.

- "¿Quién demonios eres?" - el falso Señor Demonio preguntó.

- "El Septimo" - la figura resplandeciente respondió con simpleza y extendiéndo su mano, abriéndo la palma, liberó una ráfaga con la intensidad de una supernova. Los digimon demonios observaron con horror como aquella fuerza se avecinaba sobre ellos.

Davis y los demás, incluídos sus digimon, debieron cubrir sus ojos cuando la luz chocó con los digimon malignos usando una fuerza bestial. Cuando pudieron ver con claridad, tres de ellos ya habían muerto. Daemon, cuya evolución era más fuerte, a penas si logró sobrevivir, sin embargo, estaba demasiado herido y asustado como para iniciar un contraataque.

El falso rey demonio estaba en el suelo, arrastrándose lejos del cuerpo inconsciente del muchacho, casi como si fuera el diablo a punto de arrebatarle su alma... pero no, ese chico no era el diablo, conocía a los terribles digimon que merecían ese título y ninguno de ellos había infundido tal miedo, era algo desconocido y a lo que se enfrentaba por primera vez. Una cosa era clara, tenía que escapar.

- "¡Ken!" - Davis corrió hacia su mejor amigo, para ayudarle a levantar.

En ello, miró a Daemon tratando de escabullirse, con un aspecto lamentable. Pronto sería tragado por las sombras, pues su maestro, aunque no lo supiera, le había llamado. Daemon era grande y cuando este se hubiera retirado, la visión panorámica del frente revelaba a donde tenía que llegar, una gran pirámide y, ahí, a quienes debían rescatar.

(***)

En otro punto del Mar de las Tinieblas, la bruja Medusa divisaba el campamento donde estaba alojado Dragomon, quien era su gobernante, por decirlo de algún modo. Lo sabía, era un digimon poderoso que había llegado a ese reino hace mucho tiempo, un lugar creado por emociones negativas y las pesadillas del hombre y otras criaturas. Era un lugar tan inmenso y desconocido donde las paredes de la realidad eran inestables, sirviéndo de camino para mundos mucho más oscuros; ni siquiera Dragomon podría llegar a controlarlo todo y a descubrir todos sus secretos, eso era seguro.

A esa distancia, aquella pirámide parecía pequeña, tanto como su dedo pulgar; le hacía pensar en lo lejos que se encontraba, tan lejos como para evitar aquel lugar: por pereza y por el monstruo que rondaba aquel lugar. Se había encontrado tan pensativa que ya había olvidado que sujetaba a uno de sus sirvientes por la garganta, el cual se mostraba mal herido.

Y, a su alrededor, estaban los cuerpos de otros digimon de las sombras, descomponiéndose en datos.

Apenas se hubiera dado cuenta de él, aplastó su garganta sin misericordia, arrebatando otra vida, aunque fuese la de un demonio. De algún modo, esas muertes no le producían ninguna satisfacción; añoraba sentir la sangre de sus víctimas, estas, al parecer no la tenían ya que su biología, si se podía llamar así, dictaba que el fin de su ciclo se determinara por la descomposición en pequeñas partículas... una de las diferencias entre los humanos y digimon, según había podido aprender a su llegada en las Paredes de R'lhey.

Profecías que sabía que iban a suceder, un evento predestinado que no solo iba a afectar a el DigiMundo y las realidades que conecta de forma significativa, todos los mundos lo padecederían. Era el evento final, el Armaggedon.

De sus participes, uno de ellos ya se encontraba detrás suyo, ni cuenta se había dado que la estaba observando y ni siquiera cuanto tiempo lo había hecho. Al voltear lo reconoció, aquel niño de ojos escarlata y cabello marrón, con googles amarillos que ahora colgaban de su cuello, de pantalones claros, calzado deportivo y un saco azul. Su mirada era algo vacía, eso le desconcertaba, pero de alguna manera le decía algo... era la expresión de "tenemos que hablar".

(***)

Ken Ichijouji apenas si podía mantenerse de pie, su cabeza le dolía de su última epifanía y sus ojos solo podían enfocar siluetas borrosas, el hecho que el Mar de las Tinieblas fuera un lugar de aspecto opaco no ayudaba en lo absoluto.

Poco a poco entendía las palabras de su mejor amigo, Davis Motomiya. De la razón por la cual debía quedarse en un claro, un círculo formado entre los árboles sombríos, o lo más semejante a ello; tranquilo y sin presencia del enemigo por ninguna parte. Los digimon de las sombras se encontraban demasiado ocupados en otras actividades para estar patruyando esa área o, simplemente, se encontraban atemorizados. Si Davis decía la verdad, acerca del terror que Daemon mostró en sus ojos, entonces todos en el Mar de las Tinieblas sabrían de lo que es capaz.

Era extraño, pero ese digimon ya no le producía ninguna especie de temor. De hecho, la situación se había invertido. Ya ni siquiera le preocupaba la semilla de la oscuridad implantada por Milleniummon hace tiempo.

Y si, ahora lo recordaba. Todo acerca de su primera aventura en el DigiMundo, su primero y verdadero amigo, y aquel digimon que fue el que inició sus aventuras, sin mencionar que intentó conquistar todos los mundos.

Sin esperarlo, sintió como un gran estruendo recorría el suelo donde se encontraba parado. Fue ese Rey Demonio, seguro de lo que había visto en sus visiones, sabía que tarde o temprano lo recordaría todo, y lo hizo por que ya era momento. Si no se apuraba, sus amigos morirían, ellos no tenían el poder para vencer a un monstruo de su nivel, al menos no todavía.

Su deber era llegar a Wormmon, tan rápido como le permitieran sus piernas.

- "Solo esperen" -

(***)

Momentos Antes...

- "¡Es ahí!" - Cody exclamó.

Ellos habían llegado a su objetivo y era tal como Ken lo había dicho, para Davis era como si su amigo se hubiera convertido en un profeta. La verdad, no podría imaginarsela en su magnitud y, tampoco, que su destino estaría escrito en esta.

Montados todos en Imperialdramon, observaron el templo abandonado, la pirámide agrietada por las plantas que le invadían desde los cimientos. Pero algo fallaba en la visión de su compañero, un simple detalle. Según Ken, este lugar debería encontrarse sitiado de enemigos, digimon de las tinieblas; en cambio, solo obtuvieron como compañía el sonido que causaba el viento al pasar por las hojas de los árboles y, claro, Yoley, Kari, Hawkmon y Gatomon inconscientes, encima de la mesa de piedra en la cima de la pirámide.

Tan rápido como pudieron, fueron a rescatar a sus amigos, aprovechándo la ausencia del enemigo.

Cody llegó primero a dónde se encontraba Yoley y Hawkmon, sarandéando a los dos con prisa.

- "¡Yoley!... ¡Hawkmon!..." - Cody gritó, con eso sería más que suficiente para que sus dos amigos despertaran.

Hawkmon pudo levantarse por si mismo, Yoley, por otra parte, tuvo que ser ayudada por el chico más joven. Aun no se encontraba despierta del todo, activa y requirió su tiempo para ponerse en sus cinco sentidos, curiosamente, lo primero que dijo fue lo siguiente.

- "¿Y Ken?" - y eso que su voz no había recobrado todas sus fuerzas.

El chico se permitió algunas risillas, pues para él no era ningún secreto la atracción que sentía su amiga por ese chico, aunque desconociese los sentimientos del contrario. En ello se acordó de la plática que tuvieron Davis y Ken antes de llegar a este sitio.

- "Ken está descansando, tuvimos una batalla dificil..." - sería lo único que diría al respecto.

Aun no podía explicar la estela de luz que lo había envuelto, desplegando en su espalda lo que sería seis alas de ángel y, como si nada, había acabado con casi todos sus enemigos, eso porque Daemon escapó pero en muy malas condiciones. La única forma de asimilarlo era que tenía un poder escondido que salió relucir en un momento de necesidad, el cual lo dejó agotado, muy agotado. Era por esa razón que Ken no se encontraba con ellos.

Quien sabe cuantos peligros los esperarían en el camino de rescatar a sus amigos.

Kari pronto le siguió pero, a diferencia de su amiga, despertó muy alterada.

- "Kari, ¿Estas bién?" - TK le preguntó, que le sostenía en sus brazos.

Davis se encontraba cerca, por supuesto.

- "¡Debemos irnos!" - ella exclamó - "¡Vámonos antes de que sea demasiado tarde!" -

- "¡Espera!... tranquilizate" - Gatomon dijo, preocupado por el estado de su compañero.

- "Si, calmate y tratate de explicarnos" - TK dijo consecutivamente, sujetándo su rostro con las dos palmas de sus manos, obligándola a verle a los ojos. Lejos de querer conseguir respuestas, aunque ese fue uno de los motivos, buscaba tranquilizarla y eso funcionó. Ahora Kari podía ordenar sus ideas con naturalidad y eso se lo agradecía inmensamente (TK era una de las personas que mejor le conocía, junto a su hermano Tai, sus padres y, claro, su digimon), incluso, no podía evitar ruborizarse. Fue un momento, pero ambos se perdieron en la mirada del contrario, momento que fue interrumpido por Davis, bastó un estornudo - "...ahh si, claro... es el digimon que gobierna el Mar de las Tinieblas, el que me ha estado llamando" -

Yoley y Takeru se hicieron una idea, ya que ellos habían venido alguna vez, junto con ella.

Era esa sensación de que no estaban solos, que una presencia colosal los acompañaba en todo momento, una que amenazaba con devorarlos. Davis frunció el seño, era la primera vez que se enfrentaba a algo así, no lo comprendía y necesitaba que ella siguiera hablando, necesitaba saber.

- "Es su dios... dijo que ya no nos necesitaba... ¡Piensa matarnos!" - Otra vez Kari expresaba su temor.

- "Esa cosa no podrá con nosotros" - Davis dijo, en un intento por animar a su compañera.

- "No lo entiendes Davis, nunca nos habiamos enfrentado a un enemigo como él... Ese digimon... es demasiado poderoso, nunca podríamos ganarle" -

- "Pero..." -

- "¡Tenemos que irnos! ¿Dónde esta Ken?" -

- "Lo dejamos en un lugar seguro" - Cody respondió, por segunda vez a esa pregunta.

- "Vallamos por él y vámonos de aqui" - Takeru dijo poco después y una vez todos se pusieran de acuerdo, se dispusieron a irse.

Pero el que reinaba en la oscuridad no pensaba permitirselos. Cortándo el paso, el autoproclamado dios del Mar de las Tinieblas apareció, Dragomon en persona.

- "Es él, ¿verdad?" - Davis preguntó.

- "Asi es" - Kari le respondió.

- "Yo soy el soberano de este mundo, que mi Padre me encomendó resguardar y por ese deber es que debo hacer una pregunta" - Dragomon habló - "¿Quién los envió aquí? Ustedes nunca entrarían en mi reino por propia voluntad" -

- "¡Por supuesto que no!" - Davis exclamó con enfado - "Eso fue culpa de Lilithmon" -

- "¿Lilithmon dices?" - entonces, Dragomon se carcajeó - "Asi que ella los metió en este embrollo... seguramente espera que haga su trabajo sucio, ya que ella no pudo hacerlo por si misma... ¿o me equivoco?" -

Ninguno de los niños ni sus digimon tuvieron respuesta para ello.

- "Bueno, eso es típico en ella... nunca le atrajieron las batallas... bueno, hasta aquí el señor amable" - dijo con sonrisa grotesca - "Es hora de que pongamos punto y a parte. Ustedes vinieron aqui a morir y vengo a cumplir con eso... mucho mejor, con ello, le arrebataré la luz a los mundos y los haré ver un suplicio" -

La piel de Dragomon se enegreció, eso para que su cuerpo se deformara. Si antes, el señor de las profundidades era grande, ahora los chicos podrían describir su tamaño como titánico, incluso Imperialdramon parecía pequeño a comparación. Para ellos, no hubo duda en lo que le estaba ocurriéndo.

- "Esta digi-evolucionando" - Takeru murmuró, observándo con detalle los últimos detalles de su nueva forma.

Apareció un enorme cocodrilo de escamas rojas, adornado por una hilera de escamas azules en su espalda, la cual se bifurcaba en el inicio de división de sus dos colas. Sus ojos miraban con malicia y desprecio, como un dios iracundo que solo se arrodillarían ante uno. El emblema de la Envidia, su Pecado, brillaba con un azul siniestro, coronándo su cabeza. Era el Rey de los Demonios, Leviamon.

- "¡Gatomon!" - Kari llamó.

- "¡Hawkmon!" - de la misma forma que lo había hecho Yoley, al mismo tiempo.

Los dos digimon se unirián el forma de Silphymon, acudiéndo al llamado de sus compañeros humanos, y se unirián junto a Imperialdramon y Shakkoumon en, lo que probablemente, iba a ser un combate muy dificil.

- "¡Animo, Imperialdramon!" - Davis gritó moviéndo sus brazos, con su usual optimismo y como apoyo para los digimon que pronto comenzarían otra cruenta batalla.

- "Como digas, Davis" - respondió este a cambio.

- "Vamos a ganar" - Shakkoumon dijo, con animo contagiado.

- "¡Hagamos nuestro mejor esfuerzo!" - y, con la exclamación de Silphymon, los tres digimon se avalanzaron sobre su titánico enemigo.

- "¿De verdad piensan ganarme?... Que tiernos" - dijo Leviamon, sonriéndo con burla.

En ello, los tres digimon enunciaron sus poderosos ataques, con la esperanza de si no vencerlo con un sólo golpe, al menos herirlo de forma considerable.

- "¡Laser de Positrones!" -

- "¡Esfera de Energía!" -

- "¡Visión Fulminante!" -

Las tres técnicas dieron con su objetivo, creando una gran explosión y levantándo grandes cantidades de humo y fuego alrededor de la bestia. Pero, por sorpresa de quienes habían superado enemigos imponentes en el pasado, Leviamon emergió ileso del reciente ataque. Su cuerpo había sido envuelto en un campo de energía, creado por la Cresta de la Envidia, de donde emergía todo su poder. Igual, de no usarla, no haría ningún efecto en quien poseía una fuerza física superior, privilegio entre todos los Señores de los Demonios.

- "Usamos nuestras técnicas más fuertes... y aun así, no le hicimos nada" - Imperialdramon dijo en frustración.

- "¿Qué esperaban?" - Leviamon preguntó poco después - "Aqui yo soy el dios... y aquí se hace mi voluntad. Por eso, debo hacerles otra pregunta. ¿Cómo es posible que sus digimon puedan evolucionar? He cortado todas las fuentes posibles y de no adorarme, el digi-evolucionar es imposible" -

Leviamon miró con detenimiento a sus adversarios, si es que en realidad los consideraba como tal, y se dio cuenta que ninguno de ellos lo sabía. Los niños podrían responderle que es el poder que viene a través de sus sentimientos, por supuesto, eso permite la digi-evolución en circunstancias normales, sin embargo, el Mar de las Tinieblas habría sellado el poder de los Emblemas. Alguien había jaqueado su sistema, por decirlo de algún modo, y esa persona no estaba con ellos.

- "Lilithmon... ¿Habrá enviado otro?" - Leviamon pensó, y ahora que tenía ese pensamiento en consideración, había otro grupo de sus sirvientes que no se había reportado - "No importa... le mataré después, pero primero... Es hora de que los Niños que fueron Elegidos y sus digimon mueran" -

- "¡Rostrum!" -

Sus enormes fauses disparados un potente haz de energía, que impactó con Shakkoumon, quien no pudo moverse a tiempo, debido a que era el más lento de los tres. Patamon y Armadillomon caerían derrotados de un solo golpe y, sus cuerpos, se mostraban tan mal que parecián querer romperse en cualquier momento.

- "¡Patamon!" -

- "¡Armadillomon!" -

Takeru y Cody corrieron hacia sus digimon, cuantas veces pareció que ellos moririán... muchas, y ya iban dos veces ese día.

Mas el ataque de Leviamon no pararía ahí.

Silphymon se levantaba por los cielos, para luego descender y atacarle con fuerza aumentada, todo debido a la velocidad superior que alcanzaría en pocos segundos. Mientras, en virtud de su enorme tamaño, no fue muy dificil para Leviamon enfocarle.

- "¿Dónde crees que vas?... Anima" -

Silphymon caería directo en la cabeza de la bestia demoníaca, pero sería atrapado por una terrible vorágine, un remolino de agua profana que Leviamon elevó desde el mismo mar. Sería tal su fuerza que le fue imposible escapar y, con el paso del tiempo, su cuerpo se vería aplastado por las interacciones físicas que se involucraban. Gatomon y Hawkmon caerían, siendo los siguientes en ser derrotados, una vez hubiera desaparecido el torbellino.

- "¡Desgraciado!" - Imperialdramon gritó con todas sus fuerzas - "¡Laser de Positrones!" -

La técnica del guerrero dragón impactó en el rostro del enorme demonio pero, ni aunque Leviamon se hubiera encontrado desprevenido, no causó efecto alguno mas que llamar su atención.

- "Bien, no me parece justo dejar nadie fuera del juego" - Y, por tercera vez, el Señor Demonio de la Envidia hizo un movimiento que no le costó mucho movimiento - "¡Cauda!" -

Y la tierra tembló, con la furia del impacto de un meteoro del espacio. En tan sólo unos segundos, Leviamon se había deshecho de quienes lo habían estado desafiando y, con ello, había devastado todo a su alrededor. La gran pirámide se había reducido a escombros y ahora una gran estela de humo se levantaba, lo que hacia dificil ver si todos estaban muertos o vivos, con preferencia en lo primero.

(***)

Los ataques de Leviamon fueron mucho mas de lo que cualquiera de ellos pudo manejar, incluso en equipo. La gran bestia demonio los había derrotado como si fueran más que simples hormigas, de hecho, este digimon era como veinte más fuerte que lo que fue MaloMyotismon en un principio y eso era mucho para decir.

Davis sintió que fue golpeado por un tren bala, cada músculo de su cuerpo fue presa de un dolor que apenas si pudo aguantar, sus ojos se encontraban vidriosos por esa razón, además, el hilo de sangre que escurría de su frente y pasaba por uno de ellos, con la contribución del polvo, le hacía imposible observar la situación.

- "...Veemon..." - articuló el nombre de su digimon con su adolorida garganta, fue apenas audible y nadie parecía responder al llamado.

Ni Veemon, ni ningún otro de sus amigos.

- "...Veemon... amigos... alguien" -

Sucedió lo mismo, nadie le respondió y, con la cantidad de tierra, era imposible saber si estaban vivos o muertos. Siendo optimista, inconscientes, y se aferró desesperadamente a esa idea. No podían perder, él y sus amigos habían vencido a enemigos muy poderosos, esta no sería la excepción.

Pero, ¿cómo derrotar aun enemigo tan atroz, como lo era Leviamon?

Esa cuestión se respondería por si sola.

(***)

- "Ya estoy aqui, para enfrentar mi destino" - Ken se dijo para si mismo.

Lo primero que observaría, al llegar al campo de batalla, sería la enorme devastación causada por la técnica de Leviamon, el cual se encontraba en los cielos, portando una figura arrogante.

Pero antes de concentrarse en la enorme bestia, tenía una prioridad más inmediata. De alguna manera, había desarrollado un super sentido: el reconocer la presencia vital de los demás seres vivientes, tan sólo debía concentrarse. Suspiró con alivio, ninguno de sus amigos humanos estaban muertos, mal heridos, pero no muertos y eso era bueno; en cuanto a los digimon, eso era más dificil, ellos recibieron los ataques de lleno, sus heridas eran de mayor consideración.

A Wormmon, su compañero digimon y amigo más cercano, no le quedaba mucho tiempo.

Debía llegar a él cuanto antes, pues era la única manera de ganarle a Leviamon, el rey demonio. Aprovechando que la estela de humo cubría su cuerpo de la visión del titán, Ken buscó a Wormmon, concentrándose en sentir su débil aura, la cual decrecía con el pasar del tiempo. Cuando lo encontró, estaba ahí... tendido en el suelo arenoso, en una quietud que asemejaba a la misma muerte... era tan doloroso verlo en ese estado. Su cuerpo comenzaba a desfragmentarse, pronto sino tarde, sus datos se esparcirián por todo el Mar de las Tinieblas.

Le recogió con delicadeza, con el cuidado de no lastimarle más y, con una lágrima traicionera, bajándo por su mejilla, junto sus frentes y dijo.

- "Wormmon, perdoname por no evitar tu suplicio... a ti y mis otros amigos, no pude evitarles este dolor, el sufrimiento que pronto vendrá... pero hay algo que ahora puedo hacer por ellos... y necesito tu ayuda" -

La figura inerte del pequeño le sonrió, en consentimiento a su noble deseo.

Ken, con determinación, miró al sombrío cielo. - "¡Ninguno de ustedes hará más daño, malditos! Porque yo los protegeré hasta cuando Él llegue" -

A la distancia, Leviamon observó el resplandor del que sus siervos habían sido testigos momentos antes. Impresionado por el poder que comenzaba a emanar, dirigió toda su atención y, entre los escombros, un digimon santo apareció.

Continuará...


Próximamente: "Un digimon santo se alza sobre sus camaradas derrotados, listo para enfrentar al Demonio que asola las Tierras Oscuras. Ambos contrincantes se enfrascarán en una cruenta batalla en el siguiente capítulo... Craniamon contra Leviamon "

A pasado un tiempo pero ya acabó otro capítulo, junto con el siguiente, será el termino de los capitulos introductorios, una saga, por decirlo de un modo. Hasta ahora, espero que les haya gustado y que los errores de redacción y ortografía que se encuentren no arruinen la trama en si. Espero los review (sugerencias, etc..).

LGA2TF se despide hasta la próxima publicación.