Capítulo IX


Bailaron hasta que sus piernas no aguantaron más y ciertas partes de la anatomía empezaban a ser demasiado notorias e incómodas para como para ser vistas por la multitud. Poco a poco, el calor del momento había convertido aquella pequeña chispa que surgió entre los dos en una llama que consumía y arrasaba todo lo que tenía a su paso. Ante la duda de si debían o no intentar ponerla bajo control, Dave cogió a Blaine por la cintura y lo guió hacia fuera del local, sonriendo ante los fallidos intentos de Anderson por coquetear con él y que acabaron en un ataque de risa.

Una vez fuera, ambos caminaron distraídamente y Karofsky empezó a contarle a Blaine que podía permitirse pagar la cuenta en su próxima visita gracias a los privilegios que poseía pero, pronto, la quietud que los rodeaba les hizo recordar que faltaba dos personas que siempre se empeñaban en pelear al alrededor. Volvieron al local buscarlos pero no tuvieron éxito; incluso, Román, que los vio a lo lejos peinando el establecimiento por completo, se acercó a ellos y les informó que, tanto Kurt como Sebastian, se habían marchado un par de horas antes. Más resignados que sosegados por la noticia, se dirigieron hacia el automóvil y Dave se hizo cargo de la conducción. Durante todo el camino no dejaron de besarse y acariciarse el uno al otro. Blaine, quien parecía estar más ebrio que el propio Karofsky sin haber bebido, le propinó mimos sin parar.

Desgraciadamente para ambos, el viaje se les hizo demasiado corto comparado con la ida. Dave tuvo que apartarse de Blaine y su cálido cuerpo durante unos minutos para poder bajar él y su acompañante, del coche. A continuación, caminaron sigilosamente hacia la enorme mansión al mismo tiempo que volvieron retomando las muestras de cariño, los besos no cesaron y se escondían en cada rincón confortable para saborear la lengua del otro. Y para deleite de Karofsky, Blaine era mucho menos casto de lo que dejaba ver y no perdía la oportunidad de toquetear sus firmes músculos sobre la ropa.

Llegaron a trompicones a la habitación de huéspedes en donde Blaine se había instalado. Este no parecía querer solar la mano amplia que envolvía la suya pero sabía que debía hacerlo, que Invitarlo a pasar era un riesgo demasiado grande, especialmente cuando sentía que si se quedaba sobre su cama, no sería de la manera más casta. Con un suspiro seguido de una sonrisa resignada, lo abrazó por el cuello y besó por última vez esa noche, dándole las buenas noches en el oído. Después, entró al cuarto y cerró la puerta, dejando al gran oso afuera con el deseo de abrazarlo mientras dormía.

Dave suspiró resignado. Apoyó la frente sobre aquella puerta de madera y esperó a calmarse un poco. Blaine, definitivamente, se salía y era inevitable que quisiera retenerlo entre sus brazos para siempre pero entendía que no podían ir tan rápido. Antes, tenían que hablar de lo que había sucedido en el club, de lo que sentían y ponerle un nombre a todo aquello. Así pues, se obligó a ir hacia su propia habitación aunque estaba muy tentado en dirigirse a la de Sebastian para saber si Kurt y él habían llegado bien. No obstante, aún estaba un poco molesto con su comportamiento y decidió que lo mejor era dejarlo todo para el día siguiente.

— Dime que hay una buena razón - Azimio empujó la puerta de la habitación de Dave mientras este estaba a medio vestir -. Ayer llegué y toda la maldita casa estaba vacía. ¿Por qué narices me pediste que viniera cuando hubiera sido mejor quedarme en casa?

— Lo siento, Az. Fue solo por mi culpa... verás, tuvimos que... salir - Azimio movió la cabeza en señal de negativa -.

— Claro y yo soy el esclavo que te espera en un rincón hasta que termines de follar con Sebastian - Dave acabó de ponerse la camiseta -.

— No fue nada de eso - necesitaba desahogarse con alguien y sabía que no había nadie mejor que Azimio para hacerlo-. Az, me gusta un chico... - Azimio elevó una de sus cejas -.

— Tío, ya tuvimos esta conversación; hace años me dijiste que eras maricón - palmeó con cariño, la espalda de su amigo -.

— Es en serio, hermano - Dave le reprobó con la mirada -. Me gusta verdad, para algo serio - Az cambió su mueca de burla por un semblante serio -.

— ¿Quieres formalizar las con Sebastian? - Az no se lo podía creer -. Dave, sabes que te quiero un montón como a él pero no creo que vosotros estéis preparados para ser una pareja estable.

— Es que no es Sebastian - la voz de Dave se tornó más débil -… es el amigo de Kurt, Blaine - Azimio se mostró demasiado extrañado a pesar de saber toda la historia con ese par -.

— ¿Blaine? ¿El Blaine Anderson que yo creo que es? - Dave asintió -. ¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo? Ese chico es el hermano de Cooper Anderson, el culpable de la muerte del padre de Sebastian - Karofsky no podía sentirse más avergonzado -.

— Él es distinto. No se parece en nada a su hermano y… ¡joder tío! En una semana he acabado loco por él y no sé qué más decir - Dave frotó su rostro con las manos -. Sólo... dale una oportunidad, Az. Dásela y dime si ves a Cooper Anderson en Blaine.

— No puedo creer en qué clase de tonterías te metes cuando no estoy contigo. Voy a conocer a tu chico especial pero que yo le acepte o no, no está tan claro. Las cosas entre vosotros pueden terminar muy mal, sobre todo si se entera de nuestras sospechas.

Dave tragó duro. Sabía de qué hablaba Az: Blaine no sabía aún nada de las sospechas que tenía y estaba seguro que no le harían ninguna gracia.


Lo primero que Kurt sintió al despertar, fue un par de brazos envolviéndole con posesividad, manteniéndolo pegado a un desconocido y cálido cuerpo. Percibió un torso desnudo, delgado pero firme que irradiaba calor y lo arrullaba con los latidos constantes del corazón; también, detectó cierto bulto que se restregaba contra su muslo y que tomaba mayor consistencia con cada roce, amenazando con erguirse en cuestión de minutos.

La imagen de Blaine apareció, por instinto, en su cabeza. Ahí, con su piel morena, aquel cabello indomable y sus ojos ámbar… pero inmediatamente descartó la posibilidad de que se tratara de él. No era que su amigo tuviera la extraña habilidad de evitar las erecciones matutinas, simplemente, no se sentía igual: no eran aquellos brazos fornidos y cariñosos que lo acogían con una ternura fraternal; tampoco aquel pecho amplio, en el que se asomaba un suave vestigio de vello negro que cosquilleaba la punta de sus dedos cuando recorría el borde de sus boxers...

Abrió los ojos ampliamente antes de enderezarse y mirar a aquella persona que había aflojado su agarre lo suficiente como para soltarlo. Intentó recomponerse al repasar cada facción del individuo pero, aunque quisiera creer que lo que veía era un espejismo, allí estaba Sebastian durmiendo con una expresión serena en el rostro y el cabello alborotado. Por un momento, había olvidado que ambos durmieron juntos.

Su rostro enrojeció y prefirió apartarse por completo del suricato para poder respirar con normalidad y convencerse de que su también propio problema mañanero nada tenía que ver con Smythe; que solo era una reacción física normal propia de cualquier joven adulto que no había tenido sexo por más de tres o cuatro meses y que, de un momento a otro, dormía con un hombre atractivo con el que seguramente se estuvo frotando en algún momento de la noche. Ambos, claro estaba, sin darse cuenta… o al menos, él no lo hizo. Segundos después, saltó fuera de la cama y recogió sus cosas con ganas de huir de la habitación.

Por más vueltas que le diese al asunto, irse tan de repente y sin avisar, le dejaba un mal sabor de boca así que le urgió la necesidad de coger un bolígrafo, un pedazo de papel y escribió una nota rápida. Aunque firmó con una frase sarcástica para que aquella nota pareciera suya, no pudo evitar marchar de la habitación echando un último vistazo a Sebastian y partir rumbo hacia su habitación asignada. De camino, trataba de convencerse de que no sonreía por pensar que Smythe se veía tierno mientras dormía.

Apresuró el paso cuando recordó que pasearse por la casa vestido con un pijama y con una semi erección entre las piernas, no era una de sus más brillantes ideas. Apenas divisó su cuarto que abrió la puerta, la cerró cauteloso y se apoyó contra la madera soltando un resoplido de alivio.

— Ejem - se oyó un un carraspeo -

Kurt se sobresaltó. Abrió los ojos que había cerrado al recargarse en la puerta y se dio cuenta que estaba metido dentro de una las escenas más cómicas y extrañas que hubiera visto y vivido jamás: encima de la cama que compartía con su amigo, estaba este sentado con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, completamente despeinado y con mirada seria; al mismo tiempo, pasó su mano por el lomo de lo que parecía un tigre blanco de peluche.

Ambos guardaron silencio como si ambos esperaran algo del otro y así tener algo decir. Kurt abrió y cerró la boca intermitentemente, al mismo tiempo que ladeaba su cabeza hacia Anderson.

—Kurt, ¿dónde estabas? - Blaine rompió el silencio al ver que el actor no estaba dispuesto a ello -.

Como el director predijo, Hummel solo se le quedó mirando sin saber qué contestar.

— Blaine, ¿de dónde sacaste este peluche?

— Yo pregunté antes, Kurt - contestó tranquilo pero serio -. ¿Dónde estuviste? ¿Y por qué apareces ahora cuando Román nos dijo a Dave y a mí que, tú y Sebastian, os marchasteis pronto del local?

— Estaba aquí, Blaine - Hummel frunció el entrecejo ante aquella pregunta -; no en este cuarto, pero si dentro de la mansión. Sólo me metí en la primera habitación que vi.

Anderson no podía asegurar si su amigo le estaba mintiendo o no pero maldijo internamente que Hummel fuera actor, en momentos como esos. Tan solo le quedaba asentir mientras se preguntaba vehemente si le estaba mintiendo o no.

— ¿Ahora me dirás de dónde sacaste ese tigre de peluche, Bilbo? - Blaine negó y Kurt resopló acercándose a la cama, dejando su ropa sobre ésta. Miró a Blaine de reojo y se sentó en la orilla, recordando como Anderson se besaba con Karofsky - ¿algo más que quieras preguntarme? - No necesitó voltear a mirarlo para saber que su amigo asentía – Pregunta; realmente quiero llegar a la parte donde me explicas lo del gato -.

— Tigre - corrigió Anderson -…

— Ya me has entendido...

Blaine no estaba del todo seguro si debía o no preguntar acerca una duda que llevaba un buen rato bailando en la punta de su lengua. Sus dedos se enterraron en el pelaje del peluche al mismo tiempo que decidía librarse de su duda.

— Kurt, ¿por qué me mentiste acerca de ir de compras cuando ibas a pasar todo el día con Dave, viendo aquel coche?

Como era de esperar, Hummel no parecía demasiado complacido ante la pregunta. Le daba la sensación de que ésta era hecha con la intención de saber más acerca de Dave.

— No hice nada con él, si es lo que te preocupa - gruñó ofendido -.

— ¡No! Kurt, no es por eso… y sé que no lo harías, confío en ti - Blaine alargó el brazo buscando la mano de Hummel para entrelazar dedos con los suyos -.

— ¿Entonces…?

El pelinegro acercó la mano y besó los nudillos de Kurt, quien sólo lo miró un poco sorprendido:

— Sólo quiero que me contestes, Kurt. Sé que no serías capaz de traicionarme ni de coquetear con un chico que me atrae pero me gustaría saber por qué no me dijiste la verdad. Es tan extraño que haya secretos entre los dos…

El castaño se tomó su tiempo para contestar. No sabía qué decir y no tenía intención de confesar que, en el fondo, todo había sido parte de un plan urdido por Sebastian que pretendía separar a su amigo de Karofsky. No era solo por evitar descubrirse a sí mismo sino que hacer cargar a Smythe con toda la culpa, ya no parecía tan buena idea.

— Quería conocerlo más a fondo - mintió -, saber si valía la pena todo ese fuerzo que estabas haciendo por conocerlo; para intentar que no te comportaras como un tonto y para controlarte a ti y tu despistada cabeza.

Hummel se sintió horrible cuando vio a Blaine convencido por aquella excusa y apretó un poco más su mano con la intención de abrazarlo.

— Pero no necesitabas mentirme, Kurt; con decirme esto mismo nos habríamos ahorrado un montón de mal entendidos.

— ¿Te habrías comportado como una persona normal si hubieras sospechado mi intención de ir como espía encubierto?

— Touché. Me conoce bien, jefe Hummel – antes de reírse de sí mismo, Blaine pensó durante unos instantes -.

— ¿Que esperaba de mi, joven Anderson? - el director volvió a reír pero su amigo no pudo corresponder. Tener que mentir a su casi hermano le dejaba un mal gusto en la boca bastante importante -.

— ¿Y qué, pasó algo interesante? Que yo recuerde, Dave mencionó que iba a ver un Camaro o algo así... ¿lo pudiste probar?

— ¡Oh, dios, SI! ¡Es perfecto! - exclamó de la excitación -.

Se pasó un buen rato contándole todos los detalles de lo que ocurrió esa tarde: lo sensacional que era estar montado en una reliquia tan hermosa y potente como aquel Camaro; del viaje de vuelta en helicóptero o cómo la esposa del cliente de Karofsky, les invitó a almorzar… obviando mencionar que, tanto el vendedor como la esposa del comprador de Dave, pensaron que él era su novio o como el asquerosamente rico de Karofsky, le compró el Camaro z28 del 1980 sin pensárselo dos veces como una ofrenda de paz.

— Eso explica porque ambos os lleváis desde el momento en que volvisteis - Kurt asintió -. ¿Ves? Hacer amigos no es tan difícil, Légolas. Solo debes procurar no intentar matar a nadie con la mirada si es que no te cae bien, de buenas a primeras. ¿Quién sabe? Incluso quien menos esperas puede darte una grata sorpresa.

Inmediatamente, la mente de Hummel evocó la imagen de Sebastian su sonrisa pedante y frunció el entrecejo, mientras intentaba apartar aquella imagen de su mente. A continuación, alzó la ceja y encaró a Blaine en un ataque de ternura al verlo con animal de peluche descansando entre sus rizos.

— Si, quién sabe...

— ¿No crees que tu nuevo amigo puede perderse por allí?

— ¡Mejor! ¿A quién no le gustaría explorar el bosque de mis rizos salvajes? – Blaine rió y alzó la mirada para poder ver al tigre de refilón -.

Ambos empezaron a reír a todo pulmón por aquel comentario; de aquel mismo, salieron un par de bromas más con. Terminaron con la espalda contra la cabecera, mirando sus manos entrelazadas e intentando regular su respiración.

— ¿Y ahora me dirás de dónde sacaste esa cosa?

Blaine sonrió inocentemente a lo que Hummel correspondió con gesto un tanto más travieso.

—No fue mi culpa, lo juro. Estaba abandonado encima de la cama de una de las habitaciones. Yo solo lo rescaté.

El castaño volvió a dolerle el estómago de tanto reír, intrigado por saber a quién le había quitado su tigre de peluche.

Melinda conocía muy bien al joven amo y no le gustaba nada el modo en qué se estaba comportando. El joven Dave, más nervioso que de costumbre, parecía que le gustaba un poco más de lo común ese chico de nombre raro y sonrisa perenne, que le desesperaba tanto. Estaba casi segura de que a la señora Karofsky no le gustaría nada la elección de su hijo así como al joven Azimio, quien parecía estar demasiado serio esa mañana. La mujer suspiró y se tomó un segundo antes de llamar a la puerta.

— ¿Señor Anderson?

La puerta se abrió después oír a Blaine estampándose contra el suelo y a Kurt burlándose de él por eso. El alborotado cabello oscuro del director fue lo primero en asomarse por la entrada antes que su rostro enrojecido, el pijama con motivos de Thor y Loki su habitual sonrisa.

— Buenos días, señora Melinda. ¿La puedo ayudar en algo?

—El señor Karofsky quiere hablar con usted antes de irse a hacer sus quehaceres. Me envió para indicarle el lugar - la mujer lo miró de arriba abajo cuerpo del muchacho y evito hacer una mueca despectiva -. Imagino que querrá cambiarse… le espero afuera.

— ¡No! Tardaría un poco y supongo que Dave tiene prisa - contestó el muchacho ignorando los gestos de la mujer y que, su amigo, no pudo pasar por alto -. ¡Kurt, mis zapatillas!

Kurt sonrió con condescencia mientras se las lanzaba. Blaine las atrapó en el aire y le devolvió el gesto lanzándole un beso al aire. El director se despidió con la risa del actor de fondo y le dedicó una sonrisa resplandeciente a Melinda esperando a que ella le guiara.


— Vamos a la terraza del ala norte. Por aquí.

La empleada no pudo evitar mirar mal al chico. Era tan extraño… no parecía en lo más mínimo un joven de veinte años, era como un niño pequeño en el cuerpo de un adulto. No podía entender qué era lo que podía atraer a Dave teniendo en cuenta que, el acompañante de aquel exasperante joven, era mucho más serio y formal.

Dave estaba sentado en una de las sillas del pequeño comedor instalado en la terraza. Le gustaba ese lugar, el viento soplaba agradablemente y podía ver la luz del sol iluminando el enorme jardín. Hacía un buen rato que leía un periódico mientras esperaba a Blaine. Necesitaba hablar con él antes de marchar y luego, poder hablar con Sebastian de lo que de verdad estaba ocurriendo. Cuando escuchó unos pasos que provenientes de la otra parte de la terraza elevó la vista y sonrió al ver a Blaine con aspecto de recién levantado. De golpe, sintió un pequeño pinchazo de desasosiego en el pecho al comparar el pijama de Blaine con la ropa que él traía puesta: camisa formal, pantalones de vestir, una corbata por anudar y la chaqueta colocada en el respaldo de su silla. Al lado del moreno, se sentía aún más viejo de lo que era.

— El joven Anderson, señor. ¿Le traigo algo más? - Melinda estaba un poco asqueada por la mirada tierna que Dave dio al chico -.

— No, Mel, gracias. Puedes retirarte - la mujer asintió y volvió a mirarlo con desprecio, antes de alejarse. De verdad que no entendía qué veía su jefe en él.

Blaine, ajeno a los verdaderos motivos de la mujer, notó como lo miraba así que se despidió de ella con una sonrisa amplia antes de acercarse a Dave. No era que desconfiara de la mujer pero su presencia le cortaba un poco.

— ¿Te he hecho levantar de la cama? - Dave terminó de cortar la distancia entre ellos y sostuvo la mano de Blaine. No sabía hasta donde le estaba permitido llegar en ese momento ya que se moría por darle un beso -.

Blaine negó, apretando su mano.

— Desperté hace como 20 minutos pero estaba hablando con Kurt. Eso y jugando con un tigre de peluche que, casualmente, saltó a mis brazos cuando estaba explorando la casa - rió entre dientes -. Tú, en cambio, parece que llevas algo de tiempo despierto. ¿Mucho trabajo?

— El de siempre. Tengo que verificar unas cosas por ahí con Azimio y Sebastian - Dave se detuvo mirando el rostro y sus rizos -. Un momento… ¿un tigre de peluche? ¿Cómo lo haces para encontrar esas cosas? Creo que ese fue un regalo de la ex novia a mi hermano.

— Ya te lo dije, Dave: un ninja jamás revela sus secretos - encogió de hombros aunque tenía los ojos brillantes -. A todo esto, ¿quién es Azimio? No creo que Kurt y yo tengamos el placer de conocerlo…

— Es mi mejor amigo. No te preocupes, le conocerás. Te va a caer muy bien, es muy divertido a pesar de ser algo mal hablado - Dave tomó aire para tranquilizarse y continuar con lo que de verdad quería decirle -. Blaine, sobre lo que pasó ayer en el club, necesito... poner unas cosas en claro.

Anderson tensó el cuerpo entero ante la mención de la noche anterior. Para él fue más que estupenda pero temía que para Dave solo fuera una noche cualquiera, con un chico loco por él y un simple restregón.

— Te escucho.

— Sé que hace muy poco que nos conocemos pero lo que sucedió ayer ha hecho que me ilusione por tí - dijo Dave firme. No era bueno hablando y menos, expresando sus sentimientos con palabras. Para él, era mejor demostrar las cosas con hechos pero sabía que con las cosas con Blaine eran diferentes -. Me gustaría que nos conociéramos más durante estas semanas que quedan y no sé, tal vez... ¡Ni idea Blaine! ni siquiera sé si en realidad te gusto - cerró los ojos mortificado -.

— Pensé que te gustaba Sebastián o incluso Kurt - murmuró después de unos minutos en que tuvo que procesar la información -. Ya sabes, ambos tienen una personalidad muy similar y creí que ese era el tipo de chicos que te atraían.

— No te voy a mentir, ellos son el tipo de chicos que me gustan pero tú me gustas por otras miles de cosas. Para empezar, eres sumamente atractivo y ni siquiera lo notas; siempre quieres conocer más, te gusta todo lo que implique un reto o un misterio; tienes una imaginación desbordante con la cosa más simple del mundo; he llegado a hablar contigo y he acabado divirtiéndome más que nunca... y quisiera saber si podemos llegar a algo más que amigos - Dave cogió las dos manos de Blaine y se las llevó al pecho -. Puedes dudar, sé que lo nuestro no fue un gran inicio y menos cuando Sebastian y yo... pero no se compara con lo que tú despiertas en mí.

El director recorrió con los ojos el rostro de Dave hasta las manos a sabiendas de que estaba enrojecido hasta las orejas. Aparte, tamborileó los dedos por el firme pecho que la noche anterior tuvo la oportunidad de tocar y, finalmente, cerró los ojos e intentó que las palabras salieran de su boca. Si Dave había tenido el suficiente valor como para sincerarse, él podría hacer un intento sin morir en el intento.

— Bueno… - carraspeó para preparar su voz antes de continuar - no sabía que alguna de esas características mías como ser un adulto de 20 con personalidad de 12 años llegarían a ser atractivas para alguien; lo habitual es que sean un inconveniente pero gracias. Yo… - apartó una mano del pecho de Dave llevándola hasta su nuca - no es nada precipitado ni una decisión hecha por el calor del momento pero la verdad es que tu también me empezaste a gustar casi desde el primer día. No es que nos conozcamos desde hace mucho pero tú me entiendes, ¿no? - empezó a hablar más rápido, balbuceando por los nervios -. Digo, eres un hombre atractivo, inteligente y eres una persona cándida con un enorme corazón aunque no se note a simple vista, si solo se te conoce por parte de éste mundo - volvió a detener su monólogo y se tomó un tiempo para recuperar el aire y parte de su cordura -. Lo que intento decir es que tu también me gustas, Dave. De hecho, la mayor parte del tiempo, acabo de morros al suelo que es lo que hago cuando alguien me gusta de veras y eso... eso no viene al caso...

Anderson estaba abochornado, confundido y con deseos de que alguien lo detuviera antes de seguir diciendo más sin sentidos. Lo único que sabía a ciencia cierta era lo mucho que le gustaba Dave y que, si existía la más ínfima de las posibilidades, le gustaría intentar algo más serio con él. El gran oso era diferente a cualquiera de sus otras atracciones; era algo más fuerte, se sentía más serio pero al mismo tiempo, se asentaba de manera más apresurada. Por todo esto, Blaine estaba aterrado de lo arrollador que resultaba todo.

—... el caso es que no se si te fuera a seguir gustando si sales conmigo. Me explico: apesto con el romance, tiendo a olvidar muchas cosas, me distraigo fácilmente, puedo llegar a ser abrumador con todo lo que me apasiona y con lo que tengo que hacer, no se mentir y aún tengo una colección de historietas en mi casa...

—Sabes - interrumpió a Blaine -, podrías empezar por besarme en lugar de tener los morros pegados al el suelo, ¿no crees?

Anderson calló y le miró tímidamente. A continuación, se puso de puntillas para rodear el cuello de Karofsky con uno de sus brazos y, así, poder alcanzar sus labios. Dave, por su parte, envolvió los brazos por la cintura de Blaine y se dejó besar brevemente, con cierta timidez. Sin embargo, tenía demasiada urgencia en sentir a Blaine y el ímpetu hizo profundizar tanto el beso como el contacto de sus cuerpos. Ambos sintieron una agradable sensación, casi eléctrica, recorriendo sus miembros con apenas un roce; Blaine se sintió tan maravillado que no pudo resistir aguantar un gemido. Pensó si sería oportuno dejar de lado sus responsabilidades y pasar el día con él pero sabía que Azimio y Sebastian le reñirían. Se obligó a separar los labios de los de Blaine pero no su cuerpo.

— Hoy tengo un día terrible; no creo poder llegar a la hora de comer pero, ¿te gustaría salir esta noche? Podríamos ir a cualquier lugar que quieras.

— Westerville es tu zona así que estoy disponible para lo que quieras - a Blaine no le importó ni un ápice como tan mal interpretable se oían aquellas palabras -. ¿Qué tanta prisa tienes?

— Ummm, ¿qué es lo que tienes en mente? Podría llegar un poco tarde - Dave recolocó sus brazos para acercar más a Blaine -... soy el jefe, después de todo.

Dave cerró los ojos y le besó de nuevo. Lentamente, sus manos serpentearon por la espalda de Blaine hasta que una de las dos se quedara enzarzada en la cabellera rizada. La suavidad de los bucles en contraste con la fuerte espalda, formaron un ronroneo en la garganta y le mordió levemente el labio inferior; la lengua resbaló por este para poder oír los jadeos que Anderson. En breve sintió como la bruma del deseo se apoderaba de él y decidió que lo mejor era apartarse pues no quería asustarlo. Pese a los intentos del mafioso, Anderson acortó de nuevo la distancia entre los dos acercando las dos palmas hasta las mejillas. Abrió su boca y mordió con algo de fuerza el labio inferior, tal y como había sucedido con él apenas unos instantes, provocando un gemido ahogado que aprovechó para invadir su boca y dejar que entrambas lenguas disputaran una lucha territorial.

Se acababa de asegurar así, que Dave no se apartara lo cual aprovechó para acariciar los amplios hombros que tenía enfrente, bajando por los pectorales y envolviendo la cintura de Dave. Sin previo aviso estrujó las posaderas del gran jefe hasta que consideró apartarse lentamente. Eso solo hizo que el oso gruñera de sorpresa: después de todo, Anderson no era ningún ángel. Ya podía apestar en el romance que nadie podía negar la gran pasión que Blaine destilaba por los poros de la piel.

— Creo que con esto tengo para el resto del día - aseguró con un pequeño jadeo -…

— ¿En serio? - Dave tragó saliva y deslizó de nuevo sus manos hacia el trasero de Blaine con la intención estrujarle posesivamente las nalgas, tal y como él hizo - porque me podría quedar un poco más y...

—¡Dave! – Azimio hizo acto de presencia y Dave el rostro en el cuello de Blaine -. ¿Qué coño haces, tío? Que vamos a llegar tarde con... - Azimio se detuvo mirando a Blaine -. ¿Tú eres el pequeño?

—¡Azimio! - Dave levantó la cabeza para encarar a su amigo -.

— ¿Qué?

— Es que no...

— Si te has pasado toda la maldita mañana llamándole así… ¿ahora dirás que solo es un mote para la intimidad, o qué? - Dave abrió la boca avergonzado -.

— Blaine, este es mi mejor amigo, Azimio W. Adams – este le tendió la mano a Blaine -.

— Un placer - tomó la otra mano todavía avergonzado por haber sido descubiertos -. Blaine Frederick Anderson, actual víctima de un secuestro – bromeó -.

— ¿Víctima? Más bien creo que resultaste ser el cazador, pequeño. Tienes a Dave babeando por ti – el aludido cerró los ojos sin poder creer lo que Azimio estaba diciendo -. Es más, creo que si le pidieras ese famoso castillo mágico, es capaz de mandarlo hacer con lujo de detalles y con los maguitos ingleses dentro.

Los ojos de Blaine brillaron de emoción por la mención a Howarts pero prefirió no hacerle saber a Dave, lo mucho que le seducía la idea. Que no fuera que su amigo tuviera razón...

— En teoría, lo soy; junto a Kurt. Lo que me recuerda - se giró de repente mirando a Karofsky – que ya tengo en la cabeza el guión del video. Lo transcribiré y haré un reporte del estado artístico de la escena… la iluminación no será un gran problema si hay antorchas allá abajo; estaría genial, le daría dramatismo y realismo. Tal vez sólo necesite algo de maquillaje morado o negro para simular golpes y, la ropa que Kurt y yo llevábamos cuando nos capturaron, tendrían que estar roídas. Nuestra ausencia y la nota de rescate pueden servir de algo pero con este vídeo empezarán a tomaros en serio, a tener realmente miedo.

— Claro, pequeño; lo que necesites – contestó Dave más atento a Blaine que lo que este iba diciendo. Azimio rodó sus ojos de exasperación -.

— Creo que Trent y Richard pueden hacerse cargo de eso, no es necesario que Sebastian y tú aparezcáis en el video - Azimio sólo esperaba que su amigo no hiciera todo lo que mandara Anderson. Conocía bastante a Dave y sabía que era capaz de cualquier cosa por complacer a todo que querían los demás -. Tú deja que el gran director se encargue de todo.

- No es que fuera precisamente para ahora mismo pero ya hablaré con ellos – contestó el susodicho -.

— Bueno - el joven miró a Azimio de reojo -… yo me voy que creo que mi cabeza rodará si llegáis tarde - de un salto y a toda prisa, Blaine besó la mejilla de Dave y le saludó efusivamente antes de marchar -. ¡Adiós, Dave! ¡Un gusto, Azimio!

El muchacho de color vio cómo Anderson se había despedido y después cambió de foco de atención, esta vez hasta su amigo. Tenía una cara de imbécil que no se la quitaba nadie y se percibía las ganas de quedarse en casa para pasar el día con ese chiquillo. Az le dio un soberano golpe en el cogote para que espabilara.

— En serio, tío, no sé qué le ves - suspiró mientras que Karofsky intentaba calmar su erección -.

— No voy a explicártelo, hermano – contestó mientras agarraba la chaqueta y empezaron a andar -. Eres heterosexual, jamás me entenderías.


Aquí tienen el capítulo. ¿Habrá alguna persona leyéndolo aún?

Por cuestiones de tiempo no había podido dejar una nota final digna es este fic pero hoy se rompe la maldición. Tengo tiempo y muchas ganas de hablarles un poco de estas Historias de Lima.

Ustedes saben que esta historia no es mía, bueno, no del todo. Esta historia tiene el sello de mí quería da Name más que el mío y he aprendido mucho de su forma de escribir porque ella maneja algo que yo, hasta el momento, no puedo manejar muy bien: el drama. Aquí aún no lo ven, pero lo que sigue, la recta final de este fic está marcado por ello.

Hace unas semanas, cuando terminamos el fic, Name me preguntaba si yo hubiese hecho este fic un Kurtofsky. La respuesta honesta: Sí. Seguramente, si esta hubiese sido sólo mi historia habría terminado como un caliente Kurtofsky. Me he bordado dos personajes desde que empecé a escribir: Neville Longbottom y Dave Karofsky. Son personajes que disfruto en las historias y a los que me gusta darles un trato único; escribir con Name me hizo llegar a otros puntos con Dave, en ocasiones puede ser tan perfecto que da miedo por irreal pero para la recta final se darán cuenta que Dave es un simple ser humano.

Historias de Lima tiene un origen muy curioso porque empezamos con la idea de un cuarteto, ¿cómo íbamos a llegar a ello? Ni idea. Y entre escribir, llegó un Blainofsky (mi primer longfic de esa pareja) y un Kurbastian (nunca había leído nada de la pareja, es más, me daba lo mismo). Aquí llegamos, a una historia que empezó linda, muy linda, muy rosa, muy tierna y que termina muy dista.

Creo que eso me apasionó de la historia y esto es algo nuevo para mí, que agradezco mucho haber escrito con Name. Esta es una historia que empezó con problemas, con una maravillosa beta como Giselle que tuvo problemas personales, con otra gran beta, Suuita que se nos quedo sin computadora la semana pasada (por eso no publicamos). Tenemos pocos comentarios, tengo muy poco tiempo libre para responder los pocos comentarios. Sin embargo, a pesar de todo, Historias de Lima se mantiene como algo nuevo para mí.

Es una historia a la que le puse el título, copiado de una de mis películas favoritas: Historias de Filadelfia.

No les miento, tal vez no he aportado ni la mitad de ideas que Name pero si me he divertido mucho desarrollando esto y cautivándome con los giros finales.

Le agradezco mucho a Name por ello. A Suuita, que se puso la camiseta y empezó a corregir las locuras de las dos y también a Winter que sigue leyéndonos a pesar de lo mucho que la exploto.

Esperen más de lo que leen…

Un abrazote.