10. Diez mañanas en vela

Y así pasaron las mañanas en las que se suponía que Miroku dormía, mas que él utilizaba para leer, analizar y tratar de comprender las vivencias y sentimientos de esa muchacha. Imaginar que él era el "amigo" a quien le dirigía todas esas memorias, provocaba que se sintiera como un personaje significativo en esa vida tan contrastante.

"Hoy he accedido, tras muchas insistencias de una amiga, a ir con ella al cine"

"Sé que no debía, pero lo hice. Lo encontré por casualidad, así que llevé a casa a esa pequeña y solitaria criatura. ¿Cuánto durará mi felicidad?"

"Tsubaki, mi madrastra y seguramente líder de un aquelarre, ya no sabe por qué otra cosa reñirme. No me sorprende que un día se moleste porque esté respirando. No, estoy segura de que esa es la principal cosa que detesta de mí"

"La amiga de la que te hablé anteriormente me ha dicho que su padre podría ayudarme. Aprecio su preocupación, pero me encuentro insegura ¿Si voy me olvidaré de ti o preservaré mejor nuestras memorias? No sé, ¿qué es lo que harías tú?" era lo último que había leído.

"¿Que qué es lo que yo haría?" pronunció Miroku siguiendo con su papel ". Supongo que, si alguien pudiera ayudarme,… aceptaría" ¿Acaso él aún conservaba las esperanzas de salir de ese estilo de vida?

"Creo que, si estuvieras aquí, sonreirías y me dirás que lo intentara"

El Bonzo azul comenzó a sentir celos de aquél que podría dedicar una sonrisa sincera. Desde hacía varios años, él ya había perdido esa capacidad.


Listo, el último del día ¿Ya casi una semana? Vaya, qué rápido pasa el tiempo. Y, hablando de tiempo, mañana estarán listos otros dos drabbles y que, en esta ocasión, hablarán levemente sobre Miroku. ¡Nos vemos!