Disclaimer: Ni K Project ni sus personajes me pertenecen.
Beta: Akxmin.
Memoria 10
—Seri ¿quieres casarte conmigo?
—¿Qué? Disculpa, ¿a qué te refieres? —la rubia le soltó la mano, cuestionándolo con un tono sorprendido y confuso.
—Eres a la única que le puedo pedir esto, Seri.
—… Entiendo —dijo la chica con una sonrisa comprensiva en su rostro, tras haber soltado un pausado suspiro—. ¿Qué es lo que sucede?
Reisi dudó en hablar o no, pero al final la azul mirada persuasiva de la chica terminó por convencerlo.
—Yo, necesito salir de aquí.
—Entonces, ¿por qué no lo haces?
—No es tan fácil —dijo Reisi desviando un poco su rostro—. Mi padre está al pendiente de mis movimientos.
—¿A qué te refieres?
—Algo está pasando en el reino y mi padre está evitando que me entere de ello, por supuesto que mi tío ha de saber de qué se trata, pero está siendo muy cauteloso con esa información.
—¿Tendrá que ver con los problemas diplomáticos que tiene tu padre con el Rey Rojo?
—¿Cómo sabes eso?
—Tengo un amigo, él me contó acerca de cómo el Rey Rojo no quiso tener una junta con tu padre, tenía que ver con los nuevos impuestos a los campesinos. Y no es la primera vez que le niega o no se presenta a una audiencia.
—Si las cosas siguen así, probablemente terminen en una guerra civil —dijo con preocupación Reisi.
—Y es por eso que quieres salir, ¿no? —la chica se puso de pie—. ¿Qué es lo que estas planeando, Reisi Munakata?
—Necesito salir e investigar unas cosas, saber lo que realmente está pasando.
—¿Eso es todo? —preguntó con un tono de acusación—. No es una razón suficientemente buena como para que tú quieras montar todo este teatro, así que dime la verdad.
—Yo… yo quiero hablar con una persona y preguntarle qué me hubiera contestado en aquel entonces —lo último el de orbes violeta lo dijo más para él que para la chica, que escuchaba atenta cada palabra—. También me gustaría saber sus razones sobre ciertos asuntos.
—¿Y eso qué tiene que ver con que me comprometa contigo? —preguntó Seri.
—Si nos comprometemos, tendré el pretexto de ir a ver a tus padres para pedirles tu mano, entonces podré salir fácilmente de aquí e ir a investigar lo que necesito y cuando sepa la verdad yo…
—¿Regresaras?
—Sí.
—Y ¿te casaras conmigo?
—Si así tú lo quieres, yo lo hare.
Seri se quedó analizando todo lo que el chico de gafas le había dicho.
—No pretendo ofenderte con esto, sabes que te aprecio desde que éramos niños, por eso eres a la única que le podría pedir esto.
—Reisi, yo también te aprecio, pero no tengo esa clase de sentimiento como para poder seguir la locura de casarme contigo.
—Entiendo —dijo Reisi, un tanto desanimado—. Gracias de todas formas.
—Pero aun así te ayudare, al parecer es importante para ti.
—Lo es, es un asunto muy importante para mí, soy un heredero después de todo.
—Me refería a la persona por la que estás haciendo todo esto, debe ser importante.
Reisi sonrió.
—Lo es.
…
—Padre, tío —comenzó a hablar Reisi, mientras veía seriamente a las dos figuras frente a él, quienes se mostraban intrigados por lo que les quería decir el menor—. He pedido la mano de Seri Awashima para que sea mi esposa, por lo que espero que aprueben la decisión tomada.
—Eso es… —de repente el Monarca Azul se puso de pie, caminando hasta donde su hijo se encontraba—… Esplendido.
—Gracias, padre.
—Veo que por fin estás pensando en tu futuro, no es lo que hubiera esperado de ti, pero considerando las otras opciones creo que esto es lo mejor.
—Entonces, padre, pido tu permiso para poder partir dentro de tres días de aquí, con el fin de hablar con los padres de Seri sobre el asunto.
—¿Por qué no los invitas a venir? Les organizaremos una gran cena.
—Preferiría hacer las cosas como es debido e invitarlos personalmente, al fin de cuentas es un asunto de suma importancia.
—¿Cuánto tiempo de viaje es? —preguntó el Rey—. No debería de ser tan tardado dado que se encuentra en el territorio Azul, ¿no?
—Aproximadamente un día y medio, la mansión de los padres de Seri se encuentra pasando un camino de difícil acceso, por lo que tendré que ir a caballo.
El padre de Reisi soltó un pesado suspiro, mientras se masajeaba las sienes y tomaba asiento.
—Tienes mi permiso.
—Gracias, padre, no te defraudare.
—Eso espero. Y por cierto, a tu regreso nos iremos al Castillo Azul, tu tiempo aquí se ha terminado.
Reisi hizo una reverencia antes de retirarse del lugar, tenía muchas cosas que arreglar.
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Reisi.
Iba caminando por el pasillo que me conducía a mi —ahora— habitación, cuando de repente escucho unos pasos que pronto me dieron alcance, por lo que me veo obligado a darme la vuelta y enfrentarme con…
—Tío, ¿necesitas algo? —le pregunto amablemente.
—Reisi, ¿qué fue todo eso? —su respiración la notaba tensa.
—Lo que escuchaste, me casaré con Seri.
—¿Acaso piensas que creeré eso?
—Y ¿por qué no lo habrías de hacer?
—¿Quieres que lo diga? —me pregunta en ese tono inquisidor que tantos dolores de cabeza me ha dado—. ¡Maldición, si te conozco desde que naciste!
Hubo un silencio, donde sólo se escuchaba la agitada respiración del mayor.
—Desde que eras un niño que se apasionaba por los libros, y que corría por todo el jardín para atrapar mariposas.
—Tío, ya dejé de perseguir sueños felices, por favor, ya no quiero más de eso, ya no.
—Reisi…
Pero ya no me quedé para escuchar lo que mi tío tenía que decirme. No podía arriesgar el plan, no ahora.
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El suave viento mecía las hojas de los árboles, el sol apenas estaba saliendo, acariciando con sus cálidos rayos las flores blancas del lugar.
—Reisi… —llamó con preocupación la chica rubia, la cual veía como el heredero del Trono Azul preparaba su caballo, un hermoso ejemplar de blanco pelaje, que curiosamente había sido regalo del anterior Rey Rojo—. ¿Estarás bien?
—Iré a la zona donde viven tus padres, ¿recuerdas?
—Claro que lo recuerdo, sé que no iras directamente con ellos, pero que aun así el lugar a donde vas es muy seguro y tranquilo —guardó silencio aún con todas las dudas que tenía en su cabeza—. Pero…
—Estaré bien. Regresaré, lo prometo, aunque aún no sé cuándo.
La de blondo cabello bajó su rostro.
—Mientras, tendrás que ver lo del vestido de boda, quizás también lo de un velo, blanco, largo y vaporoso —bromeó.
—Entendido, seguiré el juego hasta tu regreso.
Reisi hizo una pequeña mueca de gratitud tras oír esas palabras, mueca que luego se borró al ver la seria mirada que le dirigía ahora la joven.
—No iras al castillo Rojo, ¿verdad?
Reisi paró en seco, dejando la montura sin amarrar, soltó un suspiro.
—Lo prometo, no iré al Castillo Rojo —le contestó, retomando lo que estaba haciendo—. Muchas gracias por todo.
La chica sonrió levemente, comprendiendo que podía estar tranquila, y cuando Reisi ya se había montado, le pasó la capa que hasta ese momento había sostenido entre sus manos.
—Llego el momento —indicó el de lentes para después conducir al caballo hasta la entrada del Pequeño Castillo Azul, tratando a la vez de no llamar la atención.
Por un instante, su mirada se dirigió hacia el torreón del centro, donde se encontraban los aposentos de su tío y donde probablemente se encontraba en ese momento descansando.
—Siento mucho haber tenido que mentirte —suspiró. Cuando tuviera la oportunidad le pediría disculpas a su viejo tío.
Llevó sus pálidas manos a la altura de su pecho, para poder abotonar el broche de plata de la obscura capa que ahora caía desde sus hombros, para después subir la capucha, ocultando de esa manera su cabello y dejando poco visible su rostro.
Tomó con firmeza las riendas y dio señal para que el galope comenzara, abriéndose paso entre los amplios campos de flores blancas que nacían a orilla del camino, y que recibían un baño dorado por los suaves rayos del sol matutino que emergía de entre el inalcanzable horizonte del mar azul.
A los pocos minutos, él y su caballo sólo eran un punto más que se perdía en el paisaje, o al menos eso era lo que veía Seri desde las escalinatas del castillo.
—¿Estará bien todo lo que estás haciendo?
Pero no pudo siquiera pensar en una respuesta, pues un guardia se le acercó.
—Disculpe, señorita, pero el señor desea hablar con usted.
—De acuerdo —contestó, viendo por última vez el camino por el que se había ido el chico de ojos violeta.
…
—Con su permiso.
—Adelante, adelante, niña linda.
—¿Cómo se siente? —preguntó amablemente la joven, mientras cerraba tras de sí la puerta de la recamara del mayor.
—No me puedo quejar, estos viejos huesos han soportado bastante, ya era justo que descansaran por un momento —el anciano clavó su nostálgica mirada en el gran ventanal que iluminaba su habitación antes de hablar—. Así que ya se fue…
—Sí —confirmó sin vacilar la joven, dejando después de su respuesta a la habitación sumida en silencio. Seri reaccionó después de un momento, recordando que tenía que tomar su papel y por ello se acercó rápidamente junto al enfermo.
—Pero regresará rápido de donde mis padres y, en cuando eso pase, nos casaremos, será una gran fiesta, habrá muchos invitados y…
El hombre colocó un dedo en sus labios, silenciándola de esta manera, luego le tomó las manos con cariño y la miró con ese rostro serio, pero a la vez con esos ojos llenos de compresión.
—Ya no es necesario que finjas.
—¿A qué se refiere? —ocultó su nerviosismo con fingida indignación.
—Al compromiso con mi sobrino —soltó calmadamente ante la mirada sorprendida de la mujer—. Oh, querida, claro que lo sé, y sé muy bien que el compromiso sólo es una mentirilla blanca, y que tú eres una muy buena amiga que ayudó sin hacer demasiadas preguntas.
—Pero…
—No te preocupes, llegará sano y salvo a su destino.
—Pero…
—¿Que cómo lo sé? —soltó una suave y cristalina risita a la vez que se incorporaba un poco en la cama—. Sólo era cuestión de tiempo para que esto pasara, y era de esperarse que un falso compromiso fuese la solución para burlar a su padre… me costó un poco de trabajo deducirlo, pero para ayer antes de dormirme ya tenía la respuesta.
—Él buscaba no preocuparlo, señor —defendió Seri—. No quería que usted tuviera problemas por si algo llegara a salir mal.
—Eso lo sé perfectamente, pero me tenía más preocupado que no hubiera intentado irse antes.
—Señor, ¿él…
—No te preocupes, sé que él va a estar bien.
Seri sonrió.
—Entonces si me disculpa, tengo que retirarme, Señor.
—Que tenga un buen desayuno señorita. Por cierto, me gustaría que pudieras darle una carta muy especial a tu amigo Rojo.
La chica se retiró de la habitación, dejando al hombre con una gran sonrisa. Volvió a mirar hacia al ventanal, por el cual se alcanzaba a apreciar el profundo y misterioso mar que era iluminado por el sol de la mañana. Después volteó su rostro sólo para encontrarse sobre su buró un libro de que se titulaba "Crónicas de un valiente corazón", y eso le sacó una risa, mientras tomaba el libro entre sus arrugadas manos, claro que no era el de su sobrino, pero aun así era una manera de tenerlo cerca.
—Como podría dudar que estás bien, Reisi, si vas a ir con la persona que amas.
