Hola bellezas, bueno disculpen que no les respondo los comentarios, pero es que no tengo internet en casa, vine donde mi mejor amiga para subir todos los capitulos al Doc Manager y a publicar este. Besos y muchas gracias por estar ahí siempre comentanto. Gracias en serio por tomarse un tiempo y dejarme sus palabras.
Capítulo 9
Hermione observó desde la pérgola cubierta de hoja de parra cómo los gemelos se lanzaban a la piscina bajo la vigilante mirada de Harry. Habían transcurrido ya más de seis semanas desde que llegaron a Wiltshire, y a los gemelos les encantaba su nueva vida. Adoraban a Harry. Hermione se vio forzada a admitir que era un buen padre, les dedicaba atención y tiempo, y lo más importante, les daba todo su amor.
Miró hacia la casa.
Minerva les llevaría pronto la comida. Un escalofrío de desesperación recorrió su cuerpo. Aquella mañana se había visto finalmente a enfrentarse a la posibilidad de que podría estar embarazada. El desayuno que era incapaz de tomar por la mañana, el cansancio que se apoderaba de ella todas las tardes, el ligero aumento de los senos... todo podría tener otra explicación, pero la ausencia del periodo se añadía ahora a todo lo demás.
¿Podría estar de verdad embarazada?
El corazón le dio un doloroso vuelco dentro del pecho. Harry había dicho que no debía haber más niños. Que debía tomar la píldora anticonceptiva. Y lo había hecho, sin saltarse ni una sola, pero los síntomas eran exactamente los mismos que había experimentado con los gemelos. Harry se enfadaría, se pondría furioso incluso, pero, ¿qué haría? Era su esposa, estaban casados, e iba a tener un hijo suyo.
Un hijo que Hermione ya sabía que no quería.
Sintió una náusea provocada por la ansiedad. ¿Se equivocaba al pensar que Minerva ya sospechaba algo? Minerva era un ángel, maravillosa con los niños, casi como una abuela para ellos. Después de todo, había ejercido de madre para Harry y sus hermanos. Parecía saber que Hermione se sentía cansada y mal, y se ocupaba de los gemelos por ella. Le daba palmadas cariñosas cuando se tumbaba alegando que la falta de energía y las náuseas se debían al cambio de clima. Harry estaba sacando a los gemelos de la piscina. Minerva había llegado con la comida. Hermione apartó a un lado la ansiedad con decisión.
Harry estaba acostumbrado a trabajar desde casa cuando lo necesitaba, pero desde que llevó a Hermione y a los niños a Wiltshire, había descubierto que prefería de hecho trabajar en casa. Así
podría estar con sus hijos, ¿y también con Hermione? Aquello no tenía sentido. Era una pregunta estúpida para lo que no tenía respuesta. Trató de concentrarse en la pantalla que tenía delante. Aquella tarde le estaba resultando difícil concentrarse en los correos electrónicos a los que debía responder. ¿Por qué estaba pensando en Hermione? Si así era, se debía a la conversación que había tenido con Minerva hacía un rato, cuando ella le comentó lo buena madre que era Hermione.
-Una buena madre y una buena esposa -fueron sus palabras exactas-. Eres un hombre afortunado.
Minerva tenía buen ojo para juzgar a las personas. Nunca le había gustado su madre, y los había protegido a todos de la ira de su abuelo cuando podía. Le había proporcionado a Harry el único amor femenino que había conocido jamás. Minerva era hogareña y leal, y aprobaba a Hermione, una mujer que tenía más cosas en común con su madre que con ella.
Harry frunció el ceño. Tal vez hubiera visto la parte interesada de Hermione, la que le recordaba a su madre, pero también la había visto con los gemelos, y se vio obligado a admitir que era una
madre protectora y amorosa, una madre que entregaba generosamente su amor a sus hijos... del mismo modo que se entregaba generosamente a él.
¿En qué estaba pensando? Sería un estúpido si empezaba a pensar eso. Pero, ¿quería creerlo? No, se dijo Harry. ¿Por qué iba a querer pensar que Hermione le entregara nada? Sólo un hombre débil o un estúpido se permitiría pensar algo así, y él no era ninguna de las dos cosas. Pero, ¿acaso el hecho de no poder dejar de pensar en ella no revelaba la peor de las debilidades masculinas? ¿No era cierto que aunque hubiera tratado de negárselo a sí mismo, no había sido capaz de olvidarla? Desde su primer encuentro, el recuerdo de Hermione se le había clavado en la mente como una espina enterrada que no podía quitarse con facilidad. El dolor se activaba cada vez que un movimiento involuntario hacía notar su presencia. La había utilizado para aliviar la furia que sentía tras la discusión con su abuelo, diciéndose que su comportamiento estaba justificado ya que ella también le había utilizado.
Harry escuchó en el interior de su cabeza los gritos de su abuelo, vio cómo golpeaba con el puño en el escritorio por la rabia de que Harry le desafiara. Harry se revolvió incómodo en la silla del ordenador. Ahora era demasiado tarde para recordar aquella discusión final con su abuelo y los acontecimientos que siguieron. Demasiado tarde. Porque el pasado estaba allí con él, invadiendo su presente y llenándolo de recuerdos poco gratos, y él estaba de regreso en la habitación de aquel hotel de Manchester mirando a Hermione, que estaba acurrucada contra él. El teléfono había empezado a sonar bajo la gris luz del alba. Ella protestó dormida cuando Harry se apartó, pero no se había despertado.
La llamada era de Minerva. Su angustia llegó hasta él a través de los kilómetros cuando le dijo que había encontrado a su abuelo tendido en el suelo de su despacho y que iba camino del hospital.
Harry se puso en marcha lo más rápidamente que pudo.
Despertó a Hermione y le dijo con brusquedad que se levantara de la cama, que saliera de la habitación y del hotel, utilizándola una vez más como un medio para paliar la mezcla de culpabilidad y furia que le había provocado la llamada de teléfono.
Recordó que Hermione se había mostrado asombrada, sin duda esperando algo más de él que unas pocas horas en la cama. Entonces se le llenaron los ojos de lágrimas y trató de abrazarse a él. Irritado al ver que no cumplía las reglas que él esperaba, Harry rebuscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó varios billetes de cincuenta libras. Su irritación aumentó cuando comenzó a hacer el papel de reina del drama, apartándose de él y sacudiendo la cabeza, mirándole como si hubiera golpeado a un gatito en lugar de ofrecer un generoso pago por sus servicios.
-Vístete -le dijo-, a menos que quieras que el personal del hotel te haga salir tal y como estás.
Sus palabras tuvieron el efecto deseado. Pero a pesar de todo, Harry la acompañó abajo y paró él mismo un taxi en la puerta del hotel. La subió y se quedó mirando para asegurarse de que se marchaba antes de arreglarlo todo para regresar a casa.
Resultó que su abuelo había muerto pocos minutos después de llegar al hospital debido a otro segundo ataque al corazón. Harry encontró en su despacho los documentos en los que sin duda estaba trabajando su abuelo cuando le dio el ataque, y vio que había una nota dirigida a los periódicos en la que aseguraba que Harry estaba a punto de anunciar su compromiso. La culpabilidad se le evaporó. La culpabilidad, pero no la ira. Y sin embargo, a pesar de todo, Harry le lloró.
Una prueba de la misma debilidad que ahora le estaba minando en relación a Hermione. El árbol que nace torcido nunca su rama endereza, decía el refrán. Tras la muerte de su abuelo, Harry había renovado la promesa que se hizo a sí mismo de mantenerse soltero. Cómo debía estar burlándose de él el destino en aquel momento.
Volvió a centrarse en el ordenador, pero no sirvió de nada. Una vez abierta la puerta de los recuerdos de aquella fatídica noche con Hermione no podía cerrarse. La habitación del hotel, con su mobiliario oscuro, estaba en sombras y en silencio. Las pesadas cortinas amortiguaban el sonido del tráfico exterior, y al mismo tiempo enfatizaba la vacilante respiración de Hermione, eran pequeñas y superficiales respiraciones que elevaban sus senos hacia la camiseta escotada. La luz de la lamparita de la mesa enfatizaba la prominencia de sus pezones. Cuando ella vio que Harry los estaba mirando, levantó las manos hacia los senos como si tratara de protegerlos de su mirada. Harry recordaba que aquel sencillo gesto había intensificado su furia ante la negativa de Hermione a reconocer qué andaba buscando. Le enfureció del mismo modo que lo había hecho su abuelo. La terrible discusión que había tenido con su abuelo poco antes aquel mismo día todavía estaba reciente en su cabeza. Las dos furias se habían unido, doblando la intensidad de su ira, provocando en él el salvaje y abrumador deseo de poseerla.
Se había acercado a ella y la había estrechado entre sus brazos. El cuerpo de Hermione tembló ligeramente. Harry vaciló entonces y trató de controlar la salvaje furia que había en su interior. ¿O sólo quería pensar que lo había hecho? La imagen que tenía de sí mismo era la de un hombre fuera de control, incapaz de detener la fuerza de sus emociones. Si lo viera en otro se habría sentido asqueado. Pero Hermione, recordó, se había acercado más a él en lugar de apartarse, y fue entonces cuando le quitó la camiseta y el sujetador, dejando sus senos al aire. Sus acciones fueron instintivas, nacidas más de la rabia que del deseo, pero la visión de su desnudez, sus senos tan perfectos, habían convertido aquella rabia en un deseo igual de intenso, el deseo de acariciarlos y tocarlos. Ambos contuvieron la respiración, como si compartieran los mismos pensamientos y el mismo deseo, y la tensión de aquel deseo hubiera acaparado hasta el aire que los rodeaba.
Entonces Hermione emitió un pequeño sonido gutural, y como si hubiera sido una señal para sus sentidos, su autocontrol se vino abajo. La había estrechado entre sus brazos sin que hicieran falta palabras mientras la besaba y la sentía temblar entre sus brazos. Hermione había mantenido los labios cenados a propósito sin duda para atormentarle. Pero aquél era un juego al que podían jugar los dos, así que en lugar de obligarla a abrirlos, los atormentó a su vez con besos suaves y deliberados hasta que Hermione le rodeó el cuello con las manos y le acarició el pelo, gimiendo en protesta contra su boca.
Harry cerró los ojos y volvió a abrirlos mientras recordaba la oleada de triunfo viril que se había apoderado de él entonces y la pasión que conllevó. Era una sensación que no había experimentado nunca antes de Hermione ni volvió a sentir después de ella. Sin duda tenía su origen en la ira que sentía hacia su abuelo y en nada más. Desde luego no sería por el efecto que sólo ella podía provocar en sus sentidos. El mero hecho de pensar en ello bastó para que se revolviera incómodo en la silla. No le permitiría nunca a ninguna mujer tener aquel poder sobre él.
¿Sería porque temía lo que pudiera ser de él si se permitiera desear a una mujer con tanta intensidad? Decidió que era preferible volver a sus recuerdos antes que continuar con aquella línea de pensamiento. Mientras se besaban, había sentido los senos desnudos de Hermione apretados contra él. Había deslizado las manos entre sus cuerpos, apartándola ligeramente de sí para poder agarrárselos. Al recordar ahora aquel momento experimentó un eco de la sensación de su propio deseo recorriéndole el cuerpo con una fuerza incontenible.
No le había bastado con recorrer con la lengua sus pezones duros y sentirlos temblar bajo su contacto. No le había bastado con nada hasta que se los introdujo en la boca, alentando su creciente respuesta con un delicado mordisco.
Había escuchado a Hermione gemir y la sintió estremecerse. Le deslizó rápidamente las manos por debajo de la falda hacia sus sorprendentemente sencillas braguitas blancas y le acarició la suave piel de las nalgas. Excitado y tenso por la ferocidad de su deseo nacido de la ira, la llevó a la cama, hundiéndose en la suavidad de su boca pintada mientras se quitaba la ropa. Le alentaba el calor de la frustración contra su abuelo y no le importaba la joven cuyo cuerpo se movía debajo de él. Sólo le interesaba saber que encontraría el alivio en su interior.
Hermione le había rodeado con sus brazos mientras él la besaba, hundiéndole el rostro en el hombro cuando estuvo desnudo, fingiendo ser demasiado tímida para mirarle, y mucho más para tocarle. Pero Harry no estaba interesado en jugar. Hermione no era más que un medio para conseguir un fin. Y en cuanto a que ella le tocara... Los músculos de Harry se pusieron tensos al
recordar con exactitud lo que el contacto íntimo de Hermione había precipitado. Su cuerpo no estaba de humor para esperar ni necesitaba más estímulo ni más excitación. Aquello era algo que habría considerado incluso imposible la noche anterior.
Ninguna situación le había conducido jamás a un grado de excitación tan intenso.
¿Ninguna situación o ninguna otra mujer?
Harry trató de bloquear aquella pregunta no deseada. Su subconsciente no tenía por qué sugerir algo tan innecesario. No quería seguir hurgando en el pasado. Pero aunque se acercó más a la pantalla del ordenador y abrió sus correos electrónicos, no pudo concentrarse en ellos. Su mente se negaba a cooperar e insistía en regresar a sus recuerdos. Surgieron más imágenes antiguas de Hermione, que se negaban a ser ignoradas. Estaba de vuelta en aquella habitación de hotel de Manchester. Harry cerró los ojos y se rindió. Bajo la tenue luz, el cuerpo de Hermione era blanco
como el alabastro. Su piel no tenía mácula y su cuerpo era delicadamente femenino. La luz de la lamparita había arrojado una sombra procedente del suave montículo que cubrían sus braguitas y que él se apresuró a quitarle.
Hermione le había mirado a los ojos y luego había apartado la vista. El color iba y venía de su rostro mientras observaba su cuerpo y luego desviaba la mirada.
-Eres muy grande -le soltó antes de apartar a toda prisa la vista de su erección.
¿De verdad pensaba que era tan estúpido y vanidoso como para tragarse semejante truco? En caso de que así fuera, Harry se aseguró de dejarlo bien claro abriéndole las piernas con la mano.
-Pero no más grande que cualquier otro, estoy seguro.
Ella había dicho algo, unas cuantas palabras ahogadas, pero Harry no estaba escuchando. Se encontraba demasiado ocupado explorando la humedad de su sexo, deslizando los dedos en su interior hasta que llegó al pulso de su clítoris. Para aquel entonces Hermione había empezado a moverse contra su contacto y a gemir suavemente al mismo tiempo en un crescendo de excitación.
Harry se había dicho a sí mismo que su supuesta excitación sería sin duda en parte fingida, pero inesperadamente, su cuerpo había respondido como si fuera real. Había acelerado su propio deseo, así que reemplazó los dedos por una deliberada embestida de su sexo. Hermione se puso tensa entonces y lo miró con unos ojos muy abiertos que se llenaron de lágrimas cuando la embistió con más fuerza, urgido por la seductora estrechez de sus músculos mientras se agarraba a él como si quisiera retenerlo y poseerlo. Su resistencia le había incitado a hundirse más y más profundamente sólo por el placer de sentir su sexo de terciopelo. Había llegado rápida y ardorosamente.
Su falta de control le pilló por sorpresa mientras el cuerpo de Hermione se apretaba más contra el suyo. Harry hizo un esfuerzo por volver a centrarse en el presente. Se vio forzado a admitir que lo que había sucedido con Hermione no había sido un interludio en su vida ni un aspecto de sí mismo que hablara bien de él. De hecho, parte de la razón por la que había decidido enterrar aquellos recuerdos en un principio fue por su sensación de disgusto. Si juzgaba duramente a Hermione por su papel durante su encuentro, entonces debía juzgarse más duramente a sí mismo. Sobre todo ahora que conocía las consecuencias de aquellos segundos de arrebatada sensualidad masculina fuera de control. Se dijo a sí mismo que el hecho de que sus hijos hubieran sido concebidos así era la causa de que ahora estuviera sintiendo remordimientos. Se merecían haber empezado su vida de otra manera.
¿Era aquello lo que le estaba reconcomiendo por dentro? ¿El remordimiento por que sus hijos hubieran sido concebidos con tanto descuido, con tanta ira? ¿O había algo más? ¿Lamentaba no haberse tomado más tiempo para...? ¿Para qué? ¿Para llegar a conocer mejor a la madre de sus hijos o para pensar en las consecuencias de sus actos? ¿Porque se sentía en el fondo culpable del modo en que había tratado a Hermione? Después de todo, entonces sólo tenían diecisiete años.
Aunque entonces él no lo sabía, se defendió. ¿Y si lo hubiera sabido...? Harry se puso de pie y comenzó a caminar por la oficina, deteniéndose bruscamente al recordar cómo Hermione había ido al baño en el instante en que él la soltó. Harry se puso de lado, ignorando su ausencia, aunque era muy consciente de lo mal que se había comportado para lo que era habitual en él. Pero aunque había querido escapar de la realidad de la situación y de la propia Hermione, no había sido capaz de dejar de escuchar el sonido del agua de la ducha cayendo y luego deteniéndose.
Fue consciente, aunque no quisiera, de cuando ella regresó a la cama, la piel fría y ligeramente húmeda cuando se apretó contra su espalda temblando ligeramente. Harry ya no tenía necesidad de ninguna intimidad con ella. Le había servido para su propósito, y prefería dormir solo. Y sin embargo, por alguna razón, a pesar de todo se había dado la vuelta y la había estrechado entre sus brazos, sintiendo cómo su cuerpo se ponía tenso y luego se relajaba en su abrazo.
Hermione se quedó dormida con la cabeza apoyada en su pecho, protestando con un murmullo cada vez que él trataba de apartarla, así que tuvo que pasar la noche con ella acurrucada en sus brazos. ¿Y no era cierto que Hermione había cambiado algo en él durante aquellas horas de la noche? Había dejado su huella en su cuerpo y en sus sentidos, y de vez en cuando, en los años posteriores, se había despertado de un profundo sueño esperando encontrarla en sus brazos y había sentido como si una parte de él no estuviera completa porque ella no estaba. ¿Cuánto tiempo había tardado en reconocerlo, fingiendo que desde que regresó a Wiltshire su sueño no se había visto ni una sola vez alterado por aquella dolorosa ausencia?
Harry se acercó impaciente a la ventana y la abrió para respirar el aire fresco en un intento de despejarse la cabeza. ¿Qué había provocado todo ello? Sin duda no se trataría del comentario de Minerva diciendo que consideraba a Hermione una buena madre. Una buena madre y una buena esposa, se recordó. Su teléfono móvil empezó a sonar. Lo agarró y frunció el ceño cuando vio el nombre de su hermana en la pantalla.
-Harry, hace casi una semana que regresamos de América. ¿Cuándo vas a traer a Hermione a Atenas para que la conozcamos?
A Lily le gustaba hablar, y transcurrieron varios minutos antes de que Harry pudiera poner fin a la llamada tras haber accedido a llevar a Hermione con él a Atenas para que su hermana la conociera. De todas formas tenía que ir por asuntos de trabajo.
