Caminando hacia atrás
Quien abrió la puerta del departamento fue Iván y encontró a la mayoría de sus vecinos asomados, mirando a los uniformados en la entrada de la morada de Cristina.
Ella salió al recibimiento un par de segundos después, aún cansada y abatida por los acontecimientos recién ocurridos, pero de inmediato, al ver a la comunidad reunida, sintió cierto calor en sus puños al darse cuenta de que, si escucharon y se levantaron de sus camas para ver a la policía, fácilmente podrían haber hecho lo mismo para ayudarla.
Pero ya no había caso, decidió simplemente dejar entrar a la fuerza pública y cerrar la puerta.
El atacante aún yacía en la cama y, considerando la versión de Cristina, fue llevado de inmediato al hospital para monitorear el estado de su corazón. La historia comenzó de la misma forma que la original: el hombre entró a la casa y atacó a la chica y a su hijo, la joven se defendió, pero no logró demasiado avance. Entonces, cuando ya parecía que Cristina sería abusada sexualmente sin misericordia, el agresor comenzó a sentirse mal y cayó a la cama. Iván llamó a la policía y a la ambulancia, ya que creyeron que sufría de algún ataque cardíaco y no sabían qué hacer al respecto.
Obviamente la chica no mencionó a Mewtwo, quien había salido de la casa y ahora se mantenía levitando a un lado de la ventana mientras los oficiales se retiraban. Estaba con los ojos cerrados para no llegar a marearse otra vez y caer en picada.
La sirena del vehículo de emergencia médica se alejó rápidamente y, más tarde, la patrulla de la policía, en donde viajaban Cristina e Iván, ya que también estaban heridos y necesitaban cuidados, aunque en menor medida que el atacante. Muy pronto todo regresó al silencio natural de la noche.
Entonces, aprovechando que ya no había un ser humano en casa, el pokémon entró y se sentó un momento en el sofá, cansado por la actividad reciente y, ligeramente enojado porque la chica había gritado en lugar de agradecer con cortesía.
"Humanos", fue su elocuente comentario.
…..
Cuando la policía llegó a casa de Cristina, el reloj marcaba las 02:35 de la madrugada y, cuando la joven y su hijo regresaron del hospital, ya eran las 03:54.
Iván caminaba con los ojos cansados, ya que se había quedado dormido en el vehículo de los uniformados y quería por fin acostarse en su cama. La joven, sin embargo, luego de entrar, le dijo que debía esperar ya que quería cambiar las sábanas de ambos lechos y limpiar un poco el piso de los pedazos de la lámpara usada en su defensa. Pero antes de dirigirse a la habitación, se detuvo en el sofá. Mewtwo se había quedado profundamente dormido.
La chica sólo se sonrió un poco, luego hizo lo prometido, acomodó a su hijo, ahora vestido con un pijama limpio y lo dejó dormir tranquilo, ya que habían sido demasiadas emociones para un niño de siete años. Luego, con lentitud, caminó hacia la sala y se inclinó sobre el pokémon. Se sonrió otra vez al verlo tan incómodo, así que de inmediato lo despertó.
Mewtwo, regresa al mundo- le susurró. Él, al sentirla, se sentó casi automáticamente, sin saber dónde estaba-. Tranquilo, soy yo.
Oh…
Ve a dormir a la cama, vas a terminar con la columna retorcida.
Estoy bien- se puso de pie-. He dormido en peores lugares.
Uf, no hay caso contigo, eres la persona más terca que he conocido en mi vida.
¿Persona?- preguntó él al notarlo.
¿Eh?
Me llamaste "persona".
Oh, lo siento, pero es que… bueno, ya te lo dije, sólo basta cerrar los ojos y creo que estoy hablando con un ser humano.
Ya veo.
Pero bueno, ve a dormir a la cama, ya cambié las sábanas y barrí el piso, así que…
Gracias.
La joven aseguró la puerta y la ventana, apagó la luz y se dirigió al baño a cambiarse la ropa, ya que, obviamente, no quería dormir con su pijama roto y sucio.
Al quitarse el chaleco, pudo ver la venda en su hombro y el pequeño parche en su rostro en el espejo. Se sintió mal, abatida, sucia y cansada. Si no hubiese llegado Mewtwo, esas heridas no serían las únicas y, tal vez, ya no importarían. Él tenía razón, fácilmente pudo haber sido asesinada… y sentía que la deuda con el pokémon se estaba tornando impagable.
Suspiró, se vistió y se dirigió a la cama, ya que estaba agotada y quería dormir abrazada con todas sus fuerzas a su hijo. Al llegar, vio a Mewtwo sentado en el colchón, sin cubrirse con la sábana ni preparándose para dormir.
Ya es tarde- le dijo ella-. Acuéstate, yo también quiero dormir.
…
O quieres regresar a… ¿Dónde estás viviendo ahora?
Todavía estoy en el centro pokémon- dijo él-, me escapé para venir.
¿Todavía? Pero yo creí que sanarías más rápido.
Al parecer no.
Eso era lo que ella quería. Verlo ahí, sentado en su cama, con el cuerpo cansado, con ese deseo fingido de querer partir, pero, en el fondo, sintiendo todo lo contrario. Ese terco pokémon que le salvó la vida y que le dio cierta alegría al venir y preocuparse… por ella. Porque si no lo hubiese hecho, si no hubiese llegado, la historia de esa madrugada sería muy distinta. Sin Mewtwo, ella no estaría de pie a un lado de la puerta, viendo al pokémon sentado mirando al piso y a su hijo dormir apaciblemente ahora. Sin él, esta historia no podría ser contada.
Gracias Mewtwo- le dijo suavemente-. Gracias por regresar.
No hay de qué.
Siento que no existe nada en este mundo que pueda pagar lo que hiciste por mí.
Tú me salvaste la vida antes, yo sólo estoy regresándote el favor.
Pero aun así. Viniste a pesar de que aún estás enfermo, es decir, si aún estabas en el centro pokémon, significa que no te estás recuperando.
Bueno, ahora ya estoy mejor. No importa, pronto seré libre otra vez.
Cristina entonces caminó un poco y se sentó a un lado del pokémon. Él la miró, pero la chica se mantenía con la cabeza gacha y las manos juntas en sus piernas.
Mewtwo, estuviste a punto de matar a ese hombre.
…
Eso está mal.
Ya me lo dijiste.
Sí, pero, por eso creo que piensas que no te he agradecido como corresponde.
…
Te grité, te dije que no quería que nadie asesinara por mí y… siento que nunca voy a poder pagarte.
No importa, está bien.
Pero…
No. Cuando ustedes partieron hacia el hospital, me quedé aquí. Pensé en eso precisamente. Creí que no me habías agradecido con sinceridad el que yo hubiese venido desde el centro pokémon a tu casa para ayudarte. Me gritaste y, obviamente, eso no me agradó para nada, pero…sí, tenías razón, yo estaba yendo a un punto errado de esta trama. Simplemente pude dejarlo inconsciente y esperar a la policía, pero…
…
El hecho de que ese humano estuviese atacando a los únicos seres que se han preocupado por mí de esta manera… me dejó con la mente y el corazón llenos de odio. No soporté la idea de que el único puente que me permitía no ser un monstruo, fuese destruido.
Pero tú no eres un monstruo, Mewtwo. ¿Quién te dijo eso?
No importa. Estabas nerviosa, asustada, triste. Soportabas demasiadas emociones juntas y eso justifica tu proceder. Y si bien me enfadé porque no me agradeciste como debías, o como yo consideraba que es correcto, ahora que lo pienso, sí lo hiciste, porque a pesar de que estabas desequilibrada emocionalmente, te preocupaste de que yo no terminara convirtiéndome en una bestia sedienta de sangre y de venganza. Alguien como ese despreciable humano.
…
Y es por eso que yo debería agradecerte aún más.
Ella entonces lo miró y, sin poder contenerse, se lanzó a sus brazos y lloró. Mewtwo no se movió, pero no correspondió al acto de afecto de la humana, quien, aferrada a él, sólo dejó escapar todo eso que estaba carcomiéndola por dentro. Se sentía tan sola, tan abandonada en el mundo, como si fuese una pequeña balsa en medio de la tempestad del océano. La vida no parecía contenta con todo lo que sucedía con la muchacha. Todos los días soportaba más y más embates. Sus vecinos no la dejaban en paz, debía mantener una casa sola, debía velar por su hijo sin ayuda, debía abrazarlo y calmarlo cuando éste llegaba a casa llorando porque otros niños se burlaban de la ausencia de su padre. Tenía 22 años y sentía que la vida se le iba y que ya no tenía más camino que ser la sombra de lo que soñó alguna vez.
El pokémon sólo se quedó quieto, escuchando el lamento de la humana. No la alentó, no la abrazó, no le dijo que todo estaría bien a pesar de no estar seguro si eso efectivamente iba a ser así.
La dejó llorar, abrazada a él pero sin apoyarla. No lo hizo por odiarla ni detestarla, no, lo hizo sólo para que ella entendiera que él no iba a ser el pilar que la mantendría en pie. Él partiría lejos y no podría socorrerla siempre.
"A pesar de que me lo esté pidiendo a gritos" se dijo, porque entendía el llanto de la chica, porque sabía que lo que ella necesitaba era ser feliz, quería dejar sus lágrimas atrás, quería ver que, al final del camino, había esperanza, había algo más.
Pero él no se lo daría, no de esta manera.
Con lentitud la joven dejó su lamento y se incorporó un poco, sólo para mirar al pokémon.
Gracias- le dijo con una leve sonrisa-. Sé que no te gusta que te toquen y dejaste que yo te abrazara.
La situación lo amerita. Puedo hacer excepciones en algún momento.
Eres muy amable- y se enjuagó las lágrimas, luego Mewtwo se acostó, la chica apagó la luz y se acomodó con Iván.
Se quedaron un tiempo en silencio, escuchando la nada de la noche, sintiendo la oscuridad de la vida.
Buenas noches- dijo Cristina.
Buenas noches- le susurró Mewtwo.
Descansa.
Los minutos pasaron y, poco a poco, la humana sucumbió al sueño, pero el pokémon no lo hizo así. Se volteó hacia ella y se concentró.
Sentía que debía ayudarla de todas maneras. Ella estaba tan sola como él, se sentía tan abandonada a la vida como él, creía que el mundo simplemente no estaba de acuerdo con su existencia…como él.
Entonces se concentró y entró en el universo onírico de la muchacha. Lo primero que vio, fue que soñaba. En su inconsciente se presentaba una mezcla bizarra de lo que había sucedido con el atacante y lo que podría haber ocurrido en caso de que el pokémon no se hubiese presentado. Entonces él, sabiendo que la chica no estaría tranquila durante mucho tiempo, simplemente manipuló su sueño, convirtiendo todo en un viaje en autobús en busca de un televisor. Algo bastante tonto, pensó Mewtwo, así que la dejó sola en el medio de transporte y de dedicó a recorrer otros recovecos de su mente.
Con lentitud comenzó a avanzar por sus recuerdos, desde los más recientes a los anteriores a éstos. Vio al hombre que la había agredido, se vio a sí mismo usando su ataque y se sintió avergonzado al respecto. Continúo para terminar con esa fase. Llegó a la noche en que se conocieron, al penoso viaje hacia el departamento y los días de reposo. Días tranquilos y agradables, se dijo.
Prosiguió hacia atrás, a las compras en el supermercado, la jornada laboral, las tareas y trabajos de Iván. Pronto descubrió que la vida de la chica era prácticamente sólo rutina. Trabajaba, se preocupaba de su hijo, hacía compras, soportaba a sus vecinos, discutía con ellos. Nada ni nadie más. Absolutamente nadie más, en su vida sólo era Iván.
Buscó más y más atrás. Cristina se veía más joven, o al menos un poco. El niño era notablemente menor, pero su vida se mantenía igual, la misma rutina, los mismos sentimientos.
Retrocedió y encontró lo mismo, más atrás y lo mismo. La vida de la muchacha era nada. Ella no vivía, era las necesidades de su hijo, era la respuesta en su trabajo, era un número más en un sistema de pago. Cristina no parecía tener estima por sí misma, se sentía nada, la miseria encarnada.
Mewtwo miró el cabello de la dormida joven, ya que estaba acomodada con su hijo y pensó en que, sin el niño, sin esa única razón, tal vez ella ya no estaría en este mundo. Cristina no tenía absolutamente nada.
Pero continúo retrocediendo, más y más, hasta que, finalmente, descubrió a un chico, quien seguramente, era el padre de Iván. El pequeño tenía unos dos años y la muchacha se veía más feliz en ese entonces, comenzando a vivir como una madre a los diecisiete años.
Por fin se veía tranquila junto a alguien más. El chico era tal vez un poco mayor, pero la trataba muy bien y con alegría. Pero entonces, se preguntó el clon, ¿Por qué ya no estaban juntos?
Avanzó un poco y comenzó a notar cambios en la historia. El padre de Iván ya no era tan amable, criticaba a la chica por los gastos del niño y los de ella. Le recriminaba el hecho de tener un hijo siendo ellos tan jóvenes, acusándola de no haber tomado las medidas correspondientes a la hora de mantener intimidad. Entonces, poco a poco, Cristina fue sintiéndose mal, creía que ya no tenía nada más y de verdad pensaba que la responsabilidad de todo era suya, por su culpa la ruina había caído en su mundo. Si el chico la dejaba, entonces se sentiría vacía y perdida.
Mewtwo recapituló y se dio cuenta de que, a pesar de todo, la joven aún recordaba a su amante con cariño y, descubrió que, luego de él, ella no había dejado que nadie más entrara en su vida debido al miedo de que le partieran el corazón. Ese chico, tal parecía, representó demasiado en su existir.
Y sin embargo, fácilmente aceptó al pokémon. Tal vez, al igual que él, padecían la misma falta de afecto o aprecio que Iván estaba imposibilitado de darle al ser todavía muy niño para entender los caminos de vida. Ambos tenían un uso de razón que, por conveniencia, se negaba a escuchar al corazón.
Un par de enfermos del alma.
El padre de Iván, ese chico al que tanto quiso, es mismo joven que un día simplemente desapareció para divertirse con sus amigos y conseguir a una nueva compañera de una noche.
Destrozada, Cristina tomó sus cosas y partió lejos. Quiso regresar con sus padres, a casa, a su verdadera casa, mas no se atrevió. Cuando se enteró de que estaba embaraza y lo comunicó a su familia, la cólera de su padre llegó al cielo, razón por la cual la chica dejó su hogar y se instaló con su novio. Ahora no lo tenía a él, estaba sola.
Fue en ese momento cuando terminó de estudiar y comenzó a trabajar, arrendó con dificultad su actual departamento y comenzó su vida…sola.
Mewtwo regresó al mundo, salió del trance y dejó que sus propios pensamientos volvieran a fluir. Luego miró a la dormida Cristina, quien seguramente continuaba en su aventura con el televisor y pensó que, tal vez, la vida no había sido tan cruel con él después de todo. Se la quedó viendo por mucho tiempo, pero pasado un rato, se levantó y caminó hacia la sala. Al llegar a la ventana miró hacia atrás y, cerciorándose de que ninguno de los humanos estaba despierto, salió del departamento.
