¡Hola!
Niños, vengo a invitarles oficialmente a ingresar al Grupo: *-Miraculous-Fanfictions-* en Facebook y al evento: #LaNavidadSinNavidad.
Tendremos lindos premios y estará chido el reto jajaja.
Bueno, TTBTM, Juego de Reinas y Meant To Be estarán pausadas un poco mientras que avanzo hasta cierto punto de esta historia.
Ésta será la "Semana de #DiarioDeUnaEsposaTrofeo", así que la meta es subir un capítulo diario, empezando hoy y culminando el sábado.
Veremos si puedo cumplirlo jajaja
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Cómo siempre, disfruten la lectura...
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DIARIO DE UNA ESPOSA TROFEO
CAPÍTULO X:
Celos.
Han pasado dos semanas desde que recibí la revista de chismes dónde pude ver lo bien que Chleo se estaba pasando las navidades en Sidney. Estaba enojada, frustrada. Me sentí realmente horrible. Me sentí timada, estafada, no lo sé. Un sentimiento horrible se metió en mi pecho en ese momento. Solo quería hacerlo pagar de alguna manera, porque él estaba allá revolcandose con esa modelo descerebrada, y, ni siquiera había tenido la caballerosidad de decirme de frente que nuestro compromiso se iba a suspender. Es que ni sé por qué diablos me sorprendo.
Despúes de todo, es Chleo...
Sin embargo, ocurrió algo inesperado. Todo comenzó ésta mañana mientras me alistaba para ir a la universidad.
Bueno, el mismo día en que me enteré de lo que Chleo había hecho estaba tan enojada, que guardé en una maleta las cosas que creí más necesarias y me vine a casa de mi padre.
La Sra. Andrea me pidió que no lo hiciera, que le permitiera hablar con Chleo y conocer la razón por la que decían todo lo que decían en esa revista, que le diera la oportunidad de explicarse, que seguramente se trataba de un malentendido, pero yo no quería saber nada de él.
Tenía mucho miedo de lo que pudiera pasar con mi madre, pero, la Sra. Andrea me dijo que no detendría su tratamiento ni nada por el estilo, creo que ella estaba incluso más enojada con Chleo que yo. Pero era su madre y siempre le dejaba hacer lo que le venía en gana. Así que, solo sería otra victoria para ese idiota.
Pero volviendo a lo que ocurrió luego... Una semana después de llegar a casa de mi padre, Chleo regresó a Francia, y, ha estado intentando hablar conmigo, pero he hecho lo posible e imposible por evitarlo. No quiero solo estar cerca de alguien como él. Me siento realmente idiota en estos momentos.
La cosa es que, Adrianne vino a buscarme en casa de mi padre. Tenía algo muy importante de lo cual hablarme. A pesar de que imaginé que solo querría hablarme de Chleo y que vendría muy seguramente en su defensa, le permití entrar.
—¡Nathalie! –Exclamó al nomás verme, con esa brillante sonrisa de siempre en su rostro.
—Hola... —me tomó del brazo y me llevó a mi habitación. He de admitir que ni le pregunté de qué quería hablarme. Ella solo comenzó a hablar.
—Tengo una propuesta para tí. Hace un tiempo mi madre me dijo que quería hacer un evento diferente. Algo que sobresaliera e hiciera que más de uno grabara en su mente el nombre de la marca Gabriela Agreste. Y, Marion, tuvo la idea perfecta.
—¿Ah sí? ¿Qué idea?
—Pues, básicamente, queremos que tú modeles.
—Pero, yo no soy modelo, Adrianne. Yo no...
—No te preocupes, será algo súper fácil y yo te enseñaré cualquier cosa que te preocupe, además, no lo harás sola, Chleo también va a modelar. Aún no le digo, pero sé que no se negará.
—Oh... Adrianne... Yo no quiero hacerlo —le dije. En realidad, me emocionaba la idea, pero no pensaba participar en una sesión de fotos con Chleo, de hecho, no quería verlo.
—¿Qué, por qué? Es decir, esto será muy divertido, participar juntos en una sesión y sé que a los medios le fascinará que participen de esta revista, después de todo, son como la pareja del momento o algo así.
—Bueno, en realidad... Chleo y yo hemos terminado.
—¡¿Qué?! Quiero decir, ¿cuándo, por qué? No tenía idea.
—Bueno, en realidad fue Chleo quien terminó conmigo, y ni siquiera me lo dijo, tuve que descubrirlo por terceros.
—No entiendo... Te juro que no entiendo de qué estás hablando. Cuando le pregunté a Chleo por tí esta mañana, ya que no respondías mis llamadas, me dijo que estabas en casa de tu padre y no me dijo nada sobre una ruptura.
—Eso es porque a él no le importa ni un poco. —me levanté y tomé de un cajón oculto el "maravilloso" regalo que recibí aquella navidad—. Mira, no te ha dicho nada porque no le importa, ya que claro, está super ocupado y entretenido, seguro hasta lo olvido. Ya ni debe recordar quién soy.
—¿Ellianna? —Parecía sorprendida—. Esto ha de ser una total mentira, ¿se lo has mostrado a Chleo?
—La verdad, no... Pero debe ser verdad, solo mira la revista y todo y...
—No. Es que, conozco a Ellianna, hace años. Esto debe ser mentira, es decir, Ellianna es amiga nuestra desde hace un par de años, pero, esto... ¿le has preguntado a Chleo? ¿Lo hablaste con él?
—Yo...
—No puede ser, tienes que hablar con él. Te aseguro que esto es un malentendido.
Adrianne me contó el pasado de Chleo y Ellianna y cómo habían salido juntos durante casi un año. Me explicó sobre cómo Chleo nunca había hecho oficial su relación y cómo ella se había ido del país enojada con él. Pero, eso no es lo más importante.
Adrianne estaba con ellos en esa fiesta. Ella no quería ir, pero, era una ocasión para promocionar la nueva línea de moda que Gabriella y Marion iban a lanzar en conjunto. Así que básicamente estaba ahí para aprovechar su influencia.
Ella había invitado a Chleo, sabiendo que estaría en la ciudad, porque no quería ir sola y estando ahí, Ellianna había llegado. Estuvieron hablando, tomando y compartiendo, pero Chleo había tomado de más y bueno... Ella dice que las fotos fueron sacadas de contexto.
Yo no sé que pensar. Pero, cumpliré lo que le prometí a Adrianne. Así que mañana, temprano, voy a recibir a Chleo en casa y hablaremos.
—¿Sr. Bourgeois? —La enfermera entró y él bajó el libro.
—¿Sí?
—Está en recuperación, ¿quién le ha traído ese libro? Debe descansar.
—Lo siento, ha venido en mi equipaje. Solo, me levanté y lo tomé.
—Sr. Bourgeois. No hemos dejado ingresar a amigos, ni familiares a la habitación porque debemos estar seguro de que se encuentra en perfecto estado de salud. Así que no puede levantarse de su cama y buscar entre sus cosas. Eso no está bien.
—Bueno, ya lo hice —se encogió de brazos y le extendió el libro—. Por favor, guarde esto con usted. No deje que mi esposa lo vea, y, le aseguro que, cuando se lo pida de regreso, voy a recompensarla con un año entero de su salario en un solo cheque, ¿de acuerdo?
—Lo guardaré, no por lo que pueda pagar, sino para que descanse. Por cierto. Cuando las personas pasan por problemas como el suyo, les preguntamos si hay algo en particular que quieran evitar para que no vuelva a suceder lo mismo. ¿Alguien o algo en particular que no quiera ver, Sr. Bourgeois?
—Si puedo decidir, entonces, no quiero ver a nadie en un par de horas. Necesito un poco de tranquilidad. Solo, si es posible, quisiera ver a mi hija.
—Veré que puedo hacer, Sr. Descanse, por favor.
—Gracias. —respondió antes de centrar su mirada en el techo blanco de aquella habitación.
Los recuerdos habían comenzado a fluir en su mente cómo si solo hubiesen pasado un par de horas. Solo minutos, segundos. Leer aquello le había hecho recordar ese día en que por primera vez se sentía tan desesperado después de años.
La mañana era fría, y, estaba de pie frente a la casa de los Kurtzberg. Respiró profundo y tocó el timbre. Pasaron algunos segundos y escuchó la perilla.
—Hola. —Saludó Nathalie de pie en la puerta.
—Buenos días —respondió dando un paso al frente para entrar.
—Espera. No te he dicho que puedes pasar, —le miró con intriga y ella se cruzó de brazos frente a la puerta—. ¿Querías explicarte? Adelante, hazlo. Pero no significa que te perdone, o que todo esté aclarado.
—¿Qué te hace pensar que me voy a quedar acá afuera cómo un idiota? —la sujetó de la cintura, levantandola—. A mí, tú, no me negarás la entrada.
—¿Qué haces? Bájame, —pidió, aunque en todo momento fue ignorada—. Chleo, hablo en serio. Déjame.
—Cállate —la soltó—. Escucha, yo no he hecho nada, ¿ok? Todo es un maldito mal entendido. Ahora, busca tus cosas. Vamos al hotel.
—¿Disculpa?
—Date prisa, la limo espera y.
—No iré.
—¿Disculpa?
—No iré, Chleo. —Él le iba a interrumpir, pero no se lo permitió—. ¿Para esto querías verme? ¿Solo para decirme que fue un mal entendido y ya?
—Es la verdad y es lo que he dicho.
—Vete de mi casa, por favor.
—No pienso irme hasta que recojas tus cosas para volver, aunque no necesitas llevar nada. Podemos pasar por el mall y comprar lo que te haga falta —le tomó la mano y comenzó a tirar de ella.
—No, —sacudió su muñeca, soltándose del agarre—. No pienso ir contigo. Eres un...
—¿Un qué?
—¡Un idiota! ¿Se supone que diga; "ok" y regrese contigo? ¿Tengo que aceptar que es un error solo porque tú lo dices y ya? ¿Así sin más? ¿Sin una explicación, sin una disculpa?
—¿Por qué debería disculparme?, fuiste tú quien se ha creído lo que esa revista amarillista y sensacionalista ha publicado.
—¿Entonces es mí culpa? ¿Acaso yo llamé a tú amiguita, la modelucha esa y le pedí enviarme la revista para pelear contigo?
—No he dicho eso, pero ya te he dicho que se trata de un malentendido y me quieres seguir echando la culpa. Yo no te envié nada y yo no publiqué nada, ningún artículo, yo solo estaba en ese lugar, acompañando a dos buenas amigas y algún idiota decidió tomar una foto desde un ángulo extraño. ¿Debo disculparme por eso?
—¡No!
—¡¿Entonces por qué me sigues culpando?!
—¡No te estoy culpando!
—¡Pero me estás exigiendo que debo disculparme!
—¡Eso no...!
—¡No es mi culpa que tomaran esa maldita foto!
—¡Entiendo que eso no es tú culpa, no soy idiota y Adrianne me explicó todo! —Tomó la nota de la mesa, dónde la había dejado y se la entregó, golpeándole el pecho suavemente—. ¡Pero habías prometido venir! —sus ojos comenzaron a humedecer—. ¡Estuve esperando meses para verte!
—¡Podías ir a Sidney y ya!
—¡No! ¡No se trata de si podía ir o no! —Bajó la cara al sentir las lágrimas que buscaban caída en sus mejillas—. Solo... Yo solo...
—¿Qué?
—Quería creer que te importaba al menos un poco —se dió la vuelta, buscando ocultar su rostro—. Pero preferiste quedarte con Adrianne y esa tal Ellianna, que venir a Francia a verme.
—Ya entiendo... —se acercó desde atrás y la rodeó con sus brazos—. Estás celosa de ellas.
—¡Yo no...!
—Escucha... —apoyó la barbilla en el hombro ajeno, acercando sus labios al oído derecho de Nathalie—. No voy a pedirte disculpas por haberme quedado y no venir, y no lo haré, no por qué no lo lamente, no lo haré porque no me arrepiento de haberme quedado. Tenía pendientes que quería adelantar y algunos negocios que quería que empezaran a caminar. Escucha, sabía que no podría venir, pero no te avisé porque quería darte una sorpresa.
—¿De qué hablas? —Preguntó enfocando su mirada en los brazos sobre su pecho y barriga.
—Tengo en casa la sorpresa. Solo ven conmigo y te aseguro que te va a gustar.
—No quiero una sorpresa, no quiero dinero, ni regalos, ni vestidos, ni joyas. No quiero nada de eso.
—No es nada de eso. Te lo aseguro.
—No te creo. Tú, cada vez que haces algo mal, solo me envías algo costoso y quieres qué con eso olvide todo.
—No negaré que es algo costoso, pero, te aseguro que es diferente ésta vez. Solo, vayamos a casa y lo verás.
—Sueltame, no pienso ir. A ti no te importa, así que es mejor, ¿no crees?
—Claro que me importa. ¿Crees que si no me importaras estuviera aquí? —Le apretó con más fuerza—. No me hagas decir algo como esto, por favor...
—¿Co... Cómo qué...? —Sus mejillas se coloreaban mientras los brazos le presionaba más.
—Yo... —había notado que Nathalie no traía su anillo de compromiso—. Quiero casarme contigo —se quitó el anillo de plata que traía siempre en su dedo chico y le tomó la mano, soltándole, posando el anillo en su dedo.
—Chleo...
—Esta vez, lo digo yo, no la familia Bourgeois, no mi madre o tu padre. Yo, Chleo Bourgeois, quiero casarme contigo, Nathalie Kurtzberg.
Ella ni dijo nada y él se mordió los labios. La sintió removerse entre sus brazos y la dejó libre. Le miraba, pero no le decía nada. Solo le miraba, sujetando el anillo de Chleo entre sus dedos.
—Entiendo... Será mejor que me vaya, mientras me quede algo de dignidad.
—Espera... Chleo yo... —estaba de pie frente a ella, mirándola fijamente—. Yo...
—¿Tú qué? Si quieres decir algo, solo hazlo. Esto es demasiado...
—Te amo.
—¿Tú, qué...?
—Yo... Tal vez me arrepienta después, tal vez, en algún momento hagas que me sienta idiota por decirte esto, pero, tenía que decirlo. Chleo, yo creo que estoy enamorada de ti, y... —los labios de Chleo sobre los suyos le impidieron continuar hablando.
—Nathalie... —le abrazó con fuerza—. No sabes cuántos años he esperado escucharte decir eso.
—¿Años...? —Chleo ignoró su pregunta.
—Escucha, te prometeré algo. Aún cuando sé que no confías en mí. Pero, te juro, Nathalie, que una vez que seas mi esposa, yo jamás, jamás voy a tocar a otra mujer. No necesito hacerlo, tú eres todo lo que yo quiero y he querido en mi vida. Desde siempre. Desde que... —guardó silencio y le abrazó con más fuerza—. No quiero a nadie más que a tí a mí lado.
Nathalie sintió su pecho arder. Sentía tantas cosas, muchas más de las que podía entender, y nuevamente aquel sentimiento de nostalgia invadía su cuerpo. Las ganas de llorar se apretaban en su garganta y el dolor que sentía en su cabeza cada vez que la repentina necesidad de recordar su pasado aparecía.
—Te amo, Nathalie.
—Chleo... —lr abrazó, afirmándose con fuerza de sus hombros.
—Nathalie, por favor, volvamos a casa.
Para ese instante, ya lo había perdonado.
Al final, nunca hubo nada que perdonar.
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*-Continuará...-*
Gracias por leer y por sus reviews...
Besos~~ FanFicMatica :*
