Diclaimer: Full metal Alchemist no me pertenece ni ninguno de sus personajes, sino a Hiromu Arakawa (mi idola, por cierto ¡!)

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que todo les vaya bien. Bueno como prometí, aquí está el decimo, siento haber vuelto a tardar tanto pero los estudios no dan mucho tiempo, tuve que estudiar para un súper examen de biología y hacer un montón de trabajos, pero eso no importa, sino que por fin he vuelto jeje.

Y ahora gracias a todos los que se han tomado el tiempo para leer mi historia y un especial agradecimiento a la gente que se ha tomado la molestia de dejar reviews. Muchísimas gracias a:

xLalaCleaox, (hola! Me alegra que te gustara, yo también amo esta época del año, y como ya estamos cerca de las fiestas, pues me decidí a hacer un capitulo con motivo navideño y algo gracioso jeje, como el regalo de Grumman, hasta yo me reí escribiéndolo, pero no sé de dónde me saqué eso jaja, y si supongo que a partir de ahora eso de encontrarse en el baño, será algo cotidiano para ellos XD y también las escenas tiernas jeje espero que te siga gustando!)

laura-eli89, (hola! Sii el principio fue bastante tierno, pero quería aprovechar que en el ultimo se habían quedado durmiendo juntitos jeje, me alegro de que te gustara el capitulo!)

Dark-san86, (hola! Jaja sii yo también quiero que crezcan prontito, pero por ahora se van a quedar peques jeje, y si pobre Roy, pero me hace gracia verlo sufrir así, pero a la larga eso será mejor para Riza xD, el "espíritu navideño" de Riza me hizo gracia hasta a mi jaja, y bueno ya se verá lo de Grumman mas adelante, gracias por comentar!)

Kristall Blauw, (hola! Me alegro de que te gustara, jaja si ya sé que en FMA no hay navidad o al menos eso parece, pero si te soy sincera no había pensado poner un capitulo navideño ni nada, pero no sé cómo estamos en estas fiestas… me imagine a una Riza pequeña emocionada con los regalos y de ahí salió la idea jeje, entonces lo dejaremos como un especial navideño? xDD)

Aleye, (hola! Jaja si creo que Riza se pasó un poquito ¬¬, pero me pareció gracioso ponerle esa faceta tan infantil, con lo de la ilusión por los regalos y las compras navideñas y todo eso jeje, y coincido en que el principio fue bastante tierno, espero que te siga gustando!)

Rukia Kurosaki-Chan, (hola! Jeje me alegra que le hayas cogido cariño al fic, supongo que es porque como son mas peques tiene más momentos tiernos =), la escena en el baño la pensé porque en un capitulo anterior había pasado lo mismo pero a la inversa, así que decidí que Roy tuviera una revancha, aunque no le salió muy bien jeje y respecto a Berthold, yo también le cogí cariño pero ya se irá viendo como cambiará, bueno espero que este también te guste!)

fandita-eromena, (hola! Jeje si Riza aprovechó muy bien las navidades y así se fue de compras jaja XD, el carácter de su padre es por ahora el de un "buen padre", pero ya se verá cómo cambia… y claro como no Grumman y sus regalitos jaja, me alegro de que te gustara!)

DUCKAN, (hola! Me alegro de que te siga gustando mi historia jeje, sí que me encanta poner a Roy en apuros, pero es gracioso imaginármelo intentando convencer a Riza de que el no lee ese tipo de cosas jeje, espero que este también te guste!)

Juna Gemini, (hola! Me alegro de que te gustara jeje, sii Grumman es un viejo algo pervertido, pero sacó su parte tierna regalándole el libro a riza jeje, espero que te siga gustando!)

Y también gracias a lulufma, Pureheart01, yimelxHagarenElric, Bulma Buttowski, wendy98, Edwin29, Eddy, Mafalda Black y melinda1209, bueno eso era todo y sin más el decimo capítulo!

El día que te conocí


X

Un hueco entre las estrellas


Calor, recordar el calor de esa persona, cuando estaba entre sus brazos, cuando le sonreía, la abrazaba, le cantaba cuentos antes de arroparla… Esa sensación que ya nunca iba a volver, pasara lo que pasara, hiciera lo que hiciera, pero aun así podía recordar aquel tacto tan cálido, tan familiar, como si fuera en ese mismo instante cuando su madre la abrazaba, la acariciaba. Era lo único que le quedaba de ella, su calidez o al menos el recuerdo de esta. En esos momentos, podía contentarse mirando al cielo, ya que solo entonces esa sensación volvía, así que cada vez que oscurecía y se acostaba en la cama, miraba por su ventana al cielo nocturno, a las estrellas, recordando las últimas palabras que su madre le dijo:

- Recuerda siempre Riza, que allí donde vaya te guardaré junto a mí un hueco entre las estrellas…

Entre las estrellas, allí la esperaba su madre, justo allí le guardaba un sitio para que cuando llegara el momento pudiera abrazarla y así volver a sentir su calor. Y aunque supiera que era imposible el que alguna de los millones de estrellas que coronaban el cielo nocturno fuera su madre, le gustaba creerlo así, era una manera para no olvidarse nunca de ella…

Lo podía oír perfectamente, mientras recitaba una y otra vez todo aquello que su padre le pedía, a la vez que realizaba toda clase de ejercicios físicos, uno a uno y apenas sin quejarse. Así era el de todas formas, un obstinado. Quería aprender alquimia y convertirse en alguien capaz de proteger a los demás con solamente sus manos, y para seguir ese camino debía esforzarse mucho, y así lo estaba haciendo, sabía que ahora más que nunca Roy no se iba a dar por vencido, y por más duro que le resultara aquello no abandonaría. No, eso era algo que había dejado claro mucho tiempo atrás, de hecho lo supo desde el mismo día que lo vio entrar en su casa, con la mirada decidida y completamente seguro y determinado a convertirse en el alumno de su padre por difícil que le resultara convencerlo. Y muy a pesar de la dura prueba que le impuso, la cual Roy pasó con todos los meritos y algo de barro inclusive.

Sostuvo entre sus manos firmemente la bandeja, mientras que con la otra asía el pomo de la puerta que daba al estudio donde se encontraban ambos hombres. Esperó paciente a que Roy terminara con su última serie, y cuando lo oyó bufar y estirarse en el suelo quejándose de lo muy cansado que estaba, abrió.

El moreno giró su cabeza hacia la puerta ahora abierta, observando a Riza allí de pie y con una bandeja en la mano en la que traía dos vasos con zumo, para ellos. Nada más verla entrar se levantó como si no estuviera nada cansado y le sonrió a la vez que tomaba la bandeja de las manos de la niña y la posicionaba sobre la mesa.

Ella dejó que la cogiera, de todas formas si hacia fuerza para evitar que lo hiciera, sería muy posible que el contenido del vaso se vertiera sobre esta e incluso quizás al suelo. Se cruzó de brazos, seria. - Podía yo sola, Roy.

El sonrió arrogantemente a la vez que bebía el zumo. – Era mi deber.

Suspiró y cerró los ojos, negando calmamente con su cabeza, el era incorregible. – No veo como algo así, sea tu deber. – Lo reprendió.

- Lo era, además. – Respondió algo molesto y torciendo el gesto. – Solo trataba de ayudarte.

- Ya te dije que podía yo sola. – El bufó y apuró el contenido del vaso.

Hawkeye por su parte los miraba entretenido, Roy era ante todo caballeroso y más si se trataba de ayudar a Riza, en lo que fuera (menos en hacer la comida, Roy era tan pésimo como el mismo Hawkeye), pero la niña siempre se mantenía reacia a recibirla, aun cuando el salía ganando la mayoría de las veces. Riza era bastante independiente y sabia valerse perfectamente por sí misma, en parte por la dejadez de él para con los deberes de la casa y demases.

Ella era la que desde que tenía memoria se encargaba de cuidarlo y más ahora con su enfermedad, y cuando Riza había sido capaz de realizar todas las tareas por ella misma, el se había confinado definitivamente a su despacho y dejado a ella el resto del trabajo. Era bastante egoísta por su parte, debía reconocer, pero debía terminar su investigación ya que el tiempo que le quedaba no restaba de ser demasiado, y ya eran muchos años en pos de esta. Así que había decidido que costara lo que le costara, debía completarla, y cuando lo hiciera quizás…

Observó al muchacho de cabello azabache discutiendo con su hija sobre lo terca que era y lo demasiado sobreprotector que era él para con ella, sonrió. Si, quizás Roy sabría como usarlo, pero para entonces aún quedaba mucho tiempo, y su investigación seguía incompleta.

El moreno bufó por última vez y se dirigió a él, tratando de ignorar a Riza. - ¿Con que sigo, señor Hawkeye?

El alquimista se le quedó mirando unos instantes, mientras tomaba su vaso de zumo y lo bebía lentamente, saboreando el jugo de naranja que Riza les había preparado. Como cada mañana y con mucho esmero por su parte.

- Descansa un poco, de todas formas ya casi es la hora de comer.

Roy objetó claramente en desacuerdo con el mayor. – Entonces póngame a hacer más ejercicios.

El rubio soltó una carcajada, aun tras haberse peleado con Riza, si bien era por una tontería, Roy seguía tratando de impresionarla, o al menos hacerse valer delante de ella. Y lo mejor era que ni el mismo muchacho parecía darse cuenta de ello.

- Aun estas creciendo, no es bueno que te fuerces mucho.

El chico bufó indignado y se sentó en una de las sillas para terminar de beber el poco zumo que le quedaba. Después de que Roy soltara el vaso, Riza lo cogió rápidamente y salió de igual manera de la habitación, cerrando la puerta con un poco más de fuerza de lo habitual y mascullando algo como, "ese cabeza hueca nunca crecerá".

Se estiró lo más que pudo en la silla y cerró los ojos. Cielos, si que era terca esa chica! El solo trataba de ayudarla y ella le venía con el cuento de que era muy sobreprotector y demasiado caballeroso. De todas formas el no pensaba cambiar, Madame lo había educado bien y el tratar a las mujeres con respeto era algo que él aprendió ya siendo bastante pequeño. Pero quizás, y solo quizás Riza tuviera algo de razón. Desde que había pasado el aniversario de la muerte de su madre, semanas atrás, el se había preocupado mucho mas por ella y la trataba como si fuera una muñeca que en cualquier momento se iba a romper. Y debía ser aquello lo que molestaba a la rubia chiquilla, el que la tratasen como si fuera una cría, cuando en realidad ella era la más responsable y eficaz de los tres.

- Sabe, su hija es demasiado terca.

El hombre se lo quedó mirando, no esperaba que su aprendiz le dijera algo así, aunque Berthold ya conocía de sobra el carácter de su hija, y sabia además que era en parte culpa suya. Roy seguía enfurruñado, con los brazos cruzados y las piernas estiradas sobre la silla. En la expresión, una mueca de fastidio. Hawkeye sonrió.

- Lo es, supongo que eso lo sacó de mí. – Se levantó de su asiento, como si acabara de recordar algo y seguidamente caminó con paso calmo hacia un lugar de la habitación, un estante tan recubierto de libros como los demás.

El alquimista empezó a quitar algunos de los tomos que allí había, de forma calma y sin ninguna prisa, el chico lo observaba sin entender muy bien todavía lo que estaba haciendo su maestro, pero no dijo nada, ni tampoco descruzó los brazos. Poco después el hombre sacó de entre los libros un pequeño paquetito, algo cubierto de polvo y bastante viejo al parecer.

Bufó para eliminar la capa de polvo sobre la cajita envuelta, la dejó sobre la mesa junto a los demás libros y después volvió a su tarea de dejarlos todos en el exacto lugar en el que se encontraban, uno a uno, totalmente calmo. Curioso el azabache se acercó para ver que era aquel extraño objeto que el maestro había sacado, la observó con recelo, era una cajita pequeña y estaba algo sucia. Pero era indudablemente un regalo. Roy giró el rostro contrariado para enfrentar al de su maestro.

- Hoy es su cumpleaños. – Dijo el ojiazul sin siquiera mirar a Roy, por su parte seguía acomodando los libros que había sacado.

El chico lo miró sorprendido y después a la cajita. El por supuesto no tenía ni idea de cuando era el cumpleaños de Riza, ni si ya había pasado ni si lo celebraba siquiera, porque al parecer en aquella casa las celebraciones no eran algo usual. De hecho, Riza le había dicho que desde que murió su madre no habían vuelto a celebrar la navidad (ni ninguna festividad más), y de todos modos nunca lo habían hecho como hacia unas semanas atrás para él.

- No lo sabía…

- ¿Cómo lo ibas a saber? – Hawkeye volteó a verlo, expresión calma en el rostro y una pequeña y apenas imperceptible sonrisa. – Hace años que no lo celebra, pero me pareció correcto hacerlo ahora.

- Ya veo… - Seguía mirando el extraño objeto con algo de curiosidad. - ¿Qué es?

Sonrió. – Claramente chico, el regalo de Riza.

Roy frunció el entrecejo, claro que sabía que ese regalo seria para la joven. – Solo preguntaba por el contenido.

El rubio mayor, cogió el objeto entre sus manos y lo miró detenidamente. – Es algo que perteneció a Elisabeth, me pidió que se lo diera a Riza cuando fuera más mayor, pero he pensado que estaría bien dárselo ahora… – Suspiró.

Roy no dijo nada más, asintió y salió de allí seguido por su maestro, quien se apresuró a guardar el pequeño objeto en uno de los bolsillos de su pantalón. La muchacha, se encontraba esperándolos con todo ya preparado, mientras leía un libro. Al parecer le habrían encargado leerlo durante las vacaciones en la escuela. El chico se sentó en la silla enfrentando la de ella, y a un lado tomó asiento Hawkeye, el azabache no sabía cómo empezar, si bien quería felicitar a Riza y así conseguir que lo perdonara por la tonta discusión de hacia un rato, no se atrevía a hacerlo.

Le resultaba tonto, e incluso vergonzoso para alguien como él, ya que siempre había sabido cómo hablar con las mujeres. Todas las que trabajaban en el bar de su tía lo decían, y también lo guapo que era para su temprana edad, el trato familiar que había tenido desde siempre para con ellas, le había llevado a conocer si bien, no perfectamente, muchas de las cosas que les gustaban a las mujeres y también lo que no se debía hacer. Pero Riza Hawkeye era diferente a toda chica que hubiera conocido, cualquiera hubiera estado más que agradecida por qué un chico, y más alguien apuesto como él le prestara atención o quisiera ayudarla. Y sin embargo ella, se negaba a aceptar sus ofrecimientos, y le discutía su comportamiento. Era por tanto, una situación a la que jamás se había enfrentado, pero estaba dispuesto a afrontar el reto y conseguir un gracias sincero, de parte de Riza. Si, estaba más que dispuesto.

- Emm yo… - Dijo tratando de captar la atención de la muchacha, que había cerrado el libro y empezado a comer, Riza por su parte lo ignoró y se llevó la cucharada a la boca. – Feliz cumpleaños.

Ella no pareció inmutarse, dejó el tenedor vacio en el plato y lo miró a los ojos. Roy tragó saliva duramente, esa era otra, cuando su mirada chocaba con la rojiza de ella… sinceramente se perdía y le era muy difícil volver a encontrar el norte o la consciencia.

Pero para sorpresa de él, la rubia lo miró algo agradecida, e incluso con un ligero tinte carmesí en las mejillas. – Gracias.

No podía haber sido tan fácil, no lo creía, ese era el gracias sincero que había estado buscando y ¿con dos simples palabras lo había conseguido?

- Err, Roy te importaría cerrar la boca, estamos comiendo. – Dijo divertida de ver que nuevamente había dejado al discípulo de su padre sin palabras.

El chico sacudió la cabeza, algo aturdido. – Ya, de nada.

Hawkeye por su parte, los miraba a ambos en silencio, divertido con la situación. Sabía perfectamente el efecto que producía su hija en Roy, él era el subyugado y aunque a veces no lo pareciera Riza era siempre la que ganaba.

No se dijeron nada mas en lo que restó de comida. El moreno no apartó la mirada ni por un segundo del plato, así que Riza optó por hacer lo mismo y el alquimista se resignó a que durante aquella comida al menos, no habría más conversación. Poco después de terminar, los tres se levantaron de la mesa y la niña se dispuso a recoger los platos y limpiarlos. Hawkeye tanteó en su bolsillo el objeto, lo rodó entre sus manos, indeciso de cuando era el mejor momento para dárselo, pero decidió que si no se lo daba ahora, posiblemente se le olvidaría después. Así que lo asió firme entre sus dedos y lo sacó del bolsillo, depositándolo suavemente sobre la mesa.

Riza se volteó a ver qué era lo que había provocado el pequeño ruido sobre la mesa y de forma rápida sus ojos se posaron sobre el pequeño objeto envuelto. El alquimista lo acercó a ella arrastrándolo sobre la mesa con el dedo pulgar, la joven por su parte lo miró sorprendida, su padre no le regalaba nada por el cumpleaños, de hecho, no lo había vuelto a hacer desde que su madre murió hacia ya siete años atrás.

El hombre le sonrió tenuemente. – Es para ti, feliz cumpleaños.

Roy no sabía qué hacer ni que decir en aquel momento, nuevamente se sentía un intruso interrumpiendo la intimidad de ambos, quedarse allí entre esa escena sin decir nada no era correcto, pero marcharse lo sería menos todavía. Así que decidió permanecer estático, mientras observaba como la joven rubia con ojos llenos de curiosidad y cierta emoción abría el paquete.

Era una pequeña cajita, un joyero. – Ábrelo. – Le instruyó Hawkeye.

Ella obedeció y abrió con sumo cuidado la cajita. Los ojos de Riza se abrieron sorprendidos, al igual que su boca, pero a sabiendas de cómo era ella, supo disimular perfectamente su sorpresa, a veces resultaba completamente hermética.

- Era de tu madre, me pidió que te lo diera cuando fueras adulta, pero yo creo que ya es hora de que lo tengas.

La joven lo miró agradecida, podía expresar en sus ojos toda la emoción que sentía en ese instante, si bien su rostro no lo hacía del todo. – Gracias, es precioso.

Riza sacó del pequeño joyero un colgante, parecía ser de plata y se conservaba brillante. Al fin Roy pudo ver cuál era el regalo que su maestro le había dado a su hija, en verdad era hermoso, la cadena estaba compuesta por varios eslabones redondeados y entrelazados entre sí, y justo en el centro había una pequeña chapita circular, con algunos relieves y un brillante rubí a un extremo. Y al muchacho le pareció que los ojos de ella, desprendían el mismo brillo rojizo que aquel pequeño diamante.

Hawkeye asintió ante el agradecimiento de su hija y se despidió de ellos, anunciando que se iba a su estudio, con un "me alegro que te guste". Después de que el hombre abandonara la estancia, ambos se quedaron mirándose, sin saber muy bien que decir exactamente.

- ¿Quieres… quieres que te lo ponga? – Le preguntó el algo sonrojado, en verdad le costaba soportar la intensa mirada de la muchachita sobre él. Ella por su parte asintió como única respuesta.

Roy tomó el colgante entre sus manos, y se colocó detrás de ella. Riza se recogió el cabello con ambas manos, apartándolo a uno de los lados de su cabeza, para facilitar a Roy el ponérselo. No lo entendía, las manos le temblaban ligeramente y no tenía razones para ello, nada había cambiado realmente entre ellos, entonces… ¿Por qué se sentía tan diferente?

Pasó el collar por delante y luego se dispuso a abrocharlo correctamente, el broche era en si algo pequeño, por lo que le costó un poco. Sus dedos rozando suave, casi inocentemente la piel del cuello de ella, haciéndole sentir pequeñas descargas que se extendían por todo su cuerpo, quizás lo hacía a propósito o simplemente por la cercanía de su cuerpo con el de ella, la respiración de el algo más agitada de lo normal en su nuca. Finalmente consiguió pasar el broche y dejó caer el collar sobre el blanco cuello de la rubia, y justo cuando él lo hizo Riza se soltó el cabello y lo acomodó nuevamente sobre sus hombros, ocultando a la vista de él su cuello, su piel.

- Ya tienes doce. – Lo oyó susurrar, detrás de ella, Roy no se había movido ni un ápice de donde estaba, así que la distancia entre ambos seguía siendo escasa, si bien el permanecía detrás de ella.

Riza se limitó a asentir y se volteó para mirarle a los ojos. – Así es, ¿Qué hay con eso?

El azabache por su parte, removió la cabeza como aturdido. – No es nada. – Volvió a susurrar y se dirigió al fregadero para empezar a limpiar los platos.

La rubia se acercó a él suspirando resignada. – Ese es mi trabajo, Roy.

El no volteó, sino que siguió con el trabajo. – Deja que te ayude.

La muchacha se dispuso a reprocharle que el único deber de él era el de aprender alquimia, y no el de ir cada dos por tres detrás suyo por ver si ella necesitaba ayuda en cualquier cosa. Pero el tono apagado del chico y la inusual rigidez en sus hombros denotaba que algo no andaba del todo bien. Ya eran casi dos meses los que Roy llevaba viviendo allí, sin contar el mes y medio largo que duro su prueba, y aunque no se conocieran demasiado, ni desde hacía mucho tiempo, ella había aprendido a leer algunos de sus gestos. Como el ligero tic nervioso en su ceja cuando algo le irritaba; o el fruncir de su frente cuando había algo que no entendía en alguno de los tantos libros de alquimia que su padre le hacía leer. Y también sabía, que por muy vergonzosa que fuera la situación en la que se encontrara, Roy Mustang no balbuceaba y a duras penas se sonrojaba, supuso se debía a su crianza entre mujeres.

Por lo que se abstuvo de preguntar qué era lo que le sucedía, otra de las peculiaridades de aquel chico era no mostrar jamás su debilidad, por muy cansado que se encontrara. Se esforzaba al máximo durante el entrenamiento físico, e incluso el mismo excedía el número que le había sido asignado a realizar, forzándose más. Siempre en pos de mejorar como fuera, para cumplir su sueño. Si algún día aspiraba a proteger a todo el país con sus propias manos, debía ser fuerte, tanto física como mentalmente, razón por la cual, también se quedaba hasta más tarde despierto leyendo libros intrincados sobre alquimia.

Así que no preguntó nada y se colocó a su lado en el fregadero. – Al menos deja que yo los enjuague.

El sonrió tenuemente sin mirarla y asintió, pasándole el primer plato enjabonado y limpio, dispuesto al aclarado. El jabón de los dedos de él escurriéndose ahora por entre los suyos, y posteriormente cayendo al fregadero junto con el agua caliente que lo hacía deslizarse…

Tomó el último de los tres platos entre sus manos, rozando levemente la mano de Roy, de forma tenue apenas los dedos, y aun así lo sintió tensarse.

- ¿Ocurre algo? – Preguntó, no entendía porque su amigo se comportaba tan raro con ella desde que se había enterado de que cumplía años. Cosa que no debía ser muy inusual, puesto que el también lo hacía.

La miró con ligera sorpresa, pero rápidamente retrajo su mirada de la de ella, negando con la cabeza. – No, no es nada… el maestro debe de estar esperándome.

Dicho esto se secó las manos y se marchó escaleras arriba, con paso lento, pero rápido a la vez, sin querer detenerse ni voltear a verla. Riza se quedó estática en la misma posición, tomando el trapo entre las manos para secárselas ella también, la rojiza mirada perdida por la puerta por la que instantes antes había desaparecido Roy, bufó, sinceramente había momentos en los que no lo entendía en absoluto.

Los pies parecían pesarle más de lo habitual, se arrastró pesadamente hasta la biblioteca, donde debía de estar esperándolo Hawkeye para comenzar sus clases teóricas, pero el hombre no se encontraba allí. Así que decidió ver si estaba en su despacho. Redirigió el sentido de sus pasos y empezó a subir las escaleras, tropezó levemente. Estaba distraído, debía reconocerlo y no entendía el porqué, esa mañana había sido como las demás, desayunaba, su clase de ejercicios físicos, la típica y ya habitual riña con Riza sobre lo que debía y no hacer, la hora de la comida… y hasta ahora nada era diferente al resto de los días. Bueno, algo si había cambiado, Riza cumplía años ese mismo día, concretamente 12 y el se estaba comportando como un idiota, cosa que tampoco era inusual en el, ya que solía comportarse de esa forma siempre que estaba en presencia de ella. Pero el hecho de que Riza fuera un año más mayor que el día anterior no debería de importarle tanto, ¿o sí?

Llegó al despacho de su maestro y tocó a la puerta. No recibió respuesta, así que volvió a insistir. - ¿Maestro Hawkeye?

Silencio. Decidió entrar para verificar si el hombre se encontraba allí, sabía que el alquimista se lo tenía prohibido, casi tajantemente. De hecho Riza era la única que lo solía hacer y era cuando el hombre olvidaba bajar para cenar y ella le llevaba algo que llevarse al estomago. Asió el pomo entre sus manos y lo giró con cuidado, provocando un leve chirrido al hacerlo…

Allí se encontraba su maestro, inclinado sobre su escritorio como un cuervo, escribiendo símbolos extraños, figuras que él no había visto jamás, había círculos de transmutación por todas partes, algunos tachados, otros incluso en el suelo algo emborronados. El sonido de la pluma al rasgar el papel era incesante, así como la agitada respiración del hombre. Estaba completamente abstracto a todo lo que no fuera aquello que tenía entre manos y estaba diseñando, su investigación.

No le gustaba nada verlo así, odiaba ver a Hawkeye de esa forma, parecía un maniaco obsesionado, como invadido por la locura, una locura provocada por la misma alquimia que él estaba estudiando. - ¿Maestro? – Se atrevió a preguntar algo asustado, pero con voz firme.

La pluma del hombre cesó al instante de escribir, provocando un silencio repentino, interrumpido solamente por la todavía agitada respiración. Inspiró y expiró calmadamente, aun de espaldas al muchacho que permanecía inquieto en la puerta. Con una de las manos se apartó el rubio cabello de la cara y con la otra asió un frasco que tenia sobre el escritorio, y vació todo el contenido en su palma para después tragar. Roy sabia que aquella era su medicina, la que Riza bajaba a comprarle cada dos semanas y al parecer se había acabado, cosa que no era para nada buena señal y más teniendo en cuenta que hacía poco más de una semana que las habían comprado. Hawkeye parecía estar encerrándose más en su despacho de lo usual, desde hacia unas semanas, cuando fue el aniversario de la muerte de su esposa, de la madre de Riza.

- Roy… - Voz áspera y tirante. – Te dije que no entraras aquí.

- Lo siento, pero no lo encontraba y… es la hora de la clase teoric…

Una violenta tos lo interrumpió, dejando al chico sin habla. El hombre se encorvó sobre sí mismo, a la vez que con el puño trataba de contener la tos que lo sacudía en vano. Roy no era tonto, y sabía perfectamente que aquello que Hawkeye tenía en la palma era sangre.

- ¡Maestro! – Se acercó rápidamente al hombre, tratando de ayudarle a detener las convulsiones de tos, pero le resultó imposible, las sacudidas eran cada vez más fuertes y la cantidad de sangre que expulsaba mayor. – ¡Señor Hawkeye, resista!

Una última sacudida, una última bocanada de tos, y todo cesó tan rápido como había venido. Su mano permanecía en la espalda del hombre ayudándolo a incorporarse, un sudor frio lo recorrió entero al ver la cantidad de líquido carmesí que el hombre tenía en el puño y la manga. El alquimista por su parte le agradeció su ayuda y trató de incorporarse en la silla, aun con la respiración agitada.

- Señor Hawkeye, sus pastillas…

- Lo se... – Dijo pausadamente, tratando de controlar su respiración. – Se acabaron.

Él lo ayudó a incorporarse, pasando uno de los brazos del hombre sobre sus hombros y agarrándolo el por la espalda, asegurando que no cayera al caminar. – Debería descansar señor.

Volteó despacio, lo llevaría a la habitación para que descansara, estaba claro que por el momento no habría clase, pero cuando lo hizo se encontró con la mirada rojiza y asustada de su amiga. – Riza…

Ella se apresuró a su lado y pasó por sus hombros el otro brazo de su padre, estabilizando así el paso de Roy y ayudándolo. No paso por alto tampoco, la sangre que manchaba la comisura de la boca de su padre, así como la palma su mano derecha y la manga de esta.

- Vamos. – Dijo y lo incitó a empezar a caminar.

Depositaron al hombre cuidadosamente en la cama y le acomodaron las sabanas, Riza le limpió la palma de la mano y le obligó a quitarse la camisa manchada para reponer esta por otra nueva. – Saldré un momento. – Anunció. – Voy por la medicina.

Roy asintió y la vio marcharse escaleras abajo, cerrando la puerta de la habitación tras de sí, dejando al chico a solas con el hombre. El azabache restó observándolo, el rostro del hombre estaba completamente pálido, acentuando las bolsas bajo sus ojos y haciéndolo ver más viejo, más deteriorado. Abrió los ojos azulados, todavía con la vista algo nublada y se encontró con los cargados de preocupación de su aprendiz.

- ¿Riza? – Trató de preguntar.

Roy le sonrió. – Ha ido a por la medicina, no tardará en volver.

Hawkeye asintió también y cerró los ojos, intentando descansar, su respiración ya había vuelto a la normalidad y parecía haberse recuperado bastante, aunque aun estaba algo débil. Al momento Roy oyó unos pasos provenientes de las escaleras, acelerados, no podía ser Riza, hacia apenas un minuto que había bajado para ir a por la medicina, la puerta se abrió antes de que él pudiera reaccionar…

- La nieve, bloquea la entrada. – Riza se encontraba allí, algo mojada, al parecer había intentado apartar la nieve por ella misma.

- Está bien, iré yo. – Se levantó de la silla y se dirigió a la entrada.

- Tú no sabes donde las compro y con toda esta nieve no encontraras el camino. – Su voz exasperada, alternando su mirada de Roy a su padre.

El hombre, aunque cansado abrió los ojos y la miró fijamente. – Estoy bien, podéis ir los dos. No me pasará nada. – Se apresuró a acotar al ver que su hija iba a protestar.

- Vamos. – Roy la cogió del brazo, sus ojos fijos por primera vez en el día en los de ella, con seriedad. – No perdamos tiempo.

- No hagas nada hasta que volvamos. – Le ordenó seriamente a su padre, quien le devolvió la sonrisa y asintió prometiéndole que no se movería de la cama hasta que volvieran.

Corrieron escaleras abajo, Roy con la cazadora y los guantes ya puestos. Efectivamente y como ella le había dicho, la entrada estaba parcialmente bloqueada por la nieve y dudaba que en el exterior estuviera más despejado. Sacó de su bolsillo un papel doblado y tras desdoblarlo y mostrar que era un círculo de transmutación lo posicionó sobre el montón de nieve que impedía el paso.

Una luz azulada los envolvió a ambos, mientras el chico transmutaba toda aquella nieve y la transformaba… De pronto una gran cantidad de vapor se arremolinó a su alrededor llenando el ambiente de humedad. - ¿La has evaporado? – Preguntó sorprendida.

El mas sorprendido que ella, se limitó a observar su círculo, lo había elaborado el mismo, después de ver una vez por casualidad uno de los que Hawkeye había desechado en la papelera, era algo diferente, y además Roy no tenía intención alguna de evaporar la nieve, sino apartarla a un lado.

- No, no la he evaporado, simplemente la fundí un poco. – Señalando el gran charco que se había formado a sus pies y allí donde antes había estado el bloque de nieve.

- Como sea, démonos prisa. – Dijo Riza y de un salto cruzó el charco de agua y aterrizó sobre otra parte del camino no tan mojada, Roy cerró la puerta y la imitó.

La nieve les llegaba por casi la cintura, un poco más arriba de las rodillas y para colmo seguía nevando, si bien lo hacía tenuemente. Siguieron avanzando poco a poco, lentamente.

- Espera un momento. – Le dijo él y volvió a sacar el círculo de su bolsillo. Lo colocó en el suelo y lo miró detenidamente, había utilizado partes del círculo rechazado y fallido de Hawkeye, junto con algunas inclusiones propias que había obtenido tras leer libros de los cuatro elementos, ya que la gran mayoría de la alquimia ígnea, estaban en poder de su maestro. Así que su círculo incompleto y a medio diseñar, hecho a base de partes de círculos de transmutación era capaz de generar algo de calor…

Cerró los ojos, tratando de concentrarse al máximo, había oído de Hawkeye que algo muy importante durante las transmutaciones era la concentración, si el alquimista en cuestión estaba en perfecta sintonía (por así decirlo), y tenía fijo en su mente el resultado de su transmutación esta surtiría sin lugar a dudas.

Riza lo observó algo desconcertada, no entendía porque Roy se había detenido en mitad de la nieve y cerrado los ojos, estaba a punto de reprenderlo cuando la luz de una nueva transmutación los envolvió de nuevo y el vapor volvió, esta vez más densa y en mayor cantidad. Para cuando abrió los ojos, toda la nieve a su alrededor se había fundido y se podía ver la tierra que había bajo ellos.

El se giró sonriente hacia ella, su pelo azabache todavía ondeaba a causa del viento provocado por todo aquel vapor, que se adhería a su rostro y sus ropas, haciéndolo adquirir una película brillante sobre la piel, lucia sencillamente espectacular. Y más tras haber realizado una transmutación como aquella, estaba segura que de haberlo visto su padre estaría orgulloso de su alumno. – Camino despejado. – La sonrisa arrogante de vuelta a su rostro, aquel era el Roy Mustang que conocía.

Aun así e incluso tras haber realizado semejante acto como era el evaporar tal cantidad de nieve, Riza no lo premió, sino que lo reprendió con la mirada. – Deberíamos darnos prisa y no entretenernos por el camino.

Roy bufó molesto. – Lo sé, si quisiera entretenerte de todos modos, no sería mediante una demostración de alquimia. – Ella se sonrojó bastante, haciendo que el volviera a sonreír arrogantemente. – Ese sonrojo en tus mejillas no me ayuda en nada a concentrarme.

Esta vez fue ella la que bufó y apuró el paso, tratando de perderlo de vista. ¿Cómo se atrevía? No le hubiera importado tanto, si no fuera porque realmente no podían jugar ahora, su padre estaba enfermo y necesitaba urgentemente su medicina.

Permanecieron por el resto del trayecto en silencio, el azabache detrás de ella, dejándose guiar, excepto en las ocasiones en las que tocaba despejar la nieve y era entonces él quien se adelantaba y empleaba su alquimia para dejar el camino limpio de cualquier obstáculo. En vista de que el tiempo no mejoraría y que aparentemente no era un día para salir de casa, Riza optó por ir directamente a la casa del médico y acertó, pues ese día y a causa de las nieves no había podido abrir la tienda.

Tras comprarle las medicinas, volvieron sobre sus pasos, ahora el camino estaba completamente despejado, quitando la fina capa de nieve que se estaba volviendo a formar bajo sus pies, cubriendo otra vez el camino.

- Es hermosa, ¿no crees?

Riza no le respondió, sino que apresuró el paso, ni siquiera lo miró a la cara, ahora tenía otras preocupaciones en mente. - ¿No me vas a hablar? – La cuestionó.

Ella siguió sin contestarle, así que asumiendo que no lo iba a hacer, se encogió de hombros y metió las manos en su bolsillo, tratando de recuperar algo del calor perdido. – Yo sí creo que es hermosa. – Continuó, aun cuando la rubia parecía ignorarlo.

- Todo en si tiene alguna belleza… - Y esto último lo dijo mirándola a ella, aunque Riza pareció no darse cuenta.

- Y podría afirmar que esta es una de las cosas más bonitas y hermosas que he visto nunca. – Continuó observándola, por supuesto se refería a ella, y lo decía sinceramente, Riza era muy bonita y estaba seguro que en cuanto fuera una mujer y creciera un poco más, tendría muchísimos hombres detrás.

Frunció el ceño, no, no le gustaba aquella idea, Riza seria hermosa, pero si podía se quedaría con ella… ¿un momento? ¿Qué leches estaba pensando? Si su maestro pudiera leerle la mente estaba seguro lo expulsaría de inmediato, sacudió la cabeza intentando disuadir esos pensamientos y la volvió a mirar. Al parecer no parecía haberse dado cuenta ni de su piropo indirecto, ni de el posterior curso indebido de sus pensamientos, verdaderamente su mente adolescente le estaba jugando una mala pasada, suspiró…

Llegaron a la casa y Riza se apresuró a subir las escaleras, seguida muy de cerca por él. Entró en la habitación de su padre, Berthold parecía haberse dormido, pero en cuanto la oyó entrar abrió los cansados ojos y sonrió. Ella se acercó despacio, intercambiaron unas pocas palabras y le dio su medicina, poco después salió de la habitación y lo dejó dormir. Como cuando había entrado antes, Roy seguía esperándola en la misma posición, y en la barandilla, brazos cruzados sobre el pecho y espalda apoyada contra la madera.

- ¿Cómo está?

Ella le sonrió tenuemente. – Mejor. – Empezó a bajar las escaleras, y él la siguió unos dos pasos por detrás, despacio, se detuvo. - Roy yo… gracias.

Él le sonrió y terminó de bajar el último escalón hasta quedar a la misma altura que ella, Riza todavía de espaldas a él. La rodeó con los brazos y la atrajo a su pecho, la rubia se quedó algo sorprendida, pero no volteó, sino que agarró los brazos del moreno y lo acercó más a ella, dejándose por un momento descansar sobre él. Se sentía cansada, abatida, todo lo que había pasado hacia un rato la había agotado demasiado, quizás por eso se estaba dejando consolar por él, como cuando había sido el aniversario de la muerte de su madre. Roy siempre estaba allí cuando lo necesitaba, la hacia reír, la consolaba y le daba esa sensación que la hacía sentirse protegida y querida. Pero el era eso, su amigo, el mejor que había tenido jamás, y tenía claro que Roy Mustang no podía significar nada más para ella, no era posible, no para ella, no para él, además Hawkeye no lo aceptaría tampoco.

Por eso decidió separase de él, antes de cometer cualquier imprudencia, pero Roy no se lo permitió la atrajo más hacia sí y posicionó su cabeza en el hombro de ella, descansando primero su frente y después sus labios, depositando allí un suave beso.

- Roy…

- ¿Sabes? – La cortó el. – No me refería a la nieve cuando dije lo de antes. – Riza se tensó en sus brazos y él lo notó al instante.

- Eso no tiene gracia. – Respondió con un leve sonrojo, todavía envuelta entre los brazos de él y con los labios del moreno pegados al hueco entre su hombro y su cuello, el flequillo azabache cayendo sobre este también, rozando su piel y haciéndole cosquillas.

Suspiró, y la dejó ir, la soltó de su agarre y dio un paso hacia atrás, dejándole un margen de distancia, que sabia ella prefería en aquel momento. – Lo siento.

Ella negó con la cabeza despacio. – No, no importa. – Dijo y se marchó en dirección al comedor, dejándolo a él en la escalera.

Aturdido y molesto consigo mismo, se dejó caer sobre los escalones. – Maldición… - Apoyó los codos sobre las rodillas y juntó las palmas, para después enterrar su rostro en estas. - ¿Por qué no puedo dejar de actuar como un idiota…?

Después de la cena, y de subirle algo al padre de Riza, ambos se dispusieron a irse a la cama. – Buenas noches Roy.

El parecía nervioso, y algo inquieto, como si quisiera decirle algo, pero Roy parecía no atreverse, así que optó por meterse en su cuarto y empezar a cerrar la puerta, sabía perfectamente que el moreno no reaccionaria hasta última hora. - ¡Riza! – Sonrió, parecía que lo conocía bastante bien.

- ¿Si?

- Yo… - Se movió inquieto, la vista fija en el suelo. Bufó tenía que hacerlo, clavó su mirada azabache en la rojiza de ella. – Tengo un regalo para ti, pero… tienes que venir conmigo.

Ella se dejó guiar, Roy recorrió parte del pasillo hasta llegar a un punto fijo, estiró la mano y asió la cuerda que pendía del techo y daba lugar al desván del techo de la casa. Tiró de ella, y descendió una escalera pesadamente, la aseguró y se dirigió a la chica. – Por aquí.

Tras estar ambos arriba, el cerró la trampilla y encendió una pequeña lámpara que había preparado allí, en el centro de la habitación había unas mantas y dos cojines. - ¿Esto es como una acampada en el desván? – Preguntó con algo de burla.

La miró ceñudo y le indicó que se tumbara sobre las mantas, el también lo hizo a su lado y miró el techo de madera con los brazos cruzados tras la cabeza. - ¿Roy?

- Aquí… las estrellas se ven muy bien… - Fue lo único que le dijo él, y se levantó. Cogió un cristal alargado que estaba apoyado en una de las paredes y después dibujó un circulo de transmutación justo sobre sus cabezas, era sencillo y no requería mayor concentración para lo que iba a hacer, pero ese era su regalo para Riza y justo por eso debía ser una transmutación perfecta.

Colocó el espejo en el centro y dibujó otro círculo sobre este, cerró los ojos y centró en su mente la imagen del resultado que esperaba ver. Riza lo observaba perpleja, no entendía que querría hacer Roy exactamente, pero le intrigaba saberlo.

El activó el círculo y la luz de la transmutación los envolvió unos instantes, cerró los ojos. Para cuando los abrió Roy estaba completamente iluminado por la luz de la luna, que delineaba su silueta. Observaba complacido el resultado, había quedado como él había querido y esperaba que a Riza también le gustara.

Justo donde él había transmutado, se encontraba ahora el cristal, en el techo y dejando pasar toda la luz del cielo nocturno y las estrellas, pero evitaba que el frio, la lluvia o la nieve lo hicieran, como una claraboya en su tejado.

El se sentó de nuevo a su lado, todavía contemplando su creación. - ¿Te gusta?

Riza lo miró sorprendida, no sabía que decir en aquel momento. Roy le indicó que se tumbara y ambos lo hicieron a la vez. – Pensé que estaría bien que celebraras tu doceavo cumpleaños también con tu madre. – Ella lo miró sin entender.

- Las estrellas. – Prosiguió el. - Cuando era pequeño, Chris siempre me decía que cuando echara de menos a mis padres, debía mirar al cielo y buscar un par de estrellas juntas, porque allí estarían ellos.

Roy se levantó de nuevo y fue hacia uno de los muebles, donde tenía algo sobre un plato, lo llevó de vuelta y se sentó otra vez con la rubia. Traía dos cucharas y lo del plato era indudablemente una tarta, o al menos un intento de esta. – Marie me intentó enseñar a hacerlas. – Sonrió tímidamente. – Aunque creo que no me ha salido muy bien.

La joven negó con la cabeza y le sonrió completamente agradecida. – No, es perfecta, muchas gracias Roy… por todo.

Miró a las estrellas una vez más, justo por el cristal que él había colocado allí para ella. – Mi madre me dijo, que siempre me guardaría un hueco entre las estrellas.

- ¿Un hueco entre las estrellas? – Dijo el algo divertido mientras se llevaba un gran trozo de tarta a la boca.

Ella asintió. – Se que suena ridículo, pero me consolaba pensar que entre todas esas estrellas se encuentra ella protegiéndome.

- No es ridículo para nada, es más, creo que es incluso bello pensar así. – Se llevó un nuevo trozo a la boca, no le había salido tan mal después de todo. Sonrió.

- Cada una de esa pequeñas estrellas que ahora vemos, son soles, como el nuestro, que están a miles de quilómetros de distancia… además, la luz que nos llega de ellos no es la que emiten ahora, sino la de hace mucho tiempo atrás… - Paró todavía admirando el cielo sobre sus cabezas, tragó el trozo de tarta y prosiguió. – Quizás, incluso alguno de esos soles ya no existe y la luz que nos llega es la que emitía cuando aún vivía.

- Supongo que es demasiado infantil pensar en mi madre de esa forma. – Suspiró ella.

- No, no es infantil ni ridículo. Las estrellas simulan a mi parecer la vida de las personas, muy a pesar de lo lejos que este, su luz nos consigue llegar, e incluso si mueren esta sigue llegando. –Ella asintió comprendiendo a lo que él se refería. – Aunque no esté aquí contigo, te seguirá protegiendo, su luz estará siempre sobre ti, Riza.

La rubia le sonrió y se terminó el último trozo de tarta, no dijeron nada más, y poco después se tumbaron sobre las mantas, ella asiendo el colgante de su madre.

- Mmm, ¿te importaría guardarme uno a mí? – Sus ojos rojizos le cuestionaron, no sabía a qué se refería el. – Un hueco entre las estrellas, junto a ti.

Riza sonrió, en aquellos momentos y junto a Roy no podía imaginarse más feliz, él la hacía olvidar todos los problemas, el hecho de que su padre se encontraba enfermo en la habitación de abajo, que su madre ya no estaba, todo… Roy conseguía hacer que olvidara todo aquello y por el contrario la hacía sentirse perfectamente relajada y feliz. No supo cuando fue exactamente, ni como terminaron de aquella forma, ni si fue ella la que se colocó de esa manera o fue el, pero se quedó completamente dormida sobre el pecho del moreno, quien la rodeó entre sus brazos, dormido también, las piernas entrelazadas y una imperturbable sonrisa adornando ambos rostros…

Eso era, allí bajo la luz de la luna y las estrellas, junto al manto nocturno, ese era su lugar, su hueco entre las estrellas, el de ambos.

Intercambio equivalente! SI LES GUSTÓ LA HISTORIA PORFAVOR DEJEN UN REVIEW (jeje me siento como Ed al final del manga XD), ¿y bien? Espero que os haya gustado y no estaría de más saber su opinión al respecto. Asi que solo me queda desearos unas felices fiestas a todos/as, espero que tengáis muchísimos regalos y que disfrutéis lo máximo que podais! =)

Un abrazo a yumeirma por lo de favourite story, a Dark-san86 por alert autor y alert story y otro especial por lo de alert author, alert story, favorite story y favourite author a Rukia Kurosaki-Chan, siempre nos quedara la vaca con tanga de cebra bailando polka y anunciando un ova royai... xDD!

¡Nos vemos en el próximo! Andy!