Nota: Los personajes de esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi
Compañeros en la soledad
Capitulo Décimo
Estaba atrapado, se sentía un idiota¡como no había sentido antes el aroma y la presencia de Kagome! Estaba tan acostumbrado a que la joven no estuviera en casa, que había actuado descuidadamente. Ahora ¿qué le diría¿La verdad?
No, eso no era posible. Si le contaba de Akane, por como estaban las cosas entre ellos, Kagome podría molestarse por haberla engañado y ese sería el fin a lo poco que quedaba de su relación. Con tan solo la idea de perder a Kagome, su corazón se estrechó. Automáticamente inventó algo – Pensé que no estabas en casa y planeaba ir a buscarte.
Kagome lo miro sospechando de él, mas dejó que pensara que la había engañado por el momento y le entregó una conciliadora sonrisa, de las que hace tiempo no le dedicaba.
Hipnotizado por ella y pensando que las cosas estaban mejor, se arriesgo y dijo avergonzado –Tenia ganas de verte… te extrañaba Kagome.
La joven alzó una ceja ante la actitud infantil del hanyou y con una fría sonrisa en los labios dijo – Pues lamento decirte que yo siento todo lo contrario. Así que por favor regresa al pasado y déjame en paz, – observando fugazmente su reacción prosiguió diciendo – humanos con humanos y… youkai, no perdón de veras que no eres ni lo uno ni lo otro, hanyou… – remarcando aquella palabra –… quiero decir que la basura a su basurero – y sin mas se dio media vuelta y se marchó de la habitación dejándolo solo y con la mirada perdida en la nada.
En la mente de Inuyasha, aquellas palabras revivieron el triste momento vivido con ella hace unos días.
–No digas tonterías ¡Yo jamás podría ser la compañera de un HANYOU!– Decía la chica resaltando en lo último.
Luego reemplazo ese momento la reciente sonrisa que la joven le dio. Lanzando un doloroso suspiro se preguntó – ¿Por qué Kagome¿Por qué?
Estuvo unos momentos de pie, perdido en las preguntas y posibles respuestas de lo que sucedía entre ellos. Repentinamente otra sonrisa apareció en su mente. La de Akane. Al recordar el motivo principal que lo había hecho ir a ese tiempo, se animó nuevamente y se colocó la gorra, dispuesto a ir a visitar a su amiga. Aunque esta vez debería ser más cuidadoso, no fuera que por su torpeza alguien más le descubriera.
Sin embargo, a pesar de sus precauciones, jamás notó que Kagome, valiéndose de sus poderes de sacerdotisa, le seguía de cerca con el objetivo de averiguar que estaba entrometiéndose en sus planes. Algo estaba impidiendo de alguna forma que sus planes dieran completo resultado. Debía descubrirlo y deshacerse de ello, porque si algo tenía claro era que a los obstáculos era necesario eliminarlos para que los planes fueran a la perfección.
Ya veras hanyou, que estás ocultando en esta época…– murmuró para sí la joven, mientras mantenía la concentración para enmascarar su presencia.
Cuando pensó mejor en la situación, una delgada y fría sonrisa se formó en sus labios – Quien sabe, quizás pueda hacer que este inconveniente se torne muy conveniente para mis planes. – Y sin querer perder de vista al hanyou, torno toda su concentración en seguirlo.
o
Aquel día se estaba tornando demasiado tedioso para Akane. Los miembros del hogar estaban empecinados en que no debería abandonar la cama hasta que estuvieran por completo seguros de que estaba recuperada, no importó que ella insistiera en que se encontraba bien. Por lo que ahora estaba forzosamente enclaustrada en su cuarto, sin mucho mas por hacer que mirar por la ventana que para colmo se encontraba cerrada, lo que le hacía recordar la explicación de Kasumi, – "Debes evitar el viento frío que atraen las corrientes de aire, podrían provocarte una recaída…"– Akane lanzó un suspiro, mientras observaba el hermoso día que había a través de los vidrios.
Kasumi había subido a ver si necesitaba algo solo un par de veces por lo que no gozaba ni siquiera de alguna compañía para charlar, pues todos estaba dedicados a alguna labor, incluso Ranma, quien tenía encomendado realizar algunas compras.
Al invocarlo en su mente, volvió a sentir intranquilidad en su interior, no sabía que pensar al respecto. Hubiera deseado tener más carácter y serle indiferente, pero sus sentimientos hacia él la traicionaban.
No entendía el comportamiento de Ranma, si no la estaba ignorando, estaba discutiendo con ella y ¡ahora también la besaba como si fuera lo más normal de mundo!
Necesitaba la compañía de Inuyasha, quizás el podrías ayudarle a entender a su prometido, al fin al cabo tenían variadas similitudes entre ellos. La pregunta era ¿cómo encontrarlo?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Kasumi, quien entraba al cuarto – ¿Cómo te sientes Akane?
Akane lanzó un suspiro – Tal como vengo diciendo desde la mañana, me encuentro perfectamente.
Kasumi ignoró su sarcasmo y se acercó a tocar su frente con la mano. –Al parecer ya no tienes fiebre. – Por un instante los ojos de Akane brillaron al pensar salir de ese encierro, pero duro nada más que eso –Pero será mejor prevenir y permanezcas por este día en cama.
–Pero…
–Lamentablemente no podré estar para atenderte ya que debo salir y no volveré hasta muy tarde. En realidad todos saldremos, pero no te preocupes que Ranma estará para cuidarte.
Al escuchar aquello Akane murmuró con ironía – Claro como no. De seguro Ranma estará feliz de atenderme.
Kasumi la miró con reproche, sabiendo que Ranma se preocupaba mucho por su hermana y que haría cualquier cosa por ella. Pensó, –"Si tan solo Akane no fuera tan ciega ni él tan testarudo en no decirle lo que siente..."– Al ver que no había mucho remedio para ellos suspiró.
–Vamos Akane, no menosprecies de esa forma a Ranma. Pienso que ya es hora de que madurez, recuerda que algún día se casaran.
Akane frunció el ceño y coloco una mascara altanera – ¡Keh!
Kasumi movió su cabeza resignada, no diciendo nada mas sobre el tema, se despidió de su hermana.
Cuando Akane estuvo nuevamente sola, se dio cuenta de la expresión que había manifestado y sonrió divertida –Vaya, creo que pasar tiempo con Inuyasha me esta afectando un poco. – lanzó un suspiro añorante y dijo –Espero que Inuyasha se encuentre mejor que yo.
Resignada al no tener nada más por hacer por el momento se dispuso a dormir. Todavía no alcanzaba a cerrar sus ojos cuando Ranma entró en el cuarto sin molestarse en golpear.
No feliz con él, le reclamó – ¡Como te atreves a entrar sin golpear!
El chico, haciendo caso omiso a su protesta, acercó la silla del escritorio a la cama.
Sin menor muestra de estar afectado por su recibimiento preguntó apaciblemente – ¿Cómo te sientes?
Akane se confundió aún más que antes, por la actitud del chico. Decidida a no dejarse confundir por ello, mantuvo la frente en alto y respondió de la forma más natural que le fue posible –Bastante bien. Gracias.
A pesar de ello, Ranma notó la forma aprensiva en su respuesta, pero si quería lograr su objetivo debería controlar sus emociones, sobre todo los celos que llevaba reprimiendo con todas sus fuerzas en aquellos días. Después de respirar hondo le pregunto con extraña amabilidad – ¿Necesitas alguna cosa?
Akane se sentía indignada por la actitud incomprensible de Ranma, mas se mantuvo impasible –No te necesito para nada. Gracias.
Encogiéndose de hombros Ranma se levantó para irse –Bien, si es así entonces…–
En ese momento Akane vio un ligero destello de decepción en el chico, sintiéndose culpable sin saber el porque, decidió aceptar la aparente tregua que su prometido ofrecía. Alcanzándole del brazo le impidió levantarse.
–Pensándolo mejor, no me haría mal un poco de compañía. –Afirmó la joven con una ligera sonrisa en el rostro. – "Vamos Akane, doblar un poco las defensas no te hará daño."– se aconsejó a si misma mentalmente.
Ranma sin pensarlo dos veces devolvió su sonrisa y asintió, mientras regresaba a su lugar en la silla.
Estuvieron unos instantes en silencio, escrutándose con la mirada. Pareciera que intentaran descifrar que pasaba por la mente del otro. De repente Ranma dio un vistazo hacia la mano de Akane que le sostenía del brazo sin darse cuenta. Ella siguió su mirada hasta que descubrió el fruto de su atención, avergonzada, lo soltó rápidamente. Ranma la miró al rostro nuevamente notando el leve sonroje que cubría sus mejillas y se dijo a si mismo que esta sería una buena oportunidad para ellos. Solo debía mantener su genio y celos a raya. Inconscientemente manifestó una leve sonrisa.
Al verlo, Akane levantó una ceja extrañada. Incomoda, decidió romper de una vez el silencio – ¿A que viene esa sonrisa?
Manteniendo la sonrisa aunque mas insinuante le dijo – Por lo que veo estás mucho mejor, incluso tus mejillas están sonrosadas.
Aquella indirecta no pasó desapercibida para Akane, quien se avergonzó al ver cuanto podía afectarla con un simple comentario, mas decidió hacer como si nada. –Si, ya me siento mucho mejor.
Hablaron de cosas sin relevancia por un rato, hasta que el maullido de un gato se escuchó desde afuera. Akane no tuvo tiempo de reaccionar a nada, cuando de repente estaba rodeada estrechamente por los brazos de Ranma, quien intentaba escudar su miedo por el felino aferrándose a ella.
Temblando aterrado Ranma decía –¡¡Ga…ga…to¡¡No dejes que se me acerque, por favor Akane¡¡Que no se me acerque!!
Aunque deseaba hacer algo, para Akane era imposible, ya que Ranma la tenía completamente inmovilizada en la cama con su agarre.
Para alivio de ambos, los maullidos cesaron, indicando que el felino ya se había largado de las cercanías, mas Ranma no se movía, continuaba temblando y con el rostro enterrado en el pelo de la joven mientras la abrazaba buscando protección.
–Ya, ya. Tranquilo Ranma. Ya se fue – le repetía la joven mientras le acariciaba la cabeza para calmarlo.
Luego de un tiempo lo logró. Ranma dejó de temblar, entrando nuevamente en razón, cuando se percató de la posición en que estaban, optó por no dejar escapar la oportunidad y aprovecharla. Lentamente alejó su rostro del cabello de Akane, sin embargo continuó abrazándola. Finalmente terminaron cara a cara sintiendo la calidez que emanaban sus respiraciones.
Ella estaba perdida, no tenía defensas contra aquello, su corazón se estremecía. Ranma tampoco se quedaba atrás, aunque era el incursor de aquella situación, tampoco pudo escapar de las emociones que lo embargaron por el hecho de estar tan cerca de su prometida.
La joven intentó soltarse del abrazo y hacerlo caer de la cama, pero le fue imposible, Ranma estaba firme en su lugar y al parecer sin intensiones de levantarse por el momento. Solo pudo desviar la mirada para ocultar su nerviosismo.
–Quítate Ranma¿Qué crees que haces? – preguntó obviamente alterada, al sentir su intensa mirada sobre ella.
–Algo que debería haber hecho desde hace tiempo.
–No sé a que te refieres.
–Como mi prometida también eres mi novia ¿no? Y como tal tengo todo el derecho de abrazarte o…. incluso besarte.
Akane quedó pasmada – ¿Q…que…que estas diciendo¡¿Déjate de bromas quieres?!– reclamo la joven imaginando que todo aquello no era mas que una de sus jugarretas.
– ¿Quién esta bromeando?– Akane lo miró, lo cual luego comprendió no había sido lo mas sensato de su parte, ya que se encontró atrapada en la intensa mirada de su prometido. – Vamos Akane. – Le decía mientras la estrechaba cada vez más contra él.
Akane se sentía frustrada al no encontrar defensa contra él, comenzó a sentirse molesta.
– ¡Ya déjame Ranma! Vas a conseguir que me enoje. – Pero a pesar de su actitud no lograba arrancar su mirada de la de él.
Soltando una sonrisa divertida e intensa le dijo – Si esto te hace enojar creo que lo que haré ahora te hará enojar aún más.
Akane no comprendió lo que dijo solo hasta que sintió los labios de Ranma sobre los suyos besándola con vehemencia y pasión.
Intentó no caer en sus encantos, quería resistirse, él solo jugaba con ella, no la quería, pero fue imposible, la pasión nubló sus pensamientos y comenzó a caer en un trance donde solo existían ella, sus sentimientos y Ranma. Estaba perdida.
Ranma desde que comenzara a besarla estaba en una situación similar. Lo que había planeado fueran solo unos besos e intercambio de palabras para reafirmar su lugar en el corazón de Akane, se tornaron en una lucha de posesión, deseando marcarla de manera que ningún otro pudiera acercarse a ella e intentara arrebatársela.
–"Te quiero Akane… no permitiré que nadie te aleje de mi."– Decía Ranma en su mente.
Instintivamente las caricias se fueron tornando más atrevidas, hasta el punto en que las manos se perdieron por debajo de sus ropas. Akane dejó escapar un suspiro y se dejó llevar, diciendo en su mente que aquello iba más allá de solamente instintos.
Cuando Akane despertó ya estaba atardeciendo. Cuando estuvo con la mente despejada se dio cuenta de que estaba sola, mas aun estaban las señales de que Ranma había descansado junto a ella, al recordar lo que había pasado entre ellos una sonrisa se formó en sus labios. Su rostro estaba radiante. No habían consumado el acto en si, pero la experiencia vivida era algo que siempre tendría en su corazón ya que iba más allá de lo convencional y aunque no sabía que pasaría entre ellos en adelante, no se arrepentía.
Encima de su escritorio había una nota obviamente de Ranma, ya que la caligrafía era bastante mala, donde indicaba que iría a comprar las cosas para la cena, pero lo que conmovió su corazón fue la pequeña margarita que estaba junto a la nota.
Con ese sencillo gesto, Akane sintió su corazón rebosar de alegría, conociendo a Ranma aquello decía mucho. Se sentía convencida de que finalmente su relación con Ranma había pasado a una nueva etapa. Y que ahora podrían dejar olvidar lo pasado y comenzar desde cero, experimentando al fin una relación de pareja donde mandaran los sentimientos y no la obligación ni el honor.
Estaba tan emocionada ante el giro tan radical que daba su vida, que lo único que deseaba en esos momentos era compartirlo con Inuyasha. Quería que él fuera el primero en enterarse, sin pensar si quiera donde encontrarlo se cambió la pijama dispuesta a encontrarlo. Le dejaría una nota a su prometido para no preocuparlo. No sería gracia, arruinar el momento que estaban viviendo en su relación.
Cuando estaba por salir de la casa, unas manos la atraparon por detrás y le taparon la boca, atrayéndola a unos arbustos. Akane estaba aterrada, lanzó golpes a diestra y siniestra para soltarse, mas le fue imposible. Solo una patada logro alcanzar a su atacante
– ¡Auch¡Keh! Yo también me alegro de verte Akane. – Dijo una voz divertida.
Akane lo reconoció enseguida dejando de forcejear entre aliviada y feliz por la suerte
– ¡Inuyasha! Que bueno que viniste a verme. Justo me dirigía a buscarte.
Este la soltó y ella volteó hacia él dándole un efusivo abrazo. Inuyasha la quedó mirando ya que encontraba que había algo diferente en ella, sus ojos denotaban un brillo especial y pareciera que se hubiera sacado un gran peso de encima. También percibió un olor que era seguro no era de ella, pues era masculino. La escrutó con la mirada, notando que a través de toda esa animosidad había rastros de debilidad que no eran habituales en ella. Arqueando una ceja dijo –Luces diferente. ¿Acaso estas enferma?
Akane sonrió enternecida al ver su preocupación, e intentó tranquilizarlo –No te preocupes, ya me encuentro bien.
Inuyasha la miró con sospecha. – No te creo, aun te ves un poco pálida. Ten, será mejor que te pongas esto mientras estamos aquí afuera. – Colocándole la parte superior de su ahori, sin hacer caso de sus protestas, por l oque Akane no tuvo otra opción que aceptar.
El siguiente comentario de Inuyasha la sobresaltó – Lo extraño es que tienes un aroma diferente. Es como una mezcla de aromas en ti...
Akane se ruborizó, riendo tontamente, lo cual desconcertó a Inuyasha. –Tengo algo que contarte Inuyasha, pero será mejor que no hablemos aquí. ¿Por qué no vamos al parque?
El hanyou interesado por saber lo que su amiga tuviera que decir, aceptó – ¡Keh! Está bien. Vamos. Cúbrete bien no vaya a ser que enfermes de nuevo – Y acomodándola en su espalda hicieron camino al parque.
Cuando llegaron a una zona desolada en el parque, Inuyasha dio un gran salto para aterrizar en una de las ramas más altas de un árbol.
Luego de sentarse el uno al lado del otro, Inuyasha de manera natural entrelazó su mano con la de Akane y la incitó a hablar.
– ¡Tsk! Bueno, cuéntame.
Akane no pudo evitar ruborizarse al recordar. No sabía como empezar. Jugueteando con sus dedos comenzó a balbucear –Buenooo...esteee… eee… Ranmaaa…
Inuyasha con tan solo escuchar aquel nombre pensó en lo peor y se exaltó levantándose de golpe – ¡¿Que te hizo ahora ese idiota¡Voy a matarlo!
Akane al ver que estaba malinterpretado lo que quería decirle, colocó una mano en su brazo para calmarlo. –No es lo que piensas Inuyasha. Ranma, no me ha hecho nada malo.
El hanyou la miro a los ojos, no creyendo del todo, pero al ver la sinceridad en su mirada se calmó y volvió a estrechar su mano mientras se sentaba junto a ella.
– ¿Entonces? Dime. – Al ver la expresión radiante de Akane, Inuyasha sacó sus propias conclusiones, era obvio que algo había pasado entre ellos y al parecer la hacía feliz. – ¿Es que acaso las cosas van por buen camino entre ustedes?
Akane dejó ver una gran sonrisa y asintió. – Se podría decir que sí. Al parecer Ranma siente algo por mí después de todo. Claro, no me lo ha dicho directamente, pero esta tarde pude sentirlo aquí –Dijo mientras apuntaba a su corazón.
Inuyasha olfateó su aroma y con el ceño fruncido dijo –Aún no te reclama como compañera.
La joven en un comienzo no comprendió a que se refería, pero luego dilucidó a que se refería, por lo cual se sonrojó al máximo y nerviosa le dio un empujón al hanyou que casi le hace perder el equilibrio. – ¡Que cosas dices Inuyasha!
Este se burló de la actitud de alguna inocente de su amiga. Estaba feliz de verla finalmente contenta. Pero también comprendió algo importante y que no se le había pasado por la mente. Si Akane establecía su relación con Ranma, quizás ya no querría verlo¿que importancia podría representar para ella un ser como él? si ahora tendría al hombre que amaba. Otra vez estaría solo. Sin querer el gesto en su rostro se torno triste y desolado.
Akane al ver el cambio de ánimo, se preocupó por él y estrechando aun más su mano, le preguntó – ¿Qué es lo que pasa Inuyasha¿Porque te el cambio tan repentino?
El hanyou intentó mirar hacia otro lado para que no viera su desolación. Finalmente Akane era feliz y no quería arruinar el momento con su egoísmo.
De repente la joven le tomó del mentón y le hizo voltear a verla, descubriendo en ella una expresión afligida y preocupada.
– ¿Es que no confías en mi?– Preguntó ella dolida.
– ¡No¡No es eso!– volviendo a esquivar su mirada, para mirar a nada en particular –Es solo que… Buenooo, ahora que tú y el idiota están arreglando sus diferencias, imagino que ya no querrás que nos veamos, y yo…
No pudo seguir hablando ya que en ese instante Akane lo estrecho fuertemente en un abrazo, que indicaba lo equivocado que estaba en sus conclusiones.
– ¿Es que acaso no me conoces¿Que clase de persona crees que soy? – le preguntó Akane con tristeza al oído. – Yo jamás te dejaré solo Inuyasha, ya te lo había dicho antes y te digo ahora.
–Pero tú y ese idiota...– respondió el Inuyasha inseguro ante su aparente dolor por pensar eso de ella.
–Yo y ese idiota nada. Lo mío con Ranma no tiene porque cambiar lo que tenemos. No se te olvide que somos amigos, compañeros en las buenas y en las malas. – Alejándose de él, se cruzó de brazos y coloco una expresión altanera –Además, si Ranma me quiere, tendrá que aceptar también a mi mejor amigo Inuyasha. Recuerda, nosotros siempre estaremos el uno para el otro, pase lo que pase.
Ante aquella declaración Inuyasha no pudo sino sonreír avergonzado de si mismo, por haber desconfiado de Akane. Ella era y sería siempre su mejor amiga. – ¡Keh! Tienes razón, lo lamento – luego su expresión se tornó apenada – ¡Tsk! Definitivamente soy un hanyou sin cerebro.
–No digas tonterías Inuyasha. Además, no importa que o como seas, lo que importa es lo que tienes aquí. – Expresó apuntándole al pecho. – Y tú corazón es uno de los más grandes que conozco – dijo la joven.
Inuyasha desvió la mirada avergonzado – ¡Keh! – Akane colocó su mano sobre la de él, quien volteó nuevamente a verla con una enternecida sonrisa en los labios. –Gracias Akane.
Entonces, Akane le puso al día en lo acaecido desde la última vez que se vieran. Inuyasha también le contó lo propio sobre lo suyo. El tiempo iba avanzando sin que lo notaran, entre consejos y opiniones mutuas, que ya estaba anocheciendo.
Resignados a tener que separarse por ese día, Inuyasha ayudó a Akane a bajar de la rama en que estaban. Ambos ignoraban la presencia de un tercero que les observaba.
Kagome permanecía escondida entre unos arbustos. Ahora sabía el motivo de que sus planes no estuvieran dando los resultados esperados. Ella era un obstáculo en sus planes, y los obstáculos debían ser eliminados. Pero antes le haría pagar por entrometerse en sus planes, quizás el tal Ranma serviría para ello. – Al parecer podré sacar beneficios de todo esto. – Murmuró para si misma la joven con una expresión siniestra y satisfecha.
En ese momento sintió una agitación interiormente, al parecer la amable Kagome se encontraba tramando algo, en seguida una malvada sonrisa se formó en sus labios. – No pudo ser en un mejor momento. Y mirando nuevamente al hanyou con la chica sabía lo que haría –Ahora veras en que anda tu amado hanyou muchachita
o
Kagome y Kikyou estaban arrodilladas frente a frente en un claro, intentando concentrar sus poderes para recuperar el control del cuerpo de la primera. Sus auras comenzaron a brillar lentamente, hasta que se hicieron una sola. Kagome intentaba centrar sus pensamientos en un solo objetivo tal y como Kikyou le había dicho que debía hacer.
De pronto comenzó a sentirse extraña, pero no prestó atención a ello. Kikyou le había dicho que debería ignorar lo que fuera y solo debería concentrarse en volver a ver a Inuyasha y estar con él.
En ese momento el ser maligno se hizo escuchar – ¿Qué estás tramando? intentas recuperar tu cuerpo ¿eh?– soltando una risa sarcástica –Que ilusa… ¿Para que pierdes tu tiempo? A ese hanyou ya no le interesas, no le importas. – Dijo la voz del odio burlescamente, pero Kagome hizo oídos sordos a sus comentarios –Así que me ignoras ¿eh? Bien, si no crees en lo que te digo, observa y escucha tu misma lo que está haciendo en estos momentos tu amado y confiable Inuyasha.
En ese momento lo que estaba rodeándoles era lo que percibían los ojos del cuerpo de Kagome, pero para molestia del odio, Kagome ni siquiera dio muestras de abrir sus ojos. Pero la determinación de la joven se derrumbó al escuchar la voz del objeto de sus esfuerzos y no pudo evitar dar un vistazo…
–Cuidado Akane, no vaya a ser que te caigas – Dijo el hanyou mientras ayudaba a la joven a levantarse de la rama en la que permanecían. Luego entrelazaron sus manos y se dedicaron una cariñosa sonrisa.
Kagome quedó atrapada por la escena, aquello debía ser un error, confiaba en Inuyasha. Aquello no tenía porque significar nada.
Una sonrisa gutural llenó sus oídos – ¿Ves que no miento? Ahora si no estas completamente convencida puedes ver un poco más…
– Inuyasha gracias por todo. No sabes lo importante que eres para mi. – Le dijo Akane ya abajo del árbol en el que habían estado.
El hanyou la estrecho fuertemente entre sus brazos y escondió su rostro en su pelo.
–Tú también lo eres para mi, Akane…
El ser se regocijaba internamente por la suerte de presenciar justamente aquello y cortó la imagen en ese momento. Kagome ya no soportó más, aquello era demasiado. – ¡Quita eso¡Ya no quiero ver más!
El mal espetó una pequeña sonrisa – ¿Es que ya no quieres ver a tu querido hanyou? Reacciona Kagome, te ha traicionado. Otra vez. – dijo de manera venenosa, esperando alcanzar con sus palabras su voluntad de recuperar su cuerpo. – ¿De que te sirve luchar por alguien a quien ni siquiera le interesas?
Kagome no quería creer en lo que había presenciado. De repente recordó haber visto a esa joven, era la misma que había descubierto husmeando por el templo hace un tiempo. Esa había sido una de las últimas veces en que había tenido algo de control en su cuerpo, antes de que aquella presencia la enterrara en su interior y se apoderara de el.
Quizás hace cuanto tiempo Inuyasha y ella se veían a sus espaldas, no era coincidencia que hubiera estado justamente rondando en el templo y por la casita del pozo ¿no? De seguro se habían conocido en alguna de las ocasiones en que Inuyasha viajaba a visitarla. Sin importarle ya nada, su determinación comenzó a declinar – No puede ser, Inuyasha dijo que me amaba, no puede haberme olvidado así tan de repente…
–Inuyasha ya no te ama, ahora tiene a esa joven con quien lo vez. Recuerda que ya ha pasado un tiempo desde que estas aquí. El tiempo avanzó sin ti y es ella quien ahora sana sus heridas. –Dijo la voz reflejando burla.
La desdichada joven iba sucumbiendo a las palabras de la voz, hasta que se dejó atrapar en la profundidad de su mente.
–"Kagome no lo escuches. No dejes que te convenza…" – Aunque Kikyou intentó llegar a sus pensamientos, no pudo hacer nada, Kagome perdía su voluntad y concentración. La última oportunidad de poder ayudar a Kagome estaba perdida y al ser una con la joven, quedo encerrada junto a ella en un profundo estado de letargo.
–Inuyasha…– Susurró con un último suspiro de dolor ante la traición que marcó su perdida.
Finalmente el odio tomó posesión completa del cuerpo de la joven. Kagome ya no sería un obstáculo para sus planes, sin saberlo Inuyasha y su amiguita le habían dado la clave para lograrlo. Ahora nadie podría detenerlo, era libre para destruir a Inuyasha y ya sabía a quien usaría la siguiente parte de su plan. Pero primero debía hacer otra cosa, por ahora dejaría que el hanyou disfrutara de su breve felicidad. Sin que le notaran hizo su regreso al templo, debía hacer una rápida visita a la era del Sengoku Jidai.
o
El hanyou la estrecho fuertemente entre sus brazos y escondió su rostro en su pelo.
–Tú también lo eres para mi, Akane. Si no fuera por ti, hace mucho que me habría rendido en lo que a Kagome respecta.
Akane se alejó ligeramente para mirarlo a los ojos y le dijo con una conciliadora sonrisa
– Amigos por siempre. – Inuyasha le devolvió la sonrisa y asintió.
Soltando su abrazo Inuyasha se sonrojó un poco, no era habituado a tanto sentimentalismo, por lo que recuperó su postura orgullosa y dijo – ¡Keh! No te quepa duda alguna – y le mostró una sonrisa cómplice.
Entonces Akane e Inuyasha emprendieron su camino de regreso al dojo. Pero en un instante Inuyasha sintió algo extraño en su corazón. Como si le hubieran llamado, inconscientemente susurró –Kagome…
Akane al escucharlo le preguntó si sucedía algo, pero este pensó que solo era su imaginación y le restó importancia, continuando con su camino.
Cuando llegaron a la ventana del cuarto de Akane, este la bajó de su espalda y se despidieron. –Bien Inuyasha, ya sabes que si necesitas cualquier cosa no debes dudar en venir. Además, quizá ya no será necesario que te escondas. – Inuyasha la miró confundido. Por lo que Akane se sonrió. –Hoy planeo contarle a Ranma sobre ti. Quiero que sepa cuanto me has apoyado y cuidado. De seguro se llevarán bien. Ambos son orgullosos, testarudos, egocéntricos...– enumeró la joven, para luego terminar con una sonrisa, lo que le ganó una mirada de fingida molestia del hanyou.
– ¡Keh! Has como quieras. Pero te aviso que lo primero que haré, será dejarle claro que si vuelve a dañarte otra vez, tendrá que saldar cuentas conmigo.
Akane rió divertida. – Vamos Inuyasha no exageres.
Dándose ambos un abrazo de despedida y deseándose mutuamente toda la suerte con sus respectivos, Inuyasha se marchó a través de la penumbra de la noche.
Ambos fueron ignorantes del espectador que miraba la escena desde la penumbra.
o
Al ver que su contrincante se iba, Ranma dio un último vistazo hacia la ventana de Akane, que ahora estaba cerrada, para luego salir de su escondite y entrar en la casa con paso firme y decidido.
No hace mucho que Ranma había regresado de hacer sus cosas, cuando había ido al cuarto de Akane había encontrado la nota de ella. Luego de leerla, se preocupó por que pudiera tener alguna recaída, y había tenido intenciones de ir a buscarla. No alcanzaba a salir de la casa cuando la vio llegar en las espaldas del extraño chico. Por instinto se ocultó en la penumbra. Al ver la intimidad y cercanía entre ellos pensó en enfrentarlos de una vez, pero le fue imposible hacer nada ya que el chico justo en ese momento el extraño se retiraba y desaparecía de su vista mientras Akane le miraba marchar.
Harto de la situación, decidió enfrentar a Akane. Y se dirigió directamente a su habitación.
Ella estaba sentada en la cama cuando la puerta del cuarto se abrió de golpe.
– ¡Ranma! – Efusivamente fue hacia él para abrazarlo y besarlo, pero no recibió respuesta. Desconcertada alejó su rostro de él para verlo. – ¿Ranma?
Estaba estático, no quería verla a los ojos. Sabía que a su mente vendrían nuevamente las escenas de ella con aquel extraño. Había estado tan contento ese día luego de lo ocurrido entre ellos. Había abrigado la esperanza de que todo lo sucedido entre ellos aquel último tiempo quedaría como cosa del pasado, tal cual fantasma que no valía la pena recordar. Pero esto último había sido la gota que derramo el vaso. Sus celos y sentimientos de traición le habían derrotado finalmente.
La tomó bruscamente de los brazos para atraerla él y antes de que ella pudiera responder, los labios de Ranma se estrellaron en los suyos con rabiosa actitud posesiva y empezaron a moverse en un implacable y duro beso, que no tenía nada que ver con aquellos tan cariñosos que hubieron experimentado aquel día. Ranma quería auto convencerse de que Akane no lo engañaba, pero la había visto con sus propios ojos, y no una sino que dos veces, el beneficio de la duda ya no existía. Ella aún veía a ese chico.
Akane no entendía la razón del comportamiento de Ranma, –"Quizás no tuvo un buen día…"– pensó inocente. Esperando animarlo un poco, al terminar el beso le sonrió con ternura, pero no recibió reacción alguna, Ranma solo la miraba.
Comenzó a sentirse nerviosa y al no saber como actuar se mantuvo silenciosa. No sabía que decir o hacer. No gustándole como se estaban tornando las cosas intentó averiguar que pasaba, aunque era un poco difícil ya que Ranma aún la sostenía firme de los brazos, sin dejar de verla, lo cual la intimidaba bastante – Ranma ¿estás bien?
– ¿Por qué no debería de estarlo¿Hay algún motivo?
Confundida respondió – Pues no creo.
Ranma al ver que Akane insistía en hacerse la inocente, pensó – "mentirosa."– Decidió ver hasta donde podría llegar Akane con su cinismo – ¿Entonces?
–Es solo que pareciera que te molesta algo. – El apretón se intensificó, Akane comenzó a forcejear intentando soltarse. – Ranma me estás haciendo daño.
–"No creo que sea mayor que el que tu me has hecho." – Pensó el chico.
La soltó finalmente y Akane se alejó unos pasos mientras se sobaba el área de donde la había sujetado. Fulminándolo con la mirada demandó – ¡¿Es que te has vuelto loco?!
Ranma sin cambiar su posición dijo, – Noté que saliste¿Dónde fuiste?
Incomoda contestó, –Al parque. – Con la extraña actitud de su prometido prefirió omitir a Inuyasha del tema por el momento.
–Así que el parque ¿eh¿Y te reuniste con esa amiga que llamas Kagome?
– ¿Qué llamo?– al comprender que Ranma sabía más de lo que quería admitir, decidió aclarar las cosas. – En realidad…
¡Deja de mentir y dilo! – Exigió molesto.
Akane se sorprendió con su actitud¿es que Ranma ya sabía de Inuyasha? Y si así era, no parecía que lo estuviera tomando muy bien, debía explicarle, pero no sabía como empezar sin que sacara conclusiones erróneas –Tranquilízate Ranma, será mejor que hablemos. No es lo que estás imaginando… – en ese instante Ranma la interrumpió.
– ¿Imaginando? – Ranma lanzó una risa irónica y continuó – No estoy imaginando nada. Los vi, Akane. No intentes negarlo. Te vi llegar hoy y te vi también cuando partiste aquella noche a ese "viajecito". – dijo con sarcasmo.
Akane olvidó las explicaciones y estrechó los ojos intentando entender sus palabras e insinuaciones. – ¿A que quieres llegar Ranma?
– ¡Deja de hacerte la inocente Akane! No creo que a tu "amigo" le agrade saber que lo mencionas como si fuera mujer. No me mires así. Akane, se tu secreto.
Akane malinterpretó el sentido de sus palabras, lanzando un suspiro de calma, esbozó una inocente sonrisa –Vaya, así que ya lo sabes. Esa era la parte que mas me complicaba decirte, no sabía como explicarlo, de hecho al principio a mi también se me hizo un poco complejo todo aquello. – dijo confiando en que se refería a la condición de su amigo al no ser completamente humano. Ahora quizás le sería más explicar de qué época era.
Ranma se sobresaltó por la calma que la había dominado mientras hablaba del tema. Más no tenía intensiones de tragarse su aire de inocencia. Los celos y orgullo estaban al mando. Ellos no se reirían de él, – ¿En serio?
–Bien no quería que nadie se enterara, pues pensé que no comprenderían, pero ahora que lo sabes me siento mucho mas tranqui…– Akane se vio interrumpida por el sonido de un golpe que había atravesado la muralla de su habitación.
Ranma estaba cabizbajo, manteniendo oculta su expresión por el flequillo de su pelo. Respiraba con fuerza, como si intentara contenerse, mientras mantenía los puños fuertemente apretados. Akane instintivamente se acercó a examinar la mano que había dado el golpe, pero no le encontró nada más que unos rasguños. – ¡Ranma¿Por qué hiciste eso¿Te encuentras bien?
Sin levantar la vista, y soltando su mano bruscamente del contacto con Akane como si quemara, Ranma habló sobriamente – ¿Acaso te importa?
Akane se quedó helada, no entendía nada. Se estaba empezando a hastiar de la actitud tan ofensiva de su prometido. No pudo ocultar su molestia y respondió alzando la voz. – ¿Cómo no va a importarme¿Qué clase de persona crees que soy?
El chico finalmente levantó la mirada, para verla directamente a los ojos, lo cual hizo que Akane se estremeciera por la frialdad que expresaba. – ¿Por qué no me lo dices tú? – No pudo ver por más tiempo la actitud desentendida de Akane y agito la cabeza mientras se remesaba el pelo con frustración. –Soy un iluso. No soy nada para ti. No se porque no quise aceptarlo antes. Yo no te importo para nada.
La joven no sabía como responder aquella acusación tan repentina. Aquellas palabras le trajeron el recuerdo de todas aquellas veces en que Ranma la había dejado sola, ignorándola, olvidándola… ¿Cómo se atrevía de decir eso cuando ella había hecho lo que había estado en sus manos por que la notara? Incluso se había sometido a las exigencias de su familia para ser una buena esposa para él, siendo menospreciada como la artista marcial que era. Furiosa con él y consigo misma, olvidó de que hablaban y dejó escapar las frustraciones que por tanto tiempo había guardado.
– ¡¿Con que cara vienes a decirme eso?! – Ranma volvió a fijar su atención en ella. – ¡Eres un idiota orgulloso y egocéntrico¡Nadie te importa más que tu mismo!
Al ver el descaro con que lo insultaba este se acercó unos pasos a ella intentando mantenerse calmado, no se dejaría desmoronar. –Perdón ¿Puedes repetir eso?
– ¡Con gusto lo haré!– Y respirando profundo mientras las lagrimas comenzaban escapar sin control de sus ojos comenzó – ¡Dije que eres un idiota orgulloso y egocéntrico¡Nadie te importa más que tu mismo¡¿Acaso ya olvidaste este último año¡¡Las veces que me ignoraste, menospreciaste, heriste!!... – Ranma sabía que tenía razón, pero sus celos nublaban toda capacidad de razonar, solo se mantenía silencioso escuchando. –… ¡Siempre has sido tú¡El gran Ranma Saotome, al que todos deben vanagloriar! Bien Ranma, déjame que te suba un poco más el ego. Cuanto no intenté acercarme a ti, hacer que me notaras, comprendieras lo que sentía. No sabes la ansiedad con la que esperé que llegaras a tiempo para mi cumpleaños, creyendo que aunque las cosas entre nosotros no estuvieran en los mejores términos llegarías o que al menos llamarías. Sin embargo. Espere, espere y espere, sin embargo no apareciste. Y ayer cuando estuve enferma, ni si quiera te importó…– En ese momento las lagrimas bañaban su rostro al recordar los dolorosos momentos por lo que había pasado por amar a alguien como él.
Aunque su corazón comenzaba a doler al pensar en todo lo que tuvo que pasar Akane por su estupidez, cuando mencionó el día del cumpleaños sus sentimientos nuevamente se congelaron por el recuerdo. Ella no lo sabía, pero aquel día sus esperanzas se habían desmoronado al verla en brazos de ese extraño. Respondiendo con sarcasmo dijo – ¡Mira tú! Y por eso decidiste buscar en otro lado ¿no?
– ¿Buscar en otro lado¡De que rayos me hablas!
Tomándola de los hombros con dureza le reclamó – ¡Deja ya de hacerte la que no sabes Akane! Ya te dije antes, los vi la noche que regresé… sobretodo vi cuando se besaban. Y hoy… cuando te trajo – esquivó su mirada para no mostrar lo que le afectaba aquello y prosiguió –…lo abrazaste de una manera tan especial… Y yo como un idiota luchando por algo perdido… – Sin mirarla volvió a soltarla y se alejo un paso atrás.
–Ranma… – Akane comprendió todo en seguida. Si Ranma la hubo visto aquella noche, quiere decir que sí había regresado la noche de su cumpleaños, por ella. Su corazón comenzó a latir fuerte, pero se detuvo cuando comprendió lo otro. La había visto besarse con Inuyasha. Por eso su cambio tan drástico hacia ella. Su repentino interés. Sus supuestos sentimientos por ella. Lo ocurrido ese día entre ellos dos. Todo debido a que la había visto con Inuyasha. No estaba interesado en ella, solo estaba herido en su orgullo, había provocado que fluyeran en él los celos posesivos por lo que consideraba que por derecho era suyo, nada más. El no sabía perder y llegaría hasta lo más bajo por ganar finalmente.
Sintiéndose usada, traicionada y herida en lo profundo del alma, habló fríamente y cabizbaja para ocultar la vergüenza por haber caído en su juego – ¿Cómo no se me pasó por la mente que tú actitud para conmigo era por un motivo como ese? Y yo que pensé ilusamente que me querías. Sin embargo solo me quieres porque pensaste que otro me quería… ¡Ranma Saotome solo me engañaste porque te molestó pensar que Inuyasha pudiera desfigurar tu perfecto mundo al quererme¡Tú no me quieres, solo te quieres a ti mismo¡Encima de todo mi familia y la tuya me tienen harta, siempre diciéndome que hacer, como hacerlo! Que si no, no podría ser la esposa adecuada para el gran ranma saotome. ¡Jah! Que ciegos están. Si entendieran que todo lo haces por orgullo y egocentrismo. Crees que te pertenezco solo porque nuestros padres así lo decidieron. Siempre tienes que ser quien gane ¿no? Lamento informarte que esta vez perdiste, como podrás ver, ahora ya te conozco y sé cómo funciona tu cerebro. No pienso volver a creerte, y ya no tengo interés alguno en lo que pudieras ofrecerme. Mi amor por ti, se ha marchitado por completo, eres sucio, insensible. ¡Te odio!
– ¡¿Sabes¡¡¡No me importa lo que pienses, si quieres vete con ese imbecil, que de seguro será otro pervertido como los que siempre atraes!!!
– ¡¡¡No hables así de Inuyasha¡¡¡ Si Inuyasha no hubiera estado a mi lado, desde hace tiempo que me habría desmoronado¡Él ha sido mi único pilar en este último tiempo, así que límpiate la boca antes de hablar de él! Si no fuera por su compañía yo jamás habría podido sobrellevar la soledad en la que me sumí por tu culpa. No pienso seguir atada a ti ¡¡¡EL COMPROMISO SE TERMINÓ!!!
– ¡BIEN POR MI! No me interesa estar comprometido con una… con una mujer como tú… una… ¡TRAIDORA, MANIPULADORA E INSENSIBLE¡¡NADIE PODRÍA QUERERTE EN SERIO!! –Grito el joven con rabia y dolor. Hubiera agregado algo más, pero una fuerte bofetada se lo impidió.
Al tocarse el rostro donde lo había golpeado y ver a su agresora, se arrepintió en seguida de lo último que había dicho. Aunque Akane se encontraba furiosa con él, esta vez ella estaba sufriendo y mucho, podía verlo en su mirada. Aunque sabía que ambos habían tenido culpa en el asunto, él la había lastimado demasiado con lo último que sabía no era cierto, él era un vivo ejemplo de ello. Intentó alcanzarla con la mano –Akane… lo siento…yo…– pero Akane con lagrimas en los ojos se alejó de él como un animal herido, dando un paso atrás para que no la alcanzara.
Conteniendo apenas el dolor, dijo –Vete por favor Ranma. No quiero que te me acerques de nuevo. Solo me lastimas. ¡¡Te ODIO me oyes¡FUERA!
Recuperando su enojo con ella se dio la vuelta para irse, pero antes gritó – ¡Bien si eso es lo que quieres¡Así será¡ADIOS!
Y dando un fuerte portazo que hizo estremecer las paredes la dejo completamente sola y destrozada en la habitación.
Akane al verse nuevamente sola, se derrumbó por completo. No entendía como era posible que un sueño pudiera convertirse en una pesadilla tan rápidamente.
–Inuyasha… como necesito tu compañía en este momento…
Ranma fue hasta su cuarto y tomo el regalo que aun guardaba para Akane desde su cumpleaños. Se sentó en su futón con las piernas encogidas contra el pecho, abrazándolas con una mano, miraba fijamente su otra mano que sostenía el pequeño regalo. –Y yo que me esforcé tanto por conseguirte esto. ¿Y para que? Ya no me sirve de nada ¡Todo se acabo!– Sentenció al momento de lanzar el regalo contra la pared, para luego quedar tirado en el suelo.
Luego dejó que sus penas le dominaran, intentando no desmoronarse por completo. Akane no lo merecía.
Aquella noche, lo que pudieron ser risas y alegrías para ellos, solo fueron lágrimas y lamentos, ante la profunda herida que se había vuelto abrir con creces en los corazones de ambos muchachos.
Continuará…
Riosaku
No me maten, e ahí la razón por la cual quería subir el fic terminado XD
