Capítulo 9

[Para los que quieran participar en los siguientes fic, por favor leer hasta el final.]

Durante todo el día, Korra se mostraba muy nerviosa incluso ella lo noto. Todavía debían viajar y apenas estaban en Panamá iban rápido, Asami lo sabía, pero era una emergencia quedarse esta vez. El ciclo Omega empezaría en estos días y la Alfa se cercioro que durante esta semana debían refugiarse para evitar que algo sucediera.

Asami estaba de cierta forma aliviada, pero algo le inquietaba, Korra parecía desesperadamente esquiva en que sucediera algo entre ellas. Se mostraba distante, parecía que no quería ceder ante su calor.

"Tal vez las cosas si son nuevas para ella" pensó Asami, pero creyó que no era para tanto tomárselo así.

En la noche del segundo día sintió los efectos del calor en su interior, corrió para refugiarse en la habitación contigua sintiéndose más segura. Pero sus pensamientos no eran congruentes. En lo más profundo de su ser Omega deseaba que Korra la ayudase a calmar el ardor que se propagaba por todo su cuerpo.

"No, no, no. No lo arruines, no lo arruines."

Pero sentía ese dolor en la boca del estómago, yendo directo a su ingle. Estaba excitada y la piel se le erizaba cada vez que pensaba en sus ojos índigo, observándola cuando estaba descuidada o esa mano tentativa que acariciaba la suya. Su voz irguiendo su piel cuando le hablaba al oído.

Acostada y albergada en esa habitación lo suficiente fuerte para detener a un Alfa, residía ahí, pero su mente no y tampoco su cuerpo. Su feminidad le palpitaba, con cada recuerdo de Korra. Sus músculos moviéndose al compás de su fuerza, la sonrisa agitada por la batalla, el sudor resbalándole por su cuerpo cincelado por los mismos dioses.

Mordió su labio reprimiendo un gemido necesitado.

Se estremeció al escuchar los gruñidos que provenían de afuera. Sus piernas le ordenaron levantarse y prontamente observo lo que deseaba moviéndose en el pasillo.

Korra gruño con sus ojos rojos los miraba, sus enemigos estaban ahí, así que no dudo en enseñar sus dientes afilados y sobresalientes para darles la advertencia.

Un Alfa se abalanzo sobre ella y cayeron al suelo forcejeando. Protesto enojada, él trataba de asfixiarla haciendo presión en su cuello. Korra elevo sus piernas y cruzándolas en su pecho lo empujo al suelo liberándose de su agarre. El otro sujeto corrió hacia ellos, la morena se liberó rápidamente y levantándose esquivo esas garras que pasaron veloz cercar de su garganta. Tomo como ventaja el movimiento y propino un golpe con su rodilla a las costillas del Alfa fragmentando todo a su paso.

Lo sujeto con las garras y lo mando a volar largo de ahí. El otro hombre trato de descargar su fuerza en ella pero le resulto demasiado rápida. Korra impido un zarpazo y respondió con uno más agresivo que dejo marca en la mitad de la cara del sujeto.

Cayo de bruces al suelo, con la sangre saliéndole a borbotones. La Alfa escocesa lo levanto en el aire y lo envió contra el otro. Todavía en su forma licántropo se acercó otra vez a esa puerta mirando apenas por el rabillo noto a la Omega sonriéndole.

Más lamentos se escucharon, sus ojos bermellón estaban con la lujuria en su máximo apogeo. Gemía tratando de que la Omega le hiciera caso.

"La necesito" eso pensaba Asami pero no lo quería, iba a devastar todo si tan solo dejaba entrar a la Alfa. Le dio la espalda para evitar observar esos matices rojizos llamándola. Pero sus sollozos exigidos, le daban calambres en el organismo. La deseaba a muerte, no quería esperar a sentirla dentro de ella, que la hiciera sentir toda la lujuria que ambas estaban conteniendo, deseaba sostenerse de su fuerte espalda, rasguñarla por el producto de su libido y anhelaba gritar su nombre cuando la liberación llegara.

Escucho otro forcejeo en la puerta pero la Suiza estaba segura de que no podía entrar, estaba muy reforzada solo si ella le abría conseguiría pasar por la puerta.

El estruendo seguía llamando la atención de todos, aunque nadie se atrevía tan siquiera a acercarse.

Korra se pegó a la puerta y se dejó caer. La Omega se había introducido en otra puerta así que no había manera de que pudiera llamar su atención sino estaba presente aun así estaba atenta a escuchar cualquier cosa.

Cuando entro a esa sala parecía una casa pequeña había varias cosas que podría usar para asearse más al fondo existía una pequeña puerta cuadrada para que era, no lo sabía, pero si estaba ahí significaba algo.

Calentó agua y se introdujo a la tina, el agua estaba deliciosa. Con el pelo hecho una moña se apoyó para poder pensar. Esto le había calmado la calentura pero no era suficiente debía ser saciada para que se fuera definitivamente.

Asami desechaba estar con ella porque aceptaba que Korra llegara por su cuenta para reclamarla como suya y ella también reclamarla pero no así con uno de sus celo.

Cerró los ojos un momento, necesitaba pensar con más claridad e ignorar sus instintos de Omega.

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Sus besos eran embriagadores, se deleitaba como calzaba su boca con la suya después sintió como esa lengua se abría paso para encontrarse con la de ella y se acariciaron lentamente, gimió y podría avergonzarle pero no fue así. En cambio su cuerpo le advirtió que deseaba ese tacto en su piel de porcelana.

Se aferró a sus hombros cuando los besos que estaban experimentando fueron cambiando a unos más libidinosos con más entusiasmo que antes, parecía que Korra quería comerse su boca y esperaba que así fuera.

Aunque estuvieran en medio de la finca, con la oscuridad tapándolas. No importaba consentía que ella se hiciera cargo, Korra era su Alfa y debía saber mucho acerca de cómo satisfacer a una Omega o a una mujer cualquiera de las dos.

Asami se apretó contra Korra, que mantenía sus manos asediadas a su cintura. Sus cuerpos se estremecieron y la Omega advertía una palpitación adelantándose a la Alfa.

Se obligó a separarse. La enóloga respiraba agitadamente pero razonaba de maravilla. Ella no determinaba que fuera así, tan rápido. Apenas unos minutos atrás dijo que quería intentarlo pero cuando bajaron del árbol, la Suiza no le permitió hacer más acciones. Se acercó a ella y la proclamo como suya.

Respondió a sus exigencias pero después lo pensó mejor.

–Quiero ir lento –le dijo apenas en un susurro tratando de recomponerse.

Observo la confusión en sus ojos brillantes.

–No entiendo Korra –hablo con sinceridad tratando de recuperar el aliento.

La Alfa le tomo las manos y las apretó. Estaba meditando mucho como se lo diría, era doloroso, tal vez, pero era la verdad.

–Quiero cortejarte –expreso con osadía.

–Pero, estamos casadas –aclaro riendo apenas escuchando la ironía de sus palabras.

–Lo se Asami, pero no lo quiero de esta manera.

Más desconcierto en sus ojos, su esposa no lograba entender verdaderamente lo que intentaba decir y no podía culparla era ilógico además de patético, se suponía que desde hace meses debió haber formado el vínculo pero nunca se hizo y las circunstancias tampoco dieron para eso.

–Yo quiero hacer lo que es debido, salir para conocernos, obsequiarte cosas, para que me aceptes como tu pareja.

–¿Lo dices enserio?

–Hablo muy enserio.

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Korra abrió los ojos, soñaba con lo que le dijo a Asami tiempo atrás. Lo estaba haciendo bien, salía con ella, le daba detalles que, por lo que decía la Omega, eran tiernos. Era un poco tarde para hacer todo eso, lo sabía, pero aun así pretendía que poco a poco ambas se enamoraran de la forma antigua. Cuando llegara el momento, harían lo honrado por Alfas y Omegas, le dejaría una marca en su piel y cerrarían el lazo.

La puerta se abrió y se vieron directamente a los ojos. Cuando Korra le sonrió Asami se avergonzó.

–Te miras espectacular –platico con sinceridad la Alfa.

–Y tú… –la registro de pies a cabeza–. Necesitas un baño.

Risa de ángeles, escucho Asami, que la hizo sonrojarse aún más.

–Bien, te veré luego.

Estiro su mano tomando las falanges de Asami y la beso. Con una sonrisa vanidosa se fue dejando viendo visiones a la restauradora.

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–Es hermoso –menciono viendo el camino por donde pasaban.

–Si tú lo dices –explicó aburrida.

Llevaban un buen rato cabalgando, saliéndose de la rutina de ir en el carruaje.

–Siempre dices lo mismo pareciera que no te impresionada nada –Asami dirigió a su caballo hacia un lado apartándose tratándose de no irritarse por sus palabras.

–Me dijiste que fuera sincera, que te dijera lo que pensaba –alego la ojiazul.

–Lo sé –dijo suavemente–. Es solo que… parece que no te dedicas a ver algo más.

–De hecho si lo hago –arrimo su potro más cerca–. Te veo a ti y no hay nada más hermoso.

Se encontró en una encrucijada, Korra había sido demasiado sincera cuando se trataba de ella, sus halagos eran lindos y a veces le coqueteaba. Y por esos momentos se sentía nerviosa, la abrumaba no entendiendo bien porque, si ella misma le había dicho que actuara un poco más abierta.

Al principio Korra parecía confundida y alegaba que no estaba al tanto de cómo hacerlo, pero al poco tiempo se vio tan cómoda con sus comentarios y acciones que a Asami le parecía que lo había hecho toda su vida.

"Quizá es por eso que siento dudas"

Nunca considero preguntarle si alguna vez lo hizo, creyó que era mejor mantener la ilusión que solo con ella lo hace y lo haría durante su vida.

–Eso no cambia el hecho de que todo te parezca aburrido –se recompuso, quería saber la verdadera razón.

–Está bien –se rindió–. Recuerdo haber pasado por aquí una vez así que no me emocionada en absoluto.

–¿Si?

–Si…

–¿Con quién? –entrecerró los ojos, quería seguir eso juego.

Korra sonrió presuntuosamente.

–Con una mujer.

Asami arqueo su ceja, ahora estaba enojada parpadeando condenadamente lento.

–Hmph…

Espoleo a la potranca que se alzó sosteniéndose con las patas traseras e hizo un relincho para luego salir como alma que se llevaba Vaatu.

Korra la miro divertida mientras se alejaba por la senda.

Los 3 sirvientes vieron como la duquesa salía cabalgando, nadie dijo nada, aunque sus expresiones eran bastantes impactadas.

Se escuchó otro relincho y vieron como la patrona se iba tras su esposa. Ellos continuaron su viaje, dejando de perturbarse por esas acciones.

–Vamos Argento… –animo Korra a su potrillo.

El árabe galopo con gracia agilizando sus movimientos, Korra iba guiándolo con las riendas. Estaba entusiasmada, jamás se esperó esa reacción y le parecía muy tierna.

Paint Horse era rápido, a su parecer, cuando Asami practicaba le gustaba sentir el viento golpear su cara, se sentía libre casi como si podía volar y en ese instante le entro la curiosidad de mirar hacia atrás pero su hermana le había dicho que eso podía distraerla lo suficiente para hacerla caer así que prefirió no hacerlo, pero si oyó como el corcel de Korra se acercaba.

–Rápido Atalanta –alentó y fue escuchada.

Avanzaron más rápido tratando de dejar atrás a su esposa, pretendía verla intentar recomponer lo que dijo, deseaba que pusiera un poco más de empeño que se esforzara más por ella, porque normalmente en esos casos se quedaba callada sin saber cómo acercarse y ella empezaba a odiarlo. Pero cuando ella decía algo muy a lo Asami, parecía que no afectaba en nada a Korra.

Podía tener actitudes soberbias como cuando la morena quería salir y ella no lo miraba de esa manera, le contesto mordaz la última vez, fastidiada por lo que podría hacer y le cerró la puerta directo en la cara, cuando escucho golpes le dijo un par de cosas más. Al día siguiente Korra parecía que no recordaba lo que había hecho y eso la molestaba aún más.

–¿Vas a detenerte?

Cuando logro ver a su lado iba la morena, le hizo un gesto gélido. La volvió a divisar pero ya se había adelantado.

Distinguió ese gran caballo negro deteniéndose delante de ella obligándola a parar, se engrandeció para su deleite, Korra sabia manejarlo e hizo que relinchara para llamar su atención. Cuando las cuatro patas estuvieron en el suelo se acercaron a ella, trotando a su alrededor, haciendo pasos elegantes.

Si era un cortejo o no, Asami no se dio cuenta pero sus intentos por llamar su curiosidad sirvieron. Luego estaba viendo cada movimiento de ambos. Korra le quito las riendas y los llevo a un lugar con sombra.

–¿Sigues enojada?

–¿Quien dice que lo estoy? –sus ojos verdes amenazaron que lo siguiente que diría debía ser inteligente.

–Está bien, no estabas enojada –medito lo siguiente con una sonrisa jactanciosa–. Estabas celosa.

–¡¿Quién?! ¡¿Yo?! –se hizo la ofendida.

–Asami celosa Sato –utilizo su tono burlón cualquiera que fuera la consecuencia Korra la aceptaría.

No supo en que momento pero le lanzo un manotazo dispuesta a defender el honor que le quedaba pero Korra fue lo suficiente rápida para detenerla.

–Hago este viaje sola a excepción de esta vez, claro –delibero satisfecha por la respuesta de su esposa.

Jalo sus falanges hacia sí y los sostuvo de manera cortés. Beso sus dedos y luego su dorso, la miro como siempre lo concebía y Asami contuvo un jadeo. Cuando la soltó y tiro su caballo a otro lado.

Asami se sintió confundida por sus acciones, parecía que la Alfa adoraba colocarla en una línea que se tambaleaba constantemente a veces mostrando su lado más afable y otras evitando entregarse del todo.

La sorpresa fue mayor cuando Korra se allegó a su otro costado y en un ágil meneo le robo un beso que dejo sin respiración a la duquesa de Suiza.

Cuando el carruaje por fin las alcanzo, Asami iba trotando lentamente detrás de Korra todavía asimilando lo ocurrido. Le gusto lo que hizo.

El viaje fue relativamente tranquilo ya habían cruzado el río San Juan de Nicaragua y se adentraron a las tierras nicas desde hace varias semanas. Se detuvieron a descansar, debían llegar rápido a Managua y buscar a los hermanos de Korra.

Por alguna razón, que Asami no supo explicar, la Alfa se miraba más alerta a cualquier cambio. Manteniendo constante su éxodo, reposar en esos instantes era un lujo que no se deban a menudo.

–Estamos cerca así que…

–Lo entiendo –se apresuró a terminar a Asami.

Algo tenía inquieta a Korra así que no le pondría otra carga. Si ella decía, "vámonos" eso se haría.

–Hagámoslo…

La Omega miraba como la Alfa revisaba una y otra vez ese pedazo de papel en sus manos parecía que descubrirían un gran secreto así que hasta ella estaba fastidia ya que ahora más que nunca podía ocultar su impulsos.

Aventurada a descubrir la razón de su presión, se movió hasta quedar al lado de la castaña y parecía que el tiempo se detuvo intuyendo lo que pasaba a continuación. Asami poso su mano en su hombro haciéndola sobresaltarse.

Esos ojos verdes demostraban preocupación que fue percibida rápidamente por ella. El mundo desapareció para que ellas dos vivieran el momento. Korra pasó su brazo alrededor del hombro de Asami y la acerco más. La restauradora se vio sosteniéndose de ese sentimiento reconfortante.

"Estamos juntas" se repitió una y mil veces atrás. Asami sabía que si algo pasaba, estaría la una con la otra apoyándose.

–¿Escuchas eso? –le pregunto Korra.

–No escucho nada –respondió sin entender muy bien a que se refería.

–¡Exacto!

3 golpes bastaron para que el carruaje aumentara la velocidad.

Eso estremeció más a Asami. ¿Qué ocurría? ¿Algo malo?

Separándose bruscamente, Korra movía sus manos de un lado a otro buscando algo y se sorprendió de lo que veía.

La morena saco varias armas comprobando una a una que estuvieran cargadas, sintiendo la furia acumularse y los ojos ardiéndole por las ganas de llorar. Para Korra no era posible que en realidad estuviese pasando otra vez.

–Korra…

Los ojos confusos y llenos de preocupación de Asami le calaron hondo. Iba a protegerla con su vida de ser necesario.

Acerco su mano quería acariciarla, decirle que todo estaba bien y que ella nunca debía preocuparse. Pero esos signos de debilidad no los iba a mostrar, bajo la mano hecha un puño. Iba a guardarse esa palabrería y se pondría a trabajar.

–No tu… –susurro para sí misma alejándose de ella, de su mirada, calor y tacto.

Asami se quedó más preocupada que antes, esa actitud por mucho, le preocupaba en demasía. Quería acercarse, no pedirle una explicación, sino darle su apoyo.

–Recuerda lo que te he dicho –expreso en un tono carente de felicidad, afilado y demandante una orden como un General se la da a su pelotón.

Cerró los puños, arremangando la tela de su vestido. "no lo he olvidado" pensó pero nunca se lo diría. Estaba consiente de todo, de lo arriesgado que era el viaje y del peligro que ambas estaban expuestas.

Abrió la puerta y de un movimiento fluido subió al techo haciendo un extraño ruido y agitando un poco el carruaje. Se puso en forma de loto, tupió los ojos para concentrarse, en su respiración, en los alrededores, podía escuchar cada meneo de los árboles y los sonidos naturales, el relincho de los caballos agitados por la carrera.

Otra inhalación y luego exhalación, su olfato y audición buscaban algo distinto. Un murmullo inusual, un hedor fuera de lugar.

"¿¡Nada!?" algo andaba extrañamente desacostumbrado. Un movimiento repentino la alerto, más adelante a unos metros parecía un animal arrastrándose. "No tienes olor bicharraco" pensó y fue demasiado tarde.

Los caballos hicieron un salto repentino que logro sacudirlos a todos, Korra fue enviada a unos matorrales con extremada dureza pero el carruaje se compuso lo suficiente para no volcarse. Se levantó rápidamente adolorida de la espalda, comprobó que sus armas seguían con ella y se echó a la carrera de alcanzarlos.

Reviso en cada una de las ventanillas pero no había nada, Korra no estaba ahí y ahora estaba más preocupada. Saco la cabeza por la puerta todavía en marcha y la vio corriendo hacia ellos. Un silbido pasó cerca de su cabello llevándose algunas hebras y rompiendo la ventana. Se quedó pálida y cayó sentada, era una bala.

–Asami… –escucho desde lejos y otro pitido como el anterior.

Ambas mujeres se agacharon y las balas salieron de la nada. Otra vez se sacudió su medio de transporte y el fuego fue la respuesta. Korra y el Teniente respondía, cualquiera que estuviera en su campo visual seria acribillado y lo que más temía la morena se hizo realidad.

Escucho el centenar de cascos cabalgando a una velocidad implacable dirigiéndose a ellos.

–Llévalas a un lugar seguro –demando solemnemente.

Salto y se hizo de Argento, corto las amarras y lo espoleo con fuerza, se giró para regresarse al lugar. Si esos eran todos los que la seguían podría detenerlos antes de que llegaran a todos ellos.

Le pedía a Raava que esas balas no llevaran acónito sino su vida acabaría antes de poder pedir ayuda.

–Quédate aquí… yo no podría perderte –le hablo al semental que estaba chillando inquieto cuando su ama se bajó.

Era un movimiento osado pero no tenía otro que emplear, se enfrentaría a todos ellos. Argento seria su escape una vez que terminara. Corrió en su dirección, empleando toda su fuerza para acortar la distancia. Ocupando las dos armas que llevaba en las manos hizo disparos certeros haciendo que los caballos perdieran el equilibrio y en cadena cayeran los jinetes y los que iban detrás de ellos.

Disparo una y otra vez, hasta que cada bala y cartucho de escopeta se acabaran. Aunque las balas llovían logro ingeniárselas para sortearlas, recibiendo raspaduras y otras que se incrustaban en su piel pero rápidamente las removía.

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Un explorador iba galopando al lado de la horda como alma que se la llevaba Vaatu. Los cascos llamaron la atención de cada hombre y mujer que montaban sus caballos, pero no se detendrían hasta que su líder diera la orden, sin embargo los Ko salieron de las filas para acompañarlo.

Cabalgo hasta quedar a la par de su gran semental, la mujer lo miro con cara de pocos amigos. Bajo la mirada para dirigirse a ella.

–Un grupo de soldados entro y buscan a alguien –le expreso en su idioma natal.

–¿Quién? –pregunto ella de la misma manera.

–Una mujer, la llaman Korra de la casa Skywalker.

–¿Que desea hacer? Sangre de mi sangre…–expreso un Ko.

–Nymeria y Lady acampen, que las mujeres se preparen, los demás Ko van conmigo.

Los 5 hombres asintieron y con sus caballos galoparon de regreso con sus pequeños grupos.

–¿Qué pasa? –pregunto la duquesa de Colombia.

–Una emboscada tiene atrapada a Korra y a su grupo, vamos para allá –le dijo en inglés.

–Voy a ir –sentencio moviendo su caballo junto a su hermana.

–¡No! Te quedas y esperas a que volvamos para ayudar a los heridos.

–Khal yo iré… también es mi hermana.

Ante la negativa de querer quedarse, no le quedo de otra que aceptar. Una gran parte de la horda de hombres, cabalgaron al mando de su gran líder. Les tomaría una hora, quizás menos en encontrarlos así que no perderían el tiempo. Desbocaron con rapidez.

–Necesito que hagas algo –expreso en inglés–. Sangre de mi sangre.

–Hare lo que ordene, sangre de mi sangre.

–Si la misión falla y yo muero, asegúrate de llevar a mis hermanas a la frontera.

–Mi gran Khal, sabe cuál es el juramento. Yo voy a vengar su muerte –musito decidido, su honor valía mucho.

–¡No! –expreso viéndolo–. Red… salva a mis hermanas sin importa que. Es mi último deseo y sé que esto no te corresponde pero es lo que quiero.

El hombre, no comprendía muy bien. Mientras el grupo avanzaba a todo lo que daban los caballos, medito las palabras, él como buen jinete de sangre le correspondía vengar su muerte y después acompañarla en la otra vida. Pero esta Khal en particular era todo lo diferente que jamás conoció. Había pasado con ella casi toda su vida y ahora esta petición tan extraña estaba confundiendo su juicio.

–Cryp… llévatelos, no consideres en ninguna circunstancia quedarte, nosotros lo resolveremos.

–Yo…

–No, esta vez me obedecerás –hablo con fuerza haciéndose escuchar con todo el ruido–. Debes mantenerte con vida, sino regreso es tu deber cuidar a Korra.

–Pero tu… –hubo una vacilación en su voz que no podía permitirse–. Tu… yo me quedare para ayudarte.

–No hermana mía… tú las cuidaras.

Ella era fuerte siempre lo demostró pero existía cualquier posibilidad de que esta vez no salieran tan ilesa, así que debía asegurarse de que los demás estarían a salvo y cumpliría su palabra de cuidarlas con su vida.

Los 3 caballos iban a todo lo que daban. El Teniente ya había matado por lo menos a 20 personas pero el fruto de su trabajo fue un sentimiento incomodo con esa bala en el muslo izquierdo y el torniquete no se lo ponía tan fácil. Con el agitado balanceo perdía cada vez más rápido la serenidad de sus pensamientos. Incluso la Suiza había disparado un par de veces pero todo era nuevo.

El siguiente tramo parecía de lo más fácil posible hasta que un par de balazos hizo que los caballos cayeran y con ellos los ocupantes. Ambos hombres salieron disparados a distintas locaciones y el carruaje dio unas vueltas con sus ocupantes.

Se movió, después de la conmoción inicial, un mareo le advertía que posiblemente vomitaría y se contuvo a esa asquerosa acción. Enfoco lo mejor que pudo, pero todo parecía moverse con cada parpadeo.

–¡Ahhh…! –observo su pierna, estaba rota–. ¡Raava…! –respiro de manera pausada y después la coloco en su lugar.

Un ruido parecido a la de una rama partiéndose lleno ese espacio en donde quedaban solo escombros luego continuo con su hombro pronto pasaría todo el dolor así que solo le quedaba esperar a pesar de que la sangre de su frente la incomodaba. Alargo su mano y golpeo la puerta, salió arrastrándose de lo que quedaba del carruaje. Volvió por Analay y su pistola, la necesitaba tanto como vivir.

No era un médico consagrado pero sabía un par de cosas, desgarro tiras de su vestido y la amarro en la cabeza de la mujer, volvió a hacer el proceso y vendo los dedos de la mano y acomodo un tobillo.

–¡Shaw! ¡Teniente! –grito con todas sus fuerzas pero no había señales de ninguno.

Levantarse era toda una osadía, pero lo logro y los buscaba desesperadamente rezando para que estuvieran vivos todavía. Encontró al Teniente tendido en unos matorrales con el brazo en una extraña posición. Lo jalo hasta donde estaba su compañera y se dedicó a revisarlo tratando de salvarlo a toda costa. Su pierna estaba sangrando con más abundancia y estaba pálido, perdía demasiada sangre así que se dedicó a hacerle un torniquete para evitar que el flujo siguiera pero tal vez tendría que revisarlo un médico para descartar posibles hemorragias internas.

En otro estaba peor parecía que iba a renquear por el resto de su vida. También lo tiro con toda la delicadeza posible para estar cerca del grupo, si alguien venia en su ayuda estarían todos a la mano. Solo le preocupaba su esposa.

–Pero miren a quien tenemos aquí –hablo un hombre montado en su caballo.

–Aunque es demasiado bella para entregarla podría servirnos de algo –alego mientras la miraba de forma carnal, las piernas descubiertas de Asami llamaba mucho su atención–. El pago será el mismo aunque la llevemos en dos piezas.

–Concuerdo… sabes podríamos sacar algo

–¡Aléjense! Yo… –encontró su voz, estaba asustada de ellos pero era más fuerte que esos dos–. Déjennos en paz y les perdonare la vida.

–Ya la escuchaste –dijo y después lanzo una carcajada–. Nos perdonara la vida –burlándose rio otra vez.

–Es tan linda… –bajo de la montura y se agacho.

Se acercó para tocarla y en ese segundo de descuido Asami se apresuró, apunto su arma y disparo. El cuerpo inerte cayó haciendo un ruido sordo. La vida de sus ojos se había extinguido tan rápido que a su compañero le costó recuperar la cordura en ese entonces, sin medir las consecuencias saco su arma y la bala se alojó en el hombro derecho de Asami haciéndola derrumbarse de espaldas pegando un grito desgarrador.

–Él era mi hermano –le apunto directo a la cabeza.

El sol estaba bajando más rápido de lo que quería, unos minutos después ya no habría más luz y estarían más descubiertas. Los gritos, relinchos y silbidos de las armas llenaban esa senda. Pero no importaba que ruido hicieran nadie los podría ayudar.

Para ese entonces, una le perforo el pulmón y empezaba a sentirse fatigada y las cortaduras apenas lograban sanar si seguía agitándose podría abrirlas aún más, se sobrepuso, logro saltar y descuartizar uno a uno, con sus filosas garras, a los hombres que se le acercaba lo suficiente y aunque cada vez le dolía más respirar sabía que podía sanar y lo necesitaba con urgencia.

Entonces cadenas fueron lanzadas en su dirección enrollándosele en los brazos, varios hombres forcejearon con ella, otros le enviaron grilletes para los tobillos y haciendo fuerza junto con los caballos jalaron. Korra cayó en la tierra, sintiendo la presión de sus ligaduras cada vez que tiraban, una se enrollo en su cuello. La atadura gruesa trataba de estrangularla. Chillo por el dolor cuando sentía que le eran desprendidas las extremidades. La carne tierna de su piel se iba desprendiendo poco a poco, le ardía como el infierno.

Utilizo su única vía de escape, ocupando las últimas fuerzas logro que una corriente de sangre manchara ese suelo quebradizo. Pero cuando más ocupaba cada gota de energía, le hacía frente a su subconsciente. Debía parar antes de caer desmayada por la pérdida abundante de sangre y esfuerzo. Para su propio alivio, destrozo a todos los hombres que la seguían y emprendió la retirada contando con que Asami llegara segura hasta el campamento. Se había librado por poco y para su seguridad había acabado con todos, solo le quedaba ir al campamento.

Un pitido escucho cerca de su oído y después el dolor intenso en su espalda. Se desmoronó de rodillas, su cabeza daba vueltas y respiraba más forzadamente, otra vez se sacudió con ese silbido muy contiguo y estaba vez la obligo a colocar una mano en esa tierra que combinaba sudor, sangre y estiércol.

Su mente y consciencia estaban en otro mundo y pestañaba tratando de que la vista no se le nublara de forma definitiva. Vomito algo negro que la exijo poner ambas manos en la grava tratando de mantener el peso de todo su cuerpo. Convertirse en lobo le estaba pasando una gran deuda.

Parpadeo y miro algo que se acercaba, pero existía algo extraño, no lograba escucharlo. "Negro" pensó, si era una especie de nube negra. Paso a su lado, con esa velocidad pudo atropellarla pero no sucedió.

Un murmullo.

Korra jamás se daría cuenta que su más leal compañero, el caballo árabe, paso por encima del individuo acribillándolo con sus fuertes patas y después para culminar le dio una patada justamente en la cara al hombre que le había disparado matándolo en el acto.

"¿Qué?" algo estaba cerca pero Korra no comprendía muy bien que era, hasta que sintió algo en su cara, era duro como… "como… como…"

Una cosa mojada se restregaba en su cara, viscosa y mal oliente, un soplo caliente lo acompaño. Levanto la vista por fin y algo parecido a un chillido logro escuchar. Hasta ese entonces se volvió consiente de que exactamente era.

–Argento –grito.

Las piernas le temblaron cuando se separaron del suelo, hizo todo lo posible para tomar las riendas y utilizar sus brazos para incorporarse. Cada movimiento le provocaba dolor y peleo contra ese malestar para lograr montar a su potro. "Por Raava… cuando te volviste tan alto" lo medito pero parecía irracional. Lo malo de todo esto, es que la Alfa no podía estar erguida y se echó contra él mientras avanzaban.

Avanzo con más rapidez sintiendo que la vida de su ama se perdía, pero no conto con que alguien le impidiera el paso. El caballo se desplomo en el suelo dando un par de vueltas y cuando logro detenerse Korra estaba debajo de toda la musculatura del árabe. Relinchaba dolido.

–¡No! Argento ¡No! –Lucho para salir de ahí empujando con sus manos y cada esfuerzo le hacía perder la sensatez–. ¡Tú no! ¡No puedes morir! –grito con las lágrimas derramándose.

Sintió el líquido caliente recorrerle la cintura, olfateo esa cosa y resultaba ser la sangre de su mejor caballo. Estaba desesperada, quería levantarse y atenderlo, protegerlo, que ambos volvieran al castillo pero ese pensamiento se desvanecía más.

–Nooo… –apretó los dientes impotente sintiendo lo salado de sus lágrimas en los labios y esa cosa viscosa parecida al alquitrán saliéndosele de la boca–. Hemos estado en peores situaciones –se dijo con un hilo de voz y tuvo que escupir varias veces–. Mejoraras lo prometo –con las palabras trataba de convencerse a sí misma de que podría salvarlo.

Tiro con fuerza sus patas y se apartó lo suficiente para que de su ama pudiera salir, la hemorragia en su dorso se acrecentó y se desmorono sin fuerzas, haciendo chillidos de dolor. Korra se arrastró como pudo, el dolor en la espalda la estaba matando y le hizo caso omiso, nada se comparaba con perder a su mejor amigo, termino abrazándolo de la cabeza y arrullándolo queriendo compartir ese momento de desdicha y logró escucharlo, cada latido bajando su intensidad y eso acrecentó su furia, el dolor en su pecho era insoportable y la garganta le quemaba.

Toco su corazón y respiro un par de veces absorbiendo su sufrimiento, sintiéndolo en la carne como si ella misma recibió el disparo, concibiendo la dolencia de la caída y la forma como agonizaba. Sus ojos se volvieron blancos, las venas se le resaltaron y abrió la boca lo mejor que pudo tratando de volver a tomar un suspiro tan valioso. Minutos después ambos se desmoronaron.

–Sé que no vas a morir pero te hare sentir el mismo dolor que siento –se arrodillo frente a ella con los ojos llenos de desprecio y le apretó la mandíbula trayéndola hacia si–. ¿Escuchas eso? –pero no la dejo responder–. Son mis amigos que están impacientes por verte –con la lengua le lamio la cara –sabes tan, tan bien… –se carcajeo maniáticamente y la estampo contra el suelo para volver a apuntarle.

Asami le miro sosteniéndose el hombro, sintiendo la sangre escurrirse en sus manos y tratando de normalizar su respiración y arritmia. Ahí tirada pensó en que no quería terminar así, separándose de Korra, de ellos.

Escucharon un aullido lastimero. Asami y el sujeto miraron a un gigante lobo de color castaño, aullar de manera descontrolada y afligida. Embelesados observaron al animal olfatear a uno de los caballos muertos que estaba cerca, con su hocico intentaba levantarlo, que reaccionara, pero este ya no se movía.

Volvió a bramar, pero esta vez sonaba enojado, cuando los enfoco, Asami sintió una ligera corriente que le hizo erizar la piel, tenía miedo y el hombre también le apuntaba y le temblaba la mano.

Su respiración era tan exageradamente ruidosa que hacía que el can lo revisara. Gruñía enseñando los dientes, acercando y asechando a su presa.

–¡No…! –se movió inquieto e histérico, con el tiritó que no paraba.

Con sus patas rasgo la tierra del suelo, en esa penumbra que iba incrementando el negro del paisaje y el ruido de los animales no se hicieron esperar. El lobo escucho una rama quebrarse y se echó a la carrera.

El sujeto corrió hasta su caballo que estaba escandalizado, temeroso del otro animal. Logro montarse y se viro para disparar su arma que alcanzo el lomo del canino pero no lo hizo detenerse. En su desesperación su pistola trastabillo así que se agarró con ambas manos las riendas y espoleaba para que fueran más aprisa pero no le basto cuando sintió que algo lo empujaba y se hundió en el lodo.

Trato de levantarse, observar algo en esa penumbra y cuando enfoco un poco de luz, unos ojos brillaban a través de esa nimbo espeso.

Asami escucho un grito desgarrador procedente del mismo lugar donde vio por última vez a ese lobo. En esa oscuridad, sangrando y con sus amigos muriendo lentamente. Cerró los ojos y se dedicó a darle algunas lágrimas, no había manera de que sobrevivieran, sin sus caballos la posibilidad era nula.

Un hocico se acercó a ella y esta vez no sintió miedo. Acarició el pelo de esa bestia.

–Siempre logras encontrarme –se abrazó a ella.

No existía un tiempo o lugar donde no conociera esos ojos azules. Llego a observarlo tanto tiempo que no podían perderse. Era Korra.

Se echó con la cabeza entre las piernas de la albina mientras era calmada por esa mujer. No se movió y eso le preocupo mucho.

–Korra… despierta, debes mantenerte despierta –le hablaba.

Ni un solo movimiento, ese gran peso en sus piernas se redujo y un cuerpo desnudo y helado estaba inerte.

–Korra… –volvió a internar sacudiéndola–. ¡Vamos! –La voz estaba más entrecortada y lloraba tanto que mojaba el cabello de la castaña–. No me dejes sola por favor, te necesito –la abrazo con fuerza casi pintando sus manos en la espalda de color canela.

Sintió el fin de todos ellos, escuchaba cascos de caballos acercarse ahora más claramente y seguro eran hombres que querían atraparlos. Odiaba no ser más fuerte y valiente como Korra, lo detestaba porque si fuera diferente ella la hubiera salvado. Buscarían la ayuda de sus hermanos y podrían vivir un poco más lo suficiente para decirle…

"Lo suficiente para decirte que te amo"

Miro fuego acercándose a ella y se preparó para lo peor. Un hombre de piel oscura montaba a un potrillo y llevaba trapos raros, la miraba muy interesado y la risa de él le dio tanto pánico que empezaría a gritar en cualquier segundo y el terror se apodero de ella cuando él se bajó.

–¡Recompensa!

Asami no le entendió, el idioma español para ella todavía era totalmente nuevo. El fuego fue lanzado y el carruaje se incendió muy rápido. Miraba cada movimiento que hacía, la escudriñaba muy bien, demasiado para su gusto.

Empuño un arma que jamás vio y apuntaba a ella, sus ojos sádicos hacia que le temblara más el cuerpo. Iban a morir, les había llegado la hora. La bandeo con decisión y elevándola iba a acertar un golpe directo. La duquesa cerro los ojos esperando que fuera rápido y acompañar a Korra de una buena vez.

"La vida no tiene sentido sino estas"

Lo espero pero no llegaba, no sentía nada, no sucedía nada. Cuando lo observo el hombre estaba a un costado con flechas en su pecho, muerto en el acto.

Percibo como un caballo negro montado por una mujer de piel cobre y cabellera negra como la noche se acercaba a ella y no solo distingo eso sino que también advirtió el arco que llevaba consigo. Grito algo que no logro comprender y otro grupo se adelantó a ella.

Se fue dejándola sola, quiso gritarle que le ayudara pero su voz no la encontraba estaba demasiado impactada por el momento. Alaridos lastimeros se escuchaban, árboles se chamuscaban y figuras que salían de a saber dónde se movían en la poca luz.

La espera era todo lo que más le dolía, nadie venía a auxiliarla y Korra ahí posiblemente muerta, no existía manera de que alguien las pudiera salvar. Lo horroroso de todo el acontecimiento es que estaba pensando seriamente en no vivir, no sin Korra.

El cuerpo de la morena le era removido.

–¡No! ¡Ella no! ¡No te la lleves…! –rugió ardiendo un poco la llama de su interior y estirando sus manos lo más que pudo para evitar que se la arrebataran.

–Asami soy yo… –escucho una voz.

En su aletargo no sabía si era cierto que dijeron su nombre o solo lo estaba especulando de manera descarada para no sentirse mal y derrotada.

–Asami…

Si, ese era su nombre. Alguien la levanto y ella forcejeo con rudeza.

–Tranquila estas a salvo… soy Cryp ¿recuerdas? Te vamos a ayudar.

Se apaciguó un poco con esas manos ásperas que la agarraban pero se obligó a recomponerse y olvidar la fatiga en su hombro.

–Yo… yo… mis…

–Está bien, los ayudaremos a todos.

Ella la tomo de los hombros y la obligo a detenerse.

–Yo llevare a mi esposa –rogo molesta, ni siquiera su hermana la separaría de ella–. Yo la llevare.

Estaba decidida incluso con el dolor punzante en su hombro, nadie ni nada apartarían a Korra de su lado, si era exactamente como su esposa la describía, sabía que vivirían un poco más. Ella los salvaría.

Cryp iba encabezando la retirada de los heridos. Para su mayor sorpresa Asami cabalgaba con elegancia y soltura, protectora de Korra que la llevaba en los brazos. Su cabello azabache se meneaba y le seguía el paso junto con los otros del regimiento que los escoltaban pero a su parecer ella sufría de algunas dolencias y se oponía a demostrarlas.

En esa espesa cortina de ramas y oscuridad absoluta volaban como el viento queriendo pasar desapercibidos para la batalla que se libraba metros atrás, tratando de que nadie los siguiera. Solo se escuchaba su trote repentino de regreso al campamento.

Un silbido logro escuchar Cryp y después un bramido de dolor. Alguien se había caído de su caballo y el potro continuo dejando a su jinete muy atrás. Se adelantó y tomo las riendas para regresar.

–¡Sube! –grito en Dothraki.

Como pudo volvió a montar y cabalgo para alcanzar al grupo. Otro silbido, ahora ya estaba enojada. Algún idiota los estaba siguiendo, tratando de llevárselas. No los dejaría, pondría a salvo a su hermana sin importar que.

Para su desagradable sorpresa eran muchos, tal vez un grupo que se dio cuenta y se separó del principal. Ahora los estaban cazando y ella no llevaba algún arma útil. Sus balas se acabaron mucho tiempo atrás.

Crac.

El sonido del látigo fue muy parecido a la de un trueno. Cryp se sintió ahogar cuando se enrollo en su garganta trato de quitárselo pero se abatió del caballo todavía en movimiento cayendo y siendo jalada sin el menor esfuerzo. Sorprendida por la conmoción inicial apenas sintió el golpe y se restregó en la hierba tratando de levantarse otro jalón la hizo arrodillarse frente a sus captores.

–Voy a matar a esta bruja por fin –dijo el hombre.

Le bastó un segundo para reconocer la voz del sujeto, desde que llego parecía que la odiaba y como el gran Khal le daba preferencia algunos de sus seguidores estaba ofendido por escoger a una mestiza y burlar a toda su Tribu.

Otro tirón, intentando marcar su cuello con más profundidad. La Alfa gruño pero ellos no le temerían hacía falta mucho más para atemorizar a un Dothraki. Se rieron y burlaron en su idioma natal creyendo que esta sería una presa muy fácil de matar. Pronto los 3 jinetes gritaron horrorizados, cuando unas fauces los desgarro completamente.

Asami los iba siguiendo de cerca, cuando volteo Cryp no se veía por ningún lado así que decidió arriesgarse y no regresar. Ella se lo había indicado cuando se fue y esperaba no haberse equivocado.

Cuando diviso algo más que el tupido boscaje noto que eran varias tiendas con hombres, mujeres y niños que llevaban vestimentas raras, habían fogatas y más allá un pequeño riachuelo.

Se detuvieron y uno de ellos hablaba, en ese idioma, expresando algo. Los guio a una tienda más grande, entre los hombres le ayudaron a bajar con Korra y los tendieron en lechos hechos de pieles.

Era lo más cómodo en lo que habían estado durante días, quiso cerrar los ojos y dormir, que su cuerpo se recuperara y al día siguiente reírse de todo lo ocurrido como si fuese un mal sueño. Su curiosidad pudo más con ella y salió de la tienda donde dos hombres custodiaban, la miraron y dijeron algo, que Asami no entendió, y volvieron a seguir haciendo guardia.

Agudizo la vista y noto otra cosa sorprendente como todo en ese tiempo de estar ahí. Un lobo gigante que apenas salía del monte y se convirtió en persona. Entro no queriendo seguir viendo todo aquello esperando a que alguien le atendiera las heridas a su esposa y compañeros.

Murmullos y muy escandalosos se escucharon después alguien ingreso. Aparto la vista con la cara roja, cerró los ojos con fuerza para no ver más allá de su piel blanca y se acostó lo mejor que pudo en ese lecho.

–¿Te duele algo? –pregunto.

Ella asintió efusivamente todavía negándose a verle.

–¿Donde?

Le indico con el índice el lugar donde todavía seguía la bala. Sintió como la registraban y se mordió el labio para no gritar cuando se la removían, después le echaron un líquido que la hizo gritar. Luego se apreció más aliviada.

–No se mueva, necesitamos que las hierbas hagan su efecto.

Gimoteo aliviada, pronto sanaría de forma rápida y sin alguna cicatriz. Solo eso le faltaba por que la pierna sano tiempo atrás. Se incorporó y miro a la doctora trabajar, utilizando instrumentos, cerrando heridas, cicatrizando las de la espalda, vendando y reparando huesos rotos.

Korra se miraba fatal, si fuera tan solo un ser humano no lograría sobrevivir como lo hizo. Su cuerpo estaba muy maltratado y podía sentir levemente su pulso. Se aferraba a la vida con las uñas. Doctora y séquitos trabajaron con la más lastimada y el otro parecía su asistente trabajaba junto a dos mujeres para ayudar a los demás.

Llevaban al menos media hora cuando se quedó ahí, viendo ese techo esperando noticias. Otra vez sintió ese abatimiento en el pecho y algo en la garganta que le impedía respirar. Quería estar segura de que Korra podría levantarse y sonreírle. Que la observara con esos ojos azules que le desnudaban el alma. Solo deseaba que estuviera bien sin importar el precio.

Escucho pasos y levanto la cabeza para divisar que alguien más entraba y apestaba a sangre humana, combinada con tierra y boscaje. Otra vez esa mujer.

Intercambio palabras con Cryp y salió tan rápido como entro. Luego de unos minutos venían con ella dos hombres que claramente se miraban confundidos. Los hizo sentarse y les grito un par de cosas. La doctora se miraba algo afligida y les puso algo en los brazos para hacer una transfusión "solo eso podría ser" pensó.

Se percató unos ojos oscuros mirarla y le atemorizo en exceso aún más cuando uno de ellos se le acercó y le indico que la siguiera, eso lo intuyó a la perfección. Iba caminando con miles de ojos observándola, haciéndola sentir más pequeña entre ese basta multitud. Ahora más que nunca quería gritar y escapar de todos. Luego de unos minutos de silencio, Asami se quedó quieta tal vez así nadie la observaría y olvidarían que estaba ahí.

Un dedo le indico que fuera, estaba como una estatua no podía moverse, múltiples cosas pasaban por su cabeza, entre el pánico y la incertidumbre. ¿Qué le harían? Las manos le sudaban, su corazón palpitaba como loco y empezaba a hiperventilar.

Sintió un empujo que la trajo otra vez al mundo y dio pasos tambaleantes mientras se acercaba a esa mujer que se sentaba en el centro de ese espacio abierto. Los otros estaban alrededor de ella. Hombres y mujeres murmuraban cosas que no eran de su intelecto. Con cada movimiento que daba los nervios estaban presentes y esperaba que no le hicieran una mala jugada.

La avisto más de cerca, era de piel cobriza con el pelo negro trenzado llevaba pequeñas campanillas y ojos almendrados, estaba enderezada soberbiamente en su silla con una arma que traía consigo incrustes de oro, le daba pavor no podía negarlo, tenía el rostro severo y cruel. Si alguna vez le tuvo miedo a la muerte nada se comparaba con esa mujer que la observaba.

Trago saliva cuando estuvo de frente a ella, su cuerpo temblaba. Las pocas veces que la vio no se comparaban con esta, parecía estar enfadada y de seguro se las desquitaría con todo aquel que estuviera cerca.

–¿Qué te dijo? –pregunto firme en inglés.

Balbuceo un par de cosas y la guerrera levanto una ceja sin comprender. "estas haciendo el ridículo, ¡compórtate!" se obligó a calmarse y hablar más pausadamente.

–¿Qui–quién?

–El hombre que le lance la fecha, ¿Qué te dijo?

–Yo–yo… él… –se relamió los labios tratando de recordar y poder pronunciarlo bien–. Reco… –expreso en español tratando de decir esa palabra que menciono–. Re… recon.

Se quedó callada, esperando no haberla ofendido. Por Raava más que nunca deseaba que Korra estuviese aquí protegiéndola. Ella si sabía tratar con todos.

–Recompensa –delibero–. ¿Eso dijo? –volvió a preguntar en inglés.

Asintió.

De pronto se concibió más minúscula, la mujer se irguió con arrogancia, levanto la vista para poder enfocarle la cara. Abrió la boca para decirle algo pero paso a su lado sin decir una palabra. Callada permaneció ahí, sin atreverse a moverse o respirar.

Observo a su alrededor y dio la indicación de que los trajeran. Los hombres se movieron inquietos y arrastraron a diversas personas que se encontraban "bien" los tiraron como costales al centro, unos tras otros los sujetos se apilaron. Asami los contemplo y a su parecer al menos estaban 50 personas en ese tumulto. Gritaban y decían cosas y las entendía de maravilla.

Los odiaba, los detestaba. Porque precisamente cada hombre en ese espacio reducido venían por Korra y por ella. Habían lastimado a su esposa que luchaba por su vida, a ella y sus amigos que se aferraban a la vida.

Sus ojos verdes se transformaron en un gesto gélido. Ella misma los destrozaría uno a uno por venganza, una revancha para la persona que más amaba. Nunca comprendería de donde vendrían esos sentimientos y tampoco le importaba. Ni siquiera sus amigos más cercanos la reconocerían. Estaba dispuesta a preguntar cuanto valdría para desaparecerlos de la faz de la tierra y así, solo así, dejarían en paz a ella y a su esposa.

–Te los ofrezco para que hagas tu voluntad –le dijo la mujer con la trenza.

La ojiverde los observo y ellos pedían clemencia, suplicaban que les perdonaran la vida. Precisamente no se sentía bondadosa, no esta noche, que vio la muerte en los ojos de hombres como ellos, que reconoció como su yegua moría, como sus amigos agonizaban y como su esposa casi muere en sus brazos. Esta noche era otra cosa, tal vez la bestia que sabía que llevaba dentro. Un salvaje lobo sanguinario capaz de desmembrar los huesos frágiles de Betas que creían que poseían un poder el cual no existía.

La luna nueva tan blanca que realzaba en esa obscuridad se tiñería de rojo, su color favorito.

–Quiero venganza –manifiesto al fin.

Con los ojos oscuros y álgidos, la Alfa le sonrió.

–Soy un señor Dothraki de los caballos… –hablo en su idioma nativo.

Asami observo como esa mujer se movía haciendo gestos y gritando cosas por donde pasaban hombres y mujeres la alentaban y vitoreaban, otros se quedaban en silencio, parecía que no la acompañaban con sus ideas. Con cada paso sentía una fuerza diferente emerger de ella, parecía que se preparaba para la batalla.

–Lo preguntare una sola vez… –se dirigió en español a los hombres que temblaban indefensos–. ¿Quién los envió?

Nadie le decía lo que buscaba, murmuraban insultos y otros lamentos presos del terror. Uno de ellos se levantó. Los del grupo de guerreros dothraki le lanzo un arma que cayó a sus pies una espada larga. La empuño con fervor se enfrentaría a ella con su vida. Los Ko se adelantaron pero la mano del Alfa los detuvo. Ella misma se encargaría de la escoria.

–No recibiré órdenes de una puta.

Expreso y algunos se levantaron, pensaron que si la atacaban en grupo podrían derrotarla. Pero todo era a fuerza de sus puños y habilidad con las almaradas un tipo de cuchillas largas y finas.

El Khal les sonrió petulante, se quitó los Kukris que llevaba al costado, dejándolos en el suelo y levanto sus puños pero tan fácil los deshizo. Abiertamente los provocaba, extendió las manos dándole el consentimiento para que atacaran. No ocuparía una sola arma para derrotarlos. Solo sus habilidades. Las personas estaban con la quijada hasta el suelo, un movimiento muy osado de su líder.

Empuño el bracamante con ambas manos y se desplazó hacia delante para cortarla por la mitad.

Asami escucho suspiros incluso a ella se le fue el aliento y su corazón bombeo de forma máxima la sangre, decir que estaba sorprendida era quedarse muy corto. Los miles de ojos que estaban pendientes de todo escucharon un sonido parecido a un aplauso cuando el Khal detuvo la espada con ambas manos, entrelazo los dedos y de un tirón se la arrebato de las manos.

Lanzo el arma como si se tratase de una rama. Volvió a su posición original y los invito a que continuaran, el hombre avergonzado se repuso de la impresión y corrió hacia ella para matarla con su fuerza, los otros se adelantaron con armas en mano.

En un ágil movimiento lo esquivo. Se movió de forma ligera alrededor de ellos sorteando cada agite de las armas. Escurriéndose de la fuerza de esos hombres que desesperado trataban de alcanzarla, con maniobras evasivas lograba que sus ponentes se abrumaran inquietos y perturbados, de esta forma evitaba la confrontación directa. Parecía…

"Parecía danzar…" eso fue lo que pensó Asami, lo había visto una vez pero esta vez era diferente se asemejaba más a…

"La clave es ser la hoja que básicamente es la flexibilidad, descubrir y seguir la senda de menor resistencia… si logras alcanzarlos encontraras tu camino, bailaras como el viento y serás la hoja"

¡Sí! Exactamente eso le había explicado Kitsune. Esa mujer de aspecto severo y cruel como la había descrito antes era totalmente diferente a la que se asemejaba ahora.

Prontamente los había desarmado a todos sin ejercer tan siquiera un golpe y utilizando sus mismas armas los mato. Su habilidad de cambiar de dirección de forma rápida y eficaz los había dejado boquiabiertos. Nadie podía creer que un golpe no recibió ni tampoco dio. La mayoría de los jinetes Dothrakis se burlaban de ellos de los que quedaban.

–Todavía no he terminado así que su muerte será rápida si me dicen quien los envió.

Continuaron hoscos, no querían decirle nada y ahora que habían sido humillados como niños no permitirían que viviera lo suficiente para seguirse regodeando. Solo estaba calentando, jugando con ellos los quería llevar a su límite, que supieran que no tenía forma de que alguno de los que estaban presente vivirían. Los invito a que se acercaran, quería seguir jugando.

Uno se levantó empuñando un arma y disparo. Trato de esquivarlo pero le dio en el hombro y se desplomo en el suelo. Los dothraki no utilizaban armas de fuego pero sabían que eran más letales que cualquier otra cosa en ese tiempo. Miraron al gran Khal abatido y el hombre riendo.

Los Ko se pusieron impacientes y gritaron cosas que enardeció a la multitud. Estaban enfurecidos los desgarrarían a todos y a la persona que había traicionado al Khal. Un gruñido llamo la atención y vieron a la piel cobriza levantarse, con sus garras rompió la carne y saco la bala, tirándola a los pies del sujeto. Pidió algo y rápidamente un látigo estaba empuñado en su mano.

El látigo de cuero rompió el aire alrededor y se enredó en su mano, de un tirón lo atrajo hasta sí. Sus ojos almendrados estaban oscuros como la noche, carentes de emociones. El sujeto temblara tirado en la hierba. Con sus manos lo levanto del suelo y lo tiro con violencia directo a su rodilla partiéndole la espina dorsal.

Gritaron sorprendidos, incluso Asami cerró los ojos impactada por la fuerza descomunal de aquella mujer.

–¿Quién…? –grito furiosa, si no obtenía lo que deseaba los descuartizaría, desesperada por obtener respuestas camino de un lado a otro colérica y se cansó de que subestimaran su fuerza, decidió que era hora de exponer el lobo que dormía en su interior. Lanzo un potente aullido que fue escuchado por todo el Khalasar.

El cuerpo de Asami palpitó sintiendo una energía diferente proveniente de ella temiendo lo peor, parecía que nada la calmaría y ahora más que nunca temía por su vida.

–Ahhhh… –grito cayendo de rodillas.

Con sus manos rompió el chaleco de su pecho descubriendo parte de su torso, en la epidermis se le veían venas resaltadas, los músculos palpitándoles como si tuvieran vida propia. Gritaba y gritaba, y ante el silencio de la noche. Sus ojos rojos los observaron y luego su transformación apareció. Sus huesos crujieron ejerciendo una presión distinta en su cuerpo rompiéndolo como tela para poder agrandarse, su espina dorsal se marcó en la delgada piel cobriza casi mostrándola por completo. Su quijada se agrando y sus dientes sobresalieron, el cuerpo se llenó de pelo.

Gritos histéricos de las mujeres y sorpresa para los hombres. Un lobo huargo inmenso, más grandes que algunos caballos de pelaje negro caminaba elegante alrededor de todos. Mostrándose tal cual era. Una criatura mística y sorprendente. Enseñaba sus dientes y gruñía para que pudieran escucharlo.

Observo como esa gigante bestia pasaba a su lado con los ojos almendrados que la caracterizaban. Si no lo hubiera visto jamás lo creería. Se transformó y para su deleite porque jamás había presenciado algo parecido.

Aulló más fuerte y avanzó al ataque, arremetiendo a los hombres, mordiéndoles la yugular cuando los atrapaba, arrancándole esa parte del cuerpo salpicándose con su sangre. Algunos intentaron escapar pero los hombres de cabellera larga se los impedía para que el lobo los desgarrara uno a uno. No quedaba escapatoria. Jalados de los pies exclamaban desesperados viendo con horror como sería su final, golpeaba con sus patas triturando los huesos frágiles de Betas indefensos, empujaba con su cuerpo robusto y prensaba con sus gruesos dientes partes del cuerpo agitándose para desprenderlo. Uno de ellos grito un nombre y después su vida se esfumo.

Poco tiempo después cuando la carnicería concluyo, volvió a convertirse en humana, manchada con la sangre de sus enemigos y sin un solo rasguño, con el cabello oscuro como el ónice cayéndole en cascada tan largo que las puntas pasaban sus nalgas, tomo su arma que descansaba plácidamente y dio la última orden de ese día:

–Quien les ponga un solo dedo a mis hermanas morirá –aulló con violencia gritándolo como si la luna la pudiera escuchar.

Los apuntaba con su arakh, a todo el khalasar, advirtiéndoles sobre su destino si alguien osaba con no cumplir con sus mandatos como buenos jinetes, debían obedecer a su líder, al semental.

Dos de los jinetes se acercaron a Asami y le tocaban el cabello, olfateándoselo y acariciándole el brazo. Se sintió indefensa junto a las armas que empuñaban ambos hombres, sabía que si se movían podían cortarle la garganta de un solo movimiento y sobretodo sintió asco no le gustaba como la trataban ella estaba casada y como noble no podía permitirse algo de esos Betas.

–Es mi recompensa –expreso el guerrero–. Por mi valor de hoy.

–La voy a montar –alego el otro.

–¡No! Ella, ni ninguno de mis invitados serán tocados por sus manos –el Khal estaba de pie viendo todo, sabiendo que todavía existían personas que desafiaban sus palabras.

–Eres una forastera no me das órdenes –bramó con rabia.

–Soy el gran Khal si te doy órdenes.

Sus sequito de jinetes se colocaron detrás de ella. Los 7 Kos que siempre la protegían, ellos no permitirían que esos dos salieran con vida, su lealtad era con ella sin importar que era mujer, ya había demostrado su fuerza y porqué se convirtió en el Khal de los Dothrakis.

–No escuchare más –deliberado cansada–. Si se quedan ambos pondrán su verga en otro lugar.

Ambos escupieron y levantaron sus armas dispuestos a enfrentarse a ella. El Khal lo tomo como una ofensa, furiosa por su insolencia.

–El Khal que toma órdenes de una golfa extranjera no es un Khal.

Ahora la duquesa entendió de donde venía todo la bravura, cuando Cryp salvo a una pequeña niña de ser montada por los mismos hombres, como el jinete al mando debía decirle que podrían hacer lo que quisieran con ella pero le dio la preferencia a su hermana, ambos se fueron encrespados gritando cosas y lo dejo pasar, esta vez no los dejaría con vida.

Los 7 se pusieron alrededor de ellos y quitaron a la ojiverde del camino. Exhibiendo sus arakhs amenazándolos, dispuestos a defenderla.

–Déjenlo, a estos los matare yo –agarro su cabello y le dio un par de vueltas para luego amarrarlo alrededor de su cintura. Iba a pelear mejor sino le estorbaba.

El círculo se abrió para darle espacio. Las Ko mujeres agarraron a la ojiverde y la pusieron en un lugar a salvo. El Khalasar los miraba callados, ahora más que nunca ninguno desafiaría las palabras de la Alfa.

–No dejare que incineren tu cuerpo, no te daré ese honor –su arma se la dio a uno de los Ko.

Se acercó amenazante a él. Con su arma la aplasto contra su seno derecho haciéndole una herida que rápidamente soltó filos hilos de sangre.

–Los escarabajos se comerán tus ojos –se acercó a él enterrándose más el filo–. Los gusanos te llenaran las entrañas.

El bárbaro agito el arma mitad espada y mitad cimitarra por encima de su cabeza, el Khal lo esquivo rápidamente. Haciendo movimientos de abajo hacia arriba intentaba cortar pedazos de ella pero fácilmente eran evadidos.

–La lluvia caerá sobre tu putrefacta piel –trono su cuello mientras le daba la espalda.

El otro también intento darle con la suya pero también era eludido, moviéndose como si bailara, utilizando los mismos movimientos que antes.

–Hasta que no queden más que huesos –volvió a aproximarse.

Intento cortar, frustrado por que no podía darle, agitado como si corriera durante kilómetros, paso girando en espiral eludiendo a los dos.

–Primero tendrás que matarme –respondió altanero.

En esos instantes logro sujetar el arma del segundo y a pura fuerza logro enviarla directo a su garganta, degollándolo.

–Ya lo hice.

Lo sujeto del hombro y con su mano derecha metió sus dedos dentro de la herida, desgarrando todo lo que encontrara y trayéndose consigo la lengua del hombre. Humedeciéndose más de sangre. La tiro como si no fuera nada.

El silencio era sepulcral, no se podía escuchar nada más que el soplo de la noche, el fuego quemando las ramas y los ruidos del boscaje, tanto de animales como las hojas.

Abatido trato de atacarla pero la Alfa fue más rápida y lo estrujo del cuello, asfixiándolo hasta ponerlo morado. Lo levanto en el aire y estrello contra el suelo para propinarle un pisotón que destruyó su cráneo.

Asami no sabía si sentirse aliviada por alguien como ella que la estuviera cuidando o temerosa si decía algo indebido y provocarla.

Después de que terminara la aniquilación camino en silencio sintiendo con cada paso que daba la multitud bajaba la cabeza obedientemente apenas rosando sus manos en su cuerpo llevándose un poco de la sangre que la bañaba. Asami la contemplaba, si alguien podía poner a todo al margen sin duda era ella así que marcho sumisa hasta llegar a una tienda, la más grande y entro detrás del Khal.

"No es demasiado tarde para correr" pensó pero la idea era absurda, Korra seguía ahí y enfoco alguien de espalda, camino lentamente hasta llegar al lecho y sus lágrimas cayeron.

–No esta sanando, ella simplemente… simplemente no lo hace –anuncio afligida.

Korra estaba vendada por todas partes y algunas parecían que tenían sangre, otras porciones de su cuerpo tenían manchas oscuras y rasguños, raspones rojos. Se miraba horrible ahí inmóvil con su pecho apenas subiendo.

Tuvo que taparse la boca para no gritar furiosa por lo que le había pasado. Frenética por las personas que los atacaron y ahora más que nunca deseaba ser fuerte para protegerla. Presenciar el espectáculo de destrucción no le sentó bien, pero no podía negar que se lo merecían.

–¿Los demás? –Pregunto la ojiverde–. Pensé que estarían aquí.

–De hecho ugh… solo nosotras podemos estar en esta tienda –inquirió con un rojo en sus mejillas.

–¿Porque?

La castaña le indico con la cabeza que viera un poco más allá de todo ese espacio. Asami se avergonzó cuando vio a la guerrera humedecerse en una bañera de cobre. Ahora lo entendía, estaban sus aposentos.

"No me des más razones para salir corriendo" pensó y tuvo que enfocarse en otra cosa, no podía ver a Korra así, le atemorizaba que no fuera a despertar otra vez.

Luego de sentir la incomodidad de tener que bañarse, con aquellas dos en el mismo lugar todo lo que era Korra y lo que representaba eran una caja llena de sorpresas, eso lo pensaba varias veces. Tantas impresiones que era como una montaña bien empinada y luego lo lanzaban al vacío cuando creía que lo había dominado.

–Deja de mirarla –le dijo en español–. Es la esposa de tu hermana.

–Pues tiene buen gusto, esa potranca si esta linda y tiene agallas.

–Tantos años de aprendizaje y todavía la llamas así –rio–. ¿Cómo hiciste para que Suyin no te dijera nada?

–Es uno de mis tantos secretos.

Cryp le dio un puñetazo en el brazo y con la vista en otro lugar camino hasta donde Asami y le entrego ropa limpia.

–Sé que no está acostumbrada pero es de esta manera en cómo se debe vestir –se las entrego y le dio la espalda para no verle.

–Gracias –menciono ausente.

–Es solo ropa.

–No, me refiero a lo otro, nos salvó y… –le sujeto la mano apretándosela–. Gracias por salvarnos.

–Bueno –dijo de espaldas–. No fui solo yo.

La dejo para que se lograra vestir y volvió al lecho donde Korra descansaba. Ambas la observaron sin saber exactamente porque no lograba curarse, el dolor la podría matar.

–¿Qué dices? –pregunto la azabache.

–¿Estas segura de lo que quieres hacer? Te pondrá débil.

–Los Kos pueden encargarse de todo.

Estaba tratando de dormir, daba vueltas pero dudaba en quedarse dormida y soñar con todo esto. Su estómago se contrajo, no había probado ningún bocado y ciertamente no le gustaba la comida de ellos. Ahora las escuchaba atentas como si lograría encontrar algo, el idioma todavía no lo sabía pero sus voces la tranquilizaban, estaba muy bien custodiada por ambas.

–Has gastado toda tu energía en transformarse.

–Tú también Cryp y Korra, ¿crees que no la escuche?

–Fue en su desesperación, el acónito, logre removerlo pero su transformación daño órganos vitales.

–Se salvara es fuerte, ella siempre lo demostró –la de piel tostada estaba segura que lograría reponerse.

–¿Escuchaste quien fue?

–Es un militar su nombre es Tarlok, iban por Asami aunque no estoy muy segura de que él le pagara a tanta gente solo para llevársela.

–¿Crees que esté trabajando con alguien más?

–No lo creo, estoy segura –la miro a los ojos–. Lo encontrare y lo hare pagar.

–¿Dejaras al Khalasar? –pregunto sorprendida por su afirmación, ella no podía hacer eso.

–No, pero enviare a alguien para que lo rastree –pensaba en su compromiso y que si no fuera por eso, ella misma lo iría a buscar–. No te preocupes por nada, solo has tu brujería para salvarla.

–No soy una bruja –le dio otro puñetazo molesta por esa afirmación–. Soy médico.

–¿Entonces qué piensas, Bruja blanca? –le dijo en broma viendo su expresión llena de fastidio.

–Si quieres podemos hacerlo –asevero no muy convencida.

–Hagámoslo.

Con cuidado las dos Alfas sujetaron a Korra de las manos estaban a los costados esperando que si todo resultaba no le cayeran encima. Respiraron profundamente concentrándose para hacer el siguiente movimiento y un segundo después ambas estaban absorbiendo la vitalidad de la Skywalker, todo el dolor que presentía traspasándoselo a ellas.

Jalaban aire con desesperación, las venas se resaltaban de un color negruzco pasando por sus brazos y haciendo ramificaciones en sus cuellos y en la cara, pusieron los ojos en blanco sintiéndose como su sí vida poco a poco se iba, el sufrimiento en sus entrañas era horrible y se agitaron espasmódicamente. Apretaron con fuerzas sus manos casi fracturándoselas, tratando de arrastrar todo eso dañino que la estaba desgarrando y le impedía aliviarse de forma definitiva. La colombiana y la nica, lograron soltarla y se desplomaron como costales.

Asami apenas se levantó para mirar todo eso, escucho el sonido sordo que provoco que saltara de su catre y se acercara a ellas comprobando si todavía estaban vivas. Puso dos dedos en su yugular tratando de encontrar su pulso, era débil pero ahí estaba. Se preguntaba una y otra vez que debía hacer y solo se le ocurrió pedir ayuda.

–Auxilio –grito con todas sus fuerzas–. Por favor ayúdenme.

Uno segundos después escucho pisadas y un hombre alto y blanco entro blandiendo su arma. Sorprendido por ver el cuerpo de la Khal ahí tirada, se acercó a ella amenazándola, dispuesto a matarla por lo que hizo.

–Ayuda… –dijo Asami otra vez con la voz temblorosa, viéndose indefensa y tratando de no retroceder con sus manos aseguradas en ambos cuerpos.

–¿Ayuda? –expresó él.

Se acercó a ella y puso la mano en su corazón.

–¿Hablas inglés? –manifestó sorprendida.

–Sí.

La levanto del suelo y la llevo hasta su lecho, acomodándola. Luego agarro a su hermana y la puso en el otro. Asami miro atenta, como el hombre lo hacía con esmero. Avivo un poco más el fuego y cuando ella se fue a dormir todo quedo con el sonido de la fogata.

Tuvo una pesadilla, se movía inquietamente en su lecho, balbuceando ciento de cosas sin ningún sentido. Asami la escuchaba y se vio tentada a levantarse pero que le diría. No la conocía del todo pero se quitó ese pensamiento.

Con pasos sigilosos se levantó y se acercó a ella. Debía ayudarla, como ella lo hizo antes consigo y con Korra, de cierta forma se lo debía.

–Yu… no… Yue…

–Despierta… –susurro, agitándola un poco–. Escúchame… debes despertar es solo una pesadilla.

–Yu… no… no te vayas… –susurraba afligida.

Asami acaricio su cara, dibujando sus facciones en esa nebulosidad ciertamente le pareció atractiva, más bien todos los hermanos de Korra y ella misma eran atractivos. Cada uno con su propio encanto y ferocidad que se combinaban muy bien.

"¿Porque estoy pensando eso?" se dijo distraída y su mano fue a caer a la cabellera de la mujer, un segundo después se sintió jalada del brazo y algo filoso en su cuello.

–No por favor… –gimoteo dócilmente.

–Asami…

–Tranquila estas bien, estamos contigo.

Un brazo quito a la restauradora de las garras de la guerrera.

–Gracias Asami… –espeto Cryp–. Ve a dormir mañana será un día largo.

–De acuerdo…

Escucho el murmullo y luego nada.

Tenía razón, al alba el campamento estaba recogiendo las tiendas y ahora iban a avanzar. La restauradora seguía incomoda con la nueva vestimenta y ante los ojos de un millar de personas tuvo que contenerse. Monto a una nueva yegua, ahora entendía lo que le había dicho Kitsune, esto era un mundo distinto a todo lo antes visto, ciertamente en la historia no había mucho que hablaran sobre ese pueblo tan extraño y carente de elegancia.

Iba al lado de gran Khal como todos lo llamaban, moviéndose en conjunto a sus jinetes de sangre y a su lado iba Cryp. Iba perdida en sus pensamientos hasta que recordó por 3ra vez ese día en donde estaba Korra y los demás.

–Disculpa… Cryp donde están…

–Ah! te refieres a Korra y los otros –le sonrió amistosamente–. Vienen en un "carro" y no creo que le vaya a gustar cuando despierte –hizo mucho énfasis en la palabra –además no es como si pudiera cabalgar ahora así que estará bien.

–Cuéntame… sobre ellos, me he dado cuenta que no se mucho de nada sobre ustedes.

–Bueno como has notado es una ciudad andante, Vaes Dothrak donde es su residencia, ahora vamos para allá.

Durante las primeras horas de viaje, Cryp le hablo acerca de ellos, sus costumbres y sobre todo su líder. Como era vivir con ellos y como es que había llegado hasta ahí. Cuando le menciono sobre como la llamaban el Khal y los Kos rieron a más no poder.

–¿Así que creen que eres una bruja?

–Sí, ellos no se confían de los curanderos y me odian, pero cuando no estamos viajando, les enseño a las mujeres y creo que tú también deberías aprender. Kit me dijo que te enseñara a pelear así que tus clases empezaran cuando hayan descansos.

Durante la primera tanda, Asami se rehuía a probar bocados, no había nada que quisiera pero la insistencia de la colombiana pudo más con ella. Le explico cómo eran las cosas aquí, el Khal y ella trataban de hacerlo más cómodo pero hasta ella noto el número de personas que viajaban y todo el alimento que necesitaban así que estuvo ahí sentada junto a la Alfa que esperaba pacientemente que comiera algo.

–¿Porque médico? –pregunto Asami de repente.

–¿Porque no? –respondió Cryp y ante la confusión continuo –: pude haber hecho licores como mi familia en el sur o fabricar armas como mi familia en el norte o criar animales como mi familia en el centro, pero quería hacer algo más, luchar y ayudar así que decidí ser médico a mis padres no les gusto pero terminaron aceptando mi Maestra decía que era contrastante a mi personalidad.

–¿Qué hiciste?

–Una vez alguien se me acerco y me aconsejo que siguiera mis ideales en lo que yo creía, me dio la valentía suficiente para cambiar el rumbo y ahora soy médico.

La miro sonreír con nostalgia, ciertamente eso la reconfortaba, personas capaces de seguir su propio camino sin importarles que.

Continuaron hablando y durante el trayecto, Cryp pacientemente le enseñaba plantas, nombres y funciones. Asami debía comprender sobre todo las que podían afectar diferentes funciones del cuerpo de un licántropo y otras como curarlo. Algunas paralizaban, envenenaban otras daban sueño. En el trayecto debía aprender a diferenciar y combinar plantas.

Comprendió que viajarían pero no sabía cuánto y en uno de los recesos se vio fuera de su montura.

–Kit me dijo que debía entrenarte.

–¿Cómo es que?

–Dice que te vio –le corto rápidamente–. Peleas como Lin Beifong y estás rígida en todo momento, ella creyó que tal vez debas pelear de otra forma. Así que vamos atácame.

–Yo no… no lo hare –"es una locura"

–Vamos debes aprender, podrías pelar codo a codo con Korra.

Esa idea si le gusto a Asami, así que prontamente se vio encarada contra Cryp. Pero parecía que lo único que hacía era cansarse y divertir a la Alfa en todo momento. La doctora, explicaba cómo debía mover su cuerpo y con esas ropas tenía un poco más de soltura. Le explicó de donde venía su fuerza, su fuego, como se movía su flujo de chi y como podía usarlo en batalla lo demás debía aprenderlo por ella misma.

Asami había comprendido que Cryp y Khal, eran básicamente, 4to y 5to en el orden de volverse Alfas. Lo que todavía no intuía era cuál de los dos hizo el cambio primero, y cuando tocaron el tema. Ambas habían discutido durante toda una tarde alegando que habían sido los principales.

Mientras cabalgaba noto muchos comportamientos por ejemplo: Cryp constantemente recibía a mujeres que preguntaban sobre alguna medicina, en pequeños lapsos de tiempo se retiraba para atender a los heridos, cuando estaban juntas usualmente contaba relatos de sus viajes por todo el mundo a veces se establecía para enseñarles a las mujeres y hombres su oficio.

La restauradora notaba que su energía daba abasto a todo el ejército, siempre intensa y con imperiosa voluntad de ayudar, muy optimista y positiva, tanto que podría enfrentar al mundo con su fuerza.

Así que ella no entendía como una persona así era amable. Esperaba a una guerrera descomunal sin embargo podía ser ambos. Según lo que contaba sus fuerzas estaban más dirigidas a ayudar que a destruir.

Le había asegurado que sus ímpetus se parecían mucho por ende fue más fácil aprender su arte de pelear. Sin duda una estratega excepcional, un colosal semidiós.

La colombiana era una increíble persona y Asami se sentía a gusto, porque podía confiar en sus palabras de ánimo incluso en los peores momentos y lo noto cuando, Korra seguía sin despertar, Cryp le aseguraba que estaría bien y por las noches las vio más de alguna vez absorber el dolor de las heridas.

En comparación con su otra hermana, Khal era básicamente la otra cara de la luna. Asami advertía que era una persona fría, callada y constantemente lanzaba miradas de desprecio. Le atemorizaba a pesar de que la duquesa le afirmaba tenazmente que no se preocupara que ella era así.

Korra llevaba dos semanas inconsciente, durante ese tiempo el grupo continuo cabalgando. Asami por su parte había aprendido medicina, atendía de vez en cuando a Korra y a los otros que no podía caminar por su propia cuenta. Cada vez era más ágil, a caballo y utilizando el arco y flecha. Las dagas eran muy sencillas y las armas tenía una buena puntería incluso montando a un potro.

Constantemente hablaba con sus 3 doncellas. Los días siguiente al avance del ejército el Khal se le había acercado con 3 mujeres, "se suponía" que una de ellas le enseñaría a montar a caballo pero como ese arte estaba más que aprendido lo había dejado a un lado, la segunda le enseñaría a hablar español para que pudiera comunicarse mejor y la tercera le instruirá en las artes femeninas del amor.

Ese día la Skywalker estaba colorada y miro regocijarse a su cuñada cuando se lo dijo, de esas pocas veces la vio sonreír.

Ahora las 3 mujeres la seguían, contándole más historias sobre ese pueblo, explicando en que consistían cada uno de los guerreros y cuál era su papel.

Una noche y como todas las anteriores, estaban en la tienda más grande, Asami estaba leyendo y Cryp estaba jugando con el fuego. A esa hora no era permitido que ninguna de las dos saliera de la tienda y eso le había dado mucha curiosidad a la restauradora.

Cerro de un golpe el libro, estaba oficialmente aburrida, miro a Cryp que tenía la misma expresión que ella e intuyo que a nivel, que solo podría decirse cósmico, ambas pensaban lo mismo.

Con extrema cautela, ambas se escabulleron de la tienda y en medio de la noche, encontraron un lugar donde esconderse y poder visualizar mejor al Khal que se pasaba las noches bebiendo con sus guerreros y jinetes de sangre, organizando carreras con los mejores caballos, y viendo a las mujeres danzar y a los hombres morir.

–¿Ella nunca ha tenido a alguien? He notado que a veces pelean por montar a una mujer pero nunca la he visto con ninguna –Asami estaba más que curiosa a saber la razón.

–Bueno no… es decir… –la duda se reflejaba en sus ojos y esperaba que la astucia de la restauradora no lo notara–. Fue hace mucho…

–¿Qué Cryp?

–Pues ya sabes… –dijo evasiva.

–No, no lo sé… –Asami empezaba a impacientarse quería estar al tanto y le lanzo una de sus miradas–. Eres mala mintiéndome, solo dilo –la insto a continuar.

–Hace mucho tiempo atrás en un pueblo lejano…

Expreso con una sonrisa pero el sonido de algo pasando a través de ambas corto de inmediato el relato, observaron desde el arbusto como una flecha se había clavado en el árbol y cuando fijaron su vista en el pequeño agujero que habían dejado. Miraron con horror como la piel cobriza divisaba a su dirección.

Asami se tapó la boca para no dejar salir un gritillo de sorpresa, en eso Cryp la levanto y ambas se echaron a correr a toda velocidad para entrar a la tienda.

Cuando entraron a toda prisa botando algunas cosas, sus manos fueron a caer a sus rodillas tratando de respirar con normalidad, las ideas volaban como locas. Entonces se miraron, Cryp rio de forma baja y Asami le siguió el juego, momentos después reían con más vigor. Habían sido atrapadas en su travesura y salieron corriendo como dos niñatas, esperando a que su madre no se diera cuenta.

Se limpiaron las lágrimas y se sentaron juntas tratando de tranquilizarse.

–Gracias por esto –espeto la Suiza.

–Bah.! No es nada –le palmoteo la espalda–. Me alegro de haberte dado unos minutos sin preocupación.

–No sabes cuan agradecida estoy por lo que has hecho por nosotras.

Miro como la colombiana iba a decir algo y le corto rápidamente.

–Sé que dirás que lo harías por cualquier persona, tu eres así –reflexiono un poco–. Pero me alegro que nos hayas salvado la vida –dijo con la voz entrecortada.

–Asami…

La había abrazado, comprendía muy bien todo por lo que su cuñada estaba pasando, durante las noches cuando creía que nadie la escuchaba, lloraba durante horas hasta quedarse dormida. Cryp se vio muchas veces tratando de consolarla pero era imposible, no cuando Korra todavía no despertaba y cuando sus heridas seguían latentes. La observo lo suficiente para descifrar sus estados de ánimo y temía que le afectara más de lo visible.

No comía con naturalidad, incluso se miraba más pálida y su rostro un poco demacrado por la falta de sueño. Llegaron algunas ocasiones que tuvo que obligarla a comer.

–Estará bien, todos ustedes… –le dijo al oído mientras pasaba su mano de arriba abajo en su espalda–. Korra es fuerte, despertara en cualquier momento y se pondrá feliz que tú estés bien.

–Tu…

Iba a decirle algo cuando abruptamente, una persona entro en esa tienda, ambas se le quedaron viendo, entre sorprendidas y aterradas. Asami se secó rápidamente las lágrimas y Cryp se levantó rápidamente como si de pronto estuviera en llamas el lugar.

–Vamos… –invito y más que sugerencia, era una orden.

Tembló, había sido atrapada y ahora pagaría por sus actos. Trago saliva sonoramente y vacilante se acercó, con la mirada clavada en sus ojos almendrados. Le daba mala espina esa sonrisa en sus labios. Trato de sonreírle pero jamás llego a sus ojos. Paso su brazo alrededor de sus hombros y la encamino a la salida.

Asami casi… casi podría sentir pena por ella pero como había sido su sugerencia, ella estaba libre de culpa.

Volvió a secarse las lágrimas. "te estas volviendo una magdalena" pero no podía evitarlo, pensar en todo lo que le estaba pasando y esto solo ocurría porque se había casado con Korra y ahora sentía un poco de pena por ella, hacer el viaje contenía sus riesgos y estaba segura que su esposa se las había apañado bien pero consigo le hacía más difícil el trabajo. Antes era una carga y esperaba no serlo cuando despertara.

Sonrió, sin dudas le contaría toda las cosas que había hecho durante el tiempo que permaneció dormida.

La observo otra vez y se levantó, para después acomodarse a su lado.

A veces pensaba que no respiraba en absoluto y temía lo peor, así que siempre constataba su respiración o pulso. Le acaricio el cabello estaba recortado en distintas secciones y lo sabía a pesar de que su cabeza estaba vendada, le tomo un mechón no era ni comparado con la primera vez que lo vio, lleno de sangre y lodo.

Bajo su mano y paso sus yemas por la mejilla, ya no estaban inflamadas ni tampoco tenían ese color negruzco, la quijada ya no estaba tan enardecida, su cuello todavía mantenía marcas de una soga.

"Trataron de asfixiarte… y no lo consiguieron"

Remuevo la manta, las múltiples heridas seguían ahí a pesar de que no las veía, Cryp le había contado, los vendajes le protegían el pecho de cualquier infección. En su estado todo era probable, limpiaban las heridas en ciertos periodos pero la doctora se había asegurado que no las viera.

Agasajo el brazo bueno, a pesar de que no existía herida abierta todavía le surcaban marcas de cadenas, eso era en el derecho en el izquierdo tenía ligamentos desgarrados y falanges rotas, pulmones e hígado perforados, hemorragias internas.

La doctora se había sorprendido cuando ella le dijo que se había transformado. Porque con todas las heridas, Korra de ser Beta, jamás podría volver a caminar.

Se acomodó cerca de su hombro tratando de no poder presión alguna en el cuerpo inerte de la morena y en posición fetal volvió a llorar, tal vez podría transmitirle su vitalidad. Nunca en su vida pensó en ver a alguien así, aferrándose con las uñas a la vida. Temía que no volviera a abrir los ojos y más ahora que sabía que amaba a esa mujer con toda su alma.

Sin previo aviso, había entrado en su vida como un tsunami destruyendo todo a su paso, arrasando con su cordura y paciencia, adentrándose a su ser sin pedir permiso, introduciéndose en sus sueños y apretando su corazón hasta la dolencia.

Verla así le rompía en corazón y Asami se preguntó que habían hecho para merecerse esto. ¿Tan malo había sido su matrimonio? ¿Tanto era el odio que le tenían a ambas que no las dejarían en paz?

Y más ahora, que su amor era tan nuevo y repentino, como una flor que apenas empieza a emerger y se veía que iba a morir de la misma forma en como apareció, tan súbito.

Apretó su brazo lleno de marcas que no se desvanecían, cerró los ojos un momento e irguiéndose lo suficiente acerco sus labios atrapando los de Korra. Con apenas un roce volvió a abrirlos tan grandes que ese pequeño anillo bruno se expandió lo más que pudo sin poder creerlo absorbía el tormento de la Alfa con apenas un contacto sus lágrimas se desbordaron y unas líneas negras surcaron la cara de Asami, su cuerpo tembló con violencia, su mente se puso en blanco y luego el negro llego como una avalancha.

–Te he dicho que no salgas –le expreso irritada.

–Solo queríamos ver, estamos aburridas ahí encerradas –se defendió con una mueca en su cara.

–Recuerda que no perteneces a este mundo y ellos lo saben y…

Cryp percibió como se detuvo el regaño, paso su mano en los ojos que estaban perdidos en algún lado. No entendía porque había parado de hablar, segundos después fue jalada por el brazo.

–¿Qué? –grito mientras corría a su lado.

–Es Asami…

Cuando llegaron a la tienda, entraron tirando todo a su paso, y de lo único que se percataron es que Asami estaba al borde de la muerte.

Hola! Adivinen quien volvió, exacto, yo no.! Es momentáneo no quiero hacerle falsas esperanzas y decirles que volveré más seguido. Al menos quiero que sepan que me voy a esforzar para terminar lo que deje inconcluso.

Datos informativos

Bien ahora, a lo que nos conviene. No se me confundan, yo ya había dicho que haría más fic OMEGAVERSE. 7 para ser exactos, todos vendrán a su tiempo. También yo quiero saber si ustedes quieren participar en los siguientes fic como personajes totalmente originales.

Solo tienen que darme los siguientes datos:

1] Nombre: Wolf.

2] hombre o mujer: mujer.

3] Alfa u Omega: Alfa.

4] signo zodiacal: Libra.

5] elemento que maneja en el universo LOK: Aire.

6] país de origen: Nicaragua.

7] color de ojos, piel y cabello.

8] personalidad.

Solo eso necesito para agregarlos y que sus personajes se parezcan lo más allegado a ustedes.

Review.

Bueno voy a ocupar este espacio para responder los msj de Bodas de odio.

Luu7: me alegro que te gustara, creo que te confundiste un poco. Ya tengo planeada 7 historias omegaverse así que espéralas, los números era para quienes quieran participar en los siguientes fic. Una historia así, pues no sé, creo que es la primera vez que lo pienso así que tal vez un día me anime no sé. Jajajaja puedes contarme lo que sea, igual te seguiré leyendo. Volveré con actualizaciones y después con otras historias.

Natzuru: lo sé, es algo inesperado así me paso a mí. No vi venir ese final. Espérala pronto vendré con más omegaverse. Eso quiere decir que quieres participar en la propuesta de agregar a personajes originales a los siguientes fic? Si es así, por favor dame tus datos.

AvatarAle: Ohhh gracias por ser mi fan, enserio me haces muy feliz que te gusten mis historias. Seguiré escribiendo a como dé lugar. Ahh con que así te enteraste del género bueno espero no decepcionarte y continuare con los fic como había dicho antes. Ya vendré con más capítulos de ese fic.

Maria Sato:hola! Pues sí, me tarde un poco pero lo valió le di final gracias a dios, porque odio que las historias se queden incompleta y no quiero ser de esos ficker. Próximamente vendrán las actualizaciones así que ojala sigas apoyando la historia. Nos veremos!

TenaciousElixir: lo sé, lo sé, también soy lectora y odio que una historia no pueda terminarse y no quiero ser así, quiero poder terminar todo lo que empecé y gracias a dios por lo menos una logre terminar. Gracias por el apoyo.

Veca: me alegro que te haya encantado.

Kanu–Unchou: buenas noches.! Saludos y muchas gracias por tus palabras. Me alegro que te gustara el final, los giros son inesperados eso lo hace más emocionante. Muchas gracias por tus buenos deseos espero que continúe con las demás historias que planeo actualizar y publicar. Tarde o temprano yo vengo por estos lados.

Caaljois: lo que pasa es que Korra era por lo menos 10 años mayor que Asami así que, supongo que por eso la historia dio ese giro. Me alegro que te encante estas temáticas por que vendrán más.

Deilys león: me alegro mucho que te gustara y si, no te preocupes por nada que yo continuare con las actualizaciones y las temáticas Alfa y Omega.

Deartod: de nada, todo por continuar con esta hermosa historia. ¿Qué tu nombre aparezca? ¿Eso quiere decir que quieres participar? Si es así por favor envíame los datos de arriba y yo con mucho gusto te voy a incluir en la siguiente historia.

Review Del Odio Al Amor Solo Hay Un Paso.

Bueno tal vez ya todos se olvidaron que fue lo que dijeron pero en fin igual quiero contestarles.

Soulwolf Dark: caramba pues yo pensé que si querías ser un Alfa o solo me confundí, enserio lo siento. Espero que te hayas puesto al corriente porque se está poniendo interesante.

AvatarAle: ¿los 9 en un día? Bueno eso es impresionante. Gracias por el review.

Atercio: hola! Bueno no puedo publicarlos de una vez xD aunque si me gustaría. Entiendo tus inquietudes y estaré más atenta cuando estén lo saltos temporales para que puedas leer con tranquilidad y soltura. Ya vendrán las actualizaciones así que pendiente.

Nightmare9320: jajaja tú crees? Espera a leer los que vienen. ¿Qué? Oye como que adivinaste eso, pero no solo ella quiere ver caer a la pareja Skywalker.

Luu7: jajaja lento muy lento y lamento que después tengas que leer lo que viene. Saludos.!

Pauvillar22: gracias por decir que soy genial! Me alegro que sea tu favorito, poco a poco ahí van esas dos, pronto vendré con actualizaciones.

Cryp: si el anterior te gusto este te fascinará. Después de todo eres uno de los personajes geniales, enserio espero que te guste mucho lo que hice y le haga justicia a tu persona.

Dertod: jajaj verdad? Estaba muy buena esa parte. Bueno ya pronto sabrás quien es, en este y el siguiente hablare de esa persona. Jajaja los celos son armas de doble filo. Pronto vendrán más actualizaciones.

Liz: Jajajaja vamo a calmarnos. Creo que es muy pronto pero ya vendrán, primero unas pruebas de fuego a ver si las resisten.

Maria: si vamos a ver si les dura ese acercamiento, todavía les falta que recorrer juntas eso pronto será revelado que paso con Tonraq. Nos veremos.

Hinatita94: upss me hago responsable de eso, me gusta ver ese constante choque entre mundos. Vamos a ver si dices lo mismo cuando leas los que vienen. Me alegro causar esa sensación así se mantiene la esencia del fic. Pronto vendrán actualizaciones así que pendiente. Nos veremos.

Ninixxx: ya pronto vendrá más así que pendiente de las actualizaciones, he tenido problemas pero vendré otra vez tenlo por seguro. Me alegro que te guste y por el apoyo.!

Yue: me alegro que te encante y lo sigas que volveré con actualizaciones cuando menos te lo esperes así que chécalo ñ.ñ nos veremos pronto.

Cuídense mucho y espero saber pronto de ustedes.

Que La Fuerza Los Acompañe…