CAPÍTULO 10
Yo: ¡Capítulo 10 con 21 reviews! ^^
Momoko: De nuevo, gracias a todos, Angelic-Bloody-night, vale-alice, Sakuya-chan y Airi n.n
Miyako: Entendemos que algunos solo puedan leer los fines de semana n.n
Boomer: -w- Me han dejado plantado
Yo: ¿Hacemos un club anti-koushiro? ¡Es odioso! Ò.Ó
Kaoru: Y desalmado ¬¬
Brick: Que yo no estoy celoso!
Yo: Brick, que no admitas lo evidente empieza a ser algo triste -w-
Brick: Vale…lo admito…¡Estoy UN POCO celoso! ¬¬
Momoko: ¿QUÉ? O.O
Brick: Nada, yo no he dicho nada O/O
Yo: Claro, claro…¬¬
Butch: Venga, hombre, contestemos reviews ¬¬
Yo: ¡Sí! Sakuya-chan, tienes razón, juntar a Brick y Momoko es muy difícil -w- Pero yo ya tengo la idea, solo queda llevarla a cabo…
Boomer: Pero ahora nos toca a Miyako y a mí con nuestros problemas xD
Yo: Airi, me alegro de que te guste el fic! ^^ A mí me da pena Miyako T^T
Miyako: ¿Por qué me tienen que hacer esas cosas a mí? -w-
Butch: Si te lees los libros, no olvides darle tu opinión a Kuraii-chan.
Yo: Ah! Y Sakuya-chan, seguiré esperando tu fic n.n
Momoko: ¡El capi va! ^^
CAPÍTULO 10
Miyako lloraba. No era la primera vez que lo hacía desde aquella fatídica fiesta de Halloween. Se acurrucó un poco más en el rincón de su cuarto que ocupaba y dejó que el dolor contenido saliera a la luz. Ocultó el rostro entre las manos, provocando un leve escozor en varias partes de su cuerpo cuya piel había sido arrancada por la fuerza con la que la muchacha había frotado su cuerpo en la bañera, nada más volver a casa, queriendo quitar todo rastro de Koushiro de su piel.
Otro sollozo.
El chico había abandonado su club de fans el día después de la fiesta, dejando asombrados a la mayoría, Miyako pudo ver el ojo morado del muchacho a lo lejos, y en cierto modo sintió una tenebrosa satisfacción por ésta venganza. Koushiro no se había vuelto a acercar a ella, como tampoco había vuelto a sentir la maldita sensación de estar siendo observada a todas horas. Miyako no había denunciado, pese a deber haberlo echo, no había tenido el valor para admitir la vergüenza de haber sido tocada por él.
Por suerte, su abuela había salido. Miyako había tratado de mantenerse normal, como siempre, sin embargo Momoko y Kaoru habían notado al instante el estado de ánimo de su amiga oculto tras las falsas sonrisas. Ellas ni siquiera se imaginaban lo que pasaba, ambas pensaban que había discutido con Hikaru.
Éstos pensamientos la llevaron hacia su antiguo mejor amigo, el chico no se había mostrado frío o enfadado exteriormente, pero ambos habían dejado de hablarse, ya no había notas en medio de clase, risitas mal disimuladas o miradas con las que se entendía todo. Ahora todo parecían ser gestos amables sin sentimientos, miradas vacías y cortesía.
Volvió a llorar.
Porque, todo aquello, era su culpa, ¡su maldita culpa! Si ella no hubiera salido de la fiesta, Koushiro no le hubiera echo eso, si ella no hubiera dejado que Hikaru la besara, entonces él no estaría en ese estado melancólico, si ella no hubiera corrido hasta llegar al hospital de Takaaki, éste no estaría preocupado por las lágrimas derramadas aquella noche, si ella no hubiera nacido, todos serían más felices. Podría haber echo millones de cosas, pero no había echo ninguna. Y ahora solo podía llorar.
Además, y por si todo esto fuera poco, estaba confusa. Toda su vida había pensado que amaba locamente a Takaaki, tenía todos los años que viviría perfectamente planeados en compañía de su primer amor. El que creía su príncipe azul. Todo parecía ser perfecto. Pero entonces había llegado Hikaru, poniendo su mundo patas arriba, la personalidad amable y arrolladora del muchacho le había echo olvidar todos sus planes, y aquello era algo que odiaba y adoraba a la vez…¿Amaba a Takaaki o a Hikaru? ¡A Takaaki! ¿Cierto? Pero, entonces, ¿por qué casi le había devuelto el beso a su antiguo mejor amigo? ¿Por qué solamente la culpabilidad y las dudas le habían echo huir?
Le gustaría ser como Momoko. Pese a ser tan enamoradiza, la chica de ojos rosas lo tenía todo claro, si le gustaba un chico iba a por él, si comenzaba a gustarle otro cambiaba rápidamente de estrategia…Ella lo hacía ver todo tan sencillo…
Sin embargo, Miyako sospechaba que la escasez de dudas de la chica de ojos rosas era causa de que aún no había encontrado a un amor real.
¿A caso lo había echo ella misma?
Hipó, librándose de las lágrimas como buenamente podía al escuchar a su abuela llegar a casa, se levantó de un salto y se encerró en el baño, encendiendo la llave de la ducha para ganar tiempo, y rápidamente entró en ésta, dejando a la vista el color rojizo de las heridas provocadas por la esponja.
-¿Qué me está pasando?
Susurró apoyada contra la pared, dejando que el agua recorriera su cuerpo.
Volvió a recordar el roce de las manos del pervertido por su cuerpo, casi pudo sentir de nuevo el aliento de Koushiro sobre su cuello, y sintió náuseas de sí misma, seguía estando sucia, tan sucia…Sin poderlo evitar, agarró la esponja y volvió a frotar con fuerza las zonas ya heridas de su cuerpo, el dolor sacó de sus ojos un par de lágrimas, pero ella tenía que limpiarse…
Trató de serenarse al ver su esponja azul manchada de rojo sangre, la dejó caer, asombrada, y se deslizó hasta el suelo volviéndose a convertir en un bulto convulso por el llanto. En ésta ocasión revivió los labios de Hikaru contra los suyos, suaves, delicados, cariñosos…y las palabras de él "Su primer segundo beso" Sí. Había dado su primer segundo beso con Hikaru…incluso estando confusa, sabía que era mejor que darlo con Koushiro.
Lejos de allí, Hikaru estaba sentado junto a sus hermanos frente a un suculento pedazo de pastel de cerezas preparado por Miyu, quien observaba al rubio con preocupación. Hacía tan solo un par de días que Masaru había vuelto a la normalidad y ahora le llegaban con eso.
-Hika, hijo…¿No vas a probar bocado?—Inquirió preocupada la mujer.
-No, señora Miyu, no tengo hambre.—Respondió el otro dirigiendo a su madre adoptiva una mirada.
Una mirada que hizo estremecer a la mujer. La mirada de Hikaru solía ser feliz, llena de vida, de ganas de vivir esa vida. Sin embargo ahora sus hermosos ojos azules como el cielo eran dos agujeros que no dejaban ver nada más que vacío.
Masaru y Koji se miraron entre ellos, impotentes. El ambiente era tenso y poco relajado, al contrario de lo que solía ocurrir Natsuki no parloteaba sobre cualquier tontería, tampoco Kasumi decía nada. Los mayores Him se encontraban preocupados por el echo de que su joven hermano estuviera…muriéndose por dentro. Exactamente eso era lo que parecía. No le habían visto así desde…desde…No querían recordarlo.
-No tengo hambre.—Repitió Hikaru mientras se levantaba.—Me voy a mi habitación.
-Hik…-Trató de detenerle Masaru, pero fue acallado por la señora Miyu.
-Yo hablaré con él.—Y la mujer fue directa al cuarto de los chicos.
Encontró a Hikaru tumbado en su cama, con la cara oculta en la almohada, por un momento pensó que el chico estaba llorando, pero cuando el rubio alzó la mirada sus ojos vacíos seguían secos.
-¿Desea algo, señora Miyu?
-Sí, quiero saber qué demonios te hace estar así.—Rogó la mujer.
-No estoy de ningún modo.—Mintió con descaro el chico.
-¡¿QUÉ? ¡No soy tonta, Hikaru! Soy tu madre ahora, y no soporto verte así.
-¡No eres mi madre, yo no tengo madre!—Explotó el chico.
Las lágrimas se amontonaron en los ojos de la mujer, eran las primeras palabras con sentimiento que Hikaru pronunciaba en días, y habían sido justamente aquellas tan sumamente hirientes.
-Entiendo…-Susurró ella.
-Señora Miyu, yo…-Hikaru se había arrepentido nada más soltar aquellas hirientes palabras a su madre adoptiva. Había estado enfadado con el mundo, guardando todos los sentimientos en su interior…¡Pero no debía soltarlos con Miyu! ¡Miyu, la mujer que le había cuidado, protegido, sacado de aquel infierno…su madre!
-No, no digas nada, ya lo has explicado todo, Hikaru.—La mujer intentó salir de la habitación, pero el rubio cogió su brazo y miró hacia el suelo.
-Lo siento.—Susurró.—Tú…tú eres la única madre que he tenido, pero no puedo explicarte esto, es algo que debo superar solo.
Y, por primera vez desde que conoció a los chicos, abrazó a Hikaru, y por primera vez, al chico no le incomodó ese gesto de parte de una chica (que no fuera Miyako, obviamente)
En la planta de abajo, los Him restantes salieron a dar una vuelta.
Kaoru dio una fuerte patada al suelo, al ver su balón colarse en la propiedad del viejo que vivía al lado del campo donde ella solía entrenar. Podía darlo por perdido, aquel hombre nunca devolvía nada…aunque sí se hartaba de mirar las piernas de la chica.
Para hacerlo todo endemoniadamente malo, aquel balón había sido un regalo de la única chica que había sido una auténtica rival para ella, la muchacha llamada Miku se había ido de la ciudad un año atrás, dejándole a su amiga como recuerdo la pelota con la que solían jugar cada partido. Resumiendo: Tenía un valor emocional enorme.
-Vaya, veo que tienes problemas.—Rió una voz real y conocidamente odiosa tras ella.
-Cállate, idiota…No estoy de humor, me he quedado sin balón.—Confesó enfadada arreando otra patada al pobre suelo.
-Oh, mira que penita me da…¿Y por qué no puedes recuperarlo?—Preguntó entonces.
-¡El maldito viejo que vive ahí no devuelve nada!—Espetó de mal talante la chica de ojos verdes.
-Te apuesto a que yo consigo traerte la pelota.—Dijo él con superioridad.
-¿A que no?—Preguntó ella desafiante.
-¡Pues sí!—Espetó él antes de ir rápidamente hacia la puerta de la casa.
Momoko se sentó en un banco del parque, dejando sus pompones a su derecha junto con la mochila en la que guardaba ordenadamente su querido uniforme, abrazó sus rodillas dejando escapar un suspiro.
Verdaderamente, aquellos entrenamientos la dejaban agotada.
Por un momento, se preguntó a sí misma por qué seguía en aquel equipo lleno de chicas que le clavarían un puñal por la espalda para conseguir su puesto, soltó las dos coletas en las que peinaba su pelo mientras se lo recordaba: Estaba allí por Ashashi. Estaba allí por el guapísimo chico que la había invitado para ir a pasear por el parque, según sus cálculos en diez minutos exactos.
Ató su cabello de color zanahoria que tan poco atractivo le parecía en una coleta alta con su habitual lazo (listón) rojo. Vio a lo lejos una figura masculina que parecía dar un paseo, entrecerró los ojos sintiendo que le sonaba…
-¡Argh! El idiota de Masaru no me deja en paz ni ahora.
Susurró ella abrazando sus rodillas. No entendía por qué a tantas chicas de su colegio les gustaba el idiota ese, no entendía por qué se sonrojaban con solo la mención de su nombre, no entendía cómo podían considerarle atractivo o divertido…¿Por qué? Solo porque su sonrisa era bonita y contagiosa, solo porque tenía un cuerpo de infarto, solo porque su pelo sedoso parecía echo para ser acariciado o…o sólo porque esos brillantes ojos rojos podían atravesarte y quitarse el aliento…como en ese momento le ocurría a ella.
-¿Momoko-chan?—El hechizo pareció romperse cuando ella escuchó la voz de Ashashi, miró al chico sonriendo y se levantó de golpe para poder ser abrazada por él.
-Ashashi-kun.—Saludó ella felizmente, giró brevemente la cabeza hacia el lugar que momentos antes ocupaba Masaru…quien había desaparecido.
-¿Te apetece un chocolate, Momoko-chan?
-C-Claro.—Dijo ella sonriendo, levemente dudosa por la rápida desaparición del otro chico.
-¡Caray, lo has conseguido!—Elogió Kaoru a Koji cuando éste se presentó con su balón…y un ojo morado.
-Me ha costado más de lo esperado.—Dijo él con un suspiro.
-Ya, claro, bueno, ahora dámela, que tengo entrenamiento en quince minutos y debo estar allí…-Pidió ella, o más bien ordenó.
-¿Pero qué te crees? ¡Después de lo que me ha costado no te la voy a dar!—Espetó Koji.
-¿QUÉ?—Casi gritó Kaoru.
-¡Lo que has oído! ¡La pelota es ahora mía!—Y se dio la vuelta para irse.
Se giró al notar que, al contrario de lo que él había pensado, Kaoru no le estaba gritando ni insultando, ella estaba con la cabeza baja, los ojos verdes tristes, los hombros caídos…
Ah, demonios, resultaba tan…adorable.
Koji soltó un bufido y continuó caminando, dejando a Kaoru perdida en sus recuerdos, en los que corría junto a Miku a toda velocidad, pasándose el balón la una a la otra, marcando goles en equipo…en ese momento, la esfera chocó suavemente contra uno de sus pies, y ella levantó la vista, asombrada.
-No fue tan difícil conseguir el balón, no merece la pena.—Dijo Koji, y se fue.
Dejando asombrada a la chica de ojos verdes.
-Momoko-chan, tienes manchado de chocolate.—Rió suavemente Ashashi, acercando su dedo a la comisura del labio de la chica para quitar el antes nombrado dulce.
Momoko se sonrojó.
-A-Arigato, Ashashi-kun…-Susurró ella suavemente.
-No es nada, Momoko-chan.—Dijo él sonriendo.—Por cierto…
-¿Si?—Le animó Momoko a continuar mientras miraba por la ventana de forma distraída.
-Hay algo que quiero decirte desde hace mucho tiempo…-Susurró el chico, algo cohibido.
-¿Y qué es?—Ella mostró más interés mirándole a los ojos.
-T-Tú…es decir, a ti…bueno…nosotros…
-Vamos, dilo, sabes que puedes confiar en mí.—Volvió a animarle.
-¿Quieres ser mi novia?
Yo: No me gusta como me ha quedado el capi, pero estaba un poco falta de inspiración…estúpidos domingos ¬¬ ¡Mañana es Lunes! T^T
Momoko: Tranquila Kuraii-chan… n.n
Miyako: En fin, y ya directamente, lo dejamos aquí n.n
Brick: NOOO! Yo quiero saber qué dice Momoko T^T
Butch: Pues en el próximo capi ¬¬
Kaoru: ¡Eso, eso! Por cierto, no me esperé que Boomer le dijera eso a Miyu.
Boomer: ¡Dejadme en paz! Estoy estresado T^T
Miyako: ^^U En fin…¡Nos leemos!
