Chapter 10

Pienso pedir mañana a primera hora a Mercedes una explicación bien detallada sobre lo que he visto esta mañana en el Mckinley, que digo Mercedes ¡A Rachel! Esta información la quiero de primera mano y la voy a tener. Más le vale a Rachel que me explique unas cuantas cosas…

Hoy ha faltado el profesor de literatura por lo que mi idea de avasallar ahí a Rachel ha sido frustrada, llevo un buen rato buscándola y nada, no la encuentro por ningún lado. Tal vez esté en ese maldito auditorio, no sería mala idea buscar por ahí. A ver si consigo encontrarla antes de que se acabe la hora libre que tenemos.

Entro en el auditorio y, efectivamente ella se encuentra allí. Me voy acercando hacia el escenario donde ella está junto al piano ordenando lo que parecen ser unas partituras.

Me sitúo detrás de ella ya que por lo visto parece que todavía no se ha percatado de mi presencia. Coloco mis manos en su cintura y me acerco a su oído para susurrarle un "hola Rach". Ella se sobresalta y se gira a verme con una mano sobre su pecho y una clarísima cara de susto.

-¡Por Barbra! Que susto me has metido. ¿Se puede saber por qué lo has hecho? –me encojo de hombros ante su pregunta y a la vez le regalo una de mis famosas sonrisas de niño bueno – Olvídalo contigo no se puede –dice mientras voltea los ojos y se gira para continuar con la labor que hacía antes de mi interrupción.

-Venga va Rach, no te pongas así que sólo ha sido un simple susto –se vuelve a girar para mirarme con cara de pocos amigos-. No me pongas esa cara que no he hecho nada malo, simplemente te he visto aquí y me apeteció saludarte, y como cuando estaba a tu lado no te has dado cuenta de que estaba ahí se me ha hecho irresistible el no saludarte de esa forma –parece que se ha dado cuenta de que ha exagerado un poco con su reacción o por lo menos esa sensación me da a mí.

-Y… ¿se puede saber qué haces tú aquí? –me pregunta con el ceño fruncido pero más tranquila.

-Te estaba buscando –le respondo francamente.

-¿Tú? ¿Por qué? ¿Ha pasado algo? –ahora mismo creo que no entiende nada porque tiene la cara con mayor confusión que creo haber visto en toda mi vida.

-Sí, yo –digo señalándome a mí mismo- te busco a ti –cambio la dirección de mi mano para apuntarla a ella-, y en cuanto a si ha pasado algo…. si y no. Te explico, ayer me di cuenta de que estás jugando a dos bandas. Te vi con Puck –ella pone los ojos como platos ante lo que le he dicho, creo que ni por asomo se pensaba que la iban a pillar con ese asunto por lo que se ve.

-No… no sé de lo que hablas –me contesta mirando hacia un lado e intentando recuperar la compostura.

-Pues yo creo que sí sabes de lo que te hablo, de hecho creo que lo sabes perfectamente. ¿Sabes? Hay una cosa que no entiendo –digo mientras voy avanzando hacia ella.

-¿Una… cosa… que no entiendes…? –me replica a la vez que va retrocediendo hasta que toca con un tope, el piano, creo que nunca antes me había gustado tanto la música.

-Sí, explícame una cosita Rach porque sinceramente estoy hecho un lío –la respondo mientras me encargo poco a poco de acabar con la poca distancia que nos separa-, y es que… no comprendo que me rechaces para estar con Puckerman y con Hudson –continúo diciéndola mientras sitúo mi mano izquierda en su cintura- ¿Qué quieres de ellos? ¿La popularidad de Hudson? ¿El proteccionismo de Puckerman? Porque si es eso… -coloco mi mano derecha sobre su mejilla- te aseguro nena que conmigo serías mucho más popular que con la morsa esa y estarías mucho más protegida que con el neandertal de Puckerman, es más, serías intocable. Lo sabes ¿verdad? –susurro esto último sobre sus perfectos labios que no paran de clamarme para que les haga compañía con los míos.

Observo como ante mi pregunta traga saliva y asiente con la cabeza a la vez que fija su mirada sobre la mía. Me quedo un rato observando sus ojos, nunca antes me había percatado de lo hermosos que son, ese color chocolate que tienen me transmite una paz increíble.

Desvío mi mirada hacia sus labios y, es que estos no paran de llamarme a gritos, decido hacer caso a ese llamado ya que no pienso ser yo quien les haga ese feo a esos hermosos labios.

Rompo la poca distancia que nos separaba uniendo así nuestros labios en un suave beso, beso que cuando se produce mi mano derecha empieza a cobrar vida propia para así poder acariciar la mejilla de Rach, poco después siento como las suyas también parecen haber cobrado vida propia, pues las siento acariciando mi cabello con una delicadeza que me transporta a otra dimensión, dimensión que parece mágica, pero como cuando siempre sucede con la magia el hechizo finalmente se rompe acabándose con él la magia y, eso señores es lo que está pasando aquí en este momento porque siento como Rachel se retira del beso y me aparta de ella dejándome con las ganas de más.

Por si no se sabe todavía, no soy una persona que se caracterice por darse por vencida, me gusta conseguir siempre lo que quiero y ahora mismo lo que quiero es seguir besándola, asique vuelvo al ataque e intento besarla y digo intento porque no me lo permite ya que me vuelve a separar de ella.

-No… no sigas por favor –me pide con la voz quebrada-. Bastante mal está ya…. Como para meter a alguien más –dice mientras cierra los ojos intentando contener inútilmente las lágrimas que se escapan de sus ojos y se resbalan por sus mejillas, incluso por la mejilla que antes era mimada por mi mano.

-Rach… -no me gusta verla así por lo que decido consolarla bajo mis brazos pero de poco sirve porque me vuelve a alejar.

-No –vuelve a repetir, pero esta vez no se queda sino que me aparta aún más y se va del auditorio dejándome aquí plantado.

Es cierto que se ha ido, es cierto que ha llorado y es cierto que no me ha gustado nada cuando lo ha hecho, pero en esta vida hay que ser optimistas si queremos lograr nuestros cometidos y el mío ahora mismo es conseguir a Rachel Berry, por lo tanto, de esto que acaba de suceder no me tengo que quedar con que haya llorado sino con que me ha besado y, quien besa una vez… besa dos.

Sigo en el auditorio pensando en la manera de conseguir que me vuelva a besar cuando de repente se me ocurre y no puedo evitar esbozar una amplia sonrisa por ello.

-Necesito que le digas a Toby que me cubra en el resto de clases, me voy -Quinton –envío el mensaje a Ryder.

-¿Y por qué no se lo dices tú directamente? -Ryder –me contesta al poco tiempo.

-Porque tengo un asunto que organizar con ya sabes quién y no quiero que me empiece a preguntar –Quinton.

-¿Sabes? A veces pienso que eres bipolar –Ryder.

Sonrío ante este mensaje porque la verdad es que estos últimos días, muy normal no me estoy comportando.


Próximo escenario: casa de Rachel Berry ;)